Un general argentino sobre la transformación de la guerra

Uno de mis “descubrimientos” en Buenos Aires fue la revista DEF, con una mirada a los asuntos internacionales donde destaca la atención a temas cono la defensa o la energía. Ya me gustaría ver en el panorama editorial española una revista así. Pero el tradicional “ensimismamiento español” y lo que es peor, la mirada condescendiente del hidalgo venido a menos (“los chinos sólo saben copiar”, “turcos y brasileños son unos muertos de hambre”) lo dejan en el terreno de los sueños imposibles.

Def publicó recientemente una entrevista al general (ret.) Julio Hang, director del Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos argentino y profesor visitante de la National Defense University estadounidense. Me ha parecido interesante los autores y conceptos que maneja: Guerras de 4ª Generación, Guerras Posmodernas, el general Ruper Smith y su libro The Utility of Force, Robert D. Kaplan y su libro The Revenge of Geography, la integración regional de Sudamérica, las líneas de comunicación marítimas, los intereses geopolíticos de Brasil en el Atlántico Sur, Alfred T. Mahan, Halford Mackinder, etc. Aunque alguna de sus apreciaciones sobre el valor de la geopolítica como disciplina y, por ejemplo, su análisis de China me hace pensar en la perspectiva clásica que declaré obsoleta y critiqué en mi segundo artículo para la Revista General de Marina. No obstante, me parece recomendable la lectura de la entrevista a un general que muestra bastantes lecturas. Mejor no hacer comparaciones con otras latitudes.

Dije hace poco que era el tiempo de volver a tratar las Guerras Posmodernas en este blog tras un período de demasiada atención a Asia/Pacífico y el Gran Oriente Medio. Buena parte de los debates en ambas regiones giran sobre las guerras convencionales, las guerras modernas que enfrentan a estados-nación embarcadas en carreras armamentísticas. Así que tras el fin de ciclo con la retirada estadounidense de Afganistán e Iraq escucharemos más hablar de las futuras guerras tecnológicas. Pero me temo que eso podría suponer para los Estados Unidos cometer el mismo error de los años 90: Despreciar la transformación de la guerra para abrazar las fantasías tecnológicas de una guerra industrial aséptica. Me temo que esa podría ser una tendencia a imitar en España. Así que sin duda habrá que reavivar el debate.

La guerra después de Afganistán e Iraq

Un vistazo a las estadísticas de conflictos armados durante la posguerra fría refleja el cada vez menor número de conflictos interestatales si dejamos fuera las acciones de Estados Unidos en las que arrastró a otros países aliados: La Invasión de Panamá (1989), la liberación de Kuwait (1991), la intervención en Kosovo (1999), la invasión de Afganistán (2001), la invasión de Iraq (2003)… Las acciones de Estados Unidos son un enorme outlier estadístico.

Ahora con Iraq apaciguado, la fecha de retirada de Afganistán fijada y la muerte de Osama Bin Laden se hace más fácil mirar más allá y que el mensaje sea recibido. Lo curioso es que con esa manía de anticipar el futuro como una proyección de la última guerra librada, el raid en Abottabad se ha convertido en el nuevo modelo a seguir, según Adam Elkus. La ironía es que la nueva visión coincide con lo que Donald Rumsfeld proponía en su momento y se dice que es esta su venganza. Demostrarse que tenía razón. Si tan solo fuera por su legado de cenizas en Iraq

La idea de fuerzas de operaciones especiales, poder aéreo, inteligencia en red y aliados locales no es algo que fuera difícil de imaginar leyendo lo que Robert D. Kaplan proponía allá por 1998 en “Inteligencia Especial” (en España apareció publicado en “La anarquía que viene”). Desde luego no es difícil de trasladar esa visión al Flanco Sur profundo.

Atrapados en Fulda

Como quise que en el libro de “Guerras Posmodernas” quedara claro que me distanciaba de las visiones tecnófilas de la transformación de la guerra, traté por el aire la Revolution in Military Affairs y ni siquiera abordé la Network Centric Warfare. No entré en las escuelas y corrientes de pensamiento sobre la guerra tecnológica porque el resultado era obvio. Ninguna en EE.UU. acertó a señalar el ascenso de los actores no estatales violentos. Los únicos autores que estaban sobre la pista acertada, gente como Arquilla, Ronfeldt y Lind, colaboraban con el establishment pero no tenían hilo directo con el Pentágono y Capitol Hill.

