¿Tienen obligación los periodistas de entender de asuntos militares?

Hoy el diario barcelonés La Vanguardia mostraba el siguiente pie de foto.

Captura

Lo que lleva ese soldado israelí en la mano es un proyectil de artilleria de 155mm. Algo que no tiene nada que ver con el sistema de misiles “Cúpula de Hierro”.  En la siguiente foto podemos ver una vista más amplia de una pieza de artillería autopropulsada M109 y los proyectiles de 155mm. cerca.

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El caso de La Vanguardia es un pie de foto erróneo que no tiene la más mínima importancia. Pero siempre que señalo este tipo de errores surge el debate si esa es la clase de cosas que un periodista debería saber o no. Sé que los conflictos armados son uno de los muchos fenómenos que se cubren en el área internacional y un periodista no tiene por qué identificar armas. Así que es un error disculpable excepto en esas ocasiones en que los periodistas parecen recrearse en sus crónicas en detalles técnicos y sólo consiguen demostrar su ignorancia. Recuerdo a Ángela Rodicio decir en Bosnia en los 90 en una crónica para TVE “los aviones de la OTAN vuelan alto para evitar los infrarrojos de los radares serbios”. Un disparate. En esa caso su petulancia me parece digna de ser criticada. ¿Pero qué pasa cuando el desconocimiento de lo que se está viendo cambia el sentido de la noticia?

La misma periodista, Ángela Rodicio, hizo una crónica desde Bagdad en 2003 delante de un vehículo blindado destrozado encima del que soldados iraquíes hacían gestos de victoria. Contó cómo aquel blindado estadounidense destruido era la prueba de la feroz resistencia que había opuesto el ejército iraquí a una incursión de una columna blindada estadounidense. Había un problema. Lo que mostraba a sus espaldas era un vehículo de combate de infantería BMP de diseño soviético y que formaba parte de los arsenales del ejército de Saddam Hussein. Se trataba de los restos destruidos en la primera “Thunder Run” de la 3ª División de Infantería, una incursión hecha para tantear las defensas iraquíes en la periferia de Bagdad. La conclusión que sacaron los estadounidenses es que las defensas eran débiles. Al día siguiente lanzaron otra incursión, las defensas iraquíes colapsaron y llegaron al centro de Bagdad, pero los espectadores de TVE que vieron aquella crónica de Ángela Rodicio se fueron a la cama pensando que se avecinaba una batalla larga y cruenta.

El otro día, el 28 de julio, me pasó algo parecido. Vi un rato las noticias de TVE y me encontré una crónica de Yolanda Álvarez desde la Franja de Gaza. Contó cómo un “cohete lanzado por un dron israelí” había impactado en medio de una calle y había provocado una carnicería. La afirmación me pareció extraña porque los drones armados no se emplean para lanzar cohetes (que no tienen sistema de guía), sino que disparan armas de precisión. En el caso israelí, el arma que disparan sus helicópteros y al parecer sus drones, es una versión avanzada del misil Spike conocida como Tammuz. En el siguiente vídeo podemos ver lo que aprecia en su pantalla el operador. Se trata de un disparo real en la Guerra del Líbano de 2006.

Lo que nos enseñó Yolanda Álvarez en aquella crónica no era el punto de impacto de un un misil o de una bomba. Parecía más bien el punto de impacto de un cohete con cabeza explosiva rompedora. Mostró además la fachada de una casa cercana en la que se veían impactos de metralla en el balcón.

Mi conclusión personal es que lo habíamos visto era el lugar donde había caído por error un cohete palestino que por alguna razón se desvió de su trayectoria o tuvo un fallo catastrófico al despegar.

Ese mismo día llegó la confirmación de mi sospecha. El periodista italiano Gabriele Barbati contó, una vez fuera de la Franja de Gaza, que se había tratado de un cohete palestino que falló.

Luego vino la salida de Yolanda Álvarez de la Franja de Gaza y la acusación por parte la Embajada de Israel en España de que actuaba como “correa de transmisión de los mensajes, cifras, imágenes y datos de Hamás”. Falta decir que la acusación ha servido para convertirla en una causa célebre entre los periodistas españoles, con comunicados y hashatags solidarios.

El asunto, me parece, es que informar desde la Franja de Gaza no es muy diferente de hacerlo desde Corea del Norte. Quien entra allí se pone en mano de grupos islamistas que dudo mucho que permitan el periodismo libre. Lo que vemos en los medios es lo que esos grupos permiten que se cuente. Luego queda que cada periodista según su ética profesional nos haga saber las condiciones en las que trabaja. Por ejemplo, Jon Sistiaga en sus crónicas desde Bagdad en 2003 contaba cómo su trabajo estaba sometido a la supervisión del régimen de Saddam Hussein.

Otro día me encontré lo siguiente. La denuncia de en Twitter de que Israel había “bombardeado” la oficina del corresponsal de EFE en Gaza.

#Israel ha bombardeado la oficina del corresponsal de #Efe en #Gaza, según cuenta él mismo.

No faltaron los tweets comentando el hecho con frases como. “El ataque a los medios es deliberado para que no se difunda el genocidio” o “No quieren testigos”. Le comenté a la periodista en cuyo Twitter había leído la noticia que aquello no parecía un lugar donde hubiera caído una bomba. Me contestó que se trataba de un proyectil de mortero. Entonces respondí:

Ahí lo que se ve es el efecto de una onda expansiva de algo que cayó cerca. No hay ni metralla, ni restos carbonizados.

