El gobierno del PP cumple el guión previsto sobre ETA

Dije allá por noviembre de 2011 que tras las elecciones el Partido Popular aparcaría su discurso populista sobre la derrota de ETA únicamente por la vía policial y una vez en el poder haría gestos hacia ETA. Y así ha sido. Interior dará más facilidades para acercar a Euskadi presos de ETA.

Para entrar en el programa los presos tendrán que rechazar la violencia de forma expresa y desvincularse de la organización terrorista, pero no pedir perdón a las víctimas, algo que hasta ahora sí era necesario (no porque lo establezca la ley, sino porque esta ha sido la práctica del Ministerio del Interior del Gobierno socialista) para entrar en los itinerarios de reinserción.

Lo siguiente que sucedería, dije, es que sin terrorismo el nacionalismo vasco despegaría electoralmente. Y así parece que va a ser. Un encuesta le da a la suma de Amaiur y PNV cai 50 de los 75 diputados en juego en las elecciones regionales vascas del próximo año.

El contexto de crisis económico y apabullante mayoría soberanista nos va a llevar a una situación política interesante en el País Vasco.

¿Fue el terrorismo yihadista sólo un momento?

En el artículo que acabo de terminar cuento muy someramente cómo el entusiasmo por los avances tecnológicos en el campo militar estrenados en la Operación “Tormenta del Desierto”, la primera guerra de la era de la información, llevó a pasar por alto la verdadera naturaleza de la transformación de la guerra tras el fin de la Guerra Fría. Y entonces, claro, llegó el 11-S. Es una historia que expliqué en mi charla grabada para la Jornada sobre la Sociedad Red en Montenvideo el 16 de agosto pasado. Y que compondrá el primer capítulo de mi segundo libro.

Me he quedado con la sensación de que en mi artículo falta algo. Que hay un salto entre esa historia sobre el fallo colectivo en Estados Unidos en entender la transformación de la guerra durante la primera década de la Posguerra Fría y mi explicación de las guerras posmodernas. Y es lo sucedido en la segunda década de Posguerra Fría. Entre el 11-S y el debate actual sobre la retirada estadounidense de Iraq y Afganistán. La idea me vino de una forma curiosa. Estaba ordenando mis estanterías de libros por enésima vez, teniendo que tomar la dolorsa decisión de condenar libros a una caja al trastero para dejar espacio a libros más útiles y relevantes. Y entonces tuve un mi mano “Osama de cerca” de Peter Bergen, un libro gordo y pesado. Y miré el espacio que ocupan los libros sobre la guerra de Iraq: Los dos tochos de Tom Ricks, la versión de bolsillo de Cobra II o el libro de Scott Ritter sobre la inexistencia de las armas de destrucción masiva en Iraq publicado en 2002. Sí, puedo restregarle a cualquier neocón que yo sabía cosas que Aznar y el CNI no. ¿Pero eso importa ahora?

Bin Laden está en el fondo del mar. Y la retirada definitiva de Iraq está prevista. ¿Importa ahora todos aquellos debates sobre el éxito del “Surge”, el Despertar de al-Anbar y las verdaderas razones de la pacificación del país? Un día miraremos la guerra de Afganistán con lejanía y extrañeza. Con la misma indiferencia con la que los medios de comunicación ignoran actualmente todo lo que está pasando en Iraq.

He añadido a mi biblioteca dos libros escritos recientemente por militares españoles sobre la transformación de los conflictos armados y me ha sorprendido la gran importancia dada al islamismo. Para ellos el orden internacional del siglo XXI se reduce a una pugna global contra el salafismo yihadista. ¿Dónde están los hackers rusos y chinos, los diamantes de la guerra de África Occidental, las maras centroamericanas, los estados fallidos o las empresas militares privadas? En la revista académica del CESEDEN no aparecen. Están atrapados en la narrativa de la “Global World On Terror” porque necesitan dotarle de épica a la profesión militar que ya no gira en torno a la defensa de la Patria y la lucha contra el Comunismo, sino a las nada glamourosas misiones de paz en países perdidos.

