México y el Narco

Siguiendo una pista dada por Luis Arean, mi mexicano de cabecera, busqué la edición de noviembre de la revista Letras Libre para leer un artículo sobre la situación actual de México del historiador y ensayista Enrique Krauze, que es su director. Tras pasar por caja, impetuoso de mí, descubrí que el texto estaba comleto y gratis en Internet.

¿Y qué cuenta Enrique Krauze para hacer el artículo tan relevante? Pues resume lo contado por el periodista británico Ioan Grillo en su libro El Narco: Inside Mexico’s criminal insurgency. Grillo no es ningún paracaidista. Ha trabajado para medios y vivido a ambos lados de la frontera EE.UU.-México. El Narco es un repaso extenso al asunto desde todos los ángulos a la guerra civil posmoderna que vive México. Krauze completa el artículo con un libro descatalogado pero que mantenía en el radar: Los señores del narco de Anabel Hernández. Este segundo libro busca las raíces de la guerra entre organizaciones criminales en la ruptura del orden establecido tras el fin de la hegemonía política del PRI.

La edición española de Foreign Policy ya eligió El Narco como uno de los libros de 2012. Me entero así que ya hay edición española. Sólo me queda recomendarlo.

La Mara Salvatrucha, organización internacional

Cuando hice aquella comunicación académica sobre las maras centroamericanas en 2007 había descubierto al tema atraído por su naturaleza de organización trasnacional. El FBI había declarado a la mara Salvatrucha (MS-13) como la organización criminal más peligrosa de Estados Unidos y varios gobiernos centroamericanos consideraban a esos grupos una amenaza al Estado de primer orden.

El título que escogí fue “Maras: Una amenaza transnacional emergente en Iberoamérica”. Así que me ha resultado curiosa la noticia “EE UU designa a la mara Salvatrucha como organización criminal internacional que para El País Eva Sáiz firma desde Washington:

La inclusión de los Salvatruchas en la lista de organizaciones criminales obedece a “su implicación en peligrosas actividades a nivel internacional que incluyen tráfico de drogas, secuestros, asesinatos, tráfico de personas, prostitución, extorsión o crimen organizado”, de acuerdo con el comunicado publicado por el Departamento del Tesoro. Esta designación da vía libre al Gobierno de EE UU para perseguir a sus integrantes y a quienes colaboren económicamente con la mara, congelar sus activos económicos e incautarse de las propiedades que posean en EE UU y prohibir las transacciones económicas que se dirijan al grupo.

[...]

La mara Salvatruchas se incorpora a una lista de la que forman parte la organización mafiosa italiana, la Camorra, el cártel mexicano, los Zetas, o la organización japonesa de crimen organizado, los Yakuza.

Así que la designación tiene consecuencias jurídicas pero no es nada que no supiéramos.

Un nuevo giro de tuerca en México

No quería dejar pasar el tiempo sin comentar el bloqueo de carreteras en la ciudad de Guadalajara el pasado mes de marzo en México. Me recordó el ataque en swarming del Primeiro Comando da Capital en São Paulo en 2006.

Allá por 2008 llamé la atención sobre cómo los narcos habían cruzado una línea más con un atentado terrorista en Morelia el 15 de septiembre. Pensé que era un gran salto que inaguraba una nueva era en México. Pero la experiencia de estos años es que en México los cambios son graduales y constantes, paso a paso. Mientras se divaga sobre una futura Guerra Fría en Asia-Pacífico lo real y tangible es una “guerra contra las drogas” en el eje Colombia-Centroamérica-Mexico que se está perdiendo.

Maras: Una amenaza transnacional emergente en Iberoamérica

En abril de 2007 presenté en el III Congreso Nacional “Información, Seguridad y Defensa” celebrado en Segovia una comunicación titulada “Maras: Una amenaza transnacional emergente en Iberoamérica”. Estaba dando mis primeros pasos en el mundo académico y los actores no estatales transnacionales como amenaza a la seguridad era un tema poco explorado en España.

He recuperado aquel texto, he limpiado las erratas y lo he hecho accesible al público en mi perfil de academia.edu.

“DarkMarket” de Misha Glenny

Terminó marzo sin que comprara ningún libro. Mi propósito para 2012 es evitar ir comprando compulsivamente libros sin terminar de leer los que voy comprando. Así sucede que en el último año y medio he ido leyendo libros que acumulaban polvo en mis estantería desde 2005.

