Bibliografía sobre la yihad afgana

Una de las preguntas que me asaltó durante mucho tiempo fue cómo terminaron los Estados Unidos apoyando a radicales islamistas en la guerra de Afganistán durante los años 80. La respuesta corta y rápida es que en aquel momento se hizo como una medida cortoplacista en el que “todo valía” para perjudicar a la Unión Soviética. Pero eso no explica por qué se apoyó a los islamistas radicales en concreto. Así que con esa pregunta en mi cabeza leí bastantes cosas. Hice un resumen de lo que aprendí hace ya bastante tiempo aquí mismo, en este blog. Lo escribí en 2007 bajo los efectos de leer la estúpida entrada de la Wikipedia en español sobre Osama Bin Laden (recordemos que en el 90% de los casos, la versión en inglés es “enciclopédicamente” mejor).

Antes de escribir aquella entrada y desde entonces nunca paré de encontrar comentarios por ahí que a “Bin Laden lo entrenó la CIA”, en un sobresimplificación de lo que fue la yihad afgana. Estos días he visto el mismo fenómeno, referido a Siria, donde alguno mete en el mismo saco al ISIS, el Frente Al-Nusra, el Ejército Sirio Libre y los Comités de Coordinación Local para afirmar cosas como que “EE.UU. es aliada de Al Qaeda en Siria”. Pero de Siria, supongo, tendremos que seguir hablando.

Hablaba de todo esto hace poco con Demócrito de Abdera y prometí confeccionar una bibliografía sobre la yihad afgana, listando los libros que me ayudaron a comprender cómo EE.UU. terminó apoyando a islamistas radicales y cómo de entre los árabes-afganos surgió lo que algún día llegó a ser Al Qaeda.

Ghost Wars: The Secret History of the CIA, Afghanistan and Bin Laden de Steve Coll. Una obra monumental que abarca de 1979 al 9 10 de septiembre de 2001. El libro es condenadamente exhaustivo y detallado. Leer sus cientos y cientos de páginas menudas se siente como ascender el Tourmalet. En sus páginas leemos sobre los enrevesados recovecos de los pasillos de Washington y los azarosos giros inesperados de la Historia. El mundo pudo haber seguido otro camino de haber tomado ciertas personas otras decisiones en otros momentos, de haber existido otra correlación de fuerzas en pugnas internas, de haberse considerado ciertos factores despreciados, etc. Pero la Historia transcurrió por el camino que siguió, porque aquellas personas contaban con la información disponible en aquel momento. Y resulta ahora fácil señalar los errores porque ya sabemos cómo terminó todo. Así que, cuando terminas el libro literalmente te entran ganas de darle con un bate de béisbol en la cara al primero que te suelta un cliché progre sobre EE.UU., la guerra de Afganistán, Bin Laden y Al Qaeda.

La torre elevada: Al-Qaeda y los orígenes del 11-S de Lawrence Right. Otro libro ganador del Pulitzer. Si Steve Coll trataba de seguir el hilo entre la yihad afgana y el 11-S, Lawrence Right se remonta a Qutb y los Hermanos Musulmanes en Egipto en los años 50, tal como hacía “The Power of Nightmares”. Es un libro entretenido y ameno, cuyos capítulos finales, el FBI yendo un paso detrás de Al Qaeda tras el atentado contra el USS Cole, se leen como un thriller no menos apasionante porque sepamos cómo concluye.

Soldados de Dios de  Robert D. Kaplan. Uno de sus primeros libros. Juraría que el propio Kaplan lo señalaba como una “obra de juventud”. Para lo que nos interesa, se trata de un libro donde entre otras cosas se describe el ambiente de la retaguardia de la yihad afgana. Kaplan visita esa “corte de los milagros” que era Peshawar, con sus guerrilleros, intrigantes, periodistas, activistas, cooperantes, espías y buscavidas. Kaplan apunta a los intereses de Pakistán en apoyar a unos rebeldes y a otros no, junto a las circunstancias particulares de cada grupo que moldearon la decisión. Tras su lectura la idea de unos muyahidines organizados de forma jerárquica y totalmente controlados por la CIA resulta risible.

La guerra eterna de Dexter Filkins. Un libro de memorias periodísticas de un reportero de guerra que vivió la yihad afgana, Afganistán bajo los talibán y hasta estuvo metido en el meollo de la batalla de Fallujah. El espacio que dedica al final de la yihad afgana es breve. Pero es significativo por el encontronazo que tiene con los árabes-afganos, en una onda totalmente diferente a la de los muyahidines, hospitalarios y agradecidos por la cobertura extranjera.

