Tres libros para saber qué pasó el 11-M

Hoy es el décimo aniversario del 11-M. A pesar de ser miembro fundador de DesiertosLejanos.com, decidí desvincularme del tema el día en que me di cuenta que me estaba afectaba profundamente. Tanta mentiras, tanta infamia y tanto cinismo de políticos y periodistas me revolvía las tripas mientras desmontar las teorías conspiranoicas se volvía el trabajo de Sísifo. El ritmo con el que escupían mentiras era muy superior a la celeridad con la que yo podía documentarme y comprobar datos. Recuerdo, sin ir más lejos, cómo al principio se dijo que era imposible que en el 11-M estuvieran implicados terroristas yihadistas porque no habían sido atentados suicidas. O que era imposible que el grupo que cometió el atentado tuviera relación alguna con Al Qaeda porque en él había delincuentes comunes relacionados con el menudeo de droga. La conspiranoia se construyó así. Sobre falacias del tipo “todo el mundo sabe que los yihadistas siempre cometen atentados suicidas y jamás reclutan pequeños delincuentes”.  Aquello sirvió para saber que quienes lanzaban aquellas teorías sobre el 11-M no tenían las más mínima honestidad intelectual. Luego, pude compartir ideas con personas que tenían conocimientos de otras disciplinas o simplemente la paciencia para contrastar datos. Llegamos a parecidas conclusiones.

En aquel entonces me consumía la rabia. Y hoy pienso en las personas que pagaron un precio demasiado alto. Anoche vi en la televisión a Rodolfo Ruiz, el que fue jefe de la comisaría de Vallecas, al que ciertos medios le hundieron la vida. Sólo había que ver su aspecto físico para comprender que es ahora una sombra del hombre que llegó a ser. En aquel entonces me costó comprender por qué ni los medios afines al gobierno de Rodríguez Zapatero entraron en el tema de la conspiranoia ni el propio gobierno plantó cara en este asunto. La razón la descubrí en el primer libro que hoy recomendaré: Las Bombas del 11-M de Juan Jesús Sánchez Manzano, que era comisario jefe de los TEDAX en 2004. Hice mi reseña en este blog hace no mucho tiempo. En el libro encontramos el relato de alguien que estuvo en primera línea y cuenta cómo trabajó la policía aquel día. Pero además el autor nos cuenta su calvario personal al convertirse en blanco de los conspiranoicos y nos cuenta la clave que en aquel momento nos faltó: El gobierno de Rodríguez Zapatero creyó que el Partido Popular sufriría un desgaste por aferrarse a las teorías conspiranoides y no hizó el mínimo esfuerzo por frenar el asunto. Por ejemplo, contestando de forma lacónica la catarata de preguntas del Partido Popular en el Congreso a cuenta del 11-M. Quizás haya que recordar a alguno que Mariano Rajoy declaró a El Mundo: “No me creo que los detenidos por el 11-M organizaran los atentados”).

El segundo libro a recomendar es el que me estoy leyendo ahora mismo: ¡Matadlos!  Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España de Fernando Reinares, uno de los mayores expertos en España sobre terrorismo. El libro es francamente exhaustivo y denso, aunque los capítulos cortos y la redacción lo hace ameno. Que un libro así haya salido ahora se explica porque sólo el paso del tiempo ha permitido disponer información crucial para hacer la composición de cómo se planeó y por qué el 11-M. Así, encontramos que los yihadistas querían atentar en España antes de la invasión de Iraq y antes de que se fijara el 14 de marzo como día electoral. También, nos enteramos en el libro de las numerosas ramificaciones que conectan la amorfa red de yihadistas que participaron en el 11-M con Al Qaeda.

Por último les recomendaré el trabajo de trituración de las teorías conspiranoicas que está haciendo Manel Gozalbo, la clase de persona que no querrías nunca que haga un fisking a un artículo o libro tuyo. En El juicio paralelo del 11-M se ha propuesto revisar en varios volúmenes las teorías conspiranoides publicadas por la prensa española, desmontado las falacias y señalando las contradicciones, mentiras y errores de bulto en un tour de force epopéyico donde muestra una erudición inaudita en las más diversas disciplinas. Leyéndolo uno tiene la sensación de que Manel Gozalbo es un perro de presa que una vez muerde una falacia conspiranoide no la suelta hasta despedazarla del todo. Y cuando uno cree que ya ha terminado, desanda el camino para con grandes dosis de sarcasmo rematar los flecos pendientes. Su libro es un auténtico espectáculo.

Casimiro García-Abadillo, autor entonces de 11-M La venganza y hoy director de El Mundo, da marcha atrás y dice que “cometimos errores sobre el 11-M” y “dimos crédito a algunas informaciones faltas de rigor”, lo que terminó haciendo que parecieran “una pandilla de iluminados”. En un día así sólo queda pensar, ¿recibirán algunos su merecido castigo?

