Una historia desequilibrada

He terminado de leer “34 days. Israel, Hezbollah, and the War in Lebanon” de los periodistas israelíes Amos Harel y Avi Isaacharoff. El libro trata sobre la guerra del Líbano de 2006 y es una de mis primeras lecturas generales antes de adentrarme en la avalancha de informes, evaluaciones, artículos y toda clase de obras académicas analizando las lecciones sacadas por Israel que generó aquella guerra.

Tengo en mente el proyecto de escribir al menos un par de artículos académicos sobre el tema pero todavía disto de tener un buen conocimiento de lo que pasó aquel verano de 2006. Sin embargo consultando “El desequilibrio como orden” (Una historia de la posguerra fría 1990-2008) del profesor Francisco Veiga se me ocurrió echarle un vistazo a lo que cuenta sobre el tema y no pude evitar levantar una ceja según leía.

En el capítulo 27 (págs. 453-455) comienza hablando de aquella guerra:

En julio de 2006, un síntoma alarmante dejó entrever de forma clara que Estados Unidos, la mayor superpotencia mundial, estaba perdiendo definitivamente el control de los últimos resortes del Nuevo Orden internacional que había aspirado a imponer tras el fin de la Guerra Fría. El día 12 de ese mes, el Ejército israelí lanzó una ofensiva militar contra territorio del sur del Líbano, con el objetivo oficial de obtener la liberación de dos soldados propios capturados por la organización islamista y chiíta Hezbollah.

La captura de los soldados israelíes se realizó en el interior del territorio israelí durante una emboscada en la que murieron tres soldados. Como acción diversiva se produjo el disparo de morteros y el lanzamiento de cohetes, posiblemente de 122mm. tipo “Grad”, a instalaciones militares y población civil. Cinco ciudadanos israelíes resultaron heridos.

Esos cohetes se lanzaban desde todoterrenos ligeros tipo pick-up pero también desde “silos” escondidos en algunos casos en viviendas donde instalaban lanzaderas más o menos rudimentarias.

Se trató de un acto de guerra contra Israel. Las posibilidades de rescatar a los dos soldados eran escasas pero el objetivo de la ofensiva israelí era someter a Hezbolá a tal presión que liberara a los dos prisioneros, aparte de aprovechar para eliminar la capacidad de Hezbolá de atacar el norte del país.

Pero el ataque no obtuvo el resultado previsto: los militares no fueron hallados, la ofensiva se intensificó, aportando nuevos medios y más violencia, la artillería y la aviación golpearon todo el sur del Líbano, llegando hasta los mismos suburbios de Beirut y su aeropuerto. Se volaron puentes, se destruyeron infraestructuras, la economía y el turismo del vecino país se convirtieron en blancos de los ataques.

La ofensiva israelí fue replicada por Hezbolá con ataques indiscriminados contra poblaciones civiles. Curiosamente ese “pequeño detalle” está ausente de la narración de los hechos. El problema del lado israelí es que, como demostró la guerra de Kosovo en 1999, los bombardeos aéreos son insuficientes en una guerra para lograr un resultado claro y rápido. La guerra degeneró en un “mission creep”, ampliándose cada vez más el espectro de objetivos. El aeropuerto de Beirut fue atacado, al igual que la carretera Beirut-Damasco, para evitar el traslado de los dos soldados fuera del país y evitar la posibilidad de ser llevado a Irán, como se dice que sucedió con el aviador Ron Arad.

El despliegue de una violencia tan desproporcionada respondía a las acusaciones de las autoridades israelíes al gobierno libanés de pasividad en relación con la potente organización Hezbollah, que de hecho controlaba el sur del país hasta el punto de haber constituido un estado paralelo, con sus propios recursos económicos y fuerzas armadas”.

Aquí tenemos otro de esos “pequeños detalles” que pasan desapercibido. En un país democrático normal los miembros de Hezbolá estarían en la cárcel por pertenencia a “banda armada”, posesión de armas y explosivos, etc. Se trata de un partido político que tiene un brazo armado con misiles anticarro, tierra-aire y antibuque. Además rganiza atentados terroristas, secuestra soldados del país vecino o lanza ataques contra la población civil de ese otro país. Por no hablar de maniobras militares en campo abierto. Evidentemente todo sucede con la pasividad del gobierno del Líbano, que incumple el punto 3 de la Resolución 1559 de Naciones Unidas que establecía el desmantelamiento de los grupos armados en el Líbano.

“Haremos retroceder 20 años el reloj del Líbano”, amenazó el comandante en jefe del Ejército israelí. Y en efecto, se utilizaron bombas de fósforo blanco y de racimo contra objetivos civiles; un informe de las Naciones Unidas calificó la ofensiva israelí de “modelo de violación del derecho humanitario internacional y las leyes sobre derechos humanos”.