El asunto no pasó de ahí. Me queda la duda de cuánta gente leyó nuestro intercambio. Posiblemente más de una persona se quedó con su primer tweet y la foto, convencidos de que Israel había atacado de forma deliberada la oficina del corresponsal de una agencia de noticias española en la Franja de Gaza.  Y por último, hoy, leí otra denuncia contra Israel de Isabel Pérez, corresponsal española del canal iraní HispánTV y de varios medios españoles en la Franja de Gaza.

La foto muestra varios proyectiles de 120mm. para cañón de carro de combate. A la izquierda se aprecian, inconfundibles, dos proyectiles anticarro APFSDS (Armour-piercing fin-stabilized discarding-sabot). Lo compone un núcleo perforante, generalmente de tungsteno, con aletas y envuelto en una cubierta que se desprende tan pronto sale del cañón. Se emplea contra otros carros de combate. Detrás se ve lo que parece un proyectil con cabeza HE (High Explosive). Y a la derecha, otro proyectil anticarro HEAT (High Explosive Anti Tank), también conocido en español como de “cabeza hueca”. Ninguna es un arma prohibida por las convenciones internacionales y en tres de los casos son armas anticarro, por lo que es altamente improbable que hayan sido empleadas por Israel en “Margen Protector”.

En ningún caso, la foto que Isabel Pérez muestra tiene nada que ver con lo habla. A lo que ella se refiere es al posible uso por parte de Israel de proyectiles antipersonal que usan una especie de flechas metálicas (flechettes) como metralla. Y por otro lado habla de Explosivos de Metal Inerte Denso (DIME en sus siglas en inglés). Por dos veces, en las operaciones israelíes “Plomo Fundido” y “Margen Protector” un activista noruego ha acusado a Israel de usar proyectiles DIME. Se trata de Mads Gilbert, un doctor en cuyo currículum destaca justificar los atentados del 11-S.

Curiosamente tanto en 2009 como en 2014, Mads Gilbert salió en la prensa anunciado haber encontrado pruebas del empleo por parte de Israel de “un nuevo tipo de arma” que presuntamente serían proyectiles DIME. La única fuente en los medios es su testimonio. Que en la segunda ocasión haya anunciado el mismo nuevo descubrimiento parece buscar un titular efectista. Y efectivamente, podemos leer que según Gilbert se trata de armas lanzadas desde drones queal estallar en el suelo desprenden tanta energía que amputan la parte inferior del cuerpo y causan graves quemaduras”. Una descripción para un arma de ciencia ficción que emplea la palabra mágica: “Drones”, aviones sin piloto. Y es que hoy en día, no hay noticia conmovedora sin la aparición de drones, las máquinas que representan el mal absoluto en el siglo XXI. Como en aquella crónica de Yolanda Álvarez, la nueva heroína del periodismo español. 

Y esto, señores, es el periodismo que se hace en España. Q.E.D.

 

Mediocristán, una cierta visión de España

¡F-15I isralíes bombardean Teherán! En marzo de 2012, cuando por ahí decían que se avecinaba el ataque israelí a Irán (yo decía en cambio que no iba a producirse), Masha Gabriel se tomó la molestia de recopilar los vaticinios en la prensa sobre la fecha del dichoso ataque. Mi favorito es sin duda el que hizo en El País quien es su director adjunto, el sin par Lluis Bassets. Dice así:

“Será en verano, época guerrera por excelencia. En mitad de la campaña presidencial, con Obama y Romney enzarzados en la pelea decisiva. Un tiempo de transición, por tanto, en el que se abren las ventanas a iniciativas inusuales. Todo será muy rápido, con bombardeos de precisión realizados por aviones no tripulados. Después vendrá la respuesta, que puede convertirse en guerra. Cuando todo termine, nada será como antes.”

Me temo que hay que entender de estos temas para calibrar el disparate mayúsculo.  Pero claro, yo jugaba con ventaja. Elaboré en su momento un texto sobre las dificultades de un ataque aéreo israelí contra el programa nuclear iraní y me estuve documentando sobre temas como las bombas anti-búnker o las defensas antiaéreas iraníes. Sabía que lo de aviones sin piloto israelíes era un despropósito. Así que, claro, el primer requisito para calibrar a un analista o periodista es tener alguna idea del tema. Eso explica los comentarios laudatorios al reciente análisis de cierto periodista lleno de errores y profundamente tendencioso: “un análisis, claro, conciso e informativo”, “un análisis responsable y lúcido”,  “un oasis en medio del desierto de la desinformación”, “brins de llum entre les tenebres”, “la última esperanza de la prensa española”, etc. 

Desde hace ya tiempo manejo muy pocas fuentes en español. El recuento de fuentes RSS y boletines por correo electrónico que recibo daría un porcentaje extranjero. Poco más de un tercio de las decenas de libros que he comprado este año son de autores españoles. No cabe más que preguntarse, ¿dónde están los Steve Coll, Yaroslav Trofimov, Ronen Bergman, Lawrence Wright, Robert D. Kaplan, Edward Lucas, Misha Glenny y Mark Bowden españoles?

La reinante mediocridad en España a la hora de abordar los temas internacionales es un tema recurrente en mis conversaciones desde hace tiempo. Yo, como con las razones de la crisis, me niego a atribuirlo a razones ahistóricas. “España es así, señora”. Creo que en algún momento ya di alguna clave suelta de por qué. Hoy recopilo unas cuantas.

Hasta el otro día, España era un país subdesarrollado.
Recuerdo mi sorpresa al encontrar que España no aparecía en la lista de países industrializados que los Toffler manejaban en La Tercera Ola, publicado en 1980. Luego caí en la cuenta que, según manejos los criterios de la OCDE o el Banco Mundial, España se convirtió en un país desarrollado entre finales de los años 70 y finales de los años 80. No hace falta estadísticas para constatarlo. Cuando yo veraneaba en casa de mis abuelos en la Canarias rural de principios de los años 80 no había agua corriente. Nos bañábamos con agua calentada con leña en un caldero tiznado enorme e íbamos a cagar no muy lejos de la casa. Yo era un niño urbano que veía todo aquello como algo peculiar y ahora lo recuerdo como una curiosidad.

