La crisis argentina que predije ya está aquí

Me decía un amigo argentino que mi predicción de noviembre de 2012 de que Argentina se dirigía hacia una nueva crisis económica no tenía ningún mérito. A varios argentinos les he escuchado el mismo fatalismo y resignación ante la idea de que el país cumple una suerte de maldición histórica que lo condena a una eterna decadencia. Sin embargo, no faltaban en 2012 creyentes del “relato” kirchnerista, como los comentarios de aquella entrada reflejan. Ni han faltado intelectuales, como Ernesto Laclau y Pablo Iglesias, aplaudiendo el “Modelo” desde Europa. Hasta Paul Krugman le dedicó una columna al crecimiento argentino. Sin embargo, no hace falta ser un Premio Nobel de Economía para entender que algo no iba bien en un país donde el gobierno sostenía el gasto público con un fuerte endeudamiento interno, metiendo mano en la caja de las pensiones y dándole a la máquina de imprimir billetes.

La paradoja argentina es que los gobiernos kirchneristas han construido su legitimidad popular precisamente sobre lo que no son. Abanderaron la causa de los Derechos Humanos, que en aquel país es sinónimo exclusivo de lo sucedido durante la dictadura militar, mientras han reprimido violentamente a los grupos indígenas de provincias periféricas gobernadas de forma casi feudal. Incorporaron a sus redes clientelares a la Asociación “Madres de Plaza de Mayo“, lo que derivó en hacerla partícipe de la corrupción generalizada. Y por último nombraron Jefe de Estado Mayor General del Ejército a un general procedente de la inteligencia militar cuyo nombre aparece vinculado con la represión durante los tiempos de la dictadura militar.

Los problemas económicos argentinos, como la fallida reindustrialización, llevaron a los gobiernos kirchneristas a tratar de obtener mayores ingresos fiscales de uno de los sectores económicos más modernos y globalizados del país: El sector agroexportador. El “conflicto con el campo” se presentó como un enfrentamiento del gobierno “nacional y popular” contra las oligarquías terratenientes. Pero como en el caso de los Derechos Humanos, la paradoja es que los dirigentes kirchneristas se han constituido en una oligarquía en sí misma formada por los allegados al matrimonio Kirchner, los líderes provinciales y los dirigentes de la constelación de organizaciones que los sostienen. La gestión de Aerolíneas Argentinas fue entregada a la organización juvenil La Cámpora con resultados de sobra conocidos. Desde su renacionalización, sólo entre 2008 y 2011 acumuló pérdidas por 2.100 millones de dólares, casi tanto el valor en aquel momento de la brasileña TAM. Se puede decir que los argentinos subvencionan con sus impuestos los billetes de la minoría que puede permitirse hacer turismo por el interior del país. A Aerolíneas Argentinas le cabe el dudoso honor de ser, junto a la petrolera YPF, una de esas compañías que estuvo en manos privadas españolas antes de ser renacionalizada y caer en una mala gestión. Siendo un país productor de hidrocarburos, en 2013 creció el déficit energético argentino.

Dice Gabriel Oddone que Argentina marcha hacia la estanflación. Cualquiera diría que nunca se pierde apostando a que Argentina pierde.

 

 

El narco se instala en Argentina

Hace cosa de un año hablé aquí de los problemas económicos de Argentina, producto de la gestión de los gobiernos kirchneristas, que llevaban al país otra vez hacia el abismo. Tras las pasadas elecciones legislativas, que ganó la corriente “renovadora” del peronismo, Cristina Fernández de Kirchner cambió al ministro de Economía y ya se especula si el gobierno argentino llevará a cabo un plan de choque o tratará de aguantar como pueda los dos años hasta las próximas elecciones para que sea el próximo gobierno el que lo haga. De momento, Argentina está negociando las exigencias del FMI para poder recurrir una vez más en su historia a la deuda externa.

