Archive for the ‘Yihad’ Category

¿Y si la llama se apaga?

Wednesday, June 4th, 2008

El pasado sábado El País recogía las declaraciones del jefe de la CIA en las que afirmaba que Al Qaeda estaba siendo “esencialmente derrotada en Irak y en Arabia Saudí”. El País recogía con días de retraso un debate lanzado entre los expertos desde distintas tribunas sobre los indicios de que Al Qaeda está siendo derrotada a nivel global: La campaña de atentados indiscriminados lanzados por Al Zarqawi en Iraq que redujo la simpatía en el mundo musulmán hacia los yihadistas, la creciente irrelevancia de Bin Laden, la incapacidad de Al Qaeda (”núcleo central”) de organizar un gran atentado espectacular en Occidente, etc… No faltan voces que opinan que todo optimismo al respecto es ilusorio. Yo mismo he ido dejando pendiente el escribir sobre la transformación de Al Qaeda en algo diferente a lo que era antes del 11-S. Comprender las diferencias podría quizás llevarnos a entender que nuestros análisis sobre las victorias y derrotas de Al Qaeda ha de ser necesariamente a la fuerza diferentes.

Pero por un momento pensemos. ¿Y si Al Qaeda es derrotada? ¿Y si la actual ola de terrorismo yihadista se desvaneciera como lo hizo el terrorismo ultraizquierdista surgido en Europa tras mayo del 68? (Cosa que planteábamos en este blog en el verano de 2005) Sería curioso imaginar el rumbo de la política exterior estadounidense. ¿Tendríamos nuevas Ruandas y Bosnias en una nueva etapa aislacionista? Sería curioso pensar en el tiempo y recursos dedicados a una amenaza que dejara de existir. ¿Qué sería de todos esos alqaedólogos de última hora? Pero sobre todo, ¿qué serían de nuestras libertades y derechos perdidos?

Este blog seguiría teniendo sentido. Iraq, Afganistán y el movimiento yihadista son sólo los árboles que no dejan ver el bosque: Sinaloa, Darfur, las costas de Somalia…

Nota: He eliminado la moderación a priori de comentarios. Por el camino algún comentario se ha perdido por ser yo un manazas. Pido disculpas a los damnificados. Tras el retorno quedan muchas cosas por mejorar.

Bin Laden y los mitos necesarios

Thursday, October 4th, 2007

El 11-S muchas personas de izquierda se enfrentaron ante un dilema moral. Sus más elementales instintos humanos les hicieron horrorizarse ante un acto pavoroso del que se decía, calculando el número de trabajadores de las Torres Gemelas, había causado decenas de miles de víctimas. ¿Cómo no sentir horror y asco ante la muerte y la destrucción? ¿Cómo no sentir empatía con los ciudadanos de la única hiperpotencia global? ¿Cómo no condenar un acto cometido presumiblemente por aquellos a quienes hasta el momento se tenían por campeones de los débiles y abanderados del antimperialismo?

Muchas de aquellas personas de izquierda sintieron revolverse sus entrañas. Se sentían incapaces de sentir conmiseración por las víctimas y asco por los verdugos. La realidad les resultaba insoportable. Poco a poco en su cabeza se fue abriendo paso una terrible necesidad de reordenar la realidad. Aquellos ejecutivos estadounidenses bien trajeados que se alejaban de la Zona Cero cubiertos de polvo y cenizas no podían ser víctimas dignas de afecto. Aquellas mujeres que mostraban una foto de un familiar y miraban a la cámara preguntando si alguien había visto a sus seres queridos pero sin terminar la frase al romper a llorar no podían ser objeto de pena. Los estadounidenses no eran dignos de recibir el status de víctima. La muerte de miles de ellos no podía ser un acto que lamentar.

Y así se abrió paso una idea. Todo debía ser mentira. Un acto tan brutal y espeluznante que nos obligaba a sentirnos neoyorkinos también nosotros aquel día sólo podía ser una maniobra deliberada de poderes ocultos en la sombra. Un criminal del calibre de Bin Laden sólo podía ser agente a sueldo de Washington. El 11-S debía ser sin duda una operación clandestina de la CIA o del mismísimo Mossad, un plan perfectamente articulado por los más implacables halcones neocón de la administración Bush.

