De la defensa nacional a la seguridad global

La defensa nacional es un concepto tradicionalmente asociado a las amenazas militares que enfrenta el Estado. No en vano, en la mayoría de países el Ministerio de Defensa desempeña las tareas que antiguamente desde finales del siglo XVIII ocupaban al Ministerio de la Guerra. Sin embargo, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial la proporción de conflictos convencionales entre estados-nación sobre el total ha ido disminuyendo mientras el total de conflictos armados de todos los tipos ha disminuido también. Ambas tendencias se han intensificado desde el fin de la Guerra Fría. Las guerras que enfrentan fuerzas armadas en campos de batalla abiertos se han ido convirtiendo en una raza. Basta hacer recuento del número de buques de guerra hundidos en combate y aviones derribados por otros enemigos en las guerras de los últimos cuarenta años para entender que los grandes enfrentamientos prolongados de ejércitos convencionales son cada vez más cosa del pasado.

Teniendo bastantes antecedentes históricos, sin ir más lejos la ocupación de España por la Francia napoleónica, la Segunda Guerra Mundial popularizó la figura del combatiente irregular, desde las montañas de Francia, Italia y Yugoslavia a las selvas de Birmania y Vietnam. Posteriormente, el éxito de la guerra revolucionaria en China en 1949 abrió una era de conflictos internos donde fuerzas irregulares desafiaban un poder estatal, fuera el de una potencia colonial o el de un gobierno de ideología opuesta. Que unas fuerzas irregulares implantados en la zonas rurales fueran capaces de alcanzar el poder era una poderosa metáfora del orden mundial, dividido en unos países desarrollados que constituían un centro rodeado de una periferia de países en desarrollo. En aquel contexto surgió la Doctrina de la Seguridad Nacional como una respuesta a las insurgencias revolucionarias en Hispanoamérica. Los regímenes militares del Cono Sur sudamericano colaboraron entre ellos en su lucha contra los movimientos revolucionarios, la llamada “Operación Cóndor”, pero fue siempre un fenómeno estrictamente nacional. En el caso sudamericano la razón de Estado sirvió para justificar toda clase de atrocidades que asociarían por siempre el concepto de la Doctrina de la Seguridad Nacional con la ignominia.

Terrorismo, tráficos ilícitos, ciberdelitos, las crecientes catástrofes medioambientales… La lista de amenazas contemporáneas desbordan por completo el concepto tradicional de defensa nacional, incluso si consideramos el fenómeno de las insurgencias revolucionarias de la Guerra Fría. Se hace preciso, por tanto, hablar de seguridad como un concepto amplio que van más allá ahora de las competencias tradicionales de cualquier ministerio u organismo público. Es más, la mayoría de riesgos y amenazas contemporáneas tienen causas complejas que ya no pueden ser enfrentadas por un solo país. En un mundo donde los flujos de personas, mercancías, capitales e ideas son intensos y continuos, los estados se han convertido en actores con un poder ciertamente limitado para enfrentarse a nuevos actores y nuevas amenazas. La cooperación internacional se hace imprescindible ante la mayoría de los fenómenos que desbordan el concepto tradicional de seguridad. La complejidad e interdependencia de los problemas nos lleva a plantear que la seguridad en el siglo XXI ha de entenderse como seguridad global.

Este viernes el Instituto de Seguridad Global estrenó su página web.

Arderán las calles

defensaEl año 2013 terminó con graves disturbios en Hamburgo a causa del desalojo del centro social Rote Flora, un antiguo teatro. La policía de Hamburgo declaró una “Zona de Peligro” (Gefahrengebiet), que le concedía poderes especiales, en tres barrios de la ciudad entre los días 4 y 13 de enero. El desalojo galvanizó otras causas, como la movilización social contra las detenciones de inmigrantes irregulares y la gentrificación del barrio de Sankt Pauli, el distrito rojo de la ciudad y polo contracultural.

