No sé cuántos sabrán de qué hablo si nombro a Executive Outcomes, Sandline International o MPRI. Paso tanto tiempo escribiendo sobre asuntos concretos que doy por sabidas cuestiones generales de la transformación de los conflictos armados de las que hay una abundante bibliografía en inglés no traducida al español. Quizás explique mejor mis teorías sobre las Guerras Posmodernas no dando algunos asuntos por sabidos. Al menos son cosas entretenidas de contar.
La historia de hoy arranca en Sudáfrica, al final de la Guerra Fría. Uno de los aspectos obviados sobre la lucha contra el apartheid es que el partido de Nelson Mandela, el Congreso Nacional Africano, al ser ilegalizado en 1960, formó junto con el Partido Comunista Sudafricano una organización armada. La Umkhonto we Sizwe (”Lanza de la Nación”) lanzó ataques guerrilleros desde países limítrofes y perpetró atentados terroristas. El régimen racista de Pretoria creó a su vez todo un entremado de unidades paramilitares y de servicios secretos para realizar acciones de guerra sucia contra la oposición al régimen. Además para sortear el embargo internacional contra Sudáfrica se crearon compañías tapaderas para la importación de tecnología militar.
Cuando en la Sudáfrica multirracial el CNA llegó al gobierno para una parte de las fuerzas armadas sudafricanas significó ver que el enemigo dirigía el país. El fin de los conflictos de Angola y Namibia por un lado y el desmantelamiento del aparato represor supuso la desmovilización de parte de las fuerzas militares y paramilitares sudafricanos.
Desencantados con el rumbo del país y en paro un grupo de militares sudafricanos terminaron emigrando. Eran expertos en la lucha en el chaparral del África sudoccidental, en la guerra contra insurgencia y estaban acostumbrados a moverse en el mundo de las empresas tapaderas. Crearon una compañía de seguridad llamada Executive Outcomes, que en un principio se dedicó a investigar el robo de diamantes dentro de la empresa De Beers (los de “un diamante es para siempre” ). Pero el giro de la historia es irónico. Executive Outcomes terminaron contratados por el gobierno angoleño, al que habían combatido durante años, para proteger campos petrolíferos de los ataques de la guerrilla de UNITA, antiguo aliado sudafricano. EO aprovechó la liquidación de stocks en la Europa ex-comunista para dotarse de armamento relativamente avanzado y de personal sudafricano desmovilizado para contar con personal cualificado. Montó empresas paralelas de servicios logísticos que incluían una línea aérea propia (Ibis Air). Y cuando el gobierno angoleño no pudo hacer frente al pago de los servicios de EO lo hizo otorgando derechos de explotación de campos petrolíferos y minas de diamantes.
El éxito de Executives Outcomes en Angola llevó a la empresa a Sierra Leona, escenario de una de las guerras civiles más brutales de la Posguerra Fría. El país vivió un momentáneo período de estabilidad y paz cuando los mercenarios sudafricanos derrotaron a las fuerzas del Frente Revolucionario Unido. El RUF, por sus siglas en inglés, se hizo famoso por mutilar los brazos de sus víctimas a machetazos con el propósito de provocar un éxodo masivo de los habitantes de las regiones mineras.
La intervención de Executive Outcomes atrajo atención sobre el asunto de los mercenarios en África, que había sido tema de debate de Naciones Unidas en los años sesenta y setenta. El gobierno sudafricano se sentía incómodo con el papel de EO en los conflictos africanos y se promulgó una ley especial contra las compañías mercenarias. Para colmo al contrario que en Angola el bando gubernamental era extremadamente débil internamente. Hubo un golpe de estado y EO, con deudas millonarias por el impago de su contrato desapareció de la luz pública.
Antiguos miembros de EO aparecieron más tarde en Sandline International, una empresa fundada por Tim Spicer. Antiguo teniente coronel del ejército británico, Spicer trató de imitar el modelo de negocio de EO: Ofrecerse a gobiernos de países con recursos naturales valiosos pero con un ejército débil enfrentadas a una insurgencia armada. Sandline International se vio en mil líos en Sierra Leona y Papúa Nueva Guinea, que darían para largo. Algunos dicen que por las maneras chapuceras de Spicer. Investigadas las actividades de la empresa por la prensa británica Tom Spicer lanzó la pelota al tejado del gobierno británico diciendo que actúaba con su aprobación.
Sandline International siguió el camino de Executive Outcomes. Hubo de cesar sus actividades. Pero ambas habían iniciado una nueva era de empresas mercenarias adaptadas a la era de la globalización y las nuevas guerras: Página web con comunicados de prensa, armamento relativamente avanzado para las guerras en que se ven envueltas, tecnologías como comunicaciones por satélite, etc. En ese lavado de cara, lejos de los tiempos de Bod Denard y “Mad”Mike Hoare, se hacen llamar Compañías Privadas Militares (PMC en inglés). Con algunas excepciones, como el caso del intento de golpe de estado en Guinea Ecuatorial, lejos de trabajar de forma clandestina han adquirido un perfil más público. Sus actividades ahora se presentan dentro del sector de la seguridad privada. Spicer, por ejemplo, parece estar ahora relacionado con el Trident Group que entre sus servicios a navieras ofrece protección frente ataques piratas (de las que tendré que hablar otro día).
Pero el salto definitivo de las PMC ha sido el conflicto de Iraq. Frente a los ataques de las filas panárabes de yihadistas una constelación de empresas de seguridad que emplean a ex-miembros del SAS británico o gurjas nepalíes. En la era de la externalización de servicios, el Cuerpo de Ingenerios del U.S. Army trabaja baja la protección de una empresa privada. Pero el mundo de los contratos inflados y otorgados a dedo a amigos lo dejo como materia para otros. Esta semana Blackwater anunciaba orgullosa su inclusión en el “Top 50″ de la revista Fast Company.
Lo dicho. Ahí les va otra pieza más en el puzzle de las Guerras Posmodernas.