Desmitificando la piratería en Somalia

Una semana después de que El Mundo publicara un artículo sobre la privatización de la seguridad de los pesqueros españoles, en el que aparezco citado, y de vuelta a la rutina veo que el secuestro del atunero Alakrana sigue pendiente de resolverse.

Me ha llamado la atención encontrar no uno, sino dos artículos sobre el asunto escritos desde la óptica de la izquierda perro-flauta en el diario Público. Qué esperar de esa izquierda que vive confortablemente en el mundo desarrollado y siempre encuentra alguna realidad que retorcer para así aplaudir a un tirano, un terrorista o un simple criminal.

El argumento de que los piratas somalíes son depauperados pescadores no cuadra con el dato de que los pesqueros no son más que una escasa minoría de los barcos que sufren ataques. Según el informe anual del ICC International Maritime Bureau del total de 293 barcos que sufrieron ataques en 2008 sólo 9 eran pesqueros. Habría que desglosar las estadísticas por cada región del mundo. Pero estoy seguro que en el área del Cuerno de África las proporciones resultantes serían las mismas.

Más aún, la idea de que los piratas somalíes actúan como reacción a la explotación de los recursos pesqueros de la ZEE somalí tendrá sentido si fuera dentro del radio de 200 millas náuticas en donde tuvieran lugar los ataques piratas. Pero un vistazo a la distribución geográfica de los ataques rápidamente desmiente el bulo. Ahí está el ejemplo del carguero chino secuestrado a 700 millas de la costa de Somalia. Algo así sólo es posible por el uso de barcos-nodriza desde los que lanzar el par de lanchas que emplean los piratas en la mayoría de los ataques.

El mapa de la localización de los ataques piratas refleja otra cosa importante: La mayor concentración de ataques se produce en el Golfo de Adén, en el corredor de entrada y salida del Mar Rojo. Por allí pasa el tráfico marítimo que conecta Europa y el Mediteráneo con el Golfo Pérsico y Asia Oriental. La respuesta internacional ha sido tratar de concentrar todo el tráfico en una ruta prefijada a la que proporcionar especial vigilancia a la vez que procurar reunir convoyes de barcos.

Por otro lado la dispersión de los ataques piratas en la cuenca somalí refleja lo tremendamente atomizado que es el tráfico de buques en la zona. Lo mismo podría decirse de la actividad de los atuneros en la zona. Esa es la principal razón de lo difícil que se le presenta a la misión europea dentro de la Operación Atalanta solventar el problema de la piratería que afecta a los pesqueros españoles. Sólo seguridad in situ en los barcos puede ser una solución viable, tal como apuntábamos en una columna de opinión en InfoDefensa.com

Hasta ahora el uso de seguridad privada suficiente y eficaz en los atuneros españoles pasaba por la superación de los límites legales de la Ley de Seguridad Privad española. En primero luegar fueron el secretario de Estado de Defensa, el secretario general del Mar y el de Política de Defensa los primeros en hablar de un cambio de la ley. Ahora hizo lo propio el Ministro de Interior. Se avecinan tiempos interesantes.

[Actualización 27/10/2009: Corregido el enlace al artículo de El Mundo. Gracias al Tirador Solitario por el aviso]

Piratería y seguridad privada en InfoDefensa.com

Anoche estuve entre el público de la mesa redonda “La piratería en el siglo XXI” organizada por el Cluster Marítimo Español. Tiempo habrá para ver las repercusiones de todo lo interesante que anoche se habló allí.

Me llamó la atención que un representante de los armadores dijera que llevan tratando de llamar la atención sobre el problema desde hace tres años. Yo les gano. No fue casual mi presencia allí. Precisamente ayer el portal de noticias Infodefensa.com publicaba “Una nueva seguridad privada para un mundo complejo”.

El camino hacia la regulación de las PMC

El pasado noviembre en el III Congreso Internacional de Seguridad y Defensa en Granada oí a varios militares españoles hablar desde el estrado de las Empresas Militares Privadas (PMC por sus siglas en inglés) como un fenómeno estrictamente estadounidense, ajeno a la Unión Europa y sin futuro. El retrato que allí se hizo no distaba mucho del guión de “sanguinarios pistoleros a sueldo campando a sus anchas por Iraq” que uno lee en la prensa. Y eso que entre los que hablaron hubo quien sirvió en aquella “región hortofrutícola” de Iraq en el día en que ocho contratistas de Blackwater salvaron la papeleta.

