Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (1ª parte)

[Primera entrega de Guillermo Pulido, firma invitada]

Esta es una historia de política de poder y agresiones indirectas, de grandes potencias y esferas de influencia, de democracia versus autoritarismo. Las Relaciones Internacionales tiene sus asuntos cumbre y más importantes en la política internacional, y la política internacional está dominada por las grandes potencias. Las grandes potencias para poder ejercer su poder más allá de sus fronteras, crean (entre otras cosas) esferas de influencia, en las que controlan (hasta cierto punto) los temas clave en lo militar e internacional. Las élites políticas de los países dentro de esa esfera no pueden ir contra los intereses de esas grandes potencias, y si así lo hicieran, esta tomaría represalias para persuadir de que sigan con esa actitud, o sencillamente intentará de derrocar ese gobierno y/o invadirá ese país. Los casos de la URSS en 1968 en Checoslovaquia, Hungría en 1956 y Afganistán en 1979, así como los de EEUU en Guatemala en 1954, Granada  en 1983 y Panamá en 1989, son paradigmáticos (como quizás también le ocurriese a Aldo Moro). En esa misma línea está la interpretación de la abortada invasión de Egipto en 1956 por Francia y Reino Unido, acontecimiento que pasó a la historia como la puesta de manifiesto de que esos países ya no eran grandes potencias.

La URSS era una gran potencia que rivalizaba por el dominio en Europa con la otra gran potencia de la posguerra: EEUU. Esto generaba un entorno y ambiente de Realpolitik y Equilibrio del Terror, por lo que cuando la URSS desapareció, dejó la impresión de que en Europa la política realista de grandes potencias, con sus correlatos de equilibrio de poder y esferas de influencia, había llegado a su fin. Pero dicha impresión no se ajustaba a la realidad. La Guerra Fría y la URSS pudieron disolverse pacíficamente gracias a la Cumbre de Malta y los Acuerdos de Belavezha. En Malta, hubo una especie de acuerdo (entre Bush y Gorbachov) para que la Europa del Este pudiese dejar de ser comunista y se disolviese el bloque oriental de forma pacífica a cambio de que la OTAN y EEUU no se expandiesen en esa zona. En Belavezha, Rusia, Biolorrusia y Ucrania (a lo que luego el resto de repúblicas soviéticas menos las bálticas se adhirieron) acordaron disolver la URSS a cambio de reconocer a Rusia como gran potencia y subordinarse en lo militar y lo político internacional a Moscú. En Belavezha, Rusia reconocía las fronteras y respetaba los asuntos internos de las repúblicas exsoviéticas a cambio de que esos países no se integraran en algún bloque ajeno a los intereses rusos, de lo contrario Rusia iría a la guerra y desgajaría esos países. Belavezha fue la base para la Comunidad de Estados Independientes, y es la piedra fundacional de la política exterior rusa desde 1991 hasta la actualidad. Por lo tanto, cualquier ilusión o apariencia de que en Europa se había llegado al fin de política de poder, estaba destinada a chocar con esa realidad. Y si bien en los primeros años de la Posguerra Fría tal ilusión pareció ser cierta por la debacle del Estado ruso, una vez este se recobró con Putin  en un entorno económico propicio (a la vez que la OTAN y la EU se han ido expandiendo al Este hasta las mismas fronteras de la antigua URSS), el subyacente e inevitable conflicto político y militar vuelve a emerger a la superficie al tener Rusia otra vez cierta capacidad para reivindicar sus derechos de gran potencia.

Como los intereses de las grandes potencias han de ser respetados por los gobiernos que conforman sus esferas, siempre habrá algún contenido antidemocrático y de imposición externa, ya que las poblaciones de dichas esferas no pueden votar hacer cosas en contra de los intereses de la gran potencia, o elegir a gobernantes que hagan cosas contra dichos intereses. Por lo tanto, y hasta cierto punto, dichas poblaciones han de aceptar cierto sometimiento (por lo menos en cuestiones militares e internacionales), y habrá una permanente dependencia hacia la gran potencia por parte de la élite de gobierno de esos países para estar en el poder, ya que dicha élite está hasta cierto punto alienada de sus propias poblaciones. El ejemplo por escrito perfecto de esto fue la Carta de Varsovia de 1968, lo que pasó a la historia como la Doctrina de la Soberanía Limitada de Breznev. Se quitó a la nueva élite encabezada por Dubček y se ponía una dependiente en última instancia de Moscú. Toda esfera de influencia tiene el aspecto dictatorial de ir imponer en última instancia el criterio de la gran potencia si sus intereses vitales se ven comprometidos. Esto explica, por ejemplo, la dependencia  mutua entre Lukashenko (o Yanukovich) y Moscú.

El único caso en la historia que va contra esa dinámica sempiterna es el de la OTAN, que si bien llegó a tener en su seno a democracias tuteladas o dictaduras y usaba la Red Gladio para la Estrategia de la Tensión, la gran mayoría de los países que integraban dicha esfera eran democracias, con poblaciones y/o élites que querían estar voluntariamente dentro de la OTAN, y que no harían nada que fuera radicalmente en contra de los intereses vitales de EEUU. Como explica la Teoría de la Paz Democrática, las democracias prácticamente nunca se hacen la guerra entre sí pero sí con las dictaduras, por lo que tras la Segunda Guerra Mundial la confrontación estaba servida de forma casi predestinada al dividirse ideológicamente el continente europeo. Mientras los países que quedaron en las zonas británicas y americanas fueran democracias, sus élites democráticas no tendrían que temer de EEUU o Reino Unido y sin embargo sí temerían un régimen político interno dictatorial comunista promovido por Moscú. Además la “paz democrática” induce a que no  problemas internacionales con EEUU (al ser democracia y con la que nunca entrarían en guerra) pero sí con la URSS (al ser una dictadura con la que tenían la posibilidad probable entrar en guerra). De ese modo y de forma natural, voluntaria, pacífica y democrática, se conformó la esfera de influencia americana en Europa (aunque EEUU tuvo que recurrir a métodos dictatoriales y violentos fuera de Europa para garantizar su esfera de influencia). Una vez acabada la Guerra Fría, los países del antiguo bloque del Este y la URSS al convertirse inicialmente en democracias, tenían por opción lógica y necesaria de política exterior unirse al bloque occidental, tanto por lo político que indica la paz democrática, como por mero interés económico (con la que Rusia jamás podía competir), hechos que Rusia no puede permitir si quiere seguir siendo una gran potencia con su propia esfera de influencia

En resumen, si Rusia quiere enfrentarse a una gran potencia democrática (Estados Unidos) así como también a potencias medias democráticas (Francia, Alemania, Polonia, etc) no puede ser ella una democracia (plena), de la misma manera que para imponer a ciertos países (quieran o no) una esfera de influencia, ha de recurrir a sostener gobiernos que no sean democráticos, ya que si lo fueran querrían formar parte del superior bloque económico occidental (UE) así como gozar de su protección militar (OTAN).