Miles de personas de izquierda respiraron entonces aliviadas en todo el mundo. Habían encontrado por fin poderosas razones para no participar en el horror y la conmoción generalizada. En el peor de los casos, se dijeron, si el tal Osama Bin Laden existía sólo estaba haciéndole pagar a EE.UU. por todos sus desmanes en el mundo. Miles de personas de izquierda volvieron a mirar otra vez a sus televisores, y mientras el resto del mundo miraba con horror y costernación las mismas imágenes ellos no sintieron nada.

Hoy en radiocable.com me han entrevistado. Hablé de la guerra de Afganistán en los años ochenta, el papel de Bin Laden en ella y el origen de la yihad global. Desmontando el mito de “Bin Laden fue agente de la CIA” salió un titular: “Bin Laden no necesitaba los cheques de la CIA para llegar a fin de mes”.

Afganistán y el origen de la yihad

Sunday, September 30th, 2007

La invasión soviética de Afganistán fue presentada por la administración Reagan como una muestra del expansionismo soviético, una adaptación a las reglas de la Guerra Fría del Gran Juego de Asia del siglo XIX. Afganistán, se dijo, era el primer paso. El siguiente, anunciaron, sería Pakistán, la salida al Oceáno Índico que una vez el imperio zarista soñó y la llave para controlar el cercano Estrecho de Ormuz.

Era mentira. A finales de los años setenta Afganistán estaba gobernada por un partido comunista cuya recalcitrante ortodoxia marxista-leninista asustaba hasta en Moscú. Los intentos de modernizar el país por decreto, escolarización de las niñas y colectivización de la tierra entre otras medidas, había encontrado la resistencia de la población rural. Estallaron revueltas reprimidas duramente por el gobierno de Kabul. Se entró en una espiral de violencia que empujó a muchos campesinos a echarse al monte y a sus familias a refugiarse en la vecina Pakistán.

La CIA intervino apoyando a la oposición afgana. Quería causarle problemas a la U.R.S.S. en un país fronterizo poblado por los mismos grupos étnicos que dos de sus repúblicas centroasiáticas, Uzbekistán y Tayikistán. En Moscú la situación se analizó como una amenaza para la estabilidad de dichas repúblicas. En 1979 había caído el shah de Persia y en la U.R.S.S. se temía la expansión del islamismo político al Asia Central. Que hubiera partidos islamistas entre la oposición afgana se veía como una amenaza directa. Moscú intervino finalmente. La Unión Soviética invadió Afganistán el 24 de diciembre de 1979.

Cuando Ronald Reagan se convirtió en presidente de EE.UU. la CIA tomó una postura aún más agresiva respecto a la situación en Afganistán. El objetivo no era ya causar problemas a la U.R.S.S. Era atrapar al país en una guerra larga y costosa. Se trataba de hacerle pagar a la U.R.S.S. la derrota en Vietnam. Era una venganza y era personal. Pero la administración Reagan no se quería empantanar en otra guerra sucia y lejana en Asia. Era mejor delegar en aliados que aportaran el conocimiento del terreno y la experiencia de alguien local. Ese aliado fue Pakistán y su todopoderosa agencia de inteligencia, el Inter Service Intelligence. Como luego se comprobaría con cada actor implicado en la trama, Pakistán y en concreto el ISI tenía su propia agenda.

Afganistán era para las autoridades paquistaníes su particular “patio trasero”. La etnia pashtún se extendía a ambos lados de la frontera. De hecho Afganistán nunca la había reconocido oficialmente. Para los pashtunes la frontera que dividía los países era una entelequia administrativa, Y para los líderes pakistaníes convertir de facto a Afganistán en una extensión de Pakistán era la forma de obtener profundidad estratégica en caso de un hipotético conflicto convencional con la India.

