Robert D. Kaplan sobre Siria

Abu Saif al-Andalusi, autor del blog El Baluarte de la Hispanidad, me hacía saber hace poco que había releído el espacio que dedica Robert D. Kaplan a Siria en Rumbo a  Tartaria. Pueden leer aquí las líneas que llamaron la atención a Abu Saif al-Andalusi.

Por su parte, Demócrito de Abdera me avisó de la entrevista que a Robert D. Kaplan le han hecho en el ABC con motivo de la edición en España de La venganza de la geografía. Se muestra muy pesimista sobre el futuro de Siria:

Siria no es un país, es una expresión geográfica. Describe vagamente el área entre las montañas de Turquía y los desiertos de Arabia Saudí. Incluye los países de Siria, Líbano, Israel y Jordania. Siria tiene diferentes grupos étnicos localizados regionalmente: drusos en el sur, kurdos en el noreste, suníes en el centro, chiíes-alauíes en el noroeste. Esos grupos no son leales a Siria, sino a sus referentes regionales y étnicos. Esencialmente, no hay país que salvar. [...] Va a ser muy difícil que Siria se mantenga unida. [...] Me resulta difícil ver que Siria permanezca como un único país controlado desde el centro.

A día de hoy, tristemente, me parece que la única salida política a la guerra civil es un partición del país.

Robert Kaplan y los imperios ibéricos

Hay un asunto que olvidé mencionar en mi reseña de Empire Wilderness de Robert D. Kaplan, el tratamiento que da a la exploración y conquista española del norte de América.

Kaplan habla de los españoles a su llegada al nuevo continente de la misma manera que hizo de los portugueses y su expansión en el Océano Índico en Monsoon. Los españoles aparecen como unos fanáticos católicos ebrios de sangre y codicia que ajenos al espíritu del Renacimiento llegaron al actual territorio de Estados Unidos sólo pensando en encontrar El Dorado. Kaplan pone como ejemplo el relato desapasionado hacia el medio natural de Bernal Díez del Castillo y lo compara con la fascinación por los paisajes de norteamérica de los exploradores anglosajones más de dos siglos después. Comparar la mentalidad de hombres separados por esa distancia en el tiempo no sólo es absurdo, sino que Kaplan simplemente ignora el impulso científico de la Ilustración española bajo Carlos III y empresas como la Expedición Malaspina.

Todo quedaría en una anécdota sobre cómo los españoles aparecen como los malos en un relato histórico obra de un anglosajón, si en el resto del libro no nos encontráramos la misma clase de ausencias que en Monsoon había sobre la expansión de los británicos en el Océano Índico. Kaplan entra en todo tipo de detalles anecdóticos sobre la ferocidad de españoles y portugueses combatiendo otros pueblos. No para de recalcar la avaricia, codicia y ambición de hombres que, por todo ello, se embarcaron rumbo a lo desconocido con gran riesgo de su vida. Páginas más tardes nos cuenta tal o cual hito de un general estadounidense en las grandes praderas del actual Estados Unidos que parece llegado allí bajo la guía de la Divina Providencia para expandir la Civilización de forma altruista. Episodios como la “Fiebre del Oro” parecen una moda pintoresca y las masacres de pueblos indígenas, cuando protagonizadas por españoles y portugueses resultaban espantosas matanzas, es el inevitable resultado de la genialidad militar y tecnológica de los estadounidenses. Para averiguar sobre el futuro de Estados Unidos, Robert D. Kaplan viajó a México. Allí encuentra una sociedad mestiza pero eso no le hace conectar los puntos sobre el desigual destino de los pueblos indígenas bajo los imperios británicos y español. Al menos en Monsoon cede su voz a la de otros autores que señalaron el interés de los portugueses por estudiar a los pueblos asiáticos o como pusieron a su servicio las habilidades y conocimientos de los locales.

Así que no se trata de reivindicar un filtro rojigualda para los libros de historia, pero sí empezar a comprender como en la literatura anglosajona hay un relato subyacente y un sesgo en cierta forma racista.

