Archive for the ‘Periodismo’ Category

Clemente, Irán y un periodista desatinado

Sunday, February 3rd, 2008

El otro día hablaba que la principal lección de la crisis de los rehenes de la embajada de EE.UU. en Teherán era que el desconocimiento mútuo entre Occidente y ese país es el principal obstáculo en la resolución de conflictos. Y hoy, ¡toma frase gloriosa en la portada de la web del diario Público!

Clemente en Irán

La noticia aquí. A ver si al final van a ser ciertos aquellos rumores de periodistas mileuristas en la redacción de Público.

Negro sobre blanco

Sunday, September 23rd, 2007

El otro día me encontré la cara de un Woody Allen joven que anunciaba en un cartel el lanzamiento de la edición española de la revista Esquire. Entonces recordé que también iba a salir una edición española de la revista Vanity Fair.

No conozco las versiones originales en papel pero una y otra vez me he encontrado con artículos interesantes dentro los temas que ocupa este blog. Y es algo que me llama la atención. El mejor periodismo sobre la transformación de la guerra se está haciendo en este momento en revistas como Vanity Fair, Esquire, Atlantic Monthly y New Yorker.

El periódico gratuito ADN publica el blog de David Beriain que está ahora mismo en Iraq. Uno lee sus crónicas y tiene la sensación que ha leído esas mismas crónicas decenas de veces. ¿No habrá sabido buscar la noticia? ¿No habrá sabido darle el enfoco? No. Simplemente no hay nada nuevo que contar. Las historias están en otra parte. Y Esquire y Vanity Fair tienen buenos ejemplos:

Blood Oil
Letter from Timbuktu
The Americans Have Landed

¿Para cuándo algo así en la prensa española?

Sobre el caso Couso: No es eso

Tuesday, May 22nd, 2007

Hace tiempo dije en este blog que habría que dedicarle unas líneas al caso Couso. El asunto ha vuelto a ser noticia estos días y creo que es buen momento. Como lo podría haber sido otro.

José CousoComo todo el mundo sabe, el día 8 de abril de 2003 en plena caída de Bagdad el cámara de televisión José Couso se encontraba en el Hotel Palestina. Allí se concentraba buena parte de la prensa extranjera, tal como cualquier seguidor de los medios de comunicación sabía aquellos días. El hotel era un buen observatorio sobre una zona de edificios gubernamentales en la otra orilla del río Tigris que hoy constituyen la Zona Verde. Los combates en las calles de Bagdad se sucedían mientras las tropas estadounidenses avanzaban de oeste a este hacia el corazón de la ciudad. José Couso y el cámara de Reuters Taras Protsyuk filmaban desde sus respectivas habitaciones. La información en Internet no es clara, pero si mi memoria no falla Jon Sistiaga en su libro “Ninguna guerra se parece a otra” contaba que Protsyuk se encontraba justo en el piso superior.

Hotel PalestinaEn plenos combates un carro de combate M-1 Abrams cruzó el río Tigris por un puente en el que el hotel quedaba aproximadamente un kilómetro a la derecha. Las imágenes grabadas por los periodistas del hotel muestran como el carro de combate gira su torreta y apunta con el cañón hacia el hotel. En aquel momento las tropas estadounidenses en la zona estaba bajo fuego de mortero y comunicaciones iraquíes interceptadas revelaban que había un observador realizando correciones de tiro. Transcurrió tiempo con el carro de combate en aquella posición. Al parecer el cañón se mueve siempre siguiendo el visor de tiro. Así que posiblemente el artillero del carro lo que estuviera fuera buscando un blanco en el hotel. ¿Qué vio? A pesar de que la óptica de un visor de tiro de carro de combate tiene el equivalente a un zoom, a esas distancias difícilmente identificaría un trípode con una cámara de televisión como tal. Podría confundirse con un lanzador de misiles anticarro. O simplemente viera el brillo de una óptica reflejando el sol. El tiempo transcurrido posiblemente se deba a que la tripulación del carro pidió autorización para disparar ante la duda. El hecho es que lo hizo. Protsyuk y Couso murieron.

Hasta aquí los hechos. Lo que siguió fue una campaña para convertir lo sucedido en un “crimen de guerra”. La muerte de José Couso se convirtió en un “asesinato” y nos cuentan que fue un intento deliberado de de acallar las voces de los periodistas no acreditados por las fuerzas armadas estadounidenses. No me entretendré en desgranar los argumentos que mezclan la conspiranoia con los prejuicios más típicos, rancios y aburridos contra EE.UU. Son una sarta de tonterías, producto del desconocimiento sobre la naturaleza de las guerras y sus leyes.