El fin de ETA sigue el guión

Hay una ley política no escrita que dice que la paz la deben hacer los “halcones”. Parece que para la opinión pública sólo son admisibles ciertas concesiones si las hace un gobierno de un partido de línea dura. Yo soy más cínico y pienso que las “palomas” se ven sometidas a un chantaje político.¿Se imaginan qué habría dicho la prensa israelí conservadora si la Desconexión de Gaza la hubiera ejecutado un primer ministro laborista y no el héroe de guerra Ariel Sharon? Sin ir más lejos, en España hemos visto que cierta prensa llamó “valiente” a Aznar por iniciar negocaciones con ETA y nadie cuestionó su promesa de “generosidad”. Años después, el gobierno de Rodríguez Zapatero realizó negaciones con ETA y la misma prensa que había aplaudido a Aznar, le llamó “traidor” y le acusó incluso de haber organizado el 11-M en colaboración con ETA. En aquel entonces tuve claro que aquellos ataques del Partido Popular a Rodríguez Zapatero eran sólo parte de una estrategia política y no el resultado de una convicción moral. Al Partido Popular no le interesaba que un gobierno del PSOE se llevara el rédito político de acabar con ETA. Predije y acerté que tan pronto el Partido Popular volviera al gobierno cambiaría de discurso.

Es innegable que ETA ha sido derrotada. Con la perspectiva histórica, podemos ver que ETA entró en declive tras el comienzo de la colaboración policial francesa. Lo contó el general Rodríguez Galindo en su libro, que reseñé aquí allá por 2006. La apuesta estratégica de ETA fue establecer bases en Portugal, que se saldó con un fracaso, mientras el grupo terrorista entraba en una espiral descendente con la caída encadenada de sus sucesivas cúpulas dirigentes. Era evidente entonces que el terrorismo etarra tenía los días contados. Recuerdo que no le di mucha importancia a aquella Conferencia Internacional de Paz de San Sebastián en  octubre de 2011 hasta que pocos días después ETA anunció “el cese definitivo de su actividad armada”. En su comunicado, hizo mención expresa de la conferencia y del contexto internacional. Me pareció entonces que había quedado claro que la conferencia sólo había servido para poner fin al la violencia con una escenificación que no hiciera evidente la derrota de ETA.

Desde aquel anuncio de octubre de 2011 hemos visto movimientos por uno y otro lado. En abril de 2012 el gobierno abrió una nueva vía de reinserción que sustituía la “Vía Nanclares”, incluyendo acercamiento de presos. En 2013 vimos que el gobierno acató la resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que declaró la doctrina Parot contraria a la Convención Europea de Derechos Humanos. El último paso lo dio el colectivo de presos de ETA que emitió un comunicado hace pocas semanas en el que reconocía “con toda sinceridad el sufrimiento y daño multilateral generado como consecuencia del conflicto”, además de renunciar a la violencia y aceptar la legislación penintenciaria vigente. Apuesto a que en poco tiempo veremos la destrucción de sus arsenales. No será épico, no será apoteósico y dejará un regusto amargo a alguno. Pero será el fin de ETA. Aunque tengo la impresión de que alguno ingenuamente creyó que con el fin de ETA veríamos carros de combate del Ejército de Tierra entrando en la plaza principal de los municipios de la Comarca de San Sebastián y un legionario izando la bandera española en el balcón del ayuntamiento.

 

Cuatro grandes errores del gobierno Bush

Llevo una racha inusual de lecturas sobre terrorismo yihadista, Al Qaeda y la Global War On Terror del gobierno Bush: The Black Banners de Ali H. Soufan, The Longest War de Peter Bergen y Al Qaeda: From global network to local franchise de Christina Hellmich. A eso se añade la lectura de The Insurgents de Fred Kaplan. De todas esas lecturas emerge un relato terrible de lo que fue la “Guerra Global Contra el Terror” del gobierno Bush. En 2007 escribí “2002: El mundo que no pudo ser”. Dije entonces:

Conviene pensar en el camino que pudo haber tomado los acontecimientos en el año 2002. La comunidad internacional pudo haberse volcado en la pacificación y reconstrucción de Afganistán contribuyendo a que los talibán quedaran convertidos en un grupo marginal exiliado en Paquistán. El terrorismo yihadista pudo haberse convertido en una cuestión policial combatida con las armas de la justicia en democracia.

