Irán y la guerra que no viene

En las últimas semanas Irán es el tema del que más explicaciones he dado en conversaciones informales. “¿Pero no va a haber guerra con Irán?” me preguntan extrañados ante las señales que llegan de Washington y Jerusalén.

Después de Afganistán (2001), Iraq (2003) y Libia (2011) podría parecer que invadir otro país musulmán es la cosa más sencilla del mundo. Pero hay que recordar que:

-Afganistán era un país atrasado que había sufrido más de 20 años de guerra. A los pocos días de la invasión en 2001 la aviación estadounidense se quedó sin objetivos que bombardear. No había bases aéreas o radares. Las fuerzas talibán eran principalmente infantería ligera montada en Toyota Hilux con puñados de vehículos acorazados aquí y allá. Existía una oposición armada, la Alianza del Norte, que sirvió de punta de lanza a la invasión del país.

-Iraq era un país con una tecnología militar cerca de la obsolescencia a finales de la Guerra Fría y cuyas instalaciones, infraestructuras y fuerzas armadas fueron machadas en la Operación “Tormenta del Desierto” en 1991. Tras más de veinte años de embargo internacional la situación de sus fuerzas armadas era aún peor. La invasión de Iraq en 2003 se llevó a cabo con menos tropas y en menos tiempo que la liberación de Kuwait en 1991. La ruta de invasión de Iraq, desde Kuwait a Bagdad, es un terreno desértico y llano con grandes autopistas donde los Estados Unidos pudieron llevar a cabo una blitzkrieg sin apenas oposición.

-Libia es un país con menos de 6 millones de habitantes donde más de tres cuartas partas de la población viven en ciudades al borde del Mediterráneo. Al igual que Iraq, el régimen había sido sometido a un embargo internacional que afectaba a la importación de armamento. Tras su levantamiento el régimen realizó varias negociaciones con Francia y Rusia sin que se lanzara a la esperada modernización multillonaria de sus fuerzas armadas. En vísperas de la guerra civil sus fuerzas armadas contaban principalmente con tecnología soviética de los años 70 y 80 de segunda fila. Cuando la población de la región de Cirenaica asaltó los cuarteles se encontraron con que las unidades fuera de Trípoli contaban con material militar en muy mal estado. Sólo las unidades de la Guardia Revolucionaria contaban con lo mejor de un armamento que ya era de por sí viejo.

Irán es un país montañoso de unos 75 millones de habitantes cuya invasión tendría poco que ver con la cabalgada por el desierto que fue la invasión de Iraq en 2003 (véase la serie “Generation Kill”). La pregunta es ¿qué sentido tendría invadir Irán? ¿Destruir su programa nuclear? ¿Cambiar el régimen? Ya hemos visto cómo han evolucionado los experimentos de Afganistán e Iraq y ahora mismo hay en Estados Unidos una fuerte resistencia a repetir la experiencia.

Una invasión de Irán generaría tal inestabilidad en los mercados del petróleo y bursátiles que tendría consecuencia catastróficas en la presente crisis. Una escalada en los precios del petróleo podría ser la puntilla a la crisis europea porque tendría repercusiones en el transporte de pasajeros y mercancías, afectando al turismo y a los precios de los productos básicos (la carne y verdura no llegan mágicamente a los supermercados de Madrid, París y Berlín).

Cabría esperar una respuesta del régimen de Irán tan pronto comenzaran las operaciones militares. Irán tiene frontera con Afganistán, un país donde hay tropas occidentales. Precisamente las españolas están desplegadas en una región fronteriza con Irán. Sería relativamente fácil para Irán dotar de armamento, suministros y dinero a la insurgencia talibán para que intensificara sus ataques contra las fuerzas occidentales. Además, Irán podría tratar de cortar la navegación por el Estrecho de Ormuz y afectar el flujo marítimo de hidrocarburos procedentes de Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein y Qatar en el Golfo Pérsico. Basta recordar cómo Irán se ha preparado para esa contingencia desarrollando una estrategia naval de guerra asimétrica. Por último, contamos con los precedentes de los atentados terroristas en suelo argentino o los asesinatos de disidentes en suelo alemán detrás de los que estuvo el régimen iraní.