[Continuará]

Firma invitada: Guillermo Pulido

Recientemente mi lectura de Las revoluciones de colores de Carlos González Villa coincidió en el tiempo con una reseña que mi colega Guillermo Pulido hizo de De la dictadura a la democracia de Gene Sharp. Su punto de vista, que ponía el contexto de las Revoluciones de Colores no en el fin de la Guerra Fría sino en los Acuerdos de Helsinki de 1975, me pareció sumamente interesante. Ambos coincidimos en que se sabía muy poco del apoyo y formación dado por Estados Unidos, vía instituciones y ONGs, a la sociedad civil de países ex-comunistas con las consecuencias que mencioné en mi reseña de Las revoluciones de colores de Carlos González Villa. Animé a Guillermo, politólogo y bloguero, a que pusiera por escrito su reflexión porque me pareció digna de ser compartida y continuar con la incorporación de firmas invitadas a este blog. En los próximos días publicaré por entregas “Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial”.

Tres libros para saber qué pasó el 11-M

Hoy es el décimo aniversario del 11-M. A pesar de ser miembro fundador de DesiertosLejanos.com, decidí desvincularme del tema el día en que me di cuenta que me estaba afectaba profundamente. Tanta mentiras, tanta infamia y tanto cinismo de políticos y periodistas me revolvía las tripas mientras desmontar las teorías conspiranoicas se volvía el trabajo de Sísifo. El ritmo con el que escupían mentiras era muy superior a la celeridad con la que yo podía documentarme y comprobar datos. Recuerdo, sin ir más lejos, cómo al principio se dijo que era imposible que en el 11-M estuvieran implicados terroristas yihadistas porque no habían sido atentados suicidas. O que era imposible que el grupo que cometió el atentado tuviera relación alguna con Al Qaeda porque en él había delincuentes comunes relacionados con el menudeo de droga. La conspiranoia se construyó así. Sobre falacias del tipo “todo el mundo sabe que los yihadistas siempre cometen atentados suicidas y jamás reclutan pequeños delincuentes”.  Aquello sirvió para saber que quienes lanzaban aquellas teorías sobre el 11-M no tenían las más mínima honestidad intelectual. Luego, pude compartir ideas con personas que tenían conocimientos de otras disciplinas o simplemente la paciencia para contrastar datos. Llegamos a parecidas conclusiones.

En aquel entonces me consumía la rabia. Y hoy pienso en las personas que pagaron un precio demasiado alto. Anoche vi en la televisión a Rodolfo Ruiz, el que fue jefe de la comisaría de Vallecas, al que ciertos medios le hundieron la vida. Sólo había que ver su aspecto físico para comprender que es ahora una sombra del hombre que llegó a ser. En aquel entonces me costó comprender por qué ni los medios afines al gobierno de Rodríguez Zapatero entraron en el tema de la conspiranoia ni el propio gobierno plantó cara en este asunto. La razón la descubrí en el primer libro que hoy recomendaré: Las Bombas del 11-M de Juan Jesús Sánchez Manzano, que era comisario jefe de los TEDAX en 2004. Hice mi reseña en este blog hace no mucho tiempo. En el libro encontramos el relato de alguien que estuvo en primera línea y cuenta cómo trabajó la policía aquel día. Pero además el autor nos cuenta su calvario personal al convertirse en blanco de los conspiranoicos y nos cuenta la clave que en aquel momento nos faltó: El gobierno de Rodríguez Zapatero creyó que el Partido Popular sufriría un desgaste por aferrarse a las teorías conspiranoides y no hizó el mínimo esfuerzo por frenar el asunto. Por ejemplo, contestando de forma lacónica la catarata de preguntas del Partido Popular en el Congreso a cuenta del 11-M. Quizás haya que recordar a alguno que Mariano Rajoy declaró a El Mundo: “No me creo que los detenidos por el 11-M organizaran los atentados”).

El segundo libro a recomendar es el que me estoy leyendo ahora mismo: ¡Matadlos!  Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España de Fernando Reinares, uno de los mayores expertos en España sobre terrorismo. El libro es francamente exhaustivo y denso, aunque los capítulos cortos y la redacción lo hace ameno. Que un libro así haya salido ahora se explica porque sólo el paso del tiempo ha permitido disponer información crucial para hacer la composición de cómo se planeó y por qué el 11-M. Así, encontramos que los yihadistas querían atentar en España antes de la invasión de Iraq y antes de que se fijara el 14 de marzo como día electoral. También, nos enteramos en el libro de las numerosas ramificaciones que conectan la amorfa red de yihadistas que participaron en el 11-M con Al Qaeda.

Por último les recomendaré el trabajo de trituración de las teorías conspiranoicas que está haciendo Manel Gozalbo, la clase de persona que no querrías nunca que haga un fisking a un artículo o libro tuyo. En El juicio paralelo del 11-M se ha propuesto revisar en varios volúmenes las teorías conspiranoides publicadas por la prensa española, desmontado las falacias y señalando las contradicciones, mentiras y errores de bulto en un tour de force epopéyico donde muestra una erudición inaudita en las más diversas disciplinas. Leyéndolo uno tiene la sensación de que Manel Gozalbo es un perro de presa que una vez muerde una falacia conspiranoide no la suelta hasta despedazarla del todo. Y cuando uno cree que ya ha terminado, desanda el camino para con grandes dosis de sarcasmo rematar los flecos pendientes. Su libro es un auténtico espectáculo.