Aparte del “non sequitur” inicial que no es más que un recurso estilístico, por mucho que se repita como una atrocidad ninguna ley internacional impide el uso de bombas de racimo o proyectiles de fósforo blanco. En el caso del último sólo lo prohíbe expresamente su empleo contra poblaciones civiles. Teniendo en cuenta que hubo muchos combates en zonas pobladas del sur del Líbano, donde Hezbolá trató de hacerse fuerte y no en campo abierte, pues evidentemente hubo víctimas civiles. Pero habría que ver de dónde sale ese “informe de las Naciones Unidas”, que en un libro sin notas a pie de página ni referencias bibliográficas siempre es muy socorrido. Lo que vuelve a ser llamativo es que el hecho de que Hezbolá atacara indiscriminadamente las poblaciones civiles del norte de Israel no merezca ni un comentario.

En torno a un tercio de la población libanesa, esto es, un millón de personas, resultó desplazada por los ataques. Tal proceder estratégico superó con creces los métodos y resultados de las fuerzas americanas en cualquiera de las operaciones llevadas a cabo hasta el momento en Iraq, incluyendo la sangrienta batalla por el control de Fallujah, en noviembre de 2004.

La batalla de Falluya casualemente fue el primer asunto del que hablé a partir del momento en que decidí convertir mi blog personal en un blog dedicado al análisis de la transformación de la guerra. Me resulta familiar aquella batalla. Un amigo escribió un artículo muy bueno en la revista “Fuerza Terrestre”. No hace mucho leí crónicas como la de Dexter Filkins en “La guerra eterna”. Así que puedo decir que Francisco Veiga no sabe lo que pasó en Falluya y que este párrafo no tiene sentido. Es pura literatura. El fantasma de Vietnam, la locura de la guerra, los estadounidenses, bla, bla, bla…

Pero lo chocante de la segunda guerra libanesa o “Guerra de Julio” fue que resultó ser una verdadera derrota estratégica y táctica para las fuerzas israelíes, quebrando el mito de su invencibilidad en combate abierto. Los miliciaciones de Hezbollah pudieron contener la ofensiva, inflingiendo importantes pérdidas materiales a los atacantes. Pero, sobre todo, lograron mantener un ritmo continuado y devastador de bombardeos con lanzacohetes móviles y misiles de corto alcance sobre las poblaciones del norte de Israel. Allí se llegó a hablar de 300.000 civiles desplazados.

Obviando que el autor no conoce la diferencia entre cohetes y misiles, el eterno pecado de querer sonar como experto en asuntos militares, podemos señalar lo llamativo que la referencia a los ataques a la población civil y los desplazados isralíes se mencionen en el apartado de logros de Hezbolá durante la guerra. ¿Sufrió Israel una derrota estratégica y táctica? No. No al menos en el plano táctico. Es todo más complicado. De hecho he encontrado que lo escribí al calor del momento no ha perdido en absoluto el interés y explica bastante bien lo que pasó. Pero el análisis de lo que pasó en esa guerra lo dejaremos para un futuro.

Al final, el conflicto concluyó el 14 de agosto al entrar en vigencia la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que estableció un alto el fuego. Ni por entonces ni posteriormente quedó ninguna duda, ni siquiera para los mismos israelíes, de que la Guerra de Julio había sido un desastre. Y ello a pesar de que los planes para la operación se habían elaborado con semanas de antelación a la toma de los dos prisioneros israelíes. Según todos los indicios, el Estado Mayor tenía preparada la ofensiva contra Hezbollah y sus rampas de misiles para septiembre, quizás más tarde, aunque no más allá de octubre. La milicia de los chitas libaneses lo sospechaba así, y de ahí la incursión del 10 de julio para capturar algunos reclutas isralíes que dieran información sobre el despliegue. Estaba claro que los dos prisioneros que se hicieron en aquella operación desvelarían a Hezbollah detalles importantes que echaban por tierra los preparativos. De ahí que tras consultar apresuradamente con Olmert y Washington, el Estado Mayor israelí decidió anticipar la fecha de la incursión.

Si la guerra fue un “desastre” para los israelíes fue precisamente por la precipitación e improvisación. El Estado Mayor israelí estaba preparando un plan operativo en caso de una guerra con Hezbolá con ataques masivos de cohetes llamado “Aguas Elevadas” que no fue aplicado porque todavía estaba siendo discutido y contemplaba la entrada de fuerzas terrestre en el Líbano. (La ocupación de suelo libanés se realizó cuando avanzada la guerra se vio que los ataques aéreos eran insuficientes). Israel en absoluto tenía previsto invadir el Líbano porque sus fuerzas armadas habían estado bastante ocupadas con la Segunda Intifada y la Desconexión de Gaza. Las fuerzas del Mando Norte habían sido desatendidas con una prioridad baja en maniobras, material y personal entrenado. Así que no desde luego no existía nada parecido a un plan de invasión del Líbano y mucho menos los dos militares israelíes, reservistas y de bajo rango, tenían conocimiento alguno de los planes que se discutían en el alto mando.

