Swarming naval

Ayer me llegó la confirmación que la Revista General de Marina, la veterana revista académica de la Armada Española, publicará en su número de julio mi artículo “Irán y la guerra naval asimétrica”. En él relato las experiencias iraníes durante los 80 que han llevado al desarrollo de una doctrina militar propia que establece la descentralización de las fuerzas en tierra y el empleo del swarming como táctica fundamental en el mar.

La Revista General de Marina publica en Internet con cierto retraso sus contenidos de forma gratuita, así que en el futuro será posible que todos puedan leer el artículo.

Tras la publicación de “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global” el artículo sobre “Irán y la guerra naval asimétrica” es el segundo aporte a lo que será mi segundo libro. Mis próximos artículos versarán sobre la ciberguerra distribuida y la guerra en el desierto.

Buscando el swarming desesperadamente

En la primavera de 2009 aún no había terminado de escribir “Guerras Posmodernas” cuando me llegó la “visión” de lo que sería mi segundo libro. Había dicho poco tiempo atrás que no quería volver a saber nada de proyectos de libro en mi vida pero pronto sentí la necesidad de completar los huecos que dejaba “Guerras Posmodernas”. Puse tanto énfasis en criticar la lógica tecnológica de “las guerras del futuro será cosa de hackers y robots” que la ciberguerra está tratada de forma bastante chapucera. Sentí que dejaba sin tratar la aparición de organizaciones de estructura mucho más horizontal que las tradicionales pirámides jerárquicas de ejércitos y grupos terroristas marxistas-leninistas. Era cuestión de comprender las redes distribuidas que parecían surgir en el mundo del activismo social, las algaradas callejeras, la ciberguerra, el terrorismo y el crimen organizado. Encontré un nombre: Guerras Distribuidas: Guerra, conflicto y activismo en la sociedad red”.

Pronto empezaron las dudas. ¿Era conveniente agrupar en un mismo libro las protestas del 13-M en España con el ataque en red del Primeiro Comando da Capital que colpasó São Paulo en mayo de 2006? Alguien podría decir que trataba de “criminalizar las protestas”, aunque no estuviera yo muy pendiente de lo que pudieran comentar Kaosenlared.net, aporrea.org o rebelion.org El principal problema era que encontraba ejemplos de swarming (enjambres que operaban puntualmente de forma coordinada) pero no redes distribuidas.

El crimen organizado fue el primer campo donde parecía difícil discernir verdaderas redes distribuidas. El caso brasileño era sintomático: Una red fuertemente jerarquizada lanzó puntualmente un ataque en enjambre. Quizás era más interesante estudiar Iberoamérica por separado y hacer énfasis en la aparición allí de actores no estatales en la posguerra fría. Ya había tratado el tema de las maras centroamericanas. Me había interesado por el auge del crimen organizado como amenaza al Estado, lo que podía definirse como un ejemplo de guerra posmoderna (véase I y II). México es un caso interesante a estudiar. Y hay mucho más que contar. Como por ejemplo, hablar de los grupos armados y teorías de guerra asimétrica en Venezuela. Tantas cosas. ¿Material para un futuro libro sobre actores no estatales en Iberoamérica? El resultado es que el crimen organizado se cayó del esquema de mi libro.

El siguiente problema lo presentaron los movimientos sociales y el activismo en red. Más de una década de las protestas antiglobalización en Seattle el 30-N de 1999 y la popularización de Internet pero no habían aparecido las grandes corrientes transformadoras que esperábamos.

[E]l activismo de redes distribuidas apenas ha servido para poner las calles de París y Atenas patas arriba. Sólo han tumbado gobiernos cuando se han cruzado poderes fácticos o gobiernos extranjeros. Ni siquiera la presión de gobiernos no democráticos ha estimulado la popularización de herramientas abiertas y seguras que supongan una alternativa a Facebook y Twitter.

Había un problema de fondo con las herramientas (las mal llamadas “redes sociales” de Facebook y Twitter). Y el triste balance era que el único movimiento que podía considerar una verdadera red distribuida, al menos en una de sus partes, era el reaccionario Tea Party estadounidense. Tras mucho darle vueltas tratando de encajar las piezas sólo pude llegar a la conclusión de que el activismo social debía también caerse del esquema general de mi segundo libro. Me quedó algo así como un árbol podado a fondo, esquelético y feo sin sus hojas.

Pasó el tiempo, hablamos ya de finales de 2010 y principios de 2011, cuando me fui encontrando casos curiosos de swarming. Leí a Lawrence de Arabia. Me entusiasmé con las Toyota Wars en Chad y Sudán. Seguí trabajando sobre los ataques DDOS contra Estonia en mayo de 2007. Y surgió la idea. ¿Y si aparco el ladrillo sobre “Guerra Distribuida” y elaboro algo más ágil sobre swarming? Eso es. El segundo libro va a ir sobre swarming.

