Después de Boston

En mis “Apuntes sobre los atentados de Boston” especulé sobre la autoría advirtiendo sobre la falta de información. Me decanté por la ultraderecha estadounidense advirtiendo que no tenía más argumento que una impresión personal. Siendo un atentado terrorista, había un elemento nihilista en él. Charles Cameron hacía un repaso en el blog Zenpundit de los vídeos musicales a los que Tamerlán Tsarnéyev había dado un “Me Gusta” en Facebook, señalando su contenido milenarista y conspiranoico.

El terrorismo es una forma de violencia política que busca obligar a los gobiernos a tomar decisiones presionados por la opinión pública. Pero en esto caso no hubo mensaje de reivindicación que le diera sentido político al atentado. Al parecer los hermanos Tamerlán y Džojar Tsarnéyev pretendían atentar en Nueva York, así que puede que pensaran emitir algún comunicado posteriormente. Según recoge La Vanguardia, Džojar Tsarnáyev ha declarado que no tenían vínculos con grupos terroristas y que actuaron por “motivos religiosos”, algo que concuerda con la deriva yihadista del nacionalismo checheno. Aunque la mención de las guerras de Afganistán e Iraq como motivación resulta entre anacrónico y rídculo, rozando la excusa improvisada.

Desde un punto de vista meramente técnico, el atentado de Boston fue un atentado limitado y algo chapucero. Los hermanos Tsarnéyev no parece que estuvieran familiarizados con los tiempos habituales en la maratón e hicieron detonar las bombas cuando ya el grueso de participantes había llegado a la meta. Con tan pocas víctimas mortales, tres, es relevante reflexionar sobre cómo el impacto de los atentados no lo genera su magnitud, sino la histeria generada por los medios y las autoridades. John Cassidy lanza en The New Yorker una interesante provocación: ¿Se imaginan que los hermanos Tsarnéyev hubieran empleado armas de fuego para disparar a la multitud en Boston? La cifra de víctimas mortales hubiera sido mucho mayor, pero ¿hubiera sido el debate público igual? ¿Hablaría la prensa conservadora estadounidense de terrorismo o del caso aislado de dos lunáticos?

Capítulo aparte merecen las teorías conspiranoicas sobre los atentados. La presencia de miembros de un Civilian Support Team de la Guardia Nacional de Massachusetts, especialistas en emergencias NBQR con ropa civil sirvió, para que alguna de las mentes preclaras de Meneáme preguntara “¿Qué hacían los mercenarios de BlackWater en el atentado de Boston?”. La explicación del asunto era, como siempre, sencilla y sin misterio (gracias a Loopster por el enlace). Pero J. M. Berger se pregunta, con razón, en Intelwire qué está pasando para que las teorías conspirativas estén teniendo tanta resonancia. Supuestamente en esta era de tanta información de libre alcance y capacidad de conectar a un número ilimtado personas deberíamos ver emerger la inteligencia colectiva, pero no es el caso.

El viernes 19 de abril hablé con Helen Aguirre en el programa Zona Política de Univisión Radio (enlace al archivo de audio aquí). Uno de los temas que surgió en la conversación fue el proceso de radicalización. Hablé de cómo en las segundas generaciones de inmigrantes surge un problema de identidad al no sentirse plenamente parte del pais de acogida ni del país de origen. Evidentemente hay personas que se intengran sin problemas. Pero este parece ser uno de esos casos en que jóvenes adoptan una identidad antagónica contra el país de acogida. Es un problema serio en Europa, donde existe muchísima menos movilidad y donde las identidades nacionales no son incluyentes. El profesor Miguel Ángel Cano Paños trata el asunto en su libro Generación Yihad: La radicalización islamista de los jóvenes musulmanes en Europa. Pero es algo que transciende el terrorismo e implica cuestiones como la delincuencia juvenil y el gamberrismo, como ha sido estudiado por Tom Ritchey para el caso de Suecia o como vimos en los disturbios en Inglaterra en 2011.

Mientras tanto, en Chechenia

El viernes pasado salí en antena en Zona Política, el programa de Univisión Radio que presenta Helen Aguirre, hablando del conflicto de Chechenia y terrorismo.

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El de Chechenia fue un asunto que me llamó la atención desde el principio. El calamitoso asalto a Grozni coincidió con la época en que me suscribí a la revista Time para “mejorar mi inglés”. Su coberta de los asuntos internacionales abrió para mí mundo de una forma inaudita antes de tener acceso a Internet. Aún recuerdo aquellas fotos de las calles de Grozni con vehículos rusos reventados. También recuerdo aquellas míticas crónicas del gran Ricardo Ortega. Fue por aquella época en que comencé a interesarme en serio en los asuntos internacionales y seguirle la pista a cosas prometedoras, como atestigua aquel recorte de periódico sobre Bin Laden en 1996.