Al final Lo que parece insinuar el profesor Fransico Veiga es que la acción de Hezbolá, secuestrar en territorio israelí a dos soldados, estaba justificada por la supuesta inminente invasión isralí y no fue más que una acción anticipatoria justificada por las circunstancias. Nos es más que otro giro de tuerca al discurso de que cualquier acción reprobable por parte de Hezbolá tiene su justificación o forma parte de la naturaleza del conflicto. El propio autor enfatiza que su libro no es un manual de historia al uso, sino un ensayo histórico: Un relato de los hechos sin el apoyo de bibliografía y referencias. Hubiese estado bien conocer de qué sombrero sacó tantas ideas.

Por cierto, los dos soldados israelíes secuestrados en el incidente que dio origen a la guerra murieron en la emboscada de Hezbolá o por las heridas provocadas en un lapso de tiempo muy corto. Los cuerpos del sargento 1º Ehud Goldwasser y el soldado Eldad Regev fueron retornados a Israel dos años después.

Líbano, hace cinco años

El 25 de junio de 2006 un comando del grupo palestino Hamás cruzó la frontera con Israel desde la Franja de Gaza mediante un túnel. Dentro de territorio israelí atacaron un puesto militar donde mataron a dos soldados y capturaron al cabo Gilad Shalit. Tres días más tarde las fuerzas armadas israelíes lanzaron una operación militar en la Franja de Gaza que recibió el nombre de “Lluvias de Verano”. Los objetivos declarados de la operación fueron la liberación de Gilad Shalit e impedir el lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza, que había dejado de estar bajo ocupación israelí.

En 2005 el gobierno de Ariel Sharon había llevado a cabo el desmantelamiento de las comunidades israelíes en la Franja de Gaza, unas 10.000 personas, y la retirada de las fuerzas militares. La Autoridad Palestina tomó el control de la zona pero en medio de un creciente conflicto entre Hamás y al-Fatah. En las elecciones legislativas de enero de 2006 habían ganado los islamistas de Hamás, pero la presidencia de la Autoridad Palestina anuló el resultado. El conflicto estallaría finalmente de forma violenta en 2007 con la toma de poder de Hamás en Gaza y de al-Fatah en Cisjordania, convirtiendo al territorio palestino en dos entidades diferentes en la práctica: Hamastán y Fatahland.

Las operaciones militares israelíes del verano de 2006 no obtuvieron resultado. Finalmente se impuso un alto el fuego informal en noviembre de 2006 que dura hasta hoy (véase mi artículo en el número de febrero de 2011 de la revista “Fuerzas de Defensa y Seguridad”). Pero a los pocos días del comienzo de la Operación “Lluvias de Verano” el grupo libanés Hezbolá trató de liberar presión sobre Gaza creando un segundo foco de atención para Israel.

En la maañna del 12 de julio de 2006 una patrulla israelí formada por dos vehíulos “Humvee” blindados viajaba entre las poblaciones de Zar’it y Shtula cuando fue emboscada por una fuerza de Hezbolá que había cruzado la frontera con Israel. En la madrugada había saltado una alarma que alertaba de una intrusión en la valla que separa Israel y Líbano pero no se mandó a ninguna fuerza a investigar precisamente por el miedo a intentos de secuestro. Los dos vehículos formaba parte de una de tantas patrullas aleatorias que se envíaba a recorrer la frontera. Los soldados que la integraban pertenecían a una unidad reservista a punto de terminar su período de servicio anual y sus estándares de servicio eran un tanto bajos.

El segundo vehículo de la patrulla recibió el impacto de varias granadas anticarro RPG y empezó a arder. Los soldados que sobrevivieron abandonaron el vehículo sólo para ser abatidos por ráfagas de ametralladora pesada. El primer vehículo inexplicablemente se detuvo sólo para quedar aún más expuesto a los disparos de lanzagranadas anticarro RPG. Dos de los soldados que ocupaban el vehículo resultaron heridos. La fuerza incursora de Hezbolá los capturó y llevó al interior del Líbano. Murieron en aquel momento o poco después de sus heridas.

El ejército israelí lanzó una incursión al interior del Líbano. Un carro de combate siguió las huellas de los vehículos con los que los miembros de Hezbolá huyeron del lugar sólo para encontrarse una carga explosiva de entre 200 y 300 kilos que mató a los cuatro ocupantes del Merkava Mk.II. Hezbolá respondió con lanzamiento de cohetes contra instalaciones militares y poblaciones civiles en el norte de Israel. El gobierno de Israel de Ehud Olmert replicó con ataques aéreos.

Lo que comenzó como una maniobra de distracción secundaria al conflicto en Gaza se convirtió en la segunda Guerra del Líbano para Israel y duró más de un mes.

El jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas fue durante la guerra un general de la fuerza aérea que dio prioridad al poder aéreo y a las estrategias estadounidenses de “Operaciones Orientadas a Efectos”. En las tres primeras semanas de la guerra la fuerza aérea israelí arrojó tantas bombas como en toda la Guerra del Yom Kippur sin lograr sus objetivos. Los cohetes de Hezbolá siguieron cayendo hasta el último día de la guerra. La campaña terrestre se lanzó más por la presión de la opinión pública que porque formara parte de una plan bien establecido.

He acumulado decenas y decenas de informes y artículos sobre aquella guerra. Y creo, tengo que confirmarlo, que no se ha escrito casi nada serio en español. Guillem Colom, en su artículo “Los límites del paradigma estratégico israelí” la menciona como un fracaso israelí. ¿Fue así? ¿Qué lecciones se pueden sacar de aquella guerra? Hezbolá es uno de esos actores no estatales altamente empoderados y aquella guerra un ejemplo de libro de “guerra híbrida”. Me parece que es materia para un trabajo académico.

[Cinco años después Gilad Shalit sigue en manos de Hamás]

Debates robados

En España resulta ser que ahora todo el mundo es experto en vehículos acorazados e inhibidores de frecuencias, a la par que defensor de las fuerzas armadas. Si hace meses se hablaba del ácido bórico y del dinitrotolueno, ahora toca terrorismo y fuerzas armadas.

El atentado terrorista del pasado domingo ha quedado reducido a la ausencia de inhibidores de frecuencia en los vehículos BMR españoles desplegados en el Líbano. De haber estado instalados quién sabe si se hubiera evitado el atentado. Se habla de los inhibidores de frecuencia como si fueran un recurso infalible más cercano a los escudos de energía de las películas de ciencia ficción que a lo que realmente son. Y cabe preguntarse que de haber fallado el atentado gracias a la presencia de los dichosos inhibidores, ¿no lo habrían intentado de nuevo los terroristas con otro método de activación?

Si un casco azul español hubiera muerto por un disparo de mortero ahora estaríamos hablando de la calidad de los chaleos antifragmentos. Y si el verano pasado un “Morsa” de la 5ª Escuadrilla, con sus décadas de servicio a cuestas, hubiera sido derribado con un misil tierra-aire portátil ahora estaríamos discutiendo por qué no llevan alertadores de radar y lanzadores de señuelos.

La cuestión es ¿envía España tropas al extranjero a lugares peligrosos con las debidas garantías? Los simpatizantes del Partido Popular se dan golpes de pecho, como si aquellos ocho años de gobierno se hubieran caracterizado por una especial sensibilidad hacia las fuerzas armadas y sus necesidades. Sólo basta recordar la profesionalización de las fuerzas armadas sin el debido debate público sobre el coste de tal medida.

Rescato un texto de Pedro Fatjó publicado en la página web del think tank neocón GEES en junio de 2000 y que en su último párráfo dice:

[E]s hora de que la política de defensa de España muestre una adecuación entre los objetivos de nuestra política internacional (un aumento del peso de nuestro país en la arena internacional, algo por cierto, que ha tenido continuidad entre los gobiernos de Felipe González y de Jose Mª Aznar) y los medios puestos a disposición de las FAS para cumplir el papel que se les asigna en la misma.

Mismo problema y mismo síntoma: España, dentro de los diez países con una mayor economía del planeta, tiene un gasto reducido en defensa. En un ranking del SIPRI, dentro de los países desarrollados España está a la cola en gasto de defensa. Por debajo de nosotros sólo quedaban en el año 2003 Suiza, Nueva Zelanda, Japón, Luxemburgo, Irlanda e Islandia (que no tiene ejército). Esto, es España es el país de la OTAN que tras Luxemburgo menos gasta en defensa.

Sin embargo las fuerzas armadas españolas se han desplegado en los últimos diez años en lugares como Haití, Pakistán, Indonesia, Iraq, Mozambique, Kosovo y Afganistán. Por el camino no se ha dejado de comprar multimillonarias armas estrellas mientras se dejaban amarradas fragatas por falta de marineros o las balas de fusil se compraban en Italia por resultar pésimas las españolas. Y se vive la paradoja que a patrullar en BMR como fusileros en lugares como Kosovo o Líbano se mandan a paracaidistas y tripulantes de carros de combate. Esto es, los soldados se preparan en España para unos cometidos y en misiones reales desempeñan otros. Tan comprometidos están legías y paracas en las misiones en el extranjero más peligrosas que a los Balcanes se han envíado soldados de las unidades de artillería costera, de la Guardia Real o de las guarniciones de Canarias, Ceuta y Melilla.

Se podría decir tantas cosas como para llenar un blog que hablara de las fuerzas armadas españolas, la defensa nacional y sus problemas. Pero creo que todo resulta tan evidente que he encontrado entradas interesantes en blogs ajenos por lo general al asunto. Les recomiendo lo dciho en el blog de Juan Carlos Escudier y en el blog de Lluís Bassets.