¿Es, por tanto Irán invulnerable? El régimen iraní y su programa nuclear se ha demostrado vulnerable a la ciberguerra, el sabotaje y las presiones económicas internacionales, entre otros terrenos. Ese es el campo de batalla donde se juega la actual Guerra Fría con Irán.

Irán, entre la contradicción y la paradoja

Irán es de esos temas de los que he acumulado libros y sólo había leído unos pocos. Ahora, ya con una publicación a mis espaldas, me he animado a profundizar en el tema Y he empezado por dos reportajes periodísticos hechos a ras de tierra en el país.

“Irán. Entre la amenaza nuclear y el sueño occidental”

Claire Tréan

Península, 2006.

Claire Tréan es una periodista francesa y realizó varios reportajes y entrevistas en Irán entre mayo y diciembre de 2005, justo al comienzo de la primera legislatura de Mahmud Ahmadineyad. Se nota que los distintos capítulos se escribieron en diferentes momentos, porque en algunos se mencionan a Ahmadineyad como el recién elegido presidente del gobierno y como una incógnita o una esperanza. Y en otros se menciona como un presidente que ya lleva tiempo en el cargo y ha dejado ver sus cartas en el juego de poder iraní. Siendo un libro de 2006 se nota ya en él el paso de los años. Al fin y al cabo, es un libro previo a la Revolución Verde de 2009.

La autora mezcla el análisis de la realidad política, económica y social de Irán con las perspectiva de los iraníes corrientes que encuentra y entrevista. Aunque sólo el testimonio de un iraní aparece en el libro en formato de entrevista (capítulo 7, pp. 104-115). Se trata de un basiyi, un partidario del régimen, que cuenta como las bases impusieron a los líderes el apoyo a Ahmadineyad en las elecciones de 2005. Un segundo iraní confirma en el testimonio del primero, por cierto.

“Puedes pisar mis ojos. Un retrato del Irán actual”.

Serge Michel y fotos de Paolo Woods.

Alianza Editorial, 2011.

Serge Michel es un periodista suizo francófono. Residió como corresponsal free-lance en el país durante un tiempo y se le ocurrió la idea de un reportaje sobre la “felicidad” en el país. Había llegado a la conclusión de que los iraníes, detrás del descontento con la política y la marcha de la econonomía del país, eran un pueblo que ha aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Así que decidió recorrer Irán acompañdo del fotógrafo Paolo Woods para entrevistar a iraníes de toda clase y condición. Desde un cirujano de éxito de Teherán a un proxeneta de provincias. En el libro el autor presenta el testimonio de los iraníes sin intercalar preguntas o comentarios. Sólo un hecho aparentemente fortuito se cruza en su camino y le mueve a tomar partido: La Revolución Verde.

Ambos libros se complementan y superponen en el tiempo. Con perspectivas y matices diferentes presentan un país tremendamente contradictorio y lleno de paradojas. Irán es una teocracia conservadora profundamente hostil a la cultura occidental donde sus ciudadanos tienen total libertad para entrar y salir al país, a la vez que mediante Internet y la televisión por satélite están totalmente conectados con el mundo. El país se compone así de dos caras opuestas: El Irán oficial y el real, el público y el privado, lo político y lo personal… Todos los años se celebra el Día de Jerusalén y uno de los lemas revolucionarios acuñado por el ayatolá Jomeini fue “la destrucción de Israel”. Sin embargo los iraníes se sienten ajenos a la causa palestina, un asunto árabe que implica a un pueblo que apoyó a Saddam Hussein en el conflicto de Kuwait (1990-1991). El pueblo iraní mira con simpatía a Estados Unidos, aunque sólo sea por llevar la contraria al régimen. Y aspiran a que su país tenga relaciones buenas y abiertas con Washington pero de tú a tú.