Si consideramos el desarrollo humano en el contexto del subdesarrollo español de los setenta, hemos de imaginar las bajas tasas de población con formación universitaria y los recursos limitados de universidades y centros de investigación. Pocas personas de la generación de mis padres fueron a la universidad. Pero quizás no haya que ir muy lejos en el tiempo para comprender el alcance del fenómeno. Según estadísticas recientes, sólo un 16,7% de la población mayor de 15 años en Extremadura contaba con estudios superiores (Formación Profesional y Universidad). En Baleares era el 17,5% y en Andalucía el 17,7%. Pensemos entonces en el talento desperdiciado de cuantas personas en otras circunstancias pudieron haber llegado más lejos en sus estudios y aportar más a la vida intelectual española. Y ahora pensemos en todas las personas que llegaron a la universidad en aquella década y que se convirtieron en esa generación tapón que ha copado el mundo intelectual y de la cultura en España. No necesariamente fueron los mejores. Eran lo que las circunstancias les colocó allí.

Falta de tradición académica
Yo fui estudiante de la primera promoción de Sociología en la Universidad de La Laguna. Mi primer día de universidad tuvo lugar el 6 de octubre de 1999. Había pasado menos de un cuarto de siglo de la muerte de Franco, fecha tras la que fue posible crear en España las facultades de Sociología (cátedras y departamentos son anteriores). Seguro que en universidades de Madrid y Barcelona estaban por aquel entonces en 1999 dando todavía clase profesores con los que arrancaron los estudios de Sociología en España. La tradición académica era, por tanto, poca.

Si hablamos de Relaciones Internacionales, tenemos que avanzar hasta el Proceso de Bolonia para asistir al nacimiento en España del Grado en Relaciones Internacionales. Yo tuve la oportunidad de dar una charla a una de las promociones pioneras en la Universidad Europa de Madrid en diciembre de 2011 que se graduó estos días. Es decir, estamos hablando de que hasta llegado el siglo XXI no hubo en España facultades de Relaciones Internacionales. Hasta entonces los expertos en España provenían del perfil de especialización en el segundo ciclo de Ciencia Política o si acaso del mundo del Derecho Internacional Público. Imaginen la predisposición mental de quienes estudiaron asignaturas como sistemas electorales y derecho constitucional para atisbar la irrupción de actores no estatales en el panorama global.

Tampoco existen los estudios regionales en España, a excepción de la licenciatura de segundo grado en estudios de Asia Oriental que impartían la UAM y la UOC (desconozco qué transformación ha sufrido tras el Proceso de Bolonia). Así que imaginemos el panorama de alguien que quisiera en España especializarse en Oriente Medio o Rusia. Es raro encontrar en España instituciones como el Harvard Ukrainian Research Institute o el Weatherhead East Asian Institute de la Universidad de Columbia. Un detalle comparativo. La Universidad de La Laguna ofrece un máster en estudios africanos. Creo que mi biblioteca personal tiene más libros sobre África que la biblioteca central del Campus de Guajara (puede que en centímetros de estantería me gane la ULL por el espacio que ocupan los tochazos de la Historia General de África dirigida por Joseph Ki-Zerbo).

Reciente internacionalización de las empresas
Si uno repasa la lista de países usuarios del avión de transporte CASA C-212, encuentra fuerzas aéreas y servicios gubernamentales en América, África, Europa, Oriente Medio y Sudeste Asiático. Hay otros ejemplos de los años 80 como los camiones Pegaso y los trenes Talgo. Así que no se puede decir que antes de la entrada de España en la Unión Europea no hubiera ejecutivos españoles por el mundo para vender sus productos. Pero la realidad es que hasta el proceso de concentración en dos grandes bancos y las privatizaciones de Repsol y Telefónica allá por los noventa no se vieron grandes empresas españoles saliendo al mundo con intención de consolidarse en mercados extranjeros. El Grupo Inditex salió de España a finales de los años 80. Mango abrió su primera tienda fuera de España en 1992.

Ser un país con empresas que compiten por el extranjero cambia la manera de ver el mundo. Fomenta los estudios de Geoeconomía, las publicaciones periódicas, los eventos e impulsa la demanda de profesionales cualificados que hablen idiomas. Más empresas internacionalizadas significa más interés por lo que pasa en el mundo y por tanto más capital privado dispuestos a invertir en cátedras de estudios internacionales o think-tanks. La venta a capital extranjero de grandes empresas españolas en problemas por la crisis significa que las grandes decisiones se tomarán fuera de España y que habrá menos demanda de análisis y reflexión.

Endogamia en la universidad y en el Ministerio de Asuntos Exteriores
Por tema harto conocido no merece la pena entrar en él. Más divertido es hacer un repaso a los listados históricos de nombres y apellidos de los altos cargos del Ministerio de Asuntos Exteriores. Encontramos mucho de lo que el humorista argentino Enrique Pinti definía en un términos criollos como “soretes de cuádruple apellido”. Alguno estará tentado de correr a apuntar el dato que a la carrera diplomática se accede por oposiciones públicas donde se valora la capacidad de los candidatos. Pero todos sabemos que el primer obstáculo es contar con el dinero para pagarse un “preparador” y que dada la tasa de éxito de los que se presentan por primera vez es una carrera de fondo en la que es mejor contar con la manutención paterna para convertirse en opositor 24/7.

