La defensa de una España sin Cataluña

En el año 2006 comenté en este blog el revuelo causado por un documento apócrifo donde se estudiaba cómo serían las fuerzas armadas de una hipotética Cataluña independiente. En un contexto muy diferente, el asunto fue tratado por el Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya el pasado año en su documento “La Futura Força de Defensa de Catalunya”. El debate esta vez es real. Y, como a Escocia, el problema que se le plantea a una hipotética Cataluña independiente es el de las economías de escala. Sistemas de armas avanzados, como aviones de combate y fragatas, serían prohibitivos para una Cataluña independiente. Así que, como en el caso de Escocia, se debate la opción de una defensa mancomunada. Tenemos el precedente de las tres repúblicas bálticas, que comparten academia militar (Baltic Defense College) y red de vigilancia del espacio aéreo (BALTNET).

Ahora imaginemos un caso extremo. Supongamos que Cataluña y País Vasco se convirtieran en países independientes sin un acuerdo para compartir una defensa común. Para Cataluña y el País Vasco su defensa nacional no supondría ningún problema a pesar de que no pudieran adquirir y mantener sistemas de armas avanzados. Ubicadas entre Francia y España, su situación no sería muy distinta a la de Uruguay. Para la defensa nacional de España sería catastrófico. Según recoge la Wikipedia, la suma de Cataluña y País Vasco suponía en 2011 el 24,9% del Producto Interior Bruto español. Manteniendo un gasto equivalente, España no podría seguir pagando el mantenimiento de uno de cada cuatro aviones de combate, fragatas y vehículos blindados mientras sus obligaciones en el Estrecho de Gibraltar, Ceuta, Melilla y Canarias seguirían siendo las mismas.

El fin de ETA sigue el guión

Hay una ley política no escrita que dice que la paz la deben hacer los “halcones”. Parece que para la opinión pública sólo son admisibles ciertas concesiones si las hace un gobierno de un partido de línea dura. Yo soy más cínico y pienso que las “palomas” se ven sometidas a un chantaje político.¿Se imaginan qué habría dicho la prensa israelí conservadora si la Desconexión de Gaza la hubiera ejecutado un primer ministro laborista y no el héroe de guerra Ariel Sharon? Sin ir más lejos, en España hemos visto que cierta prensa llamó “valiente” a Aznar por iniciar negocaciones con ETA y nadie cuestionó su promesa de “generosidad”. Años después, el gobierno de Rodríguez Zapatero realizó negaciones con ETA y la misma prensa que había aplaudido a Aznar, le llamó “traidor” y le acusó incluso de haber organizado el 11-M en colaboración con ETA. En aquel entonces tuve claro que aquellos ataques del Partido Popular a Rodríguez Zapatero eran sólo parte de una estrategia política y no el resultado de una convicción moral. Al Partido Popular no le interesaba que un gobierno del PSOE se llevara el rédito político de acabar con ETA. Predije y acerté que tan pronto el Partido Popular volviera al gobierno cambiaría de discurso.

Es innegable que ETA ha sido derrotada. Con la perspectiva histórica, podemos ver que ETA entró en declive tras el comienzo de la colaboración policial francesa. Lo contó el general Rodríguez Galindo en su libro, que reseñé aquí allá por 2006. La apuesta estratégica de ETA fue establecer bases en Portugal, que se saldó con un fracaso, mientras el grupo terrorista entraba en una espiral descendente con la caída encadenada de sus sucesivas cúpulas dirigentes. Era evidente entonces que el terrorismo etarra tenía los días contados. Recuerdo que no le di mucha importancia a aquella Conferencia Internacional de Paz de San Sebastián en  octubre de 2011 hasta que pocos días después ETA anunció “el cese definitivo de su actividad armada”. En su comunicado, hizo mención expresa de la conferencia y del contexto internacional. Me pareció entonces que había quedado claro que la conferencia sólo había servido para poner fin al la violencia con una escenificación que no hiciera evidente la derrota de ETA.

Desde aquel anuncio de octubre de 2011 hemos visto movimientos por uno y otro lado. En abril de 2012 el gobierno abrió una nueva vía de reinserción que sustituía la “Vía Nanclares”, incluyendo acercamiento de presos. En 2013 vimos que el gobierno acató la resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que declaró la doctrina Parot contraria a la Convención Europea de Derechos Humanos. El último paso lo dio el colectivo de presos de ETA que emitió un comunicado hace pocas semanas en el que reconocía “con toda sinceridad el sufrimiento y daño multilateral generado como consecuencia del conflicto”, además de renunciar a la violencia y aceptar la legislación penintenciaria vigente. Apuesto a que en poco tiempo veremos la destrucción de sus arsenales. No será épico, no será apoteósico y dejará un regusto amargo a alguno. Pero será el fin de ETA. Aunque tengo la impresión de que alguno ingenuamente creyó que con el fin de ETA veríamos carros de combate del Ejército de Tierra entrando en la plaza principal de los municipios de la Comarca de San Sebastián y un legionario izando la bandera española en el balcón del ayuntamiento.