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El año 2014 arrancó en España con los disturbios en Melilla por el reparto de cursos de desempleo, que ha sido una de las bases de las redeas locales de clientelismo en toda España. Los disturbios tuvieron lugar en la Cañada de Hidum, un barrio de mayoría musulmana con elevadas tasas de paro y exclusión social. Según El País allá por 2002 “las compañías eléctricas no pasan recibos y la policía no hace acto de presencia“. El espacio limitado que impide a las ciudades autonómas de Ceuta y Melilla crecer ha resultado un freno a la creación de barrios marginales con población de aluvión del todo inmanejables.

La idea de estados fallidos y áreas ingobernadas se aplica generalmente a lugares remotos: La sabana del Sahel, las montañas de Afganistán, las playas de Somalia… Pero el mismo concepto se puede aplicar en las ciudades, allí donde la acción del Estado es débil. Con más de la mitad de la población del planeta viviendo en áreas urbanas, la imagen más explícita de los conflictos en las próximas décadas no será necesariamente las guerrillas, las milicias rurales y los señores de la guerra en valles perdidos, sino la de las batallas urbanas donde intervendrán smartmobs convocadas por Internet ejecutando tácticas de swarming , jóvenes marginados de las periferias que no tienen nada que perder, la violencia del narco, etc. La jungla del futuro es la urbana.

La violencia del narco como una nueva forma de conflicto armado

Los medios se han volcado con la muerte de Nelson Mandela, dándome la impresión de que se han limitado a realizar un retrato de su figura histórica pero no de la realidad del personaje. De lo que sin duda pocos están hablando estos días es de la realidad de la Sudáfrica actual, un país con una gran desigualdad económica  y elevados índices de criminalidad y muertes violentas. No hablamos sólo de asaltos con violencia, hablamos de la “crisis de violaciones” y los repetidos ataques a granjeros blancos que culminan con tortura y asesinatos. John Simpson se preguntaba en mayo pasado en la BCC si la población blanca en Sudáfrica tiene futuro. Llamativa es la noticia de los refugiados somalíes que habían llegado a Sudáfrica y que han decidido volver a su país para huir de la violencia.

Recientemente Bussiness Insider publicó una lista con las 50 ciudades más violentas del mundo donde aparecen tres ciudades sudafricanas. Las listas se han convertido en un recurso facilón de los medios on-line. Pero esta merece realmente una lectura atenta:

01) San Pedro Sula (Honduras)
02) Acapulco (México)
03) Caracas (Venezuela)
04) Municipio de Distrito Central (Honduras)
05) Torreón (México)
06) Maceió (Brasil)
07) Cali (Colombia)
08) Nuevo Laredo (México)
09) Barquesimeto (Venezuela)
10) João Pessoa (Brasil)
11) Manaus (Brasil)
12) Ciudad de Guatemala (Guatemala)
13) Fortaleza (Brasil)
14) Salvador y Región Metropolitana de Salvador (El Salvador)
15) Culiacán (México)
16) Vitoria (Brasil)
17) Nueva Orleans (Estados Unidos)
18) Cuernavaca (México)
19) Ciudad Juárez (México)
20) Ciudad Guayana (Venezuela)
21) Detroit (Estados Unidos)
22) Cúcuta (Colombia)
23) São Luís (Brasil)
24) Medellín (Colombia)
25) Kingston (Jamaica)
26) Belém (Brasil)
27) Ciudad del Cabo (Sudáfrica)
28) Cuiabá (Brasil)
29) Santa Marta (Colombia)
30) Recife (Brasil)
31) Valencia (Venezuela)
32) Chihuahua (México)
33) San Juan (Puerto Rico)
34) Goiânia (Brasil)
35) Port-au-Prince (Haití)
36) Victoria (México)
37) Pereira (Colombia)
38) Nelson Mandela Bay (Sudáfrica)
39) Maracaibo (Venezuela)
40) St. Louis (Estados Unidos)
41) Baltimore (Estados Unidos)
42) Curitiba (Brasil)
43) Oakland (Estados Unidos)
44) San Salvador (El Salvador)
45) Macapá (Brasil)
46) Durbán (Sudáfrica)
47) Monterrey (México)
48) Belo Horizonte (Brasil)
49) Brasilia (Brasil)
50) Barranquilla (Colombia)

