“Misrata calling” de Alberto Arce

Me preguntaba Bianka si aparte de los libros del 2012 que recomendé, había otros en formato electrónico. La verdad es que los libros en formato electrónico que compré el año pasado tenían también edición en papel. Así que no hubo esa separación para mí de formatos. El problema que he encontrado es que, al reunir los libros que compro mes a mes para una foto, estoy dejando fuera los que no tengo en papel. Es algo que tendré que solucionar en 2013.

Uno de esos libros que compré en 2012 en formato electrónico y no salió en mis listas mensuales es Misrata Calling de Alberto Arce. Lo compré a finales de diciembre y lo leí de dos tirones. Se trata de uno de esos libros de guerra como a mí me gustan. Descarnados, honestos e intensos. El autor se plantó en la ciudad libia de Misrata en plena guerra civil con el dinero de una indemnización por despido cuando desde los medios españoles le habían dicho que la guerra ya no tenía interés.

Alberto Arce llegó a Misrata con Ricardo García Vilanova. Y adivinen. Su documental “Misrata, victoria o muerte” ganó el premio Rory Peck, el “Pulitzer de los freelance“. Lo que llevó a la editorial que sacó el libro de Arce a hacer la siguiente dedicatoria: “A todos los jefes de medios españoles que ignoraron y humillaron con propuestas de trabajar gratis a Alberto Arce y Ricardo García Vilanova: joderos.”

Misrata Calling cuenta la guerra tal cual. Alberto Arce cuenta todo eso que no sale en las crónicas y parece que lo hace sin autocensura. Nos cuenta sus momentos de miedo, su empatía con los jóvenes rebeldes que desborda la neutralidad profesional y también su indiferencia, desprecio o desconfianza que siente hacia personas con las que se cruza. No cae en los lugares comunes y no esconde cómo llega a disfrutar por momentos del intenso espectáculo de la guerra. Por eso su discurso resulta creíble y honesto. No pretende ser un ángel o un mesías, aunque sepa que “el bando débil depende de su imagen, de la prensa, de la representación de que ellos se haga ante quienes vayan a nutrirles de armas y fondos, de muerte y opciones de supervivencia”.

Hay dos cosas que me parece merece la pena destacar de las viviencias de Alberto Arce. La primera es la perplejidad que encuentra en los jóvenes que han dejado su vida en Europa para defender su ciudad y hablan de la guerra en términos religiosos. Su guerra es una yihad y el grito de Al·lahu-àkbar es omniprescente en el frente. Pero no entienden que nada de eso tenga que ver con Al Qaeda, el odio a Occidente y la forma política que haya de adoptar el país cuando acabe la guerra. La yihad es un asunto íntimo y personal que tiene que ver con la decencia moral y el defender a la familia.

El segundo asunto es, imagínense cómo me gotea el colmillo, la indignación de Alberto Arce ante el discurso a favor del régimen de Gadafi de parte de la izquierda europea. Él, que estaba allí con los rebeldes en primera línea, recibió insultos y ataques personales por “parte de decenas de personas que se llaman izquierdistas, solidarios, internacionalistas y antiimperialistas [...] siempre desde la comodidad de sus casas”.

La legión de monstruitos que desde Europa les hacen eco en nombre de la izquierda más prostituida, doctrinaria y sepulturera empuja las balas que matan a los rebeldes de esta azotea. [...] Lo que para ellos son mercenarios de la OTAN e integristas islámicos no eran más que una panda de adolescentes en chándal, sin balas ni entrenamiento.

Alguien algún día tendrá que hacer un tratado psiquiátrico sobre la izquierda europea y los dictadores tercermundistas de toda condición. Así que de Siria, hablamos otro día.

“Siria. Guerras, clanes, Lawrence”

Algón Editores de Granada ha repetido la fórmula de Tribus, armas y petróleo, publicado en 2011, con Siria. Guerra, clanes, Lawrence publicado el pasado noviembre de 2012 y en el que repite el trío original de autores: Jesús Gil Fuensanta, Alejandro Lorca y Ariel José James. Esta vez el prólogo corre a cargo de Rafael Estrella. Como en el libro anterior, que versaba principalmente sobre la guerra civil libia, se trata de una empresa arriesgada porque la crisis de la que habla no ha terminado. Algunas de las claves e ideas que apuntan los autores sólo se revelarán acertadas hasta que se pueda hacer balance histórico. Supongo que primaron los criterios editoriales de sacar a toda prisa un libro sobre un asunto de máxima actualidad. Sin embargo, en esta ocasión me temo que el resultado refleja demasiado esas prisas y la falta de un hilo narrativo coherente por la autoría a tres manos.

