Perdidos

Resulta evidente que llevo una temporada alejado de este blog. Sigo dependiendo de la wifi de algún vecino para navegar por Internet y el baño es el único sitio de la casa donde se puede hacer sin constantes interrupciones. Eso ha tenido en cierta manera para mí un efecto beneficioso. En vez de dedicar horas a navegar por Internet y recabar pequeños pedazos de información estoy dedicándome a leer libros en la tranquilidad de mi habitación. La diferencia de profundidades y el distinto ritmo de asimilación es significativo. Navegar por Internet o leer libros da como resultado blogs muy diferentes. Y te hace descubrir que ciertas cuestiones que están presentes día a día en las noticias o en los blogs no son realmente como las cuentan. Quiero decir, ¿cuántas personas han dedicado realmente tiempo a informarse sobre la guerra de Afganistán, la vida de Bin Laden y los orígenes de la yihad global contemporánea? En cambio, ¿cuántas veces nos encontramos referencias a estos temas en las noticias, columnas de opinión y blogs?

Otra cuestión es que procuro leer a autores británicos o estadounidenses. Y tras devorar recientemente varios libros en inglés y luego pasar a autores españoles cuyas obras tenía cogiendo polvo hace tiempo uno nota una diferencia abismal en los contenidos. Como ya he dicho aquí otras veces ser el primero en acaparar un nicho del mercado académico en España es un chollo si te desenvuelves en inglés y manejas ciertos contactos. Una vez alcanzado el estatus de máximo experto español en la materia se alcanza un monopolio de facto en la publicación de obras y en la asistencia a saraos de todo tipo. Por no hablar de la aparición en España de expertos de última hora al calor de la demanda de información sobre asuntos como el terrorismo yihadista. Con todo esto quiero decir que han pasado seis años desde el 11-S, hemos sufrido una avalancha de libros en la sección de novedades de las librerías y el marco de análisis subyacente es un nacionalcatolicismo a veces nada sutil. Con todo, va a resultar que el autor español más lúcido sea Jorge Verstrynge y su “La guerra periférica y el Islam revolucionario”.

Estos días ando leyendo a ratos “On The Road to Kandahar” de Jason Burke, autor de uno de los libros más desmitificadores sobre Al Qaeda. Y no me resisto a copiar aquí varios párrafos enteros que referidos a EE.UU. y Reino Unido bien pueden aplicarse a España.

“While in Pakistan and Afghanistan I had been ignorant of what was being said about Islamic militancy in Britain and America. On my return I was stunned to find that what I felt strongly was a completely erroneous idea of the nature of al-Qaeda had established itself as the conventional wisdowm. Al-Qaeda was seen as a monolithic organization, much like traditional terrorist grops from the 1960s and 70s, with a defined hierarchy, members, cadres, and operatives around the world. […] [A]nd Bin Laden was almost universally depicted as a James Bond style villain sitting in a cave with a bank of computers orchestrating a global campaign of violence. More generally, terrorism, or at least its ‘Muslim’ variety, was often depicted as an act of irrational rage or a visceral hate of wealth and freedom and an integral part of a plan to conquer the world. Clearly, the implications was, there was little point in looking for ‘root causes’ and anyone who did so was ‘soft’. […]

This package of ideas, the ‘hard’ counter-terrorism discourse, dominated the debate for a variety of reasons. First, its reflected the sympathies of those formulating strategy in White House and those who elected them, resonating broadly wtih a culture that stressed individual agency and industry over ‘society’ and ‘environment’ as determinants of behaviour, success, failure and histoy. Second, it was favoured by the overwhelmingly conservative defence establishment and security industry in America, in Europe and round the world. […] A third reason for the dominance of the right-wing paradigm was its overwhelming popularity among unsavoury govermnet around the world. For governments such as those of Algeria, Uzbekistan, the Philippines and Russia, attribuing long-running local insurgencies to al-Qaeda, the newly discovered international bogeyman, was extremely useful, simultaneously releasing a flood of diplomatic, military and financial aid from Washington while also obscuring the role that their own corruption, nepotism, repression and missmanagement had played in fomenting violence. A fourth factor was the broad complicity of the media in both the UK and the USA. With a few exceptions, journalists were, trough ignorance, deference of laziness, hapyy to accpet what politicians and ‘security experts’ said and, pleased to have found a new and snappy label for the otherwise rather opaque new threat, were content to blame pretty much any attack anywhere in the world on ‘al-Qaeda’. And a final reason for the dominance of the right-wing discourse was the weakness of the left’s response which varied from facile anti-Americanism to a reliance on broad liberal theories that lacked rigour and clarity. In addition, there were very few voices on the left, or even in the centre, who could talk with the authority and certainty of their oponents”

Y ahora si me lo permiten, volveré a mi encierro ascético.