Cinco días en Jaca

Ya estoy en casa tras asisitir durante cinco días al XIX Curso Internacional de Defensa organizado por la Universidad de Zaragoza y la Academia General Militar en Jaca (Huesca).

En primer lugar es necesario agradecer los recursos puestos por la organización a los investigadores que acudimos allí a presentar una comunicación académica. No es lo habitual en España estar exento de pagar la cuota de inscripción, disponer gratuitamente de alojamiento en media pensión y contar con un programa de actividades culturales.

Este año el tema fundamental fueron los países BRIC. Fue interesate escuchar allí muchas cosas ya leídas en latoc.info y otras fuentes. Así que me sirvió para confirmar la solvencia de mis referentes. Eché en falta, eso sí, que al invitarse a expertos en los campos político o económico no se entró en la dimensión militar y estratégica del papel en el mundo de aquellos cuatro países.

Aquellos cinco días me sirvieron para calibrar los paradigmas en los que se mueve el Ejército de Tierra y el Ministerio de Defensa españoles. Y así entendí muchas cosas.

“The 33-Day War” de Gilbert Achcar con Michel Warschawski

Uno llega a entender lo mal que andan las cosas por Oriente Medio cuando los dos bandos no se ponen de acuerdo ni en nombrar las cosas más simples. Si los periodistas del diario Haaretz Amos Harel y Avi Issacharoff titularon su libro sobre la Guerra del Líbano de 2006 “34 days: Israel, Hezbollah, and the War in Lebanon”, el libanés Gilbert Achcar tituló el suyo “The 33-Day War. Israel’s War on Hezbollah in Lebanon and ist Aftermath”.

Quería tener una visión desde el otro lado de aquella guerra para contrastar versiones. Pero si el libro de Amos Harel y Avi Issacharoff es una obra de periodismo me he llevado un chasco al encontrarme que el de Gilbert Achcar con un capítulo de Michel Warschawski está más cerca del ensayo que otra cosa. Y un ensayo, hay que decir, bastante panfletario.

El libro empieza contándonos el origen y ascenso de Hezbolá como fuerza política mayoritaria dentro de la comunidad shií del Líbano, un país caracterizado por enormes redes clientelares y patronazgo político donde las alianzas cambian de forma sorprendente. Recomiendo sobre ello el libro de A. R. Norton y huir como de la peste del libro de Javier Martín. A los antencedentes y el contexto se dedica bastante espacio (páginas 7 a la 51) de un libro breve donde el texto ocupa 114 páginas. Y en esas llegamos a los acontecimientos del 12 de agosto de 2006.

Si uno repasa la enorme literatura producida en think-tanks, centros de estudios estratégicos e instituciones militares uno lee que Israel entró en aquella guerra sin que sus fuerzas armadas estuvieran preparadas. La tesis de Achcar y Warschawski es que se trató de una guerra de agresión contra el Líbano largamente preparada. Quizás haya que recordar la sucesión de los hechos para caer en la cuenta que todo comenzó con una emboscada de Hezbolá a dos vehículos militares dentro de suelo israelí, acompañada por ataques de cohetes y morteros contra instalaciones militares y poblaciones civiles. Que el hecho inicial fuera una agresión de Hezbolá a la otra parte es irrelevante porque todos sabemos (según Gilbert Anchcar y también el español Francisco Veiga), que en el fondo, Israel tenía planes de invadir Líbano. Es decir, da igual los hechos porque Israel es de mente y corazón un agresor nato. Y eso es lo único que necesitamos saber. Que Israel sin hacer nada ya es un país pecador de pensamiento.

La agresión incial de Hezbolá me lleva a un punto interesante. ¿Cómo justifica un libanés la existencia de Hezbolá como grupo armado? En España ha existido un largo debate sobre las “balas y los votos”. No se puede jugar a participar en la democracia con un grupo armado que mata a tus rivales políticos. Pero en el Líbano es así. Un partido político con diputados en el parlamento y ministros en un gobierno de coalición tiene miembros armados con misiles de todo tipo y cohetes de medio alcance. Lo que en cualquier país suena a locura en Líbano es normal. Y Gilbert Achcar lo justifica diciendo que un grupo como Hezbolá es necesario por las continuas agresiones de Israel contra la soberanía libanesa. Supongo que se refiere a la respuesta de Israel a los ataques e incursiones lanzadas por Hezbolá y grupos palestinos desde suelo libanés. Pero el razonamiento es brillante: Hezbolá debe seguir existiendo como grupo armado para defender el Líbano de las respuestas israelíes a las agresiones de Hezbolá contra Israel. Hezbolá es la solución a los problemas creados al Líbano… por Hezbolá. Quizás haya que preguntarse por qué Israel eligió Líbano como víctima frecuente y no Jordania, por ejemplo.