Ambos autores relatan una y otra vez cómo en Irán todo tiene dos caras: La estricta moral oficial y la revolución sexual encubierta de las nuevas generaciones; las discriminaciones legales hacia la mujer y su predominio entre el alumnado universitario; el rechazo al régimen y su profundo orgullo nacional… Ambos se recrean en esa continua dualidad que adquiere a veces tonos cómicos y que da título al libro de Claire Tréan en su versión original francesa: “La paradoxe iranien”. Y ambos componen un análisis de la situación política de Irán que nunca había visto antes y que me obligan a cambiar mi análisis sobre el país.

Irán es un país rico en hidrocarburos con una economía esclerotizada y corrupta donde se han enriquecido unos pocos sin que se vean beneficiado el grueso de la población. La Revolución Islámica sirvió para el ascenso de los mulás como una nueva clase social cuyo prestigio ha quedado en el camino totalmente erosionado. Ocho años de gobierno del moderado presidente Jatami (1997-2005) demostraron las limitaciones del régimen. El complejo sistema de equilibrios y contrapoderes le impidieron llevar a cabo su agenda política y dejó desencantada con el régimen a toda una generación de jóvenes que le apoyaron. Se perdió además una ventana de oportunidad que se cerró con la declaración de Irán como parte del “Eje del Mal” en 2002.

En las elecciones de 2005 los bastiones conservadores del poder estaban desconcertados, incapaces de seleccionar un candidato a la presidencia. Emergió entonces la fuerza de los basiyi, la milicia que forma la reserva para los Guardianes de la Revolución (pasdarán) y cumple funciones auxiliares de orden público. Impulsaron a Mahmud Ahmadineyad como candidato, convirtiéndolo en la segunda vuelta de las presidenciales en el “candidato del régimen”. Tréan presenta dos testimonios pero ambos autores coinciden en señalar a los pasdarán y basiyi como un bloque de poder dentro del régimen que forma el núcleo duro ideológico y forma un estado dentro del estado al contar con poder militar y económico. El discurso populista de Ahmadineyad sobre su intención de repartir la riqueza del país y luchar contra la corrupción caló entre las masas pero el tiempo demostró sus pocas intensiones de llevar a la práctica su propio programa político. Comenzó entonces su búsqueda de la confrontación exterior.

El mismo bloque emergente de poder impuso su fuerza en las elecciones de 2009. El líder de la Revolución, Alí Jamenei, abandonó su posición de árbitro entre los distintos poderes del país y ratificó la victoria fraudulenta de Ahmadineyad.

Las implicaciones de esto son profundas. El régimen es irreformable desde dentro. El sistema de equilibrios y contrapoderes se ha visto afectado por por el ascenso del bloque conservador laico formado por los Guardianes de la Revolución. Los intereses de ese bloque de poder no es sólo ideológico sino también empresarial en un país rico en hidrocarburos. Sólo cabe imaginar que nunca renunciará al poder por las buenas…

Boca a boca

Es fácil adivinar la hora de la marcha: sólo hay que contar treinta minutos después de que la red de telefonía móvil se quede sin cobertura. En cuanto al lugar, toda la ciudad lo sabe. No gracias a Tweeter (sic), Facebook ni otras tecnologías californianas cuyos fundadores presumen de ser capaces de provocar la caída de una dictadura, sino por el más antiguo y oriental de los métodos: el boca a boca. La historia lo juzgará, pero quizás al cortar las líneas telefónicas el régimen ha conseguido que sus enemigos se unan, obligando a los iraníes a hablarse, mientras que hasta entonces se habían refugiado en la búsqueda de la felicidad personal. En los taxis colectivos o en las tiendas de barrio, en la manifestación del día anterior o gritando esa noche de un tejado a otro, la población se pone de acuerdo, se anima y descubre la magnitud de su fuerza.