Una vez hice el experimento de mirar en la base de datos del ISBN que mantiene el Ministerio de Cultura con datos de los libros publicados en España desde 1972. Y lo voy a repetir. Estos son los datos:

-Libros con la palabra “islamismo” en su título.

Antes del 11-S: 11. Después del 11-S: 29

-Libros con la palabra “yihad” en su título.

Antes del 11-S: 2. Después del 11-S: 25

Evidentemente hay más libros sobre ambos temas con otros títulos. “Qaeda” genera 26 resultados y “Laden” genera 32, todos posteriores al 11-S.

El mundo se llenó de expertos en terrorismo, yihad y Bin Laden. Las masas musulmanes, oprimidas por dictadores apoyadas por Occidente, eran una olla a presión por el profundo sentimiento de humillación por el postergamiento de sus sociedades y las frustaciones económicas y sexuales de los varones jóvenes. ¿Se acuerdan? El mundo musulmán iba a estallar. Islam significa “sumisión a Alá”. Y la voluntad de Alá expresada en el Corán, que no admite interpretación, es que todo musulmán debe participar en la yihad para que el Islam se expanda. Se reinstauraría el Califato desde Marruecos al Sur de Filipinas y entonces vendrían a por nosotros. La Revolución Verde. La Primavera Árabe. ¿Quién lo podría haber anticipado? ¡Nadie!

No sé qué va a pasar con la Primavera Árabe. Pero una cosa es segura, el futuro no va a ser lo que nos contaron.

Su peor pesadilla

Aquí estamos. El fin de ETA. Un anticlímax total. ¿No era este el momento más ansiado de la democracia española? ¿El día en que ETA anunciara el fin del terrorismo? Pero estamos en precampaña electoral y el asunto no es más que otro proyectil de mierda.

El candidato del Partido Popular a la presidencia del gobierno en un mundo paralelo dijo allá por abril:

“Quiero decirlo bien claro: el PP nunca ha negociado con los terroristas”

Basura para desmemoriados. Será divertido el cambio de discurso tras el 20-N. Entonces el Partido Popular hablará de generosidad, perdón y estar a la altura de las circunstancias históricas. Mientras tanto habrá que soportar a gente que sólo se informa por la radio y televisión repitiendo que “ETA no mata porque está más fuerte que nunca”.

Vendrán tiempos en el que se hará evidente lo que era una mera intuición hace tiempo y ahora es evidente. La derecha nacionalista española no aspiraba a la desaparición del terrorismo de ETA en nombre de la democracia. Lo hacían en nombre del nacionalismo español. Su peor pesadilla es un país en el que el terrorismo haya desaparecido de la ecuación y un buen número de vascos se atrevan a pedir más autogobierno o la Luna sin que nadie les pueda acusar de compañeros de viaje del terrorismo. Descubrirán entonces que contra ETA vivían mejor.

El último atentado con éxito supervisado por Bin Laden

Para mi artículo sobre la muerte de Bin Laden en el contexto del declive de la yihad global realicé varias tablas de atentados atribuidos a Al Qaeda y sus franquicias regionales. Había dos conclusiones llamativas. La primera es que después del atentado del 7-J de Londres en 2005 no ha tenido ningún atentado de importancia en los países occidentales atribuible a Al Qaeda y sus partidarios. La segunda es que por esa fecha empezaba una larga lista de atentados fallidos en los que la célula terrorista era detenida en una fase poco avanzada del plan, el aspirante a terrorista suicida sólo lograba morir sin producir víctimas o la bomba fallaba por un error en su elaboración.

La semana pasada The Guardian publicó algunas de las conclusiones alcanzadas tras el estudio de material encontrado en la casa donde vivía Bin Laden. Lo que se llama en términos militares estadounidenses Document Exploitation (DOCEX). Según fuentes estadounidenses el 7-J fue “the last successful operation Osama bin Laden oversaw”. Será interesante analizar el declive del núcleo central de Al Qaeda.