An Empire Wilderness de Robert D. Kaplan

empire.wilderness Robert D. Kaplan ocupa un lugar especial en mi biblioteca. Debe ser el autor del que más libros tengo ahora mismo en mis estanterías. An Empire Wilderness es su libro más inusual. Viajar por su propio país, los Estados Unidos, con la misma mirada con la que ha escrito libros sobre los países ribereños del Océano Índico o África Occidental. Su propósito es discernir el futuro de los Estados Unidos recorriendo en coche y haciendo entrevistas en un periplo por el Medio Oeste, el Oeste y los estados del Pacífico. Lo que encuentra es un país cada vez más polarizado entre una clase media/alta conectada a la globalización y otra clase baja sin futuro con trabajos poco cualificados que viven en mundos apartes. La fragmentación social no sólo es una cuestión económica, sino espacial. Unos viven en urbanizaciones valladas y con seguridad privada. Otros en barrios violentos, sucios y feos. Kaplan vislumbra el futuro del país como una réplica del paisaje de Los Angeles, donde no hay un centro, sino una sucesión de áreas urbanas que convierten al coche en imprescindible para ir a cualquier parte.

Lo que preocupa a Kaplan es si Estados Unidos como nación tiene futuro. Y lo que se encuentra es que la política “nacional” interesa cada vez menos y las preocupaciones fundamentales de la gente son de tipo local. Washington D.C. se ve como un poder lejano e intrusivo. Pero el debate no es sólo “Washington D.C. se lleva nuestro dinero con impuestos”, sino incluso los gobiernos estatales se ven como un poder ajeno. Las verdaderas preocupaciones son las cuestiones del municipio, el condado o la región. El patriotismo que asociamos con Estados Unidos sólo lo encuentra en militares y los trabajadores de una fábrica de bombas atómicas. En el largo plazo, Kaplan sólo le ve futuro a Estados Unidos como una confederación al estilo suizo.

Otro asunto que interesa a Kaplan son las fronteras. La creciente población hispana en California, Arizona y Nuevo México le lleva a vaticinar la disolución de la frontera sur de Estados Unidos en el largo plazo. Mientras que por otra parte, los estados de Washington y Oregón se ven cada vez más conectados con la Columbia Británica, una región que se siente a su vez desconectada de Canadá. La interconexión económica y social ha generado una identidad nacional propia: La República de Cascadia. Kaplan encuentra en el noroeste de Estados Unidos que la frontera se ha diluido. Son comunes los lazos personales a un lado y otro. Las tres regiones comparten una alta conexión con las economías de Asia Pacífico, una importante inmigración asiática, unos ecosistemas similares y unos paisajes urbanos europeos, con sus paseos peatonales, sus biblotecas y cafés.

El libro fue escrito en la segunda mitad de los años 90. No sé qué encontraría Robert D. Kaplan si hiciera un viaje parecido hoy. Pero ayuda a poner en entredicho las predicciones sobre el futuro de Estados Unidos como potencia imperial sin considerar su dinámica interna. A mí, al menos, me ha entrado las ganas de coger la mochila y cruzar Estados Unidos.

Un viaje en busca de autor

En las primeras páginas de The Revenge Of Geography aparece un listado de los libros de Robert D. Kaplan. Debe ser un síntoma que, de los catorce libros que ha escrito, tengo nueve y leí otro en la biblioteca de mi universidad. Me siento incapaz de escribir una reseña de The Revenge Of Geography porque fue como escuchar un disco de grandes éxitos. Todas las canciones ya las conocía. Y no es que comulgue con todas sus ideas. Primero pecó de hisotoricismo y ahora anda enamorado de la Geopolítica Clásica, que ya me encargué de criticar a la luz del enfoque de las Guerras Posmodernas. Pero me gusta el método de trabajo de Kaplan. Se empapa de bibliografía sobre un lugar, luego lo recorre a ras de suelo, callejea y concierta entrevistas con personajes relevantes que dan una perspectiva local interesante y profunda.