Serge Michel en “Puedes pisar mis ojos” pp. 67-68

Alianza Editorial, Madrid 2011.

Swarming naval

Ayer me llegó la confirmación que la Revista General de Marina, la veterana revista académica de la Armada Española, publicará en su número de julio mi artículo “Irán y la guerra naval asimétrica”. En él relato las experiencias iraníes durante los 80 que han llevado al desarrollo de una doctrina militar propia que establece la descentralización de las fuerzas en tierra y el empleo del swarming como táctica fundamental en el mar.

La Revista General de Marina publica en Internet con cierto retraso sus contenidos de forma gratuita, así que en el futuro será posible que todos puedan leer el artículo.

Tras la publicación de “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global” el artículo sobre “Irán y la guerra naval asimétrica” es el segundo aporte a lo que será mi segundo libro. Mis próximos artículos versarán sobre la ciberguerra distribuida y la guerra en el desierto.

Teléfono Rojo, ¿volamos hacia Teherán?

He estado ocupado estos días escribiendo el debriefing de mi viaje a Israel. Mientras espero noticias de la revista a la que lo he mandado ha tenido lugar el lanzamiento de Sesión de Control.

Sesión de Control es una web donde coinciden analistas, sociólogos, politólogos, periodistas y profesores universitarios de todo el espectro político y realizan breves análisis. El impulsor del proyecto, Borja Ventura, ha contado conmigo y ya está publicada mi primera colaboración.

En Teléfono Rojo, ¿volamos hacia Teherán?” planteo porque ninguna de las partes en la crisis nuclear de Irán se puede permitir tensar la situación hasta el final.

Feliz año nuevo iraní

Después del concierto de Goran Bregović del lunes tocó este sábado acudir al concierto de la Mehr Ensemble con motivo del Noruz, el año nuevo iraní.

Si primero no podía perderme la vibrante actuación de un artista cuyo tema más conocido se titula Kalashnikov esta vez se trataba de acudir al Pijostán, una zona de Madrid tan exótica como extraña para mí, para escuchar a un grupo de seis intérpretes de instrumentos tradicionales iraníes. Una manera muy personal de desear una nueva era de relaciones con Irán y celebrar la llegada de la primavera tras un invierno duro en todos los sentidos.

Mehr Ensemble en Madrid

Lecciones de la crisis de rehenes en Ir�n

Concluyó la crisis desatada por la captura de 15 marineros e infantes de marina británicos. Ha tardado en resolverse más que la anterior (no es la primera vez que algo así sucede tras la invasión de Iraq) pero al menos ha concluído mucho mejor que la primera.

No había tratado el tema hasta ahora. Me limité esta vez a ser un lector pasivo. Seguir el asunto por las noticias, columnas de opinión, blogs y foros fue interesante. Los análisis de la situación se dividían principalmente en:

  • El régimen islamofascista (sic) de Teherán ha mostrado una vez más su verdadera cara. ¡Es hora de bombardear Irán!
  • El Reino Unido, potencia ocupante de Iraq, ha sufrido una humillación a manos del régimen antiimperialista de Teherán, que al servicio del pueblo iraní bla, bla, bla.

Tras reiterados fracasos al analizar y actuar en Oriente Medio ni unos y otros parecen haber aprendido cosa alguna. Podemos sacar varios cosas en claro.

La captura de los 15 marineros e infantes de marina británicos ha tenido todo el aspecto de una operación calculada para provocar una crisis diplomática. Si bien es cierto que los límites de las aguas territoriales en la zona estén en disputa es muy raro que los británicos “metan la pata” geográficamente en la era del GPS y tras cuatro años de ocupación de Iraq con un incidente similar previo.

La noticia de que las tropas británicas estaban realizando labores de espionaje en la zona es una tontería enorme. Soldados de uniforme, en una embarcación con pabellón militar y realizando labores de inspección del tráfico marítimo es algo tan clandestino e ilícito como una patrulla de la Guardia Civil controlando el tráfico en una Operación Salida de las vacaciones.

