Negociar con ETA (I): El ruido y la furia

Hoy haciendo limpieza de los periódicos de la semana pasada me encontré con la foto de Eduardo Madina en la portada de El País del miércoles 15. Recuerdo del día anterior leer en Internet sus declaraciones en la Audiencia Nacional durante el juicio de dos de los presuntos autores del atentado terrorista que sufrió.

Una frase se me clavó: “En mi casa se hizo de noche y una sombra de pena y de tristeza envolvió a mi familia“. Un escalofrío extraño en el estómago. Aquella noche en casa me encontré con las palabras de Donaire, que César resaltaba:

Hay heridas tan profundas, tan ácidas, que jamás cicatrizan. Y dejan un reguero de dolor, como el eco de las guerras. Es entonces cuando palabras como éstas tienen la solemnidad de una bóveda de crucería. ¿Saben?. Hay personas con la altura moral de la Catedral de Burgos. Madina, ilustre compañero de Las ideas, un abrazo inmenso.

Y desde la semana pasada sentía que tenía que volver a retomar la cuestión de ETA y su fin. Abordé una posible negociación por primera vez el tema en septiembre de 2005, seis meses antes de la “tregua” de ETA, para llevarle la contraria aquellos que a cada débil atentado sin víctimas de la banda terrorista proclamaban que tal cosa no iba a producirse. Se equivocaron, igual que lo hicieron con el 11-M, Iraq y otras tantas cosas.

Hay demasiada política de baja estofa en algo tan trascendental. Es hora de volver a diseccionar el problema.

Cr�nica de una tregua anunciada

Esta es una semana de mirar atrás en este blog. Empecé recordando lo que había escrito hace ya más de un año sobre Iraq. Y ahora, la actualidad me lleva a recuperar lo dicho aquí sobre ETA.

El 29 de septiembre de 2005 explicaba por qué creía que ETA, a pesar de las bombas o precisamente por ello, y a la luz de la Teoría de Juegos estaban en el camino de la negociación.

El 17 de octubre de 2005 di mis razones para negociar con ETA. Releyéndolos ahora me parece muy discutible que ETA esté por dar un salto generacional. Pero hay otras muchas razones de las que, creo, tendremos tiempo de discutir en los siguientes meses. Lo que sí me parece evidente es el revuelo que ha causado entre la derecha el anuncio de ETA. Temen que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero logre lo que ellos intentaron sin éxito.

Fernando Lizarraga de HispaLibertas ha hecho un seguimiento de la blogosfera. Nacho Escolar ha hecho un seguimiento minuto a minuto de la noticia. Y David de Ugarte ha hecho un primer análisis del anuncio de ETA.

Negociad, negociad malditos

Alguien preguntaba en los comentarios a que si yo afirmaba que E.T.A. ha sido derrotada qué sentido tiene negociar. Buena pregunta.

Nos hemos acostumbrado a escuchar cómo los políticos y los medios de comunicación llaman a E.T.A. “banda criminal”. Y siéndolo desde un punto jurídico nos ha acostumbrado a la idea de que E.T.A. es equiparable a una mafia dedicada al robo en naves industriales o al tráfico de drogas: Se trata de un grupo con un número finito de miembros que será completamente desarticulado el día que su último integrante sea detenido. La realidad es muy diferente aunque nos pese. E.T.A. es un grupo terrorista con una base social de cierta entidad. El terrorismo surge allí donde hay quienes son socializados en la creencia de que la violencia política es un instrumento legítimo. Así que las fuerzas de seguridad del estado podrán una y otra vez desmantelar comandos, que mientras se eduquen políticame a jóvenes para que estén dispuestos a convertirse en terroristas E.T.A. existirá.