No hay que ser un genio de la geografía para ubicar las ciudades en un puñado de regiones: Sudáfrica, Estados Unidos, Caribe (Puerto Rico, Jamaica y Haití), México, Centroamérica (Honduras y Guatemala), Colombia, Venezuela y Brasil. De las cincuenta ciudades más violentas del mundo, cuarenta y nueve se ubican en Iberoamérica y el Caribe, principalmente en lo que podemos llamar el eje de la droga Colombia-México. En los extremos del eje encontramos dos países que son grandes mercados del consumo de droga: Estados Unidos y Brasil.

Brazilian army soldiers patrol with an armoured vehicle during an operation at Vila Cruzeiro slum in Rio de Janeiro

La infantería de marina brasileña en Vila Cruzeiro (Rio de Janeiro)

Habría que hacer un inciso en este punto: La estadística de ciudades más violentas se refiere a países que no están en guerra. Una clarificación que resulta fácil al hablar de lugares como Afganistán y Siria pero que resulta que no es tan evidente. Lo que nos lleva al segundo punto que quería introducir hoy, aparte de la violencia en las ciudades: La definición de qué constituye una guerra es totalmente arbitraria y cambiante según autores. Por ejemplo, el Uppsala Conflict Data Program habla de conflicto armado a partir de 25 muertes al año y siempre que uno de los actores implicados sea el Estado. Con esos criterios en el año 2010 había guerra en Perú pero no en México. En ese año hubo más de 15.000 muertes relacionadas con la “Guerra contra el narcotráfico” en México. Así que queda plantearse si esas clasificaciones, propias de la Guerra Fría y sus conflictos de bandos ideológicamente diferenciados, han quedado obsoletas para empeza a reflexionar si la violencia del narco en México y Centroamérica es una nueva forma de conflicto armado, guerras civiles posmodernas. Será uno de mis temas en 2014.

Un general argentino sobre la transformación de la guerra

Uno de mis “descubrimientos” en Buenos Aires fue la revista DEF, con una mirada a los asuntos internacionales donde destaca la atención a temas cono la defensa o la energía. Ya me gustaría ver en el panorama editorial española una revista así. Pero el tradicional “ensimismamiento español” y lo que es peor, la mirada condescendiente del hidalgo venido a menos (“los chinos sólo saben copiar”, “turcos y brasileños son unos muertos de hambre”) lo dejan en el terreno de los sueños imposibles.

Def publicó recientemente una entrevista al general (ret.) Julio Hang, director del Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos argentino y profesor visitante de la National Defense University estadounidense. Me ha parecido interesante los autores y conceptos que maneja: Guerras de 4ª Generación, Guerras Posmodernas, el general Ruper Smith y su libro The Utility of Force, Robert D. Kaplan y su libro The Revenge of Geography, la integración regional de Sudamérica, las líneas de comunicación marítimas, los intereses geopolíticos de Brasil en el Atlántico Sur, Alfred T. Mahan, Halford Mackinder, etc. Aunque alguna de sus apreciaciones sobre el valor de la geopolítica como disciplina y, por ejemplo, su análisis de China me hace pensar en la perspectiva clásica que declaré obsoleta y critiqué en mi segundo artículo para la Revista General de Marina. No obstante, me parece recomendable la lectura de la entrevista a un general que muestra bastantes lecturas. Mejor no hacer comparaciones con otras latitudes.

