Cómo Israel destruyó el programa nuclear sirio

El 6 de septiembre de 2007 la agencia de noticias siria SANA informó que aviones israelíes habían entrado aquella misma madrugada en su espacio aéreo a través del norte del país procedentes del Mediterráneo y con rumbo este. Tras ser confrontados por las defensas aéreas del país, según un portavoz militar, se habían visto obligados a desprenderse de su carga de armas sobre un área desierta y dar la vuelta. El suceso habría tenido al norte de la ciudad de Ar-Raqqa, cerca de la frontera con Turquía, sin producir víctimas ni daños materiales. Tanto portavoces del gobierno israelí como estadounidense interrogados sobre la noticia negaron tener constancia del suceso.

La única confirmación de que había tenido lugar una presunta penetración del espacio aéreo sirio llegó el 8 de septiembre, cuando el gobierno turco pidió explicaciones tras el hallazgo en su territorio de dos depósitos de combustible que al parecer habían sido arrojados en vuelo por aviones israelíes. Las primeras teorías especulativas publicadas en la prensa hablaron de un posible ataque a un cargamento de armas destinado a Hezbolá, ya que por suelo sirio pasan los suministros que llegan por avión desde Irán y luego se trasladan por tierra a Líbano. La versión oficial del gobierno sirio cambió al fin del mes. Esta vez se informó de que sí había tenido lugar un ataque aéreo pero que había tenido como objetivo un centro de estudios civiles. Luego la versión oficial cambió nuevamente e hizo mención de unas instalaciones militares vacías y a medio construir.

El 14 de octubre de 2007 el New York Times publicó la noticia de que se había producido un ataque aéreo contra unas instalaciones nucleares construidas en Siria con tecnología norcoreana. A partir de ese momento se fue sucediendo un filtrado sucesivo de detalles por distintos medios, como el reportaje de Der Spiegel en febrero de 2009 o el artículo de The New Yorker en septiembre de 2012. No deja de sorprender que se hayan dado a conocer tantos detalles de una misión secreta.

Al parecer entre finales de los años noventa y el comienzo de la siguiente década llegó a conocimiento de las agencias de inteligencia de Estados Unidos que los regímenes de Siria y Corea del Norte estaban colaborando en programas secretos. En los siguientes años fue identificada la naturaleza nuclear de los proyectos que sustanciaban esa colaboración. Y finalmente en la primavera de 2007 se obtuvieron imágenes del interior de un edificio en un lugar llamado Al-Kibar a orillas del río Éufrates y a 30 kilómetros de la ciudad de Deir az-Zor.

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Las fotos mostraban un reactor nuclear de apariencia similar al norcoreano de Yongbyon. Las fotos de satélite de la instalación no mostraban conducción alguna que lo conectara con la red eléctrica siria, por lo que se descartó que fuera una central nuclear de uso civil. Los detalles fueron presentados en una comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos el 4 de abril de 2008 por dos agentes de una agencia de inteligencia no especificada. Parte de la información en manos estadounidenses sobre la planta nuclear procedía de fuentes israelíes, ya que existía un intercambio entre los servicios de inteligencia entre ambos países.

Al parecer, no sentó nada bien en Israel que se hicieran públicos muchos detalles obtenidos en costosas operaciones de inteligencia pero la revelación del papel de Corea del Norte pudo formar parte de un “mensaje” al régimen de Pionyang. Además, la administración Bush estaba deseosa de presentar un éxito después del fiasco que supuso la no aparición de las famosas “Armas de Destrucción Masiva” en Iraq.

Como en el caso de la Operación “Ópera”, hoy sabemos bastantes detalles precisos del ataque, conocido en la prensa como Operación “Huerto”. En primer lugar, miembros del Sayeret Matkal, la unidad de operaciones especiales del Directorio de Inteligencia Militar, se infiltraron en la zona mediante helicópteros para tomar muestras de tierra y poder medir la radiactividad ambiental. Una vez aprobada la operación, fue el turno de la unidad Shaldag, la unidad de operaciones especiales de la fuerza aérea israelí. Su misión fue iluminar el blanco con designadores láser. El ataque lo llevaron a cabo varios F-15I “Ra’am” del Escuadrón 69 “Los Martillos”, con base en Hatzerim. El F-15I se trata de la versión local del F-15E “Strike Eagle”, de la que Israel recibió 25 ejemplares y dotan exclusivamente al Escuadrón 69. Los F-15I han asumido dentro de la fuerza aérea israelí las misiones de ataque de largo alcance. Para ello no sólo emplean los depósito subalares y repostaje en vuelo, sino también tanques de combustible conformables. Han recibido además un sistemas de comunicación por satélite del que se aprecia un pequeño domo inmediatamente detrás de la cabina.

El día de la operación despegaron diez F-15I cerca de la medianoche en dirección al Mediterráneo desde la base de Ramat David, escoltados por varios F-16I “Sufa”. Tres de los F-15I retornaron luego a la base mientras el resto de aparatos volaba hacia el norte. Se introdujeron en el espacio aéreo sirio cerca de la frontera turca. Su primer objetivo fue un radar en Tall al-Abuad para abrir un pasillo en las defensas antiaéreas sirias. El radar fue anulado con equipos de guerra electrónica y atacado con bombas guiadas.

La defensa antiaérea siria cuenta con varios sistemas de la era soviética modernizados (S-75/S-125/S-200) y algunos modernos de factura rusa (TOR-M1, Tunguska y Pantsir S-1).La anulación de las defensas antiaéreas sirias fue una parte importante de la operación y de la que menos se sabe. Se especula que el ataque israelí combinó el uso de equipos avanzados de guerra electrónica semejantes al programa “Suter” estadounidense, capaz de infiltrarse en las redes de mando y control de las defensas antiaéreas enemigas, junto con alguna forma de sabotaje mediante virus informáticos o incluso intervención humana que dejó fuera de combate la red de radares sirios. En el ataque tuvo un papel destacado un Gulfstream 550 de la versión “Shavit” de guerra electrónica, perteneciente al escuadrón “Nachshon”. Se trata de un avión de transporte ejecutivo que está dotado, como su gemelo “Aitam” de alerta temprana, de equipos desarrollados localmente en Israel por la empresa Elta.

El veto a la prensa israelí para que se informara de la operación se levantó el 2 de octubre de 2007, después de que el presidente sirio reconociera ante la BBC que había tenido lugar un ataque aéreo israelí a unas instalaciones militares “vacías”. El día 28 de ese mismo mes, el primer ministro israelí Ehud Olmert pidió disculpas a Turquía por la invasión de su espacio aéreo en el transcurso de la operación.