Lo que hace seis años era una mera especulación mío resulta ser una reflexión atinada a la luz de los recuentos de cómo funcionó la maquinaria interna del gobierno Bush y la ceguera con la que actuó en tantos temas. El mundo pudo haber seguido otro camino. Los grupos terroristas pudieron haber sido combatidos con más eficacia. Vidas humanas pudieron ser salvadas. Puede que en un futuro distante los historidadores miren atrás y vean en las decisiones del gobierno Bush los errores que llevaron al comienzo del declive del “imperio americano”. A mi entender esos errores son:

1º. Convertir la lucha contraterrorista tras el 11-S en una guerra sin reglas.
Hasta el 11-S la lucha contraterrorista la protagonizaban el FBI y grupos interagencia. Tras el 11-S el gobierno Bush decidió jugar duro y sucio como un adolescente impulsivo con el orgullo herido. Se creó el campo de internamiento de Guantánamo, se autorizó la tortura bajo un eufemismo y se le dio el protagonismo de la lucha contraterrorista a la CIA y a contratistas sin experiencia que emplearon en su delirio métodos más cercanos al entrenamiento BDSM que al interrogatorio táctico. Aquel desmadre produciría años después el escándalo de Abu Ghraib.

Abu GhraibEl resultado es que la información obtenida a los numerosos detenidos tras el 11-S fue de escasa utilidad y contraproducente, al terminar confesando los prisioneros torturados aquello que sus captores querían oir, como la existencia de armas químicas en manos de Al Qaeda o un vínculo del régimen iraquí con el 11-S. Unos interrogatorios chapuceros de los detenidos llevó a decisiones equivocadas en base a información errónea (como la invasión de Iraq), retrasó en un década la localización del paradero de Osama Bin Laden e impidió detener atentados de otra forma evitables, como el atentado contra el petrolero Limburg.

No es casualidad que la muerte de Bin Laden se produjo después de que se prohibiera la tortura para utilizar técnicas de interrogatorio profesionales y un nuevo gobierno se propuso darle un impulso a la olvidada caza del líder Al Qaeda.

2º. Invadir Iraq.
Son varios los testimonios que hablan de que en las 24 horas posteriores al 11-S por los pasillos de Washington altos miembros del gobierno Bush andaban pidiendo planes de invasión de Iraq. Entra dentro del terreno del psicoanálisis entender cómo toda un grupo de veteranos políticos que habían trabajado con George H. W. Bush durante la Guerra del Golfo de 1991 mantuvieron una década la “espinita clavada” de no haber derrocado a Saddam Hussein. La lista de razones para invadir Iraq es compleja. Se mezclan las mentiras de los disidentes y desertores iraquíes a sueldo de Washington que contaron (¿por órdenes de Irán?) a sus interlocutores las mentiras que quisieron oir, con la soberbia de querer redibujar el panorama político de Oriente Medio a hostias de una vez por todas. Habría que añadir el anticlímax que resultó la caída de los talibán con las ganas del gobierno Bush de vender a la opinión pública estadounidense una victoria militar con una entrada triunfal en la capital del enemigo.

Añadamos también la visión estato-céntrica del panorama global que existía todavía una década después de la caída de la URSS. La cuestión es que Estados Unidos se embarcó en una guerra absurda que privó de recursos a la pacificación de Afganistán, mermó la credibilidad de Estados Unidos en el mundo árabe y se convirtió en una fuente de radicalización en el mundo musulmán. Los resultados nefastos los hemos visto hace poco: La opinión pública estadounidense se puso muy en contra de intervenir militarmente en un país musulmán cuyo régimen había usado armas químicas contra su población civil. Conceptos como “armas de destrucción masiva” e “intervención militar en un país musulmán” se han vuelto tóxicos en Washington.

3º. El olvido de Afganistán.
La obsesión por Iraq tras el 11-S llevó a que Afganistán se convirtiera en un asunto secundario para el gobierno Bush. La invasión de Afganistán había sido un escaparate de la Revolución en los Asuntos Militares, con los soldados de fuerzas especiales empleando desginadores láser y comunicaciones satélite para que la fuerza aérea machacara las líneas talibán. Pero cuando cayó Kabul y se desplomó el régimen talibán el escaso número de tropas impidió sellar la frontera con Pakistán, permitiendo tras la batalla de Tora Bora que los líderes de Al Qaeda huyeran a Pakistán. A partir de entonces, la concentración y energía del mando regional de Oriente Medio se centró en la próxima guerra con Iraq.

Las tropas desplegadas por Estados Unidos resultaron ser insuficientes para estabilizar Afganistán, mientras que las desplegadas por los países aliados veían sus acciones limitadas por cuestiones políticas (“caveats“). En el caso de España, el gobierno de Rodríguez Zapatero desplegó tropas en Afganistán en un paripé para compensar a Washington por la retirada de Iraq. Para colmo, la ayuda para la cooperación y desarrollado prometida en cumbres internacionales no se materializó y la que llegó lo hizo a un país donde la corrupción era rampante. Con las tropas rotando, cada contingente empezaba de cero sin perspectivas a largo plazo mientras la agencia contra la droga (DEA) montaba una campaña de erradicación de cultivo del opio que afectó principalmente a los campesinos pobres que no pudieron pagar los sobornos para que las autoridades afganas hicieran la vista gorda. Las consecuencias del desastre lo veremos cuando se retiren las tropas occidentales en 2014.