Recuperando las matemáticas para explicar el fin de E.T.A, podríamos decir que la lucha antiterrorista sigue una curva logística, una ley de rendimientos decrecientes. En los primeros momentos la lucha contra el terrorismo avanza lenta, mientras el estado reacciona, se dota de los instrumentos adecuados y se prueban las estrategias más eficaces. Según avanza el tiempo la lucha antiterrorista se vuelve mucho más eficaz. Pero tarde o temprano se llega a un punto en el que el grupo terrorista ha quedado reducido a su mínima expresión, formado por jóvenes sin experiencia con una capacidad limitada de cometer atentados. La lucha con E.T.A. está llegando a ese punto. Por eso es el momento de negociar. Porque todavía existe E.T.A. como grupo con una estructura jerárquica capaz de mandar a alguien a sentarse a una mesa. El siguiente paso del debilitamiento de E.T.A. es su conversión en un grupo terrorista marginal tipo el GRAPO. Pero si el GRAPO tenía como referencia al terrorismo de ultraizquierda europeo, está por ver qué modelo tomaría esa nueva E.T.A.

Nos podríamos encontrar en casa un modelo de terrorismo sin líderes, formando una red distribuida y que obtiene sus conocimientos técnicos de fuentas abiertas. Un grupo terrorista atomizado, que deje de tomar como modelo al colectivo “Artapalo” y se parezca al terrorismo de los fundamentalistas cristianos que en EE.UU. atentan contra las clínicas abortistas. Un modelo de terrorismo cuyo ejemplo típico no sea Josu Ternera, sino Unabomber. E.T.A. hizo un ensayo de ese modelo de terrorismo en diciembre de 2004. Será sin duda un terrorismo marginal, que produzca como mucho media docena de muertos al año. Pero será un terrorismo muchísimo más difícil de erradicar hasta que dispongamos la teccnología de las unidades de precrimen.

Lo afirmé, y sigo creyéndolo, que E.T.A. ha sido derrotada. A estas alturas dentro de la base social de E.T.A. y dentro de la propia E.T.A. debe de haber quedado bastante claro que el camino de la violencia política no les llevará a la consecución de sus objetivos últimos. Y que para colmo, E.T.A. como grupo terrorista ha quedado bastante debilitado en los últimos tiempos. Lo cual, teniendo en cuenta esa base social, es lo máximo a lo que podemos aspirar dentro de términos estrictamente policiales.

Es hora de cerrar la Transición y hacer de España un país normal, donde cualquier aspirante a concejal del PP pueda hacer campaña electoral en la plaza de su pueblo. Dijo Aznar que sería generoso si el movimiento de liberación nacional vasco renunciaba a la violencia. A enemigo que huye, puente de plata. No sé por qué Zapatero no debería obrar igual.

El fin de ETA y la teoría de juegos

Esperaba sentarme un día a escribir sobre el fin de E.T.A. y las negociaciones para alcanzar ese objetivo, pero los últimos atentados terroristas han precipitado la urgencia de tratar el tema.

E.T.A. lleva sin matar desde mayo de 2003. El gobierno ha dado a su vez pasos. No creo que haya que darle muchas vueltas para comprender que algo está pasando. Creo que el fin de E.T.A. puede que esté ahora más cerca que nunca. Y parece ser algo que también el gobierno cree, dentro de la lógica prudencia.

Mientras tanto, comentaristas políticos, tertulianos y medios de la derecha en general se han escandalizado porque las bombas de E.T.A. de los últimos meses no han hecho reconsiderar al gobierno su postura. Hasta un despacho de Reuter de estos días se titulaba así: “Segunda bomba de ETA en cuatro días socava las esperanzas de paz”. La frase, “E.T.A. muestra su voluntad de negociar con otra bomba”, ha sido usada de forma socorrida, y pretendidamente irónica, por los bloggers de derecha tras cada atentado. Sin embargo, creo que las bombas de los últimos meses son un signo de que vamos por el buen camino y un síntoma de la voluntad de E.T.A. de negociar. ¿Ilógico? Echemos un vistazo a la Teoría de Juegos.

¿Qué es la Teoría de Juegos? La definición de entrada de la Wikipedia asusta a primera vista: Una rama de las matemáticas que usa modelos para estudiar interacciones con estructuras de incentivos formalizadas. O lo que es lo mismo, el estudio mediante modelos matemáticos de interacciones en las que hay algo que ganar o perder. Lo relevante de la Teoría de Juegos es que esos modelos buscan las mejores estrategias teniendo en cuenta no sólo los intereses propios sino que consideran las posibles estrategias del rival.