EE.UU. puso el dinero y los suministros militares y el ISI se encargó de repartirlos. En los campos de refugiados y en los locales donde se bebía té y se discutía de política en las ciudades fronterizas se repetía el fragmentado espectro político afgano. Estaban por un lado los pashtunes monárquicos que contaban con el rey Zahir Shah, depuesto en 1973, como símbolo de la unidad del país. Pero fomentar el nacionalismo pashtún podría ser una arma que se volviera contra el propio régimen pakistaní. Estaban los tayikos del comandante Ahmed Shah Massud, que se habían mostrado combatientes fieros y eficaces en su inexpugnable valle del Panshir. Pero sus dominios estaban tan lejos de la frontera pakistaní que establecer un flujo grande de suministros hasta allí hubiera sido imposible. Habían también partidos interétnicos e islamistas moderados cuya implantación había estado siempre limitada a las élites urbanas. El ISI eligió a los islamistas radicales.

Desde la perspectiva del régimen pakistaní apoyar a un partido islamista era una vía para obtener una legitimidad religiosa, que dado el carácter dictatorial carecía en el terreno de la política. Para la CIA convertir la guerra contra el invasor soviético en una guerra santa era una forma de buscar la implicación de los regímenes conservadores de la Península Arábica y de países como Egipto. Todos necesitaban presentarse ante sus respectivas poblaciones como piadosos musulmanes que ejercían la solidaridad con los hermanos de Afganistán. Las embajadas pakistaníes otorgaron visados a todos los voluntarios que quisieron ir a luchar a Afganistán. Países como Egipto o Arabia Saudí pretendían así deshacerse del lumpen proletariado más militante que en vez de morir luchando contra el gobierno local lo haría ahora de forma heroica como carne de cañón en tierras afganas. A pesar de todo los voluntarios árabes, a los que con el tiempo se les llamaría “árabes afganos”, nunca fueron un contingente excesivamente numeroso dentro de la resistencia afgana a la ocupación soviética.

EE.UU. llegó a un acuerdo para que que Arabia Saudita igualara toda cantidad que la CIA canalizara hacia la resistencia afgana. Pero al margen de las contribuciones de EE.UU., Pakistán y Arabia Saudita hubo un flujo de dinero privado recogido en colectas en las mezquitas y contribuciones particulares. A través de ONG musulmanas ese dinero llegó a Pakistán en paralelo al gestionado por el ISI. En ese ambiente de señores de la guerra, espías, voluntarios, periodistas, cooperantes y oportunistas creado en las provincias pakistaníes fronterizas con Afganistán por el impulso del dinero llegado de el exterior aparecieron personajes como Osama Bin Laden, Ayman Al Zawahiri y Abulá Yusuf Azzam.

Bin Laden en AfganistánBin Laden era uno de tantos hijos de un famoso empresario de origen yemení cuya fortuna había crecido a la sombra de la casa real saudí. Usó sus contactos para recaudar dinero, su experiencia empresarial para administrarlo y su conocimiento del sector de las obras públicas para la construcción de infraestructuras. Años más tarde sería mundialmente famoso y sus seguidores, siguiendo instrucciones de él o quizás no, se encargarían de escribir biografías apócrifas en el que se le describe como un fiero muyahidín, voluntario de primera hora en la guerra. La realidad es que no apareció por Pakistán hasta mediados de los años ochenta, cuando ya empezaba a notarse el agotamiento soviético, y quienes le trataron cuentan que por aquel entonces se sentía agradecido por la contribución estadounidense a la yihad afgana.

La convivencia de los radicales islamistas provocó en ellos un cambio de su visión política del Islam. A Estados Unidos le había interesado la consideración de la guerra afgana como una yihad para atraer aliados en el mundo musulmán. Para los islamistas la yihad no acabaría cuando concluyera la guerra en Afganistán. Aquel era sólo el primer paso. Organizaron sus propios campos de entrenamiento al margen de los que el ISI dirigía. Contaban con el dinero que millonarios como Bin Laden aportaban y el flujo de dinero privado que recogían las ONG.

Según se fue acercando el fin de la guerra las diferencias entre las distintas facciones afganas se fue haciendo más evidente. Hasta aquel momento habían tenido un enemigo común que les había dotado de una identidad colectiva como muyahidines. Ahora quedaba decidir cómo sería gobernado el Afganistán de la posguerra. Por su lado dentro de las filas de los islamistas radicales también surgieron diferencias. La cuestión era el siguiente paso tras la guerra de Afganistán.