Dije hace poco que era el tiempo de volver a tratar las Guerras Posmodernas en este blog tras un período de demasiada atención a Asia/Pacífico y el Gran Oriente Medio. Buena parte de los debates en ambas regiones giran sobre las guerras convencionales, las guerras modernas que enfrentan a estados-nación embarcadas en carreras armamentísticas. Así que tras el fin de ciclo con la retirada estadounidense de Afganistán e Iraq escucharemos más hablar de las futuras guerras tecnológicas. Pero me temo que eso podría suponer para los Estados Unidos cometer el mismo error de los años 90: Despreciar la transformación de la guerra para abrazar las fantasías tecnológicas de una guerra industrial aséptica. Me temo que esa podría ser una tendencia a imitar en España. Así que sin duda habrá que reavivar el debate.

Prospectiva

En enero de 2005 advertí que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra en Iraq mientras la muchachada aznarista de RedLiberal denunciaba los análisis pesimistas sobre el país como un síntoma de simpatía hacia Al Qaeda. “Ayatolá del retroprogresismo” me llamó alguien en los comentarios. Lean Fiasco de Thomas E. Ricks y me cuentan.

Luego, en marzo de 2005 acuñé el término “Flanco Sur Profundo” para referirme a que la mirada estratégica de España tenía que ir más allá del Magreb y adentrarse en África Occidental. Aquel año llamé la atención en noviembre sobre la piratería en frente de las costas de Somalia, de donde España había retirado su presencia naval. Hoy España participa allí en la misión Atalanta con un patrullero de altura. Tirando de la teoría de juegos deduje que ETA quería negociar con el gobierno de Rodríguez Zapatero, a pesar de las advertencias de los simpatizantes del Partido Popular que señalaban cada acto de fuerza de la banda terrorista como un signo inequívoco de lo contrario.

En noviembre de 2008 acudí a la Universidad de Granada a presentar una comunicación en un congreso académico coorganizado con el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra. “Un Flanco Sur Profundo: El arco de inestabilidad de África Occidental” se tituló mi comunicación. Estados fallidos, espacios sin gobernar, narcotráfico procedente de Sudamérica rumbo a Europa y  Al Qaeda en el Magreb Islámico. Fue una introducción que hoy resulta somera. Pero un año después sucedió el primer secuestro de españoles que terminaron en manos de AQMI y sobra hablar de la crisis en Mali.

Bastante tiempo después, en noviembre de 2011, dije que veríamos al Partido Popular cambiar de discurso frente al terrorismo etarra tan pronto llegar al poder. Y dije que en un País Vasco sin terrorismo desaparecerían los reparos morales de muchos a la hora de votar a la izquierda abertzale, lo que produciría su despegue electoral y llevaría a algún nacionalista español a echar de menos el pasado. Decir esto último generó la indignación de cierto lector que me pidió bajo pseudónimo una rectificación. No sólo no lo hice, sino que fui señalando el cumplimiento paso a paso de mi vaticinio hasta llegar al momento en que un miembro del PP dijo que prefería para sus hijos un País Vasco con terrorismo de ETA que un País Vasco independiente y en paz. Pero me alejo de los temas centrales de esto blog, dirá alguno. En medio de un extraño ambiente prebélico con sesudos análisis sobre el inminente ataque a Irán, yo dije que no iba a tener lugar. Lo que me lleva a preguntar, ¿alguien ha reclamado a Lluís Bassets en El País qué fue de su ataque veraniego con aviones no tripulados? ¿Una licencia poética?

Será en verano, época guerrera por excelencia. En mitad de la campaña presidencial, con Obama y Romney enzarzados en la pelea decisiva. Un tiempo de transición, por tanto, en el que se abren las ventanas a iniciativas inusuales. Todo será muy rápido, con bombardeos de precisión realizados por aviones no tripulados.

Tampoco creí que se fuera a producir una guerra con Corea del Norte, a pesar de lo mucho que se dijo en aquel entonces de una guerra como advertencia a China o como estímulo económico para el complejo militar-industrial estadounidense.