Estos días se han producido saqueos en ciudades de varias provincias argentinas coincidiendo con huelgas de la policía. Parece ser un fenómeno que se repite cada fin de año cuando algunos deciden hacer su particular versión de las compras navideñas. Otra año más también, vuelven las teorías conspirativas sobre una posible mano oculta detrás de los disturbios. Pero este año me ha llamado la atención las referencias hechas hablando de las causas de los saqueos a un problema que empieza a convertirse en estructural en Argentina: El narco.

gendarmeArgentina se ha convertido en el destino de narcos mexicanos y colombianos que huyen de la presión policial en ambos países. Ya en 2008 hubo noticias de cómo el país se estaba convirtiendo en un nodo del tráfico de metanfetamina. Ahora se trata de una nueva ruta de salida de la coca peruana y boliviana que aprovecha la falta de medios en el control de fronteras para este “desembarco narco”. Sin ir más lejos, los radares para el control del espacio aéreo no funcionan permanentemente y a falta de aviones de combate operativos que puedan cumplir misiones de policía aérea la Fuerza Aérea Argentina recientemente se decidió desplegar aviones de entrenamiento turbohélice T-34 Mentor de la Armada como parte del operativo Escudo Norte.

No se trata sólo de un problema de control del espacio aéreo. Las fronteras argentinas con Bolivia y Paraguay son muy porosas. A la Ruta Nacional 34, que va de la frontera con Bolivia hasta Rosario ya se la conoce como la Ruta Blanca. De hecho la violencia y el narcotráfico son notorios en las calles de Rosario. Así, en ese orden de cosas, la Conferencia Episcopal Argentina presentó recientemente el documento El drama de la droga y el narcotráfico donde se advierte que “la Argentina está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno”.

Mientras tanto, en Uruguay (el país menos corrupto de Iberoamérica según Transparency International) se aprobó el proyecto que legaliza la venta y habilita al autocultivo de marihuana. Hay que hacerle caso al dúo Igudesman & Joo.

Los disturbios en Argentina como síntoma

Parece mentira, pero la página web de la primera entrevista que encontré a William Gibson en Internet aún permanece con su formato HTML tan de los noventa. Siempre recordaré un fragmento en el que Gibson habla de los disturbios en Los Angeles tras la absolución de los policías que agredieron a Rodney King:

I was watching CNN during the riots of Los Angeles a couple of years ago and they were showing video footage of a mob looting a Radio Shack. Running out of the Radio Shack was hi-fis, video cameras and everything they could pick up. But the Radio Shack was right next to a Macintosh dealership which had powerbooks in the window. And it was untouched. So here these incredible valuable portable very, very powerful computers was sitting untouched behind an unbroken shop-window while the poor people steal Sony Walkmans. I felt that was so sad, and so indicative of our real problem. Because this technology, at this point, belongs to the middle classes and up. It’s not available to the underclass at all, they’re not interested in it.

Es un error imaginar al “populacho” como una variante del buen salvaje. Se supone que los pobres son virtuosos y ascéticos en un reflejo cristiano que lleva a esperar que lleven con digna resignación su situación. O se les imagina como la clase heroica que protagonizará la revolución del proletario en el ocaso del capitalismo. Pero en sus variantes urbanas son maleducados, ruidosos, vulgares e ignorantes. Es obviamente algo inherente a la condición de pertenecer a las clases bajas. Son raros los Sénecas que proceden de escuelas públicas suburbiales en decadencia y familias desestructuradas. Después de los disturbios en el Reino Unido de 2011, los portavoces de las cadenas de librerías Waterstone’s y W H Smith informaron que no tenían constancia de que alguno de sus establecimientos hubiera sufrido daños. Pasó exactamente igual que en Los Angeles y durante el Caracazo. La gente roba electrodomésticos, no saquea librerías. Los valores de la sociedad consumista permean todas las clases sociales. Ellos quieren ser como todo el mundo. Sólo los que estamos de vuelta del smartphone exhibimos con orgullo un Nokia que costó 9 euros. La necesidad de construir la identidad a través de los bienes de consumo se ha convertido en un universal cultural que llegó al otro lado del Telón de Acero.