Si en Tribus, armas y petróleo encontré claves interesantes para entender un país y un régimen del que no conocía bibliografía alguna en español, aquí la sensación que me ha quedado es que el libro arroja pocas claves sobre el conflicto sirio. La presencia de “Lawrence” en el título, en alusión a T.E. Lawerence, me hizo pensar que los autores se detendrían en explicar las intrigas diplomáticas entre Francia y Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial que llevaron a la partición del Imperio Otomano a su término y el nacimiento de Siria bajo mandato francés. Es un asunto del que James Barr escribió de forma exhaustiva en Setting the Desert on Fire: T.E. Lawrence and Britain’s Secret War in Arabia, 1916-18. y en el que profundizó en A Line in the Sand: Britain, France and the Struggle That Shaped the Middle East. Pero Lawerence aparece y desaparece en el relato, sin que se explique mucho de la historia de Siria durante el siglo XX. Me temo que las referencias al personaje son un fallido intento de “referencia culta”. En la página 92 se menciona Los Siete Pilares de la Sabiduría como “una especie de cuardeno de reseñas de viaje” y se da a entender que Lawrence lo escribió en Siria antes de la Primera Guerra Mundial, durante sus expediciones arqueológicas. Sobra decir que se trata de sus memorias de guerra, basadas en sus diarios y cuya primera versión empezó a escribir en París en 1919.

Tampoco encontré una explicación detallada del mapa étnico y religioso de Siria. Y eso que es un elemento clave en la actual guerra civil. Los autores dedican espacio a hablar de los orígenes del Islam, su papel vertebrador como civilización, el papel histórico de Mahoma y la divisoria sunní-chiita. Pero hubiera sido más interesante, creo, que hubieran dedicado espacio a explicar la fragmentación étnico-religiosa del país y en qué consiste, por ejemplo, el alawismo, al que pertenece la familia Assad.

El libro abre líneas en muchas direcciones: Auge de los países BRICS, Israel, el conflicto nuclear con Irán, etc. La falta de profundización produce una sensación confusa, como si los capítulos se hubieran elaborado uniendo textos diversos. Encontramos así un capítulo huérfano sobre la emigración que ocupa página y media.

Una de las líneas temáticas que aborda el libro es la Geopolítica. Se menciona, cómo no, a Halford Mackinder, que aquí aparece en todas las veces que se le menciona (5 he contado, incluyendo un título de capítulo) como “Mckinder”. Una errata así es sólo producto de falta de familiaridad con el autor, como demuestra el erróneo manejo del concepto “heartland”, que encima aparece traducido como “tierra madre”, en lo que tiene que ser una confusión con el término inglés “motherland”. Otra vez me quedo con la sensación de que los autores han citado a un personaje relevante y su obra sin haberla leído.

Hay que reconocer que en el libro sí aparecen asuntos claves, como la creciente urbanización y los problemas hídricos en Siria (asunto del que hablaré pronto), que no cuesta imaginar como causa de fondo del descontento popular. Pero tampoco se profundiza debidamente. Me quedo así con la sensación de que el libro sobre el contexto de la actual crisis siria quedó por escribir. Un libro que hubiera explicado el nacimiento del moderno estado-nación sirio tras la partición del Imperio Otomano y el mando francés, la composición étnico-religiosa del país y la naturaleza del régimen de la familia Assad. Luego hubiera puesto las revueltas en Siria en el contexto de la Primavera Árabe pero explicando los problemas particulares de Siria. Hubiera bastado para rematar un repaso a las posturas de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, Turquía e Israel sobre la guerra civil y dejar un final abierto en el que se especulara sobre los cambios en Oriente Medio en caso de colapsar el régimen. ¿Alguien ahí fuera se anima a hacerlo?

