15-M, una torpe insurgencia

Decidí no dedicar una línea más al 15-M en este blog. Pero hoy me he encontrado con una “autocrítica” al movimiento en el blog La Gran Casualidad” donde lamenta la insistencia en tomar la Puerta del Sol, convertida en un espacio simbólico y donde el movimiento sólo tiene las de perder frente a la policía. ¡Qué error tan tonto! ¡Qué fallo tan básico!

De toda la vida, las insurgencia se han caracterizado por sólo concentrar fuerzas para golpear allí donde el enemigo es más débil. Nunca se entabla una batalla convencional porque el enemigo es siempre más fuerte en términos convencionales. Nunca se lucha por el control del territorio porque el objetivo nunca es dominar un espacio geográfico sino ganar legitimidad popular. Si la policía blinda la Puerta del Sol ante la visita del Papa y los quincemistas podían haber elegido otra plaza para manifestarse. La prensa simplemente los hubiera seguido hasta allí.

Hay que leer más a Lawrence de Arabia.

Venezuela insurgente

A estas alturas deberían conocer a David Beriain por sus reportajes sobre Colombia e Iraq para adn.es y tras formar equipo con Sergio Caro por su documental “Españoles en la ratonera”. Ahora forma parte del plantel de Reporteros de Cuatro. Estoy fuera de España pero como se pueden ver los programas de Cuatro por Ïnternet y ahora ya tengo tiempo he visto por fin “Los guardianes de Chávez”.

50 minutos no son suficientes para mostrar la realidad de Venezuela al completo. Y creo que para el espectador español medio hubiera hecho falta un poco más de contexto: El trío de pobreza, violencia y corrupción extremas azontaban Venezuela mucho antes de la llegada de Hugo Chávez al poder. Recuerdo leer en su momento “cada fin de semana mueren a tiros más personas en Caracas que en Sarajevo”.

Cristo con fusil

Pero lo que muestra el reportaje no tiene desperdicio alguno, ya incluso desde la mera perspectiva antropológica al observar esa Virgen de Coromoto con AK-47. El documental muestra la aparente paradoja de un país donde han aparecido grupos armados de caracter revolucionario no con la intención de luchar contra el gobierno, sino apoyarlo. Las referencias son claras: El golpe de estado de 2002 y la invasión de Iraq en 2003 para derrocar al régimen de Saddam Hussein. En caso de un golpe de estado o una invasión extranjera que colapsaran a las fuerzas armadas sería el “pueblo en armas” quien defendiera la Revolución Bolivariana. De ahí que como se muestra al final del documental se haya creado una amplia reserva movilizable que incluye hasta trabajadores del campo que desfilan sobre sus tractores con fusiles Mosin Nagant (¿piezas de museo para darle ese toque épico-histórico?).

El documental deja unas cuantas preguntas en el aire. Aparece un grupo que apoya a Hugo Chávez pero critica su gestión y considera que en su gobierno hay personajes corruptos que se han enriquecido ilícitamente. ¿Realmente sería posible una ruptura con el gobierno venezolano? ¿Qué pasaría con esos grupos armados si Hugo Chávez perdiera eventualmente unas elecciones? ¿Y qué conexiones hay entre el gobierno y esos grupos armados más o menos clandestinos? Según uno busca información sobre el Movimiento Revolucionario Carapaica encuentra versiones para todos los gustos: Desde que son un instrumento creado por el gobierno a que son unos tontos útiles.

Lo interesante, desde el punto de vista del estudio de la transformación de la guerra. es que mientras en EE.UU., Reino Unido, Rusia, Israel o India el debate ha girado en torno a la lucha Contra Insurgencia (COIN) Venezuela debe ser de los pocos países donde se debate y reflexiona sobre cómo practicar la guerra asimétrica e irregular. Ya en marzo de 2006 hablé aquí de la recepción en Venezuela del libro “El Islam Revolucionario y la Guerra Periférica” de Jorge Verstrynge. Desde aquel entonces me encuentro a menudo referencias en páginas web venezolanas a conceptos “guerra asimétrica”, “guerras de cuarta generación” y hasta del concepto “guerras posmodernas”.