El asunto me siguió dando vueltas. ¿Por qué nadie vio venir las Guerras Posmodernas? En “Finding the Target” Frederick W. Kagan cuenta que tras la euforia de “Desert Storm” la realidad de Somalia, Chechenia, Ruanda y Bosnia se hizo evidente. La guerra convencional había pasado a la historia y era la hora de las “Military Operations Other Than War”. Pero según Kagan nadie hizo el análisis necesario porque reflexionar sobre las transformaciones sociales profundades detrás de la transformación de la guerra era entrar en el terreno de las ciencias sociales, un sembrado muy delicado en el que entrar para los militares. Cuenta Peter W. Singer en “Wired For War” que entonces llegó la burbuja de las .com y la solución milagrosa pasó por aplicar tecnología de la información a la guerra.

Pensé que el asunto ya estaba superado. Pero en Estados Unidos se piensa en pensar en el futuro más allá de Iraq y Afganistán. El nuevo concepto es “Full Spectrum Operations” y ya hay quien alerta de que vuelve la vieja obsesión por combatir a los soviéticos en la Brecha de Fulda.

La impotencia del Leviatán

En el segundo capítulo de “Guerras Posmodernas” hablo del fin del estado-nación como actor fundamental del panorama internacional. Y menciono el caso de cómo allá por septiembre de 1992 los movimientos del Quantum Fund de George Soros lograron que la libre esterlina abandonara el Sistema Monetario Europeo en lo que se conoce como “Miércoles Negro”. Hoy resulta irónico que hace un año para hablar del menguante concepto de soberanía en el plano económico recurriera a un ejemplo ajeno a España y de hace casi veinte años.

La aplicación del “corralito” en Argentina en diciembre de 2001 coincidió con el cuatrimestre en que cursé la asignatura de Historia Económica de las Relaciones Internacionales como Créditos de Libre Elección mientras estudiaba Sociología. Ninguno del resto de estudiantes, todos ellos de la carrera de Económicas, había oído hablar del índice “riesgo-país”, Moody’s y Standards & Poors. Preocupante saber que ninguno seguía las noticias internacionales y que jamás habían oído, llegado al cuarto año de estudios, hablar de las agencias calificadoras de deuda. Hoy sin embargo hasta los diarios gratuitos hablan de ellas para mencionar las rebajas de calificación de España.

Fernando A. Iglesias llamaba ayer la atención en su blog sobre el artículo “El Estado impotente”, publicado en El País. Le recupero la pista tras aquel libro que tanto me llamó la atención.

Merece recordar ahora también “Cansancio del Leviatán” de 2003 para entender cómo el cansancio se volvió impotencia.

Si ya está todo inventado

Dos reacciones típicas de quienes no entienden mis ideas cuando explico el marco de análisis de “Guerra Posmodernas” son “¿qué puedes decir del conflicto X?” donde X es uno de esos raros conflictos entre estados-nación o por el control del gobierno de un país y “¿guerrillas? ¿tráficos ilícitos? ¡pero si eso ya existía en los tiempos del Imperio Romano?”.

En el primer caso siempre contesto que el advenimiento de las Guerras Posmodernas es un fenómeno gradual. No desaparecieron de la noche a la mañana las viejas guerras modernas. Ahí está esa extraña crisis entre las dos Coreas por el hundimiento de la corbeta Cheonan. O la Guerra Civil de Nepal donde una guerrilla maoísta luchaba por obtener el poder en pleno siglo XXI.

En cuanto al síndrome del “está todo inventao” ciertamente se puede uno remontar todo lo atrás que se quiera buscando ejemplos de guerra irregular, señores de la guerra, divisorisa difusas entre guerra y crimen: Las guerrillas españolas en la Guerra de Independencia, las revueltas campensinas alemanas del siglo XVI, el movimiento zelote o Viriato.

Es decir, de todo lo viejo siempre se puede encontrar un ejemplo en la actualidad. Y de todo lo nuevo podemos remontarnos en la Historia y encontrar un precedente. Además ante el sesudo debate sobre ContraInsurgencia (COIN), el “Surge” en Iraq, las ideas del Field Manual 3-24, etc. se puede argumentar que está por conocerse método más rápido y efectivo que pasar a cuchillo una población rebelde. Los pueblos de la Antigüedad pueden dar buena cuenta de ello.

Cuenta The Economist que el éxito de Sir Lanka al derrotar la guerrilla tamil a sangre y fuego ha suscitado interés en el Sudeste Asiático y que dirigentes de otros países han acudido al país a recabar las lecciones aprendidas. Los entusiastas de la opción Sri Lanka deberían recordar que a pesar de todo las cosas son diferentes.

La democratización de los medios de comunicación han venido a cambiarlo todo. Y cabe preguntarse siempre cómo lo que sucede van a contarlo los medios. Israel debería extraer algunas lecciones.

Paul Virilio, qué delirio

Hay una historia no contada en la elaboración de un libro. Los párrafos que se cayeron de la redacción final. Las ideas que se dejan pendiente para próximos libros. Los callejones sin salida tomados. Y en esto último están los textos que te lees buscando algo que finalmente no encuentras.