En los tiempos del Gran Juego

No es que pretende hacerle la competencia a pesle mesle presentando textos en inglés o que de pronto añore los tiempos del Raj. Acabo de terminar el monumental “The Great Game: On Secret Service in High Asia” y es imposible evitar trazar paralelismos históricos en las partes referentes a la Primera Guerra Afgana.

En la primavera de 1839 una fuerza de 15.000 soldados británicos e indios, el “Ejército del Indo”, invadió Afganistán con la intención de deponer al emir del país y colocar en el trono a un gobernante títere. El candidato a usurpar el trono apoyado por los británicos, Shuja Shah, había sido despuesto anteriormente por el gobernante de aquel momento después de que él a su vez hubiera hecho lo propio con su hermano, que… Vamos, lo habitual por Asia Central en aquellos tiempos.

El 25 de abril las tropas invasoras entraron en Kandahar.

Because there apeared to be no likehood of any resistance, the British units were ordered to hold back to make it appear that Shujah‘s own troops had restored Kandahar to him. On April 25 […] Shujah entered the city withouth a shot being fired. A large and curious crowd turned out to see him, with the men thronging the streets and their womenfolk lining the rooftoops and balconies. Flowers were strewn in his path and he was greeted with shouts of ‘Kandahar is freed’ and ‘We look to you for protection’ as he rode in triumph through the city.

Después de aquello el emir de Afganistán huyó a las montañas sabiendo que sus tropas no podrían hacer frente a las británcias. Shujah Shah se convirtió en el nuevo gobernante. Los británicos se retiraron dejando una guarnición en Kabul. La cosa no duró mucho. Con el país revuelto por la intromisión británica y la presencia de tropas extranjeras en enero de 1842 las fuerzas británicas tuvieron que huir de la capital rumbo a Jalalabad. 4.500 soldados acompañados por 12.000 civiles salieron de la capital. Al destino llegó una sola persona: Un médico. El resto murió combatiendo o masacrado por el camino. Shujah Sha, el mismo al que habían vitoreado a su entrada en el país, terminó asesinado. Simpáticos los afganos.

Es la hora de las hostias en Afganistn

Lo que tenía que decir sobre Afganistán lo dije en su momento, octubre de 2007. En enero de 2008 reiteré que España debía incrementar su misión en el país, cosa que en noviembre de aquel año conté que Obama pediría a Zapatero. Incluso David Beriain, que publicó una excelente serie de reportajes sobre Afganistán en aquel mes está de nuevo en Afganistán. El que ha querido enterarse, tiempo ha tenido.

Llaman de forma jocosa “repartir magdalenas” a las misiones de estabilización y reparto de ayuda humanitaria. Tareas despreciables que los políticos imponen a los militares, se entiende, que distraen de la fundamental tarea de salvar a la Patria. Se olvidan que la primera línea de defensa de los estado-nación empiezan hoy muy lejos de sus fronteras. Y que no hay misión sencilla. Que se lo digan a los que estaban en An Nayaf el 4 de abril de 2004. Pero en Afganistán ni siquiera hay margen para confundirse. Es un país en guerra. Y ahora parece que nos damos cuenta,

David Beriain, Afganistán y el periodismo posible

Hace un par de semanas tomando algo en un bar con Jorge “Harka” Aspizua vimos en la televisión el anuncio de “Generation Kill”, una serie de televisión basada en un libro que nació como una serie de reportajes para la revista Rolling Stone. En EE.UU. se encuentran buenos reportajes de guerra en cualquier medio. Lo mismo la revista Esquire habla de los intereses estadounidenses en el Sahel que Vanity Fair habla de la insurgencia en el delta del río Níger. ¿Y en España? Tenía algo pendiente que contar sobre ello desde hacía semanas. Aquí ni siquiera los grandes medios realizan esa clase de periodismo. ¿Porque no pueden o porque no quieren?.

Pero hay excepciones. David Beriain para ADN ha hecho la serie de reportajes más intesa y descarnada sobre lo que sucede en el área de operacione española de Afganistán.

-El punto de partida.

-Gormach, el Afganistán al que España ya renunció (I) y Gormach, el Afganistán al que España ya renunció (II).

-Farah, el salvaje oeste afgano (I) y Farah, el salvaje oeste afgano (II).

-Llovieron lágrimas sobre mi cuerpo.

