“Israel, Palestina: Cómo empezó todo” de Olga Rodríguez

La periodista Olga Rodríguez ha publicado un artículo “Israel, Palestina: Cómo empezó todo”. Al contrario de “La importancia de llamarse Israel”, que comenté aquí, he visto que este artículo sí ha tenido cierta repercusión. Opiniones las hay para todos los gustos. Pero si lo pensamos, es este incesante goteo de artículos que pretenden explicarnos “todo lo que necesitas saber” sobre el conflicto palestino-israelí los que construyen la opinión pública. Recordemos aquella reseña que hice del libro Breve introducción al conflicto palestino-israelí, en la que lo contrastaban con Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel. El primero es un librito ligero introductorio de un profesor español que plantea el conflicto como una historieta de buenos y malos mientras que el segundo es una obra académica de una profesora alemana que muestra a la Historia con su complejidad y sus muchos matices.  ¿Cuál tiene más probabilidades de ser leído? Como pretendía comentar a amigos y conocidos en las redes sociales mis objeciones al relato presentado por Olga Rodríguez, las presentaré aquí y así me limitaré a poner un enlace.

Cómo empezó todo, preguntan algunos estos días. Esto, lo que está ocurriendo en Gaza, se inició hace mucho tiempo. Comenzó con los pogromos, las persecuciones racistas de judíos primero en Rusia, después en Europa. Comenzó con el antisemitismo europeo, con el nazismo, con el genocidio contra los judíos y con la posterior decisión de Europa, motivada por la culpa de lo ocurrido, de apoyar y fomentar el sionismo -surgido en el siglo XIX- y la masiva emigración judía a Palestina.

La idea de que Europa fomentó el sionismo (la idea de que los judíos formaran un estado-nación propio) me parece discutible. El sionismo surgió como un movimiento que aunaba dos corrientes europeas: El nacionalismo y el socialismo utópico. A los gobiernos europeos les importó un pito que unos cuantos judíos chalados se fueran a un territorio del Imperio Otomano, que un día fue su tierra ancestral, a montar cooperativas agrícolas y luchar contra la malaria en las tierras yermas que los terratenientes rentistas en El Cairo y Damasco les vendieron.

Quienes sí apoyaron la idea fueron los judíos europeos a título individual que aportaron dinero para el establecimiento de aquellas comunidades en lo que hoy llamaríamos “crowdfunding”. Cuando los judíos prosperaron, llegaron de Europa con un “capital humano” que los árabes carecían, empezaron a expandirse y comprar más tierras. La revitalización económica de la zona, en decadencia demográfica y económica desde el siglo XVI, incluso atrajo un cierto flujo de trabajadores árabes de otras regiones de Oriente Medio. A pesar de muchos ejemplos de convivencia pacífica, los judíos socialistas entendían los conflictos en términos de clase social y no de etnia o religión, la relación entre los judíos y buen parte de la población autóctona empeoró. El primer enfrentamiento violento significativo sucedió en Tel Hai en 1920. A finales de aquella década, unos disturbios se saldaron con más de cien judíos y más de cien árabes muertos.

La idea inicial del Reino Unido, Francia y Rusia  era convertir Palestina en una “zona internacional”, ya que era Tierra Santa para las tres religiones monoteístas. La transformación de la Rusia ortodoxa de los zares en la atea Unión Soviética la dejó fuera de la ecuación. En el plano geopolítico, la situación cambió con la Primera Guerra Mundial. El gobierno de Londres se dedicó a hacer promesas a todo el mundo en Oriente Medio para sumar apoyos en su guerra contra el Imperio Otomano. Prometió un país propio a los judíos y la corona de un gran estado árabe al jerife de la Meca. La derrota del Imperio Otomano, recordemos a Lawrence de Arabia, permitió a Reino Unido y Francia repartirse la región. Su nueva posición de poder permitió al gobierno británico traicionar sus promesas a los árabes y, junto con el gobierno francés, trocearon la zona en estados-nación artificiales. Hasta el siglo XX, nunca existió un país soberano llamado Iraq o Jordania. Palestina, como Libia, Siria y Mauritania, es el nombre de una división administrativa romana que recibió ese nombre en vez de Judea para borrar su identidad tras la segunda gran revuelta judía de 135 d.C. El Reino Unido fue el único que encontró que la creación de un estado judío servía a sus intereses, ya que actuaría como un estado tapón que protegería los accesos al Canal de Suez. Pero mantuvo una actitud ambigua siempre, dados sus intereses en sus otros dominios árabes. Ya en 1939, decidió establecer restricciones a la inmigración judía a Palestina, que siguió aplicando incluso cuando tras la Segunda Guerra Mundial los supervivientes del Holocausto quedaron hacinados en campamentos de refugiados en Europa abandonados por todos.