An Empire Wilderness de Robert D. Kaplan

empire.wilderness Robert D. Kaplan ocupa un lugar especial en mi biblioteca. Debe ser el autor del que más libros tengo ahora mismo en mis estanterías. An Empire Wilderness es su libro más inusual. Viajar por su propio país, los Estados Unidos, con la misma mirada con la que ha escrito libros sobre los países ribereños del Océano Índico o África Occidental. Su propósito es discernir el futuro de los Estados Unidos recorriendo en coche y haciendo entrevistas en un periplo por el Medio Oeste, el Oeste y los estados del Pacífico. Lo que encuentra es un país cada vez más polarizado entre una clase media/alta conectada a la globalización y otra clase baja sin futuro con trabajos poco cualificados que viven en mundos apartes. La fragmentación social no sólo es una cuestión económica, sino espacial. Unos viven en urbanizaciones valladas y con seguridad privada. Otros en barrios violentos, sucios y feos. Kaplan vislumbra el futuro del país como una réplica del paisaje de Los Angeles, donde no hay un centro, sino una sucesión de áreas urbanas que convierten al coche en imprescindible para ir a cualquier parte.

Lo que preocupa a Kaplan es si Estados Unidos como nación tiene futuro. Y lo que se encuentra es que la política “nacional” interesa cada vez menos y las preocupaciones fundamentales de la gente son de tipo local. Washington D.C. se ve como un poder lejano e intrusivo. Pero el debate no es sólo “Washington D.C. se lleva nuestro dinero con impuestos”, sino incluso los gobiernos estatales se ven como un poder ajeno. Las verdaderas preocupaciones son las cuestiones del municipio, el condado o la región. El patriotismo que asociamos con Estados Unidos sólo lo encuentra en militares y los trabajadores de una fábrica de bombas atómicas. En el largo plazo, Kaplan sólo le ve futuro a Estados Unidos como una confederación al estilo suizo.

Otro asunto que interesa a Kaplan son las fronteras. La creciente población hispana en California, Arizona y Nuevo México le lleva a vaticinar la disolución de la frontera sur de Estados Unidos en el largo plazo. Mientras que por otra parte, los estados de Washington y Oregón se ven cada vez más conectados con la Columbia Británica, una región que se siente a su vez desconectada de Canadá. La interconexión económica y social ha generado una identidad nacional propia: La República de Cascadia. Kaplan encuentra en el noroeste de Estados Unidos que la frontera se ha diluido. Son comunes los lazos personales a un lado y otro. Las tres regiones comparten una alta conexión con las economías de Asia Pacífico, una importante inmigración asiática, unos ecosistemas similares y unos paisajes urbanos europeos, con sus paseos peatonales, sus biblotecas y cafés.

El libro fue escrito en la segunda mitad de los años 90. No sé qué encontraría Robert D. Kaplan si hiciera un viaje parecido hoy. Pero ayuda a poner en entredicho las predicciones sobre el futuro de Estados Unidos como potencia imperial sin considerar su dinámica interna. A mí, al menos, me ha entrado las ganas de coger la mochila y cruzar Estados Unidos.

Los libros de diciembre

Los libros de diciembre (2012)

Siria. Gueras, clanes, Lawerence de Jesús Gil, Ariel José James y Alejandro Lorca con prólogo de Rafael Estrella. Un análisis de fondo sobre las causas de la guerra civil siria.

The Riots de Gillian Slovo. Un libro que resultó ser diferente de lo que esperaba. Se trata del guión de una obra de teatro sobre los disturbios en Inglaterra en 2011 cuyo texto recoge testimonios reales.

Panorámica de actores y factores en Asia Central de Stelio Stravidis y César de Prado (coord.) Mi último adición a mi recopilación de todo lo publicado sobre Asia Central en España.

Comencé en el año 2012 la costumbre de hacer una lista de los libros que compro mes a mes como una forma de hacerme consciente de mi tendencia a acumular libros sobre los temas que pienso abordar cuando termine con lo que estoy ocupado y “por si acaso”. Así, mis estanterías están siempre repletas de libros por leer. También procuré escribir reseñas por pequeñas que fueran de los libros que voy leyendo. La medida no ha tenido mucho efecto, como se pudo ver en octubre. Al menos, tengo más presentes las compras y lecturas que hago. Así surgió la lista de mis recomendaciones.