Casimiro García-Abadillo, autor entonces de 11-M La venganza y hoy director de El Mundo, da marcha atrás y dice que “cometimos errores sobre el 11-M” y “dimos crédito a algunas informaciones faltas de rigor”, lo que terminó haciendo que parecieran “una pandilla de iluminados”. En un día así sólo queda pensar, ¿recibirán algunos su merecido castigo?

EE.UU. y la Unión Europea se abren a los ciudadanos de la Alianza del Pacífico

Recientemente decía Fernando Iglesias que Sudamérica corre el riesgo de quedar dividida en dos, con los Andes haciendo de alguna manera la función de Telón de Acero. Por un lado los países de la Alianza del Pacífico y por otro un bloque representando por Venezuela y Argentina, dos países con problemas económicos. En ambos casos tenemos caída de reservas, financiación vía emisión desmesurada de moneda, inflación, mercado paralelo de divisas, empresas públicas mal gestionadas, clientelismo y corrupción. En Argentina el gobierno asumió ya la situación y ha tomado medidas que no están tan lejos de la ortodoxia de los noventa. En Venezuela está por ver qué pasará en medio de crecientes protestas.

Ya debatimos aquí que los países de la Alianza del Pacífico tiene cada uno problemas serios que nos debe llevar lejos de tener una imagen idílica de ellos. Pero encontramos no sólo datos sobre crecimiento y reducción de pobreza, como otro tipo de indicadores que nos pueden servir de pista. Fernando Iglesias señalaba las garantías democráticas que se disfrutan en esos países. Quizás haya algo también de profecía autocumplida en la confianza que depositan los inversores internacionales. La cuestión es que recientemente coincidían dos noticias. Estados Unidos exime a los ciudadanos chilenos de la necesidad de visado para entrar en su territorio La medida entrará en vigor posiblemente antes del 1 de mayo de este año y coloca a Chile como único país iberoamericano al que Estados Unidos ha aplicado la medida y el 38º en todo el mundo. Por su parte la Unión Europea tomó una medida parecida con los ciudadanos de Perú y Colombia. Falta que la Comisión Europea lo apruebe y se firmen los convenios bilaterales, lo que demorará su puesta en práctica de uno a dos años, con el auge de la economía colombiana de fondo. Se acabó el mirar a Sudamérica por encima del hombro.

Ucrania y el transfondo geopolítico (2ª Parte): Ambiciones imperiales

Después de El Choque de Civilizaciones de Samuel P. Huntington, al que me referí en la primera parte, la otra gran obra estadounidense de los años noventa sobre geostrategia también aborda la cuestión ucraniana. Zbigniew Brzezinski, al igual que Huntington, planteaba en 1998 en El Gran Tablero Mundial  cómo la exclusión de Ucrania del área de influencia rusa haría de Rusia “una entidad más asiática y más distante de Europa” . Y al igual que en el libro de Huntington encontramos citas de personalidades rusas que tras la disolución de la Unión Soviética consideraba a la Ucrania independiente como un asunto pendiente y que Crimea algún día volvería a ser rusa.

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El imperialismo ruso de los noventa era un imperialismo impotente y frustrado. Brzezinski afirma que “Rusia no era lo suficientemente fuerte desde el punto de vista político como para imponer su voluntad y no era lo suficientemente atractiva desde el punto de vsita económico como para seducir a los nuevos Estados”. Precisamente en el año de publicación original de El Gran Tablero Mundial, Rusia sufrió un colapso financiero. Si cuando fue introducido el 1 de septiembre de 1995 el índice bursátil de valores rusos RTS arrancó con nivel 100, el 6 de octubre de 1997 había alcanzado la cota 571. Pero la crisis económica obligó al gobierno ruso en agosto de 1998 a devaluar la moneda, declarar un impago de las deudas nacionales y declarar una moratoria de pagos a los acreedores internacionales. En la primavera de 1999, mientras caían las bombas de la OTAN sobre Serbia, Rusia negociaba un préstamo con el Fondo Monetario Internacional. Rusia no pudo evitar la guerra de Kosovo por razones obvias.

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En ese contexto, Brzezinski plantea cómo Estados Unidos debía ocupar el vacío dejado por Rusia en el espacio ex-soviético basándose en las ideas de Mackinder sobre el corazón de Eurasia como bastión para la hegemonía mundial. Hay que recordar que Brzezinski nació en una localidad polaca, que hoy pertenece a Ucrania, en el seno de una familia aristocrática que se encontraba en Canadá en el momento del reparto de Polonia entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. Su fijación por el espacio ex-soviético podemos decir que es altamente biográfica. Pero aunque su visión es descarnadamente imperialista, hay que entender la otra parte de la ecuación: Por qué los países de Europa Oriental huyeron de estar dentro del área de influencia rusa y buscaron activamente el paraguas de la OTAN.

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Hay un faceta de la Segunda Guerra Mundial poco conocida. A la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939 siguió otra soviética por el este. La invasión de Polonia, que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial, fue en realidad una invasión combinada nazi-soviética que respondía a las cláusulas secretas del Pacto Ribbentrop-Mólotov. El 30 de noviembre de 1939 la Unión Soviética atacó Finlandia y al año siguiente la Unión Soviética invadió Lituania, Letonia y Estonia, independientes desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Resulta evidente entender que la Unión Soviética aspiraba a recuperar las fronteras occidentales del imperio zarista bajo la excusa de la extensión de la revolución proletaria. Es habitual hacer referencias jocosas a quienes equiparan las políticas rusas actuales y las soviéticas, pero la realidad es que más que una continuidad entre el imperialismo soviético y el actual ruso podemos hablar sin matices de que la Unión Soviética asumió el imperialismo de la rusa zarista y por tanto de lo que hablamos es de una continuidad histórica del nacionalismo ruso.