La Doctrina Lawrance y la Insurgencia Postindustrial

En enero de 2005 cayó en mis manos un librito publicado por Acuarela que recogía un texto de T. E. Lawrence sobre la guerra de guerrillas. Lo usé para uno de aquellos textos sobre cómo EE.UU. estaba fracasando en Iraq que escribi en sesiones maratonianas frente al ordenador.

Como caracterizó Lawrence de Arabia a sus fuerzas beduinas, eran “una influencia, una idea, algo intangible, invulnerable, sin vanguardia o retaguardia, flotando como un gas”.

El texto recogía las ideas apuntadas por Lawrence en su extenso “Los siete pilares de la sabiduría” y estos días Acuarela Libros lo ofrece para descargar en su blog.

Me quedo menos de un tercio para acabar “Islas en la Red” y no paro de encontrar pequeñas sorpresas.. En el libro se menciona un ficticio tratado estratégico titulado “La Doctrina Lawrance y la Insurgencia Postindustrial”. En el momento de la publicación las “Toyota Wars” eran conocidas pero Bruce Sterling fue todo un visionario al relacionar a Lawrence, el desierto y la guerra futura. Lo que me hace pensar que mientras William Gibson se llevó la glora literaria es hora de comprender que Bruce Sterling dibujó los mapas del futuro.

Swarming en el desierto

Chad fue el escenario en los años 80 de una guerra civil en entregas según las distintas facciones, definidas por su adscripción étnica y apoyo externo, tomaron el poder en un juego de sillas. Fue testigo de aquello el, en aquel entonces, reportero de guerra Javier Nart y de lo que quedó constancia en su libro “¡Sálvese quien pueda!” (Ediciones B, 2003).

Chad es en país extenso y en su mayor parte desértico. La guerra en ese entorno requería vehículos todoterreno simples y fiables. Fue entonces cuando tomó protoganismo el Totoya Land Cruiser serie 40 que terminó dando nombre a la guerra: Toyota War. Los Toyota Land Cruiser y Hilux se convertirían a la larga en los vehículos más comunes en las guerras de medio mundo.

Cuando Libia decidió prescindir de intermediarios para sus ambiciones sobre el país invadió Chad con sus medios pesados de origen soviético. Los chadianos en cambio siguieron usando sus Toyotas adaptando las tradicionales tácticas de guerra en el desierto.

Según Tom Cooper, uno de los moderadores de acig.org, cuenta en la revista Truppendiest International:

[Idris Déby, entonces asesor del presidente chadiano] developed a tactic based on classic desert nomad raids, characterised by attacks at high speeds, penetration into the hearth of enemy bases and their destruction – often from virtual point-blank range

La organización de los ataques tenían toda la forma del swarming:

Emphasising speed, manoeuvrability and firepower, they proved capable of deployments out to 500 km deep within enemy territory. Through movement in scattered formations, dispersed over immense expanses of Sahara Desert, they were to avoid contact with forward enemy positions or any attacks on main fortifications, attempting instead to infiltrate these, then concentrate in the vicinity of the target area and attack exploiting the moment of surprise.

Idris Déby, héroe de las Toyota Wars, terminó siendo presidente de un país terriblemente pobre y corrupto donde en los 90 se reprodujo la ensalada de facciones armadas dispuestas a derrocar a un presidente que había repartido el poder y los recursos entre los suyos. Tras un falido ataque a la capita del país en 2006, los tres principales grupos armados se unieron en una alianza. Saliendo de sus bases en Sudán, una de sus ofensivas en 2008 les permitió alcanzar la capital. Pasaron de largo de la concentración de tropas gubernamentales al este del país.

Según la BBC:

Using the element of surprise, the rebels were able to cross more than 1,000km (620 miles) of terrain virtually unchallenged, and eventually enter the capital with surprising ease

Soldados chadianos

Soldados chadianos sobre un Land Cruiser serie 70 con fusiles israelíes Galil y Tavor.

¿Cómo conseguir la coordinación necesaria de una fuerza grande que se mantiene dispersa en el desierto? El swarming requiere de sistemas de comunicaciones sin que necesariamente tenga que ser tecnología punta. En 20 años los combates en el Chad han visto cómo se doblaba la distancia de los raids en el desierto. En ese tiempo apareció la telefonía por satélite. Las guerras del Chad y Sudán han pasado de ser Toyota Wars a ser Thuraya Wars.

Thuraya es una empresa de Emiratos Árabes Unidos. Sus satélites cubrían en 2008 la totalidad de Europa y Oriente Medio además de la práctica totalidad de Asia y casi toda África.

Según Alex de Waal:

The advent of the Thuraya phone has radically changed warfare in across the Sahara desert.

[…]
Before the Thuraya phone, guerrilla operations needed tight discipline and extremely careful planning. More often, the commanders gambled on surprise and the momentum of battle, relying on their prowess in combat to carry the day. Today, with the Thuraya phone, commanders in distant theatres can coordinate their actions. Or they can assemble forces from different places at very short order.

Es interesante que alguien proponga que las fuerzas armadas occidentales deberían experimentar con una Horda Toyota.

[Actualizado 21/05/2013: He arreglado los enlaces rotos a los artículos de Tom Cooper y Alex de Waal]