Así que he leído con atención las noticias sobre los disturbios y saqueos en Argentina. Enseguida encontré referencias a saqueos en tiendas de electrodomésticos, juguetes y ropa. Y encontré los habituales comentarios de que eso era la prueba de que no respondía a un problema de necesidades básicas sin cubrir y por tanto prueba de la existencia de intereses políticos ocultos. Pero lo que cuenta Gerardo Wilgenhoff en Perfil.com es francamente interesante:

El puntapié inicial de la jornada que conmovió al país tiene como antecedente la ayuda alimentaria que distintas organizaciones de los barrios del Alto habían pedido al intendente del Frente para la Victoria, Omar Goye. Ante el incumplimiento de la municipalidad de entregar los tickets alimentarios prometidos, comenzaron las movilizaciones.

La pregunta es por cuánto tiempo podrá mantener el gobierno argentino las subvenciones y ayudas sociales, que sustentan las redes clientelares que impiden la descomposición social, si la inflación está disparada y con altas cotas de endeudamiento público interno para hacer frente a los pagos de la deuda externa. Hay una Argentina real, la que uno puede ver por el autobús de Manuel Tienda León cuando viajas del aeropuerto de Ezeiza a Buenos Aires, en la que niños descalzos caminan por la orilla de canales de agua verdosa a la hora que tendrían que estar en el colegio. Hay una Argentina real, la de la gente que camina con prisa por la Estación de Retiro a la hora de volver a casa en trenes cochambrosos y cuya piel, como la de las cajeras del supermercado Día, es mucho más oscura que la de las estrellas que salen en televisión y los intelectuales que conocemos en Europa. Hay otra Argentina que no es Les Luthiers, Enrique Pinti y Hernán Casciari, sino Tinelli revolcándose por el suelo con la Sueca (para envidia de Lanata) y Los Wachiturros. Cuando los cosas pinten feas, querrán televisores para ver el fútbol y no las obras de Eduardo Galeano.

Argentina, la mecha está encendida

En los meses que pasé en Argentina durante el invierno austral de 2010 me llamó la atención los artículos en la prensa local sobre la crisis española. Achacaban la crisis a la carencia en España de una ética de trabajo (gallegos vagos e indolentes) y atribuían el desarrollo español de las últimas décadas al flujo de fondos europeos. Dicho de otra forma, España era un bluff y la culpa de la crisis de los españoles. Por su parte, se ufanaban de que Argentina había encontrado el camino hacia el crecimiento. Pero aparte de las exportaciones de soja, aquel año sumaron el 25,4% del total, no encontré signos de ese “modelo argentino de crecimiento”. Simplemente presentaban a la opinión pública una situación coyuntural, el tirón de las importaciones chinas, como el resultado de una genial gestión económica que observada de cerca se descubre como la receta para el desastre.

Para empezar, cualquier noticia oficial sobre el feliz crecimiento económico argentino está viciado de origen. El organismo estadítico nacional argentino, el INDEC, se ha dedicado a “cocinar” los datos. The Economist decidió excluir a Argentina de las estadísticas que publica en febrero de 2012 y en septiembre de 2012 el FMI advirtió a Argentina que debe solucionar el problema antes de diciembre o se verá sometido a sanciones. Una forma de falsear las estadísticas para presentar una imagen idílica de país es establecer un umbral de la pobreza muy bajo y un coste de la cesta básica irreal que convierten mágicamente a una buena cantidad de argentinos pobres en clase media.

Dentro de esa construcción del relato de la Argentina próspera, se ha usado como excusa el romper el oligopolio de los medios de comunicación para obligar a cerrar un canal de televisión nacional propiedad del grupo Clarín y basante crítico con el gobierno (véase por ejemplo el programa “Periodismo para todos”). El cierre todavía no se ha producido pero en teoría el plazo se agota el 7 de diciembre próximo, el “7D”. Por su parte, el gobierno subvenciona fuertamente mediante publicidad institucional los medios de comunicación afines.

La combinación de manipulación de las estadísticas oficiales y creación de un monopolio de la información se completa con una política de pan y circo. Por un lado subvenciona la cesta de productos básicos y por otro convirtió la emisión del fútbol en abierto una cuestión nacional. En 2009 el gobierno argentino le quitó al grupo Clarín los derechos de emisión del fútbol de Primera División para firmar un nuevo contrato con la federación argentina de fútbol y comenzar a emitirlo en abierto como “Fútbol para todos” (nombre que el programa “Periodismo para todos” parodia). Además el gobierno lanzó en 2011 un programa de venta a crédito y subvencionada de televisiones de pantalla plana, “LCD para todos”.

