Snowden en los paraísos de la privacidad

El culebrón Snowden tiene para mí tintes cómicos. En primer lugar despertamos un día conociendo que el gobierno de los Estados Unidos vigilaba servicios privativos de Internet en los que los usuarios ponen confianza ciega. No deja de ser incomprensible la sorpresa de la gente. Jose Alcántara, el autor de La Sociedad de Control, hizo la presentación de su libro hace ya más de cuatro años. Así que no dejo de tener la sensación de que es un tema viejuno en el que una sana desconfianza ha resultado correcta. Pero a partir de ahí la historia se vuelve esperpéntica.

Snowden huyó a Hong Kong, territorio autónomo de soberanía china. Oh, China. El país del Gran Firewall y la extendida censura de Internet. De allí partió a Rusia, otro gran país en el terreno de la privacidad en Internet que emplea Deep Packet Inspection en nombre de la defensa de la juventud rusa frente a las malas influencias de Internet (pornografía infantil, uso de drogas, promoción del suicidio, etc.) y en donde todos los proveedores de servicios de Internet deben permitir al gobierno instalar sistemas de escucha de su tráfico. Es decir, Snowden se refugió en un auténtico “paraíso” de la privacidad en Internet. Luego amagó con refugiarse en Venezuela, país que le ofreció “asilo humanitario”. El mismo país donde medios progubernamentales airean conversaciones telefónicas privadas de miembros de la oposición.

Hay algo terriblemente ridículo en ver a gente aplaudir la acogida de regímenes poco democráticos, donde la privacidad de las comunicaciones es un chiste, a Edward Snowden. Más allá, claro, de la relevancia de lo que ha descubierto.

[Actualización: David ha encontrado una página web que ofrece un listado de servicios y aplicaciones alternativas a las que se sabe que ofrecía acceso al sistema de vigilancia PRISM]