Comentario aparte merecen los medios que ofrecieron las declaraciones de los militares británicos para la televisión iraní como una confesión libre y espontánea: “Los militares británicos reconocen que estaban en aguas iraníes” tituló algún medio. Como si tales declaraciones tuvieran valor alguno.

El asunto ha sido un ejemplo perfecto de lo que he dicho aquí cada vez que he tratado el tema: Si Irán fuera atacada en un intento de destruir su programa nuclear tendría muchos medios no convencionales para tomar represalias. Lo ha hecho ante, por ejemplo a través del terrorismo, y lo podrá hacer en el futuro cuando quiera. La presencia de tropas estadounidenses y británicas en Iraq sólo lo haría todo más fácil.

Por otro lado la resolución de la crisis demuestra la existencia de contrapesos y balances en la maquinaria del poder en Teherán. Quienes teman a un Ahmadinejad dispuesto a cometer toda clase de locuras megalomaníacas ya tienen una prueba que los otros poderes no tan en la sombra del régimen ponen al final las cosas en su sitio para evitar que la cuerda de tanto tensarla se rompa. Se olvidan algunos que el objetivo principal de todo régimen autoritario es el mantenimiento del status quo.

Moeh en un renovado Guerra y Paz repasa la crisis paso a paso.

ComingAnarchy.com recoge una batería de conclusiones de blogs y think tanks.

Tres noticias sobre Ir�n

EE UU vive en estos días un ambiente prebélico muy similar al que se respiraba antes de la invasión de Iraq en 2003. El objetivo ahora es nada menos que Irán. La Administración de Bush no para de reforzar la presencia militar estadounidense en el golfo Pérsico ante un eventual ataque a las instalaciones nucleares iraníes. Es una de las tantas señales que hacen creer a muchos estadounidenses -por lo menos al 40% de ellos, según una encuesta- que el país entrará en guerra, a pesar de que la Casa Blanca insiste en que es partidaria de una solución diplomática.

Así arranca el artículo de Antonio Caño ayer domingo 28 en El País. Tambores de guerra anunciando un ataque contra Irán. ¿Cuántos van ya? Desde que Seymour Hersh abrió la veda en 2005 parece que cada seis meses EE.UU. está a punto de lanzarse sobre Irán. Yo piqué hace tiempo. Y comencé mi serie sobre el asunto en abril de 2006, convencido de lo estúpido de un ataque militar sobre Irán. Todo esto suena a filtración interesada. Una estrategia de miedo, incertidumbre y duda que permite jugar a EE.UU. la estrategia del palo y la zanahoria con Irán.

El sábado 27, también en El País, leíamos:

El director del Comité de Seguridad Nacional y de Política Exterior del Gobierno iraní, Alaeddin Boroujerdi ha afirmado hoy que su país “ya ha comenzado a instalar 3.000 centrifugadoras” en una planta de enriquecimiento de uranio.

El programa nuclear iraní sigue en marcha. Y al contrario que el iraquí, no se concentra en una sola instalación que permita un ataque certero y limitado. El uso de centrifugadoras permite distribuir por el país en instalaciones nada sospechosas y fácilmente reemplazables el proceso de enriquecimiento. Y queda la duda hasta que punto el programa iraní nuclear está infiltrado por la inteligencia estadounidense o hasta qué punto son fiables los disidentes que proclaman tener fuentes en el interior del país. Iraq es un mal precedente al respecto.

Desconfío de todo lo que se dice al repecto de Irán. Soy de la opinión que las amenazas del presidente iraní son simple producto para consumo interno. La “bomba iraní” será un arma defensiva para mantener el status quo. ¿Para qué querría Irán una nueva arma ofensiva, si ya cuenta con armas eficaces y probadas? No hablo de misiles. Hablo de su apoyo a Hizbollá y de sus agentes infiltrados en Iraq. Sólo así hay que entender esta otra noticia.