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Las fotos de satélite mostraron que los escombros del edificio habían desaparecido y la tierra aplanada. Al parecer los restos de la instalación nuclear fueron enterrados por miedo a la liberación de radioactividad. A día de hoy un edificio con forma de nave industrial cubre el lugar. Inspectores de la OIEA tuvieron acceso al lugar en junio de 2008 y pudieron tomar muestras del suelo. Detectaron “un número significativo de partículas de uranio antropogénico” (producto de la actividad humana) que era “de un tipo no incluido en los inventarios declarados por Siria de material nuclear”.

“Un Estado y medio: Israel y el conflicto perfecto” de Jordi Pérez Colomé

En 2010 tuve la oportunidad de hacer un viaje a Israel en 2010. Alli tuve la rara suerte de poder hablar con políticos, diplomáticos, académicos, abogados, activistas, periodistas, religiosos y empresarios israelíes judíos de todo signo político junto con políticos, activistas y periodistas árabes palestinos e israelíes. Aquello supuso en ocasiones estar escuchando una charla ya a las ocho de la mañana y terminar el día a las once y media de la noche tras hablar en la sobremesa de la cena. Fue la única forma de poder tener una visión tan amplia en un tiempo tan corto. En el grupo de periodistas europeos con el que viajé convertimos en una muletilla dos frases que no paramos de escuchar “It’s not a black and white situation” y “It’s complicated”. Que los implicados en primera persona de ambos “bandos” nos dijeran que el conflicto no podía reducirse a una historia en blanco y negro da cuenta de los infinitos matices del asunto. Los isralíes a los que contamos nuestra sensación de ser superados por la realidad nos respondían con una sonrisa “si vuelves a casa con la sensación de entender menos que antes de venir, ¡bienvenido a Oriente Medio!”.

El viaje tuvo un efecto inesperado a la vuelta. Cada vez que leía en la prensa española un análisis o una crónica me decía a mí mismo “este no se ha enterado de lo que pasa allí”. No es difícil percibir que muchos periodistas viajan con la crónica ya escrita antes de salir de casa y el viaje al lugar sólo sirve para salpicar el texto de testimonios y descripciones de lugar. Desde entonces dejé de tener reparos en tratar un conflicto del que había evitado escribir aquí para hacer reseñas a degüello de libros de autores españoles. Y tras mi última reseña y bromear en Twitter sobre cómo convertirse en España en un experto sobre Oriente Medio, he leído Un Estado y medio: Israel y el conflicto perfecto de Jordi Pérez Colomé. Se trata de un libro electrónico que el autor ha elaborado tras un viaje a la zona para el que realizó un crowdfounding y que además de en su página web, está disponible en Amazon.es. Y ha resultado ser lo más interesante que he leído sobre el tema en español en mucho tiempo.

Un Estado y medio no se parece a nada que haya leído en español sobre el conflicto palestino-israelí porque te aporta perspectivas nuevas, te muestra la complejidad del asunto y el autor da la cara con sus opiniones personales sin las habituales ínfulas literarias vía narrador omnisciente. En Un Estado y medio se nota que Jordi Pérez Colomé se ha recorrido la zona arriba y abajo sin una agenda ideológica tratando de entrevistar a la mayor cantidad de gente posible de los sectores más diversos para mostrar todos los recovecos del asunto. De esa labor sale un relato lleno de matices, voces, intríngulis y problema que te deja tan saturado como nosotros nos sentimos en aquel viaje, con esa sensación de “¿y esto cómo se arregla?”.

El libro aparte de presta especial atención a uno de los nudos gordianos del conflicto: El asunto de las poblaciones israelíes levantadas más allá de la línea del armisticio de 1949 o como dice la prensa, “las fronteras de 1967″. El libro refleja el vacío legal en el que se inscribe el asunto, la pluralidad de los israelíes judíos que han deciddo establecerse en la zona y el tira y afloja con el gobierno. La conclusión que uno tiene leyendo el libro es que por parte israelí se juega a una política de hechos consumados a toda prisa antes de la siguiente negociación con los árabes. En el bando opuesto encontramos que se ha apostado por retrasar la solución al problema bajo la premisa que en largo plazo todo será peor para Israel. Uno de los árabes palestinos que el autor entrevista apunta a que fin de la hegemonía de Estados Unidos terminará afectando a Israel y otro que la pluralidad de la sociedad israelí terminará por provocar una ruptura interna en el país.

Garabatos de un israelí sobre un papel para explicarle la historia de Oriente Medio a Jordi Pérez Colomé. Luego le cayó un café encima. Quedó hecho una obra de Tàpies. Más fotos del autor aquí.

La cuestión es que en el bando palestino parecen no querer nada que parezca una normalización de la situación y queda en el aire la posibilidad de una tercera intifada de unos lideres que no entienden que perdieron todas las veces que optaron por el camino de la violencia. El propio autor llega a preguntarse si los palestinos no comprenden que la violencia como estrategia ha servido en el fondo para legitimar la causa israelí a los ojos del mundo. ¿Cómo de diferente hubiera sido el conflicto si los palestinos hubieran tenido un Ghandi y no un Arafat? Y en medio de ese panorama, Jordi Pérez Colomé encuentra espacios de convivencia, como escuelas mixtas y centros comerciales. ¿Son un espejismo o una ventana al futuro?

Un Estado y medio se promocionó primero en una preventa que permitía el acceso a entradas de blogs privadas a modo de adelanto y daba derecho a recibir el libro en papel. Yo lo compré como libro electrónico una vez lanzado. Pero estaré atento a próximas iniciativas del autor a lugares interesantes. Creo que abre una vía alternativa al periodismo tradicional. Me gustaría ver más iniciativas como esta de periodistas en español que hicieran un trabajo igual de interesante. Por mi parte, sólo me queda recomendarles la lectura del libro y seguir las aventuras de Jordi Pérez Colomé que anda ahora por Cuba.

“Breve introducción al conflicto palestino-israelí” de Ferrán Izquierdo Brichs

Llevo aproximadamente un año saltando de un tema a otro, con un montón de artículos pendientes de terminar. Para complicarlo todo aún más, me he metido con el conflicto palestino-israelí. El Conflicto. Así que escribiendo y tomando notas como loco, he hecho una pausa para ver qué se escribe en español sobre el tema. Quienes hayan seguido este blog y mi reseña de libros editados en España ya sabrán cómo me gotea el colmillo cuando abordo un libro de algún autor español sobre Oriente Medio. En Estados Unidos tienen a Jeffrey Goldberg, que fue invitado a La Habana por Fidel Castro para charlar sobre la amenaza nuclear iraní. O tienen a Steve Coll, el autor de la monumental Ghost Wars. En España… Bueno, ustedes me entienden.