Durante la Segunda Guerra Mundial la reacción de algunos pueblos ocupados por la Unión Soviética fue recibir a los invasores nazis como libertadores antes de sufrir en sus carnes el yugo alemán. Así, la Organización de Nacionalistas Ucraniana tuvo una relación con los ocupantes nazis que pasó por fases de colaboración y otras de enfrentamiento. Su líder, Stepan Bandera, es celebrado como héroe nacional en la Ucrania occidental y denostado por colaborador de los nazis por los ucranianos filorrusos. Ucrania había sido incorporada a la Unión Soviética en el contexto de la guerra civil rusa. Sea por los errores cometidos en la colectivización de las explotaciones agrarias, las sequías y las hambrunas provocadas como arma de represión, millones de ucranianos murieron bajo el régimen soviético a principios de los años 30. En Ucrania hay quienes consideran aquel episodio histórico, el Holodomor, como un genocidio. Así que, otra vez más, encontramos a Ucrania dividida en dos. Una nacionalista que recuerda a la Unión Soviética como un régimen genocida y otra filorrusa que reprocha a la primera los vínculos del régimen nazi de sus héroes históricos.

Marcha en Kiev el 1 de enero de 2014, día del 105º aniversario del nacimiento de Stepan Bandera.

Marcha en Kiev el 1 de enero de 2014, día del 105º aniversario del nacimiento de Stepan Bandera. La mujer del centro lleva su retrato.

En muchos países ocupados por la Alemania nazi hubo un flujo de voluntarios que engrosaron unidades de la Waffen-SS. Los estonios aportaron un batallón de voluntarios a la 5ª División Acorazada de las SS “Wiking” y tras un reclutamiento forzoso se creó la 20ª Dvisión de Granaderos de las SS (1ª Estonia). Uno de sus miembros murió el pasado mes de enero y fue enterrado con honores militares, participando el capellán general de las fuerzas armadas estonias. Se trataba de Harald Nugiseks, uno de los cuatro soldados estonios condecorado en la Segunda Guerra Mundial con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Quienes exaltan a aquellos combatientes pasan por alto que combatieron en el bando de la Alemania nazi y señalan que se prestaron a combatir a la Unión Soviética en nombre de su país. Considerando que la guerra contra la Alemania nazi es un hecho crucial en la mitología nacionalista rusa del siglo XX, los homenajes a esos combatientes  se consideran una afrenta en Moscú. La acusación de neo-nazi es un elemento recurrente de la propaganda rusa, como vimos en la crisis con Estonia de mayo de 2007 o la guerra con Georgia en agosto de 2008.

El presidente georgiano Mijeíl Saakashvili comparado con Hitler en la propaganda rusa durante la Guerra de Osetia del Sur en agosto de 2008.

El presidente georgiano Mijeíl Saakashvili comparado con Hitler en la propaganda rusa durante la Guerra de Osetia del Sur en agosto de 2008.

En el caso de la crisis ucraniana encontramos que efectivamente existen grupos de ultraderecha de simpatías abiertamente filo-nazis entre la oposición que tomó recientemente el poder, como Sector Derecha y SvobodaAlberto Sicilia sobre el terreno contaba que tras convertirse el centro de Kiev en un campo de batalla mucha gente razonable ha preferido no jugársela y ha vuelto a su casa” y que los grupos de ultraderecha eran bienvenidos por ser lo más dispuestos a enfrentarse a la policía.

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La Unión Soviética entró en la Segunda Guerra Mundial en el mismo año y de la misma forma que los Estados Unidos: Por un ataque por sorpresa. Dado lo traumático que supuso la Segunda Guerra Mundial para la Unión Soviética, tras la guerra Moscú creó un colchón de países satélites que actuaran de escudo geográfico que le confiriera profundidad estratégica. Para ello estableció gobiernos afines en los países liberados por las tropas soviéticas y trasladó las fronteras de Bielorrusia, Ucrania y Polonia hacia el oeste. Como vimos en la primera parte, las fronteras occidentales de Ucrania terminaron incorporando territorios de Polonia, Checoslovaquia y Rumanía. Precisamente los territorios donde la población menos simpatías siente por Rusia.

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Tras la caída del comunismo, los países incorporados por la fuerza al imperio soviético se alejaron de Moscú en desbandada. Sólo Bielorrusia ha mantenido una relación privilegiada con Moscú, aunque no haya apoyado la invasión de Crimea. Armenia, por su parte, se ha mantenido como aliada por su necesidad de un valedor en el conflicto con Azerbaiyán. Con la incorporación a la OTAN de Lituania, Letonia, Estonia, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Bulgaria, además de las alianzas de Washington con Georgia, Azerbaiyán y algunos gobiernos ucranianos, el antiguo escudo soviético que protegía Rusia se convirtió en lo opuesto, un “cordón sanitario” que aislaba a Rusia. En esa pugna, Ucrania está en disputa y es un premio mayor. Como Hungtinton y Brzezinski señalan, Rusia sin Ucrania queda más lejos de Europa y sus aspiraciones imperiales sólo pueden orientarse a Asia. Por dos veces movilizaciones populares apoyadas por Occidente han tomado el poder en Ucrania para establecer un gobierno hostil a Moscú. La ocupación de Crimea es un acto de fuerza que permite a Rusia salvar los muebles si se consolida el cambio de alineamiento de Ucrania. Le permite además conservar su principal base en el Mar Negro y desde la que proyecta poder naval hacia el Mediterráneo, justo cuando la guerra en Siria hace menos disponible la base rusa en el puerto de Tartus.

[Continuará]

Ucrania y el transfondo geopolítico (1ª Parte): La Fractura

En 1996 Samuel P. Huntington ponía a Ucrania en El Choque de Civilizaciones como ejemplo de país donde existía una división lingüística y religiosa que tenía reflejo en los resultados electorales. En las elecciones presidenciales de 1994 el país quedó fracturado en dos, con cada candidato obteniendo más de dos tercios de los votos en la mitad geográfica del país que representaba. Una división que se ha dado en todas las elecciones desde entonces.

Ukraine_historical_vs_electoral_19941Huntington planteaba varias hipótesis sobre la evolución de la fractura del país, siendo una de ellas la partición del país. Además señalaba Crimea como un foco de conflicto entre Rusia y Ucrania. Según Hungtingon la inclusión de Ucrania en el área de influencia rusa es vital para Moscú porque le permite crear un núcleo de países eslavos que le anclan a Europa.