 

España y el discreto encanto de la hidalguía

El otro día, tras unas de esas jornadas maratonianas delante del ordenador con chorrocientas pestañas del Firefox abiertas, leí un artículo publicado en Politikon.es: Pour quoi, Hollande? O a quién beneficia la intervención francesa en Mali. Me pareció francamente malo e impropio de un blog que es toda una referencia. Es lo que tienen las crisis, de pronto saltan a la actualidad y opcupan titulares. Aparecen análisis de paracaidistas que desconecen el contexto y los matices.

Me llamó la atención que no hubiera posibilidad de dejar comentarios. Pero con curiosidad por saber más sobre la autora pinché en el enlace que ofrecía Politikon y encontré esto:

Laia Balcells es politóloga. Hizo el doctorado en la Universidad de Yale y trabaja como profesora en la Universidad de Duke. Antes de irse a Duke, estuvo como investigadora en el Institut d’Anàlisi Econòmica, CSIC y dando clases en la Universitat Pompeu Fabra. Es granollerina de origen, gracienca de vocación y yankee de adopción. Vive entre los dos continentes, con lo que sufre la política comparada en carne propia.

Sucede que la profesora Balcells es especialista en conflictos armados. Supuse que era el típico caso de alguien a quien le piden que escriba sobre un tema de actualidad basándose en una relación más o menos cercana con su especialidad pero que no está familiarizada con el caso concreto. Estos días los académicos, periodistas y blogueros especializados en el Sahel están que no paran de soltar comentarios sarcásticos sobre los análisis de última hora de personas que hasta hace un mes no sabían colocar Malí en un mapa. Así que aquella noche tras actualizar FlancoSur.com me fui a la cama.

Al día siguiente me encontré que no había sido el único al que no le había gustado el artículo en cuestión. Y que ajeno al asunto, antes de que yo leyera se había desatado una pequeña trifulca. Manel Gozalbo de Hispalibertas había hecho llegar su crítica a la autora vía Twitter para encontrarse una reacción bastante infantil. En vez de centrar su defensa en los argumentos apeló al principio de la titulitis. Manel Gozalbo, recuérdenme no buscarle las cosquillas, no se achantó y sacó el sarcasmo:

Me doctoré donde a ti te enseñaron que Libia fue una colonia francesa.

Resulta que lo que yo leí fue una versión corregida donde el monumental gazapo de poner a Libia como ex-colonia francesa había desaparecido, así como cerca de 40 comentarios que fueron borrados pero aún aparecen en la caché de Bing. El asunto derivó a la profesora Balcells acusando a Manel Gozalbo de machismo y bloqueándolo en Twitter, sin que en ningún momento se prestara a defender su artículo. Para colmo, Roger Senserrich intervino con el argumento de que es “una de las 4-5 mayores expertas del mundo en conflictos civiles” y preguntádole a su interlocutor “cuántos artículos sobre conflictos civilies tienes en revistas con peer review”. El asunto se saldó con Manel Gozalbo dando su versión en Hispalibertas, Politikon haciendo desaparecer de su página el widget donde salían reflejadas las interacciones en Twitter para quitarle visibilidad al asunto y la profesora Balcells quejándose en Twitter de “la mala educació a la xarxa” además de pidiendo como condición para volver a colaborar en Politikon que sus entradas no admitan comentarios.

Todo esto asunto podríamos señalarlo como el enésimo caso de amigotes que se cubren a los otros y aplican ese principio del Credo Legionario de “con razón o y sin ella”. Podríamos hablar de la proliferación de torpes análisis sobre Malí. Pero yo me quiero quedar con la falacia del principio de autoridad. Es un viejo problema con el que he tropezado muchas veces. Y no me refiero a que evadan discutir mis argumentos para pedirme credendciales. El asunto tiene otros matices. Por ejemplo, la insistencia siempre antes de cada entrevista de que les aporte una filiación. Me hace gracia cuando me preguntan “¿pero tú sabes tanto porque eres profesor, militar o qué?”. No se les pasa por la cabeza que una persona llegue a ser experta en algo de forma autodidacta. Así que desgrano mi personal académico y profesional para que sólo entonces emitan un “aaaahhhh” y se queden tranquilas. Como si en algún momento en que he calentado una silla en la Universidad de La Laguna, la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Universitario General “Gutiérrez Mellado” alguien hubiera dedicado un minuto a hablarme de la diferencia entre un carro de combate T-55 y T-62, la historia de Al Qaeda o la doctrina rusa de ciberguerra. Al final, los títulos académicos se convierten en justificantes de lo que ya sabía antes.