De puertas para dentro, el gobierno de Cristina Fernández de Kichner ha mantenido orden en el partido peronista creando facciones kirchneristas (peronsitas K) a la que se les entrega prebendas. Por ejemoplo, a la agrupación “La Cámpora” se le ha entregado la gestión de Aerolíneas Argentinas. Las cifras hablan por sí mismas. Es una de las aerolíneas que más dinero pierden en el mundo y arrastra ya un volumen de pérdidas multimillonarias que ha asumido el gobierno. A modo de comparación, esos más de 2.000 millones de dólares de deuda hubieran servido para comprar el 100% del valor de TAM Linhas Aéreas, la mayor línea aérea de Iberoamérica.

¿Cómo está pagando el gobierno argentino esta monumental “fiesta”? Dándole a la máquina de imprimir billetes. Así que obviamente la inflación se ha disparado. Esto ha provocado un refugio en el dólar, a lo que el gobierno ha reaccionado imponiendo restricciones al cambio de divisas (“cepo cambiario”) que ha terminado por afectar a la actividad de las empresas extranjeras, empujando a algunas a abandonar el país. En ese contexto se explica la decisión de nacionalizar YPF tras el descubrimiento del yacimiento de Vaca Muerta. La genial medida que hizo saltar las garantías jurídicas, espantó a los inversores extranjeros y ahora el gobierno argentino no ha tenido más remedio que aproximarse a Repsol para tratar de llegar a un acuerdo. Será curioso ver qué pirueta mental harán para justificarlo ante la opinión pública.

Otra vía de financiación para el gobierno argentino es meter la mano en la caja de las pensiones, el ANSES, con la que pagar la deuda de YPF o el uso de las reservas internacionales y créditos internos para cancelar la deuda con el FMI. Argentina ya tiene el segundo índice riesgo-país más alto del mundo y coloca su deuda pública en los mercados internacionales a un precio más alto que Bolivia. Para colmo, un juez de Nueva York acaba de fallar en contra del gobierno argentino a cuenta de la suspensión de pagos de 2001, la mayor de la historia. La sentencia obliga a pagar el 100% del valor de la deuda pública argentina que los inversores compraron. En esta permanente huida hacia adelante, el tiempo corre en contra de Argentina.

Blade Runner en Buenos Aires

Buenos Aires es por la noche desde mi ventana un horizonte de edificios altos con antenas y luces intermitentes en su tejado con un cielo que nunca es oscuro del todo. A ras del suelo, en la calle, mientras uno pasea por las aceras siempre rotas se encuentra con que las viejas casas señoriales decrépitas se alternan sin orden con las torres de viviendas. Por la calle circulan una mezcla de enormes vehículos estadounidenses de los años setenta con modelos de marcas europeas producidos en el Cono Sur en exclusiva para países no desarrollados.

Conviven las franquicias globales, las casas de cambio, los locutorios y las tiendas de telefonía móvil con restaurantes y tiendas de gastronomía italiana, española, china, árabe y armenia con sabor a tienda de barrio donde los baklava, las especias o las aceitunas se compran al peso.

El sábado fui a la Fundación PROA en La Boca a ver la exposición “El Universo Futurista (1909-1936)”. En una de esas casualidad geniales llegué justo cuando empezaba la visita guiada. No se trataba del usual estudiante de arte que recitaba un guión preparado. Hablaron la historiadora y crítica de arte María Teresa Constantin y la crítica de arte Mercedes Pérez Bergliaffa. La primera animó siempre al público a mirar críticamente las obras de la exposición y puso en relación ideas, técnicas y obras del movimiento con vanguardias posteriores. Las ideas del movimiento Futurista, que resultan siempre tan actuales con su amor al “hábito de la energía y la temeridad” y su defensa de la necesidad del “coraje, la audacia, la rebelión” marcan una nueva etapa vital que arranca a 10.000km. del lugar donde viví seis años.