Muchos relacionarán la Teoría de Juegos con uno de sus modelos, el dilema del prisionero. Nosotros tomaremos una de sus variantes, el juego del gallina. Para ponernos en situación tenemos que imaginar una de esas escenas que todos hemos visto en alguna serie de televisión o película: Dos conductores acelerando a fondo en sus coches, frente a frente, yendo por una carretera en dirección opuesta. Se trata de una apuesta. El primero que se desvíe para evitar el choque, el gallina, pierde.

En un juego así una estrategia podría ser acelerar a fondo, mantener el volante y esperar a que el rival en el último momento se desvíe, sabiendo que como no lo haga el choque va a ser brutal. ¿Pero y si los dos deciden hacer lo mismo a la vez? Tenemos un tortazo monumental. El coche siniestro total y el conductor muerto o mal herido. La máxima pérdida para ambos. Cada uno tiene entonces que decidir qué hacer teniendo en cuenta lo que cree que hará su rival, y sopesando lo que gana y pierde con cada posible resultado.

Para construir nuestro modelo tenemos que penar en todas las posibilidades. Ya hemos visto que si ninguno de los dos ced,e los dos coches se van a empotrar uno contra el otro. Tenemos la máxima pérdida para ambos. Tomando una escala del 0 al 10, en este caso ambos obtienen -10. Si uno de los dos da por hecho que el otro no va a desviarse, que se encaminan hacia un choque frontal, y da un volantazo para esquivar al otro el juego termina con un ganador y un perdedor. Digamos que el que ha ganado la apuesta obtiene +5, ha quedado como valiente y se ha llevado el dinero de la apuesta. Según autores, el que pierde la apuesta ha quedado como un gallina y obtiene un resultado negativo.Otros autores suponen que el que ha perdido la apuesta, a pesar de haber quedado como un gallina, al menos puede dar las gracias por haber escapado con su coche y su vida intactos, y su ganancia es mínima pero positiva. Digamos, +1. Si resulta que los dos conductores decidieran apartarse de la trayectoria de colisión a la vez (¡esperemos que los dos dan un volantazo en direcciones opuestas!) ninguno ha quedado como más cobarde que el otro, así que el resultado es positivo para ambos. Digamos +3 para cada uno. Como no hay modelo matemático sin un dibujo, veamos la siguiente tabla. Las filas reflejan la acción del primer jugador. Las columnas reflejan la acción del segundo jugador.

Considerando la ganancia individual, el resultado óptimo para un jugador se da cuando aguanta hasta el final y provoca que su rival se eche atrás. Pero si consideramos el conjunto de los dos jugadores el resultado óptimo colectivo sería que los dos se echaran atrás a la vez.

En la vida la gente no va haciendo apuestas que impliquen el riesgo de matarse al volante de un coche de forma estúpida (¿o sí?). Pero la aplicación en el mundo de lo real es muy amplia. David de Ugarte usó el mundo del ligoteo y las relaciones de pareja, para explicar diferentes teorías económicas, incluyendo elementos de la Teoría de Juegos. Y como dicen que el amor y la guerra se rigen por las mismas reglas, llegamos a la negociación con la banda terrorista E.T.A. Apliquemos entonces el modelo del juego del gallina.

Tenemos al gobierno y a E.T.A. que son los dos conductores frente a frente. El discurso oficial ha sido que no se negocia con terroristas. E.T.A. ha de ser siempre la que dé el primer paso de abandonar la violencia. En la práctica no ha sido así. Pero eso es otro tema que veremos más adelante. E.T.A. por su parte no ha cambiado su discurso de soberanía para eso que llaman Euskal Herria. Y de atentar contra miembros de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad del estado, pasó a hacerlo contra políticos, empresarios, periodistas, etc. La postura de inflexibilidad lleva, y ha llevado, a ese choque frontal catastrófico. Máxima pérdida para ambos.