Sé que mi opinión no es simpática. Respeto el derecho legítimo a sentir dolor por la pérdida de alguien. Pero sé que el dolor y la angustia lleva a algunos buscar una siniestra racionalidad a los hechos, tratando de encontrar culpables donde no los hay. Lo he visto con el 11-M, con algunos familiares de víctimas a los que unos sinvergüenzas los han angustiado con la idea de que hay unos verdaderos culpables que andan libres por la calle (o la Moncloa). La cuestión es que alguien lo tenía que decir. Aunque no guste.

El día que el periodismo murió

Wednesday, February 14th, 2007

Arcadi Espada pilla en falta a los periodicos El País y a El Mundo. Se les ve el plumero, diríamos tomando el nombre del blog de José Antonio Martínez Soler. A ese abismo Íñigo Sáenz de Ugarte lo llama Universos Paralelos. Ignacio (antes “Nacho”) Escolar sentencia: El Mundo miente.

El mayor atentado terrorista de la historia de España y la única manera de enterarte sobre qué pasa con el proceso judicial es confiar en los bloggers y frikis. Hasta El País copia y pega de ellos.

United Pijas of Lebanon

Wednesday, February 14th, 2007

El certamen World Press Photo suele tener por foto ganadora alguna que muestra seres humanos sufriendo o en medio de una tragedia. En 2004 la foto ganadora mostraba el tsunami del Sudeste Asiático. La ganadora del 2005 la hambruna en Níger. La ganadora del 2006 es la siguiente:

World Press Photo 2006

Íñigo Sáenz de Ugarte y Juan Varela hacen los oportunos comentarios. Yo al ver la foto lo que he hecho ha sido recordar la polémica más surrealista y descacharrante que este blog ha mantenido con los neococos de la blogosfera hispánica.

LíbanoHace exactamente dos años, el 14 de febrero de 2005, moría asesinado el primer ministro libanés Rafik Hariri . Una fuerte movilización social concluyó con la retirada de las tropas sirias del país. Pareció que los semanarios de actualidad política se pusieron de acuerdo en mostrar a exultantes jovencitas libanesas de buen ver en sus portadas. No fui el único al que llamó la atención el asunto. La blogosfera se llenó de fotos de manifestantes libanesas. Alguno apuntó que no había que perder de vista que se trataban de pijas maronitas. Los prosirios replicaron con grandes movilizaciones en la calle. Pero eso es ya otra historia. Elucubré que los reporteros gráficos destacados en la zona, hartos tras años de trabajo cubriendo guerras, atentados y violencia política en general, le habían dado gusto al cuerpo (de sus cámaras) fotografiando chicas estupendas.

Un neococo estadounidense parió la “teoría de las tías buenas en política”. Según él los movimientos sociales de vanguardia se podían distinguir porque a él se unían las “tías buenas”. Tomaba la “Revolución Naranja” de Ucrania y contrastaba las atractivas estudiantes de la oposición con los rudos mineros que apoyaban al gobierno. También comparaba fotos de hippies decrépitas tomadas en manifestaciones contra la invasión de Iraq con las de periodistas y comentaristas de la cadena FOX, versiones estadounidenses de Ana Obregón con el cerebro de Jiménez Losantos. La ocurrencia fue aplaudida en la blogosfera hispana por los neococos patrios. Alguno apuntó: ¿Acaso las tías más buenas y pijas no suelen ser del PP? ¿No son las chicas de derechas siempre tan elegantes?. Nada que ver con esas progres tan zarrapastrosas.

El asunto era en sí una chorrada. Pero yo decidí llevarlo al lado contrario. Al de la belleza masculina. ¿Entendieron la broma? Noooooo… Lean los comentarios. No tienen desperdicio. Al menos de esto saqué algo positivo: Cada dos por tres recibo visitas a mi blog de personas que busca “tíos buenos” en la Red. Menudo chasco. No hay foto mía. :D

Espertos nasíos pa’ matá

Wednesday, February 22nd, 2006

Tengo que confesarlo. Me gotea el colmillo y me relamo cuando me encuentro con una noticia sobre algún asunto militar en el que el periodista demuestra no tener la más mínima idea de lo que está hablando. No sé por qué los periodistas que tratan estos temas suelen adornar las noticias con comentarios o detalles supuestamente técnicos propios de un experto que sólo reflejan su ridícula ignorancia.