Comenzó cuando el protectorado británico de Palestina miraba hacia otro lado mientras los judíos se organizaban en bandas armadas que cometieron atentados terroristas, matando a gente, contra objetivos británicos y árabes.

En 1947 la ONU, motivada por la responsabilidad y culpa europea del horror contra los judíos, aprobó un plan de partición que asignó el 54% de la Palestina del mandato británico a la comunidad judía (llegada la mayoría tras el Holocausto) y el resto, a los palestinos. Jerusalén quedaba como enclave internacional.

La violencia entre judíos y palestinos llevó a ambos bandos a formar grupos armados que cometían atentados terroristas contra el otro bando y contra británicos. Cuesta creer que los judíos atentaran con los británicos mirando hacia otro lado, cuando esos ataques tuvieron como objetivo la fuerzas de seguridad británicas. Quizás convenga recordar el carácter clandestino de los esfuerzos de los judíos para armarse.Hubo casos como el del excéntrico oficial británico Orde Wingate, que reclutó judíos para combatir a los árabes que saboteaban oleoductos y conducciones de electricidad.

Lo que diferenció la relación de árabes y judíos en este aspecto con los británicos fue su posicionamiento en la Segunda Guerra Mundial. Los árabes acogieron con esperanza los avances de las fuerzas germanos-italianas del general Rommel por el Norte de África y el Mufti de Jerusalén a su vez se entrevistó con Hitler. Compartiendo intereses comunes, los británicos reclutaron, entrenaron y armaron unidades militares de judíos para luchar contra las fuerzas del Eje. Algunas actuaron en la actual Siria y Libano, entonces bajo administración de la Francia de Vichy. En una de aquella acciones, Moshe Dayan perdió su ojo izquierdo.

Árabes y judíos organizaron grupos armados y cometieron atentados sangrientos contra ciudadanos del otro grupo. Los terroristas judíos llegaron a matar a un representante de la ONU. La diferencia fundamental es que los judíos se prepararon para convertirse en un país. Crearon su propia administración y lo que es lo más importante, unas fuerzas armadas que respondían al poder político. Según Max Weber, uno de los padres de la Sociología, un Estado es “aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio reclama para sí con éxito el monopolio de la violencia física legítima”. A esta característica añadía además la capacidad de generar leyes. Así que cuando Ben Gurion proclamó el Estado de Israel era el presidente de un país con unas fuerzas armadas.

Los palestinos rechazaron la partición, no crearon una administración pública y nunca tuvieron una fuerza armada centralizada. En este último error persisten hasta la fecha en un empeño digno de “La Vida de Brian”: Fatah, Frente Democrático por la Liberación de Palestina, Frente Popular para la Liberación de Palestina, Frente por la Liberación de Palestina, Frente por la Liberación Árabe, Frente por la Lucha Popular en Palestina, Frente de Lucha Popular Palestina, Frente Revolucionario Popular por la Liberación de Palestina, As Saiqa, Frente Árabe Palestino, Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamás), Yihad Islámica Palestina, Ejército del Islam, etcétera, etcétera, etcétera…

En el caso judío, la organización que luego se convirtió en las Fuerzas de Defensa de Israel se enfrentó a otras organizaciones judías. Un mes después de la proclamación del país y ya convertido en un ejército, hundió un barco cargado de armas destinadas para la organización Irgún. Imaginen por un momento que las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina trataran de desmantelar un grupo yihadista palestina. En la Franja de Gaza pasó al revés en 2007. Hamás se enfrentó a las fuerzas de seguridad palestina, las derrotó, asesinó a miembros de la Autoridad Palestina y se hizo con el poder, que conserva hasta hoy.

Cuando en la ONU se votó la partición de palestina en dos estados no sólo votaron “sí” Estados Unidos, Reino Unido y Francia junto a otros países europeos a los que podemos atribuir una visión colonial de Oriente Medio o un sentimiento de culpa por el Holocausto. Votaron sí la Unión Soviética, Checoslovaquia y Polonia por sus simpatías hacia el movimiento socialista judío. Una vez proclamado el Estado de Israel como país soberano, los judíos de todo el mundo fueron libres de emigrar al país. Un flujo más imporante que el de los supervivientes del Holocausto fue el de judíos de Oriente Medio que tuvieron que huir de sus países por culpa de los progromos que constituyeron una auténtica “Nakba judía”.