Me gusta viajar y aunque la mayor parte de las veces no aportara mucho al relato principal del blog he escrito aquí sobre mis vivencias en mis viajes. Varias veces me he planteado a qué lugares podría ir para contar algo relevante para el blog. Pero ya es mala pata que mi tema principal sea la transformación de la guerra y no la gastronomía. No es que pretenda meterme a reportero de guerra. Precisamente las guerras posmodernas se caracterizan por estados en colapso y anomia social. O lo que es lo mismo, en las guerras posmodernas hay altas posibilidades de que te peguen un tiro sin motivo alguno. Polisarios y zapatistas daban la bienvenida a cooperantes, periodistas y reporteros que diera notoriedad pública a sus causas. Hoy señores de la guerra que se financian explotando recursos naturales y narcotraficantes lo último que quieren es a alguien que hablen de sus negocios. Y allí donde hay alguna una causa, las nuevas tecnologías permiten la desintermediación entre grupos armados y público. Los grupos armados ya no tienen que cortejar a los medios de comunicación para hacer llegar su mensaje al público. Ya tienen para eso Youtube. Por eso vale tan poco la vida de los periodistas occidentales. Ante la cacofonía de voces globales, noticia de impacto es que secuestren a un periodista y cuesta tanto llamar la atención sobre países olvidados. Creo que Carlos Sardiña podría decirnos al respecto de Birmania.

El periodismo de guerra es hoy un deporte de alto riesgo y un nicho laboral en crisis. Pero de eso merece la pena hablar en otro momento. La cuestión es, ¿qué otras historias hay ahí fuera que merezcan ser contadas en un libro al estilo de Robert D. Kaplan? Hablo de asuntos relevantes en el siglo XXI que impliquen sumergirse en una montaña de bibliografía para luego hacer un periplo en autobús o tren, realizando entrevistas por el camino. Supongo que la Primavera Árabe o el auge de China serían dos fenómenos históricos que merezcan ser contados a pie de calle. Pero estoy seguro que ahí fuera alguien sacará un libro pronto. Y estoy pensando en algo que podría hacer yo mismo con mi McKinley Storm 35, un netbook, una grabadora, una cámara de fotos ligera y una libreta si tuviera el tiempo y el dinero. A la idea la llevo dando vueltas en la cabeza hace tiempo. Alguien tiene que contar lo que está pasando en Turquía.

Se trataría de hacer un esbozo histórico de Estambul, la capital otomana, y Ankara, la capital de la república kemalista. De buscar las raíces sufíes en Konya y entender la novedad del mensaje de Fehtullah Gülen. Habría que hablar del auge de los tigres anatolios y la vía hacia una democracia-islámica del AK Parti que provoca tensión con la tradición política laica del país. También es imprescindible contar el creciente papel de Turquía en los países turcófonos junto con su crucial papel de nodo en la geopolítica de los hidrocarburos. Quizás haya que desandar el camino del oleoducto BTC. Y pisar los lugares a los que los turistas no van, internarse en la Anatolia profunda y contar la historia de fondo. Puede que yo mismo no haga nunca ese viaje, pero me encantaría leer el libro.

“Monsoon” de Robert D. Kaplan

Monsoon: The Indian Ocean And The Future of American Power.
Robert D. Kaplan, 2010.

Robert D. Kaplan es de esos autores que sin darme cuenta ha ido poblando mis estanterías. Tengo siete de sus libros y un octavo está en camino. Creo que no es el caso para otros autores muchos más célebres. Puedo decir que me dedico al estudio de la transformación de los conflictos armados porque leí la edición española de The Coming Anarchy allá por la primavera de 2001. Sí, es un realista político. Sí, se dejó deslumbrar por el historicismo y ahora por la Geopolítica clásica. Pero ya me gustaría a mí poder combinar contexto histórico, análisis y perspectiva sobre el terreno, como hice en aquel artículo a mi vuelta de Israel (¿Algún plutócrata entre mis lectores dispuesto a financiarme unos viajes?).

En este caso Robert D. Kaplan hace un periplo por el Océano Índico: Omán, Pakistán, India, Bangladesh, Sri Lanka, Birmania, Indonesia y Zanzíbar. China cumple el papel de “elefante en la sala”. El gran tema de fondo es como China e India, dos potencias emergentes con necesidades crecientes de recursos energéticos, se están posicionando en el Océano Índico para asegurar sus Líneas de Comunicación Marítimas (SLOC) estableciendo alianzas y bases avanzadas mientras potencian sus armadas. El asunto ya lo conocía, así que lo interesante es el resto de temas clave que plantea el libro.