¿Ha reconocido el gobierno que los antidisturbios se sobrepasaron?

Recuerdo leer sobre la importancia que le daba William S. Lind, padre de la teoría de las Guerra de Cuarta Generación, a “desescalar el conflicto”. Usaba situaciones durante la ocupación de Iraq como ejemplo, pero yo pensaba en manifestaciones. Si una organización te monta una sentada en la puerta para que se monte un lío y salir en las noticias, ¿cómo resolver el conflicto de la forma más anodina y más aburrida de tal forma que no sea noticia? 2012 no fue un año en que se resolvieran los incidentes publicos de una forma discreta y aburrida.

Antidisturbios turcos identificados individualmente.

Antidisturbios turcos identificados individualmente.

No hace falta mucho extenderse sobre el comportamiento de los antidisturbios de la policía española en el año 2012. Pero ante la sensación de que las calles se habían convertido en zonas aconstitucionales con el respaldo de las autoridades mirando a otro lado, empezó a salir un goteo de noticias que son a mi entender el reconocimiento implícito de que algo se había hecho mal.

Primero fue la noticia de la creación de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR):

Los miembros de la Unidad de Intervención Policial (UIP), conocidos como “antidisturbios”, serán reforzados en Madrid con 378 agentes de una nueva sección policial denominada Unidad de Prevención y Reacción, que los sustituirá o bien los apoyará en su trabajo.

Que “serán reforzados” implique directamente que sean sustituidos es una de esas formas sutiles de demostrar que se ha perdido la confianzan en ellos. Evidentemente se les asignan nuevas misiones con la excusa de que ante la actual conflictividad social los antidisturbios están saturados de trabajo y necesitan apoyo:

Su implantación aliviará la carga de trabajo de las Unidades de Intervención Policial (UIP) en concentraciones, manifestaciones o espectáculos públicos de menor entidad (deportivos, musicales y taurinos), junto a eventos sociales o concentraciones de masas generados por fiestas patronales, religiosas, culturales, mítines o de tipo similar.

Además, se concentrarán en puntos negros de delincuencia, en colaboración y coordinación con comisarías locales y de distrito, e intervendrán de inmediato en auxilio o defensa de los ciudadanos ante calamidades o catástrofes públicas.

Otra tarea de la nueva unidad será el apoyo a los jueces y tribunales en lanzamientos, es decir, desahucios, además de otras actuaciones judiciales.

Mítines políticos y desahucios son eventos donde los ánimos se pueden encrespar bastante. Así que parece que se ha decidido retirar a la UIP de esas misiones para enviar a otros policías con la excusa de que se les libera de tareas menores para que estén disponibles para las grandes concentraciones públicas.

Antidisturbios en Colombia identificados individualmente

Antidisturbios en Colombia identificados individualmente

Y así, de forma discreta un día sabemos por una respuesta parlamentaria del gobierno a Izquierda Unida que las próximas licitaciones de chalecos protectores para los antdisturbios incluyen la especificación de un especio para incluir el número de identificación del policía.

Mis cinco libros del 2012

Los think tanks y publicaciones relevantes tienen por costumbre publicar en estas fechas una lista con los mejores libros del año. He visto que este año las listas están llenas de libros de economía y sobre la crisis. Como me considero un think tank unipersonal les presento la mía, en la que no hay ni un libro sobre la crisis.

Monzón de Robert D. Kaplam

Monzón de Robert D. Kaplan (Twitter).
Kaplan usa su método del reportaje de viaje donde combina observaciones, entrevistas y una profundización previa en la bibliografía sobre el lugar para explicarnos la rivalidad geostratégica de India y China en el Océano Índico, la fragilidad de Pakistán y la trama de vínculos comerciales tejidas sobre las orillas de un océano que ya fue cruzada por rutas comerciales desde la antigüedad.

El Narco de Ioan Grillo

El Narco de Ioan Grillo (Blog, Twitter):
El libro más extenso, exhaustivo y completo que se pueda leer ahí fuera sobre lo que está pasando en México. Ofrece el contexto histórico, el análisis del negocio y el drama humano, sin que haya una perspectiva que no cubra. Su autor aterrizó como novato en México y ha vivido los años duros de la guerra contra el Narco curtiéndose como periodista.