367breveintroducci—nalconflictoBreve introducción al conflicto palestino-israelí de Ferrán Izquierdo Brichs es un libro de 134 páginas de texto y una sola de bibliografía que pretende dar el contexto histórico del conflicto. El autor es profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Autònoma de Barcelona. Para emprender la singular tarea de leer el libro me he proveído de Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel de Gudrun Krämer, profesora en la Universidad Libre de Berlín. El suyo es el libro más extenso y exhaustivo publicado en español que he podido encontrar sobre el tema. Recurrí a él como contraste ante la falta de fuentes y referencias en el libro del profesor Izquierdo. El contrate ha resultado interesante

Para empezar, la premisa fundamental de la Breve introducción es que se trata de un “un conflicto colonial”. Tal perspectiva es descartada de entrada por la profesora Krämer que la considera errónea y limitada. En el relato del profesor Izquierdo los inmigrantes judíos llegaron al territorio del actual Estado de Israel y se dedicaron a comprar tierras, lo que terminó empobreciendo a la población árabe (pág. 30). La relación entre ambos fenómenos no queda clara. Aunque curiosamente el profesor Izquierdo señala que los inmigrantes judíos se dedicaron a ofrecer trabajo a los árabes como jornaleros temporales, con lo que los explotaron de forma capitalista, mientras que organizaciones y líderes judíos defendieron que no se contratara mano de obra árabe. Así el profesor Izquierdo acusa a los judíos de una cosa y su opuesta: Los explotaron laboralmente en un contexto de relaciones capitalistas y los excluyeron del mercado laboral. Lo interesante es que el profesor Izquierdo señala (págs. 13-14) cómo los impuestos catastrales turcos, la fragmentación de las tierra entre los herederos y el registro de tierras comunales por parte de terratenientes árabes están en el origen del empobrecimiento del campesinado árabe.

Creo que no está de más insistir en el papel de las élites árabes en el devenir de sus propios pueblos. El desinterés por la situación de los campesinos pobres se entiende al leer sobre la vida y valores de las élites comerciales y empresariales árabes, occidentalizadas y cosmopolitas, como la de Edward Said (críado en Egipto, donde nació Yassser Arafat). Muchos de aquellos terratenientes rentistas no tuvieron reparos en vender sus tierras a los recién llegados judíos porque vivían en Damasco o El Cairo. Al contrario de los relatos de una virginal y próspera tierra cuyo desarrollo fue cortado de raíz por la llegada de la población judía, más allá de la falta de estadísticas otomanas fiables, se trataba según la profesora Krüger de un territorio que había entrado en decadencia demográfica y económica desde el siglo XVI. Asi, la llegada de la inmigración judía dinamizó la economía local y propició paradójicamente la inmigración árabe. Curiosamente a pesar de la perspectiva post/neo marxista del profesor Izquierdo, pasa por alto los conflictos sociales que enfrentaron a empresarios judíos con trabajadores tanto judíos y palestinos. Frente al relato de una comunidad judía dedicada a prosperar sobre la espalda de la población árabe en el que el profesor Izquierdo señala el propósito de los empresarios judíos y los sindicatos judíos de excluir a los árabes del mercado laboral, la profesora Krüger nos relata los conflictos de clase dentro de la comunidad judía y cómo los sindicalistas judíos apoyan a los árabes, llegando a existir un sindicato del ferrocarril mixto.

El profesor Izquierdo apunta que “la propiedad judía de de la tierra en Palestina no llegaba al 7 por ciento en el momento de la fundación del Estado de Israel en 1948″ (pág. 15) y que en el plan de partición de la ONU “el reparto fuera muy injusto para los palestinos” (pág 44). Aunque ese dato nos puede ayudar a juzgar la teoría del profesor Izquierdo de la relación entre inmigración judía y empobrecimiento del campesinado árabe. Sobra decir, que la profesora Krämer presenta un panorama diferente. Los judíos consiguieron comprar, fundamentalmente, tierras yermas y en desuso. Las explotaciones agrícolas judías no fueron muy exitosas y se produjo una emigración de judíos hartos de pelearse con secarrales improductivos. Y es que frente al mito nacional israelí que presenta al pionero sionista labrando la tierra, la profesora Krämer echa manos de las estadísticas para señalar que la mayor parte de la población judía inmigrante se asentó en poblaciones urbanas en la franja costera que va de Haifa a Tel Aviv, si dejamos aparte los asentamientos en Galilea y Ber Sheva.

La siguiente pieza del relato del profesor Izquierdo es que una vez se produjo la inmigración judía, hay que considerar el papel del Reino Unido como potencia administradora tras la Primera Guerra Mundial (recordemos a Lawrence). Para el profesor Izquierdo hay una connivencia entre la administración británica y la población judía, ya que el Imperio Británico simpatizaba en su visión colonial plenamente con el proyecto sionista: “Los nacionalistas judíos formaban parte del colonialismo europeo y del proyecto de dominación británica de la región” (pág. 34) Aquí hay un elemento clave que parece escapársele al profesor Izquierdo. La profesora Krämer, como vimos, señalaba el carácter urbano de la población judía. Esa población urbana no se parecía al estereotipo idealizado del “sionista de piernas fuertes y camisa remangada” pero no se puede decir que emprendieran un proyecto menos épico. La población urbana judía (comerciantes, profesionales liberales, artesanos, obreros industriales…) se lanzaron a construir una sociedad plenamente moderna, con sus instituciones educativas, organizaciones sindicales, periódicos, teatros… La brecha entre judíos y árabes musulmanes en cuanto años de escolarización media y alfabetización no paró de crecer. Eso supuso que la comunidad judía resultó estar más formada, organizada y unida a la hora de luchar por sus derechos. La profesora Krämer cita la descripción de viajeros a su paso por la zona en el período de entre guerras que cuentan como los judíos resultaban un incordio para la administración británica, que no necesariamente simpatizaba con ellos, porque peleaban de forma incansable por sus intereses. La profesora Krämer no pasa por alto que para los funcionarios británicos era más fácil identificarse con los judíos urbanitas y occidentalizados, que además tenían más facilidades para lidiar con la administración británica porque en sus filas había personas que hablaban inglés (recordemos que las élites árabes que estudiaban en Siria y Líbano lo hacían en francés).