Aunque la atención se centre siempre sobre Oriente Medio, un porcentaje muy importante de la población musulmana mundial vive en Asia. La suma de la población musulmana de Pakistán, India, Bangladesh e Indonesia hace palidecer el peso demográfico de los árabes musulmanes en Dar Al-Islam. Así que para mirar al futuro del Islam en el siglo XXI hay que considerar asuntos que trata Kaplan, como las fuerzas centrífugas dentro de Pakistán (un estado artificial sujeto por el poder militar punyabi), la convivencia interétnica en la India, los problemas medioambientales de Bangladesh o el futuro de la democracia en Indonesia.

Otro apunte interesante es cómo el apetito de India y China por bases avanzadas y recursos naturales nos lleva a una nueva era de Realpolitik donde países como Birmania o Sri Lanka no son cuestionados sobre los métodos expeditivos con los que aplasta grupos rebeldes mientras se firman contratos y avanzan las obras de puertos y oleoductos estratégicos. La famosa “condicionalidad” occidental por la que se exige apertura democrática y derechos humanos a cambio de ayuda e inversión económica puede estar en camino de dejar de ser un instrmento de presión ante el pragmatismo chino y los imperativos estratégicos de India. Algo a no olvidar en el caso del cerco económico occidental a Irán.

Por último, una idea que atraviesa toda el libro es que el Océano Índico fue escenario en el pasado de un particular mundo conectado en el que la regularidad de los vientos monzones permitió rutas marítimas de largo alcance de Zanzíbar a Indonesia. Personas, ideas y credos viajaron con las mercancías. Una idea interesante ante los anglocéntricos convencidos de que la globalización no existe fuera de su mundo. Pero aún así, Robert D. Kaplan no se libra de sus bagajes. Cuando habla de los viajes de los exploradores portugueses toda su bibliografía es de autores anglosajones y los describe en los siguientes términos (pág. 50):

Obsessed adventurers: men ruthless for wealth, heroic to the point of fantaticism, freighted with the cruel mental baggage of the Middle Ages, and intoxicated with a poignant love for the Virgin Mary. Faith and greed went together. The Portuguese stole, but only from those whom they saw as the corrupt of God.

Según Kaplan la idea de que Enrique El Navegante fomentó el conocimiento científico y sentó las bases para los descubrimientos portugueses es un mito. Entonces, ¿como unos fanáticos religiosos y medievales en los que pervivía el espíritu de las Cruzadas pudieron lograr la proeza de llegar con sus barcos hasta Malaca? Ah, cualquiera sabe.

Más tarde apunta (pág. 59):

Eventually, diplomats, merchants, naturalists, and artisans joined the ranks of soldiers toing-and-froing between Lisbon, the Persian Gulf, and India. Many of the travelers were educated, inquisitive people who did not make the journey as a last resort. “The depth, breadth, and richness of intelligence-gathering by the Portuguese was a notable characteristic of their world”, writes the John Hopkins University historian A.J.R. Rusell-Wood. [...] They employed indigenous troops, and gave great recognition to local skills and lore.

De pronto, los fanáticos y codiciosos portugueses son unos auténticos hombres del Renacimiento. Una nota a pie de página da otro punto de vista (pág. 59): “Algunos académicos alegan que los portugueses no fueron mucho peor que los holandeses e ingleses en su comportamiento y que la arrogancia anglo-americana es responsable de la imagen negativa del colonialismo portugués”. Cachis la mar, sin esa nota no hubiera nunca caído en la cuenta. El libro que recomienda como versión alternativa, por cierto, es The Indian Ocean: A History of People and Sea de Kenneth McPherson.

Y a todas estas, ¿cómo fue que los territorios de Afganistán a Birmania terminaron formando parte del Imperio Británico? ¿Qué guerras, batallas y revueltas sucedieron? ¿Cuántos tratados injustos, engaños e imposiciones por la fuerza tuvieron lugar para que tantos y diversos pueblos terminaron siendo colonias inglesas? El libro no lo explica. Hay un curioso lapso histórico entre la aparición de los portugueses y el establecimiento del Raj Británico, a excepción del papel de Robert Clive en el Golfo de Bengala. Pues cualquiera diría que los británicos aparecieron por el Océano Índico de turismo y la Compañía de las Indias Orientales era una simpática organización filantrópica llena de voluntariosos hombres dispuesto a propagar la civilización. Ay, los peligros de la historiografía anglosajona.