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La Primera Guerra de Chechenia (1994-1996) terminó con unas negociaciones llevadas a cabo por el general Lebed que validó la independencia de facto de Chechenia. Como cuenta Sebastian Smith en Las Montañas de Alá, Chechenia se convirtió en un estado fallido donde la vida de sus habitantes se volvió insoportable por la delincuencia y la violencia. Los antiguos combatientes se volvieron bandidos y la inseguridad desbordó las frontera de Chechenia con la invasión de la vecina república de Daguestán por una fuerza islamista. La falta de apoyos internacionales, más allá de la simpatía turca, volvió receptivos a los chechenos a la llegada de voluntarios islamistas radicales. La causa nacionalista chechena se fue transformando en una lucha yihadista.

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Una serie de atentados terroristas contra edificios de viviendas de familias de militares en varios lugares de Rusia atribuido a terrorista chechenos sirvió de casus belli para poner fin a la aventura independentista chechena de una vez por todas. Las fuerzas rusas trataron de no repetir los errores de la primera vez y además tomaron la precaución de aplanar Grozni, la capital chechena. Las bajas civiles fueron masivas y las violaciones de los derechos humanos extensas. Años más tarde, una amiga, a la que le pedí que me guardar una caja con libros, vio mis ejemplares de los libros de la periodista rusa Anna Politkovskaya sobre Chechenia y me contó que su hermana trabajaba en la editorial que los había publicado. Alguna se había encargado de recoger a Politkovskaya en Barajas cuando había venido a España. “Dice mi hermana que nadie los lee” dijo mi amiga mirando los libros. Meses después Politkovskaya fue asesinada.

La Segunda Guerra de Chechenia (1999-2000) encumbró a Vladimir Putin y recuperó Chechenia para Rusia. Los combatientes chechenos ya no eran aquellos risueños milicianos que bailaban en círculo frente a la cámara. Ahora eran barbudos yihadistas que ajusticiaban prisioneros. Compensaron sus debilidad táctica con acciones terroristas que se saldaron con gran número de víctimas, como el asalto al teatro Dubrovska de Moscú en 2002 o el secuesto de niños en una escuela de la localidad de Beslán en 2004.

Cáucaso del Norte

En un fenómeno parecido al de los yihadistas argelinos, los yihadistas chechenos expandieron el alcance de sus objetivos para ser una fuerza regional ante su fracaso local. En 2007 los yihadistas del el Frente del Cáucaso proclamaron el Emirato del Cáucaso, una entidad política tal virtual como a la república chechena que sustituía. El Cáucaso desapareció de los medios occidentales para convertirse en un oscuro conflicto de baja intensidad con esporádicos atentados y acciones violentas en las repúblicas de Chechenia, Daguestán, Ingushetia, Osetia del Norte y Kabardino-Balkaria. Sin ir más lejos, hace pocas semanas las fuerzas rusas lanzaron una “operación anti-terrorista” en Osetia del Norte bajo la sombra de la proximidad de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en la vecina Sochi.

Un grupo daguestaní del Frente del Cáucaso se ha desmarcado de los atentados en Boston. Queda pendiente establecer si los hermanos Tamerlán y Džojar Tsarnaev mantuvieron contactos con los grupos yihadistas del Cáucaso mientras se habla de su vinculación con un supuesto grupo “durmiente” en Boston.
Helen Aguirre me planteó el viernes en su programa Zona Política cómo dos jóvenes así se habían radicalizado hasta convertirse en terroristas. Eso es algo que trataré mañana aquí.

Apuntes sobre los atentados de Boston

No han pasado más de 24 horas de los atentados ayer durante la maratón de Boston. La experiencia enseña a ser prudentes durante las primeras horas. Por ejemplo, las noticias sobre doce víctimas (heridos) se transformaron para el New York Post en doce fallecidos cuando el balance hasta el momento es de tres víctimas mortales. Hoy el diario menciona que esa primera cifra fue el balance apresurado tras la visión de varios miembros apuntados traumáticamente. Un día después también se ha confirmado que sólo fueron dos los artefactos que estallaron, así que las primeras noticias de varios artefactos que fueron encontrados sin estallar resultaron equivocadas y no hay vínculo con el incendio en una biblioteca.

El cerrojazo informativo en EE.UU. es significativo. Nada que ver con la experiencia española de un ministro insistiendo en una autoría mientras la policía trabaja en pistas que apuntaban a otra. Sólo ha trascendido la noticia del interrogatorio y registro del apartamento de un ciudadano saudí de 20 años. Un testigo lo vio abandonar el lugar de una de las explosiones con un comportamiento “sospechoso” y le hizo un placaje. Permanece bajo custodia policial en un hospital.