-Badghis: Territorio español, territorio talibán.

-Guerra de Voluntades.

-Fábulas para afganos.

-Policías corruptos.

-Shindand, el precio de los errores (I), Shindand, el precio de los errores (II), Shindand, el precio de los errores (III), Shindand, el precio de los errores (IV).

-Opio, el combustible de la guerra.

Hoy sus reportajes son la mejor explicación a los tristes titulares de hoy.

[Actualización 10/11/08 a las 14:30]

David habla hoy sobre el atentado de ayer. Y ha mantenido, además, una charla con los lectores de ADN.

Lo que Obama pedirá a Zapatero

Anoche me dio por ver las noticias para ver qué decían de la elección de Barack Obama. No parecía que acababa de ser elegido, sino que tras años de mandato Obama había encontrado la cura para el cáncer, cerrado el agujero de la capa de ozono y capturado él solito a Bin Laden con un palillo de dientes. Sospecho que en España se tienen expectativas infundadas sobre qué significará la presidencia de Barack Obama.

Leo en Kings of War:

Obama has already indicated that he will shift American resources to Afghanistan. What he must do now is pressure those European allies who are not pulling their weight now to get with the programme. The argument of some countries that the public distaste with the Bush administration has precluded their deeper involvent is no longer valid. The mission is inadequately resourced and it is nearing crunch time.

¿Qué cara pondrá Zapatero cuando Obama le pida más compromiso en Afganistán?

El Tirador Solitario se me ha adelantado antes de terminar de escribir esta entrada. Veo que estamos en la misma longitud de onda.

Retirarse de Afganistán no es una opción

El invierno anterior todos los informes y noticias anticipaban una gran ofensiva de los talibán tan pronto llegara la primavera a las montañas afganas. La gran ofensiva no llegó en la forma esperada. No se trató de un ataque general y simultáneo en el curso de un tiempo corto. Tomó la forma de una marea creciente que fue llevando la inseguridad y la violencia a un número creciente.

España tiene un contingente en el oeste del país y en su Área de Operaciones esa extensión e intensificación de la insurgencia talibán se fue sintiendo de forma creciente. La situación allí pasó más o menos desapercibida para los medios de comunicación españoles, en los cuales Iraq o Afganistán ganan titulares sólo con cuentas elevadas de muertos. Quizás la política de información del Ministerio de Defensa español tuviera algo que ver. Por suerte hemos contado con una blogsfera española de seguridad y defensa atenta a la cuestión. Buen ejemplo es el seguimiento de Blimdablog a la situación de Afganistán.

Ahora mismo nos encontramos en el mismo punto que en el invierno pasado: Una espera tensa a lo que vendrá tras el deshielo. Desde EE.UU. se exige un mayor compromiso de los países implicados en Afganistán desde la percepción que sólo un puñado de países están haciendo todo lo que puede para que el país no vuelva a caer bajo yugo talibán. España no es uno de ellos.

Cabe preguntarse si quienes toman decisiones están considerando lo que hay en juego: La seguridad de nuestras tropas, nuestra credibilidad ante nuestros aliados y el significado de Afganistán en el actual contexto internacional. El Alijar exponía el pasado viernes en “Nuestras opciones militares en Afganistán”. Estudiar los tres factores que he nombrado sólo nos puede llevar a concluir que es necesario incrementar el papel de España. No podemos tener tropas en un país en guerra creyendo que la etiqueta de “misión de paz” les da un aura de invulnerabilidad. No podemos permitirnos abandonar de nuevo a nuestros aliados en un momento crucial y esperar su ayuda en un hipotético momento futuro de necesidad. Y nos jugamos demasiadas cosas, desde la estabilidad regional a las esperanzas y libertades de muchas personas, para escurrir el bulto. Dudo que nadie tome decisiones serias antes de las elecciones. ¿Qué pasará entonces?

Afganistán, una verdad incómoda para el gobierno

España mantiene tropas en Afganistán como parte de la Internacional Security Assistance Force, una fuerza multinacional creada bajo mandato de la ONU en diciembre de 2001 y liderada por la OTAN desde noviembre de 2003.

En la ISAF se integraron aquellos países que no quisieron participar en la Operación “Enduring Freedom” combatiendo a los talibán y prefirieron darle un perfil de misión de ayuda humanitaria a su participación militar en Afganistán. En un principio la ISAF sólo se desplegó en torno a Kabul pero actualmente cubre todo el país, dividido en cinco mando regionales. A excepción del que se asienta en Kabul cada mando regional comprende varios Equipos de Reconstrucción Provincial (PRT en inglés).