DEA4º. La negativa a entender la insurgencia iraquí tras la caída de Saddam Hussein.
Visto con perspectiva, el gobierno de ocupación estadounidense cometió dos errores garrafales. Disolvió el ejército iraquí y prohibió a los miembros del partido Baaz asumir cargos públicos o trabajos en la administración. Eso significó condenar al paro a decenas de miles de hombres con entrenamiento militar y prescindir de miles de funcionarios, técnicos y profesionales en un país donde la gente se afiliaba al partido único como requisito para ser funcionario. Es más, generó un enorme agravio en la minoría árabe sunní, beneficiada durante el régimen de Saddam Hussein, que se veía ahora ante una mayoría demográfica chiita que copaba el gobierno y los aparatos de seguridad.

Cuando la situación en Iraq se volvió totalmente descontrolada el gobierno Bush entró en fase de negación. La palabra “insurgencia” fue prohibida en informes y discursos. A los generales sobre el terreno se les negó ayuda y recursos. La mentalidad imperante fue de que Iraq se pacificaría con más potencia de fuego. Requirió toda una campaña de “guerrilla intelectual” dentro del establishment militar para que nuevas estrategias de conducción de la guerra permitieran a EE.UU. reducir la violencia en Iraq y retirar sus tropas. Iraq consumió cantidades astronómicas de dinero, vidas humanas y energía mental de Estados Unidos, incapacitando al país para asumir una posición de liderazgo en el mundo. Está por ver las consecuencias a medio y largo plazo del nuevo “síndrome de Iraq”.

Nairobi y la yihad africana

En estos momentos la acción terrorista en el centro comercial Westgate de Nairobi no se ha resuelto, aunque las autoridades keniatas han ido anunciando que sus tropas ha ido ganando terreno planta por planta. Todo comenzó el pasado sábado 21 de septiembre cuando alrededor del mediodía (hora local) una docena de personas entraron en el centro comercial, uno de los más grandes y lujoso de Nairobi, disparando y arrojando granadas. El centro comercial Westgate tiene como clientela a la alta sociedad keniata y a la comunidad de expatriados. Entre las víctimas se encuentra un sobrino y su prometida del presidente Uhuru Kenyatta. Una hermana del presidente consiguió huir del lugar. Los terroristas empezaron a separar a musulmanes de no musulmanes, llegando a poner a prueba a los rehenes con preguntas como el nombre de la madre de Mahoma.

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En el centro comercial Westgate hay invertido capital israelí y al menos un café era regentado por ciudadanos israelíes, lo que había llevado a las autoridades estadounidenses a alertar del lugar como posible objetivo terrorista. Por tácticas y objetivos, podemos decir que el presente ataque es una réplica del ataque terrorista en Mumbai en 2008. En aquella ocasión los terroristas atacaron simultáneamente varios lugares de la ciudad, a diferencia del actual ataque en Nairobi, pero entre sus primeros objetivos se encontró Nariman House, un centro del movimiento judío hasídico Chabad-Lubavitch. También en el ataque de Mumbai, los terroristas separaron musulmanes de extranjeros occidentales para matarlos en el lugar al instante. La posible presencia de ciudadanos israelíes entre víctimas y rehenes explica la presencia de asesores israelíes que están ayudando en la operación de asalto al centro comercial. Las buenas relaciones entre Israel y Kenia se remontan a los años 70, cuando Kenia colaboró con Israel en la operación de rescate de rehenes en el aeropuerto de Entebbe de la vecina Uganda en 1976. La operación militar la está llevando a cabo el 20 Parachute Battalion del Special Operaciones Regiment del ejército keniata con presencia también de la General Service Unit, una fuerza policial paramilitar.

_70056548_70056547Los responables de este ataque es la organización somalí Al Shabab. Kenia mantiene desde 2011 un contingente de 4.000 soldados en Somalia como parte de la misión de la Unión Africa en Somalia (AMISOM). Lass fuerzas keniatas en Somalia ha mantenido combates contra Al Shabab, a la que ha derrotado repetidamente y arrebatado buena parte de los territorios que dominaba. Hasta hace poco Al Shabab dominaba la mitad sur del país, manteniendo un cerco en Mogadiscio al escaso terreno dominado por el gobierno federal de transición y dominando el puerto de Kismayo, que era una de sus fuentes de ingresos. Ahora mismo Al Shabab se bate en retirada después de que se cambiaran las reglas de enfrentamiento de AMISOM y las fuerzas africanas pudieran emprender acciones ofensivas. Por ejemplo, el pasado mes de agosto 24 milicianos de Al Shabab murieron en combates con las fuerzas de AMISOM.