Las raíces de la fractura son históricas. Como en el caso de otros países de Europa del Este, por ejemplo Polonia y Rumanía, las fronteras de Ucrania fueron trazadas absorbiendo de forma arbitraria territorios de otros países y desplazando todo el país más hacia el oeste al término de la Segunda Guerra Mundial. Así, Ucrania terminó incorporando territorios que habían pertenecido en algún momento de la primera mitad del siglo XX a Polonia, el Imperio-Austrohúngaro y Rumanía. Incluso en el extremo occidental del país existió al término de la Primera Guerra Mundial una efímera República Popular de Ucrania Occidental con capital en Lviv, donde la población era mayoritariamente polaco parlante y de fe católica, católica de rito oriental o judía.

Ukraine-growthLa mitad oriental del país también tenía un recorrido histórico significativo. La Rus de Kiev fue una federación de tribus eslavas que en su momento álgido se extendió del Báltico al Mar Negro y que llegó a tener a Kiev por capital, mucho antes de que Moscú fuera una ciudad importante. Su rey Vladímir I se convirtió al cristianismo ortodoxo a finales del siglo X, a partir de lo cual las tribus eslavas abandonaron el paganismo. Actualmente Rusia, Ucrania y Bielorrusia considera en el Rus de Kiev como cuna cultural y política de sus actuales estados. Así que podríamos decir que hay un elevado valor simbólico en la conexión entre la Ucrania oriental y Rusia.

Vemos por tanto la fractura este-oeste del país no sólo es lingüística, entre hablantes de ruso y ucraniano, sino que es también religiosa. Por un lado tenemos a los católicos, a los católicos de rito oriental y a los cristianos ortodoxos ucranianos mientras que por otro tenemos a los cristianos ortodoxos que profesan obediencia al Patriarca de Moscú. Así que la dos mitades del país son el resultado de dos tradiciones culturales bien diferentes: Una europea y otra ruso-eslava. Esa condición de frontera es lo que le dio nombre al país: “Ukraina” significa “frontera” en la lengua eslávica oriental antigua, igual que la región croata de Krajina, que marcó el límite de los imperios austro-húngaro y otomana.

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Pero hay una división de Ucrania aún más importante. La brecha entre la mitad occidental rural y la mitad oriental industrial. Las principales industrias del país se encuentran en Kiev y en las ciudades orientales de Donetsk, Mariupol, Zaporizhia y Járkov. Así, las oficina de diseño de Antonov se ubican en Kiev pero el fabricante de motores Motor Sich está en Zaporizhia, el fabricante aerospacial Yuzhmash está en Dnipropetrovsk y el fabricante aeronáutico KSAMC está en Járkov. La parte occidental, en cambio, es eminetemente rural. Esa diferencia en las actividades económicas tiene también reflejo en los ingresos de la población. La parte oriental es más rica con salarios más altos.

800px-Ukrainian_salary_mapEsa división también ha tenido reflejo en la política ucraniana. Recordemos cómo Yulia Timoshenko pasó de ser una exitosa mujer de negocios (y morena) a una candidata política rubia con estética de campesina gracias a una corona trenzada estilo “gretchen” que combinaba con vestidos decididamente folklóricos o evocadores de algo que podríamos llamar “gótico ucraniano”.

6a00d8341c630a53ef0168eb52e2fa970c-600wiTodo esto que hemos visto ha tenido su reflejos estos días, tras la creación de un gobierno provisional en Kiev que la parte más afín a Rusia del país no reconoce. En diversas localidades se han convocado manifestaciones de repulsa a lo que en la prensa rusa llaman un “pustch” y se han dado muestras de apoyo a Rusia en esta crisis. En algunas de esas localidades ha sido arriada la bandera ucraniana de edificios oficiales para izar la bandera rusa. El siguiente mapa refleja las ciudades donde eso ha sucedido. El ejercicio de contrastarlo con los mapas anteriores se los dejo a ustedes.

BhuS5OjCAAIaVAn.jpg large[Continuará]

La invasión rusa de Crimea

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Anoché sucedió algo inaudito. Por primera vez en mi vida El País rectificó un error del que les advertí. Quizás no fue por mi aviso vía Twitter, pero el pie de foto que decía “Vehículo militar ruso en la localidad fronteriza de Balaclava” fue corregido. Es simple. Balaclava fue  lugar de una batalla durante la Guerra de Crimea en la que tuvo lugar la famosa (y catastrófica) carga de la caballería ligera. El topónimo además dio nombre en inglés a lo que en español llamamos pasamontañas. Así que era fácil saber que no era ni de lejos una localidad fronteriza entre Ucrania y Rusia.

Tampoco es que el nuevo pie de foto, “Un uniformado a bordo de un blindado ruso en Balaclava (Crimea)” se parezca a la realidad. Las tropas rusas se pasean por Crimea y sólo porque en su uniforme no lleven insignia alguna se les denomina de forma eufemística “uniformados”. Quizás la bandera detrás del soldado que asoma por la escotilla del blindado Tigr debería darles una pista.

La República Autónoma de Crimea es un territorio actualmente ucraniano que perteneció a Rusia hasta 1954. Su población se divide en tres grupos étnicos: Ucranianos, rusos y tártaros. La leyenda dice que la transferencia a Ucrania fue una decisión arbitraria tomada por Jrushchev en una noche de borrachera. El puerto de Sebastopol albergaba el cuartel general de la Flota del Mar Negro soviética y tras el fin de la Guerra Fría, se firmó en 1997 un acuerdo de arrendamiento que permite a la armada rusa usar el puerto de Sebastopol hasta 2017. Por esas circunstancias, Sebastopol tiene un estatus especial dentro de Ucrania y queda administrativamente fuera de la República Autónoma de Crimea. La existencia de una base rusa en suelo ucraniano no ha estado exenta de incidentes.

El primer movimiento de tropas dentro de Crimea se informó el miércoles 26 de febrero. La CNN informó que sus reporteros habían encontrado “milicias prorrusas” en la carretera que une Sebastopol con Simferopol, la capital de la república. El diario canadiense The Globe & Mail en cambio los identificaba claramente como soldados rusos a partir del armamento y vehículos blindados que empleaban aunque se habían identificado así mismos como “voluntarios”. Además, señalaba que los había encontrado cerca del límite administrativo que separa Sebastopol del resto de Crimea. En este vídeo se ve que se trata de BTR-80 con dos snorkel, así que posiblemente se traten de infantes de marina rusos.