En los primeros meses de 1948 las fuerzas armadas judías clandestinas -escribo judías porque así se autodenominaban, y aún no se había declarado la independencia de Israel- elaboraron el Plan Dalet, cuyo fin era, entre otras cosas, hacerse con el control de la vía que unía Jerusalén con Tel Aviv, una zona que no figuraba como futuro territorio israelí en el plan de partición de la ONU. De ese modo expulsaron a miles de personas y asesinaron a cientos. Es decir, ya hubo entonces un plan de limpieza étnica.

 

Después, cuando los países árabes vecinos declararon la guerra a Israel tras su nacimiento en mayo de 1948, las fuerzas armadas israelíes aprovecharon para ocupar más tierras y expulsar a cientos de miles de palestinos. De ese modo Israel pasó a tener un 78% del territorio (posteriormente, en 1967 Israel ocuparía el 22% restante: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este).

El camino hacia la independencia enfrentó a las autoridades del futuro Estado de Israel a un desafío existencial por el rechazo árabe a la partición. Los países árabes de la zona se mostraron dispuestos a atacar y destruir al estado judío. Hasta Iraq participó. En caso de guerra, el mapa de la partición creaba cuellos de botella que podían ser cortados por el otro. Además, algunas localidades judías quedarían aisladas en territorio árabe y localidades árabes quedarían en medio de Israel. Pueblos que dominaban puentes, cruces de caminos y carreteras se convirtieron en objetivos estratégicos para cada bando. En Jerusalén hubo una escalada de violencia con atentados para espantar la población de algunas manzanas que se presumían serían vitales en los futuros combates. La explicación que hace del Plan Dalet, un plan de contingencia, es una interpretación personal. Véase si no la diferencia entre la versión de la Wikipedia en español a la que enlaza (6 notas a pie de página) con la versión en inglés (46 notas a pie de página). La ruta por carretera entre Tel Aviv y Jerusalén quedó cortada por los árabes. Los judíos en Jerusalén se vieron aislados hasta la construcción de una alternativa, la Ruta Birmana. Al final de la guerra, población de ambos bandos lo perdió todo. Pero con una diferencia. Los judíos de lugares como Kfar Etzion, que quedó en manos jordanas, al llegar al recién nacido Israel se convirtieron en ciudadanos. Los únicos territorios de Palestina que quedaron en manos árabes no se convirtieron en un país, quedaron en manos de Egipto y la actual Jordania. Los árabes que terminaron en lugares como el Líbano o Siria fueron recluidos en campamentos de refugiados sin derecho a la ciudadanía. A estos, últimos por cierto, los están machacando estos días pero ya sabemos que su vida no vale nada porque los matan otros árabes. La Guerra de Independencia no convirtió a Israel en un país étnicamente homogéneo. Los judíos sabían que tendrían que convivir con otros grupos. En la declaración de independencia, leída por Ben Gurion, exhortaba “aun en medio de la agresión sangrienta que es lanzada en contra nuestra desde hace meses – a los habitantes árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar en la construcción del Estado sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes“. Los árabes dentro de su territorio  constituyen hoy la quinta parte de la población  También pasaron a ser ciudadanos de Israel los miembros de comunidades étnicas y religiosas minoritarias como los drusos y los circasianos, que no vieron con hostilidad el nacimiento del nuevo país.

 Tras la guerra del 48, muchos palestinos intentaron regresar a sus casas, pero las tropas israelíes se lo impidieron, a pesar de que en diciembre de 1948 Naciones Unidas aprobó la resolución 194, incumplida hasta hoy, confirmada en repetidas ocasiones y ratificada en la resolución 3236 de 1974, que establecía el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares o a recibir indemnizaciones.   Solo pudieron permanecer dentro de Israel, en muchos casos como desplazados, unos 150.000 palestinos, el 15% de la población, que en 1952 accedieron a la ciudadanía. Son los llamados árabes israelíes.

Ciertamente la cuestión de los refugiados, retorno o indemnización, es un tema central del conflicto junto con las fronteras sobre las que tratar un Estado palestino. Pero indignarse por el incumplimientos de resoluciones de la ONU ha de abarcar las que nunca se mencionan, como la 1559. Llama a la disolución de las milicias libanesas. Obviamente Hezbolá la incumple y fue la causante de la guerra de 2006. Lo singular del caso palestino es que podría parecer que los países árabes consideraron que las consecuencias de la victoria de Israel en su Guerra de Independencia fueron temporales. Que tarde o temprano destruirían a Israel y los refugiados palestinos volverían a su tierra. A nadie se le pasó por la cabeza craer un estado palestino con los territorios en manos árabes: Cisjordania y Gaza. Lo que hoy se considera la gran solución al conflicto, dos estados con la línea de armisticio en 1949 como frontera, es algo que al ser rechazado en aquel momento desencadenó todos los problemas posteriores. La solución llegará un día y entonces miraremos atrás para pensar que todos estos muertos sólo habrán servido para volver a lo que pudo ser posible en 1949.