Ahora miro atrás y tengo la sensación de que llevo demasiado tiempo prestando atención al Gran Oriente Medio, India, China y Asia-Pacífico. No soy un experto en esas regiones pero no paro de dejar de tener el sentimiento que faltan voces en España que cuenten las tendencias que encuentro en mis lecturas. Por supuesto, me encantaría ceder el testigo y ver cómo surge un blog en español que nos cuente sobre el ascenso militar de China e India y su pugna en el Océano Índico. Me gustaría leer un blog en español que nos cuente el rearme de los países vecinos de China (Corea del Sur, Japón, Vietnam, Filipinas, Taiwán) y sus alianzas con Estados Unidos. Me gustaría leer un blog en español sobre el crecimiento militar de los países alrededor del Estrecho de Malaca  y sus alianzas. Asia se mueve en una lógica distinta a las Guerras Posmodernas y merece un blog diferente a este. Me gustaría leer un blog en español que hablara sobre al ascenso de Qatar y Emiratos Árabes Unidos como actores relevantes en el Gran Oriente Medio, la disputa por la hegemonía de Arabia Saudita e Irán en el Golfo Pérsico y en definitiva, del gran conflicto chiita-sunní que tiene ahora mismo en Siria uno de sus episodios más sangrientos.

El principal problema que veo en escribir sobre el Gran Oriente Medio es que estoy yendo a remolque de los acontecimientos, algo que procuré no hacer durante mucho tiempo mientras construía el concepto de Guerras Posmodernas. Creo que si repasáramos lo que he escrito en el último año apenas he hablado de casi ninguna tendencia. Los textos que escribí y las lecturas que acumulé sobre el futuro de las ciudades como campo de batalla o ciberguerra quedaron interrumpidos, al igual que el arranque de lo que tiene que ser una versión muy ampliada y revisada de mi libro que absorba los contenidos del que iba a hacer su continuación. Creo que va siendo hora que este blog vuelva a sus orígenes.

Los “Sea Shepherds” como una insurgencia naval

Creo que conocí a los “Sea Shepherds” a través de la parodia que hizo South Park. Se trata de un grupo animalista que acosa y molesta a la flota ballenera japonesa en aguas del Oceáno Antártico. El canal estadounidense Animal Planet emite una serie con sus “aventuras”, Whale Wars, que en España ha sido titulada “Piratas Ecológicos” (sic). El pasado mes de enero se anunció su renovación por una sexta temporada.

Sea Shepherds

“Sea Shepherds” cuenta actualmente con una flota respetable formada por el MY Steve Irwin (un antiguo patrullero), el MY Bob Barker (un antiguo ballenero), el MY Sam Simon (un antiguo buque ocenográfico), el MV Brigitte Bardot (un trimarán experimental), varias lanchas semirrígidas, helicópteros y drones ligeros. Las embarcaciones mayores lucían antiguamente un color negro bastante feo y teatral que ha sido sustituido por un patrón de camuflaje.

MY Steve Irvin

“Sea Shepherds” entra en una categoría aparte de grupos ecologistas como Greenpeace, como ya su estética y lenguaje dejan ver. Ambas organizaciones realizan acciones públicas que buscan una alta repercusión mediática, pero “Sea Shepherds” juega con los límites de las leyes marítimas. Eso ya le valido varios problemas con la justicia, la incautación de un barco en Canadá y la pérdida de otro tras un “encontronazo” en alta mar con un ballenero japonés. Viendo el programa de televisión da la impresión de que los “Sea Shepherds” colocan el fin por encima de los medios. El hecho de que sus acciones sirven de contenido para un programa de televisión añade además una dosis de inverosimilitud en la evidente búsqueda del espectáculo televisivo que parodiaba y criticaba South Park. Pero como vimos en el caso de la Flotilla a Gaza (I, II, III y IV) lo relevante en estos tiempos no es reflejar la realidad de unos hechos, sino alcanzar notoriedad mediática con una acción propagandística que perjudique la imagen del “enemigo”.