Gilbert Achcar además justifica que Hezbolá permanezca armada por dos asuntos: La ocupación israelí de las “Granjas de Shebaa” y los prisioneros libaneses en manos israelies. El primer caso se trata de un territorio que Hezbolá sólo cayó en la cuenta que era libanés tras la retirada israelí del Líbano en 2000. No hay que ser muy listo para darse cuenta que fue una excusa rápida y tonta para justificar su condición continuada de luchador contra la ocupación israelí. Y en el segundo caso tenemos un dilema interesante. El único prisionero que se menciona con nombres y apellidos en el libro es Samir Kuntar (pág. 46), autor de varias muertes en suelo israelí. Una de ellas se trata de la niña de cuatro años Einat Haran, que Kuntar mató dándole culatazos en la cabeza contra unas rocas. Por esas muertes Kuntar cumplía una condena en Israel como terrorista (fue intercambiado por los cadáveres de los soldados muertos en la emboscada de Hezbolá del 12 de agosto de 2006) y Gilbert Achcar considera legítimo que Hezbolá luche por su liberación como prisionero de guerra. Si aquellas muertes de civiles fueron actos legítimos de guerra, ¿entonces por qué quejarse de las acciones de Israel?

Volviendo al mundo real, la existencia de Hezbolá no es normal. Nadie se imagina a un partido político portugués o belga que forme parte de la coalición de gobierno del país dotado de un brazo armado que lance ataques contra suelo español o francés. Así, el 2 de septiembre de 2004 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidos aprobó la resolución 1559 que entre otras cosas instaba a la retirada de las fuerzas militares sirias del Líbano (una violación de la soberanía libanesa que nunca pareció molestar a todos los que se quejan de Israel) y al desarme de los grupos armados en el país. En el libro se trata con sarcasmo que su cumplimiento sea demandado por “un país que mantiene un récord histórico de no adherirse a las resoluciones de la ONU” (pág. 55). Dicho lo cual queda la duda si las Resoluciones de Naciones Unidas son importantes y de debido cumplimiento. Si Hezbolá tiene derecho a incumplirlas, entonces su importancia es relativa. Así que, ¿por qué quejarse de Israel? Naciones Unidas no genera de todas formas mucho entusiasmo al autor, que señala con asombro que la Resolución 1701 con la que se puso fin al conflicto “¡trata al Líbano como si fuera el agresor!” (pág. 61). Un pequeño detalle que tiene que ver con que fue Hezbolá quien inició la guerra con un ataque en suelo israelí.

En algo sí estoy de acuerdo al menos con Gilbert Achcar. O al menos la impresión que tuve en 2006 fue que parecía que una campaña tan intensa de bombardeos israelíes tenía como objetivo presionar al gobierno libanes contra Hezbolá (pág. 56). Pero nunca hubo campaña aérea que lograra tal cosa. Poner al que recibe las bombas de un ataque de represalia en contra del agresor inicial que provocó la respuesta. Lo curioso es el tratamiento que le da Gilbert Achcar. El ataque a poblaciones civiles sólo puede considerarse un crimen de guerra. ¿Y entonces los ataques de Hezbolá con cohetes de no mucha precisión contra núcleos de población en Israel? Sobre ello se cita a Hasan Nasrallah, líder de Hezbolá, que se defiende con algo así como “¡Israel empezó primero!”. (pág. 66). Es decir, todo lo que tenga que ver con las leyes internacionales, las resoluciones de Naciones Unidas y las leyes de la guerra será siempre relativo en función de quién hablemos.

El israelí Michel Warschawski le da otro enfoque en el texto incluido como cuarto capítulo del libro (pp. 75-105). La guerra del Líbano de 2006 hay que ponerla en el contexto de la Guerra Global contra el Terrrosimo de la Administración Bush como una guerra por delegación (“proxy war”) en la que Israel hizo el trabajo sucio de EE.UU., tratando de destruir un peón de Irán en el tablero de Oriente Medio. La explicación que da Warschawski al “fracaso” en el Líbano es que el racismo imperialista y colonialista de Israel (juraría que el concepto neo-liberalismo también aparece por alguna parte) llevó a subestimar a Hezbolá. Por ningún lado aparece mención de la falta de atención, fondos, entrenamiento que sufrió el Mando Norte del ejército israelí en el período 2000-2006 que nos contaban Amos Harel y Avi Issacharoff. Da igual los hechos, otras versiones, las investigaciones periodísticas… Se trata de un bonito argumento que queda bien. Y eso resume el libro: Retórica, discurso, eslóganes. Pero poca información y reflexión.