Hay un detalle pequeño pero importante sobre la convergencia de intereses británicos y judíos que el profesor Izquierdo olvida o pasa por alto en su relato de que la prueba definitiva del apoyo británico a la causa sionista es que durante las las revueltas árabes de 1936-1939 se encuadró y armó a judíos en unidades militares. Resulta que las autoridades británicas decidieron tras el fin de las revueltas en 1939 (seis años después de la llegada de Hitler al poder) cerrar la puerta a la inmigración judía. Pero el pequeño detalle que falta en el relato es la Segunda Guerra Mundial. Con la amenaza de las fuerzas de la Francia de Vichy al norte y el avance del Afrikan Korps nazi por el desierto del Norte de África, los líderes judíos ofrecieron el alistamiento de judíos en las fuerzas británicas por la cuenta que les traía.

En esto llegamos a la proclamación del Estado de Israel y el relato a partir de aquí no aporta ninguna sorpresa. En la guerra de independencia israelí o la Nakba (“la conquista y limpieza étnica sionista de 1948” pág. 35), ustedes eligen, se nos presentan dos bandos con poder militar desigual. A los israelíes se les representa como armados hasta los dientes y altamente preparados gracias a los británicos (pág. 46), frente a los pobremente formados y peor pertrechados árabes. Una imagen que no tiene nada que ver con lo que por ejemplo cuenta Kenneth M. Pollack en el ya clásico Arabs at War: Military Effectiveness, 1948-1991. Pero ya sabemos que no debemos esperar que un profesor universitario español esté al corriente de historia militar cuando trata la historia de un guerra.

Si la tesis del profesor Izquierdo es que la creación del Estado de Israel responde a un proyecto de corte colonialista, la historia del conflicto palestino-israelí se reduce a la de los designios imperialistas de los líderes israelíes. La existencia de un complejo militar-industrial israelí, interesado en la prolongación del conflicto, explicaría la negativa de los líderes israelíes a hacer la paz con los árabes. Estos por su parte, aparecen atrapados por la presión de sus opiniones públicas que los empujan insensatamete a la guerra contra Israel (págs. 69) después de que el conflicto con Israel se convirtiera en fuente de legitimidad política (pág.71). De la misma forma que la OLP, nos dice el profesor Izquierdo, no tuvo más remedio que apoyar a Saddam Hussein tras la invasión de Kuwait en 1990 por la presión del pueblo palestino (pág. 87). Más aún, en el caso de guerras que arrancaron claramente por una agresión árabe, como la del Líbano de 2006, el profesor Izquierdo se las arregla para presentarlas como agresiones israelíes, un giro que ya es un clásico en la historiografía española: “La impotencia árabe y la incapacidad de reaccionar ante las provocaciones de Tel Aviv marcaron la pauta que se mantiene hasta hoy, tal como se demostró en el verano de 2006″ (pág. 76) y “Hezbolá demostró que también tenía capacidades de respuesta al causar más de 100 bajas de militares israelíes, y bombardeó el norte de Israel matando a decenas de civiles” (pág. 77). Como ven, la guerra de 2006, se inició por una provocación israelí a la que siguió una respuesta de Hezbolá.

En todo este relato del conflicto, como han visto, los palestinos son los grandes ausentes y las nuevas dinámicas de los últimos veinte años son apenas tratadas. Fugazmente se menciona en una frase la corrupción de los dirigentes de la Autoridad Palestina para explicar el auge de Hamás (pág. 103) y la desconexión de Gaza (que el profesor Izquierdo fecha erróneamente en 2006) se menciona sólo para señalar lo difícil que sería realizar algo semejante en Cisjordania. El profesor Izquierdo llega a afirmar “los palestinos son objetos, no sujetos, en este conflicto” (pág. 129). Es decir, para el profesor Izquierdo los palestinos carecen de voluntad y conciencia en este conflicto, reducidos por tanto a menores sin responsabilidad jurídica o derechos políticos. Nunca nadie desde la izquierda académica europea lo había descrito mejor. Los palestinos carecen de responsabilidad alguna sobre sus acciones, debiendo ser tarea de los occidentales buenos salvarlos de su aciago destino.

Añadiré unos pocos apuntes más. Tratándose de un libro que pretende ofrecer el contexto histórico de un conflicto nos encontramos con breves incisos narrativos donde se nos habla de las penosas vivencias de algún palestino. Uno solo de esos incisos narrativos nos presenta los pensamientos de un israelí, que expresa su contrariedad por los negocios armamentísticos de Israel con países dictatoriales en los años setenta. ¿De dónde salen esos relatos? ¿Son un impromptu literario del autor o relatos personales tomados de alguna fuente periodística? No lo sabemos. Apuntaría que aquellas relaciones se enmarcaron en la lógica de la Guerra Fría y en cuestiones como el mercado que encontró Israel para su tecnología de modificación de la familia del avión Mirage III/5 en países como Sudáfrica, Chile y Argentina, que contaban con él en sus fuerzas aéreas. Lo que sí me llama la atención es la insistencia del profesor Izquierdo en usar términos como “campo de concentración” (pág. 97), “progromo” (pág. 108) o “apartheid” (pág. 121) para hablar de las políticas y acciones israelíes. O en su afirmación de que los vínculos comerciales y tecnológicos que estableció Israel con el Chile de Pinochet o la Sudáfrica del apartheid fueron el resultado natural de afinidades ideológicas. Pero llegados a estas alturas no voy a descubrir nada nuevo sobre las intenciones del autor con este libro.

Israel y Turquía recuperan relaciones ante el rumbo de la crisis siria

Tal como anticipamos en noviembre de 2012, finalmente Israel y Turquía han terminado por hacer las paces empujados por la evolución de la guerra civil siria. Benjamin Netanyahu lamentó los errores en la planificación del asalto al Mavi Marmara que condujeron a la pérdida de vidas humanas. Curiosamente los términos empleados no son muy diferentes a los empleados por él mismo en 2010. Así que podemos decir que ha sido Turquía la que ha cambiado finalmente su postura, aunque siempre tendremos a la prensa española para dar el titular equivocado.