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Un portavoz de Al Shabab ha declarado que el objetivo de este ataque es obligar al gobierno keniata a reconsiderar su política en Somalia para que retire las tropas, tal como España retiró las tropas de Iraq tras el 11-M (el portavoz confundió Iraq con Afganistán). Al Shabab había amenazado al gobierno keniata en repetidas ocasiones. Y en el pasado emprendió ataques terroristas contra Uganda, cuyas fuerzas en Somalia formaban hasta hace poco el mayor contingente de AMISOM. Durante la celebración de la final del mundial de fútbol de 2010, terroristas de Al Shabab llevaron a cabo sendos ataques con bombas en Kampala en lugares donde se había congregado gente para ver el partido. Murieron 74 personas.

Kenia ha sido escenario en el pasado del terrorismo yihadista. El 28 de noviembre de 2002 un coche bomba se empotró contra la entrada de un hotel de propiedad israelí en la ciudad costera de Mombasa. Aquel mismo día terroristas disparadon dos misiles tierra-aire portátiles SA-7 a un Boeing 757 de la compañía charter israelí Arkia Airlines que despegaba del aeropuerto de Mombasa. En el ataque al hotel Paradise murieron trece personas: Tres israelíes y diez keniatas. Los misiles disparados contra el avión de pasajeros fallaron o fueron repelidos por algún sistema de defensa antimisiles. Los responsables de los atentados en Mombasa fueron vinculados con el yihadismo somalí.

Antes de 11-S, Kenia fue también escenario uno de los primeros ataques de la red de Al Qaeda. El 7 de agosto de 1998 un camión bomba estalló frente a la embajada de los Estados Unidos en Nairobi mientras otro ataque similar ocurría en la embajada estadounidense en Tanzania. El ataque fue perpetrado como una represalia de Al Qaeda por una operación antiterrorista contra miembros de la Yihad Islámica Egipcia en Albania. La embajada estadounidense en Kenia fue elegida porque según Al Qaeda desde allí se dirigió la intervención militar estadounidense en Somalia en 1992.

A pesar de la muerte y destrucción causada por la acción de Al Shabab no tenemos que perder de vista que el terrorismo tiene el objetivo de cambiar las políticas de los gobiernos. Y sólo podremos decir que la acción ha tenido éxito para Al Shabab si el gobierno keniata retirase sus tropas de Somalia o limitara las acciones de su contingente allí. Aunque sea tentador para algunos hablar del auge del terrorismo o de un yihadismo africano más potente, hay que recordar que Al Shabab se bate en retirada . El gran sueño de un corredor yihadista en África se desvanece tras el fracaso en Mali y la derrota en Somalia.

19 años de impunidad en Argentina

Pasé el gélido invierno austral de 2010 en Buenos Aires. El viernes 16 de julio se celebró en la calle Pasteur del barrio del Once un acto de recuerdo por las víctimas del atentado terrorista contra la AMIA, la Asociación Mutual Israelita Argentina. El atentado tuvo lugar el 18 de julio de 1994 y hasta la fecha no ha sido esclarecido por culpa de una investigación policial y una instrucción judicial más que deficientes.

Aquel viernes 16 de julio me acerqué a la calle Pasteur y me encontré con un enorme dispositivo de seguridad en el que participaban hasta el GEOF, el equivalente argentino de los GEO. Para acceder a la calle Pasteur tuve que dar todo un rodeo porque las bocacalles estaban bloqueadas. En el único punto de acceso había un arco de seguridad y debí pasar un breve interrogatorio. “¿Quién lo ha invitado?”, “¿Por qué ha venido?”, me preguntó un chico en traje y corbata con un pin de la AMIA en la solapa. “No me ha invitado nadie, me enteré por Internet” , dije. No le pareció una respuesta convincente. Le conté que el 11 de marzo de 2004 yo vivía en Madrid y que estaba sensibilizado con el tema del terrorismo. Pero aquello tampoco pareció convencerle. Entonces se me ocurrió algo: “Es que en el acto va a hablar el juez Garzón. Por fin logré entrar.

Cuando terminó el acto quedaron por el suelo hojas tiradas con la biografía de alguna de las 85 víctimas que habían entregado a los asistentes. Los niños y adolescentes de la Red Escolar judía que habían ido al acto tenían la cara de hastío de quien es llevado a un acto ritualizado que no les conmovía. Eran demasiado jóvenes para entender nada de aquello. No dejé de darle vueltas a las preguntas del chico que hacía el filtrado en el arco de seguridad. No entendía su incredulidad de que yo, que no era judío, me hubiera acercado a un acto de recuerdo por las víctimas de un atentado dirigido específicamente contra la comunidad judía. Y caí en la cuenta de que yo era un extraño porque aquel día no se habían acercado argentinos de cualquier condición y credo a homenajear las víctimas. Las víctimas, judías, no parecían para la sociedad argentina “ser de los nuestros”.