Hoy me asusté con una siguiente noticia publicada en Glocalia, un portal de noticias del que jamás había oído hablar (¿quién empezó la moda de llamar a las empresas algo-alia?). Llegué a ella por un colega de uno de los muchos foros de temas que leo a diario. El titular dice: España comprará 2.600 misiles tierra-tierra a Israel. La noticia como ellos mismos cuentan está tomada de El Mundo, que la habría “revelado”el pasado lunes (revelar: Descubrir o manifestar lo ignorado o secreto) . Así que agárrense a sus asientos, que estamos ante una nueva trama ultrasecreta. Como la historia de la fragata.

La noticia habla de “misiles tierra-tierra”, una denominación que incluye toda clase de misiles. Hasta aquí, todo bien. ¿Pero qué clase de misiles? La foto y su pie nos lo aclaran todo:


misil iraní


Imagen de archivo de un desfile militar en Teherán donde aparece un misil tierra-tierra como los que España ha comprado a Israel.

Eso que sale en la foto parece un misil Scud B o Scud C, un arma de diseño soviético en los tiempos de la Guerra Fría y con varios cientos de kilómetros de alcance. ¿Y España los va a comprar a Israel? ¿E Israel los ha vendido a Irán? ¡La leche! ¡La rehostia! Esto es el Watergate, el Irán-Contra y la estafa de los SMS en la final de Operación Triunfo todo junto. La mayor exclusiva del mundo mundial. ¡Israel ha vendido misiles de largo alcance a Irán!. ¿ Bush que opinará de todo esto? Más aún, menudo salto da España comprando misiles capaces de soltar un pepino explosivo en Rabat asín, sin despeinarse. Bono nos prepara para la IV Guerra Mundial a la chita callando. ¡Menudo bombazo!

Aunque hay algo extraño. Al fin y al cabo, es una información que sólo la recoge un portal de noticias del que oigo hablar por primera vez. En el cuerpo de la noticia el susto se desvance. Encontramos que se trata de la compra del misil anticarro Spike, con un alcance de 4 kilómetros y con la gran peculiaridad de que “puede ser controlado durante su trayecto” (acudo de nuevo al diccionario de la RAE. Misil: Proyectil autopropulsado, guiado electrónicamente). Nada que ver con el misil de la foto. Un Scud se parece a un Spike lo que un huevo a una castaña. Menudo fiera de periodista el que le puso el pie a la foto.

La gracia es que de la terna de candidatos para elegir el futuro misil anticarro ligero del Ejército de Tierra e Infantería de Marina estaba el misil israelí Spike es algo que ya se sabía, sin que El Mundo o quien fuera lo desvelara. Que el candidato con más posibilidades de ser elegido era el Spike también se sabía. Entre otras cosas porque no se comprarán directamente a Israel, si no a un consorcio, Eurospike que habría propuesto subcontratar la fabricación del pedido a la empresa española Santa Bárbara.

Sé que es una tontería y una anécdota trivial. Pero siempre me queda la gran pregunta, ¿cómo es posible que se publiquen tantas barbaridades? Si de los temas que entiendo encuentro tantos errores, ¿cuántas barbaridades de temas que no entiendo me estarán colando? Gripe aviar, el Estatut, las caricaturas de Mahoma. ¿Cuántas barbaridades soltarán los medios de comunicación sin que nos enteremos? Sólo así entiende uno ciertas cosas.

Actualización 23/02/2006: En Globalia.com han rectificado y cambiado la foto original que aquí reproduzco. Aquí una captura de la pantalla tal como lucía ayer.

Te recuerdo Ricardo Ortega

Monday, March 7th, 2005

Esta mañana desayuné viendo la sonrisita boba de una compañera de la cadena para la que trabajabas mientras hablaba de tu muerte. Ni una sola mención a ti como periodista o como persona. Sólo era una excusa para anunciar una nueva emisión de aquel reportaje donde “indagaban” las circunstancias de tu muerte, dejando caer la sospecha de que fue una bala estadounidense la que te mató. Otra vez los mismas puta imágenes, segundos antes de tu muerte.

