Archive for the ‘Terrorismo’ Category

2002: El mundo que no pudo ser.

Thursday, September 27th, 2007

El incidente de Blackwater me ocupó la semana pasada distrayéndome de lo que había planeado contar. Hace un par de semana se cumplía el sexto aniversario del 11-S y me pareció que era hora de hacer balance. A estas alturas tiene ya poco sentido escribir la socorrida entrada sobre qué hacía yo mientras dos Boeing 767 se estrellaban contra las torres del World Trade Center (dormía) o qué supuso para mí el mundo post-11S (sentir reivindicado el papel de las Ciencias Sociales).

La primera pregunta a hacernos al mirar atrás es si Bin Laden ha logrado lo que se proponía. Por la bibliografía que ha trazado la trayectoria del personaje y su círculo parece ser que él esperaba una debacle política en EE.UU tras el 11-S. Su referencia era la retirada estadounidense de Somalia tras la batalla en Mogadiscio que inmortalizó Mark Bowden en Blackhawk Down.

Tras los atentados simultáneos contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania y el posterior ataque terrorista contra el destructor U.S.S. Cole en aguas de Yemen los atentados del 11-S serían un tercer y gran golpe demoledor. Sin embargo la reacción en la sociedad estadounidense fue diferente de lo que parece Bin Laden esperaba.

Si acertó en el siguiente paso del gobierno de EE.UU.: La invasión de Afganistán. Bin Laden llevaba tiempo esperándolo. Deseaba luchar en su terreno contras las tropas estadounidenses y que EE.UU repitiera el camino de la U.R.S.S. en Afganistán. Bin Laden se anticipó con el atentado contra Ahmed Shah Massud dos días antes del 11-S. La Alianza del Norte era el único aliado previsible de EE.UU. en una hipotética aventura afgana. Asesinar al líder más carismático y capaz de los señores de la guerra enfrentados a los talibán causaría la suficiente incertidumbre y desmoralización para dejar a la débil alianza de uzbekos y tayikos sin capacidad de enfrentarse a los talibán. Pero el desarrollo de la campaña afgana seguro sorprendió a Bin Laden tanto como a los estadounidenses.

EE.UU. infiltró a un puñado de agentes de la C.I.A. con millones de dólares en efectivo y a un grupo reducido de equipos A del 5th Special Operation Group con designadores láser y equipos de comuncicación satélite. Los unos forjaron alianzas. Los otros a iluminar objetivos para la aviación. En poco tiempo el régimen talibán se desplomó. Tan inesperado fue el resultado que si Bin Laden escapó a Pakistán fue porque nadie previó que Kabul y Kandahar caerían tan pronto, obligando a los dirigentes talibán y de Al Qaeda a huir. Bin Laden descubrió lo que un militar estadounidense años después resumiría en la frase: “La voluntad de los afganos no se compra. Sólo se alquila”.

Conviene pensar en el camino que pudo haber tomado los acontecimientos en el año 2002. La comunidad internacional pudo haberse volcado en la pacificación y reconstrucción de Afganistán contribuyendo a que los talibán quedaran convertidos en un grupo marginal exiliado en Paquistán. El terrorismo yihadista pudo haberse convertido en una cuestión policial combatida con las armas de la justicia en democracia. Podríamos habernos preguntado en Europa por qué en EE.UU. no han aparecido células yihadistas locales formadas por musulmantes nacidos o criados allí.

Bin Laden hubiera seguido siendo una figura carismática lanzando consignas estratégicas a través de sus vídeos, la investigación de ONG musulmanas por su presunto papel en las transfencias de dinero del terrorismo hubiera igualmente soliviantado a musulmanes piadosos preocupados porque los occidentales impidieran las labores de caridad, Oriente Próximo hubiera seguido igual…

Pero de todas las decisiones posibles se tomó la peor: Invadir Iraq. La guerra no ha terminado y aún no hemos empezado a pagar el precio.

[Continuará]

¿Importa el terrorismo?

Monday, June 4th, 2007

Hoy Timothy Garton Ash cuenta en El País algo en la misma línea de lo que yo viví viajando a Holanda. La era del terrorismo global implica sufrir incomodidades y restricciones sobre las que uno no puede evitar preguntarse su utilidad.

Dada la naturaleza cambiante del terrorismo las medidas se asemejan a esos rituales perpetuados por la tradición pero de los que se ha olvidado su significado original. Quizás la impresión de que toda esas medidas tienen algo de teatral e inútil nos lleva a pensar que la amenaza yihadista ha sido exagerada.