Marcelo Wio cuenta en Revista de Medio Oriente la historia de las chapuzas y negligencias que han permitido que el atentado 19 años después siga impune a pesar de las abundantes pistas que apuntan a Irán y de que la identidad del terrorista suicida sea conocida.

De lobos solitarios y psicópatas

El profesor Javier Jordán Enamorado hace unas precisiones sobre el concepto “lobo solitario” en El Confidencial que me aplico. Creo que tendemos a mezclar conceptos en un batiburrillo donde entran los lobos solitarios en sentido estricto, como Breivik y el Unabomber, con la yihad atomizada de personas que han vivido en grupo un proceso de radicalización y actúan de forma aislada.

El otro día hablaba del debate sobre los terroristas como psicópatas. Y encuentro una entrevista en el diario digital Público a Reza Gholami, profesor de la Shool of Oriental and African Studies de Londres, donde lamenta que a los sospechosos del atentado de Woolwich se les haya considerado automáticamente terroristas y no se haya indagado si su caso entra en el terreno de la psicopatía. El buen profesor lamenta que sólo porque los sospechosos hayan justificado su acción “en el nombre de Alá” y uno de ellos mantuviera vínculos con un grupo islamista el caso se ha politizado. “Suele suceder”, apuntaría yo cínicamente. Eso sí, a la islamofobia la llama “ideología del odio”.

Escenas de una guerra cósmica patética

Cada atentado genera comentarios de algún profano tildando a los terroristas de psicópatas, buscando un término que implique un grado sumo de maldad. Un psicópata, que me perdonen los psiquiatras, es una persona con un trastorno mental que le impide sentir empatía con sus semejantes y no se maneja en las mismas coordenadas morales que el resto de la sociedad. No le conmueve el dolor ajeno y encuentra placer en el daño que hace a otros. Un terrorista en cambio, es una persona que en su cabeza ha roto los tabús sociales que limitan la violencia legítima a determinadas circunstancias mediante un proceso de radicalización política lleno de victimismo. El enemigo ha perdido para él su condición de semejante porque es un amenaza vital. En los discursos justificativos de los grupos terroristas encontramos referencias a la opresión sufrida por clases sociales, grupos étnicos y practicantes de una religión. Recuerdo escuchar a un compañero de clase en mi universidad decir en octubre de 2001 que no había sentido pena ninguna por las víctimas de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York porque eran ejecutivos de empresas multinacionales responsables de la globalización neoliberal.

portada_1050Mark Juergensmeyer habla en su libro Terrorismo religioso de “guerra cósmica” para referirse a como el terrorismo religioso maneja cosmovisiones donde el conflicto es universal y absoluto, una lucha del Mal y el Bien (pág. 170). Por eso el modelo de “Choque de Civilizaciones” de Samuel P. Hungtinton gusta tanto a yihadistas y conservadores cristianos. Así, el 23 de febrero de 1998 “Frente Islámico Mundial”, una alianza de Al Qaeda con grupos de Egipto, Pakistán y Bangladesh, anunció en un comunicado una yihad contra “judíos y cruzados” en la que se decía que era una obligación de todo musulmán atacar a “estadounidenses y sus aliados, civiles y militares”, ya que Estados Unidos estaba en guerra “contra el Islam, su mensajero y los musulmanes”.

9788495440907Sería interesante, como dije hace poco, hacer balance quince años después del “estado de la yihad global”. Sería cuestión de revisar los comunicados de Al Qaeda en estos años y ver cuántos de sus objetivos han sido logrados. Mantengo una opinión contraria a la que expresaron varios lectores en comentarios recientemente. Para mí son significativos la falta de atentados de gran magnitud en Occidente, que las franquicias de Al Qaeda estén localizadas en la periferia del Gran Oriente Medio (con la excecpión de Iraq) y que la Primavera Árabe está siendo protagonizada por fuerzas ajenas al yihadismo. Cuento todo esto porque el último gran evento de esa gran guerra total ha sido el apuñalamiento de UN soldado británico tras el cual, sus autores han sido detenidos. Evidentemente la muerte del soldado Lee Rigby es una tragedia. Pero habría que preguntarse si las portadas dramáticas de la prensa inglesa, actuando de portavoz de los terroristas, están magnificando el efecto de un atentado de proporciones limitadas. Por no hablar de la catarata de análisis sobre el terrorismo de “lobos solitarios” y la “yihad individual” que se publican en estas ocasiones. Creo que un ejercicio de autocontención debe formar parte de la estrategia para reducir la conmoción que buscaban los terroristas.