Hay varios detalles significativos. Los dos artefactos eran poco potentes, de pólvora, pero causaron estragos por contener bastante metralla. Yo diría que eso apunta a un autor en solitario o un grupo pequeño con medios poco sofisticados. Es una modalidad de terrorismo practicada por dos grupos diferentes: Yihadistas tras el declive de Al Qaeda y la ultraderecha cristiana estadounidense. El modelo de terrorismo atomizado es una adaptación en un contexto de debilidad estratégica. El concepto “Leaderless Resistance” fue obra de Louis Beam en Estados Unidos y su influencia llega hasta el terrorista noruego Anders Behring Breivik. En el caso de Al Qaeda, es claramente una reacción ante el declive de la yihad global. El paso del terrorismo de células clandestinas y jerarquizadas a grupos pequeños aislados fue teorizado por uno de los pensadores más originales de Al Qaeda: El español Mustafá Nasar Setmarian.

Analizar el atentado ahora mismo es entrar en el terreno de la especulación. A mí personalmente me recuerda al atentado durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, que reúne las características de atentado indiscriminado en una concentración de público con artefacto poco complejo y sin reivindicación. Ayer en Boston era festivo. Se celebraba Patriot’s Day, la conmemoración de las primeras batallas de la Guerra de Independencia estadounidense. En aquellas batallas del comienzo de la guerra participaron milicias con las que se identifica la ultraderecha estadounidense y que forman parte de su imaginario. Además para la derecha estadounidense en general, Boston es un nido de progres. Quizás la maratón de Boston fue escogida como objetivo por la aglomeración de gente en la calle y la coincidencia de fechas sea por tanto pura casualidad. Seguiremos esperando noticias.

“El Sáhara, perspectiva de revisión” de José María Lizundia

El Sáhara, perspectiva de revisión de José María Lizundia. Alhulia, 2013.

Señalé El Sáhara como metarrelato de José María Lizundia como uno de los libros más interesantes de 2012. Se trataba de un ensayo que abordaba el nacionalismo saharaui con afán desmitificador en un panorama editorial lleno de obras sentimentales y partidistas. Pero no se trataba simplemente de una deconstrucción del relato nacionalista del Frente Polisario, sino un análisis de la singular recepción de su discurso en España por parte de militares veteranos del Sáhara y simpatizantes de la causa.

El Sáhara, perspectiva de revisión sigue la línea de trabajo desmitificadora comenzada en el anterior libro para abordar esta vez el conflicto del Sáhara y varios argumentos bien conocidos con los que estén familiarizados con la retórica de los prosaharauis en España: El abandono español de los saharauis y por tanto la “deuda histórica” con aquel pueblo traicionado o la ilegalidad de los Acuerdos Tripartitos de Madrid. El libro revisa la sentencia del Tribunal de la Haya sobre el Sáhara Occidental y la jurisprudencia internacional sobre el conflicto para desvelar sus ambigüedades, como en el asunto del inacabado censo de votantes para el reférendum de autodeterminación, que dejan siempre al lector con la sensación de que “nada es como no los han contado”.

El Sáhara como metarrelato era un libro que pisaba terreno virgen en el que se abría un horizonte de ejes temáticos que explorar y quizás por ello resultó menos ordenado en su exposición que El Sáhara, perspectiva de revisión. Por su parte, este libro sorprende menos por su carácter de culminación de una aproximación al tema. Personalmente echo en falta que en vez de ensayo ambos libros hubiera tenido un formato más académico. Pero como dije del primero, el conjunto formado por ambos libros es el referente a tener en cuenta a la hora de abordar el asunto en español. La duda que me queda es, ¿no sería de aplicación el mismo método de análisis a otros temas como la cuestión palestina?

El Sáhara, perspectiva de revisión será presentado el martes 9 de abril a las 20:30 horas en el Casino de Tenerife (Plaza de Candelaria). El acto contará con la presencia del autor y de Manuel Vidal Garrido, Premio Nacional de Periodismo y exdirector de la Gaceta de Canaria.

La quimera de las armas hechas en casa con una impresora 3D

Hace semanas leí sobre la segunda prueba publicada en vídeo de la gente que está tratando de fabricar armas en su casa con una impresora 3D. Esta vez el arma aguantó y el asunto generó toda clase de análisis sobre el futuro que se habría por delante en un mundo donde cada ciudadano podría fabricar armas de fuego en su propio garaje. La realidad es que todo es mucho menos impactante y espectacular de lo que se ha contado. Trataré de explicar por qué.

El fusil más popular en Estados Unidos es el Armalite AR-15, que fue adoptado como arma reglamentaria por las fuerzas armadas de EE.UU. en los tiempos de la Guerra de Vietnam y recibió la denominación M-16. Hoy en día, un montón de empresas diferentes en Estados Unidos fabrican su propia variantes y piezas del AR-15, de tal modo que las posibilidades de modificación por parte del usuario son casi infinitas.