Gilbert Achcar toma la idea de la Guerra del Líbano de 2006 como un episodio más de la Guerra Global de la Administración Bush en el último capítulo y eso ha hecho envejecer mal al libro, que es de 2007. Hoy miramos hacia atrás y entendemos esa guerra en relación con la Operación Plomo Fundido, un episodio más de Oriente Medio.

El futuro de la guerra moderna en el Sudeste Asiático

Uno de los capítulos que se cayeron de la versión final del libro de “Guerras Posmodernas” fue explicar qué posibilidades quedaban para las viejas guerras modernas en el siglo XX. Y como apuntaba en mi autocrítica al libro el lugar donde hay que mirar es el Sudeste Asiático.

Aquí está un artículo desde la perspectiva realista de Robert D. Kaplan, el autor que hace diez años me puso en la pista de las Guerras Posmodernas.

Dos excepciones a la regla

Me quejaba el otro día de que los expertos de área expañoles no escriban blogs en los que seguir la actualidad de las cosas interesantes que pasan en esos mundos de Dios. Sospechaba y sigo sospechando que no es por falta de interés en escribir y entrar en el debate, sino que simplemente es una falta de expertos.

Tras escribir aquello he de anunciar que he encontrado dos excepciones. La primera es de un blog sin actualizar desde el 29 de mayo de 2011. Pero se trata de nada menos de un español en Oxford, Javier Morales, especializado en Rusia.

Y el segundo caso es de alguien que tenía un blog francamente interesante, lo abandonó por Twitter (!!) y ha impulsado el proyecto Eurasian Hub que cuenta por fin con blog. Me refiero al profesor Francisco Veiga, profesor guay de la Universidad Autónoma de Barcelona y experto en los Balcanes y Turquía.

¿Alguien conoce más casos?

Dar la cara

Hace poco una amiga le mandó el enlace de una entrada de este blog a una conocida que tiene por costumbre recopilar textos que considera interesantes y mandárselo a sus conocidos. Algo así como esa gente que te manda powerpoints con fotos de gatitos o fotos de puestas de sol con frases sobre la amistad pero con más enjundia. Pero mi amiga se encontró como respuesta que el mío se trataba de un blog “anónimo” y que no tenía por costumbre enviar textos “anónimos”.

He jugado siempre a esconderme detrás de mi nombre de guerra en Internet, el “Lobo Estepario”, porque precisamente creé mi primer blog con ese título en la era en que la caverna se echó al monte tras la derrota electoral del Partido Poular en 2004. Yo era un estudiante recién llegado a Madrid y un francotirador solitario que se puso en frente. Ahora suena a chiste pero en aquel entonces en las versiones digitales de respetadísimos medios de comunicación se pedía sin complejo alguno al Ejército que sacara los carros de combate a la calle o soñaban que tras una de aquellas manifestación pidiendo “la verdad sobre el 11-M” el presidente del gobierno tuviera que abandonar la Moncloa en helicóptero. Tal cual. En aquel contexto de soflamas guerracivilistas me temía que un día caminando por las calles de Madrid chocara de bruces con un grupo de de demócratas de aquel calibre que tras reconocerme como el “enemigo” me partieran la cara. Eso o terminar en una lista negra.

Han pasado unos cuantos años. He publicado un libro y he presentado varias comunicaciones académicas, dos de las cuales aparecen como capítulo de libro. Mi nombre aparece en revistas especializadas y portales de defensa. Me han entrevistado en radios on-line. ¿No es un poco absurdo seguir usando pseudónimo?

El martes tuvo lugar en Montevideo una Jornada sobre la Sociedad Red organizada por la Biblioteca de las Indias Electrónicas donde estuve presente mediante una grabación en vídeo donde presenté las ideas fundamentales de mi segundo libro sazonadas con conceptos básicos del primero. El vídeo puede verse aquí. En la primera parte explico cómo la euforia tras la Operación “Tormenta del Desierto” llevó al Pentágono a centrarse en el impacto de las tecnologías de la información en la guerra sin pararse a estudiar la dimensión social del asunto con trágicas consecuencias. En la segunda parte hablo de la emergencia de los actores no estatales transnacionales y de cómo usan estrategias de guerra en red.