Más de una vez he salido decepcionado de una conferencia y al expresar mi desaprobación por lo dicho en ella me he encontrado con una respusta palmaria: “¡Pero si el conferenciante es comodoro de la armada ruritana y diplomado de estado mayor por la escuela de guerra prusiana!”. Como si fuera tan complicado explicar que alguien puede tener unos credenciales académicos y/o profesionales pero meter mucho la pata al hablar de temas tangenciales a su conocimiento. Y por el contrario, he tenido más de una oportunidad de charlar con estadounidenses con trayectorias de relumbrón y he mantenido con ellos charlas bastantes amenas en la que nadie nunca me preguntó por mis títulos. Conozco casos, como Galrahn de Information Dissemination, invitados a dar conferencias y participar en mesas redondas organizadas por la U.S. Navy simplemente por su condición de bloguero friki. Así que sospecho que es un problema español que viene de largo, de los tiempos de capa y espada.

¿Ha reconocido el gobierno que los antidisturbios se sobrepasaron?

Recuerdo leer sobre la importancia que le daba William S. Lind, padre de la teoría de las Guerra de Cuarta Generación, a “desescalar el conflicto”. Usaba situaciones durante la ocupación de Iraq como ejemplo, pero yo pensaba en manifestaciones. Si una organización te monta una sentada en la puerta para que se monte un lío y salir en las noticias, ¿cómo resolver el conflicto de la forma más anodina y más aburrida de tal forma que no sea noticia? 2012 no fue un año en que se resolvieran los incidentes publicos de una forma discreta y aburrida.

Antidisturbios turcos identificados individualmente.

Antidisturbios turcos identificados individualmente.

No hace falta mucho extenderse sobre el comportamiento de los antidisturbios de la policía española en el año 2012. Pero ante la sensación de que las calles se habían convertido en zonas aconstitucionales con el respaldo de las autoridades mirando a otro lado, empezó a salir un goteo de noticias que son a mi entender el reconocimiento implícito de que algo se había hecho mal.

Primero fue la noticia de la creación de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR):

Los miembros de la Unidad de Intervención Policial (UIP), conocidos como “antidisturbios”, serán reforzados en Madrid con 378 agentes de una nueva sección policial denominada Unidad de Prevención y Reacción, que los sustituirá o bien los apoyará en su trabajo.

Que “serán reforzados” implique directamente que sean sustituidos es una de esas formas sutiles de demostrar que se ha perdido la confianzan en ellos. Evidentemente se les asignan nuevas misiones con la excusa de que ante la actual conflictividad social los antidisturbios están saturados de trabajo y necesitan apoyo:

Su implantación aliviará la carga de trabajo de las Unidades de Intervención Policial (UIP) en concentraciones, manifestaciones o espectáculos públicos de menor entidad (deportivos, musicales y taurinos), junto a eventos sociales o concentraciones de masas generados por fiestas patronales, religiosas, culturales, mítines o de tipo similar.

Además, se concentrarán en puntos negros de delincuencia, en colaboración y coordinación con comisarías locales y de distrito, e intervendrán de inmediato en auxilio o defensa de los ciudadanos ante calamidades o catástrofes públicas.

Otra tarea de la nueva unidad será el apoyo a los jueces y tribunales en lanzamientos, es decir, desahucios, además de otras actuaciones judiciales.

Mítines políticos y desahucios son eventos donde los ánimos se pueden encrespar bastante. Así que parece que se ha decidido retirar a la UIP de esas misiones para enviar a otros policías con la excusa de que se les libera de tareas menores para que estén disponibles para las grandes concentraciones públicas.

Antidisturbios en Colombia identificados individualmente

Antidisturbios en Colombia identificados individualmente

Y así, de forma discreta un día sabemos por una respuesta parlamentaria del gobierno a Izquierda Unida que las próximas licitaciones de chalecos protectores para los antdisturbios incluyen la especificación de un especio para incluir el número de identificación del policía.