El cajón de mecanismo (“receiver”) del AR-15 se puede descomponer en dos piezas. La superior, donde se engancha el cañón y la parte inferior, donde está el conjunto del gatillo (“lower receiver” o “lower”). Puedes cambiar la parte superior del cajón de mecanismo y/o el cañón para usar el conjunto del fusil con otro calibre o un largo de cañón diferente, que son de venta libre en EE.UU. Según las leyes de Estados Unidos, es la parte inferior del cajón de mecanismo lo que constituye el arma en sí misma porque es el elemento imprescindible para que fucione. En ella se estampa el número de serie y en las tiendas de armas puedes ver que los incluyen en la misma sección que las armas de fuego completas.

El revuelo que se está montando en Estados Unidos es porque alguien ha fabricado sus propios “lower receiver” con una impresora 3D. El resto de piezas (culata, “upper receiver”, cañón, miras, guadamanos, mecanismos internos del “lower receiver”, etc.) los han comprado aparte o tomado de otro fusil. El asunto no tiene nada ver con “están fabricándose sus propias armas en casa con una impresora de plástico inyectado” porque el cañón no puede ser de otro material que metal y se fabrica taladrando una pieza sólida que requiere maquinaria muy específica. Todo se reduce a que están fabricando en casa una pieza que según la ley constituye el arma en sí misma y luce así:

Ahora sólo queda fijarse en el famoso vídeo donde prueban el arma con un cargador de alta capacidad y se ve que sólo una parte pequeña del AR-15 ha sido fabricado en plástico blanco con una impresora. El resto son piezas comerciales:

Actualización: He encontado este reportaje sobre el asunto, que aclara bastante que para sus impulsores se trata de un desafío legal y no tecnológico.

Consideraciones finales sobre la crisis coreana

Corea del Norte queda lejos del área de temas que sigo de cerca. Pero siempre he leído con interés las crónicas de los periodistas y viajeros que visitan el “Reino Hermético”. Leí incluso el cómic Pyongyang de Guy Delisle, que vivió en la capital de Corea del Norte una temporada. Y creo que todos los occidentales que han pasado por el país coinciden en que no hay manera de saber si los ciudadanos del país, que muestran una inquiebrantable adhesión al régimen, lo hacen por sincera convicción o disimulado miedo. No habría así forma de poder calibrar la moral y la voluntad del pueblo norcoreano en caso de un conflicto armado.

En lo que coinciden los visitantes de Corea del Norte es el profundo grado de aislamiento del país. El ciudadano norcoreano medio no tiene ni idea de cómo es el mundo exterior y lo que en él ocurre. Corea del Norte sería el experimento de lavado de cerebro más inhumano, colosal e inquietante del mundo. La versión oficial de Pyongyang sobre la Guerra de Corea es que el país se tuvo que defender de una “agresión imperialista” de Estados Unidos (fue justo al contrario) y desde entonces el país permanece permanentemente en guardia ante la posibilidad de una nueva invasión. No hay nada parecido a una “opinión pública” en Corea del Norte, así que cuestiones como “la moral de la población” podrían no ser relevantes en un conflicto de corta duración que no afectase profundamente a la vida diaria (la escasez de productos de primera necesidad se sentiría a partir de varios días). Además, los norcoreanos podrían prestarse de buena gana a participar en una guerra que creyeran defensiva frente a una agresión exterior.

Milicias norcoreanas. Nótese los AK-47 de primera generación, RPD, DP y RPG-2:

No cuesta mucho comprender que ni a Estados Unidos ni a Corea del Sur les interesa ahora mismo una guerra abierta con Corea del Norte, por mucho que alguno insista. Pero la cuestión es qué hipótesis de conflicto podemos manejar y atendiendo las amenazas norcoreanas el asunto se reduce a un inicio de hostilidades norcoreano. Hablaba aquí el otro día de que la principal amenaza serían los ataques de la artillería, los cohetes y misiles balísticos norcoreanos sobre el área metropolitana de Seúl, relativamente cercana a la frontera. Me olvidé añadir la inserción de fuerzas especiales, saboteadores y espías, considerando los antecedentes en tiempos de paz. La misión evidente sería crear el caos detrás de las líneas surcoreanas.

Debemos recordar el caso de un submarino norcoreano de la clase Sang-O apareció encallado en 1996 la costa de Corea del Sur en lo que se supone era una misión de infiltración de una patrulla de reconocimiento cerca de una base naval. En Japón se dieron varios casos de barcos espía identificados. En 2001 un barco norcoreano presuntamente implicado en misiones de espionaje fue identificado y perseguido por la guardia costera de Japón, finalizando la persecución con la explosión y hundimiento del barco. Corea del Norte cuenta con submarinos enanos, embarcaciones semisumergibles y hasta helicópteros MD500 como los de su vecino del sur comprados de forma indirecta al fabricante estadounidense.

Gracias a los vídeos de propaganda norcoreana podemos ver que medios, como la artillería, se mantienen en refugios con posiciones de tiro preparadas. No cuesta imaginar una orden desde Pyongyang para desatar un infierno de cohetes y proyectiles de artillería sobre Corea del Sur. Pero, a partir de ahí, ¿qué? En los vídeos de propaganda norcoreana vemos que los ejercicios militares consisten en disparar a un islote cerca de la costa. El mismo islote año tras años, si prestamos atención a vídeos de diferentes fechas. Y en todos ellos se ven muy ufanos a los líderes y generales norcoreanos. Pero todos sabemos que disparar a un blanco fijo año tras años no es entrenamiento, es pura exhibición.