Desde hoy volveré a ser Jesús M. Pérez.

Cooperación Militar para el Desarrollo

Dale pescado a alguien y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda su vida. Pero si le ayudas a acabar con la guerrilla islamista traerás estabilidad de una vez por toda al país.

A alguien se le tenía que ocurrir tarde o temprano. Bancroft Global Development, con sede en Sudáfrica y registrada en EE.UU. como organización sin ánimo de lucro, prestaba servicios de desminado en países en guerra. Un sector desconocido pero existente de O.N.G.s trabajando en los Balcanes o Angola dedicada a acabar con los campos de minas.

Cuando las fuerzas de la Unión Africana en Somalia formada por tropas de Uganda y Burundi empezó a sufrir ataques con terroristas suicidas, coches bombas y artefactos explosivos colocados al borde de la carretera contrataron a Bancroft Global Development para formar a los soldados a luchar contra las nuevas amenazas. Un asunto en el que las guerras de Afganistán e Iraq han generado un extenso cuerpo de conocimiento.

Los miembros de Bancroft Global Development ha entrenado a los soldados de la Unión Africana en lidiar con los artefactos explosivos, combate en áreas urbanas y pronto lo harán en el empleo de francotiradores. Entre ellos se encuentran estadounidenses, un ex-Royal Marine británico, un politólogo danés y un antiguo lugartaniente de Bob Denard.

Las cosas están en Somalia y las milicias integristas se han retirado de la capital. Por primer vez en años Mogadiscio está en manos de las fuerzas del gobierno. Queda lugar para la esperanza.

Uno, dos, tres… Flanco Sur

Leo sobre la reforma de las fuerzas armadas rusas, sus problemas demográficos para cubrir plantillas, la profesionalización de parte de la tropa, los problemas de la industria de defensa, los ataques de la insurgencia islamista en Ingusetia y Daguestán. En inglés. No he encontrado ningún blog de algún especialista que escriba en español sobre el asunto.

Leo sobre el auge de China, su desarrollo tecnológico, sus planes de construcción naval, su primer portaaviones, su Collar de Perlas en el Océano Índico, las líneas defensivas de las dos cadenas de islas en el Océano Pacífico, su caza furtivo de 5ª Generación.

Y leo de los planes navales de India, Corea del Sur y Japón. Leo de la alianza tecnológica entre Corea del Sur e Indonesia. Del rearme de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, a los que ha sido invitado a unirse Marruecos, donde el fundador de Blackwater ha creado en el mayor de los secretos una especie de Legión Extranjera para Emiratos Árabes Unidos. Todo en inglés.

¿Dónde están los especialistas en español? ¿En su casa escribiendo sesudos papers en inglés sin tiempo para mantener un blog? ¿O simplemente no hay? En estos últimos años he visto cómo en el anglomundo surgía una blogsfera “militar” en la que participan militares, académicos y analistas convertida en un laboratorio de ideas que el establishment político-militar y los medios de comunicación se ha tomado muy en serio. Escribir en un blog y lanzar debate desde él no es un demérito.

Echo en falta blogs como FlancoSur o servicios de noticias como Latoc.info orientados a otras áreas geográficas. Echo en falta más blogs como este mismo, que aporte análisis y prospectiva. Y veo demasiados blogs que se limitan a copiar y pegar o traducir noticias sobre compras de armamento sin contexto alguno en una fascinación adolescente por el hardware militar.

Sospecho que mi falta de éxito en hallar más blogs como Guerras Posmodernas y Flanco Sur se debe simplemente a la falta de especialistas. Habrá que seguir esperando en una época en la que hasta Moratinos comprendió la importancia del Flanco Sur. Mientras, el blog Flanco Sur da un paso y ahora es FlancoSur.com

La guerra del fin del mundo

Hay libros que ocupan un lugar en la estantería durante años sin ser abiertos y un día movido por un impulso los lees de un tirón. “How de body?”, del fotógrafo holandés Teun Voeten, esperaba ser leído desde octubre de 2010. Con proyectos pendientes sobre el Flanco Sur Profundo era hora de empezar a leer sobre las guerras civiles de África Occidental durante la Posguerra Fría.