“Sea Shepherds”, con fuentes de financiación privada (*) y tripulaciones multinacionales, es un ejemplo claro de la emergencia de actores no estatales que alcanzan notoriedad global. Chris Rawley contó en Information Dissemination cómo fue invitado a hablar de esta y otros temas relacionadas con la guerra irregular en el mar dentro de un foro especializado la academia naval de Estados Unidos. Rawley ha señalado lo interesante de seguir la evolución de las tácticas y medios de los “Sea Shepherds”, que han sido consideradas “piratería” por un tribunal de apelaciones en Estados Unidos.

(*) “Sea Shepherds” se financia por las aportaciones de simpatizantes y la venta de merchandising, como el libro Earthforce!: An Earth Warrior’s Guide to Strategy de su fundador. El libro se promociona así:

El capitán Paul Watson, uno de los más brillantes estrategas ecologistas de nuestra generación, toma del genio de Sun Tzu, la disciplina de Miyamoto Musashi, la percepción de Marshall McLuhan y sus propias experiencias de campo para presentar una guía estratégica efectiva para cualquier aprendiza de activismo medioambiental o conservacionista.

México y el Narco

Siguiendo una pista dada por Luis Arean, mi mexicano de cabecera, busqué la edición de noviembre de la revista Letras Libre para leer un artículo sobre la situación actual de México del historiador y ensayista Enrique Krauze, que es su director. Tras pasar por caja, impetuoso de mí, descubrí que el texto estaba comleto y gratis en Internet.

¿Y qué cuenta Enrique Krauze para hacer el artículo tan relevante? Pues resume lo contado por el periodista británico Ioan Grillo en su libro El Narco: Inside Mexico’s criminal insurgency. Grillo no es ningún paracaidista. Ha trabajado para medios y vivido a ambos lados de la frontera EE.UU.-México. El Narco es un repaso extenso al asunto desde todos los ángulos a la guerra civil posmoderna que vive México. Krauze completa el artículo con un libro descatalogado pero que mantenía en el radar: Los señores del narco de Anabel Hernández. Este segundo libro busca las raíces de la guerra entre organizaciones criminales en la ruptura del orden establecido tras el fin de la hegemonía política del PRI.

La edición española de Foreign Policy ya eligió El Narco como uno de los libros de 2012. Me entero así que ya hay edición española. Sólo me queda recomendarlo.

La Mara Salvatrucha, organización internacional

Cuando hice aquella comunicación académica sobre las maras centroamericanas en 2007 había descubierto al tema atraído por su naturaleza de organización trasnacional. El FBI había declarado a la mara Salvatrucha (MS-13) como la organización criminal más peligrosa de Estados Unidos y varios gobiernos centroamericanos consideraban a esos grupos una amenaza al Estado de primer orden.

El título que escogí fue “Maras: Una amenaza transnacional emergente en Iberoamérica”. Así que me ha resultado curiosa la noticia “EE UU designa a la mara Salvatrucha como organización criminal internacional que para El País Eva Sáiz firma desde Washington:

La inclusión de los Salvatruchas en la lista de organizaciones criminales obedece a “su implicación en peligrosas actividades a nivel internacional que incluyen tráfico de drogas, secuestros, asesinatos, tráfico de personas, prostitución, extorsión o crimen organizado”, de acuerdo con el comunicado publicado por el Departamento del Tesoro. Esta designación da vía libre al Gobierno de EE UU para perseguir a sus integrantes y a quienes colaboren económicamente con la mara, congelar sus activos económicos e incautarse de las propiedades que posean en EE UU y prohibir las transacciones económicas que se dirijan al grupo.

[...]

La mara Salvatruchas se incorpora a una lista de la que forman parte la organización mafiosa italiana, la Camorra, el cártel mexicano, los Zetas, o la organización japonesa de crimen organizado, los Yakuza.

Así que la designación tiene consecuencias jurídicas pero no es nada que no supiéramos.

Soldados en las calles

En alguna parte dejé escrito que los Juegos Olímpicos son un buene ejemplo de lo que significan las Guerras Posmodernas en los países desarrollados. El concepto de seguridad transciende ya el orden público, proteger al público de carteristas y terroristas, para implicar campos como las telecomunicaciones donde se superponen las responsabilidades públicas y privadas. Vemos cómo se desbordan los roles tradicionales de las fuerzas armadas y las empresas privadas ocupan parcelas antes reservadas al Estado.