North Korea's artillery sub-units, whose mission is to strike Daeyeonpyeong island and Baengnyeong island of South Korea, conduct a live shell firing drill in the western sector of the front line

¿Cómo se desempeñaría el ejército norcoreano a la ofensiva? Posiblemente todas esas unidades situadas cerca de la frontera con Corea del Sur tengan líneas de comunicación protegidas con la capital, como cables telefónicos enterrados. Las instrucciones de atacar podrían transmitirse sin ninguna emisión electromagnética a la atmósfera. Pero más allá de atacar con artillería y cohetes Corea del Sur, si el ejército de Corea del Norte se pusiera en marcha sería interesante ver qué capacidades de mando y control reales podría ejercer Pyongyang. Sospecho que esas capacidades se degradarían rápidamente ante los medios de guerra electrónica de EE.UU. y Corea del Sur. No sólo por la capacidad de interferir su funcionamiento, sino por la capacidad de localizar puestos de mando superior, sobre los que caería una lluvia de bombas. Por no hablar cómo las antenas de comunicación en Pyongyang saltarían por los aires la primera noche por acción de los B-2 y misiles de crucero. Añadamos las limitaciones en el combate nocturno de las fuerzas acorazadas norcoreanas y la geografía de la Península de Corea, que con su relieve crea vías predecibles de aproximación. Por ejemplo, el corredor de Uijeongbu, equivalente coreano de la Brecha de Fulda. En Corea, las fuerzas a la defensiva tienen ventajas por el terreno.

¿Y si el ejército de Corea del Norte no avanzara más allá de la frontera? Nos encontraríamos en una situación parecida a la de Israel en el verano de 2006. La opinión pública surcoreana exigiría, como aquel entonces la israelí, a su gobierno que eliminara la amenaza norcoreana. Es un buen precedente de lo difícil que es ganar una guerra sólo desde el aire por muy avanzados medios tecnológicos y completa superioridad aérea con la que se cuente. Hay un sólo precedente de guerra ganada exclusivamente desde el aire, sin “boots on the ground”. Fue la campaña de la OTAN en Kosovo en 1999. En aquel entonces las fuerzas serbias jugaban en las colinas kosovares al gato y al ratón con la aviación aliada. La OTAN ganó la guerra cuando tras semanas y semanas empezó a atacar no sólo objetivos militares, sino infraestructura civil para hacer la vida imposible a los serbios y que el gobierno de Belgrado se sintiera presionado por su población.

Ahora que Corea del Norte ha anunciado que ha autorizado a sus fuerzas armadas a usar “armas nucleares pequeñas, ligeras y diversificadas” y que la guera podría empezar, sólo queda esperar. Para mí la gran incógnita es qué papel juega China en esta crisis. Lejos están los tiempos de solidaridad anti-imperialista entre Pekín y Pyongyang. Seguro que estos días se está produciendo un intenso cruce de llamadas entre Pekín, Seúl y Washington.

Stephan Haggard contesta al dilema que yo planteaba el otro día: Kim Jong Un no está loco.

Corea del Norte o el museo de la guerra

He dedicado estos días a ver vídeos de propaganda militar norocoreana. Uno cree estar viendo viejas películas de los años 60 por la calidad de las imágenes, además de por ver volar cazas J-6 o a lanchas torpederas en acción. Entonces, aparece en plano Kim Jong Un y descubres que son imágenes recientes. Hay una enorme brecha entra la retórica norcorena y las capacidades militares públicas del país.

Para empezar, la fuerza aérea norcoreana es un museo volante de anticuallas. Los únicos aparatos avanzados en uso son 40 MiG-29, la mayoría de la versión de exportación con capacidades degradadas que la Unión Soviética vendía a países fuera del Pacto de Varsovia en los años 80 (izdeliye 9.12B). Corea del Norte creó una cadena de montaje pero tras la disolución de la Unión Soviética se encontró con que los rusos sólo aceptaban divisas y a partir de entonces sólo pudo comprar repuestos.

Podríamos añadir los 36 aviones de ataque a tierra Su-25, especializados en misiones de apoyo aéreo cercano. El resto de aviones de combate lo componen los MiG-23, MiG-21, Su-7, copias chinas del MiG-21, copias chinas del MiG-19, copias chinas del MiG-17 y copias chinas del Il-28. Todo este grueso de aviones es una mezcla de tecnologías de los años 50, 60 y 70 con pocas probabilidades de superviviencia en un campo de batalla moderno. Téngase en cuenta que el MiG-17 es un avión mejorada de un avión de la Guerra de Corea y el MiG-19 ya estaba superado durante la Guerra de Vietnam. Frente a aviones modernos con equipos de guerra electrónica y misiles que disparan más allá del alcance visual, sería un auténtico tiro al pato como el sucedido en el Valle de la Bekaa en 1982. En aquel entonces la fuerza aérea israelí derribó más de 80 aviones sirios sin una sola perdida propia. Además podríamos cuestionar la operatividad real de la fuerza aérea norcoreana. Posiblemente los modelos más viejos hayan sido dados de bajas pero aparecen en los listados occidentales por falta de información actualizada.

