Al Qaeda y el efecto mariposa

Estos días actualizaba y enlazaba una página con la lista de los libros que componen mi biblioteca sobre los temas que trato en el blog (faltan por incluir algunos). Encabezando la página coloqué una foto de un recorte de periódico que conservo como una especie de reliquia: La primera noticia que recuerdo en la que se nombra a Osama Bin Laden. Enseguida encontré el comentario de Arístides Wrangel, columnista de Xornal.com, que me dejaba un enlace a una noticia de El País con una referencia aún más antigua (17.08.1994) a un tal “Dussama Ben Laden”.

Ahora todo el mundo se apunta a hacer de experto en yihadismo. Hay varios blogs por ahí que se dedican a hablar de Islam y yihadismo. Pero se encuadran en esa corriente islamofóbica que presenta al yihadismo, una corriente política, como un producto directo de la religión islámica. Creen que basta coger citas de Corán al azar para probar que el Islam es una religión peligrosa.”.

Es interesante, sin embargo, repasar la yihad afgana en los años ochenta para conocer los giros y quiebros que dio la historia. Y entender o especular qué otros caminos podría haber cogido el Islam político de no haber EE.UU. apoyado a ciertos grupos. En aquel momento nadie previó las consecuencias políticas de tener una visión a corto plazo a la hora de engendrar monstruos o apoyarse en ellos. El objetivo era dañar a la U.R.S.S. por encima de todo, y vengar Vietnam. Pero la mala experiencia de aquella guerra llevó a la CIA a ceder el control a los nativos, sin saber o queriendo no saberlo que el Inter Service Intelligence tenía su propia agenda política. Un estado dentro del estado, con sus propios intereses y objetivos. Por no hablar de la alianza monarquía saudí al respecto y la consiguiente propagación del wahabismo.

Pero la historia menos conocida es la del origen de la organización Al Qaeda. Por aquel entonces es llamaba MAK. Sus principios fueron formulados entre 1987 y 1988 por el palestino Abdulá Azzam. Había vivido en Egipto la represión contra los Hermanos Musulmanes y era escéptico sobre las posibilidades del terrosimo como estrategia insurgente. Entendía que la misión de los voluntarios islamistas debían convertirse en una especie de “fuerza de acción rápida” islamista que acudiera allí donde se declarara una yihad para defender a los musulmanes de una agresión externa. Y que los recursos recaudados para la yihad afgana no debían emplearse para entrenamiento terrorista. No es que fuera una hermanita de la caridad. Justificaba el terrorismo contra los no musulmanes, pero no consideraba a los “no combatientes” el objetivo principal. Entendía la lucha desde una perspectiva nacional, país por país.

Azzam tenía un problema. Un discípulo ambicioso y carismático, con posturas totalmente diferentes al respecto de hacia dónde dirigir la organización: Quería lanzar una guerra global, sirviéndose de atentados indiscriminados.

Como suele suceder, esta historia acabó el 24 de noviembre de 1989. 20 kilos de TNT detonaron al paso del coche de Azzam, cuando se dirigía a la oración del viernes con sus dos hijos en la ciudad pakistaní de Peshawar. El discípulo en cuestión tomó las riendas de la organización que tomó el nombre de Al Qaeda. El resto es historia.

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P.S.: Me llena de orgullo y satisfacción anunciar la nueva imagen de mi blog. La nueva cabecera es obra de mi amigo Juanjo , empleando el GIMP. Que no se diga que no hay creatividad en este país.