Las tropas españoles en Afganistán están desplegadas en el área de operaciones del Mando Regional Oeste, actualmente liderado por Italia y con sede en la ciudad de Herat.

Informa la página web del Ministerio de Defensa español:

España lidera la Base de Apoyo Avanzada de Herat, aporta un Equipo de Reconstrucción Provincial en Qala i Naw y diverso personal, tanto en el Cuartel General del Mando Regional de Herat, liderado por Italia, como en el Cuartel General de ISAF en Kabul.

España en Afganistán

Un mapa con la distribución de los grupos étnicos en Afganistán revela que las zonas en torno a Herat y Qali i Naw son de población diversa y donde los pashtunes, el grupo étnico que ha sido siempre base social de los talibán, no son mayoría. Ello mantuvo durante bastante tiempo a la región de la dinámica de creciente violencia que han vivido las regiones fronterizas con Pakistán y de mayoría pashtún. Hasta ahora.

Sería largo explicar el por qué del auge de la campaña insurgente de los talibán pero sirvan algunas ideas:

-La concentración estadounidense y británica de esfuerzos, recursos, dinero y tropas en la invasión y consiguiente ocupación de Iraq dejó a Afganistán en segundo plano. A ello hay que sumar la escasa entidad de los contingentes de la ISAF. Más de 30 países la componen y la mayoría no llega a los 500 efectivos . (En el caso de Luxemburgo. Islandia y Suiza no llegan a la docena).

-La reacción al desplazamiento del poder de los pashtunes gilghazi, que lideraban el movimiento talibán, por otros grupos (pashtunes durranis, tayikos y uzbekos) ha sido

-Los planes de erradicación del cultivo de la adormidera, plagados de corrupción, que ha empobrecido a campesinos humildes sin otra alternativa económica.

-La existencia de una retaguardia segura al otro lado de la frontera con Pakistán y que coincide con las zonas de gobierno tribal donde el poder del estado pakistaní es testimonial.

En los últimos seis meses se han sucedido las noticias sobre repetidos incidentes armados entre las fuerzas gubernamentales y de la ISAF con grupos insurgentes en el área que operan las tropas españolas. Esas noticias han pasado por lo general desapercibidas en España debido en parte al desinterés de los medios y en parte a las restricciones impuestas por el Ministerio de Defensa español. Aún así, y a veces gracias a los medios de comunicación extranjeros, han ido llegando noticias que permitían deducir que grupos insurgentes talibán han empezado a operar en las provincias donde los soldados españoles están desplegados. Mientras los factores que antes enumerábamos no cambien sólo podemos deducir que los incidentes irán a más y que inevitablemente habrá más bajas españolas.

De lo inadecuado de los materiales con que cuentan los soldados españoles ya hemos hablado y seguiremos hablando. Hoy nos limitaremos a manejar cifras. El contingente español lo forman 690 militares que se reparten entre los siguientes lugares:

-Manas (Kirguistán), en una base aérea por donde pasan los militares y materiales que se desplazan por vía aérea entre Afganistán y España.

-Kabul, formando parte del cuartel general de la ISAF.

-Herat, formando parte del cuartel general del Mando Regional Oeste y en una Base de Apoyo Avanzado.

-Qala i Naw, formando el grueso de un Equipo de Reconstrucción Provincial.

Dejando a un lado a los militares en Manas y Kabul, podemos decir que las tropas españolas que operan “sobre el terreno” lo hacen principalmente en las provincia de Badghis y Herat. Aunque las noticias sobre la reciente muerte de dos soldados españoles en Afganistán en la provincia de Farah nos llevaría a añadir esa provincia al área de operaciones española. Consultando la información que ofrece la Wikipedia podemos conocer la extensión de las provincias afganas y compararla con las comunidades autónomas o provincias españolas como referencia.

La provincia de Badghis, bajo responsabilidad, española tiene 20.591 kilómetros cuadrados de extensión y una población aproximada de 300.000 habitantes. Esto la sitúa en extensión a medio camino entre el tamaño de Badajoz (21.766 km. cuadrados) y el de Cáceres (19.868 km. cuadrados), las dos provincias más extensas de España. Tomando la cifra teórica de 690 militares españoles sale un ratio de 29,84 kilómetros cuadrados y 435 civiles por soldado.