Ruedan cabezas

Cuenta hoy el ABC (gracias a Copypaste por el chivatazo) que el general de división Udi Adam, comandante general del Mando Norte del ejército israelí, ha sido sustituido.

Es curiosa las distintas percepciones sobre lo que pasa allí. Hay quienes están convencidos de que Israel está ganando por goleada a Hizbolá (copio el curioso símil futbolístico empleado por el corresponsal del ABC). Pero todo eso me recuerda a cierto diálogo que supuestamente mantuvieron tras el fin de la guerra de Vietnam un general vietnamita y otro estadounidense. Este último le dijo al primero jactancioso: “Jamás lograron derrotarnos en una sola batalla”, a lo que el otro respondió “Sí, puede ser cierto. Pero también intranscedente”.

P.S.: Manel Gozalbo ha comenzado en HispaLibertas el primer capítulo de cuatro sobre la historia reciente del Líbano.

Cuenta atrás para la paz

Algo se mueve en la actual guerra del Líbano. La percepción de que la actual estrategia de Israel ha fracasado debe haber calado en las esferas donde se toman decisiones porque es una idea que empieza a leerse no sólo en los pocos blogs y analistas que miramos las cosas más allá del “quién-empezó-primero” o “mis-muertos-son-más víctimas-que-los-tuyos”. Se lo cuestionan incluso en Israel.

La paradoja es que podemos considerar que Hizbolá ha fracasado también en sus objetivos iniciales. Si su intención era liberar a Gaza de la presión israelí lo único que ha conseguido es que las víctimas palestinas queden sepultadas informativamente por las libanesas. Tampoco se ha producido la movilización de las masas árabes como sucedió con el asunto de las caricaturas de Mahoma. La fractura sunní-shií pesó más que la posible solidaridad pan-islámica. Ni siquiera Al Qaeda a través de sus comunicados ha tenido un papel importante. La situación del Líbano es insostenible. De ahí que el líder de Hizbolá anuncie que está dispuesto a un alto al fuego (no, no exige como condición la destrucción del estado de Israel como algunos quieren hacernos creer).

Pero dos cosas han quedado claras: La idea de una “franja de seguridad” limitada resulta inútil para Israel con el mayor alcance de los cohetes de fabricación iraní que emplea Hizbolá. Y un dominio efectivo del sur del Líbano no puede ser obtenido sólo desde el aire. A Israel sólo le queda la opción de disparar a todo lo que se mueva o invadir el Líbano en una guerra abierta y total. Ambas opciones son inasumibles políticamente.

Así que algo se tiene que estar moviendo cuando EE.UU. va a presentar conjuntamente con Francia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una propuesta de alto fuego en la zona (ver El País, CNN) y Reuters).

Los combates se intensifican porque el tiempo se agotan. Mientras tanto no se pierdan el seguimiento de los acontencimientos en “Guerra y Paz”.

Cuando David fue Goliath

Cuando por fin consigo conectarme para retomar “El nudo libanés” tengo la sensación de que los acontecimientos han avanzado hasta un punto que las cosas que quería contar la semana pasada ahora sonarán a verdades de Perogullo. Pero no por ello voy a dejar de darles mi visión.

¿Quién está ganando y quién está perdiendo en el Líbano? A priori sería difícil decirlo. Cualquier información sobre los objetivos militares alcanzados provenientes de ambos bandos hemos de tratarla con cautela. Pero sólo basta recordar una premisa de los buenos viejos tiempos de la Guerra Fría: La guerrilla no perdiendo gana. Un ejército no ganando pierde. Hizbolá sólo tiene que sobrevivir, sin duda lo hará, a este conflicto para convertirse en vencedor moral. Si uno se mide por sus enemigos, entonces este conflicto ha convertido a Hizbolá en un actor fundamental de Oriente Próximo de la misma manera que George Bush convirtió a Al Qaeda en el equivalente a una super-potencia al declararle la guerra al terrorismo (yihadista).

Israel se ha propuesto destruir la capacidad militar de Hizbolá en el sur del Líbano. Ese podría ser uno de sus indicadores de victoria. Pero será inútil. Tras este conflicto segurián intactos sus vínculos con Siria e Irán, su capacidad de financiación y su apoyo entre la comunidad shií del Líbano. Las lanzaderas de cohetes perdidas serán tarde o temprano repuestas por Siria e Irán. Y las bajas en combate, respuestas con el flujo de nuevos voluntarios dispuestos a luchar para vengar la muerte de un pariente o conocido.