Fronteras arbitrarias producto de la guerra y poblaciones que lo perdieron todo. Son dos elementos que en aquel entonces eran muy familiares en Europa. Entre 1914 y 1945 el baile de fronteras en Europa Oriental fue espectacular, con tragedias humanas brutales. Hoy en día casi todo esos países forman parte de la Unión Europea, lo que demuestra que superar las heridas de la Historia es posible. Podría seguir pero creo que es el momento de parar. Porque todo el argumento histórico es una falacia. Hamás no está lanzando cohetes por algo que pasó hace 70 años. Al contrario que Fatah, Hamás no reconoce el derecho del Estado de Israel a existir. Está lanzando cohetes por razones que tienen que ver con cuestiones internas derivadas de la pugna por la hegemonía política con Fatah y la pérdida del apoyo iraní, tras posicionarse Hamás en contra del régimen de Damasco tras el inicio de la guerra civil siria. Podemos extraer de la ecuación a Israel para encontrar que el pueblo palestino no sufre unas condiciones particulares, sino que comparte con el resto de países árabes los mismos problemas estructurales.

En 2006 su triunfo en las elecciones legislativas llevó al presidente Mahmud Abás a poner en suspenso la democracia argelina, como los generales argelinos o Fujimori hicieron en los 90, derivando en un conflicto armado en 2007 en Gaza entre Fatah y Hamás. El ascenso del islamismo ante la rampante corrupción de las élites en el poder, el autoritarismo, insurgenicia armada… Hablar de la historia es la típica construcción narrativa de cualquier nacionalismo. Justificar el lanzamiento de cohetes contra núcleos de población civil israelíes por la Nakba no tiene nada de diferente que los argumentos de los nacionalistas serbios en los noventa invocando las matanzas de serbios a manos de los ustachas croatas o el fantasma del rey Lazar en la Batalla de Kosovo Polje. Si los agravios históricos en sí mismos generan conflictos, Polonia y Paraguay serían zona de conflicto. Si las diferencias étnica y lingüísticas en sí mismas generan conflictos, los germano-suizos protestantes y los italo-suizos católicos serían acérrimos enemigos. Hamás tiene vértigo ante la idea de una Palestina en paz. Tras suspender la democracia palestina, Mahmud Abás nombró primer ministro a Salam Fayyad, un economista formado en EE.UU. y con experiencia internacional. Su partido “Tercera Vía” no alcanzó el 3%. Fayyad intentó seguir el camino que siguieron los judíos en Palestina. Primero construir un país para luego tener un Estado. El banco central palestino empezó a trabajar estrechamente con el banco central israelí e hizo planes para lanzar la libra palestina. Cuando Dominique Strauss-Kahn dimitió como presidente del Fondo Monetario Internacional y se planteó por primera vez que el cargo lo ocupara un no europeo, sonó el nombre del presidente del banco central israelí. Fayyad declaró públicamente su apoyo a la candidatura. Simon Peres dijo de él que el Ben Gurion palestino. A finales de 2011 la economía palestina en Cisjordania prosperaba. El único problema era el conflicto Fatah-Hamás. La condición que puso Hamás a Mahmud Abás fue la cabeza de Fayyad, que dimitió en 2013. Tristemente, como dice el dicho, los palestinos nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad.

Actualización:
He corregido varias erratas, he añadido enlaces y he areglado alguna frase confusa.

La importancia de abrir un libro de Historia

Sobre la tragedia en Gaza podemos hablar largo y tendido. Al contrario que de otros temas, a pesar de la saturación de artículos y análisis que se publican, creo que quedan muchas cosas que decir. Pero hay algo que no aguanto. Todos los que, presos de un ataque de cuñadismo, escriben con la solemne intención de “yo te explico el conflicto palestino-israelí en dos patás“. En este caso al cuñadismo hay que añadirle ínfulas literarias. Y entonces nos salen engendros como “La importancia de llamarse Israel” de un tal Jorge Izquierdo. Nos cuenta esto:

Palestina, que era propiedad de Inglaterra (perdón, quiero decir un protectorado británico), se inventó un nombre ficticio, un estado, llamado Israel. De esta manera, Inglaterra, apoyada por Francia, podía estar “de juerga” por Extremo Oriente y controlar a Egipto. Un Egipto que por aquel entonces comenzaba a estar harto de la dominación inglesa y donde un incipiente nacionalismo, de la mano de Nasser, amenazaba con nacionalizar el Canal de Suez.