Turquía e Israel, como países no árabes en un vecindario complicado, eran aliados naturales. Israel vendía tecnología militar a Turquía, como el programa de modernización del carro de combate M60T o el avión sin piloto IAI Heron, mientras que Turquía ofrecía a la fuerza aérea israelí un amplio espacio aéreo para ejercicios. El enfriamiento de relaciones entre ambos países coincidió con el desarrollo turco de su propio carro de combate y su propio avión sin piloto, mientras que la fuerza aérea israelí era invitada a ejercicios en Italia y en Grecia.

La evolución de la crisis siria ha empujado a Turquía ha reconciliarse con el aliado necesario con el que hacer frente a la la guerra civil en el país con el que comparte su frontera más extensa. Tras dos años, ninguno de los dos bandos parece capacitado para imponerse de forma clara en el corto plazo. Los rebeldes han sido capaces de capturar decenas de bases militares, destruir centenares de blindados y dejar fuera de combate (capturar, derribar o destruir) más de la mitad de la flota de helicópteros de transporte del régimen. Sin embargo, no han sido capaces de coordinarse en el nivel estratégico debido a su atomización. El cerco sobre Homs nunca se terminó de completar y Damasco sigue conectada con el norte del país. Aron Lund titulaba “The Free Syrian Army Doesn’t Exist” de forma bastante provocativa en Syria Comment.

Mientras Occidente observaba el conflicto sin intervenir, el dinero de las petromonarquías árabes ha permitido a los grupos yihadistas acumular fuerzas y dotarse de armamento como los misiles tierra-aire portátiles chinos FN-6 y los lanzagranadas anticarro M79 OSA comprados a Croacia. El dinero significa además comida, medicamentos y dinero en mano que entregar a los combatientes y sus familias. Las atrocidades cometidas por el régimen, además, radicalizan a los rebeldes y dejan la puerta abierta a un ciclo de venganzas que no auguran nada bueno para la postguerra en un país que es un mosaico étnico-religioso que podría estallar como Líbano en los años 70.

Estados Unidos ha entregado ayuda “no letal” a los rebeldes sirios, les ha proporcionado entrenamiento en Jordania y ha empezado a ofrecerles información sobre las fuerzas rebeldes. Está por ver si no es demasiado tarde ante la hegemonía de los yihadistas. Y si consolidar un bloque nacionalista no-yihadista sólo servirá para que a la caída del régimen de Assad comience una segunda guerra civil.

Tel Aviv no es la capital de Israel

Primero fue la editorial del diario El País del pasado día 9:

La estancia en Gaza de Meshal, al que Israel ha intentado eliminar a lo largo de los años, ha sido posible gracias a la tregua que ha pactado Tel Aviv.

Luego leí a David González en Miradas de Internacional:

Se considera que Tel Aviv controla entre 75 y 500 ojivas nucleares

Y por último fue Iván Giménez en Realpolitik.

Entre Washington y Tel-Aviv hay una diferencia en la manera de referirse al programa nuclear iraní

Tel Aviv. Tel Aviv. Tel Aviv. ¿Por qué tanta insistencia en situar la capital de Israel en Tel Aviv? El gobierno, el parlamento y el tribunal supremo de Israel están en Jerusalén. Cualquier turista que pase por allí lo puede ver. Es cierto que hay países que no reconocen a Jerusalén como capital del Estado de Israel y han instalado sus embajadas en Tel Aviv, donde de paso hay playa y mucha vida nocturna. Pero en Tel Aviv no están las instituciones fundamentales del estado. Allí no se pacta, controla o decide nada. El que no acepte Jerusalén como capital de Israel que se limite a usar “el gobierno de Israel”. Pero dejen ya de inventarse la capital de Israel

Pero, ¿qué quiere Israel en Gaza?

Decía hace poco que me costaba entender las razones de los grupos islamistas palestinos para provocar el reciente conflicto en Gaza. Se repetían las noticias sobre el crecimiento económico. Por ejemplo, la inaguración de un hotel de 5 estrellas gestionado por una empresa española. Así que escalar las agresiones a Israel era totalmente estúpido. David Harris dijo en El País que “Hamás malinterpretó a Israel”. Jordi Pérez Colomé apuntó a razones de la política interna de HAMAS: “La lucha por la dirección hace que los dirigentes locales quieran ser vistos como la vanguardia de la lucha contra Israel”. Puso además como referencia un artículo de Hussein Ibish.

Hay en efecto una lógica interna. Se trata de un cálculo de costes y beneficios. Y claro, sólo esta semana caí en la cuenta. La Asamblea General de Naciones Unidas concede a los territorios palestinos la condición de Estado “observador”. Se trataba de provocar una reacción armada de Israel para poner al país, en un segundo plano durante la Primavera Árabe, otra vez en las portadas de los periódicos y en la cabecera de los telediarios atacando Gaza. Los tiempos no podían ser mas oportunos. Pero, ¿qué hay de Israel? El propio Jordi Pérez Colomé cuenta:

La crítica que se le hace a Israel es que esta situación no es ninguna solución. Habrá pronto otra guerra. Es verdad. Pero Israel no parece hoy dispuesto a jugar a nada más que a alargar la inestabilidad y esperar que otra generación encuentre un momento mejor para solventar la cuestión para siempre.

Israel cree que conceder soberanía a palestinos es ceder la seguridad. ¿Qué pasaría si Cisjordania fuera como Gaza y lanzaran cohetes a Jerusalén y Tel Aviv, que están ahí mismo? Habría guerra.

Y me extraña. Porque mientras en el caso palestino a unos y otros no les cuesta encontrar una lógica interna al sinsentido de provocar una guerra, en el caso de Israel se le presenta como un actor desnortado e irracional. ¿En serio es tan complicado entender la política israelí? Marcelo Wio hacía en Revista de Medio Oriente un interesante análisis del discurso de la prensa española sobre el conflicto en Gaza. Encontraba que Israel aparecía siempre como sujeto activo y señalaba:

De esta manera, y en el caso que nos ocupa, Hamas y los grupos terroristas que operan desde Gaza adquieren un rol secundario, casi pasivo, con lo que el lector válidamente puede interpretar que es Israel quien controla el desarrollo de los eventos y, como tal, en quien reside la decisión de terminar o no los enfrentamientos.