Una corriente la representaba Abdulá Azzam, palestino de origen y al que se sitúa en el origen de HAMAS. Era el cabeza de una organización llamada Oficina Afgana de Servicios, que se había encargado de recaudar dinero y acoger a los voluntarios islamistas llegados de todo el mundo. Azzam había procurado que esos voluntarios se redistribuyeran entre los distintos grupos afganos de combatientes. Opinaba que el siguiente objetivo debían ser las tierras del Islam bajo ocupación de los infieles, lo que se podía aplicar a Palestina. Azzam consideraba además que la yihad debía llevarse a cabo dentro de unos límites morales que implicaban no cometer ataques indiscriminados contra civiles indefensos, mujeres y niños. Pero ante todo había que esperar al fin de la guerra en Afganistán y procurar la victoria final.

Bin Laden en AfganistánLa otra corriente la representaba Osama Bin Laden, vinculado también a la Oficina Afgana de Servicios pero con el paso del tiempo había caído en la órbita ideológica de Ayman Al Zawahiri. Tras las burlas de los afganos por la torpeza de los árabes sin experiencia llegados como voluntarios con más ánimos que otra cosa, Bin Laden había decidido organizar su propio campamento dentro de Afganistán y su propio grupo de combatientes aparte de las otros grupos afganos. Tras unos cuantos fracasos inciales el grupo de Bin Laden resistió un asalto de las fuerzas soviéticas contra su campamento lo que le permitió al fin presentarse como un verdadero muyahidín. Su opinión respecto al destino de los voluntarios árabes era continuar la yihad, entendida ahora como una lucha global. Tras la derrota de la U.R.S.S. el objetivo debía ser la otra gran potencia, Estados Unidos. En esa lucha no debía haber límites morales. Los civiles eran objetivos legítimos.

En 1989 una bomba mató a Azzam cuando un viernes iba de camino a la mezquita. Su relación con Bin Laden por aquel entonces era buena. Sus enemigos se encontraban entre los miembros de otras facciones islamistas. Pero la muerte de Azzam dejó vía libre para que Bin Laden tomara el control de la organzación.

Algunos afganos advirtieron a sus contactos de la C.I.A. sobre aquellos islamistas que habían organizado campamentos aparte del resto de los muyahidines y que hablaban de una yihad global. Pero con el fin de la Guerra Fría cesaron las actividades de la CIA en Afganistán. Se había derrotado a los soviéticos. ¿Qué más podía importar? Sólo quedó atrás un grupo reducido de agentes encargados de tratar de comprar los misiles antiaéreos portátiles FIM-92 Stinger que la C.I.A había repartido entre los muyahidines “como chupa chups” (like lollipops). Los presupuestos militares y de inteligencia se redujeron. Y al igual que los agentes de la CIA los voluntarios árabes regresaron a su países de origen convencidos de ser responsables de la caída de la Unión Soviética. El resto es historia.

Nota:
He escrito esta entrada de mi blog movido por lo que cuenta la Wikipedia en español sobre Osama Bin Laden. No es que el artículo sea malo. Es una puta mierda producida por una pandilla de gilipollas progres indocumentados. Una vergüenza total para la Wikipedia. La próxima vez que oigan a alguien decir que “Bin Laden fue entrenado por la CIA” o “Bin Laden fue agente de la C.I.A.” sepan que están ante alguien que no sabe de lo que habla.

Recomiendo la lectura de dos libros Premio Pulitzer:

-The Looming Tower: Al Qaeda and the Road to 9/11 por Lawrence Wright. Si no tienen tiempo ni ganas para leer este es el libro. Es bastante ameno y fácil de leer. Arranca con Sayyid Qutb, sigue con la yihad afgana y se centra en la la vida de Osama Bin Laden y los vaivenes de su relación con Ayman Al Zawahiri, alternando con la historia de las unidades antiterroristas de EE.UU. y cómo su incomunicación llevó a la incapacidad de detener el 11-S.

-Ghost Wars de Steve Coll . Es una obra monumental para quien quiera profundizar a fondo. Yo lo leí por rachas y completarlo me llevó meses. El libro es un relato pormenorizado del papel de la CIA en la guerra afgana y en la posterior lucha contra el terrorismo yihadista. El libro arranca con el asalto de la embajada estadounidense en Islamabad el 21 de noviembre de 1979 y concluye con la muerte de Ahmed Shah Massud el 9 de septiembre de 2001.