Las cuatro provincias bajo responsabilidad del Mando Regional Oeste (Farah, Herat, Badghis y Ghor) forman un territorio de 160.319 kilómetros cuadrados. Su equivalente sobre el mapa de España serían las comunidades autónomas de Castilla La Mancha, Aragón y Cataluña juntas (159.296 kilómetros cuadrados en conjunto). Ahora cojamos los datos que dicen que el Mando Regional Oeste cuenta con 2.000 efectivos y hagamos un cálculo. 2.000 soldados en una provincia de 159.296 kilómetros cuadrados suponen 80,1 kilómetros cuadrados por soldado.

Habría que considerar que del contigente total, por la naturaleza de su cometido, un buen número de militares (oficinistas, médicos, mecánicos, etc.) no salen a patrullar fusil en mano por las carreteras afganas. Algunos ni siquieran están en esas provincias (como los contingentes en Manas y Kabul). Basta decir que del contingente español de cerca de 700 soldados sólo una compañía (sobre la centena de soldados) es de fusileros.

Ahora hagamos una comparación con la fuerza multinacional en Kosovo, la KFOR. Kosovo tiene una superficie de 10.887 kilómetros cuadrados que podemos comparar con los 10.806 de la provincia de Valencia. Y la población la compone 200.000 personas. El total actual de tropas multinacionales de la KFOR es de 18.000 soldados aunque en su momento álgido hubo 50.000. La cifra actual nos da unos ratios de 0,60 kilómetros cuadrados por soldado y 11 civiles por soldado. Si tomamos el momento de mayor presencia militar multinacional en Kosovo ambos ratios serían 0,22 km. cuadrados/soldado y 4 civiles/soldado.

No hay que ser un genio de la contrainsurgencia para saber que las fuerzas destacadas en Afganistán son insuficientes. El comandante en jefe de la ISAF ya lo dijo hace poco. La situación en Afganistán empeora. Las tropas españolas están en una guerra. Señor presidente del gobierno, señor ministro de defensa ¿qué van a hacer?

Afganistán y el origen de la yihad

La invasión soviética de Afganistán fue presentada por la administración Reagan como una muestra del expansionismo soviético, una adaptación a las reglas de la Guerra Fría del Gran Juego de Asia del siglo XIX. Afganistán, se dijo, era el primer paso. El siguiente, anunciaron, sería Pakistán, la salida al Oceáno Índico que una vez el imperio zarista soñó y la llave para controlar el cercano Estrecho de Ormuz.

Era mentira. A finales de los años setenta Afganistán estaba gobernada por un partido comunista cuya recalcitrante ortodoxia marxista-leninista asustaba hasta en Moscú. Los intentos de modernizar el país por decreto, escolarización de las niñas y colectivización de la tierra entre otras medidas, había encontrado la resistencia de la población rural. Estallaron revueltas reprimidas duramente por el gobierno de Kabul. Se entró en una espiral de violencia que empujó a muchos campesinos a echarse al monte y a sus familias a refugiarse en la vecina Pakistán.

La CIA intervino apoyando a la oposición afgana. Quería causarle problemas a la U.R.S.S. en un país fronterizo poblado por los mismos grupos étnicos que dos de sus repúblicas centroasiáticas, Uzbekistán y Tayikistán. En Moscú la situación se analizó como una amenaza para la estabilidad de dichas repúblicas. En 1979 había caído el shah de Persia y en la U.R.S.S. se temía la expansión del islamismo político al Asia Central. Que hubiera partidos islamistas entre la oposición afgana se veía como una amenaza directa. Moscú intervino finalmente. La Unión Soviética invadió Afganistán el 24 de diciembre de 1979.

Cuando Ronald Reagan se convirtió en presidente de EE.UU. la CIA tomó una postura aún más agresiva respecto a la situación en Afganistán. El objetivo no era ya causar problemas a la U.R.S.S. Era atrapar al país en una guerra larga y costosa. Se trataba de hacerle pagar a la U.R.S.S. la derrota en Vietnam. Era una venganza y era personal. Pero la administración Reagan no se quería empantanar en otra guerra sucia y lejana en Asia. Era mejor delegar en aliados que aportaran el conocimiento del terreno y la experiencia de alguien local. Ese aliado fue Pakistán y su todopoderosa agencia de inteligencia, el Inter Service Intelligence. Como luego se comprobaría con cada actor implicado en la trama, Pakistán y en concreto el ISI tenía su propia agenda.