Recordaba el otro día que HAMAS incumplía los tres requisitos del Cuarteto que fueron apoyados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su Resolución 1858 de 2008. Hamás no reconoce el estado de Israel, no asume los acuerdos firmados por la Autoridad Palestina y no ha renunciado a la violencia como instrumento político, mantieniendo en sus estatutos como objetivo la destrucción de Israel. Sólo así se entiende entonces la postura de Israel. Le toca aguantar el chaparrón de cohetes de HAMAS y responder con la contundencia necesaria hasta que cesen los ataques. Y así hasta el siguiente ciclo de violencia. Claro está, en este conflicto el comportamiento de Israel resulta confuso para los periodistas que ven como víctimas pasiva a un grupo que gobierna de forma dictatorial la Franja de Gaza desde 2007 y cuyo estrategia son los ataques indiscriminados con cohetes contra núcleos de población. ¿Podría haber alternativas? ¿Podríamos imaginar una solución pacífica? Parece olvidarse que Israel se retiró de la Franja de Gaza en 2005. Y ya en el pasado se sentó a negociar con antiguos enemigos, firmó la paz, obtuvo el reconocimiento diplomático, entregó terroritorios y hubo paz. La paz con Egipto en 1979 es el ejemplo. Hasta hace poco era la frontera más pacífica de Israel. Por eso se destinó a ella como experiencia piloto el Batallón Caracal, la primera unidad de infantería del ejército israelí donde se admitieron mujeres. Hay vuelos que conectan El Cairo y Tel Aviv. Y los turistas israelíes aterrizaron en Sharm El Sheik. La devolución de la península del Sinaí, por cierto, se hizo teniendo como en 2005 que evacuar por la fuerza a los ciudadanos instalados allí más recalcitrantes, como descubrí por casualidad viendo un programa de TVE que presentaba un reportaje de la época. Es una prueba de la capacidad de Israel de llegar a compromisos, firmar tratados y cumplirlos. Algo que está por ver que el lado palestino llegue algún día a tener.

El otro balance del conflicto en Gaza

Me ha preguntado Dani, el comentarista más prolífico de este blog, por las celebraciones de victoria en las calles de Gaza. Ya anticipé el otro día:

En la extraña lógica palestina cualquier concesión arrancada a Israel para lograr un alto el fuego en medio de escombros humeantes se venderá internamente como una “victoria”.

Es un absurdo provocado por la mediatización del conflicto. Lo importante no es la realidad en el campo de batalla, sino la construcción del relato. Ahí tenemos el caso de la Flotilla a Gaza. Cuando me molesté en ver el documental realizado por uno de los españoles abordo del Mavi Marmara prestando tratando de reconstruir la secuencia de eventos, a pesar de los trucos de montaje y prestando atención a aquello que se muestra pero no se menciona, descubrimos algo muy diferente al “relato oficial” (ver primera, segunda, tercera y cuarta parte de mi análisis). Había pasado un año y mi descubrimiento era irrelevante. El asalto constituyó una debacle mediática para Israel y cuando ya se establecido el relato, convencer a alguien de que no pasó lo que él cree que pasó sería inútil.

El otro día, los palestinos celebrando un triunfo inexistente en Gaza sólo construían el relato para los medios de comunicación. Así, Íñigo Sáenz de Medina ya proclamaba los vencedores y perdedores la misma noche del alto el fuego. Yo creo que habrá que esperar a ver los movimientos en la región para entender quién ha salido ganando (que sin duda no son ni HAMAS ni Israel). Pero creo que si consideramos que la intensificación del lanzamiento de cohetes por parte de HAMAS tenía como objetivo atrapar a Israel en una escalada que llevara a una nueva Operación “Plomo Fundido” podemos decir entonces que ha sido un fracaso para HAMAS. ¿Qué ha sucedido esta vez? Cúpula de Hierro.

Decía un amigo ingeniero que esta clase de sistema de interceptación de proyectiles son costosísimos y en cambio tienen una fiabilidad reducida. Según él su único función es psicológica. Las única estadísticas de efectividad que disponemos son las oficiales y nunca pondría mi mano en el fuego por ellas. Aproximadamente por cada dos cohetes que impactaron en suelo israelí un tercero fue interceptado. Pero el resultado es perceptible. La sociedad israelí ya no tiene un sentimiento de indefesión frente a los ataques. Ahora hay un sistema defensivo frente a los cohetes. Eso le ha dado al gobierno israelí más margen de maniobra porque la destrucción y las víctimas han sido menos. Tras sólo ocho días y sin que un soldado israelí pisara suelo, HAMAS aceptó un alto el fuego. Creo que en su condición de agresor eso es un fracaso.

Este último conflicto también ha tenido un segundo hito importante. Por primera vez han caído cohetes en Jerusalén y Tel Aviv. Siempre dije que cuando cayeran en Tel Aviv se habría cruzado una línea imaginaria que provocaría una fuerte reacción de la sociedad israelí. Pero los cohetes caídos han sido escasos y no han provocado daños, por lo que nunca se cruzó esa línea. Los municipios de Jerusalén y Tel Aviv-Yafo acogen residentes de todas las etnias y religiones. La estrategia de aterrorizar la población con armas indiscriminadas sólo puede tener un resultado. A la larga se va a generar un sentimiento de cohesión entre las víctimas. Y ciudadanos israelíes de etnia árabe, cristianos y musulmanes, se van a empezar a preguntar cuál es su bando. Tenemos un precedente al respecto.

Durante la Guerra del Líbano en 2006 murieron en Israel 43 civiles. 18 de esas víctimas eran árabes. Y una cosa interesante ha pasado desde entonces. Ha aumentado el número de ciudadanos israelíes que son árabes (son el 20% de la población del país) que se han presentado voluntarios a realizar el servicio militar. En los dos últimos años el número se ha doblado. Son todavía un número muy pequeño. 400 soldados árabes provenientes de una población total de 1,5 millones de personas. Pero la tendencia es significativa. Y cada historia personal es un hito.

En 2008 una joven árabe y musulmana se presentó voluntaria al servicio militar con la intención de convertirse en sanitaria. Sus notas fueron tan altas que fue destinada a la unidad de rescate de combate de la fuerza aérea. Sólo cuando llegó allí, alguien cayó en la cuenta que por el hecho de ser musulmana no podría acceder a credenciales de seguridad para estar en una unidad especial que hace misiones secretas. Pero la intercesión del comandante de la unidad, alegando su especial valía, permitió que se quedara. Se convirtió en el primer ciudadano israelí de etnia árabe en esa unidad. Ella procedía del norte del país, la zona más castigada por los cohetes de Hezbolá en la guerra de 2006.