La única forma que le queda a Israel de proclamar una victoria es forzando el cese de los ataques con cohetes al norte de Israel dominando el sur de Líbano. Y ello no se consigue sólo desde el aire o con bombardeos de artillería. La infantería ha de pisar el terreno para controlar un terrirtorio. Una nueva invasión del Líbano es la única opción, y da la impresión de que los israelíes están tratando de evitar malas experiencias pasadas. Pero haciéndolo parece que está poniendo en práctica la recopilación de los mayores errores propios y ajenos de los últimos años:

-No puedes exigir acciones de fuerza a un gobierno débil.

Max Weber, uno de los padres de la Sociología, definió al Estado como la entidad que ostenta el monopolio de la violencia legítima. Y el Líbano es un buen ejemplo de Estado débil cuyo territorio ha servido campo de batalla para Siria e Israel, que parecía que por fin estaba saliendo de la destrucción y la era política de la guerra civil, y que por otro lado alberga una entidad paraestatal, Hizbolá. Vapulear un país y destruir infraestructuras civiles para obligar a un gobierno que ordene a sus fuerzas militares y paramilitares que cese la violencia sirvió en 1999, porque Slobodan Milo¨ević controlaba las fuerzas paramilitares de la Militsya en Kosovo. Obligar al gobierno libanés a desarmar a Hizbolá no sólo es pedir un imposible, es provocar una nueva guerra civil.

-Hundir el aparato del Estado en una nación multiétnica y multiconfesional genera una espiral de caos irreversible.

A EE.UU. le costó pocas semanas invadir Iraq y provocar el colapso del régimen. Lleva tres años e Iraq está en la lista de espera de los estados fallidos que generan inestabilidad regional (Afganistán, Somalia, R. D. Congo…) ¿Qué gana Israel con un Líbano desmembrado y en guerra civil? ¿Permitir una reentrada de Siria como árbitro regional? ¿Aumentar la dependencia de la población civil del aparato de asistencia social de Hizbolá? ¿Fortalecer a Hizbolá?

-No se puede ganar una guerra sólo desde el aire.

EE.UU. y sus aliados ganaron en Kosovo en 1999 y en Iraq en 2003. Pero los análisis sosegados a posteriori de los expertos extrajeron lecciones cuando la prensa ya no prestaba atención. La OTAN bombardeó las fuerzas militares y paramilitares serbias en Kosovo con escaso resultado. Una fuerza militar puede resistir los ataques de una fuerza aérea moderna que se empeñe en ganar la guerra sólo desde el aire. Sólo el fracaso de los bombardeos sobre objetivos militares es lo que llevó a la OTAN a tomar las infraestructuras civiles serbias como objetivo. En cuanto a Iraq pocos recuerden la puesta en práctica de la estrategia “Shock & Awe” obra de un gurú de uno de esos think-tanks de Washington al comienzo de la invasión de Iraq… Leyendo lo que se esperaba de su puesta en práctica es de entender que el autor de la idea se distanciara de lo visto en 2003.

Existe quizás una segunda explicación al predominio de las acciones aéreas en este conflicto. La primera, como vimos, es la mala experiencia que supuso para Israel la ocupación entre 1982 y 2000 del sur del Líbano. Hizbolá reclama de hecho la retirada israelí como una victoria. La segunda es la identidad del actual jefe de las Fuerzas de Defensa Israelíes: El teniente general Dan Halutz. Proviene de la fuerza aérea, la rama de las fuerzas armadas israelíes más vinculadas con EE.UU. Al contrario que la marina y el ejército de tierra, cuyos materiales y doctrina son autóctonos, desde los años 70 el material principal de la fuerza aérea israelí es estadounidense. Y dada su superioridad regional, no es de extrañar que haya tratado de imitar la doctrina estadounidense, especialmente con la sensibilidad de la sociedad civil a un nuevo embrollo en el sur del Líbano.

El problema añadido de tratar ganar una guerra desde el aire es que 3.000 pies de altura es difícil distinguir una ambulancia de una furgoneta cargada de milicianos. Y con Hizbolá usando a la población libanesa de escudo humano, sucede lo que en Qana. En la era de la TV e Internet una guerra que se gana en los campos de batalla y se pierde en los medios de comunicación es una guerra perdida.

[Continuará]

El nudo libanés

No voy a entretenerme en disquisiciones morales sobre la crisis libanesa, buscar un culpable y de paso elegir qué niños huérfanos son más víctimas y merecedores de mi compasión. Eso lo dejo para los bloggers expertos en torres de marfil. Me temo que si empezamos a desenredar el hilo histórico terminaremos hablando de un tal Abraham. Y yo de lo que les voy a hablar es de los aspectos relacionados con la temática de este blog. Que no es poco.

Los hechos son conocidos, pero los repaso:

El 25 de junio de 2006 un soldado israelí, Gilad Shalit, es capturado por milicianos palestinos en un puesto militar israelí en la frontera con Gaza. La acción es reivindicada por distintas organizaciones palestinas, que exigen la liberación de palestinos en cárceles israelíes.