El maldito “inglés nivel medio”.
Brs8WtACcAIM72IEn España se habla fatal el inglés y lo que es peor, se lo lee con dificultad. Si es posible todavía considerarse una persona culta y dedicarse a unos cuantos campos intelectuales o académicos sin saber inglés, es imposible dedicarse a informar o analizar la realidad internacional sin saber inglés con la soltura para leer ladrillos de centenares de páginas. Tomemos un tema que ha ocupado bastante mi tiempo en la primera mitad de 2014: Rusia. Alguien que quisiera abordar la realidad de la Rusia post-soviética contando con libros publicados en español se encontraría con poco más de la obra de la rusa Anna Politkovskaya y los españoles Carlos Taibo y Rafael Poch. No tendría acceso a ninguno de los libros de los periodistas Edward Lucas (The Economist) y Luke Harding (The Guardian), que dan buena cuenta de la “vertical de poder” de Putin. Alguien que no lea inglés se perderá los libros de la periodista y activista Masha Gessen sobre Putin y el caso contra Pussy Riot. El libro sobre este último tema le dará una buena idea del funcionamiento del sistema judicial ruso. Y alguien que no lea inglés tampoco podrá leer lo que cuenta Marshall Goldman sobre la industria petrolera rusa.

Creo que quedaría hablar de los sesgos ideológicos. Pero eso me recuerdo que tengo pendiente la segunda parte de “Cómo acabar con la Geopolítica de una vez por todas”.

Tres años sin Jorge Aspizua

El 7 de junio de 2011 falleció Jorge Aspizua, el autor de La Harka de Aspizua. Jorge era ante todo para mí un amigo. Nos conocimos porque compartíamos intereses comunes y luego descubrimos que compartíamos una cierta forma de ver la vida. Creo que esto último es lo que más me hace echarle de menos.

La primera vez que me invitó a su oficina, descubrí que nuestras bibliotecas y hasta nuestras colecciones de música se parecían. Creo que fue aquel día cuando nos hicimos de verdad amigos, bebiendo juntos y escuchando a Yehudi Menuhin y Ravi Shankar.

Jorge le daba mucha importancia a la historia militar mientras yo estaba volcado en el futuro de la guerra. Con su blog y hablando con él aprendí a no reinventar la rueda, buscando en el pasado antecedentes, lecciones aprendidas y analogías que proyectaran luz sobre el presente. Jorge siempre enriquecía mi análisis de las cosas. Me pregunto a menudo “y de todo esto, ¿qué hubiera opinado Jorge?”. Otras veces, ante las cosas que pasan en España, pienso que Jorge tuvo la suerte de no pasar la vergüenza de verlas. Pero estoy seguro que habría merecido la pena escuchar su análisis de la actual crisis de Ucrania.

Se fue Pedro y se fue Jorge. Yo les echo bastante de menos.

Lone Survivor (2013)

La primera película del año ha sido Lone Survivor (“El único superviviente”). Trata de una acción de guerra real, sucedida en las montañas de Afganistán en 2005. Una patrulla de reconocimiento de cuatro miembros de los SEAL se encontró en las montañas con unos pastores, a los que dejaron marchar y que alertaron de su presencia. Un grupo local de talibán fue en su búsqueda y les tendió una emboscada en la que murieron tres de los cuatro estadounidenses. El único superviviente, al que hace la referencia el título, consiguió poner distancia a pesar de sus heridas y fue encontrado por unos aldeanos afganos de un aldea hostil a los talibán.

La película es en sí un martirologio, recreándose en los golpes y heridas sufridas por los cuatro militares durante el combate que ocupa buena parte del metraje. Lone Survivor es una película menor, hecha con poco presupuesto. Las montañas de Nuevo México con sus cóniferas resultan poco creíbles como Afganistán, lo mismo que la instalación militar que representa la base de Bagram. Más allá de la repercusión alcanzada por el libro del superviviente y las medallas concedidas, queda la pregunta de por qué este acontecimiento en particular de la guerra de Afganistán mereció la atención de Hollywood y cuántas otras historias habrían merecido igualmente ser contadas en una película.

Voltairenet, la gran impostura (2)

Durante bastante tiempo mencioné el caso curioso de la página web Voltairenet, que se presenta así misma como “anti-imperialista”, critica a Estados Unidos y jalea la industria de defensa rusa. Yo pensaba que era un ejemplo de confusión ideológica total. Que se trataba de nostálgicos de la Guerra Fría que hacían la equiparación entre la Unión Soviética y Rusia, considerando que todo contrapoder a Estados Unidos es bueno. Pero hace poco, leyendo su cobertura sobre Oriente Medio tuve una intuición. Su discurso resultaba incoherente para una página de izquierdas, pero de pronto todo cobraba sentido si asumíamos la hipótesis de que no era una página de izquierdas, sino simplemente un órgano de propaganda al servicio de Moscú. Entonces me puse a buscar información y encontré una cuantas pistas de qué hay detrás de Voltairnet y su cabeza visible, Therry Meyssan. Después, seguí buscando más información que traigo hoy aquí.