La resiliencia de las redes combativas

El pasado 10 de junio la policía española anunciaba la desarticulación de “la cúpula de la organización “hacktivista” Anonymous en España” con foto del material incautado (ordenadores, routers, un ejemplar de la revista @rroba y una máscara de Guy Fawkes). El asunto ha sido objeto de mil chistes y comentarios en Internet, ya que roza el esperpento anunciar la detención de la supuesta cúpula de un grupo que ha tratado de caracterizarse por funcionar como una red distribuida y es un buen ejemplo del modelo de “resistencia sin líderes” en Internet. Forma parte de esa proverbial ignorancia de las instituciones y los medios sobre Internet.

Sobra decir que la actividad de Anonymous no se vio alterada y a los pocos días había caído el servidor de la página web del Cuerpo Nacional de Policía. La propia policía reconocía que el grupo seguiría actuando a pesar de las tres detenciones. Según David Maeztu el lenguaje empleado formaría parte de las argucias legales para elevar la gravedad del delito a imputar a los detenidos.

Leyendo y reflexionando sobre la aparición de las redes distribuidas en los conflictos resulta que terrorismo y ciberguerra son los dos fenómenos donde estas topologías aparecen en mayor grado de pureza. Sin embargo el desempeño ha sido bastante desigual. Mientras que personas detrás de las redes distribuidas que colpasaron Internet en Estonia en 2007 y Georgia en 2008 nunca fueron realmente identificadas podemos decir que Al Qaeda ha vivido un declive tras su transformación hacia un modelo de terrorismo franquiciado y atomizado. Son las conclusiones preliminares que presento en el artículo “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global” que aparece en el número de junio de la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad. El terrorismo no parece que sea una actividad donde funcione bien el modelo de transmisión de conocimiento técnico “open source” y donde los recursos disponibles por un grupo pequeño puedan causar un gran impacto.

La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global

En el número de junio de la revista “Fuerzas de Defensa y Seguridad” saldrá publicado mi artículo “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global”. En el argumento las ideas que lancé en la entrevista de la semana pasada y adelanto asuntos que abordaré en próximos textos.

Creo que Al Qeda hizo la transición hacia un modelo de terrorismo franquiciado, yihad sín líderes y terroristas actuando como “lobos solitarios” más por las circunstancias impuestas que como una evolución estudiada hacia la guerra distribuida. El terrorismo ha resultado una actividad problémática para la transmisión del conocimiento y la obtención de recursos con redes distribuidas. Será interesante reflexionar en el futuro sobre ello.

El inevitable fracaso de Al Qaeda

El terrorismo como violencia política ha sido siempre el recurso de los débiles. Tras la marea mundial de 1968 las masa proletarias no derrocaron las democracias burguesas. Unos pocos iluminados se echaron al monte en lugares como Alemania o Italia. Convulsionaron la sociedad pero fracasaron. Ese es el destino del terrorismo de Al Qaeda.

Ayer lunes fui entrevistado por Masha Gabriel, directora de Radio Sefarad. Hablamos de lo que supone realmente la muerte de Bin Laden, de cómo el declive de Al Qaeda ya empezó y cómo el terrorismo de las grandes organizaciones centralizadas hace tiempo ya cambió. La entrevista puede escucharse aquí.

Semblanza de Bin Laden

Osama Bin Ladn (Usama Bin Ladin) fue uno de tantos hijos de un multimillonario que era el plebeyo más rico de Arabia Saudita. El padre de Osama construyó un imperio de la nada y fue una figura superlativa. Sin embargo Osama no era especialmente carismático o brillante en su adolescencia y creció a la sombra de sus otros hermanos que se encargaron de la empresa familiar tras la muerte de su padre.

Necesitado de una causa y de construir su propia leyenda acudió a Afganistán donde su experiencia trabajando en la empresa familiar de obras públicas y su dinero le valió un lugar en la yihad contra los soviéticos. Siendo un ingeniero sin estudios de teología y jurisproducencia islámica encontró un mentor en el palestino Abdullah Yusuf Azzam, referente para los voluntarios árabes en Afganistán. Azzam postulaba por una yihad en defensa de los territorios musulmanes dentro de unos límites morales. Hubiera desaprobado sin duda el 11-S y otras tantas tropelías en el nombre del Islam. Se convirtió en una molestia para demasiadas facciones combatientes en Afganistán cuando se sabía ya que a la retirada soviética le seguiría una lucha entre los muyahidines. Azzam fue asesinado en noviembre de 1989.