Notas sobre el Océano Índico

No es que esté de acuerdo necesariamente con las ideas de Robert D. Kaplan pero ya me gustaría poder combinar su método de trabajo de viajes+lecturas. En mis estanterías tengo ya media docena de libros suyos y estos días he podido echar un vistazo al primer capítulo de Monsoon: The Indian Ocean and the Future of American Power, que he encargado hoy mismo.

He tomado una buena cantidad de notas de los datos que dispara Kaplan:

-El 90% del comercio mundial tiene lugar por mar.
-2/3 del petróleo mundial se transporta por mar.
-El 40% de todo el petróleo mundial que viaja por mar cada día pasa por el Estrecho de Ormuz.
-La mitad del tráfico de contenedores del mundo viaja por el Océano Índico.
-El transporte de petróleo desde Oriente Medio al Pacífico supone el 70% de todo el mundo.

-India es el 4º consumidor de energía del mundo tras EE.UU., China y Japón.
-Se calcula que para 2025 India superará a Japón como consumidor de energía.
-La India depende en un 90% del petróleo para sus necesidades energéticas.
-El 90% del petróleo consumido por la India procede del Golfo Pérsico.
-La India importa carbón de Sudáfrica, Mozambique, Indonesia y Australia.
-La India importa gas natural licuado desde Qatar, Malasia e Indonesia.

-El consumo de petróleo de China se dobló entre 1995 y 2005.
-El consumo conjunto de China, Japón y Corea del Sur hacen del Estrecho de Malaca lugar de paso de la mitad del comercio mundial de petróleo del mundo.

Volviendo al origen

Hace poco leí Viaje a los confines de la tierra de Robert D. Kaplan en su edición original en inglés. Había leído la edición española a mi paso por la Universidad Complutense de Madrid y no sé por qué se me había en la cabeza que fue un libro previo y preparatorio de La anarquía que viene. En realidad Kaplan escribió primero “La anarquía que viene” como un artículo que fue publicado en 1994 y sólo años más tarde fue publicado en una recopilación de artículos a la que dio nombre y que en España apareció en 2000. Yo lo leí en la primavera de 2001 y despertó en mi el interés por la transformación de los conflictos armados. Estoy aquí por Robert D. Kaplan.

Así que Viaje a los confines de la tierra es una obra posterior. Se trata de la crónica de un viaje por África Occidental, Oriente Medio, Asia Central y Camboya en el que Kaplan va armado con el marco teórico que había creado en 1994 en aquel artículo seminal. Kaplan tomó las ideas de Thomas Homer-Dixon sobre cómo la escasez de recursos naturales (tierras de cultivo, agua, bosques…) auguraba conflictos armados y las ideas de Georgie Anne Geyer sobre estados fallidos. Kaplan sostiene que ciertas culturas, formas de religión y un pasado histórico como unidad política llegan a constituir una urdimbre que mantiene cohesionada las sociedades y que su ausencia explica el colapso de otras. Pero al final de su viaje, cuando llega a Camboya y recorre los lugares del horror de los Jemeres Rojos se pregunta cómo pudo pasar algo así en un país budista con lo que deja en suspenso sus conclusiones y concluye que el caso de cada país debe ser explicado por sí mismo.

No comparto el neomalthusianismo de Kaplan y creo que se han escrito demasiadas tonterías ahí fuera sobre “las futuras guerras por el agua” pero creo que sus ideas sobre el papel de la desforestación en África Occidental en las guerras civiles de la región apunta en la dirección correcta. Creo que la desertización del Sahel es la causa última de los acontecimientos recientes en el norte de Malí y es una línea de investigación que merece la pena ser seguida. Oirán más de mí sobre ello en el futuro.

El futuro de la guerra moderna en el Sudeste Asiático

Uno de los capítulos que se cayeron de la versión final del libro de “Guerras Posmodernas” fue explicar qué posibilidades quedaban para las viejas guerras modernas en el siglo XX. Y como apuntaba en mi autocrítica al libro el lugar donde hay que mirar es el Sudeste Asiático.

Aquí está un artículo desde la perspectiva realista de Robert D. Kaplan, el autor que hace diez años me puso en la pista de las Guerras Posmodernas.