El panorama de las defensas antiaéreas norcoreanas no es mejor. Los principales sistemas antiaéreos son los S-75, S-125 y S-200 conocidos en Occidente por sus códigos OTAN como SA-2 “GUIDELINE”, SA-3 “GOA” y S-200 “GAMMON”. Corea del Norte tiene una red de radares bastante densa pero compuesta por sistemas más que superados. China y Rusia ofrecen paquetes de modernización para los sistemas en uso en Corea del Norte y con toda probabilidad el país se haya dotado de alguno de ellos. Pero tenemos que considerar la experiencia estadounidense enfrentándose a los sistemas de defensa antiaérea de diseño soviético (Iraq 1991, Bosnia 1996, Yugoslavia 1999, Iraq 2003 y Libia 2011) junto con las capacidades de los aviones invisibles al radar. Las capacidades occidentales no han parado de crecer y evolucionar, mientras que Corea del Norte cuenta con sistemas estancados tecnológicamente. Serían cegados o destruidos en los primeros días de una guerra abierta.

Analizar las fuerzar navales norcoreanas no requiere mucho esfuerzo. El país carece de unidades de combate modernas. El grueso de la flota norcorana lo compone una docena de corbetas sin verdaderas capacidades oceánicas. El resto lo componen embarcaciones rápidas de todo tipo, algunas con misiles antibuque y otras con torpedos. Capítulo aparte lo componen las embarcaciones semisumergibles y los submarinos enanos. Se trata de una armada orientada a la defensa costera que por el tipo de embarcaciones debe emplear como principal táctica los ataques de saturación en enjambre. No por casualidad, Corea del Norte ha exportado tecnología marina a Irán.

En el ámbito terrestre, suma y sigue. Podemos tomar los carros de combate norcoreanos como medida de las capacidades del ejército. Corea del Norte cuenta con T-55 de origen soviético, su copia china, T-62 y variantes locales evolucionadas de este último conocidas por Chonma-ho y Pokpung-ho. Como indica la cifra de su nombre, son carros de combate diseñados en los años 50 y 60.

Las cifras norcoreanas son mareantes, con casi un millar de unidades de este y otro modelo. Como en el caso de la aviación, es discutible que todos esas cifras concuerden con el de medios en servicio. Además sólo encontramos sistemas modernos de control de tiro, telémetros láser, blindaje reactivo y sistemas de visión nocturna moderno en algunas variantes de los dos modelos evolucionados de T-62 producidos localmente. Todos esos sistemas más avanzados han sido importados de Rusia y China, por lo que habrán tenido que ser pagados en divisas y es posible que no hayan sido adquiridos en grande números. Aún así, se aprecian proyectores infrarrojos activos en la mayoría de los carros de combate norcoreanos. Eso significa que para ver en la noche los carros de combate norcoreanos utilizan una fuente de luz no visible al ojo humano pero sí para los sistemas de visión nocturna disponible en los carros de combate modernos que son totalmente pasivos. Un enfrentamiento nocturno con carros de combate estadounidenses y surcoreanos sería otro ejemplo de cacería de patos.

¿Dónde está entonces la amenaza norcoreana? En su artillería y cohetes. Corea del Norte cuenta con un buen número de sistemas de artillería de largo alcance, como el autóctono Koksan y sistemas balísticos, como la copia local del cohete ruso Tochka. La capital de Corea del Sur, Seúl, se encuentra a unos 50 kilómetros de la frontera. Se trata de una megaciudad (la tercera del mundo) que engloba a un buen número de núcleos urbanos que suman un total de 25 millones de habitantes. Corea del Norte concentra en gran número de fuerzas cerca de la frontera, la Zona Desmilitarizada.

Un primer ataque norcoreano desde las bases cercanas a la frontera podría causar un enorme caos en la capital del país y una ola de desplazamientos de población hacia el sur del país. Habría que contar además con los misiles balísticos de Corea del Norte
y su capacidad para golpear en toda la extensión de Corea del Sur. La gran cuestión es el alcance y capacidad reales de los modelos más avanzados. Superado ese primer impacto inicial y en una situación de guerra abierta el resultado es bastante predecible si consideramos una intervención militar estadounidense y una no intervención china. Sería interesante especular qué haría la OTAN, la Unión Europea, Japón o Australia. Posiblemente más de un país no tendría no reparos en hacer leña del árbol caído y contribuiría al esfuerzo militar contra Corea del Norte, un paria internacional, a cambio de una mejor disposición surcoreana para negocios futuros. La cuestión fundamental sería, ¿qué papel para las armas atómicas norcoreanas?