Bin Laden se encontró sin quererlo al frente de una organización de combatientes que puso al servicio de sus incipientes sueños de grandeza. Como heredero de un multimillonario tuvo siempre demasiada gente a su alrededor dispuesta a decirle lo que quería escuchar con tal de sacarle dinero. El adolescente taciturno necesitado de una figura paterna se convirtió en un engreído ambicioso dispuesto a cambiar el mundo. Cometió un error típico de las personas que tienen éxito: Creerse que se debió sólo a sus propios méritos sin analizar las circunstancias y condiciones particulares. Tras la invasión iraquí de Kuwait el 2 de agosto de 1990 Bin Laden ofreció reforzar la defensa de Arabia Saudita con veteranos de la yihad afgana. La casa real declinó y pidió ayuda al gobierno de Estados Unidos. Aquello marcó la ruptura de relaciones con el gobierno de su país y el comienzo de la huída hacia adelante: Sudán, Afganistán y Pakistán.

Encontró un segundo mentor en el médico egipcio Aymán al-Zawahiri, figura destacada de la Yihad Islámica Egipcia. En al-Zawahiri ardía una rabia asesina tras su paso por la cárcel, experiencia que le marcó profundamente sobre todo por haber sucumbido a las torturas y delatado a alguien. Parece ser que al principio al-Zawahiri veía en Bin Laden un tonto útil que finaciaría sus sueños de prender la mecha revolucionaria en Egipto, el país árabe más poblado. Pero el terrorismo islamista, con su violencia ciega y absurda, no logró adeptos para la causa. El asesinato de turistas extranjeros puso en peligro la economía egipcia. La Yihad Islámica egipcia fracasó en atraer a las masas. Al-Zawahiri se resignó a un papel secundario al lado de Bin Laden.

En la C.I.A. un grupo de analistas cayeron en la cuenta del peligro que suponía la organización de Bin Laden. Pero se encontraron con un problema. La C.I.A. dividía sus equipos por países relevantes. La organización de Bin Laden no era un país. ¿Cuántos aviones de combate, divisiones acorazadas, submarinos y cabezas nucleares disponía Bin Laden? Ninguna. A los del equipo que estudiaba a Bin Laden los tomaron por chiflados. No era el lugar de la C.I.A. en el que estar si querías hacer carrera.

Los yihadistas, tras facasar en lugares como Argelia y Egipto sin conseguir levantar las masas, terminaron convergiendo en la organización trasnacional de Bin Laden, presentada al mundo en 1998 como “Frente Islámico Mundial”. Por el camino quedaron los hartos y desencantados del exilio, las penurias y los fracasos. Siguieron los más fanáticos de entre los fanáticos dispuestos a aumentar la apuesta. En vez de atacar a los regímenes árabes había que atacar su principal fuente de apoyo: Estados Unidos.

Bin Laden tenía dos referencias: El atentado contra el cuartel de los Marines en Beirut en 1983 y la batalla de Mogadiscio en 1992. En ambos casos la muerte de soldados estadounidenses en un país lejano durante un conflicto incomprendido por la opinión pública estadounidense había provocado la retirada de las tropas. La conclusión de Bin Laden fue que Estados Unidos no tenía estómago para una confrontación directa.

En medio de las dudas y una crisis de liderazgo Bin Laden organizó el atentado del 11-S sabiendo que Estados Unidos respondería inviendo Afganistán. El guión de la guerra contra los soviéticos se repitiría. Afganistán sería la tumba de imperios. Pero algo falló. La resistencia de los talibán se desmoronó enseguida y la invasión estadounidense se convirtió en una carrera alocada mientras que Bin Laden, los talibán y los yihadistas internacionales huían a Pakistán. Allí pasaría los diez últimos años de su vida.

Bin Laden quedó reducido a una figura simbólica tras perder Al Qaeda sus bases en Afganistán. La fuerza de los acontecimientos obligó a transfomar a la yihad global en una empresa no descentralizada sino distribuida. La yihad estaría allí donde alguien luchara en su nombre, organizándose y financiándose de forma autónoma. Bin Laden quedaría como una figura simbólica que a través de comunicados marcaría las líneas maestras. Cualquiera que le haya leído con atención descubrirá que más allá de su discuso antioccidental no tenía más la remota idea de cómo sería la sociedad islámica utópica que pretendía construir.

