Esperaba sentarme un día a escribir sobre el fin de E.T.A. y las negociaciones para alcanzar ese objetivo, pero los últimos atentados terroristas han precipitado la urgencia de tratar el tema.
E.T.A. lleva sin matar desde mayo de 2003. El gobierno ha dado a su vez pasos. No creo que haya que darle muchas vueltas para comprender que algo está pasando. Creo que el fin de E.T.A. puede que esté ahora más cerca que nunca. Y parece ser algo que también el gobierno cree, dentro de la lógica prudencia.
Mientras tanto, comentaristas políticos, tertulianos y medios de la derecha en general se han escandalizado porque las bombas de E.T.A. de los últimos meses no han hecho reconsiderar al gobierno su postura. Hasta un despacho de Reuter de estos días se titulaba así: “Segunda bomba de ETA en cuatro días socava las esperanzas de paz”. La frase, “E.T.A. muestra su voluntad de negociar con otra bomba”, ha sido usada de forma socorrida, y pretendidamente irónica, por los bloggers de derecha tras cada atentado. Sin embargo, creo que las bombas de los últimos meses son un signo de que vamos por el buen camino y un síntoma de la voluntad de E.T.A. de negociar. ¿Ilógico? Echemos un vistazo a la Teoría de Juegos.
¿Qué es la Teoría de Juegos? La definición de entrada de la Wikipedia asusta a primera vista: Una rama de las matemáticas que usa modelos para estudiar interacciones con estructuras de incentivos formalizadas. O lo que es lo mismo, el estudio mediante modelos matemáticos de interacciones en las que hay algo que ganar o perder. Lo relevante de la Teoría de Juegos es que esos modelos buscan las mejores estrategias teniendo en cuenta no sólo los intereses propios sino que consideran las posibles estrategias del rival.
Muchos relacionarán la Teoría de Juegos con uno de sus modelos, el dilema del prisionero. Nosotros tomaremos una de sus variantes, el juego del gallina. Para ponernos en situación tenemos que imaginar una de esas escenas que todos hemos visto en alguna serie de televisión o película: Dos conductores acelerando a fondo en sus coches, frente a frente, yendo por una carretera en dirección opuesta. Se trata de una apuesta. El primero que se desvíe para evitar el choque, el gallina, pierde.
En un juego así una estrategia podría ser acelerar a fondo, mantener el volante y esperar a que el rival en el último momento se desvíe, sabiendo que como no lo haga el choque va a ser brutal. ¿Pero y si los dos deciden hacer lo mismo a la vez? Tenemos un tortazo monumental. El coche siniestro total y el conductor muerto o mal herido. La máxima pérdida para ambos. Cada uno tiene entonces que decidir qué hacer teniendo en cuenta lo que cree que hará su rival, y sopesando lo que gana y pierde con cada posible resultado.
Para construir nuestro modelo tenemos que penar en todas las posibilidades. Ya hemos visto que si ninguno de los dos ced,e los dos coches se van a empotrar uno contra el otro. Tenemos la máxima pérdida para ambos. Tomando una escala del 0 al 10, en este caso ambos obtienen -10. Si uno de los dos da por hecho que el otro no va a desviarse, que se encaminan hacia un choque frontal, y da un volantazo para esquivar al otro el juego termina con un ganador y un perdedor. Digamos que el que ha ganado la apuesta obtiene +5, ha quedado como valiente y se ha llevado el dinero de la apuesta. Según autores, el que pierde la apuesta ha quedado como un gallina y obtiene un resultado negativo.Otros autores suponen que el que ha perdido la apuesta, a pesar de haber quedado como un gallina, al menos puede dar las gracias por haber escapado con su coche y su vida intactos, y su ganancia es mínima pero positiva. Digamos, +1. Si resulta que los dos conductores decidieran apartarse de la trayectoria de colisión a la vez (¡esperemos que los dos dan un volantazo en direcciones opuestas!) ninguno ha quedado como más cobarde que el otro, así que el resultado es positivo para ambos. Digamos +3 para cada uno. Como no hay modelo matemático sin un dibujo, veamos la siguiente tabla. Las filas reflejan la acción del primer jugador. Las columnas reflejan la acción del segundo jugador.
Considerando la ganancia individual, el resultado óptimo para un jugador se da cuando aguanta hasta el final y provoca que su rival se eche atrás. Pero si consideramos el conjunto de los dos jugadores el resultado óptimo colectivo sería que los dos se echaran atrás a la vez.