Empezamos con que el dominio británico era una administración temporal con fecha de caducidad después de que Francia y Reino Unido trocearan el Imperio Otomano al término de la Primera Guerra Mundial. Oriente Medio se llenó de países con fronteras y nombres arbitrarios a falta de nombres históricos, retomando el nombre de la provincia romana en algunos casos. Como Palestina, un territorio que se pretendió primero reservar como “zona internacional” por Gran Bretaña, Francia y Rusia por albergar lugares sagrados para las tres religiones monoteistas. Pero la revolución en Rusia la dejó fuera del tablero geopolítico en la zona. El Imperio Británico cambió de opinión cuando encontró interesante la creación en la zona de un estado judío aliado que hiciera de barrera entre el Imperio Otomano y el Canal de Suez, el cuello de botella vital que controlaba las comunicaciones con la India.

Los judíos habían estado emigrando a Palestina desde finales del siglo XIX. Huían de la discriminación y las persecuciones violentas con la idea de llegar a tener allí algún día su propio estado-nación que sirviera de refugio a cualquier judío. Una parte de los que llegaron eran socialistas. Así que cuando se votó en Naciones Unidas en 1948 la creación del Estado de Israel votaron a favor, entre otros, la Unión Soviética, Polonia y Checoslovaquia. Los republicanos españoles en el exilio saludaron el nacimiento del país (en las Brigadas Internacionales hubo una enorme proporción de judíos). De hecho la Checoslovaquia comunista fue el primer país dispuesto a firmar un contrato de venta de armamento con las autoridades de Israel antes de su proclamación cuando se sabía que tan pronto se proclamara la independencia del país, los países vecinos árabes lo atacarían. Los países occidentales en cambio, establecieron un embargo e Israel se aprovisionó de materiales militares de formas rocambolescas.

Ahora agarren bien el volante de su DeLorean y comprueben el condensador de fluzo antes de que viajemos en el tiempo. Es difícil imaginar al Reino Unido apoyando el nacimiento de Israel para frenar al “incipiente nacionalismo” de Nasser porque hasta la guerra con Israel sólo lo conocían en su casa a la hora de comer. Fue la participación en aquella guerra lo que le hizo ganar prestigio y galvanizó su compromiso político en una organización por aquel entonces clandestina, el Movimiento de los Oficiales Libres. Es una frase del calibre de aquello que dijo Ramón Jáuregui sobre que la OTAN “permitió que EEUU nos ayudara a vencer a los Nazis”.

Y así podríamos hacer con tantos artículos sobre el contexto histórico que se escriben estos días.

Cómo Israel destruyó el programa nuclear sirio

El 6 de septiembre de 2007 la agencia de noticias siria SANA informó que aviones israelíes habían entrado aquella misma madrugada en su espacio aéreo a través del norte del país procedentes del Mediterráneo y con rumbo este. Tras ser confrontados por las defensas aéreas del país, según un portavoz militar, se habían visto obligados a desprenderse de su carga de armas sobre un área desierta y dar la vuelta. El suceso habría tenido al norte de la ciudad de Ar-Raqqa, cerca de la frontera con Turquía, sin producir víctimas ni daños materiales. Tanto portavoces del gobierno israelí como estadounidense interrogados sobre la noticia negaron tener constancia del suceso.

La única confirmación de que había tenido lugar una presunta penetración del espacio aéreo sirio llegó el 8 de septiembre, cuando el gobierno turco pidió explicaciones tras el hallazgo en su territorio de dos depósitos de combustible que al parecer habían sido arrojados en vuelo por aviones israelíes. Las primeras teorías especulativas publicadas en la prensa hablaron de un posible ataque a un cargamento de armas destinado a Hezbolá, ya que por suelo sirio pasan los suministros que llegan por avión desde Irán y luego se trasladan por tierra a Líbano. La versión oficial del gobierno sirio cambió al fin del mes. Esta vez se informó de que sí había tenido lugar un ataque aéreo pero que había tenido como objetivo un centro de estudios civiles. Luego la versión oficial cambió nuevamente e hizo mención de unas instalaciones militares vacías y a medio construir.

El 14 de octubre de 2007 el New York Times publicó la noticia de que se había producido un ataque aéreo contra unas instalaciones nucleares construidas en Siria con tecnología norcoreana. A partir de ese momento se fue sucediendo un filtrado sucesivo de detalles por distintos medios, como el reportaje de Der Spiegel en febrero de 2009 o el artículo de The New Yorker en septiembre de 2012. No deja de sorprender que se hayan dado a conocer tantos detalles de una misión secreta.