[Corregido un error: El Shenyang J-5 es la copia china del MiG-17 y no del MiG-15]

Tres hipótesis sobre Corea del Norte

Cuando uno trata casos como la actual crisis entre las dos Coreas lo primero que se ha de preguntar es, ¿estamos ante un “actor racional“? Hasta ahora el régimen de Corea del Norte había empleado las periódicas tensiones con su vecino del sur para obtener recursos (alimentos y combustibles) de Estados Unidos a cambio de aliviar las tensiones. Así que podemos decir que las crisis generadas hasta entonces se habían convertido en una herramienta de la política exterior norcoreana. Esta vez es diferente, con la declaración del “estado de guerra”. ¿Qué puede estar pasando?


Hipótesis 1. Locos como cabras.
Supongamos que nos equivocamos al juzgar el “Reino Hermético”. Supongamos que el sistema absolutamente piramidal sin contrapesos internos de un país con pocas interdependencias con el resto del mundo lo convierte en un elemento totalmente inestable en el sistema internacional. Kim Jong-un podría ser un niñato sin experiencia al que el cargo de jefe de estado le queda demasiado grande y esta crisis podría ser el resultado de su soberbia, inexperiencia y total falta de contacto con la realidad.

Kim Jong Un y su plan de ataque

Hipótesis 2. El juego de la gallina.
El 11 de abril de 2012 Kim Jong Un asumió el cargo de Primer Secretario del Partido de los Trabajadores de Corea y el 13 de abril de ese mismo año asumió el cargo de Presidente de la Comisión de Defensa Nacional. El primero se trataba de un cargo de nueva creación a medida de él. Finalmente el 18 de julio de 2012 recibía el cargo de mariscal del Ejército Popular Coreano, con lo que consolidaba su posición al frente de las fuerzas armadas del régimen. Se cerraba así el proceso de transición en el liderato del régimen norcoreano, que convertía a Kim Jong Un en el jefe de estado más joven del mundo. Podríamos pensar que el régimen norcoreano esté preocupado por la percepción de debilidad del país durante un proceso de transición en el que asume el poder un líder joven e inexperto. La actual crisis podría ser una forma de lanzar un mensaje de fuerza desde la debilidad. Kim Jong Un estaría entonces llevando la tensión con su vecino del sur y Estados Unidos al máximo para establecer un nuevo período de negociaciones desde una posición de fuerza extrema. Sería un ruidoso puñetazo en la mesa con el que anunciar la entrada de un nuevo jugador.

La tensión creciente se correspondería con el dilema clásico del “juego de la gallina” en teoría de juegos. El régimen de Corea del Norte aumenta la tensión en un rumbo de colisión esperando que Estados Unidos haga un gesto de concesión que evite el choque. El problema de esta estrategia es que si ninguno cede, el resultado es un choque frontal.

Hipótesis 3. La lucha interna.
Corea del Norte es un ejemplo recurrente en textos sobre inteligencia de fuentes abiertas (OSINT). Es un régimen cerrado pero, aún así, sus pocos medios de comunicación oficiales son analizables si se sabe leer entre líneas, haciendo además el debido seguimiento en el tiempo. Pero la verdad es que es escasa la información que se puede obtener sobre lo que pasa en Corea del Norte. Podría ser que la primera hipótesis fuera totalmente errónea. Y donde nosotros vemos un régimen monolítico y piramidal, tengamos un complejo entramado de grupos de poder en pugna durante un período de transición. En la Wikipedia en inglés se menciona un intento de asesinato hace pocas semanas, que derivó en un tiroteo en plena capital.

The attempt was made by “disgruntled people inside the North” in response to the demotion of Reconnaissance General Bureau director Kim Yong-chol in November of 2012. According to the unnamed intelligence source the attempt was made in downtown Pyongyang and resulted in a firefight. The demotion was due to an internal power struggle between government factions.

Alejandro Cao de Benós de Les y Pérez, el singular representante del régimen norcoreano en el exterior, llegó a mandar una carta al director del diario español El Mundo protestando porque se hablara de Kim Jong Un como heredero.

Kim Jong Un es un total desconocido tanto para la población como las autoridades de la RPD de Corea. En 18 años de trabajo, jamás he visto su foto o leído un libro sobre él. Si existiera, nunca sería aceptado por el pueblo o el ejército.

Podría ser que Alejandro Cao no estuviera un acceso tan profundo a Corea del Norte como repetidamente ha hecho creer y ser ciertamente “el farsante español de Pyongyang”. Pero podría ser también que la sucesión dentro del régimen no fue tan automática como podamos haber creído. Al fin y al cabo, Kim Jong Un no es el primogénito. Podemos haber asistido sin saberlo a un brutal “juego de tronos” norcoreano en el que un nuevo líder ha emergido y su medida para consolidar internamente su poder haya sido lanzar un gran desafío externo, situar al país en estado de guerra y poder realizar así de forma más cómoda las maniobras internas necesarias.