Mientras tanto, en un planeta llamado Tierra, varios gobiernos asumiendo que las Empresas Militares Privadas no son un fenómeno pasajero y que su aparición requiere mejores mecanismos de control y regulación trabajan por el objetivo de un marco regulatorio. Una iniciativa que lanzó el gobierno suizo en 2006 y a la que se sumó enseguida el Comité Internacional de la Cruz Roja. Las rondas de contacto con asociaciones empresariales, compañías destacadas y gobiernos culminó en la publicación del “Documento Montreaux” en septiembre de 2008, donde se recopila el acervo legal internacional sobre el tema y se hace un listado de buenas prácticas. Ha sido suscrito ya por 22 países, que es una buena pista de los países que contemplan la privatización de los asuntos militares.

Superada esta fase ha comenzado una segunda fase de contactos para lanzar el próximo mes de junio un grupo de trabajo que elabore un Código de Conducta del sector. Una de esas reuniones tuvo lugar la semana pasada en Londres, donde un servidor de ustedes estuvo presente. Volvemos a la carga.

La nueva lógica de la privatización militar

Cuando hace ya tiempo hablábamos de la lógica de la privatización militar se trataba de que las fuerzas armadas occidentales, que estaban preparadas para luchar en las planicies alemanas contra una invasión soviética, se encontraron con la necesidad de intervenir cada vez más con rapidez en lugares imprevistos. Parte de ese esfuerzo recayó en empresas por la flexibilidad y rapidez con la que se maneja el sector privado.

La externalización de servicios comenzó en la era Clinton, pero se trataba inevitablemente de la emergencia de nuevos actores privados en el panorama internacional. Era una cuestión de la marea histórica, donde desde los gobiernos locales a las multinacionales desarrollaban su propia agenda política internacional a espaldas de los estados. Más aún, la debilidad de los estados periféricos tras el desinterés inicial de las súper-potencias tras el fin de la Guerra Fría llevó al desplome de países como Somalia o Liberia y dejó a las empresas al cargo de su propia seguridad en lugares como Nigeria o Angola.

En el pasado III Congreso Internacional de Seguridad y Defensa en Granada surgió por dos veces el asunto de las Empresas Militares Privadas (PMC en inglés) en boca de oficiales del Ejército de Tierra que repitieron los arquetipos erróneos que usa habitualmente la prensa: Las fuerzas privadas en el terreno es un fenómeno exclusivamente estadounidense que se limita a Iraq y Afganistán, sin que se haya constatado que la privatización suponga un ahorro a la vez que genera un montón de problemas legales.

Pero fue algo más que eso. Al fin y al cabo queda mucho por escribirse sobre PMC en España. En Granada lo que sentí fue una sensación de desconexión entre lo que uno lee sobre materiales, doctrina y experiencias de los países con fuerzas combatiendo accesible gracias a Internet y lo que uno lee o escuha por aquí. Se trata de la velocidad que han adquirido los ciclos de innovación. Por ejemplo la carrera entre los insurgentes que plantan bombas y las fuerzas que los persiguen. Hay fuerzas armadas, como los canadienses, que han mostrado una buena capacidad de aprender y rectificar sobre la marcha. La experiencia y las bajas les llevó a adoptar vehículos sudafricanos a pruebas de minas, a desplegar carros de combate Leopard I y a lanzar un programa de adquisición urgente de Leopard II. No significa eso que las soluciones candadienses haya que aplicarlas al área de operaciones española en Afganistán. Pero dudo que aquí hayamos mostrado la misma capacidad de maniobra. ¿Desde cuándo se oyó hablar por primera vez de MRAPs en Iraq, cuánto tardó el debate en llegar a España, cuánto se tardó en ordenar la compra de vehículos y cuántos se han desplegado en misiones internacionales?

Podríamos seguir con esta velocidad de tortuga para aprender y cambiar. Y eso suponiendo que alguien realmente esté a la escucha de lo que pasa ahí fuera. ¿Hacemos apuestas sobre cuántos informes circulan en España sobre el programa Human Terrain System, la Task Force Paladin o el Asymmetric Warfare Group ? ¿Y hacemos una comparación entre los tiempos y costes manejados por el INTA para desarrollar el programa SIVA y los manejados por la iniciativa privada?