Creo que habrá que seguir con atención por qué caminos transcurre el debate teórico en Venezuela desde aquel “I Foro Militar sobre Guerra de Cuarta Generación y Conflicto Asimétrico” de 2006. Sería divertido saber la reacción del paleoconservador William S. Lind, padre del concepto, al enterarse que sus ideas que nunca tuvieron acogida en el establishment estadounidense florecen en la exhuberante Venezuela.

Apuntes norirlandeses sobre Afganistán

Cuenta Íñigo Sáenz de Ugarte que la comisión oficial sobre el Bloody Sunday de 1972 ha publicado sus conclusiones tras 12 años y 235 millones de euros gastados.

Dice Sáenz de Ugarte, a cuenta del incidente:

“La comunidad católica perdió cualquier rastro de confianza en las instituciones británicas. En definitiva, garantizó que la guerra continuara durante muchos años”

Sería interesante averiguar la percepción que tienen los afganos de sus instituciones. Quizás alguien podría ponerlo en relación con la marcha de la guerra que va camino de su noveno año.

Si ya está todo inventado

Dos reacciones típicas de quienes no entienden mis ideas cuando explico el marco de análisis de “Guerra Posmodernas” son “¿qué puedes decir del conflicto X?” donde X es uno de esos raros conflictos entre estados-nación o por el control del gobierno de un país y “¿guerrillas? ¿tráficos ilícitos? ¡pero si eso ya existía en los tiempos del Imperio Romano?”.

En el primer caso siempre contesto que el advenimiento de las Guerras Posmodernas es un fenómeno gradual. No desaparecieron de la noche a la mañana las viejas guerras modernas. Ahí está esa extraña crisis entre las dos Coreas por el hundimiento de la corbeta Cheonan. O la Guerra Civil de Nepal donde una guerrilla maoísta luchaba por obtener el poder en pleno siglo XXI.

En cuanto al síndrome del “está todo inventao” ciertamente se puede uno remontar todo lo atrás que se quiera buscando ejemplos de guerra irregular, señores de la guerra, divisorisa difusas entre guerra y crimen: Las guerrillas españolas en la Guerra de Independencia, las revueltas campensinas alemanas del siglo XVI, el movimiento zelote o Viriato.

Es decir, de todo lo viejo siempre se puede encontrar un ejemplo en la actualidad. Y de todo lo nuevo podemos remontarnos en la Historia y encontrar un precedente. Además ante el sesudo debate sobre ContraInsurgencia (COIN), el “Surge” en Iraq, las ideas del Field Manual 3-24, etc. se puede argumentar que está por conocerse método más rápido y efectivo que pasar a cuchillo una población rebelde. Los pueblos de la Antigüedad pueden dar buena cuenta de ello.

Cuenta The Economist que el éxito de Sir Lanka al derrotar la guerrilla tamil a sangre y fuego ha suscitado interés en el Sudeste Asiático y que dirigentes de otros países han acudido al país a recabar las lecciones aprendidas. Los entusiastas de la opción Sri Lanka deberían recordar que a pesar de todo las cosas son diferentes.

La democratización de los medios de comunicación han venido a cambiarlo todo. Y cabe preguntarse siempre cómo lo que sucede van a contarlo los medios. Israel debería extraer algunas lecciones.

El traje del emperador Bush

Cuando me puse a hablar de Iraq en mi viejo blog, allá a finales de 2004, siendo radicalmente pesimista hubo lectores que me pusieron a bajar de un burro con una lógica aplastante: Si criticas la estrategia de EE.UU. en Iraq es que tienes un póster de Bin Laden colgado en tu habitación y y eres enemigo jurado de logros de la civilización occidental como el jamón ibérico. Alguien lo resumió en un insulto genial: “Ayatolá del retroprogresismo”. (Que es como llamar antisemita a alguien que critica la política de Israel).