¿Abandonó Asia el mundo de las guerras posmodernas?

Una de las tendencia claras en las dos décadas de postguerra fría (1991-2011) fue el descenso de conflicto interestatales. Si consideramos como un caso aparte las intervenciones de EE.UU. y sus aliados en Bosnia Herzegovina (1996), Kosovo (1999), Afganistán (2001), Iraq (2003) y Libia (2011), encontramos un número anecdótico de casos. Como en el caso del glaciar de Kargil entre Pakistán e India o el Alto Cenepa entre Ecuador y Perú, los conflictos armados tuvieron como motivo una estrecha porción de frontera mal delimitada y los países contendientes limitaron el alcance del enfrentamiento no empleando todo el potencial de sus fuerzas armadas.

Se puede atribuir esa caída en los conflictos armados entre estados a la mayor interdependencia económica entre países debido a la globalización, al aumento de las democracias en el mundo, a los procesos de integración regional que generan mecanismos de confianza y resolución de conflictos, etc. Si hiciéramos un desglose geográfico de fenómenos encontraríamos que el tipo de conflictos que podemos caracterizar como “guerras posmodernas” son una absoluta mayoría en Iberoamérica y África Subsahariana. En el extremo opuesto tenemos la subregión Asia-Pacífico, donde en torno a los mares de la China meridional y la China oriental existen una serie de conflictos netamente modernos, rivalidad entre estados por la posesión de territorio (islotes) en los que se pone en juego el “orgullo nacional”, que son el contexto de una carrera de armamento naval bastante interesante. Véase por ejemplo el desarrollo de la clase Dokdo de la armada surcoreana o la clase Hyûga de la armada japonesa. Personalmente creo que lo que allí sucede es una “crisis adolescente” según los países de la zona van adquiriendo autoconciencia de su lugar en el mundo y han alcanzado una riqueza que ahora les permite gastar más en sus fuerzas armadas. No en vano, la mayoría de los países en torno a esos dos mares encajan en alguno de los acrónimos que designan los “países emergentes” (BRIC, MIST, CIVETS, países 3G…)

Destructor coreano

Mirando con la perspectiva del tiempo no creo que las rivalidades en Asia-Pacífico invaliden el modelo de las Guerras Posmodernas. Creo, más bien, que de reescribir el libro como tengo intención de hacer, señalaría esa región del planeta como una zona de conflictos netamente modernos, léase del siglo XIX, pero que en el fondo no dejan de estar sometidos a dinámicas actuales, como los procesos de integración regional y la interdepedencia económica. Pero entonces, llegamos al caso de Corea del Norte.

“Brothers in Arms” de Camille Tawil

Brothers in Arms. The Story of al-Qa‘ida and the Arab Jihadists de Camille Tawil.
SAQI Books, Londres, 2010.

Fuera del mundo de los periodistas y expertos occidentales, que en muchos casos sólo acceden a fuentes secundarias, están por descubrir los acádemicos con dominio del árabe y autores árabes con una producción mucho más discreta mediáticamente pero profundamente interesante donde rescatan el testimonio de los protagonistas de la historia.

En Brothers in Arms, Camille Tawil traza la historia de los yihadistas que combatieron a sus gobiernos en Argelia, Libia y Egipto durante los años noventa. Es una historia que va de fracaso en fracaso frente a regímenes que reprimieron a la disidencia con mano dura. El resultado es que grupos como el GIA argelino y Al-Gama’a al-Islamiyya de Egipto terminaron por renunciar a la violencia. Las organizaciones supervivientes se refugiaron en el único país del mundo con un gobierno musulmán que ofrecía una retaguardia a los grupos yihadistas: La Afganistán de los talibán. Allí terminaron bajo la influencia de un millonario saudí que articuló sus fracasadas luchas locales en una yihad gloabal contra Occidente.

El retrato que hace Camille Tawil de los yihadistas norteafricanos no es muy edificante, con sus enfrentamientos por cuestiones ideológicas, teológicas y organizativas. Su desconexión con la realidad y con el sentir mayoritario de la población musulmana lo veríamos luego en Iraq donde la rama local de Al Qaeda liderada por Abu Musab Al Zarqawi puso a la población en su contra. El relato termina con un giro irónico. Los líderes y militantes yihadistas que encontraron refugio en Afganistán murieron en su mayor parte bajo las bombas y balas estadounidenses tras la invasión de Afganistán. Tuvieron mejor suerte los yihadistas argelinos que renunciaron entonces a ir a Afganistán para unirse a Bin Laden. El terrorismo yihadista nunco estuvo cerca de la victoria y la perspectiva del tiempo, con libros como este, nos permitirá ver lo excepcional del período 2001-2011.