Me atrevería a decir que el punto de vista sobre la cuestión varía según la ideología. Hay una cierta afinidad electiva a la hora de elaborar el discurso, siempre predecibile. Como acudir al kiosko cada mes y jugar mentalmente a adivinar los titulares de la edición española de Le Monde Diplomatique. Como abrir RedLiberal en la ventana del navegador y echarse una risas con la colección de falacias sobre el Islam que de vez en cuando nos deleitan algunos (*).

¿Cuántos de los que critican las relaciones del gobierno español con el régimen cubano abrieron la boca cuando Aznar apareció junto a Gaddaffi? (Y de paso se llevó de regalo un cabalo llamado “El rayo del líder? ¿Dónde andará?) ¿Cuántos de los que critican tan ruidosamente el realismo político de la administración Bush aliándose con regímenes como el saudí o pakistaní han elevado una sola vez la voz para una sola vez ponerse en la piel del pueblo cubano? Simplemente obviamos las cuestiones complicadas. La blogosfera está llena de diatribas de ese tipo.

Pero el mal de muchos no puede servirnos de tonto consuelo. En el fondo lo fácil es dedicarse a hablar de cuestiones cuyas respuestas no nos resultan incómodas o inquietantes. Así pasa que ante la cuestión del terrorismo yihadista la izquierda esté tan perdida. Es hablar del asunto en un foro público y enseguida alguien pregunta por qué cuando hablamos de terrorismo nos referimos a grupos yihadistas y no a EE.UU. o Israel. El tiempo pasa, concluye el debate y el asunto a tratar no ha sido ni rozado.

Una de las cosas que llamaba la atención al leer sobre la amenaza yihadista en el Reino Unido es que los portavoces y expertos de la policía británica daban por seguro que se cometería un atentado yihadista en Londres tarde o temprano. Así de crudo y directo.

¿Qué pasará en España cuando suceda el próximo 11-M? ¿Nos volveremos a culpar a nosotros mismos? ¿Seguiremos creyéndonos a salvo siempre que vendamos un poco de nuestra alma al diablo?

La izquierda necesita una discurso al respecto. Y el pacifismo no es la respuesta.

[*] Mis dos falacias favoritas:
-Coger suras del Corán y largar una perotata en el blog a partir de ellas sobre la naturaleza intrínseca perversa y maligna del Islam. Lean el Levítico y asústense. No me responsabilizo de las iglesias que resultan quemadas.
-Explicar con alarmismo la naturaleza agresivamente expansionista del Islam. Ni punto de comparación con las potencias coloniales europeas, que como todos sabemos expandieron el budismo y el zoroastrismo por América, África y Asia a base de mucho talante.

El laboratorio tailandés

Friday, October 6th, 2006

El golpe de estado en Tailandia me pilló de vacaciones e incomunicado. Nada de medios de comunicación, nada de blogosfera. Las impresiones de aquellos días las recogieron Moeh en Guerra y Paz (I, II y III) y Francisco Polo en Cosas de la Diplomacia.

Cuando me enteré el asunto me cogió por sorpresa. ¿Un golpe de estado? El dato que tenía en mente de Tailandia es que en el sur del país, de mayoría musulmana, hay un conflicto armado con un movimiento insurgente musulmán.

La ecuación resulta a primera vista típica: Los belicosos e incivilizados musulmanes montando quilombo, que dirían en Argentina. Y como resulta también típico, la situación analizado de cerca resulta más compleja. John Robb en su blog Global Guerrillas ofrecía el pasado domingo un par de enlaces interesantes.

Joseph Chinyong Liow en “International Jihad and Muslim Radicalism in Thailand? Toward an Alternative Interpretation” (2 de julio 2006) sostiene que más que un conflicto siguiendo los parámetros del yihadismo internacional se trata de un caso de nacionalismo separatista (malayo, en este caso).

John M. Glionna cuenta en Los Angeles Times (1 de octubre 2006) como la insurgencia musulmana sigue un modelo de “resistencia sin líderes” y ataques coordinados (swarming)

Merece rescatar también cómo John Robb nos contaba el pasado 19 de noviembre de 2005 en Global Guerrillas el uso de teléfonos móviles para detonar bombas por parte de los insurgentes musulmantes.

Lo triste es que siempre vendrá a alguien a contarnos que el Islam es el origen de todo. O que es imposible que un grupo de lumpenproletarios musulmanes sin apoyo externo organicen atentados terroristas complejos.

Tailandia, tan distinta y distante.

Terribles terroristas torpes

Thursday, April 20th, 2006

Alguien diría que las cosas tienen que ir muy mal para que yo encuentre en el ABC una sensatez y mesura que echo en falta en parte de la derecha. Pero así va este país.