Ahora que tengo cuenta de Twitter me fijé en algo curioso tras el atentado de Londres. Salieron en tromba un montón de periodistas y activistas a pedir que no se criminalizara a los musulmanes, a lamentar el impacto negativo que tendría el atentado sobre la comunidad musulmana británica, y a repetir el habitual mensaje de que los terroristas se habían comportado de una forma impropia de un buen musulmán. No es que me molestaran esos mensajes pero me resultó curioso el orden de prioridades. Condenar el ataque y transmitir algún tipo de mensaje de ánimo o consuelo a la sociedad británica quedaba fuera de lugar. Y encontré esta misma semana en el discurso del presidente Obama en la National Defense University que rechazaba el concepto “Global War On Terror” para hablar en cambio de “esfuerzos apuntados a desmantelar redes específicas de extremistas violentos”. Un enorme rodeo semántico para no mencionar, como en otra parte del discurso, a los terroristas que actúan inspirados por nociones de la “yihad violenta”, lo que es también una forma del presidente Obama de decir que hay otras formas de yihad. Pero en serio, ¿realmente la gente que habla de “terrorismo internacional” se cree que no hay conexión alguna con la realidad hoy del Islam y ciertas corrientes políticas que inspiran el terrorismo y son el caldo de cultivo de los procesos de radicalizaión. Sabemos que no son mayoritarias pero esconderlas detrás de eufemismo no ayudará a un diagnóstico de la situación que nos permita enfrentarlas.

Después de Boston

En mis “Apuntes sobre los atentados de Boston” especulé sobre la autoría advirtiendo sobre la falta de información. Me decanté por la ultraderecha estadounidense advirtiendo que no tenía más argumento que una impresión personal. Siendo un atentado terrorista, había un elemento nihilista en él. Charles Cameron hacía un repaso en el blog Zenpundit de los vídeos musicales a los que Tamerlán Tsarnéyev había dado un “Me Gusta” en Facebook, señalando su contenido milenarista y conspiranoico.

El terrorismo es una forma de violencia política que busca obligar a los gobiernos a tomar decisiones presionados por la opinión pública. Pero en esto caso no hubo mensaje de reivindicación que le diera sentido político al atentado. Al parecer los hermanos Tamerlán y Džojar Tsarnéyev pretendían atentar en Nueva York, así que puede que pensaran emitir algún comunicado posteriormente. Según recoge La Vanguardia, Džojar Tsarnáyev ha declarado que no tenían vínculos con grupos terroristas y que actuaron por “motivos religiosos”, algo que concuerda con la deriva yihadista del nacionalismo checheno. Aunque la mención de las guerras de Afganistán e Iraq como motivación resulta entre anacrónico y rídculo, rozando la excusa improvisada.

Desde un punto de vista meramente técnico, el atentado de Boston fue un atentado limitado y algo chapucero. Los hermanos Tsarnéyev no parece que estuvieran familiarizados con los tiempos habituales en la maratón e hicieron detonar las bombas cuando ya el grueso de participantes había llegado a la meta. Con tan pocas víctimas mortales, tres, es relevante reflexionar sobre cómo el impacto de los atentados no lo genera su magnitud, sino la histeria generada por los medios y las autoridades. John Cassidy lanza en The New Yorker una interesante provocación: ¿Se imaginan que los hermanos Tsarnéyev hubieran empleado armas de fuego para disparar a la multitud en Boston? La cifra de víctimas mortales hubiera sido mucho mayor, pero ¿hubiera sido el debate público igual? ¿Hablaría la prensa conservadora estadounidense de terrorismo o del caso aislado de dos lunáticos?

Capítulo aparte merecen las teorías conspiranoicas sobre los atentados. La presencia de miembros de un Civilian Support Team de la Guardia Nacional de Massachusetts, especialistas en emergencias NBQR con ropa civil sirvió, para que alguna de las mentes preclaras de Meneáme preguntara “¿Qué hacían los mercenarios de BlackWater en el atentado de Boston?”. La explicación del asunto era, como siempre, sencilla y sin misterio (gracias a Loopster por el enlace). Pero J. M. Berger se pregunta, con razón, en Intelwire qué está pasando para que las teorías conspirativas estén teniendo tanta resonancia. Supuestamente en esta era de tanta información de libre alcance y capacidad de conectar a un número ilimtado personas deberíamos ver emerger la inteligencia colectiva, pero no es el caso.