En la vida la gente no va haciendo apuestas que impliquen el riesgo de matarse al volante de un coche de forma estúpida (¿o sí?). Pero la aplicación en el mundo de lo real es muy amplia. David de Ugarte usó el mundo del ligoteo y las relaciones de pareja, para explicar diferentes teorías económicas, incluyendo elementos de la Teoría de Juegos. Y como dicen que el amor y la guerra se rigen por las mismas reglas, llegamos a la negociación con la banda terrorista E.T.A. Apliquemos entonces el modelo del juego del gallina.
Tenemos al gobierno y a E.T.A. que son los dos conductores frente a frente. El discurso oficial ha sido que no se negocia con terroristas. E.T.A. ha de ser siempre la que dé el primer paso de abandonar la violencia. En la práctica no ha sido así. Pero eso es otro tema que veremos más adelante. E.T.A. por su parte no ha cambiado su discurso de soberanía para eso que llaman Euskal Herria. Y de atentar contra miembros de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad del estado, pasó a hacerlo contra políticos, empresarios, periodistas, etc. La postura de inflexibilidad lleva, y ha llevado, a ese choque frontal catastrófico. Máxima pérdida para ambos.
Supongamos que alguno cediera. Supongamos que el gobierno español lo hiciera: Anuncia el traslado de los terroristas de E.T.A. convictos que cumplen penas en cárceles por toda España a a cárceles situadas en la comunidad autónoma vasca. Y anuncia para próximas fechas la celebración de un referendum vinculante sobre la independencia vasca. O supongamos que E.T.A. anunciara que abandona las armas y su brazo político (el que sea, que me pierdo con tanto cambio de nombre) condenara la violencia. Y que los arsenales de explosivos, municiones y armas de fuego fueran destruidos en presencia de testigos nombrados por ambas partes. Podemos suponer que en ambos casos cesarían los atentados. Pero el coste político para el que ha cedido sería muy alto. Se habría comportado como un gallina. El gobierno que hiciera tal cosa tendría que justificar el haber cedido ante E.T.A. a cambio de nada. Los dirigentes de E.T.A. y su entorno que autoliquidaran la organización terrorista tendría que explica a los suyos qué sentido tendría entonces los sacrificios realizados (cárcel, clandestinidad, vidas rotas, etc.)
La solución óptima es que ambos cedan a la vez. Pero para que no haya perdedores los dos han de dar el volantazo de forma simultánea, y tiene que suceder que cada uno se convenza de que su rival está lo suficientemente chiflado como querer seguir adelante. La única forma de conseguir esa coordinación es mandar una señal al otro de que se está dispuesto a dejar la apuesta en un empate, pero a la vez no desviarse para dejar claro que de no haber una respuesta positiva se piensa seguir en la misma trayectoria. Un paso en falso haría quedar al que lo hiciera como el gallina.
E.T.A. ha sido derrotada, y los últimos acontencimientos políticos en Cataluña reflejan aún más lo absurdo de estar fuera del juego democrático. Es el momento de cerrar de una vez por todas las Transición, eliminando la violencia de la política española. El gobierno y el entorno de E.T.A. se han estado mandando recados vía los medios de comunicación. Ninguno quiere dar a entender ante los suyos que su predisposición al diálogo es producto de la debilidad o que está dispuesta a dar sin recibir nada a cambio. Cada lado ha mantenido su postura. Bajo el gobierno de Zapatero no se han frenado las detenciones de terroristas, por mucho que algunos quieran presentarnos la realidad como justo lo contrario. De hecho cayó la cúpula de E.T.A.. Por su parte E.T.A. ha continuado cometiendo atentados, pero todos en el último año con la evidente intención de sólo causar daños materiales. No ha matado porque no ha querido.
Paradójicamente la postura del Partido Popular y sus paladines mediáticos refuerza la postura del gobierno en una hipotética negociación. La presión de la derecha contra la negociación le permitiría a los representantes del gobierno presentarse ante los de E.T.A. como si tuvieran un margen de maniobra limitado, y así poder presionarles para que hagan gestos inequívocos de su voluntad de renunciar a la violencia. El clásico reparto de papeles del poli bueno y el poli malo. Casi deberíamos agradecerles el trabajo, si no tuviéramos motivos para sospechar que sus verdaderas intenciones son otras. Pero de eso, si me lo permiten, hablaremos otro día.