Dos apreciaciones: 1) Del soldado israelí conocemos su nombre y su cara. Haga el lector la prueba de recordar el nombre y cara de algún palestino corriente que haya protagonizado las noticias. 2) Nótese que uso para este suceso concreto la expresión “milicianos palestinos”. Desconozco la identidad y filiación de los palestinos que intervinieron en la acción, así que dada la naturaleza de ésta no he empleado en este caso la expresión “terroristas” que es aplicable en otros casos.

El gobierno israelí responde atacando sedes de la Autoridad Nacional de Palestina, viviendas de miembros de HAMAS e infraestructuras civiles (como por ejemplo, centrales eléctricas). La operación es denominada por los israelíes “Lluvias de Verano” y tiene el doble objetivo de presionar a la ANP y HAMAS para que libere al soldado, y cesar los ataques con cohetes caseros “Qassam” desde Gaza a Israel.

cohetes qassamPor Qassam se conoce de forma genérica a las cohetes producidos de forma artesanal por palestinos en la franja de Gaza. Reciben su nombre del jeque Izz ad-Din al-Qassam (1882–1935).

Conociendo que se construyen en talleres clandestinos su aspecto externo y características variarán de unas series de producción a otra. Aunque se conoce tres tipos principales, según su alcance: Qassam 1 (3-4.5km), Qassam 2 (8-9.5km) y Qassam (10-20km). Un cohete es un arma no guiada y tratándose de armas artesanales la precisión de los Qassam debe ser reducida. Se trata de un arma para realizar ataques indiscrimandos contra poblaciones. (Más información sobre los cohetes Qassam en Globalsecurity.org y Weaponsurvey.com).

Será cosa de la “desconexión de Gaza” o del muro (habría que ver las estadísticas) pero da la sensación de ha disminuido el número de atentados suicidas en Israel mientras que HAMAS va adoptando tácticas de guerrilla en detrimento de las terroristas. Los M109 y F16 israelíes podrán seguir bombardeando la franja de Gaza pero me atrevo a decir que presenciaremos un aumento de la escala y complejidad de los ataques contra Israel.

Cuando se llevaban poco más de dos semanas de conflicto en Gaza, el 12 de julio, una patrulla israelí fue emboscada por milicianos de Hizbolá. Según fuentes israelíes la patrulla se encontraba en territorio israelí. Según fuentes libaneses la patrulla se encontraba en suelo libanés. Dos soldados israelíes, Ehud Goldwasser y Eldad Regev, fueron capturados con el propósito de ser intercambios por prisioneros en manos israelíes. Coincidiendo con el ataque a la patrulla comenzaron ataques de mortero y cohetes desde territorio libanés al israelí, en lo que Hizbolá llama Operación “Promesa Verdadera”. Israel respondió con ataques aéreos en el Líbano y con una incursión de sus fuerzas terrestres en la bautizada Operación “Recompensa Justa”, luego cambiada a Operación “Cambio de Dirección“. El resto lo estamos viendo en televisión.

Añado un detalle. Los cohetes que emplea Hizbolá non son los cacharros de producción casera palestina. Son cohetes de artillería, de diseño soviético BM-21 o sus variantes de fabricación iraní. Originalmente montados en una lanzadera sobre un camión, se han visto imágenes de televisión en los que milicianos de Hizbolá llevan un cohete para disparar desde un montaje individual. No son armas guiadas, y al igual que los Qassam, Hizbolá los usa para ataques indiscriminados contra la población civil. Son los cochetes que algunos periodistas llaman erróneamente “cohetes Katiushka” o “Katiuska”, en lo que es una deformación del nombre del primer sistema de cohetes de artillería ruso: El BM-13 “Katiusha”.

No es la primera vez que Israel interviene en el Líbano. Lo hizo en 1978, en la Operación “Litani” para expulsar a la OLP hacia el norte del río de ese nombre (un buen mapa del Líbano es de ayuda) tras una larga historia de incursiones terroristas desde el Líbano. Lo hizo en 1982, en la llamada Operación “Paz para Galilea”. Lo que se pretendía una invasión limitada de la zona sur del país terminó en una guerra abierta, con la implicación de Siria. Las fuerzas aéreas israelíes y sirias terminaron chocando en el cielo libanés, mientras que las fuerzas terrestres israelíes se internaron en el país hasta cercar Beirut. Los combatientes palestinos terminaron abandonando el país y la OLP estableció su base en Túnez. Israel estableció entonces la denominada “Franja de Seguridad” en el sur del país, que abandonó en el año 2000. Antes de esa fecha, en 1996, lanzó la campaña de bombardeos denominada Operación “Uvas de la Ira” como respuesta de ataques de Hizbolá a territorio israelí.

Y todo esto lo cuento, como contexto del próximo análisis de lo que sucede en el Líbano ahora mismo.