Y no, no me da la gana. Hijos de la gran puta. Mercachifleando con la muerte de alguien a quien dejásteis tirado. Ni una sola mención a su trabajo, a a su vida. ¿Cómo no olvidar aquellas crónicas en la primera guerra de Chechenia? Eran viscerales, muy personales. Pero contigo las cosas estaban claras. No había que leer entre líneas. No había que imaginarse lo que dejabas de contar. Luego supe que ni siquiera ibas para periodista. Fuiste a Rusia a estudiar física. Empezaste a mandar crónicas. Y te pilló Chechenia. Mandaste crónicas que ni soñando harán jamás en su puta vida todas esas vedettes televisivas. Recuerdo aquellos chechenos, en la primera guerra, caminando al fondo del plano, y mirando a la cámara haciendo la señal de la victoria con los dedos y diciendo “No pasarán”. ¿Les pediste que lo dijeran? ¿O era algo que salía en los libros de texto en tiempos soviéticos? O aquella frase cerrando una crónica en la segunda guerra de Chechenia: “En el subsuelo, el petróleo, y en la superficie la sangre derramada de los inocentes”.

Te recuerdo volando en un Mi-8 rumbo al valle del Panshir, para visitar a Sha Massud. Antes del 11-S. Luego te mandaron a EE.UU. Y fue divertido verte hacer la crónica de la entrega de los Óscar. Hablabas de los trapiches de las grandes productoras intentado “colocar” sus películas entre los miembros de la Academia que votaban los premios con la mismo pasión con la que antes habías hablado de los intereses geoestratégicos en el Cáucaso.

Así que no me da la gana que el tiempo borre todo aquello que hiciste, y que tu muerte sea carne de share.

“Salgo para Haití” por Rafael Poch.
Ricardo Ortega, el periodista español muerto ayer en Haití, había sido cesado en octubre como corresponsal en Nueva York de “Antena 3”, “por una presión expresa de La Moncloa”. Esas fueron las palabras de Ricardo en uno de los últimos intercambios de correo que mantuvimos. No fue una frase suelta, era un texto largo, con todo lujo de detalles y lleno de reflexiones amargas.

Gracias a los periodistas muertos, el público puede irse enterando de lo que es en realidad ésta profesión, en nuestra democrática y transparente sociedad. Un mundo de censura, autocensura, clientelismo y precariedad laboral. Un medio ambiente mediocre y corrupto, como el de la época de Brezhnev en la URSS. Un universo en el que ascienden los disciplinados y conformistas, con poco margen para el espíritu crítico que surge de la honestidad y de la elemental sensibilidad ante la injusticia.

Las crónicas de Ricardo durante la guerra de Irak no habían gustado. Desentonaban con el infame alineamiento del gobierno del PP. Ya le habían llamado la atención en varias ocasiones. En mensajes anteriores me adelantó, que la cosa acabaría estallando. Pero con Ricardo no era fácil. Era listo, inteligente. Sabía cómo maniobrar, practicar el posibilismo, torear a los mediocres censores. Así, lograba seguir diciendo cosas, incluso en una cadena de televisión de la España actual.

“Lo que siempre me temí, ya ha llegado”, me anunciaba en octubre. No tenía vuelta atrás, porque el cese venía “por una presión expresa de La Moncloa”, decía. Pedía consejo. ¿Qué hacer?

Con la alegría de quien no se está jugando su propio puesto de trabajo, le propuse el recetario de Don Quijote; poner en evidencia a los censores con escándalo. Lo más importante es no hacerles el juego, llamar a las cosas por su nombre. Llevar la honestidad hasta sus últimos extremos. Será un glorioso desastre para tu carrera, porque te sentirás orgulloso ante tu consciencia.

“Pidió una excedencia”, leo en las notas que se publican sobre su trayectoria. Aparentemente, todo muy limpio. No fue así. Ricardo calculó friamente sus posibilidades. Le interesaba más no romper con “Antena 3”. Con algunos de sus jefes mantenía una excelente relación personal. Se trataba de intentar seguir vendiendo reportajes a esa y otras cadenas en calidad de autónomo… En nuestra correspondencia, Ricardo me pidió absoluta discrección. Ahora ya no hay secreto que valga. No habría citado todo esto, si no fuera por las inexactitudes que rodean su necrológica. ¿Es posible disimular, sin traicionar mi propio y grandilocuente consejo?