Irónicamente mis principales “fuentes de información” nunca han sido las webs del “No a la Guera”. Seamos francos: Es raro encontrar un pacifista que sepa distinguir un misil de un cohete. Mi percepción de lo que pasaba en Iraq se construyó a partir de páginas web, blogs y foros estadounidenses donde se profesa ese patriotismo que sólo se vive allí pero que criticaban severamente la conducción de la guerra. Al fin y al cabo el rechazo a los “burócratas de Washington” es algo típico de la derecha estadounidense.

Otra fuente son las noticias publicadas en medios de comunicación de países aliados de EE.UU. que invariablemente llevan por título “Un general británico/canadiense/holandés critica la estrategia estadounidense en… a su regreso a casa”. En el caso británico, dada su exitosa experiencia en la guerra contrainsurgente, hay ejemplos para dar y regalar.

Inquieta pensar a dónde nos llevaría una derrota estadounidense en Iraq y Afganistán.

Vietnam redux

La de Vietnam fue una guerra que se clavó como pocas en el “imaginario colectivo” estadounidense y comparar conflictos del presente con aquel es algo socorrido. Sin ir más lejos cuando la ofensiva estadounidense sobre Bagdad fue detenida por una tormenta de arena de proporciones bíblicas al sur de Bagdad los medios se apresuraron a hablar de un “nuevo Vietnam”. No hace mucho manifestantes se congregaban ante la embajada francesa en Abiyán portando carteles en que anunciaban que harían de Costa de Marfil un “Vietnam para Francia“. Pero creo que en ambos casos, y en otros muchos, las referencias a aquella guerra se limitaban a convertirla simplemente en sinónimo de “desastre militar”. Como decíamos en “Arde Faluya” “los periodistas parecen tener especial debilidad por resucitar el fantasma de Vietnam en llamativos y catastróficos titulares”.

Việt Nam. En aquella guerra Estados Unidos se vio llevando el peso de la lucha contra una guerrilla en un lejano país asiático, ante la inoperancia de un gobierno que no controlaba efectivamente su territorio y un ejército poco combativo cuando no colaborador con el enemigo. Por aquel entonces el U.S. Army, orientado en doctrina y materiales a luchar en las planicies de Alemania contra las hordas rojas, era una fuerza de soldados conscriptos, ciudadanos arrancados de la vida civil, realizando operaciones contrainsurgencia en un país cuya cultura no entendían, cuyo idioma no hablaban y cuyo clima detestaban. Se enfrentaban a una guerrilla de extracción campesina, llamada despectivamente “Việt Cộng” por el gobierno de Vietnam del Sur, cuyas tácticas principales eran la emboscada, la colocación de trampas de todo tipo y los ataques terroristas. Estando repartidos los estadounidenses por todo el país en bases que requerían un importante apoyo logístico su despliegue era una enorme y vulnerable retaguardia.

La guerrilla, por su parte, no ocupaba el terreno. Rara vez luchaba por una colina, una valle o una ciudad. Podía retirarse de un lugar abrumada por la potencia de fuego estadounidense, pero con el tiempo volvía a estar allí. Contaba con la posibilidad de cruzar las fronteras de los países vecinos y a través del neutral Laos le llegaban suministros provenientes de Vietnam del Norte (la “ruta Ho Chi Minh”). La guerrilla estaba en todas partes y en ninguna. No tenía por más uniforme que las típicas ropas del campesino vietnamita, el famoso “pijama negro”, haciendo indistinguible combatientes y no combatientes. Los campesinos colaboraba con la guerrilla, por convicción o coacción, haciendo cosas tan simples como observar y pasar información. Aún más sencillo resultaba en el interior de las bases estadounidenses por la gran cantidad de civiles contratados como cocineros, barberos, lavanderas, etc…) La guerrilla era así invisible e incórporea. Como carectizó Lawrence de Arabia a sus fuerzas beduinas, eran “una influencia, una idea, algo intangible, invulnerable, sin vanguardia o retaguardia, flotando como un gas”.