La Red Voltaire nació en 1994 como una asociación en defensa de la naturaleza laica del estado y en defensa de la libertad de expresión cuando se planteó en Francia una iniciativa legislativa para regular los contenidos “inmorales” en Internet. La asociación fue activa públciamente con campañas en contra de la financiación de actos religiosos de la Iglesia Católica con dinero público y haciendo un seguimiento a la ultra-derecha francesa, como por ejemplo denunciando los incidentes causados por el servicio de orden del Frente Nacional. Therry Meyssan se incorporó a la Red Voltaire tras un periplo personal que le llevó del grupo católico Renovación Carismática a la masonería, pasando por el Partido Radical de Izquierda. En 1999, con la Guerra de Kosovo, Red Voltaire empezó a ocuparse de asuntos internacionales, criticando la participación de Francia en la campaña de la OTAN. La notoriedad pública de este nuevo enfoque llegó con la publicación en 2002 del libro 11-S La Gran Impostura de Therry Meyssan, que tuvo ediciones en inglés, español y árabe. El libro es una pieza de literatura conspiranoica cuyas tesis han sido refutadas reiteradamente. No en vano, fue publicado en Francia por una editorial que había publicado otros títulos sobre OVNIs o negando la llegada del hombre a la Luna. Lo importante del libro de Meyssan es su significado político, porque le daba a muchos una narrativa con la que librarse del peso de tener que empatizar con las víctimas estadounidenses y convertían el 11-S en un asunto con el que atacar a Estados Unidos. La deriva de la Red Voltaire bajo la presidencia de Meyssan extrañó entonces a muchos, que no entendían cómo el grupo se había convertido en un baluarte de la conspiranoia.

Meyssan recibido por Hezbolá en el Líbano

Meyssan recibido por Hezbolá en el Líbano

El eco alcanzado por Thierry Meyssan con su libro sobre el 11-S le llevó por Rusia, Oriente Medio y Norte de África, invitado por gobiernos, instituciones y medios de comunicación. En 2002 visitó Líbano, donde fue recibido por Hezbolá. Voltairenet hablaría entonces en su página web del grupo libanés como “un movimiento de inspiración musulmán, comparable a la Teología de la Liberación en Sudamérica”. Aquellos viajes y los movimientos de dinero con el que fueron gestionados alarmaron entonces a los miembros originales de la asociación, laicos y de izquierda, que veían a Meyssan alinearse con el régimen teocrático de Irán y Hezbolá (“el partido de Dios”) mientras recibía fondos procedentes del extranjero. En febrero de 2005 tres miembros del consejo de administración de la asociación, Michel Sitbon, Gilles Alfonsi y Jean-Luc Guilhem, dimitieron y la abandonaron, denunciando públicamente la deriva de la Red Voltaire. Criticaron que “con el pretexto de la resistencia al imperialismo estadounidense, hay una actitud indulgente hacia los imperialismos de Rusia y de China” y que “la cercanía con los islamistas es síntoma de un antisemitismo latente entre la dirección”. Lamentaban que una asociación que había nacido para enfrentarse a la ultra-derecha ahora acogiera a negadores de la existencia de las cámaras de gas nazis, como era el caso de Claude Karnoouh, o acogiera a miembros de la “Nueva Derecha” como Alain de Benoist. Finalmente la Red Voltaire por la Libertad de Expresión sería disuelta como asociación en 2007, mientras nacía la nueva Red Voltaire Internacional como una “red internacional de prensa no alineada”.

La salida de los tres miembros fundadores y de izquierda del consejo de administración sirvió para una renovación de la dirección de la Red Voltaire. Entra como vicepresidente Issa el-Ayoubi, un periodista libanés y miembro del Partido Social-Nacional Sirio, una formación presente en Siria y Líbano que aspira a la formación de una Gran Siria que incluya las actuales Siria, Líbano, Jordania, Israel, Chipre, partes de Iraq, Kuwait, la provincia turca de Hatay y el Sinaí. Según Françóis Duprat, el PSNS “representa la tendencia más auténticamente fascista del movimiento nacionalista árabe”.

En 2006, después de la guerra en el Líbano, Thierry Meyssan visitaría Siria.

Ahmed Moualek, Dieudonné, Thierry Meyssan, Alain Soral y Frédéric Chatillon.

Al poco de terminar la Guerra del Líbano de 2006,  el presidente del PSNS, Ali Qanso, invitaría a visitar el país a un grupo de franceses notables por sus posiciones antijudías y sus vínculos con la ultraderecha en el que se incluyó Thierry Meyssan. El grupo lo formaban Alain Soral, Frédéric Chatillon, Dieudonné M’bala M’bala, Marc Robert y Ahmed Moualek. Años más tardes Alain Soral, Dieudonné y Ahmed Moualek formarían parte en las elecciones europeas de las listas del Partido Antisionista del que se desligaría el tercero entre acusiones de financiación irregular procedente de Irán y mostrando su condena al régimen de Assad por las atrocidades cometidas en Siria. En un síntoma de las extrañas vueltas ideológicas, Frédéric Chatillon fue un destacado miembro del ultraderechista Grupo Unión Defensa que durante las guerras en los Balcanes apoyó a Croacia, mientras que Thierry Meyssan apoyó a la Yugoslavia de Milošević en la Guerra de Kosovo de 1999. Sin embargo, ambos terminarían coincidiendo en el grupo de defensores franceses del régimen de Assad. (Chatillon es dueño de una agencia de comunicación y publicidad que en 2009 realizó en Francia una promoción turística para el gobierno sirio).

En 2008, Thierry Meyssan abandonó Francia tras, según él, recibir amenazas de muerte. Actualmente afirma recidir en Damasco. Comenzó a producir programas y documentales para la televisión Al Manar del grupo Hezbolá y a aparecer como experto en temas internacionales en el canal de televisión iraní SAHAR TV. Mientras, el sitio Voltairenet y los personajes que desfilan por ella se intercambian con una constelación formada por Axis for Peace, InfoSyrie, Egalite et Réconciliation, etc. Las ramificaciones ideológicas son curiosas, con vínculos con el nacionalismo autoritario ruso, la nueva ultraderecha francesa de la Tercera Posición, el islamismo revolucionario chiita de Líbano e Irán, la Venezuela chavista, etc. que tienen como único elemento común su postura contraria a Estados Unidos e Israel.