Lo más dificil es hablar friamente de Ricardo como periodista y persona. Ha sido de lo mejor. Dos anécdotas chechenas. Buscando un lugar para grabar una entradilla en los alrededores de Grozny, con su cámara (Kique o Manolo). Deciden subirse a la terraza de una casa destruida, a unos cien metros del lugar en el que se encuentran. Comienzan a caminar, y, en ese momento, cae un proyectil de artillería que destruye lo que quedaba de la casa y su terraza. Cuestión de pocos minutos. Otra, en los alrededores de Argún, en compañía de guerrilleros en campo abierto. Son detectados por un helicóptero ruso que comienza a ametrallarles. El único accidente del terreno es un riachuelo. Ricardo se mete en él junto con su cámara. El agua helada les llega a la rodilla y están solos. No hay follaje, son un blanco claro y fácil. El helicóptero, que distingue perfectamente la cámara, maniobra para enfilar de frente la vaguada. Ahora ya no hay cobertura ni error posible. En el momento en que va a empezar a disparar, el helicóptero es derribado por un guerrillero… con un lanzagranadas. Una especie de milagro. “!Allah Akhbar!”.

Ricardo fue el mejor en Chechenia. Todos vivíamos de él, de sus contactos y relaciones. Conocía a todos los comandantes. Era una persona que inspiraba confianza a aquellos fieros personajes, mitad héroes, mitad hidalgos, mitad bandidos. Era un tipo valiente. Estaba acostumbrado a jugarse la vida por informar.

En Afganistán fue el primero en llegar a Talukán, cuando esa capital de provincia fue recuperada por el ejército del fallecido Masud. Ricardo accedió a la ciudad atravesando campos de minas, muy a su pesar. “Cuando me di cuenta, era más peligroso retroceder que continuar”. Siempre me salía el mismo comentario: “pero, Ricardo, ¿tú crees que vale la pena tanto riesgo y sacrificio por una televisión tan mediocre?”. No era un “guerritas”, ni un inconsciente ávido de gloria periodística. Era el oficio.

Diecinueve meses antes habíamos entrevistado a Masud cerca de Talukán, en la visita más peligrosa a Afganistán que recuerdo. El 11 de septiembre de 2001, dos horas antes del atentado contra las torres gemelas, Ricardo, que para entonces ya trabajaba en Manhattan, me telefoneó a Moscú. Dos días antes habían matado a Masud en un atentado suicida muy poco afgano y Ricardo estaba ”mosca”, me dijo. Otra de sus grandes cualidades periodísticas era la intuición. “¿Se estará preparando algo en Afganistán?”, se preguntaba. La respuesta la obtuvo aquel mismo día en Nueva York, junto a su oficina.

Ricardo Ortega había buscado contactos con la red de Ben Laden en Florida antes del 11-S. En Nueva York hay bastantes taxistas afganos y todo había empezado con una carrera casual por Manhattan con uno de aquellos taxistas, con quien había entablado conversación en ruso sobre Afganistán. El taxista le dio alguna pista y le dejó su teléfono. Ricardo hizo varias llamadas a aquel teléfono antes del 11-S. Luego se enteró de que su nombre figuraba en las listas de sospechosos del FBI, que había indagado sobre su persona ante el CESID a causa de aquellas llamadas.

Todo esto me lo explicó en el contexto de una conversación mucho más interesante, general y profunda sobre Estados Unidos, país con el que, naturalmente, estaba fascinado. Una fascinación inteligente, desde el cinismo y escepticismo resultado de nuestra común experiencia moscovita. Nada que ver con las bobadas del “sueño americano” y todo eso.

Ricardo se dio cuenta enseguida de que la política americana -lo que se cuece realmente en los pasillos del poder- es algo tremendamente opaco y secreto, sin apenas nada que ver con lo que ventila la “prensa más libre del mundo”. Contra lo que se piensa, los americanos están pésimamente informados sobre su política y sobre el mundo en general. Sus medios de información consumen fundamentalmente el pienso que les ofrece la política informativa de su gobierno, incluidas filtraciones confidenciales o accidentales, que sirven para dirigir la atención hacia las convenientes falsedades. Recordemos los cuentos anteriores; el “expansionismo soviético”, la “amenaza china en Asia”, el “efecto dominó” y sus fantasías en las portadas de “Time”, “Newsweek” y los demás; el inexistente “incidente del Golfo de Tonkin”, que sirvió para iniciar la guerra de Vietnam. Todo eso ayuda a situar hoy la “guerra contra el terrorismo”, la “amenaza de Corea del Norte”, las “armas de destrucción masiva de Saddam”, etc, etc. Gracias a esos medios, los ciudadanos de ese país creen, en serio, que Saddam representaba una amenaza de destrucción masiva para Estados Unidos, no para Kuwait, ni para Israel, o Irán, para Estados Unidos, y que estaba vinculado a redes terroristas.