Uno de los que me llegó en enero es Dark Market. Cyberthieves, cybercorps and you” de Misha Glenny, autor del muy recomendable McMafia. Ya hay edición en español. Es un libro que compré a ciegas, guiándome del entusiasmo que me causó McMafia y por mi interés en el tema. Pero lo que me encontré es la historia del auge y caída de DarkMarket, un foro en Internet dedicado a intercambio de información sobre toda clase de actividades delictivas en torno a las tarjetas bancarias. Es interesante por las pinceladas que da sobre los “bajos fondos” de Internet en lugares como Rusia, Ucrania y Turquía mientras cuenta la historia novelesca de los protagonistas del asunto. Pero sinceramente, esperaba un poquito más.

México es un experimento descontrolado

“Como un perverso experimento de darwinismo social, ideado por un investigador aburrido que mantuviese el dedo permanentemente apretado en el botón de avance rápido”.

México va demasiado rápido. Pestañeas y te has perdido. Requeriría un blog entero atender qué pasa en ese país. Cuando crees que lo has visto todo, aparecen las redes de comunicación vía radio y la contraofensiva en Internet de las organizaciones narcotraficantes. Tan fascinante como terrible.

México, 8 tesis de Paco Ignacio Taibo II

Vía LibroDeNotas.com he encontrado este texto de Paco Ignacio Taibo II: “México: Narcoviolencia. Ocho tesis y muchas preguntas”.

Son interesante las reflexiones sobre aspectos pocos tratados habitualmente como la corrupción judicial (frente a la tan tratada corrupción policial), la falta de investigaciones en el ámbito financiero y la impotencia en tantos ámbitos del Estado mexicano en lo que parece una guerra que no puede ganar.

Jamaica y las Guerras Posmodernas

El lunes 24 de mayo la policía jamaicana entró en el barrio de Tivoli de Kingston con la intención de detener al narcotraficante Michael Christopher “Dudus” Coke. Sobre él pesaba una orden de extradición procedente de EE.UU. por tráfico de droga que el gobierno jamaicano anunció el viernes anterior trataría de hacer efectiva. Entonces comenzaron los disturbios que fueron respondidos con el asalto policial al feudo de Coke que se saldó con decenas de muertos.

¿Dónde establecer en este caso la diferencia entre un asunto meramente policial vinculados a la delincuencia y dónde arranca la revuelta popular de tintes políticos? No sólo es la incapacidad del estado jamaicano de imponer el monopolio de la violencia legítima, del que hablo en el segundo capítulo del libro, es la creación de ese poder paralelo que suple los vacíos dejados por el estado. Un poder que obtiene legimitidad creando orden y proporcionando servicios, como apunto en el cuarto capítulo.

Las dificultades de la policía para capturar a Coke se deben al amplio apoyo popular que tiene. No ya porque dé trabajo en su organización criminal a buen número de jamaicanos, sino porque como contaba El País el pasado día 26:

[C]omo muchos capos jamaicanos es considerado un benefactor por amplios sectores de la población de su zona de control. Frente a la insuficiencia de los servicios ofrecidos por las autoridades públicas, los clanes conceden a menudo ayudas a los vecinos en forma de provisiones alimentarias o apoyo para acceder a servicios sanitarios o educativos.

El día 24 también El País decía, en referencia al status de Coke como uno de los grandes “dones” de la droga en Jamaica:

Se ocupan de pagar los colegios de los niños en las comunidades que viven, y de ayudar a los más necesitados lo que hace que los ciudadanos de estas comunidades les defiendan con su vida si es preciso.

Es probable que en Tivoli (barrio en el que manda Dudus) haya mas armas que toda la policía de Jamaica por lo que el Ejército está tomando las calles, que están bloqueadas por los seguidores de Dudus.

Los narcotraficantes jamaicanos, como sus pares brasileños o como Hezbolá en el Líbano, constituyen un verdadero estado paralelo que proporcionan los servicios sociales que el Estado no puede ofrecer y con una capacidad armada que les permite responde a los desafíos del gobierno.

Es más, la legitimidad obtenida por los servicios sociales proporcionados no es una compensación por la violencia ejercida. Las organizaciones criminales saben que la gente tiende a distinguir entre el gran crimen organizado y la pequeña delincuencia común. Sólo esta última afecta de forma inmediata a la gente.

Al respecto añadía El País el día 30:

Se dice que la razón por la que no hay delincuencia en Tivoli es porque Dudus asegura el Order, el orden absoluto en el barrio. Si alguien tiene un problema no va a la comisaría de policía, va a hablar con los hombres de Dudus.

Brasil, México, Colombia… Ahora Jamaica.