En la madrugada del jueves 27 de febrero un grupo armado asaltó el edificio del parlamento de Crimea en Simferopol. Iban sin identificar pero izaron la bandera rusa. En el vídeo grabado por las cámaras de seguridad se les ve cargados con petates y mochilas, lo que sería indicativo de su intención de ocupar el edificio.

En las primeras horas del viernes 28 de febrero un grupo armado asaltó el aeropuerto de Simferopol y por la tarde otro grupo hizo lo mismo con el aeropuerto de Sebastopol. El personal armado no llevaba ninguna identificación. Según la versión rusa se trataba de grupos de “autodefensa”. Según la versión ucraniana se tratarían de tropas rusas pertenecientes al GRU, la inteligencia militar rusa, que habrían llegado en aviones de transporte Il-76 a una base aérea en la localidad de Hvardiiske.

Ese día, el jueves 28, sobrevoló el cielo de Crimea una formación de tres helicópteros de transporte Mil-17 y nueve helicópteros de ataque Mi-24 con rumbo a alguna de las bases militares alrededor de Sebastopol.

Según el gobierno ruso los movimientos de tropas hacia el interior de Crimea tendrían como objetivo proteger la Flota del Mar Negro, en una admisión de la presencia de tropas rusas en suelo de la República Autónoma de Crimea. La autorización parlamentaria para mandar tropas llegó el sábado 1 de marzo. Mientras, el gobierno ucraniano decretó la movilización militar para las 08:00am del domingo 2 de marzo.

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Dos soldados rusos en Semforopol. El de la derecha lleva una mira holográfica EOTECH de origen estadounidense y un pistolete delantero, accesorio poco habitual en Rusia en tropas que no sean de fuerzas especiales.

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Soldado ruso en Simferopol. El guardamano de la ametralladora PKM incorpora un sistema de raíles, un accesorio poco habitual en Rusia en tropas que no sean de fuerzas especiales.

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Soldados rusos en Simferopol. El de la izquierda lleva un uniforme “Gorka Bars” de las tropas de montaña rusas.

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Civiles armados en Simferopol. Dos de ellos en primer plano llevan lanzagranadas GM-94 de 43mm. de fabricación rusa y que sólo emplean unidades especiales. Una de los dos lleva una mira holográfica EOTECH. Se les puede ver en este vídeo.

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Blindado rusos Tigr en Balaklava. La matrícula indica “RUS”.

Torreta de un BTR-80 ruso con la insignia de la Infantería de Marina cerca de Bajchisaraí el día 28 de febrero.

Torreta de un BTR-80 ruso con la insignia de la Infantería de Marina cerca de Bajchisarai el día 28 de febrero.

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Convoy militar ruso aproximándose a Simferopol en la mdrugada del día 28. En la puerta del blindado Tigr se aprecia la insignia de las unidades de la Guardia (selectas) del ejército ruso

Insignia de las unidades selectas del ejército ruso, "Gbardiya" (Guardia).

Insignia de las unidades selectas del ejército ruso, “Gbardiya” (Guardia).

Panorámica de las tropas rusas a las afueras de una base de la guardia costera ucraniana en Balaklava.

Panorámica de las tropas rusas a las afueras de una base de la guardia costera ucraniana en Balaklava, cerca de Sebastopol, que El País ubicaba en la frontera entre Rusia y Ucrania.

Venezuela y los horrores iberoamericanos

El mes pasado los estudiantes del campus de la Universidad de los Andes en San Cristóbal (estado Táchira) de Venezuela se manifestaron por la persistente inseguridad ciudadana tras el intento de violación de una estudiante. La inseguridad ciudadana es uno de los grandes problemas de Venezuela. El listado de las ciudades más violentas del mundo que recogí aquí hablando de la violencia urbana colocaba a Caracas en el tercer puesto. Pero al contrario de lo que alguno piensa, no es un problema que apareció en Venezuela con el chavismo. Los que tenemos vínculos con el país recordamos como en plena Guerra de Bosnia se decía que morían más personas un fin de semana cualquiera en Caracas que en Sarajevo.

En Venezuela, como en el resto de Iberoamérica, la izquierda de inspiración marxista tiene un problema a la hora de diagnosticar la violencia social. Si la delincuencia no sólo es resultado de la pobreza en una sociedad de valores consumistas y muy desigual, sino una reacción a la marginación social, se espera que disminuya en aquellos países con un gobierno con políticas sociales activas y con una especial sensibilidad hacia las clases más bajas. No es el caso de Venezuela (y otros países), lo que deja a los chavistas sin un discurso coherente sobre la delincuencia y la violencia social, más allá de las culpas que el presidente Maduro ha echado a Hollywood y los valores que transmiten sus películas.

En el campo contrario tampoco es que abunden los análisis con fundamento. Basta recordar cómo un libro antichavista tan contundente y exhaustivo como Venezuela: La Revolución como espectáculo alude a la delincuencia colombiana sin que ni el mismo autor parezca convencido. A día de hoy, ni chavistas ni oposición tienen un diagnóstico certero de las causas de la inseguridad en Venezuela y mucho menos una solución.

La cuestión es que las protestas estudiantiles en San Cristóbal, que arrancaron el 4 de febrero, entraron en una espiral en la que la fuerte represión policial y las detenciones de estudiantes bajo acusacionse truculentas de “terrorismo y conspiración” generaron más protestas y se terminaron extendiendo al resto del país. El 12 de febrero se convocó una marcha en Caracas. En esa ocasión la solidaridad con los estudiantes sirvió para canalizar el descontento por la situación económica del país, que como anticipé el año pasado, generará un estallido social del que sólo estamos viendo el prólogo.