2002: El mundo que no pudo ser.

Thursday, September 27th, 2007

El incidente de Blackwater me ocupó la semana pasada distrayéndome de lo que había planeado contar. Hace un par de semana se cumplía el sexto aniversario del 11-S y me pareció que era hora de hacer balance. A estas alturas tiene ya poco sentido escribir la socorrida entrada sobre qué hacía yo mientras dos Boeing 767 se estrellaban contra las torres del World Trade Center (dormía) o qué supuso para mí el mundo post-11S (sentir reivindicado el papel de las Ciencias Sociales).

La primera pregunta a hacernos al mirar atrás es si Bin Laden ha logrado lo que se proponía. Por la bibliografía que ha trazado la trayectoria del personaje y su círculo parece ser que él esperaba una debacle política en EE.UU tras el 11-S. Su referencia era la retirada estadounidense de Somalia tras la batalla en Mogadiscio que inmortalizó Mark Bowden en Blackhawk Down.

Tras los atentados simultáneos contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania y el posterior ataque terrorista contra el destructor U.S.S. Cole en aguas de Yemen los atentados del 11-S serían un tercer y gran golpe demoledor. Sin embargo la reacción en la sociedad estadounidense fue diferente de lo que parece Bin Laden esperaba.

Si acertó en el siguiente paso del gobierno de EE.UU.: La invasión de Afganistán. Bin Laden llevaba tiempo esperándolo. Deseaba luchar en su terreno contras las tropas estadounidenses y que EE.UU repitiera el camino de la U.R.S.S. en Afganistán. Bin Laden se anticipó con el atentado contra Ahmed Shah Massud dos días antes del 11-S. La Alianza del Norte era el único aliado previsible de EE.UU. en una hipotética aventura afgana. Asesinar al líder más carismático y capaz de los señores de la guerra enfrentados a los talibán causaría la suficiente incertidumbre y desmoralización para dejar a la débil alianza de uzbekos y tayikos sin capacidad de enfrentarse a los talibán. Pero el desarrollo de la campaña afgana seguro sorprendió a Bin Laden tanto como a los estadounidenses.

EE.UU. infiltró a un puñado de agentes de la C.I.A. con millones de dólares en efectivo y a un grupo reducido de equipos A del 5th Special Operation Group con designadores láser y equipos de comuncicación satélite. Los unos forjaron alianzas. Los otros a iluminar objetivos para la aviación. En poco tiempo el régimen talibán se desplomó. Tan inesperado fue el resultado que si Bin Laden escapó a Pakistán fue porque nadie previó que Kabul y Kandahar caerían tan pronto, obligando a los dirigentes talibán y de Al Qaeda a huir. Bin Laden descubrió lo que un militar estadounidense años después resumiría en la frase: “La voluntad de los afganos no se compra. Sólo se alquila”.

Conviene pensar en el camino que pudo haber tomado los acontecimientos en el año 2002. La comunidad internacional pudo haberse volcado en la pacificación y reconstrucción de Afganistán contribuyendo a que los talibán quedaran convertidos en un grupo marginal exiliado en Paquistán. El terrorismo yihadista pudo haberse convertido en una cuestión policial combatida con las armas de la justicia en democracia. Podríamos habernos preguntado en Europa por qué en EE.UU. no han aparecido células yihadistas locales formadas por musulmantes nacidos o criados allí.

Bin Laden hubiera seguido siendo una figura carismática lanzando consignas estratégicas a través de sus vídeos, la investigación de ONG musulmanas por su presunto papel en las transfencias de dinero del terrorismo hubiera igualmente soliviantado a musulmanes piadosos preocupados porque los occidentales impidieran las labores de caridad, Oriente Próximo hubiera seguido igual…

Pero de todas las decisiones posibles se tomó la peor: Invadir Iraq. La guerra no ha terminado y aún no hemos empezado a pagar el precio.

[Continuará]

¿Importa el terrorismo?

Monday, June 4th, 2007

Hoy Timothy Garton Ash cuenta en El País algo en la misma línea de lo que yo viví viajando a Holanda. La era del terrorismo global implica sufrir incomodidades y restricciones sobre las que uno no puede evitar preguntarse su utilidad.