Podríamos también optar por salir corriendo de Afganistán, como alguno propone. O podríamos empezar a plantearnos seriamente en externalizar la formación y adiestramiento en temas puntuales como primer paso a externalizar otras cuestiones en las que está claro que el rtimo de de las nuevas guerrras nos ha superado.

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Guerra en las favelas

¿Cuándo el crimen organizado alcanza a ser otra cosa? Cuando las organizaciones criminales desarollan una agenda política y aspiran no ya a desafiar al estado sino a sustituirlo.

Hoy Francho Barón en El País hace la crónica de un asalto de una unidad de élite de la Policía Civil de Río de Janeiro en una favela. En palabras de Ignacio Cano, sociólogo español de la Universidad Estatal de Río de Janiero “se trata de una fuerza militarizada que responde a una estrategia militar”. Pero eso no es lo que me llamó la atención. Más bien esto:

Los narcotraficantes han establecido en las angostas callejuelas de la favela varias bocas de fumo (puntos de venta de droga) y han dictado leyes paralelas para legislar la vida de sus moradores: todo el mundo está obligado a colaborar con la firma y no se permiten robos dentro ni en las inmediaciones de la comunidad. El Comando Vermelho ofrece a cambio protección al vecindario y, con los réditos de la cocaína, de vez en cuando subvenciona pequeños gastos domésticos a quien lo pide, como la bombona del gas o algún medicamento de urgencia.

Las organizaciones criminales no sólo han impuestos sus leyes, imponen el orden público y establecen servicios asistenciales allí donde el Estado no llega.

El necesario debate sobre la privatización militar

John Robb apunta hoy que el necesario debate sobre la privatización militar ha sido sustituido por un ensañamiento de la prensa con Blackwater del que hemos llamado la atención aquí en España.

No hay duda que el incidente que dio pie a la polémica reciente habría sido tratado totalmente por los medios de comunicación de no haberse tratado de la “guardia pretoriana de Bush” (sic) y sus “pistoleros a sueldo” (sic) . Sin reporteros sobre el terreno las noticias se han confeccionado de oídas y acudiendo al cajón de los tópicos.

Robb enlaza a un artículo de Peter Singer (autor Corporate Warriors), en el que como decíamos aquí hace poco, todo lo malo que hay en torno a las empresas militares privadas en Iraq tiene que ver más con cómo EE.UU. ha gestionado la posguerra en Iraq que con la propia naturaleza de dichas empresas.

Quien crea que todo esto nos resulta ajeno termino de la misma manera que el otro día, planteando un dilema. Hasta ahora en España la protección de las embajadas en zona de guerra era misión del GEO (Grupo Especial de Operaciones) del Cuerpo Nacional de Policía. Su misión principal en el día a día es el rescate de rehenes (en atracos, medios de transporte, secuestros) y la detención de delincuentes peligrosos y armados. Con guerras civiles, estados colapsados y crisis continuas del mundo de la Posguerra Fría los GEO no dan abasto y a esas misiones han empezado a enviarse miembros de los GOES (Grupos Operativos Especiales de Seguridad). La cuestión es, ¿realmente se puede permitir el Cuerpo Nacional de Policía desviar de sus funciones principales a su principal unidad de élite? ¿Realmente es idónea la seguridad que proporcionan en zonas de guerra un puñado de policías con fusiles de asalto?

Una curiosidad final. El Mundo ilustra una noticia sobre Blackwater con una foto “curiosa” que ya en su momento reprodujo Público. Comparen con los contratistas que muestra Loopster.

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La lógica de la privatización militar

Hace años saltó la noticia de que se estaba estudiando la posibilidad de que la seguridad exterior de la Academia General Militar en Zaragoza fuera cometido de una empresa de seguridad privada. La noticia resultó chocante a muchos porque les costaba imaginar un cuartel lleno supuestamente de aguerridos soldados armados hasta los dientes custodiado por guardias jurados. La realidad es que la academia de Zaragoza se trata de un centro de educación superior, e imagino que en la mente de quien planteó tal posibilidad estaba la idea de que poco aprovechamiento podrían obtener los estudiantes de una academia que tuvieran además que hacer guardias nocturnas.