[Continuará]

Parar esa mierda

Llevaba dos semanas de retiro monacal en mis cuarteles de verano. Me había dedicado a cosas realmente productivas como ver los capítulos de House que todavía no se han emitido en España. Y tenía pensado reaparecer en la blogosfera para tratar temas no relacionados con mi blog. La clase de cosas que escribo cuando me pongo a ordenar mis libros, revistas, papeles y apuntes. Cada cierto tiempo hago una limpieza drástica y me entra una especie de melancolía extraña por esa sensación de estar tirando un cacho de mi vida a la basura. En el contenedor de papel de reciclado terminan recortes de periódicos que guardé para una entrada en el blog que nunca llegué a escribir, un suplemento dominical que hablaba de una ciudad a la que finalmente no viajé o una lista de tareas que nunca terminé de hacer. Que en la ecuación entrara cumplir años explica en parte el estado de ánimo.

Lior de Canarias Bruta me dejó un comentario preguntándome si trataría sobre la situación en el Líbano. En ocasiones pasadas recibí preguntas parecidas referidas a algún asunto de los que centenares de bloggers estaban dando su opinión. No suelo tratar los asuntos de máxima actualidad porque mi voz sería una entre miles y tendría poco que aportar a lo dicho por otros. Y porque de esos temas percibo que se publica más ruido que información. Me resultan más interesante informativamente los ataques del Primeiro Comando da Capital a las comisarías de São Paulo o las aluciones de yihadistas a la teoría de las Guerras de Cuarta Generación.

Y en estas que hoy me topo en un periódico local con la información sobre la actual crisis en el Líbano. Ocupa toda la página. Son cinco noticias: Dos principales, y tres que comparten una columna en la derecha. Las dos noticias de mayor extensión se refieren a los bombardeos sobre el Líbano y al apoyo de Irán a Hizbulá. En la columna de la derecha leemos, de arriba a abajo sobre la repatriación de españoles, el personal de la FINUL atrapado en Tiro y sobre los miles de perros y gatos abandonados en el norte de Israel. ¿He leído perros y gatos? Sí, perros y gatos. La breve noticia nos informa de que miles de familias residentes en el norte de Israel en su huída a lugares más meridionales del país han dejado atrás a miles de mascotas que dadas las temperaturas en la zona en este período del año morirán pronto de hambre y calor. Afortunadamente 138 animales han sido rescatados oportunamente por la protectora de animales. ¡Bravo por ellos!

Son la clase de cosas que me llevan a que casi nunca escriba sobre Oriente Próximo. Parece que es un tema que vuelva gilipollas a la gente en todo el espectro ideológico.Me harté tras el 11-S. En este caso lo achaco más al despoblamiento de las redacciones durante el verano y a que la prensa local rellen la sección de información internacional con los teletipos de agencias. Cualquier teletipo. Así resulta que la suerte de unas mascotas israelíes ocupa más espacio que la situación en los hospitales libaneses, por ejemplo. ¿O trataba el periódico de predisponernos en contra de los desalmados judíos que abandonaron a los pobres cachorrillos bajo el abrasador sol de Galilea? Creo inútil dar más ejemplos de las tonterías que he visto estos días. Supongo que la mayoría de personas las habrá encontrado en la blogosfera, sin ir más lejos.

Lo triste o lo irónico es que Israel tratando de salvar la vida de sus dos soldados en manos de Hizbolá haya hecho lo más parecido que escupir contra el viento. Hundir el estado libanés sólo fortalecerá a Hizbolá y desestabilizará la zona por largo tiempo. ¿Es que no han aprendido nada de la experiencia iraquí?

Esta vez la revolución será transmitida

Pensé que era cosa mía. Una de esas ideas peregrinas de las mías. Hasta que me encontré lo mismo en el blog de Instapundit, el überblogger.

Y es que es bastante llamativo como las noticias se han llenado de chicas libanesas:

The Economist

The Weekly Standard

Newsweek

Una foto de Associated Press:

Una foto de la Agencia France Presse:

Y otra más de AFP:

O bien los fotógrafos que cubren Oriente Medio se han hartado de fotografiar cuerpos destrozados en atentados terroristas y han dado rienda suelta a las hormonas, o alguien se ha propuesto vendernos la revolución libanesa por los ojos.

Y claro, frente a eso, esto:

Otra pandilla de chiflados árabes jaleando al dictador de turno cantando “¡con nuestra alma, con nuestra sangre te defenderemos Bachar Al Assad!” mientros uno se autolesiona. Igualito que aquellos chiflados filmados por Jon Sistiaga y José Couso a las afueras de Bagdad durante la invasión de marzo de 2003.

Kerry Spot tiene una teoría. Se trata de una nueva forma de guerra asimétrica. Copar los informativos con imágenes de tías buenas, esperando atraer la atención de la blogosfera política que es desproporcionadamente masculina. El hecho es que hasta yo estoy hablando de ello…