Voeten se encontraba en febrero de 1998 en Sierra Leona con intención de hacer un reportaje sobre los niños soldados que los rebeldes de Sierra Leona estaban desmovilizando en medio del enésimo proceso de paz tras la alianza de una junta golpista con los rebeldes. Voeten confiesa que buscaba exactamente una fotos de niños en formación cerrada y con aspecto marcial sabiendo que el tema recibía atención en los medios europeos. Pero para su decepción en los campamentos de acogida de ex-niños soldados encontró rutina y nada de ceremonias militares. Hizo fotos, entrevistas y amigos en la población local en Makeni, en el centro del país. De pronto la mierda golpeó el ventilador. La junta militar fue derrocada por las tropas de ECOMOG, el brazo armado de la unión de países de África Occidental. Los rebeldes volvieron a alzarse en armas. Tanto rebeldes como soldados partidarios de la junta se lanzaron al pillaje, los robos, el asesinato y las violaciones en uno de los países más pobres y devastados por la guerra del planeta.

Teun Voeten se encontró que todo aquello que aseguraba su inmunidad se volatilizó. De pronto se encontró con lo ilusorio de leyes internacionales, su pasaporte de un país soberano y desarrollado, su condición de periodista de un país neutral en el conflicto… Junto con varios sierraleonenses tuvo que huir campo a través y mantenerse escondido después de ser asaltado y robado. Cuando tras dos semanas la situación se estabilizó y contactó con el exterior se encontró con que asociaciones de prensa internacional se habían movilizado para buscarlo en la selva tras darle por desaparecido. Y cuando volvió a casa, sin él haberse quejado, ya le habían buscado ayuda profesional para enfrentar el trastorno por estrés postraumático.

Sin embargo Veuten salió de Sierra Leona con dudas y preguntas que en un segundo viaje al país trató de comprender. Habló con cooperantes internacionales que le contaron como su trabajo se mueve por modas. En aquel momento tocaba “niño soldados” mientras que los proyectos agrícolas tenían problemas para encontrar financiación. Habló con psicólogos que trataban a los niños soldados y se quejaban de la avalancha de organizaciones y entidades dispuesta a ayudar con más buenas intenciones que coordinación y efectividad. También le hablaron del problema de tratar a adolescentes que habían crecido ejerciendo siempre su libre albedrío y que ahora los psicólogos extranjeros trataban de convertir en obedientes niños buenos. Pero sobre todo Veuten tratan de encontrar el por qué de un conflicto delirante protagonizado por “the most insane rebel movement in the world”.

Veuten entrevista al antropólogo Paul Richards, autor de “Fighting for the Rain Forest” (1996). Richards es contrario al modelo del “nuevo barbarismo” de Robert D. Kaplan y argumenta que en Sierra Leona se vio el choque de unos revolucionarios de origen rural que chocan contra las élites urbanas que siempre se habían repartido el país. Sin emnbargo cuesta encontrar tanta racionalidad en los actores de un conflicto que degeneró y donde los ideales iniciales se perdieron.

Quizás la clave la da el politólogo Johan Peleman, que habla en términos cercanos a las Guerras Posmodernas (pág. 269):

What are we seeing in Siera Leona is the total collapse of the nation-state. Criminal networks rush in to fill the power vacuum, which is an oasis of lawlessness and institucionalized corruption. Those networks have every reason to make sure the state of chaos continues. And vice versa. The local warlord economy can only exist thanks to its alliances with shady international networks.

En Sierra Leona el Frente Revolucionario Unido lanzó una campaña de terror en las zonas diamantíferas del noreste del país mutilando a machetazos a sus víctimas. Sierra Leona vivió el mayor de los horrores llevado a cabo por hordas de niños borrachos y drogados a los que previamente habían separado de sus familias y en muchos casos obligado a matar a familiares y vecinos para cortar todo lazo. Veuten entrevista al obispo de Makeni, el italiano Giorgio Biguzzi, que le cuenta cómo esas prácticas estaban destinadas a romper el tejido social de Sierra Leona construido siempre sobre una red amplia de familiares y parientes. Y cómo las costumbres ancestrales de respeto a los jefes de poblado, ancianos y embarazadas fueron vulneradas a propósito con humillaciones públicas. Un concepto que esbocé pero que quedó fuera de la primera edición de Guerras Posmodernas y al que habrá que volver: Las guerras anómicas.

La paz volvió a Sierra Leona y volvió a saltar en mil pedazos atrapando en medio a los observadores de Naciones Unidas que supervisaban otro proceso de desarme de la guerrilla. Fue lo que le sucedió en mayo de 2000 al mayor de los Royal Marines Phil Ashby, que tuvo que huir por la selva sin agua y comida durante días. Lo contó en otro libro que leí hace tiempo: Unscathed. Demasiada historia para tan escasa geografía.