Al parecer entre finales de los años noventa y el comienzo de la siguiente década llegó a conocimiento de las agencias de inteligencia de Estados Unidos que los regímenes de Siria y Corea del Norte estaban colaborando en programas secretos. En los siguientes años fue identificada la naturaleza nuclear de los proyectos que sustanciaban esa colaboración. Y finalmente en la primavera de 2007 se obtuvieron imágenes del interior de un edificio en un lugar llamado Al-Kibar a orillas del río Éufrates y a 30 kilómetros de la ciudad de Deir az-Zor.

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Las fotos mostraban un reactor nuclear de apariencia similar al norcoreano de Yongbyon. Las fotos de satélite de la instalación no mostraban conducción alguna que lo conectara con la red eléctrica siria, por lo que se descartó que fuera una central nuclear de uso civil. Los detalles fueron presentados en una comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos el 4 de abril de 2008 por dos agentes de una agencia de inteligencia no especificada. Parte de la información en manos estadounidenses sobre la planta nuclear procedía de fuentes israelíes, ya que existía un intercambio entre los servicios de inteligencia entre ambos países.

Al parecer, no sentó nada bien en Israel que se hicieran públicos muchos detalles obtenidos en costosas operaciones de inteligencia pero la revelación del papel de Corea del Norte pudo formar parte de un “mensaje” al régimen de Pionyang. Además, la administración Bush estaba deseosa de presentar un éxito después del fiasco que supuso la no aparición de las famosas “Armas de Destrucción Masiva” en Iraq.

Como en el caso de la Operación “Ópera”, hoy sabemos bastantes detalles precisos del ataque, conocido en la prensa como Operación “Huerto”. En primer lugar, miembros del Sayeret Matkal, la unidad de operaciones especiales del Directorio de Inteligencia Militar, se infiltraron en la zona mediante helicópteros para tomar muestras de tierra y poder medir la radiactividad ambiental. Una vez aprobada la operación, fue el turno de la unidad Shaldag, la unidad de operaciones especiales de la fuerza aérea israelí. Su misión fue iluminar el blanco con designadores láser. El ataque lo llevaron a cabo varios F-15I “Ra’am” del Escuadrón 69 “Los Martillos”, con base en Hatzerim. El F-15I se trata de la versión local del F-15E “Strike Eagle”, de la que Israel recibió 25 ejemplares y dotan exclusivamente al Escuadrón 69. Los F-15I han asumido dentro de la fuerza aérea israelí las misiones de ataque de largo alcance. Para ello no sólo emplean los depósito subalares y repostaje en vuelo, sino también tanques de combustible conformables. Han recibido además un sistemas de comunicación por satélite del que se aprecia un pequeño domo inmediatamente detrás de la cabina.

El día de la operación despegaron diez F-15I cerca de la medianoche en dirección al Mediterráneo desde la base de Ramat David, escoltados por varios F-16I “Sufa”. Tres de los F-15I retornaron luego a la base mientras el resto de aparatos volaba hacia el norte. Se introdujeron en el espacio aéreo sirio cerca de la frontera turca. Su primer objetivo fue un radar en Tall al-Abuad para abrir un pasillo en las defensas antiaéreas sirias. El radar fue anulado con equipos de guerra electrónica y atacado con bombas guiadas.

La defensa antiaérea siria cuenta con varios sistemas de la era soviética modernizados (S-75/S-125/S-200) y algunos modernos de factura rusa (TOR-M1, Tunguska y Pantsir S-1).La anulación de las defensas antiaéreas sirias fue una parte importante de la operación y de la que menos se sabe. Se especula que el ataque israelí combinó el uso de equipos avanzados de guerra electrónica semejantes al programa “Suter” estadounidense, capaz de infiltrarse en las redes de mando y control de las defensas antiaéreas enemigas, junto con alguna forma de sabotaje mediante virus informáticos o incluso intervención humana que dejó fuera de combate la red de radares sirios. En el ataque tuvo un papel destacado un Gulfstream 550 de la versión “Shavit” de guerra electrónica, perteneciente al escuadrón “Nachshon”. Se trata de un avión de transporte ejecutivo que está dotado, como su gemelo “Aitam” de alerta temprana, de equipos desarrollados localmente en Israel por la empresa Elta.

