Un nuevo centro del mundo

Ante la perviviencia de la Geopolítica Clásica de Mackinder y los intentos de revival en España respondí con un artículo crítico desde el punto de vista de las guerras posmodernas. Y es más. Pienso que si aún hoy existe una “tierra corazón” (heartland) de Eurasia sin duda se encuentra hoy en Oriente Medio, tal como apunté en mi artículo sobre el Gran Oriente Medio publicado en el número doble julio-agosto de la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad.

Ahora encuentro que la misma idea la presentó Xavier Martin en 2010. Creo que merece la pena seguir explorando.

Por qué India y China se disputan la hegemonía del Océano Índico

El Océano Índico es el tercero en extensión del planeta. Históricamente fue atravesado por rutas comerciales de largo alcance mucho antes de la era de las grandes exploraciones gracias a la regularidad de los vientos monzónicos que permitieron el establecimiento de una Ruta de la Seda por mar. Está documentado el intercambio de mercancías ya entre los imperios de Roma y China. Mediante rutas marinas el Islam llegó a la isla de Zanzíbar a finales del siglo X y al sur de Filipinas a finales del siglo XI. Hoy las rutas comerciales que lo atraviesan conectan los países productores de hidrocarburos y materias primas de África y el Golfo Pérsico con las zonas industrializadas del Sudeste Asiático y los mercados de Europa. Como gran vía de comunicación entre Europa, África Oriental, el Golfo Pérsico y la región de Asia-Pacífico el comercio marítimo en el Océano Índico supone la la mitad del tráfico mundial de contenedores.

India, que le da nombre al océano, ocupa una posición central en su parte septentrional. Es el segundo país más poblado del planeta y es el cuarto mayor consumidor de energía del mundo. Las proyecciones estiman que el volumen de su población superará a la de China y ascenderá al puesto del tercer mayor consumidor de energía a mediados de la próxima década. Es bien conocido el interés que genera al ascenso de China como gran potencia asiática, a la modernización de su armada y cómo todo ello afectará a la hegemonía naval de de Estados Unidos en el Pacífico. Pero el ascenso de China e India plantea igualmente desafíos estratégicos. Las proyecciones estadísticas para las próximas décadas del siglo XXI de cualquier variable de estos dos países alcanzan cotas superlativas. El desarrollo económico de China e India se sustenta sobre un creciente consumo de materias primas y recursos energéticos que se acelerá según se expandan las clases medias de ambos países con patrones de consumo cercanos a los occidentales.

China se convirtió en un importador neto de hidrocarburos en 1993 y en el transcurso de una década multiplicó por dos su consumo. En 2003 era el tercer mayor importador del mundo de petróleo y el segundo mayor consumidor. El origen del 40% de las importaciones chinas es el Golfo Pérsico y en su transporte por mar hasta aguas del Pacífico han de cruzar el Estrecho de Malaca, por donde atraviesa el 80% de todas las importaciones chinas de hidrocarburos. En el caso de la India, el país es de la misma forma dependiente de una forma creciente de las importaciones de recursos energéticos. India cubre con importaciones el 80% de sus necesidades de petróleo de las que dos terceras partes proceden de Oriente Medio. India importa además carbón de varios países ribereños del Océano Índico: Sudáfrica, Mozambique, Indonesia y Australia.

El Océano Índico se ha convertido en la gran vía de comunicación por la que fluyen las vitales importaciones de recursos energéticos de India y China. Garantizar la libre navegación por sus aguas se ha convertido en una necesidad de primer orden para ambos países. Por ello ambos país están lanzados en una carrera de toma de posiciones y han lanzado ambiciosos planes de construcción naval que convertirán el Océano Índico en un importante tablero geopolítico en las próximas décadas.

[Esta es la introducción a uno de dos artículos que estoy preparando sobre la rivalidad geopolítica de India y China en el Océano Índico]

Enterrar a Mackinder

Quien haya seguido este blog desde hace tiempo habrá visto que desde mi paso por el XIX Curso Internacional de Defensa organizado en Jaca por la Academia General Militar y la Universidad de Zaragoza ando en guerra con la Geopolítica clásica, en especial con Harold J. Mackinder y su idea del pivote geográfico de la Historia.

Hoy terminé mi artículo “Apuntes para una Geopolítica del siglo XXI” del que aquí adelanté ideas de uno de los primeros borradores. No es que pretenda descubrir la rueda. Ya otros reflexionaron en el ámbito de habla hispana de cómo la sociedad de la información alteraba el factor geográfico pero al menos en el terreno académico español hay mucho por hacer para superar ideas de 1904.