Resulta que el pasado martes día 18 salió una columna titulada “54.000 euros, coste” el 11-M” y firmada por Edurne Uriarte que argumenta casi lo mismo que yo pretendía esta semana contarles por aquí. A Uriarte la ubico en posiciones ideológicas muy distantes a este blog, pero además la encuentro en la Unidad de Documentación y Análisis sobre Terrorismo de la Universidad Rey Juan Carlos. Así que algo debe saber de lo que habla.

Lo que nos cuenta Uriarte es que las teorías conspirativas son el resultado de una respuesta emocional a un suceso dramático. Fue algo que descubrí el pasado verano leyendo precisamente en el artículo de la Wikipedia. Las personas que se dedican a buscar explicaciones rocambolescas de hechos con un significado político impactante no lo hacen porque casualmente encuentren indicios de una trama secreta. Si fuera así veríamos a personas con una determinada tendencia política lanzando teorías que incrimina a los suyos. Pero eso nunca se da. Las teorías conspirativas sirven para darle una explicación y un orden pretendidamente racionales a hechos que nos desbordan emocionalmente. Y lo suelen hacer tomando como recurso nuestros propios prejuicios. Cuando uno rasca en la orientación ideológica de un conspiranoico uno encuentra siempre un bagaje político detrás.

El 11-M nos sacudió a todos. A los que vivíamos en Madrid nos descubrió nuestra terrible fragilidad. Bush, Hizbollah, Iraq, Tel Aviv, Chechenia, el 11-S, Palestina, el yihadismo… Eran temas sobre los que podíamos tener una opinión moral tremendista y afectada. Pero nos pillaba lejos, tras las murallas de la Fortaleza Europa. Incluso tras el 11-S, había esa sensación de los estadounidenses se lo han buscado con su política exterior en Oriente Medio. Y de pronto un día, el horror del Tercer Mundo a las puertas de casa.

Para quienes tenemos una formación profesional en electrónica sabemos lo sencillo que es montar un temporizador con un circuito multivibrador usando un integrado NE555. Y ni eso. Un soldador JBC de toda la vida, un poco de estaño y un móvil o un despertador. No hace falta consultar al ex-muyahidín chiflado de la mezquita clandestina de la esquina. Lo que hace falta es una voluntad terrible de ejercer el mal absoluto.

Y en estas los conspiranoicos patrios insisten en que es imposible que unos moritos de mierda (pronúnciese imitando a José Luis Torrente), unos pelanas, sean responsables del mayor atentado de la historia de España. Es imposible que unos individuos tan chapuceros y del montón ejecutaran sin obstáculos un proyecto tan simple como terrible. El 11-M no encaja en el patrón del típico atentado yihadista. ¿Cierto? Pues no. Hagamos un repaso.

12:17 del mediodía del 26 de febrero de 1993. 600kg. de explosivo colocados en el interior de una furgoneta estallan en un garaje de la torre norte del complejo del World Trade Center en Nueva York. Mueren 6 personas y más de 1.000 resultan heridas. El atentado fue llevado a cabo por una célula yihadista inspirada por Jalid Shaij Mohamed y el jefe Omar Abdel-Rahman. No se trata de un atentado suicida. Se ha usado una furgoneta de alquiler que se ha dejado aparcada con la bomba. El FBI detiene a Mohammed A. Salammeh cuando tras el atentado pasa varias veces por la agencia de alquiler Ryder insistiendo en recuperar el depósito que había entregado. Mientras otros miembros de la célula abandonaron el país, Salammeh tenía un billete para Amman vía Amsterdam con tarifa infantil que no pudo usar.

A las 09:02 de la mañana del 19 de abril de 1995 estalla una furgoneta de la agencia de alquiler Ryder, cargada con 2.300 kilos de material explosivo, frente al edificio Alfred P. Murrah de Oklahoma City. 167 personas mueren (entre ellos 19 niños). A los 90 minutos del atentado es detenido Timothy McVeigh por conducir un coche sin placas de matrícula y estar en posesión de un arma de fuego. Estando en el calabozo es identificado como la persona que había alquilado la furgoneta de la agencia Ryder usada en el atentado.

En mayo de 2001 se comete un chapucero atraco en Petaling Jaya (Malasia). Dos atracadores mueren y un tercero es detenido. El interrogatorio a este último permite descubrir los vínculos de los atracadores con el grupo yihadista indonesio Jemaah Islamiyah. El grupo operando con células muy compartimentadas obliga a sus miembros a atracos de poca monta para financiarse. Otro atraco en mayo de 2003 al Bank Lippo en Medan lleva a la detención de Jhoni Hendrawan, uno de los terroristas clave del atentado en Bali del 12 de octubre de 2002 .

Las conclusiones se las dejo en sus manos.