El veto a la prensa israelí para que se informara de la operación se levantó el 2 de octubre de 2007, después de que el presidente sirio reconociera ante la BBC que había tenido lugar un ataque aéreo israelí a unas instalaciones militares “vacías”. El día 28 de ese mismo mes, el primer ministro israelí Ehud Olmert pidió disculpas a Turquía por la invasión de su espacio aéreo en el transcurso de la operación.

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Las fotos de satélite mostraron que los escombros del edificio habían desaparecido y la tierra aplanada. Al parecer los restos de la instalación nuclear fueron enterrados por miedo a la liberación de radioactividad. A día de hoy un edificio con forma de nave industrial cubre el lugar. Inspectores de la OIEA tuvieron acceso al lugar en junio de 2008 y pudieron tomar muestras del suelo. Detectaron “un número significativo de partículas de uranio antropogénico” (producto de la actividad humana) que era “de un tipo no incluido en los inventarios declarados por Siria de material nuclear”.

Israel y Turquía recuperan relaciones ante el rumbo de la crisis siria

Tal como anticipamos en noviembre de 2012, finalmente Israel y Turquía han terminado por hacer las paces empujados por la evolución de la guerra civil siria. Benjamin Netanyahu lamentó los errores en la planificación del asalto al Mavi Marmara que condujeron a la pérdida de vidas humanas. Curiosamente los términos empleados no son muy diferentes a los empleados por él mismo en 2010. Así que podemos decir que ha sido Turquía la que ha cambiado finalmente su postura, aunque siempre tendremos a la prensa española para dar el titular equivocado.

Turquía e Israel, como países no árabes en un vecindario complicado, eran aliados naturales. Israel vendía tecnología militar a Turquía, como el programa de modernización del carro de combate M60T o el avión sin piloto IAI Heron, mientras que Turquía ofrecía a la fuerza aérea israelí un amplio espacio aéreo para ejercicios. El enfriamiento de relaciones entre ambos países coincidió con el desarrollo turco de su propio carro de combate y su propio avión sin piloto, mientras que la fuerza aérea israelí era invitada a ejercicios en Italia y en Grecia.

La evolución de la crisis siria ha empujado a Turquía ha reconciliarse con el aliado necesario con el que hacer frente a la la guerra civil en el país con el que comparte su frontera más extensa. Tras dos años, ninguno de los dos bandos parece capacitado para imponerse de forma clara en el corto plazo. Los rebeldes han sido capaces de capturar decenas de bases militares, destruir centenares de blindados y dejar fuera de combate (capturar, derribar o destruir) más de la mitad de la flota de helicópteros de transporte del régimen. Sin embargo, no han sido capaces de coordinarse en el nivel estratégico debido a su atomización. El cerco sobre Homs nunca se terminó de completar y Damasco sigue conectada con el norte del país. Aron Lund titulaba “The Free Syrian Army Doesn’t Exist” de forma bastante provocativa en Syria Comment.

Mientras Occidente observaba el conflicto sin intervenir, el dinero de las petromonarquías árabes ha permitido a los grupos yihadistas acumular fuerzas y dotarse de armamento como los misiles tierra-aire portátiles chinos FN-6 y los lanzagranadas anticarro M79 OSA comprados a Croacia. El dinero significa además comida, medicamentos y dinero en mano que entregar a los combatientes y sus familias. Las atrocidades cometidas por el régimen, además, radicalizan a los rebeldes y dejan la puerta abierta a un ciclo de venganzas que no auguran nada bueno para la postguerra en un país que es un mosaico étnico-religioso que podría estallar como Líbano en los años 70.

Estados Unidos ha entregado ayuda “no letal” a los rebeldes sirios, les ha proporcionado entrenamiento en Jordania y ha empezado a ofrecerles información sobre las fuerzas rebeldes. Está por ver si no es demasiado tarde ante la hegemonía de los yihadistas. Y si consolidar un bloque nacionalista no-yihadista sólo servirá para que a la caída del régimen de Assad comience una segunda guerra civil.

Tel Aviv no es la capital de Israel

Primero fue la editorial del diario El País del pasado día 9:

La estancia en Gaza de Meshal, al que Israel ha intentado eliminar a lo largo de los años, ha sido posible gracias a la tregua que ha pactado Tel Aviv.

Luego leí a David González en Miradas de Internacional:

Se considera que Tel Aviv controla entre 75 y 500 ojivas nucleares

Y por último fue Iván Giménez en Realpolitik.