Una crítica de la crítica

Deber ser mi sino, pero me sorprende ver el entusiasmo a mi alrededor en actos públicos por el discurso de personas que la gente celebra como “críticas” y que para mí resultan bastante convencionales. No me negarán que en pleno 2013 animar a los estudiantes de periodismo que llenan un auditorio a que tengan una visión crítica de la realidad es un cliché poco audaz. No trato de decir con esto que el verdadero mérito radica a estas alturas están en defender el status quo, sino que, como compruebo continuamente, en España se considera “crítico” el discurso intelectual de cualquiera que refuerce los prejuicios del oyente. Tener una “visión crítica” is the new normal.

Ayer, en las jornadas “Comunicación en conflictos armados y crisis humanitarias” celebrado en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna la persona que animaba a los futuros periodistas a ser críticos con el discurso de los medios puso de ejemplo un fragmento de un reportaje francés que enseñaba cómo el derribo de la estatua de Sadam Hussein en la plaza Firdos, tras la caída de Bagdad en manos estadounidense en abril de 2003, fue una escenificación para la prensa recogiera un supuesto acto entusiasta y espontáneo de la población iraquí. Iraq, 2003. ¿En serio? ¿Seguir hablando de las mentiras de aquella guerra a estas altura es fomentar la perspectiva crítica o ahondar en el cliché? A continuación la misma persona habló sobre un estudio en el que alguien había repasado los vínculos con el complejo militar-industrial de los “expertos expertos independientes” que los grandes medios estadounidenses entrevistaron mientras se discutía la anulada intervención en Siria. Y con esto llegamos al meollo del asunto.

Hablar de “perspectiva crítica” o de “visión crítica de la realidad” no es más que un eufemismo habitual para en política internacional criticar a Estados Unidos o Israel. En el debate en Internet sobre la posible intervención de Estados Unidos en Siria, sin ir más lejos en los comentarios de este blog, vimos que la desconfianza y el cinicismo hacia el discurso de Estados Unidos en política exterior, tan habitual en personas de izquierda, se ve acompañada de una ingenua credulidad ante informaciones evidentemente cocinadas en Moscú y Damasco. Llegamos a la paradoja de ver a alguien denunciar las aspiraciones imperialistas de Washington en Oriente Medio usando informaciones de Russia Today o acusaciones de que informaciones sobre Siria aparecidas en la prensa occidental son propaganda enlazando a Voltairenet. Tener perspectiva crítica, evidentemente, es otra cosa. Lo que no veo es que nadie entre en detalles de cómo se cultiva y cómo se obtiene una educación audiovisual que permita entender las claves del discurso de los medios. Y mucho menos que nadie advierta de los riesgos que se corren de quedarse fuera de la manada.

Luego, ayer, oí a alguien decir que uno de los ponentes era muy “cañero”. Ciertamente fue una persona que habló con un tono afectado e indignado sobre la representación de África en los medios, el papel de Fracia en Mali y la relación con los militares en zona de guerra. Pero me pregunto cuánta gente en aquella sala comprendió lo que realmente estaba diciendo. Su discurso transcurrió dentro de los márgenes del relativismo posmoderno tan en boga en los africanistas del mundo académico español. Quien habló ayer criticó que se justificara la intervención en Mali como una acción para detener el yihadismo en el Sahel y liberar a la población porque considera que etiquetar de terrorista a Al Qaeda en el Magreb Islámico era un caso de amenaza exagerada y que la vida en el norte de Mali durante el gobierno de los grupos islamistas no había sido nada terrible. Apuntó que, al fin y al cabo, sólo siete personas habían sufrido una amputación como castigo en la ciudad de Gao.

El discurso constructivista de las relaciones internacionales no es una pendiente resbaladiza, es un auténtico tobogán moral. Sin ir más lejos, alguien del público condenó ayer el concepto de Derechos Humanos como un invento occidental. No sé si ambas personas estarían de acuerdo con aquellos que consideran respetable la ablación de clítoris. (Ya dijo una feminista australiana en una entrevista en El País, “el orgasmo clitoriano está sobrevalorado”). El apoteosis llegó para mí cuando el ponente “cañero” denunció la “remilitarización de África” porque Estados Unidos había desplegado drones en Níger y Somalia. Lo repito. El despliegue de drones estadounidenses en Níger, en apoyo de la Operación Serval, junto con su acción en Somalia supone la “remilitarización de África”. Una frase dicha después de que recientemente Angola comprara cazabombarderos Su-30K de segunda mano a Rusia dentro de un acuerdo de venta de material militar por valor de 1.000 millones de dólares. Una frase dicha poco después de que Etiopía haya empezado a recibir los 200 carros de combate T-72 que compró a Ucrania en 2011. Pero un puñado de drones Predator sin armamento en Níger es la “remilitarización de África”. Llegados aquí tenemos que recordar que para los posmodernos no hay realidades objetivas que describir ahí fuera. Sólo existen los relatos. Así que una frase como esa podemos llamarla un impromptu poético o decir que es una metáfora literatura. Pero por favor, dejen de llamarlo periodismo. El periodismo tiene que ver con la realidad.