Introducción a la crítica de la razón geopolítica

En la segunda mitad del siglo XX la explotación de los recursos naturales y su transformación en factorías industriales dejaron de ser las actividades que más riqueza generaban y más mano de obra empleaban en los países avanzados. Las actividades del sector servicios, como el comercio al por menor, las comunicaciones, el transporte, las finanzas, etc. se convirtieron en las mayoritarias en lo que se vino en llamar “sociedad postindustrial” por sociólogos como Alain Touraine (1969) y Daniel Bell (1973). El término «post» se empleó porque ante la novedad se carecía de la perspectiva suficiente para darle nombre a lo que hoy conocemos como “sociedad de la información”. Al fin y al cabo, el primer microprocesador de silicio encapsulado en una pastilla («chip»), el Intel 4004, no fue comercializado hasta el año 1971, mientras que los fundamentos teóricos del protocolo de transmisión TCP/IP, en el que se sustenta Internet, fueron presentados en un artículo académico por Vinton Cerf y Robert Kahn en 1974.

Hoy la generación de riqueza se encuentra en intangibles como la innovación tecnológica, las finanzas, el software, etc. mientras que el valor de las materias primas y la mano de obra necesarias para manufacturar un microprocesador de varios núcleos o una pantalla táctil es despreciable. El poderío de los países no dependen ya de su base demográfica y su entorno geográfico, como demuestran los casos de Singapur e Israel. Ambos países se convirtieron en menos de medio siglo en potencias militares regionales con una escasa base demográfica, careciendo de materias primas y un entorno geográfico poco productivo. Sin embargo, forman parte del reducido número de países que dedican más de un dos por ciento de su P.I.B. anualmente a investigación y desarrollo.

El avance de la “sociedad de la información” ha supuesto un abaratamiento de la tecnología, las comunicaciones y el transporte permitiendo el funcionamiento síncrono de organizaciones a lo largo del mundo. Esto no sólo ha permitido la aparición de empresas globales, sino una verdadera democratización tecnológica que ha permitido el acceso a amplias capas de la población a tecnologías que antes sólo estaban en manos del Estado: Internet, sistemas de posicionamiento global por satélite, fotografías desde el espacio, telefonía por satélite, etc. El resultado es que, junto con aparición de empresas globales cuyos intereses ya no tienen patria, asistimos a la emergencia de actores no estatales transnacionales como la coalición internacional para la prohibición de minas antipersona o la organización terrorista Al Qaeda. La segunda fue capaz de organizar desde Afganistán un atentado en Estados Unidos moviendo personas y dinero por Alemania y España.

[Este texto es un adelanto de mi próximo artículo que sigue la línea de trabajo de cuestionamiento de la geopolítica clásica que arranqué a mi vuelta del XIX Curso Internacional de Defensa]

Mi mapa del mundo para el siglo XXI

He dedicado varias entradas a contar cómo echo en falta especialistas de área y blogs temáticos en español. He encontrado algunos blogs interesantes en español, de los que ya hablaré, pero sigo echando en falta muchos más blogs como FlancoSur.com y Latoc.info dedicados a otras regiones del planeta.

Como dije, la ausencia de blogs en español especializados en áreas regionales no es el resultado del desinterés por la blogsfera de los especialistas sino simplemente una preocupante carencia de especialistas producto del ensimismamiento español. Sobran aspirantes a burócrata que escriben sobre el “Eje Euroatlántico” y la “Política Europea de Seguridad y Defensa” mientras faltan análisis sobre actores no estatales, nuevas amenazas y nuevas realidades.

Creo que al igual que FlancoSur.com trata los asuntos de seguridad y defensa en el Magreb y África Occidental hay espacio para soñar otros blogs que traten otras áreas.

Mapa

El espacio ex-soviético.

Rusia, las repúblicas caucásicas (Georgia, Armenia, Azerbaiyán) y las repúblicas de Asia Central (Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán).

Un blog así debería prestar atención a:

-La crisis demográfica, económica y tecnológica de las fuerzas armadas rusas y su complejo militar industrial.

-La geopolítica de los hidrocarburos en torno al Mar Caspio y los ductos de suministro a Europa.

-La política rusa hacia Asia Central y la Organización de Cooperación de ShangHái.

-La competencia entre EE.UU., China e India por establecer alianzas y áreas de influencia en Asia Central.

China y la región Asia-Pacífico.

China, Japón, Corea del Sur y Taiwán

Filipinas, Vietnam, Indonesia, Malasia, Tailandia, Brunei y Singapur.

Un blog así debería prestar atención:

-La modernización de las fuerzas armadas y el “Ascenso Pacífico” de China.

-Los planes de modernización naval de China, Japón y Corea del Sur.

-ASEAN y los procesos de integración regional.

-La lucha conjunta contra la piratería de Indonesia, Malasia y Singapur para mantener la libre navegación en el Estrecho de Malaca, uno de los “puntos de estrangulamiento” marítimos fundamentales del mundo.