El viernes 19 de abril hablé con Helen Aguirre en el programa Zona Política de Univisión Radio (enlace al archivo de audio aquí). Uno de los temas que surgió en la conversación fue el proceso de radicalización. Hablé de cómo en las segundas generaciones de inmigrantes surge un problema de identidad al no sentirse plenamente parte del pais de acogida ni del país de origen. Evidentemente hay personas que se intengran sin problemas. Pero este parece ser uno de esos casos en que jóvenes adoptan una identidad antagónica contra el país de acogida. Es un problema serio en Europa, donde existe muchísima menos movilidad y donde las identidades nacionales no son incluyentes. El profesor Miguel Ángel Cano Paños trata el asunto en su libro Generación Yihad: La radicalización islamista de los jóvenes musulmanes en Europa. Pero es algo que transciende el terrorismo e implica cuestiones como la delincuencia juvenil y el gamberrismo, como ha sido estudiado por Tom Ritchey para el caso de Suecia o como vimos en los disturbios en Inglaterra en 2011.

Apuntes sobre los atentados de Boston

No han pasado más de 24 horas de los atentados ayer durante la maratón de Boston. La experiencia enseña a ser prudentes durante las primeras horas. Por ejemplo, las noticias sobre doce víctimas (heridos) se transformaron para el New York Post en doce fallecidos cuando el balance hasta el momento es de tres víctimas mortales. Hoy el diario menciona que esa primera cifra fue el balance apresurado tras la visión de varios miembros apuntados traumáticamente. Un día después también se ha confirmado que sólo fueron dos los artefactos que estallaron, así que las primeras noticias de varios artefactos que fueron encontrados sin estallar resultaron equivocadas y no hay vínculo con el incendio en una biblioteca.

El cerrojazo informativo en EE.UU. es significativo. Nada que ver con la experiencia española de un ministro insistiendo en una autoría mientras la policía trabaja en pistas que apuntaban a otra. Sólo ha trascendido la noticia del interrogatorio y registro del apartamento de un ciudadano saudí de 20 años. Un testigo lo vio abandonar el lugar de una de las explosiones con un comportamiento “sospechoso” y le hizo un placaje. Permanece bajo custodia policial en un hospital.

Hay varios detalles significativos. Los dos artefactos eran poco potentes, de pólvora, pero causaron estragos por contener bastante metralla. Yo diría que eso apunta a un autor en solitario o un grupo pequeño con medios poco sofisticados. Es una modalidad de terrorismo practicada por dos grupos diferentes: Yihadistas tras el declive de Al Qaeda y la ultraderecha cristiana estadounidense. El modelo de terrorismo atomizado es una adaptación en un contexto de debilidad estratégica. El concepto “Leaderless Resistance” fue obra de Louis Beam en Estados Unidos y su influencia llega hasta el terrorista noruego Anders Behring Breivik. En el caso de Al Qaeda, es claramente una reacción ante el declive de la yihad global. El paso del terrorismo de células clandestinas y jerarquizadas a grupos pequeños aislados fue teorizado por uno de los pensadores más originales de Al Qaeda: El español Mustafá Nasar Setmarian.

Analizar el atentado ahora mismo es entrar en el terreno de la especulación. A mí personalmente me recuerda al atentado durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, que reúne las características de atentado indiscriminado en una concentración de público con artefacto poco complejo y sin reivindicación. Ayer en Boston era festivo. Se celebraba Patriot’s Day, la conmemoración de las primeras batallas de la Guerra de Independencia estadounidense. En aquellas batallas del comienzo de la guerra participaron milicias con las que se identifica la ultraderecha estadounidense y que forman parte de su imaginario. Además para la derecha estadounidense en general, Boston es un nido de progres. Quizás la maratón de Boston fue escogida como objetivo por la aglomeración de gente en la calle y la coincidencia de fechas sea por tanto pura casualidad. Seguiremos esperando noticias.

Q.E.D.

Espero con esto cerrar de una vez por todas un asunto que llevó a un lector a pedirme que me retractara. No sólo no lo hice, sino que además el tiempo me dio la razón punto por punto. Uno, dos y ahora el tres.

Santiago Abascal, que fue parlamentario del Partido Popular en el parlamento vasco y actual presidente Fundación para la Defensa de la Nación Española, publicó hace poco en Internet los retazos de su historia familiar. Amenazas de muerte, cartas de extorsión, ataques al negocio familiar… Esa parte de la microhistoria del País Vasco que veremos cuántos recordarán en un futuro. Fue entrevistado por Intereconomía a raíz de la repercusión obtenida.

P.Ya tendrá tiempo de enfrentarse con los grandes. En la universidad, por ejemplo. ¿Cree que, como a usted, le tocará ir a clase con escolta?
R. Espero que no. Sin embargo, para mis hijos deseo otra cosa: una España unida. Prefiero que vayan con escolta en una España unida que libres en una España rota.

Y con esto doy por cerrado el tema.

Publicado en ETA