Acabo de leerme “Pure War”, un libro de entrevistas a Paul Virilio y me ha parecido una colección de frases epatantes tan sorprendentes como vacías.

Es algo que deja a uno en la difícil tesitura de decidir si sus limitaciones intelectuales le impiden entender o si se encuentra ante una genial tomadura de pelo. Y yo no me considero tonto.

Entonces me encuentro esto. Un libro sobre Virilio Studies. Hay gente que se gana la vida escribiendo sobre las ideas de Paul Virilio. El mundo se ha vuelto definitivamente loco.

En la muerte de Baudrillard.

Ayer leí de casualidad en un diario digital español que había fallecido Jean Baudrillard. Cuando quiso encontrar más tarde la noticia no supe dar con ella. Y acudí a Google News. Me llamó la atención que la abrumadora mayoría de referencias correspondían a medios de comunicación iberoamericanos: Bolivia, México, Argentina… Definido como sociólogo y filosófo lo destacaban como un crítico de la socieda de consumo. Quizás sea una cuestión estadística de esa abrumadora superioridad numérica de medios del otro lado del charco pero quedé con la impresión de que el fallecimiento de Baudrillard había pasado desapercibido en los medios de comunicación españoles.

Baudrillard y sus teorías nunca estuvieron en mi punto de mira. Siempre miré a Frankfurt. Pero hay que reconocerle el mérito a Baudrillard en abrir caminos. Por muy desasosegantes o molestas que nos produzcan las teorías de aquellos que hacen tambalear las rígidas y sólidas certidumbres del mundo conocido no debemos mirar a otro lado. Llevo tiempo dándole vueltas a definir el concepto de “guerras posmodernas” (sólo a mí se me ocurre ponerle un título al blog y luego comprender el significado). Cuanto más concreto he querido ser en el tema más he tenido que abrir el encuadre. He terminado reencontrándome con la Sociología. Porque la guerra no es otra cosa que una actividad social. Así que entender la transformación de la guerras es entender el cambio social. Hablar, analizar y estudiar la guerra es profundizar en el conocimiento de la condición humana. Y hablar de la transformación de las estructuras y burocracias militares es también entender la transformación de las fuerzas políticas o las empresas. Entender la transformación en la difusión de la información es también entender a los movimientos sociales y los medios de comunicación. Y quien sabe a dónde podría llevarme ese conocimiento. De momento este fin de semana a Huesca. Nos vemos en las jornadas Ciudad Digital.

Y sin embargo Europa se mueve

Como todos los descubrí en la lectura de El País del pasado lunes día 16. Pero me ahorraré una disertación, porque en Guerra y Paz y La Harka de Aspizua lo han tratado: La Agencia de Defensa Europea ha sacado un documento de 28 páginas sobre los desafíos a largo plazo para Europa en el campo de la seguridad y defensa.

Guerra y Paz nos explica el contenido del documento y La Harka de Aspizua reflexiona sobre lo desapercibido que ha pasado en España.

Guerras de pasado mañana

Ya va siendo hora de que actualice la lista de blogs que aparece en la barra de la derecha de mi blog. Uno de los que aparecerá es Global Guerrillas. Su autor, John Robb, se desdobla para además mantener un blog paralelo de apuntes breves. El propósito de Robb en ambos blogs es presentar reflexiones noticias y reflexiones mientras hilvana su teoría de la emergencia de las “Guerrillas Globales” (aquí una lista de enlaces a sus artículos más relevantes). Robb habla de grupos cohesionados por la pertenencia a un clan, pandilla de barrio, grupo étnico, etc…; actúando en red, de forma coordinada mediante las tecnologías de la información; que en sus ataques toman por objetivo las redes vitales de tranporte de mercancías, combustible, suministro eléctrico, etc.; y que sus conocimientos técnicos para ejercer la violencia los obtienen de fuentes abiertas.

Para cualquiera que esté familiarizado con los debates actuales sobre la transformación de los conflictos armados las características anteriores le parecerán de sobra conocida y presentes en otras cuestiones teóricas. Al fin y al cabo todos hablan de una misma realidad. Y de hecho Robb ha hecho referencia a blogs aquí citados como ComingAnarchy.com o a autores como William S. Lind.

Robb no es un autor fácil. Satisfecho con su teoría se ha dedicado a intentar aplicarla, tan contento y dispuesto como el que teniendo un martillo ve clavos en todas partes. Pero me cae simpático porque él también pretende convertir las reflexiones de su blog en un libro del que ya sabemos que se titulará Brave New War. Y para el que ande pérdido y no esté al tanto de las teorías de las Guerras de Cuarta Generación (4GW), en un nuevo salto mortal nos presenta las Guerras de Quinta Generación.