En una guerra en la que no habían ni territorios enemigos que conquistar que sirvieran de “indicadores” de victoria, el recuento de cádaveres enemigos (“body count“) se convirtió en la medida del progreso de la guerra en una estrategia que pretendía la derrota del enemigo por desgaste aprovechando las ventajas en tecnología, medios y potencia de fuego. Pero ese cálculo no tuvo en cuenta las diferencias de voluntad y capacidad a la hora de asumir pérdidas materiales y humanas con respecto al otro bando.

La estrategia de “cuenta de cádaveres” se convirtió en una trampa burócratica, confundiéndose medios y fines. Ante la presión de los escalafones superiores de la cadena de mando se inflaban los informes dando una falsa sensación de estar derrotando a la guerrilla en todos los frentes. “El enemigo tiene por costumbre llevarse los cadáveres del campo de batalla“, era la excusa habitual. La mezcla del stress psicológico de enfrentarse a un enemigo que no daba la cara mientras se sucedían las bajas por trampas y emboscadas, y la percepción que aquellos campesinos que se pretendían liberar de las garras del comunismo colaboraban con el enemigo, llevaron a que los soldados fueran de “gatillo fácil”.

Hitos importantes en la estrategia estadounidense fueron la invasión de Laos para tratar de cortar los suministros a la guerrilla; el encuadramiento de las tribus indígenas del altiplano central (“montagnards” en la denominación heredada de los franceses) en milicias junto con la contratación de mercenarios camboyanos y de la etnia china nung; y el lanzamiento de una operación de asesinatos selectivos de cuadros comunistas (la “Operación Fénix”) llevada acabo por la CIA. Las leyes de la guerra fueron poco respetadas en un conflicto en el que nunca hubo una declaración de guerra formal. Se usó un incidente entre las marinas de Estados Unidos y la de Vietnam del Norte en el golfo de Tonkín como excusa para justificar la intervención militar en Vietnam. Ahora sabemos fue una mera manipulación ante la opinión pública. Toda una serie de “halcones” defendieron aquella guerra no sólo como una cuestión geoestratégica, sino de imagen ante la opinión pública internacional en plena Guerra Fría. Con los intereses del complejo militar-industrial de por medio, no dejaron de vaticinar que se estaba en el camino de la victoria mientras pedían más y más recursos para el esfuerzo bélico. De hecho, los Estados Unidos fueron de victoria en victoria hasta la derrota final.

En la fiesta del Año Nuevo Lunar de 1968, la noche del 30 al 31 de enero, el Viet Cong lanzó una ofensiva general en todo el país con la esperanza de provocar un levantamiento de la población. Fracasó en sus objetivos militares y políticos. Pero la opinión pública estadounidense alimentada hasta aquel momentos con noticias tranquilizadoras se encontró con que en aquella lejana guerra, que iba tan bien, la mismísima embajada en Saigón había sido asaltada y ocupada, mientras se sucedían combates por todo el país. En todos los hogares se vieron las imágenes de aquel general de la policía sudvietnamita descerrajando un tiro en la cabeza a un prisionero en plena calle. Fue el punto de inflexión que llevó a Estados Unidos a retirarse. Se hizo de forma escalonada, retirando tropas poco a poco mientras se le cedían cada vez más y más responsabilidades a las tropas sudvietnamitas en lo que se llamó “vietnamización de la guerra”. Cuando finalmente el peso de la guerra recayó en los hombros del gobierno de Vietnam del Sur, sus fuerzas armadas se desplomaron y Vietnam del Norte lo invadió.

Fundido en negro. Iraq, 2005. Ustedes mismos.