La combinación de hidrocarburos nacionalizados y Estado del Bienestar da ejemplos como el de Noruega. Juan Pablo de Santis habla del país nórdico como el “único socialismo del siglo XXI” en el diario argentino La Nación. Pero no se trata de “pan para hoy y hambre para mañana”. El fondo de inversiones globales del fondo de pensiones públicas noruego es el más grande de su tipo en Europa (siendo un país de 5 millones de habitantes) y está excelentemente gestionado, incluyendo un consejo ético que supervisa que no se invierta en empresas vinculadas con las violaciones de los Derechos Humanos. En el caso venezolano también tenemos socialismo e hidrocarburos.

petróleo-en-la-era-ChávezEl chavismo coincide en Venezuela históricamente con una era de precios altos del petróleo. Desde sus inicios el chavismo lanzó toda una serie de programas sociales (las “misiones”)  y luego realizó importantes compras de armamento avanzado a Rusia y no tan avanzado a China con el propósito de defenderse de una hipotética agresión exterior. Tras el paro petrolero de 2002-2003 directivos y cuadros de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) fueron despedidos para ser sustuidos por personas de lealtad política pero no necesariamente con la cualificación necesaria. Desde entonces se suceden las acusaciones de mala gestión y corrupción en PDVSA. Por ejemplo, la explosión en la refinería de Amuay que mató a 55 personas en 2012 se atribuye a un mantenimiento defectuoso. Además, como parte de su política exterior, el gobierno venezolano ofreció petróleo a precios rebajados a Cuba y países del Caribe, reduciendo sus ingresos por esta vía. Un dato curioso. Empresas petroleras estadounidenses están presentes en Venezuela, como es el caso de Chevron. De hecho, Estados Unidos importa petróleo venezolano.

Uno de los indicadores de la situación económica del país es la constatación de que las exportaciones de hidrocarburos no están sirviendo para respaldar el gasto público y generar divisas. El gobierno venezolano optó por la típica medida contraproducente de los gobiernos populistas: Darle a la máquina de imprimir dinero. Si uno consulta los indicadores del Banco Central de Venezuela encuentra que el valor de los billetes y monedas en poder del público y las instituciones bancarias pasó de sumar 31.471.573,4 (x1000) bolívares en enero de 2010 a sumar 139.480.479,5 (x1000) bolívares en enero de 2014. Esto es que el valor del dinero circulando en efectivo en Venezuela en cuatro años se ha multiplicado por más de cuatro. Descartando que la riqueza del país ha crecido por cuatro en este tiempo, podemos sospechar que la creación de moneda se ha hecho a ratio superior que la creación de riqueza en el país. El resultado previsible es que se ha depreciado el valor del bolívar. Para una cantidad parecida de bienes y un crecimiento desmesurado de billetes ahora hacen falta más billetes para intercambiarlos por bienes. En otras palabras, el Banco Central de Venezuela ha provocado una inflación galopante. La respuesta del gobierno venezolano ha sido también la típica medida cortoplacista de los gobiernos populistas: Control de precios. Sin entender el mecanismo causante de la inflación, el gobierno ha culpado de la subida de los precios a los comerciantes y ha fijado los precios. El resultado esperable es que la venta de productos a precios artficialmente bajos hace que desaparezcan rápido de los lineales de los supermercados y que haya comerciantes que no deseando incurrir en pérdidas hayan decidido no vender ciertos productos.

Con el bolívar perdiendo valor por la inflación el refugio típico en Iberoamérica es ahorrar en dólares. Así que el gobierno venezolano ha establecido controles cambiarios. Las restricciones para comprar dólares ha generando el consiguiente mercado paralelo que está tan asentado que uno puede encontrar datos y estadísticas de la evolución en él del tipo de cambio.

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Los problemas de los comerciantes para comprar legalmente dólares con los que pagar la mercancía importada ha generado otra distorsión. Los comerciantes vendían sus productos con precios que reflejaban el valor del dólar paralelo. El gobierno acusó a los comerciantes de especular y les obligó a vender la mercancía importada a pérdida, reflejando el valor del dólar oficial. En esas circunstancias sucedió la expropiación de la cadena Daka, cuya mercancía se vendió al público que formó largas colas a un “precio justo”. Hasta ahora se ha hecho famoso el desabastecimiento de productos como papel higiénico y compresas. Pero, ¿qué pasará cuando resulte difícil conseguir productos básicos como la harina para arepas? ¿Qué grado de contestación está dispuesto a permitir el gobierno chivista antes de escalar la violencia en nombre de la razón de Estado? Ya hemos tenido una pista. Ante protestas estudiantiles no tan diferentes a las de Londres, Atenas y Santiago de Chile se enviaron a los “colectivos”, grupos armados en la órbita del chavismo, a realizar el trabajo sucio para la Guardia Nacional Bolivariana. Iberoamérica se prepara para nuevos horrores.

“Las revoluciones de colores” de Carlos González Villa

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¿Qué mejor momento que el presente para leer un trabajo académico sobre las Revoluciones de Colores? Las Revoluciones de Colores: “Poder blando” e interdependencia en la Posguerra Fría (2003-2005) de Carlos González Villa es un intento de responder a por qué tuvieron lugar revueltas populares que lograron hacer caer gobiernos en ciertos países ex-soviéticos (Ucrania, Georgia y Kirguistán) y el papel de Estados Unidos en ellas. Fue presentado como trabajo final del máster oficial en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid en 2010 y fue publicado por Eurasian Hub el pasado año como libro electrónico en Amazon.

El texto dedica bastante extensión a presentar el contexto estratégico de la Posguerra Fría en el espacio “ex-soviético”, con la decadente Rusia de Yeltsin en retirada y los Estados Unidos ocupando el vacío. Según el autor, la revitalización de Rusia (que coincide con la llegada de Putin al poder) espoleó a Estados Unidos a intervenir en la región. Pero al contrario que en los tiempos de la Guerra Fría, la acción exterior estadounidense fue externalizada en organizaciones privadas (ONG, think-tanks, fundaciones, etc.) que se encargaron de articular la débil sociedad civil en aquellos países donde las circunstancias eran propicias.