-Las disputas de los países en torno al Mar de la China Meridional por las Islas Spratly.

-La modernización de las fuerzas armadas de Indonesia, Malasia, Tailandia y Singapur.

Oriente Medio y su periferia.

Los países del Golfo Pérsico y la Península Arábiga (Irán, Iraq, Kuwait, Arabia Saudita, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Yemen). Los países y territorios limítrofes con Israel (Líbano, Siria, Jordania, Cisjordania, Gaza y Egipto). Turquía y Somalia y Afganistán.

Esa zona corresponde con lo que Zbigniew Brzezinski llamaba “zona global de infiltración de la violencia” (The Global Zone of Percolating Violence) y que coincide más o menos con la antigua área de responsabilidad del mando regional estadounidense CENTCOM. Tratar los acontecimientos de este área es una tarea descomunal pero habría que saber prestar atención a dinámicas fundamentales:

-La competencia entre Turquía, Irán y Arabia Saudita por la primacía en la zona.

-La modernización de las fuerzas armadas de los países del Consejo de Cooperación del Golfo.

-La evolución de Al Qaeda en la Península Arábiga y de Al Shabab en Somalia.

-El desarrollo nuclear iraní.

-La evolución de Hamás y Hezbolá.

-La evolución de la guerra de Afganistán.

Magreb y África Occidental.

Los países del Magreb en su sentido más amplio (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Sáhara Occidental y Mauritania) y los países de África Occidental (Níger, Malí, Senegal, Gambia, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Costa Verde, Benin, Burkina Faso, Ghana, Togo y Nigeria).

Los temas fundamentales del Flanco Sur y su vertiente extendida (Flanco Sur Profundo) son:

-La modernización de las fuerzas armadas del Magreb.

-La evolución de Al Qaeda en el Magreb Islámico.

-La evolución de la piratería en el Golfo de Guinea.

-El narcotráfico hacia Europa desde América.

Iberoamérica.

Tras los procesos de paz después del fin de la Guerra Fría y la “ola democratizadora” se ha convertido en una zona libre de conflictos armados y guerras civiles. Sin embargo hay una violencia social elevada que forma parte de un nuevo tipo de conflicto que no podemos dejar de identificar como guerras posmodernas.

Un blog que tratara los aspectos de seguridad y defensa en Iberoamérica debería dedicar atención a:

-Las iniciativas de integración regional y la aparición de una agenda exterior, de seguridad y defensa común frente a la fragmentación en bloques.

-La convergencia de guerrillas y narcotráfico en Colombia y Perú.

-La desestabilización provocada en México y Centroamérica por el narcotráfico y la “guerra contra las drogas”

-La violencia urbana.

Evidentemente en esta visión regionalizada del mundo hay asuntos que saltan regiones, como la rivalidad naval entre India y China en el Océano Índico, la naturaleza unitaria de Afganistán y Pakistán (AfPak) junto con los vínculos con Asia Central para entender la guerra de Afganistán, la relación Rusia y China mencionada en el contexto de la Organización de Cooperación de ShangHái.

Lo interesante es que si uno se fija en los asuntos relevantes en el espacio ex-soviético y el área Asia-Pacífico encuentra que los actores fundamentales siguen siendo los estados-nación. Las armadas están modernizándose y expandiéndose en el Asia Pacífico con islotes insignificantes convertidos en campo de disputas. Mientras que en torno al Mar Caspio existe la pugna por las rutas de los ductos que favorecen a unos países u otros. Asia Central y Asia-Pacífico son las regiones donde la geopolítica clásica sigue vigente, la del Gran Juego de Asia.

En Oriente Medio y su periferia encontramos un área intermedia donde los estados-nación y los actores no estatales (Hamás, Hezbolá, Al Qaeda, piratas) tienen un elevado protagonismo por igual.

Sin embargo en América y África Occidental la rivalidad entre países hace a día de hoy difícil imaginar un conflicto armado convencional y la agenda de seguridad y defensa la protagonizan actores no estatales: Terroristas, guerrillas, narcotraficantes, grupos de crimen organizado.. Además los procesos más interesantes son la convergencia entre todos esos fenómenos. Lo interesante es que Iberoamérica y África Occidental están conectados por el desvío de la ruta de la cocaína colombiana hacia Europa por África Occidental creando un Gran Espacio Atlántico como región geopolítica. Pero la geopolítica en América y África no es la de los oleoductos, los estrechos y las “naciones pivotes”. Es la geopolítica de los tráficos ilícitos y los espacios ingobernados. Es otra geopolítica, la de las guerras posmodernas, que merece la pena reflexionar.

¿Es relevante la geopolítica en el siglo XXI?