Los blogs en español que me gustaría leer

He vuelto a reactivar FlancoSur.com y me estoy dando cuenta que lo que nació como un blog de noticias sobre las fuerzas armadas del Magreb ahora mismo podría desglobarse en tres blogs diferentes o dar trabajo para tres personas que cubran tres temas: Las fuerzas armadas del Magreb, la amenaza yihadista en el Sahel y la seguridad en el Golfo de Guinea. De hecho, en este último tema entraría Nigeria que daría por sí misma para un blog. Me siento un tanto desbordado y lo ideal sería un trabajo en equipo, o incluso entregar el testigo a otro blog con el que colaborar en la medida de mis posibilidades. La cuestión es que cuando lo pienso, hay una serie de temas de los que me gustaría leer en blogs en español con una perspectiva a medio camino de este y FlancoSur.com

Iberoamérica y sus insurgencias criminales.
violencia-drogasResulta curioso la proliferación de informes, expertos y blogs estadounidenses que siguen la evolución del crimen organizado y la violencia en el eje Colombia-México. Supongo que los que viven esas realidades no tienen ganas ni energía para una reflexión aséptica sobre la naturaleza de lo que viven. Pero me parece que a día de hoy si tuviera que elegir un lugar de la tierra donde encontrar ejemplos de Guerras Posmodernas sin duda empezaría por México y Guatemala o las favelas de Brasil.

El Consejo de Cooperación del Golfo y los emiratos emergentes.
US_Navy_030223-N-1050K-001_UAE_offloads_a_BMP3_Tank_at_a_Kuwaiti_port_facility_from_its_Elbahia_L62_landing_craftLas compras de armamento de las petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico darían para rellenar un blog. Pero más interesante aún son asuntos como la rivalidad entre Arabia Saudita o Irán y el papel muy activo de Qatar y Emiratos Árabes Unidos en la región tras la “Primavera Árabe”. Un blog así contaría cómo la “moderna” Qatar apoya a los yihadistas radicales en Siria y la conservadora Arabia Saudita apoya a sus facciones islamistas enemigas, más moderadas.

China y el Indo-Pacífico.
F201211280812112842518696Obviamente el auge militar de China da para llenar un blog contando los desarrollos tecnológicos, los informes publicados y las declaraciones hechas por personajes relevantes. Pero lo importante es poner ese auge militar en relación con las alianzas y programas de armamento de Japón, Corea del Sur, Filipinas y Vietnam. Por su parte, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia oscilan entre la cooperación en asuntos como la seguridad del Estrecho de Malaca y la rivalidad regional. Toda la región vive un proceso de rearme que contrasta con el tremendo declive militar europeo.

Energía.
Hay un campo en el que la Geopolítica clásica sigue siendo relevante: El transporte por tierra de hidrocarburos. La ruta de los ductos que tranportan petróleo y gas viene marcada por la geografía, la competencia entre rutas y las alianzas internacionales. Pero no sólo se trata del papel de Rusia o Turquía en el acceso de Europa a los recursos de Asia Central, sino de las propias transformaciones en el sector de la energía que está provocando técnicas de extracción como la fractura hidráulica, que lleva a Estados Unidos camino de la autosuficiencia energética.

Voltairenet, la gran impostura

Anoche tuve una epifanía. Estaba leyendo una entrevista a Therry Meyssan como parte de la documentación de lo que será la segunda parte de “Cómo acabar con la Geopolítica de una vez por todas” cuando de pronto, sentí que aquellas ideas incoherentes guardaban un sentido. Yo había tratado de entender Voltairenet en el marco de la izquierda idiota europea que justifica dictaduras horribles con tal de atacar a Estados Unidos e Israel. Incluso había hecho repetidas referencias en este blog a aquellos artículos de Voltairenet sobre el desarrollo del armamento ruso como el reflejo de un antiamericanismo primario que jaleaba a Rusia porque veía en ella un contrapeso a Estados Unidos en un acto reflejo propio de los tiempos de la Guera Fría. “El misil ruso Topol-M no tiene equivalente en el mundo” titulaba Voltairenet en junio de 2005. “Rusia demuestra su superioridad en misiles balísticos intercontinentales nucleares” titulaba en junio de 2012. ¿Qué idiota occidental celebra las armas nucleares rusas que apuntan a su cabeza?, pensaba yo.

Entonces lo entendí. La respuesta estaba delante mío. Y había estado allí, todo este tiempo, ridículamente a la vista. Voltairenet jalea los logros de la industria de defensa rusa y defiende ideas que parecen incoherentes porque es un instrumento de propaganda al servicio de los intereses de Moscú. La postura de Voltairenet en distintos temas de política internacional resulta incoherente si se juzgan desde el eje izquierda-derecha occidental. Pero cobran sentido si se entienden como una defensa del punto de vista o los intereses de Moscú.

Eempecé a preguntarme, ¿quién paga esta broma? No hay publicidad. La página ofrece sus artículos en ocho idiomas y dice que ofrece sus contenidos gracias a la labor desinteresada de traductores voluntarios. ¿En serio que nadie cobra nada? Hay una enlace para realizar donaciones. En su versión española está roto. Acudí al buscador tratando de encontrar artículos externos que contestaran cómo se financia y quién está detrás. Pero en Google y DuckDuckGo si realizas una búsqueda sobre Voltairenet inevitablemente te encuentras páginas y páginas de resultados con artículos de Voltairenet en su propia página web o reproducidos. ¿Acaso nadie nunca en ninguna parte ha escrito un artículo o entrada de blog haciéndose estas mismas preguntas? Es como si la labor de SEO fuera brutal e implacablemente profesional.

Finalmente llegué a Wikipedia. El lugar por donde había tenido que empezar. Encuentro por fin explicación al nombre, tan contradictorio. Resulta que Voltairenet surgió como un grupo de izquierdas defensor del laicismo y que llevó a realizar una campaña con éxito para que los actos religiosos de la visita del Papa a París no fueran sufragados con dinero público. Una facción del grupo tomó el control y se produjo entonces la deriva ideológica que llevó a Voltairenet a ser el esperpento que es hoy. El grupo fundador se marchó, no sin antes denunciar la deriva autoritaria de Therry Meyssan y sus nuevos vínculos con grupos de ultraderecha que calificaríamos de la Tercera Posición. Entre las acusaciones se encuentra también el estar recibiendo dinero proveniente de fondos de reptiles de países extranjeros, que es exactamente la conclusión a la que había llegado por mi cuenta.