Elinor Joseph es una árabe cristina que se presentó voluntaria a hacer el servicio militar también con la intención de ser sanitaria por cuestiones de conciencia imaginables. Pero una vez logrado su objetivo quiso vivir la experiencia de ser soldado con todas sus consecuencias y pidió ser trasladada al Batallón Caracal, la única unidad de infantería del ejército israelí que acepta mujeres. Se convirtió así en la primera mujer árabe en una unidad combatiente. Procede del norte de Israel, la zona más afectada por los cohetes de Hezbolá en 2006. Y en una entrevista contó que en los peores momentos durante la instrucción pensaba en el cohete de Hezbolá que cayó cerca de su casa en aquella guerra para motivarse a seguir.

Elinor Joseph salió en la prensa en 2010. Pero desde entonces se han ido repitiendo casos parecidos. Como el de Shirin Shlian, que va por los centros de secundaria dando charlas a los estudiantes árabes sobre lo que les puede aportar en su futuro laboral realizar el servicio militar. ¿Su procedencia? Galilea. Y tras el caso pionero de Elinor Joseph, podemos contar el de Monalisa Abdo. Ingresó en el ejército y fue destinada a una unidad logística. Meses después pidió ser trasladada al Batallón Caracal. Luego aprobó las pruebas para el curso de oficial y el pasado mes de octubre se graduó para volver a su antiguo batallón como la primera oficial árabe en una unidad de combate. Sobra decir que Monalisa Abo es procedente de Haifa, otra lugar afectado por los cohetes de Hezbolá en 2006.

Pero la experiencia se extiende. Y el mando militar para protección civil que intervienen en catástrofes y emergencias ha empezado a buscar activamente reclutas entre la población árabe. Las barreras que ha roto no sólo son étnicas, sino de género. Las voluntarias procedentes de las aldeas que son un feudo del Movimiento Islámico de Israel sirven llevando el hiyab pero se han convertido en un ejemplo para el resto de mujeres y ahora son motivo de orgullo para los alcaldes de sus pueblos.

El incremento de voluntarios procedentes de las minorias en las fuerzas armadas israelíes es un fenómeno generalizado. Hay un fuerte elemento de búsqueda de pertenencia a una sociedad donde las fuerza armadas ha sido una potente generadora de identidad y también hay una búsqueda de ventajas en el mercado laboral, que no debemos despreciar. Pero la amenaza en forma de cohetes lanzados de forma indiscriminada contra la población civil, vengan del Líbano o de Gaza, ha generado una nueva divisoria amigos-enemigos.

La crisis siria convierte a Israel y Turquía en aliados necesarios

Cuando me tocó analizar las repercusiones políticas en la región del abordaje israelí a la flotilla rumbo a Gaza me llamó enseguida la atención que mientras el lenguaje diplomático intercambiado por Turquía e Israel era áspero, el ministro de defensa turco informó de que un importante contrato por aviones sin piloto seguiría adelante. Una vez más, se demostró que no sólo hay que seguir los titulares de la actualidad para entender lo que estaba pasando. La historia de fondo se comprendía leyendo las noticias que no salen en la prensa especializada.

Las relaciones entre Turquía e Israel finalmente se enfriaron. Pero la crisis siria ha colocado a ambos países en una situación de aliados necesarios que tienen mucho que ganar colaborando en otros campos. A ninguno le interesa la implosión descontrolada del estado sirio que la convirtiera en un nuevo Líbano de primero de los años 80. Así que cuando han caído proyectiles dentro de la frontera turca o israelí lo primero que pensé es que se trataban de actos fortuitos o acciones descontroladas. Lo último que necesita para su supervivencia el régimen de Assad es darle una excusa a Israel o Turquía, dos grandes potencias militares en la región, para intervenir en su contra. Es algo que conté en la entrevista que me hizo Jorge Rozemblum, director de Radio Sefarad, el pasado mes de octubre.

Una noticia sobre cómo la firma de electrónica militar Elta ha vuelto a producir componentes claves para los aviones turcos de alerta temprana es la prueba de que las cosas se están moviendo

“The 33-Day War” de Gilbert Achcar con Michel Warschawski

Uno llega a entender lo mal que andan las cosas por Oriente Medio cuando los dos bandos no se ponen de acuerdo ni en nombrar las cosas más simples. Si los periodistas del diario Haaretz Amos Harel y Avi Issacharoff titularon su libro sobre la Guerra del Líbano de 2006 “34 days: Israel, Hezbollah, and the War in Lebanon”, el libanés Gilbert Achcar tituló el suyo “The 33-Day War. Israel’s War on Hezbollah in Lebanon and ist Aftermath”.

Quería tener una visión desde el otro lado de aquella guerra para contrastar versiones. Pero si el libro de Amos Harel y Avi Issacharoff es una obra de periodismo me he llevado un chasco al encontrarme que el de Gilbert Achcar con un capítulo de Michel Warschawski está más cerca del ensayo que otra cosa. Y un ensayo, hay que decir, bastante panfletario.

El libro empieza contándonos el origen y ascenso de Hezbolá como fuerza política mayoritaria dentro de la comunidad shií del Líbano, un país caracterizado por enormes redes clientelares y patronazgo político donde las alianzas cambian de forma sorprendente. Recomiendo sobre ello el libro de A. R. Norton y huir como de la peste del libro de Javier Martín. A los antencedentes y el contexto se dedica bastante espacio (páginas 7 a la 51) de un libro breve donde el texto ocupa 114 páginas. Y en esas llegamos a los acontecimientos del 12 de agosto de 2006.

Si uno repasa la enorme literatura producida en think-tanks, centros de estudios estratégicos e instituciones militares uno lee que Israel entró en aquella guerra sin que sus fuerzas armadas estuvieran preparadas. La tesis de Achcar y Warschawski es que se trató de una guerra de agresión contra el Líbano largamente preparada. Quizás haya que recordar la sucesión de los hechos para caer en la cuenta que todo comenzó con una emboscada de Hezbolá a dos vehículos militares dentro de suelo israelí, acompañada por ataques de cohetes y morteros contra instalaciones militares y poblaciones civiles. Que el hecho inicial fuera una agresión de Hezbolá a la otra parte es irrelevante porque todos sabemos (según Gilbert Anchcar y también el español Francisco Veiga), que en el fondo, Israel tenía planes de invadir Líbano. Es decir, da igual los hechos porque Israel es de mente y corazón un agresor nato. Y eso es lo único que necesitamos saber. Que Israel sin hacer nada ya es un país pecador de pensamiento.