Afganistán era para las autoridades paquistaníes su particular “patio trasero”. La etnia pashtún se extendía a ambos lados de la frontera. De hecho Afganistán nunca la había reconocido oficialmente. Para los pashtunes la frontera que dividía los países era una entelequia administrativa, Y para los líderes pakistaníes convertir de facto a Afganistán en una extensión de Pakistán era la forma de obtener profundidad estratégica en caso de un hipotético conflicto convencional con la India.

EE.UU. puso el dinero y los suministros militares y el ISI se encargó de repartirlos. En los campos de refugiados y en los locales donde se bebía té y se discutía de política en las ciudades fronterizas se repetía el fragmentado espectro político afgano. Estaban por un lado los pashtunes monárquicos que contaban con el rey Zahir Shah, depuesto en 1973, como símbolo de la unidad del país. Pero fomentar el nacionalismo pashtún podría ser una arma que se volviera contra el propio régimen pakistaní. Estaban los tayikos del comandante Ahmed Shah Massud, que se habían mostrado combatientes fieros y eficaces en su inexpugnable valle del Panshir. Pero sus dominios estaban tan lejos de la frontera pakistaní que establecer un flujo grande de suministros hasta allí hubiera sido imposible. Habían también partidos interétnicos e islamistas moderados cuya implantación había estado siempre limitada a las élites urbanas. El ISI eligió a los islamistas radicales.

Desde la perspectiva del régimen pakistaní apoyar a un partido islamista era una vía para obtener una legitimidad religiosa, que dado el carácter dictatorial carecía en el terreno de la política. Para la CIA convertir la guerra contra el invasor soviético en una guerra santa era una forma de buscar la implicación de los regímenes conservadores de la Península Arábica y de países como Egipto. Todos necesitaban presentarse ante sus respectivas poblaciones como piadosos musulmanes que ejercían la solidaridad con los hermanos de Afganistán. Las embajadas pakistaníes otorgaron visados a todos los voluntarios que quisieron ir a luchar a Afganistán. Países como Egipto o Arabia Saudí pretendían así deshacerse del lumpen proletariado más militante que en vez de morir luchando contra el gobierno local lo haría ahora de forma heroica como carne de cañón en tierras afganas. A pesar de todo los voluntarios árabes, a los que con el tiempo se les llamaría “árabes afganos”, nunca fueron un contingente excesivamente numeroso dentro de la resistencia afgana a la ocupación soviética.

EE.UU. llegó a un acuerdo para que que Arabia Saudita igualara toda cantidad que la CIA canalizara hacia la resistencia afgana. Pero al margen de las contribuciones de EE.UU., Pakistán y Arabia Saudita hubo un flujo de dinero privado recogido en colectas en las mezquitas y contribuciones particulares. A través de ONG musulmanas ese dinero llegó a Pakistán en paralelo al gestionado por el ISI. En ese ambiente de señores de la guerra, espías, voluntarios, periodistas, cooperantes y oportunistas creado en las provincias pakistaníes fronterizas con Afganistán por el impulso del dinero llegado de el exterior aparecieron personajes como Osama Bin Laden, Ayman Al Zawahiri y Abulá Yusuf Azzam.

Bin Laden en AfganistánBin Laden era uno de tantos hijos de un famoso empresario de origen yemení cuya fortuna había crecido a la sombra de la casa real saudí. Usó sus contactos para recaudar dinero, su experiencia empresarial para administrarlo y su conocimiento del sector de las obras públicas para la construcción de infraestructuras. Años más tarde sería mundialmente famoso y sus seguidores, siguiendo instrucciones de él o quizás no, se encargarían de escribir biografías apócrifas en el que se le describe como un fiero muyahidín, voluntario de primera hora en la guerra. La realidad es que no apareció por Pakistán hasta mediados de los años ochenta, cuando ya empezaba a notarse el agotamiento soviético, y quienes le trataron cuentan que por aquel entonces se sentía agradecido por la contribución estadounidense a la yihad afgana.

La convivencia de los radicales islamistas provocó en ellos un cambio de su visión política del Islam. A Estados Unidos le había interesado la consideración de la guerra afgana como una yihad para atraer aliados en el mundo musulmán. Para los islamistas la yihad no acabaría cuando concluyera la guerra en Afganistán. Aquel era sólo el primer paso. Organizaron sus propios campos de entrenamiento al margen de los que el ISI dirigía. Contaban con el dinero que millonarios como Bin Laden aportaban y el flujo de dinero privado que recogían las ONG.