La Ola Verde de Témoris Grecko

La Ola Verde de Témoris Grecko (Blog, Twitter):
Un periodista mexicano recorriendo Asia se encuentra en Irán con la Revolución Verde. Se trata de un libro empocionante que jamás habría salido del mundo anglosajón con su excelsa tradición periodística. El aspecto físico del autor no le delataba como extranjero y pudo permanecer más tiempo en el país que el resto de periodistas occidentales, fácilmente identificables. Viajero y tromamundos, sospecho que el carácter latino del autor le ayudó a contactar con la gente. Su perspectiva del autor como mexicano del pucherazo electoral cometido en las elecciones presidenciales de 2009 de Irán es novedosa. Y hasta la parte personal, su velado enamoramiento de una iraní inalcanzable, resulta entrañable.

El Sáhara como metarrelato

El Sáhara como metarrelato de José María Lizundia (Twitter).
El autor se atreve con un tema tabú: La construcción romántica del mito nacionalista saharaui y la aportación acrítica de militares, reporteros y cooperantes españoles. Un trabajo original y que estaba pendiente en España por hacer, ahora que se ha puesto de moda desmontar los mitos del nacionalismo de todo cuño. El libro es un ensayo y será rematado por dos libros más que sin duda marcan un hito en la bibliografía en español sobre el Sáhara Occidental.

El retorno de Eurasia 1991-2011

El retorno de Eurasia 1991-2011 de los miembros de Eurasian Hub coordinados por Francisco Veiga y Andrés Mourenza:
Una colección de artículos de diferentes autores en los que hay pequeñas grandes joyas, como la revisión crítica de la geopolítica clásica de Mackinder, el papel de Turquía en Asia Central y el fracaso del yihadismo wahabí en implantarse en el Cáucaso. Un libro singular del que se echan en falta en España más aproximaciones de este estilo a otras regiones. Yo estaría encantado de leer el equivalente dedicado a Asia Pacífico.

Por último me gustaría añadir un libro de finales de 2011 que por su carácter general e introductorio no me cansaré de recomendar: Geoconomía de Eduardo Olier.

Geoconomía

Periodistas buscando su público

Ya conté una vez que, mientras otros adolescentes pasaban sus crisis de la adolescencia de juerga o leyendo a Nietzche, yo me quedé fascinando con los reporteros de guerra. Abandonarlo todo y dejar un bonito cadáver. Más tarde me interesé por las guerras desde el plano académico y constaté que el valor de los reporteros en las guerras se había devaluado. Los grupos revolucionarios y de liberación nacional durante la Guerra Fría querían que alguien contara al mundo su historia. Hoy los señores de la guerra, terroristas y narcotraficantes no quieren testigos incómodos. Así que según qué guerras, la vida de un periodista vale poco. De hecho, todos los años mueren una cantidad enorme en guerras perdidas.

En mi última visita a la Universidad Europea de Madrid les conté a los alumnos de “Cultura digital/empresas culturales” sobre la crisis de los medios de comunicación de masas como instituciones que son de la era industrial. Y puestos a buscar ejemplos de alternativas expuse el caso de dos periodistas. El primero es Michael Yon, veterano de las fuerzas especiales de Estados Unidos y convertido en periodista freelance. Se dedicó a cubrir la guerra de Iraq desde el punto de vista del soldado raso cuando el panorama mediático se dividía en EE.UU. entre los que decían que todo iba bien en Iraq para defender a la administración Bush y los que decían que todo iba mal para atacar a la administración Bush. El suyo no era un periodismo patriotero pero tampoco neutral. Sus lectores hacían contribuciones y compraban su libro para permitirle seguir allí. Empezó a vender crónicas a periódicos que no se podían permitir tener un corresponal. Y así se convirtió en una pequeña celebridad en el mundillo de los aficionados a los temas militares y los interesados en lo que estaba pasando en Iraq.

El otro caso del que les hablé es el de Antonio Pampliega. Lo conocí a través de una carta suya publicada en El País donde contaba cómo se había endeudado para cubrir guerras y países en conflicto, encontrándose el desinterés de la prensa española. Se quejaba del desinterés de los medios por sus crónicas sobre el sufrimiento de gente en lugares perdidos. No cuesta entender cómo eso chocaba con el imperativo informativo de noticias de actualidad. Pampliega no encaja en el arquetipo de reportero apolíneo y escribía sobre los sirios, muertos que a nadie interesa. Las crónicas sobre los muertos y los refugiados son relevantes según de dónde sean.