Supongamos que alguno cediera. Supongamos que el gobierno español lo hiciera: Anuncia el traslado de los terroristas de E.T.A. convictos que cumplen penas en cárceles por toda España a a cárceles situadas en la comunidad autónoma vasca. Y anuncia para próximas fechas la celebración de un referendum vinculante sobre la independencia vasca. O supongamos que E.T.A. anunciara que abandona las armas y su brazo político (el que sea, que me pierdo con tanto cambio de nombre) condenara la violencia. Y que los arsenales de explosivos, municiones y armas de fuego fueran destruidos en presencia de testigos nombrados por ambas partes. Podemos suponer que en ambos casos cesarían los atentados. Pero el coste político para el que ha cedido sería muy alto. Se habría comportado como un gallina. El gobierno que hiciera tal cosa tendría que justificar el haber cedido ante E.T.A. a cambio de nada. Los dirigentes de E.T.A. y su entorno que autoliquidaran la organización terrorista tendría que explica a los suyos qué sentido tendría entonces los sacrificios realizados (cárcel, clandestinidad, vidas rotas, etc.)

La solución óptima es que ambos cedan a la vez. Pero para que no haya perdedores los dos han de dar el volantazo de forma simultánea, y tiene que suceder que cada uno se convenza de que su rival está lo suficientemente chiflado como querer seguir adelante. La única forma de conseguir esa coordinación es mandar una señal al otro de que se está dispuesto a dejar la apuesta en un empate, pero a la vez no desviarse para dejar claro que de no haber una respuesta positiva se piensa seguir en la misma trayectoria. Un paso en falso haría quedar al que lo hiciera como el gallina.

E.T.A. ha sido derrotada, y los últimos acontencimientos políticos en Cataluña reflejan aún más lo absurdo de estar fuera del juego democrático. Es el momento de cerrar de una vez por todas las Transición, eliminando la violencia de la política española. El gobierno y el entorno de E.T.A. se han estado mandando recados vía los medios de comunicación. Ninguno quiere dar a entender ante los suyos que su predisposición al diálogo es producto de la debilidad o que está dispuesta a dar sin recibir nada a cambio. Cada lado ha mantenido su postura. Bajo el gobierno de Zapatero no se han frenado las detenciones de terroristas, por mucho que algunos quieran presentarnos la realidad como justo lo contrario. De hecho cayó la cúpula de E.T.A.. Por su parte E.T.A. ha continuado cometiendo atentados, pero todos en el último año con la evidente intención de sólo causar daños materiales. No ha matado porque no ha querido.

Paradójicamente la postura del Partido Popular y sus paladines mediáticos refuerza la postura del gobierno en una hipotética negociación. La presión de la derecha contra la negociación le permitiría a los representantes del gobierno presentarse ante los de E.T.A. como si tuvieran un margen de maniobra limitado, y así poder presionarles para que hagan gestos inequívocos de su voluntad de renunciar a la violencia. El clásico reparto de papeles del poli bueno y el poli malo. Casi deberíamos agradecerles el trabajo, si no tuviéramos motivos para sospechar que sus verdaderas intenciones son otras. Pero de eso, si me lo permiten, hablaremos otro día.

Quid pro quo?

El domingo 3 de octubre en una operación policial hispanofrancesa, pero desarrollada principalmente en suelo francés, eran detenidos los dos principales dirigentes de ETA y descubiertos una gran cantidad de material y documentos. En primer lugar se dijo que la presencia de Antza y Anboto en aquella casa de Salies-de-Béarn era casual. Pero poco a poco ha ido transcendiendo que la operación era el resultado de una larga investigación de los servicios de información franceses, les Renseignements Généraux y la Guardia Civil.

En la semana siguiente Pasqual Maragall afirmó que este éxito policial respondía a las mejores relaciones con Francia del gobierno de Rodríguez Zapatero. Una idea negada por el ministro de Economía, Pedro Solbes. Pero que plantea una idea inquietante: La colaboración francesa en la lucha contra el terrorismo avanza a golpe de mercachifleo diplomático. Ciertamente ha sido así durante años, pero inquieta que alguien desde el partido político en el poder lo asuma tan alegremente. La ayuda de otro país miembro de la Unión Europea en la lucha contra el terrorismo no es algo que se haya de negociar, es algo que se ha de obtener de forma automática. De lo contrario, asusta pensar la Europa que estamos construyendo.