La quimera de las armas hechas en casa con una impresora 3D

Hace semanas leí sobre la segunda prueba publicada en vídeo de la gente que está tratando de fabricar armas en su casa con una impresora 3D. Esta vez el arma aguantó y el asunto generó toda clase de análisis sobre el futuro que se habría por delante en un mundo donde cada ciudadano podría fabricar armas de fuego en su propio garaje. La realidad es que todo es mucho menos impactante y espectacular de lo que se ha contado. Trataré de explicar por qué.

El fusil más popular en Estados Unidos es el Armalite AR-15, que fue adoptado como arma reglamentaria por las fuerzas armadas de EE.UU. en los tiempos de la Guerra de Vietnam y recibió la denominación M-16. Hoy en día, un montón de empresas diferentes en Estados Unidos fabrican su propia variantes y piezas del AR-15, de tal modo que las posibilidades de modificación por parte del usuario son casi infinitas.

El cajón de mecanismo (“receiver”) del AR-15 se puede descomponer en dos piezas. La superior, donde se engancha el cañón y la parte inferior, donde está el conjunto del gatillo (“lower receiver” o “lower”). Puedes cambiar la parte superior del cajón de mecanismo y/o el cañón para usar el conjunto del fusil con otro calibre o un largo de cañón diferente, que son de venta libre en EE.UU. Según las leyes de Estados Unidos, es la parte inferior del cajón de mecanismo lo que constituye el arma en sí misma porque es el elemento imprescindible para que fucione. En ella se estampa el número de serie y en las tiendas de armas puedes ver que los incluyen en la misma sección que las armas de fuego completas.

El revuelo que se está montando en Estados Unidos es porque alguien ha fabricado sus propios “lower receiver” con una impresora 3D. El resto de piezas (culata, “upper receiver”, cañón, miras, guadamanos, mecanismos internos del “lower receiver”, etc.) los han comprado aparte o tomado de otro fusil. El asunto no tiene nada ver con “están fabricándose sus propias armas en casa con una impresora de plástico inyectado” porque el cañón no puede ser de otro material que metal y se fabrica taladrando una pieza sólida que requiere maquinaria muy específica. Todo se reduce a que están fabricando en casa una pieza que según la ley constituye el arma en sí misma y luce así:

Ahora sólo queda fijarse en el famoso vídeo donde prueban el arma con un cargador de alta capacidad y se ve que sólo una parte pequeña del AR-15 ha sido fabricado en plástico blanco con una impresora. El resto son piezas comerciales:

Actualización: He encontado este reportaje sobre el asunto, que aclara bastante que para sus impulsores se trata de un desafío legal y no tecnológico.

Robert Kaplan y los imperios ibéricos

Hay un asunto que olvidé mencionar en mi reseña de Empire Wilderness de Robert D. Kaplan, el tratamiento que da a la exploración y conquista española del norte de América.

Kaplan habla de los españoles a su llegada al nuevo continente de la misma manera que hizo de los portugueses y su expansión en el Océano Índico en Monsoon. Los españoles aparecen como unos fanáticos católicos ebrios de sangre y codicia que ajenos al espíritu del Renacimiento llegaron al actual territorio de Estados Unidos sólo pensando en encontrar El Dorado. Kaplan pone como ejemplo el relato desapasionado hacia el medio natural de Bernal Díez del Castillo y lo compara con la fascinación por los paisajes de norteamérica de los exploradores anglosajones más de dos siglos después. Comparar la mentalidad de hombres separados por esa distancia en el tiempo no sólo es absurdo, sino que Kaplan simplemente ignora el impulso científico de la Ilustración española bajo Carlos III y empresas como la Expedición Malaspina.

Todo quedaría en una anécdota sobre cómo los españoles aparecen como los malos en un relato histórico obra de un anglosajón, si en el resto del libro no nos encontráramos la misma clase de ausencias que en Monsoon había sobre la expansión de los británicos en el Océano Índico. Kaplan entra en todo tipo de detalles anecdóticos sobre la ferocidad de españoles y portugueses combatiendo otros pueblos. No para de recalcar la avaricia, codicia y ambición de hombres que, por todo ello, se embarcaron rumbo a lo desconocido con gran riesgo de su vida. Páginas más tardes nos cuenta tal o cual hito de un general estadounidense en las grandes praderas del actual Estados Unidos que parece llegado allí bajo la guía de la Divina Providencia para expandir la Civilización de forma altruista. Episodios como la “Fiebre del Oro” parecen una moda pintoresca y las masacres de pueblos indígenas, cuando protagonizadas por españoles y portugueses resultaban espantosas matanzas, es el inevitable resultado de la genialidad militar y tecnológica de los estadounidenses. Para averiguar sobre el futuro de Estados Unidos, Robert D. Kaplan viajó a México. Allí encuentra una sociedad mestiza pero eso no le hace conectar los puntos sobre el desigual destino de los pueblos indígenas bajo los imperios británicos y español. Al menos en Monsoon cede su voz a la de otros autores que señalaron el interés de los portugueses por estudiar a los pueblos asiáticos o como pusieron a su servicio las habilidades y conocimientos de los locales.

Así que no se trata de reivindicar un filtro rojigualda para los libros de historia, pero sí empezar a comprender como en la literatura anglosajona hay un relato subyacente y un sesgo en cierta forma racista.