Dada la naturaleza cambiante del terrorismo las medidas se asemejan a esos rituales perpetuados por la tradición pero de los que se ha olvidado su significado original. Quizás la impresión de que toda esas medidas tienen algo de teatral e inútil nos lleva a pensar que la amenaza yihadista ha sido exagerada.

Me atrevería a decir que el punto de vista sobre la cuestión varía según la ideología. Hay una cierta afinidad electiva a la hora de elaborar el discurso, siempre predecibile. Como acudir al kiosko cada mes y jugar mentalmente a adivinar los titulares de la edición española de Le Monde Diplomatique. Como abrir RedLiberal en la ventana del navegador y echarse una risas con la colección de falacias sobre el Islam que de vez en cuando nos deleitan algunos (*).

¿Cuántos de los que critican las relaciones del gobierno español con el régimen cubano abrieron la boca cuando Aznar apareció junto a Gaddaffi? (Y de paso se llevó de regalo un cabalo llamado “El rayo del líder? ¿Dónde andará?) ¿Cuántos de los que critican tan ruidosamente el realismo político de la administración Bush aliándose con regímenes como el saudí o pakistaní han elevado una sola vez la voz para una sola vez ponerse en la piel del pueblo cubano? Simplemente obviamos las cuestiones complicadas. La blogosfera está llena de diatribas de ese tipo.

Pero el mal de muchos no puede servirnos de tonto consuelo. En el fondo lo fácil es dedicarse a hablar de cuestiones cuyas respuestas no nos resultan incómodas o inquietantes. Así pasa que ante la cuestión del terrorismo yihadista la izquierda esté tan perdida. Es hablar del asunto en un foro público y enseguida alguien pregunta por qué cuando hablamos de terrorismo nos referimos a grupos yihadistas y no a EE.UU. o Israel. El tiempo pasa, concluye el debate y el asunto a tratar no ha sido ni rozado.

Una de las cosas que llamaba la atención al leer sobre la amenaza yihadista en el Reino Unido es que los portavoces y expertos de la policía británica daban por seguro que se cometería un atentado yihadista en Londres tarde o temprano. Así de crudo y directo.

¿Qué pasará en España cuando suceda el próximo 11-M? ¿Nos volveremos a culpar a nosotros mismos? ¿Seguiremos creyéndonos a salvo siempre que vendamos un poco de nuestra alma al diablo?

La izquierda necesita una discurso al respecto. Y el pacifismo no es la respuesta.

[*] Mis dos falacias favoritas:
-Coger suras del Corán y largar una perotata en el blog a partir de ellas sobre la naturaleza intrínseca perversa y maligna del Islam. Lean el Levítico y asústense. No me responsabilizo de las iglesias que resultan quemadas.
-Explicar con alarmismo la naturaleza agresivamente expansionista del Islam. Ni punto de comparación con las potencias coloniales europeas, que como todos sabemos expandieron el budismo y el zoroastrismo por América, África y Asia a base de mucho talante.

Pequeñas noticias terribles

Wednesday, November 29th, 2006

Pensaba titular esta entrada “Los tomates del islamismo” o “Islamismo y tomates”, muy en mi línea de encabezados llamativos. Pero recordé una película de Stephen Frears del año 2002: “Dirty pretty things”. Porque nuestro mundo se construye a golpe de pequeñas sucias realidades que pasan desapercibidas.

Mientras afilaba el lápiz (¿o el cuchillo?) para hablar de las negociaciones con ETA caí en la cuenta de una de esas noticias aparentemente intranscendente que hablaba de tomates marroquíes. La encontré en la sección de economía de la edición del lunes del diario El País. Ahora mismo no encuentro el recorte (cabía en la palma de mi mano). Pero vía Google News la veo reproducida en diarios locales y espeicalizados.

La cuestión es que asociaciones de agricultores protestan y el gobierno español ya se ha quejado porque Marruecos ha inundando el mercado del tomate haciendo bajar los precios. No entraré en detalles. Esta es una semana en la que no puedo dedicar mucho tiempo al blog. Pero la situación es la misma de siempre. Países no desarrollados producen más y más barato productos que entran en directa competencia con los del mundo desarrollado. Pero tienen problemas para acceder a ese mercado por las medidas proteccionistas que promueven los lobbys agrícolas.