En reacciones a noticias como aquellas se reflejaba la imagen de unas fuerzas armadas provistas de abundante mano de obra barata que muchos se llevaron a su paso por la “mili” hace muchos años. La realidad actual es que tras el fin de la Guerra Fría a las fuerzas armadas de Occidente se aplicó lo que se llamaron los “dividendos de la paz”. En el U.S. Army de dieciséis divisiones de primera línea se disolvieron seis. En España se aplicó el llamado Plan NORTE (Nueva Organización del Ejército de Tierra). Entre los militares circuló la broma que tras su aplicación sólo restaba la ejecución del Plan SUR (Supresión de las Unidades Restantes). En el caso de España hubo además que tener en cuenta el proceso de profesionalización de las fuerzas armadas que se realizó sin el debido debate público.

Con un contingente humano en retroceso y más tarde profesional labores que para los quintos españoles fueron cotidianas durante la “mili” pasaron a ser externalizadas y desempeñadas por personal civil externo: Cocina, lavandería, limpieza, etc. La lógica de la privatización militar que cuando se habla de Empresas Militares Privadas causa tanto escándalo empezó a aplicarse en España hace años.

Quienes conozcan el mundo militar y el de la empresa privada sabrán que funcionan a ritmos complemente diferentes que en el caso del ámbito militar tienen que ver con el funcionamiento de la administración pública. Es lógico que la gestión de unos presupuestos públicos se hagan bajo los principios de la transparencia y la posibilidad de rendir cuentas. Tienen sentido cuando se aplican a programas complejos y multimillonarios. Pero la secuencia de convocatoria de concurso públicos, adjudicación y ejecución de unos presupuestos resulta inapropiado para situaciones donde se requiere actuar con rapidez.

El fenómeno ha tenido su auge con las misiones prolongadas en el exterior. ¿Tendría sentido que las fuerzas armadas se dotaran por ejemplo de enormes capacidades de proveer comidas a soldados en instalaciones semipermanentes? En un mundo donde surgen emergencias complejas hoy en ayer en el Congo y mañana en el Asia Central hay ciertas capacidades características de la misión y el entorno que las fuerzas armadas no pueden adquirir con inmediatez. Así España alquiló aviones de transporte ucraniano An-124 para llevar hasta Mozambique helicópteros que rescataron a las víctimas de unas colosales inundaciones. Fue un servicio necesario y puntual que no se habría haber llevado a cabo si la única opción era hacerlo con aviones en propiedad.

Pero el fenómeno de la privatización tiene otra vertiente aparte de las empresas que prestan servicios a las fuerza armadas y es el de empresas que prestan servicios de seguridad como es el caso de Blackwater en Iraq. Por mucho que la prensa tratara de presentar a los empleados de la empresa como “mercenarios” en realidad están en Iraq bajo contrato del Departamento de Estado realizando misiones de escolta VIP. Eso sí, bajo las peculiares condiciones de Iraq. Lo que no deja de ser, en otro grado de magnitud, una constante del mundo de la Posguerra Fría. Diplomáticos, empresarios, periodistas, ONG y demás actores internacionales operan en multitud de países donde la capacidad del estado para proveer seguridad está seriamente limitada. No se trata únicamente de países en guerra o estados colapsados. Conviven en muchos casos una economía conectada a los mercados globales y zonas sin ley. Intervienen entonces compañías privadas que proporcionan seguridad a personas o instalaciones.

Hay todo un debate a las lagunas legales en las que las Empresas Militares Privadas se mueven. Pero habiendo estudiado el caso de Sierra Leona lanzo una pregunta. ¿Qué es preferible? ¿Que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidos apruebe una intervención militar en un país para parar un genocidio que tarda meses en concretarse y que resulte eficaz sólo a medias por la ineptitud de los cascos azules envueltos? ¿O que una vez aprobada la resolución con el mismo dinero se saque a concurso una intervención a realizar por empresas militares privadas que tarde semanas? Ejemplos de lo primero hay a patadas. Está por ver quién se atreve a probar con lo segundo.

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Blackwater pisará las calles nuevamente

Decíamos el lunes:

Se trata de un pulso del gobierno iraquí con la Adminsitración Bush. Y cuesta imaginar que lo gane un ministro cuyo poder real llega poco más allá del pasillo que conduce a su despacho.