Guerra en las favelas

¿Cuándo el crimen organizado alcanza a ser otra cosa? Cuando las organizaciones criminales desarollan una agenda política y aspiran no ya a desafiar al estado sino a sustituirlo.

Hoy Francho Barón en El País hace la crónica de un asalto de una unidad de élite de la Policía Civil de Río de Janeiro en una favela. En palabras de Ignacio Cano, sociólogo español de la Universidad Estatal de Río de Janiero “se trata de una fuerza militarizada que responde a una estrategia militar”. Pero eso no es lo que me llamó la atención. Más bien esto:

Los narcotraficantes han establecido en las angostas callejuelas de la favela varias bocas de fumo (puntos de venta de droga) y han dictado leyes paralelas para legislar la vida de sus moradores: todo el mundo está obligado a colaborar con la firma y no se permiten robos dentro ni en las inmediaciones de la comunidad. El Comando Vermelho ofrece a cambio protección al vecindario y, con los réditos de la cocaína, de vez en cuando subvenciona pequeños gastos domésticos a quien lo pide, como la bombona del gas o algún medicamento de urgencia.

Las organizaciones criminales no sólo han impuestos sus leyes, imponen el orden público y establecen servicios asistenciales allí donde el Estado no llega.

Armas sin control

Intermón Oxfam ha lanzado una campaña pidiendo medidas de control del comercio internacional de armas. La campaña dispone de una página web propia, un buen número de informes y una línea propia de merchandising.

Será un síntoma de hacerme viejo. Pero cada día me siento más escéptico sobre las campañas del tipo “Pobreza Cero”. No ya por el evidente hecho de la ineficacia de este tipo de campañas en resolver problema alguno, sino porque me resulta llamativa la ingenuidad de quienes las lanzan. Supongo que mantener una estructura burocrática requiere esta clase de justificación.

En este caso hablamos de una cuestión que tenía sentido en los tiempos de la Guerra Fría. Los gobiernos o guerrillas se suministraban acudiendo a una de las superpotencias o alguno de sus aliados. Al menos en los países democráticos la presión ciudadana tenía posibilidades de funcionar. Incluso hubo gobiernos que se negaron a suministrar armas a terceros países, con el imprevisto efecto de obligar a países como Irán, Israel, Chile y Sudáfrica a desarrollar su propia industria armamentística para poder ser autosuficientes.

Este tipo de campañas contra el comercio de armas falla en varias cosas. Sólo tienen en cuenta el lado de la oferta, como si las guerras se produjeran por la existencia de armas. No hace falta recordar que el genocidio de Ruanda se llevó a cabo a machetazos. Las guerras más sangrietas no se nutren precisamente de armas procedentes de los países dispuestos a ofrecer transparencia en sus exportaciones militares. Lo decía el verano pasado en “La inevitable levedad del estado”:

Y sin embargo actualmente la globalización económica, las nuevas tecnologías y el desorden internacional tras la Guerra Fría hacen en muchos casos irrelevante al Estado.

En un primer paso milicias que controlan porciones remotas y ricas en recursos naturales de algún país acceden a los mercados internacionales negociando vía teléfono satélite. El suministro de réplicas serbias o bulgaras del Kalashnikov le llegan transportadas en An-12 o Il-76, aviones capaces de aterrizar en cualquier lado, pertenecientes a algunas oscura compañía bielorrusa o ucraniana. Ya no es necesario el patronazgo de una súper-potencia (EE.UU., U.R.S.S., China) o un aliado suyo (Cuba, Siria, Libia, Sudáfrica) para subsistir. Los fondos los proporcionan la cocaína, el petróleo, las maderas de calidad, los diamantes y el opio procesado o no. En el peor de los casos si mantiene una reclamación de soberanía puede mantenerse vinculada a la diáspora, vía Internet y canales de TV satélite, de la que recibir aportaciones. En muchos casos las reclamaciones políticas quedan en segundo plano al convertirse la maquinaria de hacer dinero, y no el nuevo estado-nación soñado, en un objetivo en sí mismo por el que matar haciendo toda clase de atrocidades o morir. El desafío queda claro: ¿Cómo hacer que deponga las armas una guerrilla que controla el tramo local de la gran ruta de la coca o la heroína hacia EE.UU. o Europa? ¿Cómo hacer que un señor de la guerra que controla la zona diamantífera del país se siente a negociar con un gobierno que sólo controla la depauperada capital del país?

Dos recomendaciones: La película “El señor de la guerra” y el libro “Ilícito” de Moisés Naím.