“Al lado de esto, lo del Kremlin es un cuento de niños”, me dijo Ricardo. Efectivamente, en Moscú, podíamos seguir las líneas maestras de la política rusa a grandes rasgos. Políticos y analistas con información de primera mano eran accesibles. “Nada de eso ocurre aquí, este es un mundo hermético, sin apenas fisuras”. Entrevistar a un polítologo retrógrado de tercera categoría, o a un ayudante de senador, es complicadísimo en Washington para un medio español. Intuitivamente, Ricardo se acercaba así a conclusiónes parecidas a las del Profesor disidente, Noam Chomsky, una de las mentes más sanas y preclaras de ese gran país, que está llamando la atención hacia la conversión de Estados Unidos en una especie de estado totalitario, con intelectuales y medios de comunicación bien pagados de vocación orwelliana. Nosotros, en España, seguimos esa estela.

Otra consideración interesante sobre Ricardo Ortega es cómo llegó al periodismo. Su trayectoria demuestra que un buen periodista surge de lo más insospechado. Ricardo había estudiado físicas en Moscú y comenzó trabajando como intérprete en la delegación de la agencia Efe. De ahí pasó a hacer algunas fotos y a redactar algunos despachos, hasta que Lourdes García, que entonces llevaba la corresponsalía de “Antena 3” en Moscú, se quedó embarazada de nuestra segunda hija. Como periodista, Ricardo fue resultado de mi hija Elisa, una gloriosa carambola. La mejor consecuencia. Un lujo.

La tendencia a elogiar al querido compañero muerto puede parecer irresistible. No lo es al escribir estas líneas tan tristes. La profesión periodística es dura, individualista y competitiva. No suele expresar nuestras mejores cualidades. En ocho años de contacto con Ricardo, no recuerdo un sólo episodio mediocre. Mucha generosidad, nobleza de carácter, muchas risas y mucho ingenio. Sus padres, pueden sentirse orgullosos.

Los menos valientes nos sentíamos arropados con Ricardo. Viajar con él hacia la aventura, era una cierta garantía de seguridad. Era un tipo carismático, que inspiraba confianza y seguridad. Lo que le ha ocurrido en Puerto Principe ha sido mala suerte. Sin haber estado allá, se cómo fue su muerte. Conociéndole no tengo ninguna duda acerca de sus últimos momentos antes de ser herido: midió la situación, tomó la mejor decisión posible en aquel instante y a continuación le alcanzaron las balas. Es como cuando un buen conductor tiene un accidente de tráfico. Mala suerte.

Su último mensaje me anunciaba, la semana pasada, su próxima visita a Taiwán con motivo de las elecciones. “Me ha tocado un viaje gratis para cubrir las elecciones en una rifa de la ONU”, decía. Un viaje organizado y financiado por la “diplomacia de los dólares” de Taipei, ahora que se había quedado sin el sueldo de “Antena 3”. Y la última línea, “Salgo para Haití”

Ay, Federico. ¡Qué picarón es!

Sunday, January 16th, 2005

Daniel Rodríguez Herrera publicó hace poco en liberalismo.org una entrevista con el inefable Federico Jiménez Losantos hecha en el 2002. La entrevista es bastante interesante, explica en ella lo que entiende por “liberalismo” y defienda en ella la ¡escuela pública! como mecanismo para proporcionar igualdad de oportunidade, así que comentaré cosas de ella más adelante. Pero me ha llamado la atención sus recuerdos de su etapa de profesor de enseñanza secundaria:

Yo era profesor de literatura aquí en el Lope de Vega de Madrid, que era un instituto femenino entonces. Todas las mañanas entraban entonces 3.200 chicas de entre 14 y 18 años. Un espectáculo extraordinario. Sólo por eso valía la pena dar clase allí.

Pobre. ¡Cómo iba a saber él que eran menores de edad! Si es que la culpa la tienen los padres que las visten como putas.