No hay que recordar que las fuerzas de seguridad iraquíes reproducen las fracturas sectarias del país y son en la práctica el brazo armado de del partido o facción de turno. Cuando no, se dedican al pillaje, la extorsión y el robo.

Así que pensar que la cabeza del ministerio iraquí podía permtirse desafiar a las fuerzas de ocupación estadounidense era ilusorio. La crisis se ha saldado con un informe sobre la corrupción y desmanes en el seno del ministerio del interior iraquí sobre la mesa del primer ministro Al Maliki… Y con las grabaciones de las cámaras que llevan abordo los vehículos de Blackwater.

Algunos daban por hecho que el personal de Blackwater, mientras viajaba en un convoy escoltando un VIP, se había dedicado a pegar tiros sin razón. La cosa no tenía sentido. Pero ya saben es lo que tiene ser “la guardia pretoriana de Bush” y ser “pistoleros a sueldo”, Y es que como también decíamos ayer:

Los empleados de las PMC que allí operan, ya han sido juzgados de forma sumaria por el tribunal de la prensa… y condenados.

Hoy el cuerpo diplomático estadounidense en Iraq ha vuelto a salir a la calle y protegidos, como siempre, por Blackwater. Fin de la crisis.

Puntualizaciones a El País sobre Blackwater

Ayer Yolanda Monge firmaba un artículo en El País titulado “Bagdad revisará los permisos de todas las empresas de seguridad”.

Mi colega Loopster, que es la persona que más sabe en España sobre Blackwater, le da la réplica en un foro.

Las citas son del artículo de Yolanda Monge. En cursiva las puntualizaciones de Loopster.

después de que la mayor de estas firmas, la estadounidense Blackwater

Con menos de 1.000 hombres en Iraq, Blackwater es una de las PMCs con menos hombres en Iraq. La mayor en número de empleados es Aegis, seguida por ArmorGroup.

La Asociación Internacional de Contratistas eleva el número hasta los 50.000 hombres

¿Y esos de dónde salen? No existe ninguna “Asociación Internacional de Contratistas”. El dato que recoge PSCAI sobre el número lo sitúa actualmente en 30.000, casi la mitad.

salarios que llegan a los 1.000 euros diarios.

Veo que el bulo sigue dando vueltas. 1.000 euros diarios equivalen a 1.397 dólares, más del doble de lo que cobran los contratistas mejor pagados de Iraq.

Una regulación conocida como Orden 17, dictada durante el Gobierno provisional de ocupación bajo la dirección de Paul Bremer, garantiza a esas compañías inmunidad ante los tribunales iraquíes. Esa orden está todavía en vigor.

El Memorandum 17 se anuló hace unos meses, sustituidos por licencias y autorizaciones de trabajo del Project Management Office, el MultiNational Force-Iraq, el Department of State, Department of Defense, USAID, etc.

Loopster sigue en un tono poco benevolente hacia la periodista de El País pero a mí lo que me ha llamado la atención ha sido dos frases:

“fuego cruzado entre agentes de la empresa y supuestos hombres armados tras explosionar una bomba al paso de una caravana de funcionarios”.

Cualquiera diría que los únicos con derecho a presunción de inocencia en Iraq son los miembros de la insurgencia. Los empleados de las PMC que allí operan, ya han sido juzgados de forma sumaria por el tribunal de la prensa… y condenados.

Los métodos de los pistoleros a sueldo son considerados a veces excesivamente violentos

He consultado el diccionario de la RAE.

pistolero.

1. m. Hombre que utiliza de ordinario la pistola para atracar, asaltar, o, mercenariamente, realizar atentados personales.

Pues no conozco yo, hasta la fecha, de atracos a bancos, asaltos de camino o atentados personales cometidos por personal de PMC en Iraq.

Mitos y sombras de las empresas militares privadas en Iraq

Clérigos fanáticos que quisieran convertir el que fue el país más secularizado de Oriente Medio en una teocracia, terroristas de ideologías apocalípticas que han masacrado a miles de personas en mercados o autobuses escolares, militares occidentales sumisos al poder político que venden buenas noticias ilusorias… En la poliédrica guerra civil de Iraq hay muchos actores de perfil nefasto. Pero los empleados de las empresas militares privadas (PMC por sus siglas en inglés) parecen ser esos personajes a los que todo el mundo le gusta odiar.