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Lobo Estepario de Zona Libre]

Arde Faluya

Cuando los EE.UU. invadieron Afganistán en octubre de 2001 los periodistas recordaron enseguida que se trataba de un país indómito. Primero el ejército británico en el siglo XIX y luego el soviético en el XX no pudieron doblegarlo. Un general ruso, veterano de la guerra que libró la Unión Soviética en Afganistán durante los 80, vaticinó un desastre. quel país. Antes de la invasión de Iraq en g2mil.com hablaron de la batalla que se libraría por Bagdad como un nuevo Stalingrado con encarnizados combates casa por casa. Cuando la ofensiva hacia Bagdad ya estaba en marcha, se estancó por una apocalíptica tormenta de arena y por unas líneas de apoyo logístico demasiado alargadas. Los periodistas enseguida hablaron de un nuevo Vietnam .

Los periodistas parecen tener especial debilidad por resucitar el fantasma de Vietnam en llamativos y catastróficos titulares. Curiosamente están pasando por alto la opereta que se está representando en Faluya.

En una guerra de guerrillas la clave está en acosar al ejército regular contra el que se combate allí donde se encuentre y tras el ataque desvanecerse. Ocupar el terreno sólo tiene sentido cuando no se tiene un santuario al otro lado de la frontera o se está en una fase avanzada del conflicto.

Los marines pronto controlarán la ciudad de Faluya y el Pentágono cantará victoria. Pero los guerrilleros que han podido escapar, ya estarán en otra parte, y los que luchan lo hacen porque simplemente han quedado atrapados y no han podido huir. Todo volverá a empezar en otra parte.

Así fue la guerra de Vietnam. El ejército de los Estados Unidos se desangró en conquistar valles y colinas [y hay quien todavía proclama que en realidad ¡ellos ganaron la guerra!]. Pero el Viet Cong siempre volvía a estar allí, al acecho en la selva. La llamada Operación “Apache Snow” concluyó con la 101ª División Aerotransportada tomando la “Colina de la Hamburguesa“. Se proclamó la victoria al conquistarle el terreno al enemigo y luego los soldados regresaron a su base.

La Ofensiva del Tet en 1968 fue un descalabro para las guerrilas del Viet Cong, pero la opinión pública empezó a convencerse que aquella guerra no podía ser ganada. En la retina colectiva quedaron las imágenes de aquel general de la policía sudvietnamita descerrajando un tiro en la cabeza a un prisionero y del asalto a la embajada en Saigón.

Prontó caerá Faluya. Sus habitantes volverán para rescatar lo que puedan entre las ruinas que quedan de sus casas, y enterrar a vecinos y parientes que no quisieron o pudieron marcharse. Alguien jurará venganza por las muertes y la destrucción provocadas. Y todo volverá a empezar. ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto falta para una ofensiva del Tet en Iraq?

William S. Lind, uno de los padres de la expresión “Guerras de 4ª Generación”, se pregunta, entre otras cosas, si lanzar bombas sobre áreas urbanas es la mejor forma de ganarse el apoyo de los habitantes de esas áreas.

[Actualización 1: Este mismo artículo ha llamado la atención a Willam Gibson que lo comenta para pasarlo a copiar directamente]

En una reproducción de un artículo [requiere registrarse] de Liberation en Periodista Digital cuentan los magros resultados de un ataque que ha movilizado a 10.000 soldados estadounidenses y 4.000 iraquíes.

Actualización 2: Periodista Digital reproduce un artículo de Carlos Elordi publicado originalmente en El Periódico de Catalunya [ambos requieren registro] en el que recoge las impresiones de varios periódicos internacionales. Por ejemplo el “The Wall Street Journal”:

Para entender el porqué de lo que está ocurriendo en Faluya tal vez sea oportuno recordar lo que decía THE WALL STREET JOURNAL el 4 de noviembre, tras proclamar su alegría sin límites por la victoria electoral de George Bush: “La gente que le ha votado no le apoyará si sigue viendo cómo en Iraq atacan a nuestros soldados sin que se lancen ofensivas contra los santuarios del enemigo”.

Esta película ya la hemos visto antes: Los políticos ordenan lanzar una ofensiva inútil porque necesitan presentar ante la opinión pública que están pasando cosas. Aunque sólo sean unos bonitos fuegos artificiales.

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Lobo Estepario de Zona Libre]