Alberto Arce contaba en Misrata Calling:

Antes de zarpar, recibo un email del editor de uno de los medios de comunicación más importantes de España: “Tuvimos un equipo en Libia durante semanas y la situación se ha enquistado. Ha perdido interés informativo”. Otro editor, esta vez desde un periódico, me escribe sutilmente en la misma dirección pero traspasando una línea: “Yo tengo mano en la web, pero no me dan presupuesto, solo pagan en el papel. Lo he pasado hacia arriba”. Y arriba se quedó. Sería el último email recibido. A ellos no les interesa. A nosotros, sí. Se llama periodismo pese a la prensa.

Hubo cosas de aquella carta en El País que no me terminó de convencer por su estilo. Y ese énfasis en el “periodismo humanitario” del que me quejaba el otro día me hace preguntar cuál era la historia de sus crónicas. Qué las distinguía y las hacía relevantes. A lo mejor sus crónicas eran brillantes y llenas de interés. No lo sé. A veces hay que saber buscar el relato. Yo les decía a los alumnos de la Universidad Europea de Madrid que se hicieran periodistas especialistas en algo y buscaran su público. Jorge Jiménez reparó en que yo hablaba del mundo de habla hispana y no me limitaba a hablar del mercado español. Internet convierte al mundo entero tu público y más cuando el mayor público de clase media de habla española ya no está en España, sino en Hispanoamérica.

En este tiempo descubrí que Pampliega protagoniza un pequeño documental sobre su caso. Su solución al problema fue vender las crónicas a agencias internacionales. Y va a lanzar un libro sobre Siria como coordinador de los varios autores para el que ha pedido apoyo a los futuros lectores, es decir, crowdfunding. De las 75 aportaciones que pedía ha logrado 272 (la mía fue la 270ª) antes de la fecha límite. Me alegro que encontrara su camino. No pude escoger mejor ejemplo para mi charla.

El hacker contra la universidad zombi de Jorge Jiménez

El registro que llevo de los libros que compro mes a mes ha dejado fuera los libros en formato electrónico. Es algo que voy a tener que solucionar antes de fin de año haciendo un recopilatorio para todo el 2012. El último libro que he terminado de leer es precisamente un libro en formato electrónico y además gratis. Se trata de El hacker contra la universidad zombi: lecciones para gestores, alumnos y profesores en la sociedad informacional de Jorge Jiménez, profesor de la Universidad Europea de Madrid y culpable de que yo haya ido por allí un par de veces a dar una charla a estudiantes. La última vez Jorge les tuvo que aclarar que no nos habíamos puestos de acuerdo sobre lo que yo conté. Y ahora lo entiendo. El hacker contra la universidad zombi es para la educación lo que Guerras Posmodernas es a los conflictos armados.

De lo que hablamos es de la crisis de las instituciones y valores de las sociedad industrial: El estado-nación, la factoría taylor-fordista, la familia nuclear, el sindicato de clase, el periódico en papel… Todo a su manera vive un cambio de era donde las jerarquías, las burocracia y la uniformidad dan paso a la diversidad, la complejidad y la individualidad. Por “zombi” Jorge Jiménez hace referencia, como Ulrich Beck, a esas categorías, instituciones y valores que permanecen pero en realidad están muertas. La universidad es también hija de su tiempo. Y en el libro se cuestiona la validez de los métodos industriales de transmisión estandarizada del conocimiento en la universidad actual. Al fin y al cabo, las lecciones magistrales con los alumnos tomando nota que yo viví hace diez año no difieren tanto de la universidad medieval. Como alternativa Jorge propone la ética hacker, el entusiasmo y la pasión por aprender yendo más allá de lo existente, donde el alumno elegiría su propio itinerario educativo y donde el profesor se convierte en un acompañante en el proceso.