Según se fue acercando el fin de la guerra las diferencias entre las distintas facciones afganas se fue haciendo más evidente. Hasta aquel momento habían tenido un enemigo común que les había dotado de una identidad colectiva como muyahidines. Ahora quedaba decidir cómo sería gobernado el Afganistán de la posguerra. Por su lado dentro de las filas de los islamistas radicales también surgieron diferencias. La cuestión era el siguiente paso tras la guerra de Afganistán.

Una corriente la representaba Abdulá Azzam, palestino de origen y al que se sitúa en el origen de HAMAS. Era el cabeza de una organización llamada Oficina Afgana de Servicios, que se había encargado de recaudar dinero y acoger a los voluntarios islamistas llegados de todo el mundo. Azzam había procurado que esos voluntarios se redistribuyeran entre los distintos grupos afganos de combatientes. Opinaba que el siguiente objetivo debían ser las tierras del Islam bajo ocupación de los infieles, lo que se podía aplicar a Palestina. Azzam consideraba además que la yihad debía llevarse a cabo dentro de unos límites morales que implicaban no cometer ataques indiscriminados contra civiles indefensos, mujeres y niños. Pero ante todo había que esperar al fin de la guerra en Afganistán y procurar la victoria final.

La otra corriente la representaba Osama Bin Laden, vinculado también a la Oficina Afgana de Servicios pero con el paso del tiempo había caído en la órbita ideológica de Ayman Al Zawahiri. Tras las burlas de los afganos por la torpeza de los árabes sin experiencia llegados como voluntarios con más ánimos que otra cosa, Bin Laden había decidido organizar su propio campamento dentro de Afganistán y su propio grupo de combatientes aparte de las otros grupos afganos. Tras unos cuantos fracasos inciales el grupo de Bin Laden resistió un asalto de las fuerzas soviéticas contra su campamento lo que le permitió al fin presentarse como un verdadero muyahidín. Su opinión respecto al destino de los voluntarios árabes era continuar la yihad, entendida ahora como una lucha global. Tras la derrota de la U.R.S.S. el objetivo debía ser la otra gran potencia, Estados Unidos. En esa lucha no debía haber límites morales. Los civiles eran objetivos legítimos.

En 1989 una bomba mató a Azzam cuando un viernes iba de camino a la mezquita. Su relación con Bin Laden por aquel entonces era buena. Sus enemigos se encontraban entre los miembros de otras facciones islamistas. Pero la muerte de Azzam dejó vía libre para que Bin Laden tomara el control de la organzación.

Algunos afganos advirtieron a sus contactos de la C.I.A. sobre aquellos islamistas que habían organizado campamentos aparte del resto de los muyahidines y que hablaban de una yihad global. Pero con el fin de la Guerra Fría cesaron las actividades de la CIA en Afganistán. Se había derrotado a los soviéticos. ¿Qué más podía importar? Sólo quedó atrás un grupo reducido de agentes encargados de tratar de comprar los misiles antiaéreos portátiles FIM-92 Stinger que la C.I.A había repartido entre los muyahidines “como chupa chups” (like lollipops). Los presupuestos militares y de inteligencia se redujeron. Y al igual que los agentes de la CIA los voluntarios árabes regresaron a su países de origen convencidos de ser responsables de la caída de la Unión Soviética. El resto es historia.

Nota:

He escrito esta entrada de mi blog movido por lo que cuenta la Wikipedia en español sobre Osama Bin Laden. No es que el artículo sea malo. Es una puta mierda producida por una pandilla de gilipollas progres indocumentados. Una vergüenza total para la Wikipedia. La próxima vez que oigan a alguien decir que “Bin Laden fue entrenado por la CIA” o “Bin Laden fue agente de la C.I.A.” sepan que están ante alguien que no sabe de lo que habla.

Recomiendo la lectura de dos libros Premio Pulitzer:

-The Looming Tower: Al Qaeda and the Road to 9/11 por Lawrence Wright. Si no tienen tiempo ni ganas para leer este es el libro. Es bastante ameno y fácil de leer. Arranca con Sayyid Qutb, sigue con la yihad afgana y se centra en la la vida de Osama Bin Laden y los vaivenes de su relación con Ayman Al Zawahiri, alternando con la historia de las unidades antiterroristas de EE.UU. y cómo su incomunicación llevó a la incapacidad de detener el 11-S.