Entre Washington y Tel-Aviv hay una diferencia en la manera de referirse al programa nuclear iraní

Tel Aviv. Tel Aviv. Tel Aviv. ¿Por qué tanta insistencia en situar la capital de Israel en Tel Aviv? El gobierno, el parlamento y el tribunal supremo de Israel están en Jerusalén. Cualquier turista que pase por allí lo puede ver. Es cierto que hay países que no reconocen a Jerusalén como capital del Estado de Israel y han instalado sus embajadas en Tel Aviv, donde de paso hay playa y mucha vida nocturna. Pero en Tel Aviv no están las instituciones fundamentales del estado. Allí no se pacta, controla o decide nada. El que no acepte Jerusalén como capital de Israel que se limite a usar “el gobierno de Israel”. Pero dejen ya de inventarse la capital de Israel

La crisis siria convierte a Israel y Turquía en aliados necesarios

Cuando me tocó analizar las repercusiones políticas en la región del abordaje israelí a la flotilla rumbo a Gaza me llamó enseguida la atención que mientras el lenguaje diplomático intercambiado por Turquía e Israel era áspero, el ministro de defensa turco informó de que un importante contrato por aviones sin piloto seguiría adelante. Una vez más, se demostró que no sólo hay que seguir los titulares de la actualidad para entender lo que estaba pasando. La historia de fondo se comprendía leyendo las noticias que no salen en la prensa especializada.

Las relaciones entre Turquía e Israel finalmente se enfriaron. Pero la crisis siria ha colocado a ambos países en una situación de aliados necesarios que tienen mucho que ganar colaborando en otros campos. A ninguno le interesa la implosión descontrolada del estado sirio que la convirtiera en un nuevo Líbano de primero de los años 80. Así que cuando han caído proyectiles dentro de la frontera turca o israelí lo primero que pensé es que se trataban de actos fortuitos o acciones descontroladas. Lo último que necesita para su supervivencia el régimen de Assad es darle una excusa a Israel o Turquía, dos grandes potencias militares en la región, para intervenir en su contra. Es algo que conté en la entrevista que me hizo Jorge Rozemblum, director de Radio Sefarad, el pasado mes de octubre.

Una noticia sobre cómo la firma de electrónica militar Elta ha vuelto a producir componentes claves para los aviones turcos de alerta temprana es la prueba de que las cosas se están moviendo

Israel y un posible nuevo orden en Oriente Medio

Alguno habrá echado en falta un análisis más en profundidad a la vuelta de mi viaje a Israel. Desde luego que se me quedaron cosas en el tintero y para las que espero encontrar un hueco para comentar aquí. Pero la razón principal de no tratar ningún asunto relacionado con la seguridad y defensa de Israel es que estaba preparando un artículo que saldrá publicado en el número de febrero de 2011 de la revista “Fuerzas de Defensa y Seguridad”.

El mismo racismo, el mismo fascismo

He tenido a bien, por mi salud mental, no enfrascarme en este blog en los vericuetos del conflicto palestino. En España, quitando a esos pocos a los que la opción les llegó por nacimiento, se es propalestino o proisraelí de la misma manera que se es del Barça o del Real Madrid sin haber nacido en Barcelona o Madrid.

La gente comenta con el mismo apasionamiento ciego con el que un hincha argumenta que el delantero centro del equipo rival fingió ser zancadilleado a pesar de que abandonara el terreno de juego en camilla con fractura abierta de tibia y peroné. Las cegueras selectivas no son inocentes. Me resulta inquietante el desprecio a la vida y a los derechos de quienes no opinan como uno.

Leo que hoy hubo en la Universidad Autónoma de Madrid un encuentro hispano-israelí sobre energías renovables. Fue reventado por una turba perroflauta que persiguió a tres de los ponentes hasta el coche policial donde se refugiaron. Los tres eran empresarios israelíes y la cuestión aquí no es el papel del gobierno de Israel en Oriente Medio, sino que tres ciudadanos israelíes sufrieron un intento de agresión (uno al menos terminó con un golpe en la cabeza) por el simple hecho de su ciudadanía.

Intento recordar y no conozco casos de ciudadanos de cualquier país que fueran recibidos en un campo universitario español de esta manera por las acciones de su gobierno (¿Se imaginan el titular “Steve Jobs y Bill Gates agregidos en un campus español por alumnos contrarios a la política de EE.UU. en Iraq”).

En un acto, también reventado, del año pasado en la Universidad Complutense de Madrid se distribuyó un panfleto donde se hablaba de un empresario judío como “adicto a la usura” (judíos y usura, ¿lo pillan?).

Todo huele a lo mismo. Esa exaltación adolescente de la acción sobre la reflexión. Esa deshumanización del que no es o no piensa como uno. Esa fascinación con la violencia. Qué poco me extraña en la universidad española, esa cloaca donde muere el pensamiento.