El recorrido hace una parada previa en la caída de Slobodan Milošević, primer ensayo del modelo. La entonces radio disidente B92 y líderes estudiantiles fueron apoyados económicamente (25 millones de dólares en 1999) y recibieron cursos de formación en Hungría por organizaciones estadounidenses. Aquellos líderes terminarían creando el movimiento opositor Otpor!, el modelo que se replicaría en Revoluciones de Colores. El autor procura dejar bien claro que no se puede considerar que la acción de las organizaciones estadounidenses financiando y apoyando a la disidencia de un país produce resultados garantizados. Precisamente el meollo del texto es el repaso, somero a mi entender, de la Revolución de las Rosas en Georgia (2003), la Revolución Naranja en Ucrania (2004) y la Revolución de los Limones en Kirguistán (2005) haciendo hincapié en las circunstancias que propiciaron el triunfo de la oposición en cada país. El eje común que el autor encuentra es que los movimientos opositores triunfaron “contra regímenes débiles, que en muchos casos no controlan partes enteras de las maquinarias del Estado”. Por su parte, igual de interesantes son los contraejemplos. Azerbaiyán, Kazajistán y Turkmenistán, tres países ricos en recursos naturales, no constituyeron un objetivo estratégico por sus acuerdos comerciales con Occidente. Armenia estaba sólidamente instalada en la órbita rusa y su realinamiento con Washington, que mantiene buenas relaciones con Azerbaiyán, habría supuesto un dilema difícil al ser Armenia y Azerbaiyán enemigos irreconciliables por cuenta del conflicto de Nagorno-Karabaj. Más llamativo es el caso de Uzbekistán, un país donde los movimientos prodemocracia y proderechos humanos hubieran tenido un intenso trabajo. Pero Uzbekistán se convirtió en aliado esencial tras el 11-S por su papel de ruta de infiltración y retaguardia del despliegue estadounidense en Afganistán. Así que Uzbekistán no estuvo en la agenda de las organizaciones encargadas de promover revueltas populares.

Como ya dije el tratamiento del asunto me pareció somero, aunque los argumentos del autor me parecieron convincentes. Lo que me queda es la sensación de que hay una historia por reconstruir. Cuentan Peter Ackerman y Jack Duvall en A Force More Powerful  que Freedom House pagó la impresión de 5.000 ejemplares del libro From dictatorship to democracy: A conceptual framework for liberation de Gene Sharp de la Albert Einstein Institution para ser repartidos entre los disidentes serbios. Otra obra de Sharp, los tres volumenes de The Politics of Nonviolent Action, fue resumida y traducida al serbio por Otpor!. Sus miembros recibieron además en mayo de 2000 un seminario en Budapest a cargo del coronel (ret). Robert Helvey sobre acción no violenta. A partir de ahí encontramos a antiguos miembros de Otpor! encuadrados en el Center for Applied Nonviolent Action and Strategies (CANVAS) dando seminarios en lugares como Ucrania antes de la Revolución Naranja o sin moverse de Serbia a egipcios antes de la Primavera Árabe. Algún día sabremos algún día cuánto dinero salió de Washington para financiar todas esas operaciones.

De la defensa nacional a la seguridad global

La defensa nacional es un concepto tradicionalmente asociado a las amenazas militares que enfrenta el Estado. No en vano, en la mayoría de países el Ministerio de Defensa desempeña las tareas que antiguamente desde finales del siglo XVIII ocupaban al Ministerio de la Guerra. Sin embargo, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial la proporción de conflictos convencionales entre estados-nación sobre el total ha ido disminuyendo mientras el total de conflictos armados de todos los tipos ha disminuido también. Ambas tendencias se han intensificado desde el fin de la Guerra Fría. Las guerras que enfrentan fuerzas armadas en campos de batalla abiertos se han ido convirtiendo en una raza. Basta hacer recuento del número de buques de guerra hundidos en combate y aviones derribados por otros enemigos en las guerras de los últimos cuarenta años para entender que los grandes enfrentamientos prolongados de ejércitos convencionales son cada vez más cosa del pasado.

Teniendo bastantes antecedentes históricos, sin ir más lejos la ocupación de España por la Francia napoleónica, la Segunda Guerra Mundial popularizó la figura del combatiente irregular, desde las montañas de Francia, Italia y Yugoslavia a las selvas de Birmania y Vietnam. Posteriormente, el éxito de la guerra revolucionaria en China en 1949 abrió una era de conflictos internos donde fuerzas irregulares desafiaban un poder estatal, fuera el de una potencia colonial o el de un gobierno de ideología opuesta. Que unas fuerzas irregulares implantados en la zonas rurales fueran capaces de alcanzar el poder era una poderosa metáfora del orden mundial, dividido en unos países desarrollados que constituían un centro rodeado de una periferia de países en desarrollo. En aquel contexto surgió la Doctrina de la Seguridad Nacional como una respuesta a las insurgencias revolucionarias en Hispanoamérica. Los regímenes militares del Cono Sur sudamericano colaboraron entre ellos en su lucha contra los movimientos revolucionarios, la llamada “Operación Cóndor”, pero fue siempre un fenómeno estrictamente nacional. En el caso sudamericano la razón de Estado sirvió para justificar toda clase de atrocidades que asociarían por siempre el concepto de la Doctrina de la Seguridad Nacional con la ignominia.

Terrorismo, tráficos ilícitos, ciberdelitos, las crecientes catástrofes medioambientales… La lista de amenazas contemporáneas desbordan por completo el concepto tradicional de defensa nacional, incluso si consideramos el fenómeno de las insurgencias revolucionarias de la Guerra Fría. Se hace preciso, por tanto, hablar de seguridad como un concepto amplio que van más allá ahora de las competencias tradicionales de cualquier ministerio u organismo público. Es más, la mayoría de riesgos y amenazas contemporáneas tienen causas complejas que ya no pueden ser enfrentadas por un solo país. En un mundo donde los flujos de personas, mercancías, capitales e ideas son intensos y continuos, los estados se han convertido en actores con un poder ciertamente limitado para enfrentarse a nuevos actores y nuevas amenazas. La cooperación internacional se hace imprescindible ante la mayoría de los fenómenos que desbordan el concepto tradicional de seguridad. La complejidad e interdependencia de los problemas nos lleva a plantear que la seguridad en el siglo XXI ha de entenderse como seguridad global.

Este viernes el Instituto de Seguridad Global estrenó su página web.