Durante el cuarto día del XIX Curso Internacional de Defensa en Jaca intervino el general de brigada Miguel Ángel Ballesteros Martín, actual director del Instituto Español de Estudios Estratégicos. Su conferencia versó sobre los países BRIC y comenzó explicando el paradigma “clásico” de la geopolítica hablando de Mackinder (1861-1947), Spykman (1893-1943) y Brzezinski (1928-…)

La geopolítica es según la RAE el “estudio de los condicionamientos geográficos de la política”. Y cabe preguntarse si en la era de los flujos inmateriales, los actores transnacionales desterritorializados y la economía postindustrial es pertinente estudiar la disposición de penínsulas, ríos y cordilleras para comprender ell actual panorama internacional.

La geopolítica nació con la Segunda Revolución Industrial, en pleno apogeo de los imperios coloniales, cuando la riqueza de las naciones se medía por su producción de trigo, carbón y acero. Ayudó a entender las ambiciones de la Alemania nazi sobre el carbón de Silesia y los trigales de Ucrania. ¿Ayudaría hoy a entender el poderío militar de Israel, Singapur y Japón si meramente estudiamos la superficie y recursos naturales de esos tres países?

Mackinder, tal como expuso el general Ballesteros, consideraba Eurasia la masa terrestre más importante del mundo. “Quien domina Eurasia domina el mundo” y para dominar Eurasia es preciso el control del “área pivote”, formado por la extensión de los Urales a Siberia, el Cáucaso y Asia Central. La Unión Soviética estaba entonces en la mejor de las condiciones para ser una potencia hegemónica global. Sin embargo se colapsó al término de la Guerra Fría, cuyos episodios “calientes” tuvieron lugar en América, África y el Sudeste Asiático. Tampoco hemos visto que Rusia haya ocupado un puesto destacado como potencia emergente en el siglo XXI.

Sería injusto reclamarle a Mackinder, fallecido en 1946, un marco teórico para comprender el siglo XXI. Y es preferible estudiar a sus continuadores. En Jaca se nombró a Zbigniew Brzezinski y su libro “El Gran Tablero Mundial” de 1997. Partiendo de la idea de que la geografía es el destino, Brzezinski augura un inverosímil eje Francia-Alemania-Polonia-Ucrania como “núcleo fundamental de la seguridad europea” (pág. 92) que sospecho le debe más a su condición de nativo polaco que a un análisis sosegado.

La verdadera aportación de Brzezinski es el concepto de Balcanes euroasiáticos para referirse al conjunto formado por las repúblicas ex-soviéticas caucásicasy centroasiáticas junto con los “candidatos potenciales” Irán y Turquía. La idea, aunque no expresada con estas palabras, es que el proceso de descolonización rusa tras la caída de la Unión Soviética dejó un legado de estados frágiles que se han convertido en generadores de inestabilidad. Brzezinski habla además de la “zona global de infiltración de la violencia” (pág. 61) o “zona de inestabilidad” (pág. 130) para referirse a un área que desborda los “Balcanes euroasiáticos” y llega desde Asia Central a prácticamente a las aguas del Cuerno de África, casi reproduciendo el antiguo área de responsabilidad del mando regional estadounidense CENTCOM. El análisis de Brzezinski sobre Asia Central es bastante pobre y se limita a apuntar al complejo puzzle étnico de la zona como fundamental elemento belígeno sin entrar en consideraciones económicas, históricas, sociales y políticas que podemos encontrar en cualquier estudio al respecto. Tal es el caso de “La nueva Asia Central o la fabricación de naciones” de Oliver Roy o Asia Central: Conflictos étnicos, nuevo nacionalismo e Islam de Luis-Tomás Zapater Espí.

Brzezinski hace además un análisis de la geopolítica de los hidrocarburos del Mar Caspio y señala las rivalidades entre Rusia, Irán y Turquía en la zona. La ubicación geográfica de los yacimientos de hidrocarburos y la instalación de los ductos (oleo- y gaso-) condicionan la política internacional en torno al Mar Caspio y el Golfo Pérsico. Pero algo tan obvio no necesitaba de las teorías universales de Mackinder para el que Oriente Medio y Asia-Pacífico eran regiones periféricas.

Me resulta preocupante que nada menos que el director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, laboratorio de ideas del Ministerio de Defensa, usara como marco teórico para hablar del auge de los países BRIC en el siglo XXI ideas tan viejunas. ¿Habrán oído hablar de Thomas P.M. Barnett y su “The Pentagon’s New Map” de 2004? Mejor no preguntar por otros nombres.

P.S.: Es mi sino. Llevaba semanas rumiando lo que vi en Jaca y me encuentro esto: El retorno de Eurasia, 1991-2011, un libro editado por Francisco Veiga y Andrés Mourenza.