-Ghost Wars de Steve Coll . Es una obra monumental para quien quiera profundizar a fondo. Yo lo leí por rachas y completarlo me llevó meses. El libro es un relato pormenorizado del papel de la CIA en la guerra afgana y en la posterior lucha contra el terrorismo yihadista. El libro arranca con el asalto de la embajada estadounidense en Islamabad el 21 de noviembre de 1979 y concluye con la muerte de Ahmed Shah Massud el 9 de septiembre de 2001.

De los cerros de Úbeda a los valles de Afganistán

Goyo Tovar contaba esta semana las observaciones de su hijo a la vuelta de una competición de triatlón en Úbeda. Los olivares relucían limpios de cualquier vegetación con un aspecto artifical producto probablemente del glifosato. A la mayoría ese nombre no le dirá nada. Como a mí, hasta que me lo encontré leyendo sobre el fracaso de EE.UU. en el sur de Afganistán.

El glifosato es el componente activo principal del herbicida Roundup fabricado por Monsanto, la famosa coporación de biotecnología comercializadora de semillas transgénicas. Existen sospechas fundadas de que no es un producto inocuo para la salud humana, con el típico cruce de acusaciones entre grupos ecologistas y de derechos humanos por un lado y Monsanto por otro. La Environmental Protection Agency estadounidense ha pillado a varios laboratorios contratados por la empresa para elaborar informes sobre el producto falsificando los resultados de pruebas.

El Roundup es usado para erradicar cultivos de coca dentro del Plan Colombia . Las fumigaciones las llevan a cabo empleados de una empresa privada llamada DynCorp que ha recibido del gobierno estadounidense contratos en Haití, Gaza, Iraq y Afganistán. En este último país DynCorp se encarga de la erradicación de la adormidera. El programa afgano está plagado de fraudes. Los grandes productores pagan para que sus campos no entren en la lista y quienes ven sus cultivos arrasados son los campesinos pobres que no pueden pagar sobornos. Más apoyos para la insurgencia talibán. Y mientras, nadie pregunta por qué se aplica un herbicida potencialmente peligroso para la salud sobre las zonas pobres y rurales de un país lejano.

Más información:

-Mark Bowden, el autor de Blackhawk Down, escribe sobre la privatización del Plan Colombia.

-El Senlis Council ha publicado varios informes en el último año donde se constata el fracaso de los programas de erradicación en Afganistán

-Noticias sobre DynCorp en CorpWatch.

-Wired habla de una variante de la planta de coca resistente a los herbicidas. ¿Selección de las especies o biotecnología al servicio de los narcos?

Crónica de dos muertes anunciadas

Algunos lectores tienen la idea que los temas que trato aquí son tan esotéricos que un servidor tiene que ser alguien “mu’ listo”. Error. En realidad la comunidad de aficionados a los temas de seguridad y defensa en España que se reúne en Internet es tan diversa y amplia que forman una masa crítica suficiente para convertirse en una especie de think tank difuso. Yo tomo buena nota de lo que dicen, lo complemento con unos cuantas fuentes propias y saco mis propias conclusiones.

Así que al leer las noticias y descubrir que dos soldados españoles habían muerto en Afganistán hoy por la mañana al detonar una mina o un artefacto explosivo bajo el vehículo tuve esa desazón de ver confirmada al fin lo que unos cuantos sabíamos desde hace tiempo: Que las cosas en el área de operaciones del contigente español están empeorando y que los medios a disposición de nuestros soldados no son los mejores. (Vean si no El Alijar, qué premonición).

Hacía bien poco que nos habíamos enterado por la prensa italiana de un combate entre tropas españolas e italianas con fuerzas talibán cerca de la ciudad de Shewan (noticia aquí y aquí). Era sólo el enésimo incidente de los muchos que la prensa española recogía con letra pequeña y que servían de creciente señal de alarma para los que seguíamos lo que allí sucede. La situación en Afganistán en general ha empeorado en los últimos meses. Y los contigentes de la fuerza multinacional allí desplegada se han ido reforzando o desde el principio han desplegado medios adecuados. Como es el caso de los vehículos a pruebas de minas con los que cuentan desde Australia hasta Estonia.

Afganistán es la guerra olvidada y todo ello ha pasado desapercibido en España. Entre el afán de unos de ocultar la naturaleza del conflicto y el desinterés si no hay réditos electorales de los otros.

Releyendo lo que escribí a propósito de la muerte de seis soldados españoles en Líbano da la sensación que es dar vueltas al mismo tema así poco queda por decir. Quizás es la hora de que los que algo entedemos de estos temas hagamos de voz de quienes por imperativo de las Reales Ordenanzas no pueden tener voz.