Sé que en la ecuación entran zonas de España que a día de hoy más allá de la agricultura subvencionada o protegida de la competencia sólo tienen al cemento por alternativa. Pero la próxima vez que busquemos las causas del auge de tantos -ismos deberíamos mirarnos por una vez el ombligo.

Don Pelayo cabalga en la red

Saturday, July 8th, 2006

El ciberterrorismo es de esos temas que preocupa a cuerpos policiales y políticos por igual porque suena amenazador y principalmente porque los expertos dicen que debemos preocuparnos.

Yo aquí sin embargo apenas le he dedicado atención. Me interesan más las tendencias emergentes que se producen en el mundo presente ahora mismo y que no necesariamente tienen que ver con las nuevas tecnologías. Al fin y al cabo el genocidio de Ruanda fue instigado por una emisora de radio y se perpretó a machetazos. Mientras otros realizan elucubraciones sobre robots de combate, nanotecnología letal y guerra virtual en el año 2050, en el mundo están pasando cosas que anticipan ya los conflictos del futuro. No transcurrió ni un año desde que hablara de la piratería por primera vez hasta que la cuestión afectara a España.

Descontando algún caso puntual lo que en la práctica tenemos es cibergamberrismo: Adolescentes y no tan adolescentes dedicados a buscar la vulnerabilidad de los servidores de páginas web para acceder a ellos sin permiso y cambiar la página principal. El resultado la mayor parte de las veces es el equivalente a esos graffiti chapuceros “fulanito estuvo aquí”. No es algo que haga falta grandes conocimientos informáticos. Se trata simplemente de seguir las instrucciones dadas por otros en foros de cómo explotar esos agujeros de seguridad. Pero la información fluye para todos. Y en el caso del software libre siempre hay alguien que proporciona una solución, crea un parche o lanza una actualización para “tapar” el agujero. Así al final sucede que los lamers se dedican a pulular por Internet buscando servidores con software sin actualizar. Nada de la épica ciberpunk de hackers infiltrándose en los ordenadores de grandes corporaciones. Sú único mérito es aprovecharse utilizando un conocimiento generado por otros de despitados administradores de foros en phpBB sobre filatelia o entomología.

La cosa cambia a preocupante cuando vemos indicios claros de una intencionalidad política y se producen destrozos importantes, como los recientes ataques a la web de los Judíos Universitarios de España o el foro de Radio Sefarad a cargo de unas supuestas “Internet Islamic Brigades”.

Otra víctima de ellos han sido los foros de la asociación Nódulo Materialista, editora de la revista El Catoblepas. Tras el ataque el foro quedó tal que así. Veo que actualmente es posible consultar los debates anteriores al ataque así que lo que sufrió la web es un “deface”: Los contenidos no fueron borrados, tan sólo la página principal cambiada. Pero si preocupante es el yihadismo no sabría cómo clasificar las respuestas que surgen en España. El Catoblepas ha publicado un artículo a modo de editorial como respuesta al ataque a sus foros en el que babea islamofobia y se remonta a la gran victoria de la batalla de Covadonga. ¿Por qué en España las posiciones frente al yihadismo son una dicotomía entre las de aquellos que dicen que el 11-S lo organizó la CIA y neocruzados que están como un cencerrro? Pobre país…

Bangladesh y el islamismo radical

Friday, January 27th, 2006

Siempre buscamos pistas sobre el futuro del Islam en el mundo árabe. Pero de los diez países con las mayores comunidades musulmanas sólo tres son árabes. Asia meridional y sudoriental concentra los tres países musulmanes más poblados: Indonesia, Pakistán y Bangladesh. En este último las cosas se están moviendo.

Bangladesh es un país pobre cuyos habitantes emigraron a los emiratos del Golfo Pérsico en los años ochenta en busca de trabajo o a Pakistán en busca de educación, y cuya diáspora regresó convertida en musulmanes renacidos. Si le añadimos un nivel de corrupción espeluznante (Transparency International ha nombrado Bangladesh cinco años seguidos el país más corrupto del mundo) no es difícil imaginar el auge del Islam radical como fuerza política alternativa. Si además tenemos en cuenta la tradición de violencia poltica en el país, comprenderemos que el islamismo allí sea igualmente violento.