Una vez más la llama no prendió en los países árabes y musulmanes. El apoyo popular, que reflejaban las encuentas tras el 11-S, cayó en picado tras las matanzas indiscriminadas de civiles en Iraq. Los voluntarios dispuestos a cometer atentados tras descargar las instrucciones para fabricar bombas de Internet resultaron ser sólo unos torpes chapuceros. La eficacia policial en Occidente mejoró. Tras el 11-M en Madrid y el 7-J en Londres no se volvieron a cometer grandes atentados en Europa.

Bin Laden murió de la peor manera posible. No lo hizo en primera línea de combate en las montañas, sino en una zona residencial donde quizás fue aparcado como una pieza ya inútil por el servicio secreto pakistaní. Tras décadas las masas árabes al final se alzaron para luchar por un destino que no tiene nada que ver con el que soñó Bin Laden, condenando al salafismo yihadista a la irrelevancia política. ¿Alguien recuerda un comunicado suyo sobre los acontecimientos de Túnez o Egipto? En los últimos meses pudo ver que todo la obra de su vida no sirvió para nada.

ETA en Venezuela

La que se ha montado. En los tiempos de Felipe González y Carlos Andrés Pérez el gobierno venezolano decidió acoger a etarras deportados. Con el tiempo el colectivo de etarras en Venezuela terminaría teniendo suficiente entidad como para formar un “Colectivo de Refugiados y Deportados de ETA en Venezuela”.

Uno de esos etarras, Arturo Cubillas, obtuvo por matrimonio la nacionalida venezolana. Y actualmente es funcionario del Ministerio de Agricultura y Tierras. No parece que sea una persona que se oculte teniendo en cuenta que a su llegada a Venezuela abrió un restaurante con el nombre del comando al que había pertenecido. Nadie parece que se había acordado de él hasta que dos detenidos en una operación contra ETA han afirmado que estuvieron en Venezuela donde fueron acogidos por Cubillas y recibieron entrenamiento. El titular quedó servido “Un etarra a sueldo de Chávez instruyó a dos miembros del comando desarticulado estos días”.

Si algún mérito tiene el libro “El Palestino” de “Antonio Salas” es retratar el ambiente de la ultraizquierda venezolana donde es fácil aprender a pegar tiros. Si el gobierno venezolano promueve o consiente esos adiestramientos está todavía por ver.

El otro terrorismo religioso

Es curioso que en EE.UU. y España cuando la derecha pierde las elecciones se reproduzca el mismo fenómeno de encontrar voces en su aparato mediático proclamando que el nuevo gobierno es ilegítimo y pidiendo más o menos descaradamente algo así como una revuelta popular cuando no directamente un golpe de estado.

Aquí tuvimos la conspiranoia del 11-M y hubo quienes soñaban con “ZP abandonando la Moncloa en helicóptero como aquel presidente argentino” o quien directamente pidió que las fuerzas armadas hicieran algo. Ya saben, ZP aliado con ETA y Marruecos para echar al PP.

En EE.UU. cuando se combina la crisis económica y el despiste ideológico de la clase obrera blanca aparecen chiflados armándose hasta los dientes para resistir la imposición de un gobierno totalitario o The End Of The World As We Know It (TEOTWAKI). Pasó durante los años de Clinton y vuelve a surgir con Obama.

Mark Juergensmeyer, autor de “Terrorismo Religioso: El auge global de la violencia religiosa”, escribe sobre “The Return of Christian Terrorism”.

Aunque todo este revuelo viene por la reciente detención de miembros de la esperpéntica milicia Hutaree no hay que perder de vista que desde la ultraderecha supremacista blanca han llegado algunas innovaciones teóricas como la “resistencia sin líderes” y el terrorismo atomizado de los “lobos solitarios”.

Quizás haya que recordar que en 1988 Costa Gavras retrataba en “El Sendero de la Traición” (“Betrayed”) a los supremacistas blancos usando módems y BBS para conectarse. Ya les he reservado un apartado en el próximo libro.