En el vídeo alguien reconoce que el anuncio público del despliegue de los misiles tierra-aire Rapier 2000 y Starstreak cumple una función “disuasiva”, algo que bordea el terreno del “teatro de la seguridad“. Le acojonamos por su seguridad. Al final, tanta publicidad a las medidas tomadas para la seguridad de Londres se han cobrado su precio. El negocio turístico de estos Juegos Olímpicos como destino turístico han sido un fracaso.

La seguridad en Londres ha tenido además un episodio curioso. La empresa G4S, ganadora de un concurso para proveer servicios, se encontró con la imposibilidad de desplegar el número de vigilantes de seguridad contratado, obligando a cubrir los puestos vacantes con soldados que se suman al ya importante despliegue militar para los Juegos Olímpicos. La empresa se ha hundido en la bolsa, sufrirá penalizaciones económicas por parte del gobierno británico y se le obligará a sufragar el coste del despliegue de los soldados adicionales. Para colmo, se descubrió que dos de los guardias contratados por G4S resultaron ser inmigrantes en situación irregular.

Al final, se han destinado 17.000 soldados británicos a la seguridad de los Juegos Olímpicos de Londres. Una cantidad que supera con creces los 9.500 desplegados en Afganistán. Los soldados con el camuflaje MPT diseñado para Afganistán, las barreras de hormigón y las alambradas le dan un aspecto, recoge Conor Friedersdor, entre ciudad ocupada, base estadounidense en Afganistán y Guantánamo.

Mientras tanto, en Estados Unidos ha comenzado el despliegue de soldados y aviones sin piloto para dar seguridad en eventos públicos.

Volviendo al origen

Hace poco leí Viaje a los confines de la tierra de Robert D. Kaplan en su edición original en inglés. Había leído la edición española a mi paso por la Universidad Complutense de Madrid y no sé por qué se me había en la cabeza que fue un libro previo y preparatorio de La anarquía que viene. En realidad Kaplan escribió primero “La anarquía que viene” como un artículo que fue publicado en 1994 y sólo años más tarde fue publicado en una recopilación de artículos a la que dio nombre y que en España apareció en 2000. Yo lo leí en la primavera de 2001 y despertó en mi el interés por la transformación de los conflictos armados. Estoy aquí por Robert D. Kaplan.

Así que Viaje a los confines de la tierra es una obra posterior. Se trata de la crónica de un viaje por África Occidental, Oriente Medio, Asia Central y Camboya en el que Kaplan va armado con el marco teórico que había creado en 1994 en aquel artículo seminal. Kaplan tomó las ideas de Thomas Homer-Dixon sobre cómo la escasez de recursos naturales (tierras de cultivo, agua, bosques…) auguraba conflictos armados y las ideas de Georgie Anne Geyer sobre estados fallidos. Kaplan sostiene que ciertas culturas, formas de religión y un pasado histórico como unidad política llegan a constituir una urdimbre que mantiene cohesionada las sociedades y que su ausencia explica el colapso de otras. Pero al final de su viaje, cuando llega a Camboya y recorre los lugares del horror de los Jemeres Rojos se pregunta cómo pudo pasar algo así en un país budista con lo que deja en suspenso sus conclusiones y concluye que el caso de cada país debe ser explicado por sí mismo.

No comparto el neomalthusianismo de Kaplan y creo que se han escrito demasiadas tonterías ahí fuera sobre “las futuras guerras por el agua” pero creo que sus ideas sobre el papel de la desforestación en África Occidental en las guerras civiles de la región apunta en la dirección correcta. Creo que la desertización del Sahel es la causa última de los acontecimientos recientes en el norte de Malí y es una línea de investigación que merece la pena ser seguida. Oirán más de mí sobre ello en el futuro.