En agosto pasado 480 bombas explotaron en una sola jornada sin causar víctimas en lo que pareció un ensayo masivo de ataque en red, swarmming. Desde entonces se han sucedido los atentados terroristas. Ahora el gobierno de Bangladesh ha pedido ayuda a los EE.UU. para combatir el terrrosimo. Una pieza más en la cadena de alianzas contra el terrorismo islámico que abarca desde el Sahel al Sudeste Asiático. Europa ¿qué papel quiere jugar?

Al Qaeda y el efecto mariposa

Friday, January 6th, 2006

Estos días actualizaba y enlazaba una página con la lista de los libros que componen mi biblioteca sobre los temas que trato en el blog (faltan por incluir algunos). Encabezando la página coloqué una foto de un recorte de periódico que conservo como una especie de reliquia: La primera noticia que recuerdo en la que se nombra a Osama Bin Laden. Enseguida encontré el comentario de Arístides Wrangel, columnista de Xornal.com, que me dejaba un enlace a una noticia de El País con una referencia aún más antigua (17.08.1994) a un tal “Dussama Ben Laden”.

Ahora todo el mundo se apunta a hacer de experto en yihadismo. Hay varios blogs por ahí que se dedican a hablar de Islam y yihadismo. Pero se encuadran en esa corriente islamofóbica que presenta al yihadismo, una corriente política, como un producto directo de la religión islámica. Creen que basta coger citas de Corán al azar para probar que el Islam es una religión peligrosa.”.

Es interesante, sin embargo, repasar la yihad afgana en los años ochenta para conocer los giros y quiebros que dio la historia. Y entender o especular qué otros caminos podría haber cogido el Islam político de no haber EE.UU. apoyado a ciertos grupos. En aquel momento nadie previó las consecuencias políticas de tener una visión a corto plazo a la hora de engendrar monstruos o apoyarse en ellos. El objetivo era dañar a la U.R.S.S. por encima de todo, y vengar Vietnam. Pero la mala experiencia de aquella guerra llevó a la CIA a ceder el control a los nativos, sin saber o queriendo no saberlo que el Inter Service Intelligence tenía su propia agenda política. Un estado dentro del estado, con sus propios intereses y objetivos. Por no hablar de la alianza monarquía saudí al respecto y la consiguiente propagación del wahabismo.

Pero la historia menos conocida es la del origen de la organización Al Qaeda. Por aquel entonces es llamaba MAK. Sus principios fueron formulados entre 1987 y 1988 por el palestino Abdulá Azzam. Había vivido en Egipto la represión contra los Hermanos Musulmanes y era escéptico sobre las posibilidades del terrosimo como estrategia insurgente. Entendía que la misión de los voluntarios islamistas debían convertirse en una especie de “fuerza de acción rápida” islamista que acudiera allí donde se declarara una yihad para defender a los musulmanes de una agresión externa. Y que los recursos recaudados para la yihad afgana no debían emplearse para entrenamiento terrorista. No es que fuera una hermanita de la caridad. Justificaba el terrorismo contra los no musulmanes, pero no consideraba a los “no combatientes” el objetivo principal. Entendía la lucha desde una perspectiva nacional, país por país.

Azzam tenía un problema. Un discípulo ambicioso y carismático, con posturas totalmente diferentes al respecto de hacia dónde dirigir la organización: Quería lanzar una guerra global, sirviéndose de atentados indiscriminados.

Como suele suceder, esta historia acabó el 24 de noviembre de 1989. 20 kilos de TNT detonaron al paso del coche de Azzam, cuando se dirigía a la oración del viernes con sus dos hijos en la ciudad pakistaní de Peshawar. El discípulo en cuestión tomó las riendas de la organización que tomó el nombre de Al Qaeda. El resto es historia.
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P.S.: Me llena de orgullo y satisfacción anunciar la nueva imagen de mi blog. La nueva cabecera es obra de mi amigo Juanjo , empleando el GIMP. Que no se diga que no hay creatividad en este país.