A este ritmo de generación de teorías, este blog terminará titulándose “GuerrasTransPosmodernas”.

La inevitable levedad del Estado

Cuando trato de explicar qué entiendo por Guerras Posmodernas lo resumo en la superación del modelo del Estado Moderno y el tipo de guerra asociado a él. Hablar de la crisis del Estado puede sonar extraño. Al fin y al cabo Estados Unidos sigue siendo la única híperpotencia global con China manteniendo en el horizonte la posibilidad de un futuro orden mundial bipolar. En los lugares más insospechados movimientos nacionalistas pretenden constituir un estado a partir de una comunidad etno-lingüística. Pero ningún gran cambio social tuvo lugar de la noche a la mañana. ¿Alguien se atrave a fechar el inicio de la globalización?

El Estado y la guerra modernos aparecieron en la transición de la Edad Media al Renacimiento. Y esa transición no arrancó al mismo tiempo en todos los lugares de Europa. Durante la Guerra de los Cien Años sólo tuvieron lugar tres grandes batallas: Crecy, Poitiers y Azincourt. En las tres ocasiones los arqueros ingleses derrotaron a los caballeros franceses, adelantando la venidera supremacía de la infantería. Pero aún así Francia terminó ganando la guerra. Los caballeros medievales sólo tuvieron su ocaso final en las guerras italianas de principios del siglo XVI.

Buscar síntomas de la crisis del Estado puede llevar a equívocos. Posiblemente la aparición de entidades supraestatales, la Unión Europea es su modelo más desarrollado, puede que sea uno de ellos. Pero donde debemos mirar es en los estados nacidos tras la descolonización de África, el Cáucaso y Asia Central (sí, considero “colonización” lo que zares y el PCUS hicieron). El desmoronamiento de los estados de la costa noroccidental africana o de Somalia afectan a Canarias o a la flota pesquera vasca que faena allí. Y no es sólo el grado de interconexión entre territorios. Es la escala y el protagonismo de los actores subestatales.

Aquí llegamos al segundo punto que origina suspicacia. Por entidades subestatales actuando como actor en un conficto armado podemos entender cualquier facción, grupo armado o movimiento social que haya participado en guerras y batallas en los últimos 2.000 años de historia. De hecho hay algún teórico que insiste en que los nombres que designan nuevos tipos de conflicto armado sólo esconden la vieja insurgencia de la Guerra Fría. Pero las guerras civiles de los últimos dos siglos han tenido casi siempre en común el objetivo de las partes de tomar el poder en un Estado o escindir el territorio de un Estado en uno nuevo. Y sin embargo actualmente la globalización económica, las nuevas tecnologías y el desorden internacional tras la Guerra Fría hacen en muchos casos irrelevante al Estado.

En un primer paso milicias que controlan porciones remotas y ricas en recursos naturales de algún país acceden a los mercados internacionales negociando vía teléfono satélite. El suministro de réplicas serbias o bulgaras del Kalashnikov le llegan transportadas en An-12 o Il-76, aviones capaces de aterrizar en cualquier lado, pertenecientes a algunas oscura compañía bielorrusa o ucraniana. Ya no es necesario el patronazgo de una súper-potencia (EE.UU., U.R.S.S., China) o un aliado suyo (Cuba, Siria, Libia, Sudáfrica) para subsistir. Los fondos los proporcionan la cocaína, el petróleo, las maderas de calidad, los diamantes y el opio procesado o no. En el peor de los casos si mantiene una reclamación de soberanía puede mantenerse vinculada a la diáspora, vía Internet y canales de TV satélite, de la que recibir aportaciones. En muchos casos las reclamaciones políticas quedan en segundo plano al convertirse la maquinaria de hacer dinero, y no el nuevo estado-nación soñado, en un objetivo en sí mismo por el que matar haciendo toda clase de atrocidades o morir. El desafío queda claro: ¿Cómo hacer que deponga las armas una guerrilla que controla el tramo local de la gran ruta de la coca o la heroína hacia EE.UU. o Europa? ¿Cómo hacer que un señor de la guerra que controla la zona diamantífera del país se siente a negociar con un gobierno que sólo controla la depauperada capital del país?

El segundo paso implica que una organización subestatal transcienda las fronteras nacionales. No necesariamente ha de pasar por el primer paso. Puede perfectamente nacer como una entidad transnacional. No es necesario extenderse en ello: Al Qaeda es buen ejemplo. Y no cuesta nada entender que si luchar contra organizaciones que estén en la primera fase del cambio evolutivo, las que están en esta segunda fase son aún más complicadas. Dicho lo cual queda por ver cómo entender los recientes acontecimientos en el Líbano.