El hacker contra la universidad zombi: lecciones para gestores, alumnos y profesores en la sociedad informacional hubiera quedado hace años como una propuesta bienintencionada y audaz de reforma de la educación universitaria, pero precisamente todo indica que ese es el camino por el que avanza la educación superior. Así que más que una propuesta visionaria tenemos el marco teórico y un programa para la educación del siglo XXI. Gratis y en español.

Geoconomía de Eduardo Olier

Geoconomía.
Eduardo Olier. Prentice Hall, 2011.

Están los libros aburridos, los apasionantes, los interesantes, los polémicos, los oportunistas y luego en un capítulo aparte que no excluye nada de lo anterior están los libros necesarios. Geoconomía de Eduardo Olier, presidente del Instituto Choiseul, fue publicado en 2011 y llegué a él por el interés que se despertó en mí por la Geopolítica clásica. Ya me encargué en su momento de exponer mis críticas a la vigencia de la disciplina a la luz de las ideas que he ido desarrollando en este blog y en mi libro. Geoeconomía se presenta no como un estudio profundo de la materia que da título al libro, sino como una introducción que hace un repaso región a región del planeta y de temas candentes como los mercados financieros mundiales o las materias primas estratégicas. Es por tanto un libro de referencia que recomendar a estudiantes e interesados en la economía mundial como introducción en el que se abren un montón de temas de los que tirar del hilo posteriormente.

Allí donde yo señalaba que se había quedado obsoleta la Geopolítica clásica, la Geoconomía estudia la competencia entre estados en una economía globalizada. Ya no se trata de la lucha decimonónica por las fronteras y los puertos de escala para reponer carbón. Es la compotencia por mercados en una economía global. La conclusión qu se saca del libro es la necesidad de inteligencia económica. Si miran con atención ahí fuera verán que es el tema de moda con una explosión de empresas, cursos, blogs y especialistas. Sin embargo me queda una duda. Al convertir al estado en el actor fundamental de la economía global, ¿no sigue la geoconomía en el viejo paradigma nacionalista? Quizás haya que seguir elaborando y desarrollando la disciplina.

La crisis de las ONGs para el desarrollo

El Instituto de Estudios sobre Conflictos y Ayuda Humanitaria ha publicado con la colaboración de Médicos Sin Fronteras el informe La acción humanitaria en 2011 – 2012: tocando fondo. El título proviene del enorme descenso de los prespuestos públicos de ayuda al desarrollo. El asunto ha sacado a la luz la realidad del mundo de las ONGs en España: Han vivido todo este tiempo de las subvenciones, con una escasa base social. Ahora llegan las vacas flacas.

José Medina y Lucía Lois dan una explicación del asunto en el periódico Diagonal que comienza dando un rodeo por la Cultura de la Transición para llegar a cómo la cooperación al desarrollo se convirtió en España en un canalizador de energías políticas hacia algo inocuo. Frente a los problemas económicos y sociales cercanos, la solidaridad hacia tierras lejanas. Fue algo de lo que ya habló James Petras en los años noventa en su famoso informe. Por el camino, las subvenciones públicas permitieron la multiplicación de organizaciones y toda una industria de masters y postgrados a su alrededor que convirtieron el trabajo de cooperante en una actividad elitista.

Ahora las ONGs no sólo se encuentran con la caída del dinero público destinado a subvenciones, sino el descenso de las donaciones de empresas y particulares. En el artículo de Medina y Lois pareciera casi que hubo un maquiavélico plan detrás de las subvenciones para tener a la juventud española entretenida salvando el mundo y olvidándose de los problemas cercanos. Puedo hablar del tema porque lo viví en primera persona. Las subvenciones públicas a la cooperación al desarrollo no fueron un regalo. Fueron una conquista. ¿Alguien se acuerda de las “Acampada del 0,7%”? En Canarias cuando se obtuvo el compromiso del gobierno local surgió el debate dentro de las propias ONGs sobre dónde poner el tope porcentual de las subvenciones en cada proyecto. Se puso alto porque muchas organizaciones no tenían ni socios ni medios. Recuerdo que alguno propuso una moratoria y que el primer año el dinero se dedicara por entero en dotar a las ONGs de locales e infraestructura. No eran capaces de recaudar dinero y se convirtieron en meras oficinas tramitadoras de proyectos con una infraestructura mínima y personal precario. Ahora se desvela que no eran sociedad civil, sino capturadoras de subvenciones.