Dos de los aspectos más polémicos de sus presencia en Iraq son los contratos multimillonarios que pagan sus servicios y la fama de sus empleados de ser de gatillo fácil. Pero ambos tienen que ver más con el contexto de la ocupación estadounidense de Iraq que con la propia naturaleza de las PMC.

La ocupación de Iraq se ha convertido en un agujero negro de dinero. Se sabe del caso de remesas de millones de dólares en billetes que se transportaron por avión en pallets y cuyo rastro se perdió en Bagdad. (Igual sucedió con cargamentos de armas). Empresas proveedoras de combustible o comida para los soldados inflaron los precios y el Departamento de Defensa no tuvo problemas en pagar. Al tirar el hilo de la adjudicación de contratos aparecen empresas cuyos directivos tienen vínculos pero que muy cercanos a la administración Bush.

La decisión de contratar empresas privadas para dar seguridad a los diplomáticos y funcionarios estadounidenses en Iraq no fue arbitraria. En las previsiones de los planificadores de la invasión de Iraq no entró la posibilidad de que la seguridad en la posguerra se deteriorara. Si es que por lo que sabemos planificaron algo de la posguerra. Cuando la ruta que une Bagdad con su aeropuerto se terminó conociendo como “la autopista más peligrosa del mundo” se impuso la necesidad de que el personal civil estadounidense viajara en convoyes protegidos y escoltados. También hubo necesidad de vigilar y proteger edificios e infraestructuras.

Dedicar soldados a esas tareas habría obligado a las fuerzas armadas estadounidenses a un esfuerzo en recursos humanos inasumible. Las PMC tienen desplegadas en Iraq en torno a 30.000 empleados armados. Teniendo en cuenta que cada Brigade Combat Team del U.S Army comprende entre 2.500 y 4.200 soldados estaríamos hablando que entre 7 y 12 brigadas del ejército estadounidense han sido liberadas de estas tareas por el uso de las PMC. (A modo de comparación, el ejército español tiene ocho brigadas).

En cuanto a la fama de gatillo fácil y la impunidad que se achaca a los empleados de estas empresas no es tampoco algo inherente a ellas. Más bien parece que ha habido dejadez por parte de las autoridades estadounidenses de investigar las tropelías cometidas por sus fuerzas militares o privadas en Iraq. Y aunque al parecer hay un marco legal de operación de fuerzas privadas hay un cierto vacío legal.

En el caso concreto de las PMC su papel en Bagdad es escoltar personajes VIP en caravanas de vehículos. En España tenemos un ejemplo tristemente familiar de los peligros a los que se enfrenta: Siete agentes del CNI murieron en Iraq. Iban en dos todoterrenos cuando un vehículo se puso al lado del primero. Dispararon al conductor y el todoterreno con los agentes españoles terminó fuera de la carretera. El segundo vehículo español se paró para socorrer a los ocupantes del primero. El resto es historia. Desde entonces, en Iraq acercarse a una caravana de vehículos con escolta no es recomendable.

Cuando ves gente morir a tu lado, no hay un enemigo que dé la cara y sospechas de la complicidad de la población civil (que miran a otro lado cuando se plantan las bombas por miedo o simpatía con la insurgencia) se genera una frustación tal que terminan pagando inocentes. Hace dos años en este blog explicaba el mecanismo que genera esos excesos.

Hay muchas cosas que contar sobre las PMC. Pero pocas tienen que ver con la imagen que quieren presentar de sanguinarios cowboys psicópatas que campan por sus anchas en Iraq. Empresas como Blackwater no son “la guardia pretoriana de Bush” (por Dios, ¿quién inventó ese cliché vacío?). Y por cierto, cuentan fuentes solventes que en Iraq poco o nada ha cambiado respecto a Blackwater.

Referencias recomendadas:

-Sobre la posguerra iraquí me parece altamente recomenable: Fiasco de Thomas E Ricks.

-Sobre el día a día de las PMC en Iraq la revista española Fuerza Terrestre incluye tres reportajes con abundante material gráfico, inédito en las revistas de temática militar en España, en su último número (el 45) . Aunque con fecha de octubre ya está en los kioskos aquí en Madrid.

Anteriormente en Guerra Posmodernas:

Hablando en RNE sobre el incidente de Blackwater en Bagdad.

El negocio del siglo .