La agresión incial de Hezbolá me lleva a un punto interesante. ¿Cómo justifica un libanés la existencia de Hezbolá como grupo armado? En España ha existido un largo debate sobre las “balas y los votos”. No se puede jugar a participar en la democracia con un grupo armado que mata a tus rivales políticos. Pero en el Líbano es así. Un partido político con diputados en el parlamento y ministros en un gobierno de coalición tiene miembros armados con misiles de todo tipo y cohetes de medio alcance. Lo que en cualquier país suena a locura en Líbano es normal. Y Gilbert Achcar lo justifica diciendo que un grupo como Hezbolá es necesario por las continuas agresiones de Israel contra la soberanía libanesa. Supongo que se refiere a la respuesta de Israel a los ataques e incursiones lanzadas por Hezbolá y grupos palestinos desde suelo libanés. Pero el razonamiento es brillante: Hezbolá debe seguir existiendo como grupo armado para defender el Líbano de las respuestas israelíes a las agresiones de Hezbolá contra Israel. Hezbolá es la solución a los problemas creados al Líbano… por Hezbolá. Quizás haya que preguntarse por qué Israel eligió Líbano como víctima frecuente y no Jordania, por ejemplo.

Gilbert Achcar además justifica que Hezbolá permanezca armada por dos asuntos: La ocupación israelí de las “Granjas de Shebaa” y los prisioneros libaneses en manos israelies. El primer caso se trata de un territorio que Hezbolá sólo cayó en la cuenta que era libanés tras la retirada israelí del Líbano en 2000. No hay que ser muy listo para darse cuenta que fue una excusa rápida y tonta para justificar su condición continuada de luchador contra la ocupación israelí. Y en el segundo caso tenemos un dilema interesante. El único prisionero que se menciona con nombres y apellidos en el libro es Samir Kuntar (pág. 46), autor de varias muertes en suelo israelí. Una de ellas se trata de la niña de cuatro años Einat Haran, que Kuntar mató dándole culatazos en la cabeza contra unas rocas. Por esas muertes Kuntar cumplía una condena en Israel como terrorista (fue intercambiado por los cadáveres de los soldados muertos en la emboscada de Hezbolá del 12 de agosto de 2006) y Gilbert Achcar considera legítimo que Hezbolá luche por su liberación como prisionero de guerra. Si aquellas muertes de civiles fueron actos legítimos de guerra, ¿entonces por qué quejarse de las acciones de Israel?

Volviendo al mundo real, la existencia de Hezbolá no es normal. Nadie se imagina a un partido político portugués o belga que forme parte de la coalición de gobierno del país dotado de un brazo armado que lance ataques contra suelo español o francés. Así, el 2 de septiembre de 2004 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidos aprobó la resolución 1559 que entre otras cosas instaba a la retirada de las fuerzas militares sirias del Líbano (una violación de la soberanía libanesa que nunca pareció molestar a todos los que se quejan de Israel) y al desarme de los grupos armados en el país. En el libro se trata con sarcasmo que su cumplimiento sea demandado por “un país que mantiene un récord histórico de no adherirse a las resoluciones de la ONU” (pág. 55). Dicho lo cual queda la duda si las Resoluciones de Naciones Unidas son importantes y de debido cumplimiento. Si Hezbolá tiene derecho a incumplirlas, entonces su importancia es relativa. Así que, ¿por qué quejarse de Israel? Naciones Unidas no genera de todas formas mucho entusiasmo al autor, que señala con asombro que la Resolución 1701 con la que se puso fin al conflicto “¡trata al Líbano como si fuera el agresor!” (pág. 61). Un pequeño detalle que tiene que ver con que fue Hezbolá quien inició la guerra con un ataque en suelo israelí.

En algo sí estoy de acuerdo al menos con Gilbert Achcar. O al menos la impresión que tuve en 2006 fue que parecía que una campaña tan intensa de bombardeos israelíes tenía como objetivo presionar al gobierno libanes contra Hezbolá (pág. 56). Pero nunca hubo campaña aérea que lograra tal cosa. Poner al que recibe las bombas de un ataque de represalia en contra del agresor inicial que provocó la respuesta. Lo curioso es el tratamiento que le da Gilbert Achcar. El ataque a poblaciones civiles sólo puede considerarse un crimen de guerra. ¿Y entonces los ataques de Hezbolá con cohetes de no mucha precisión contra núcleos de población en Israel? Sobre ello se cita a Hasan Nasrallah, líder de Hezbolá, que se defiende con algo así como “¡Israel empezó primero!”. (pág. 66). Es decir, todo lo que tenga que ver con las leyes internacionales, las resoluciones de Naciones Unidas y las leyes de la guerra será siempre relativo en función de quién hablemos.

El israelí Michel Warschawski le da otro enfoque en el texto incluido como cuarto capítulo del libro (pp. 75-105). La guerra del Líbano de 2006 hay que ponerla en el contexto de la Guerra Global contra el Terrrosimo de la Administración Bush como una guerra por delegación (“proxy war”) en la que Israel hizo el trabajo sucio de EE.UU., tratando de destruir un peón de Irán en el tablero de Oriente Medio. La explicación que da Warschawski al “fracaso” en el Líbano es que el racismo imperialista y colonialista de Israel (juraría que el concepto neo-liberalismo también aparece por alguna parte) llevó a subestimar a Hezbolá. Por ningún lado aparece mención de la falta de atención, fondos, entrenamiento que sufrió el Mando Norte del ejército israelí en el período 2000-2006 que nos contaban Amos Harel y Avi Issacharoff. Da igual los hechos, otras versiones, las investigaciones periodísticas… Se trata de un bonito argumento que queda bien. Y eso resume el libro: Retórica, discurso, eslóganes. Pero poca información y reflexión.

Gilbert Achcar toma la idea de la Guerra del Líbano de 2006 como un episodio más de la Guerra Global de la Administración Bush en el último capítulo y eso ha hecho envejecer mal al libro, que es de 2007. Hoy miramos hacia atrás y entendemos esa guerra en relación con la Operación Plomo Fundido, un episodio más de Oriente Medio.

Israel y un posible nuevo orden en Oriente Medio

Alguno habrá echado en falta un análisis más en profundidad a la vuelta de mi viaje a Israel. Desde luego que se me quedaron cosas en el tintero y para las que espero encontrar un hueco para comentar aquí. Pero la razón principal de no tratar ningún asunto relacionado con la seguridad y defensa de Israel es que estaba preparando un artículo que saldrá publicado en el número de febrero de 2011 de la revista “Fuerzas de Defensa y Seguridad”.