Las Revoluciones de Colores y la reconfiguración del orden mundial (1ª parte)

[Primera entrega de Guillermo Pulido, firma invitada]

Esta es una historia de política de poder y agresiones indirectas, de grandes potencias y esferas de influencia, de democracia versus autoritarismo. Las Relaciones Internacionales tiene sus asuntos cumbre y más importantes en la política internacional, y la política internacional está dominada por las grandes potencias. Las grandes potencias para poder ejercer su poder más allá de sus fronteras, crean (entre otras cosas) esferas de influencia, en las que controlan (hasta cierto punto) los temas clave en lo militar e internacional. Las élites políticas de los países dentro de esa esfera no pueden ir contra los intereses de esas grandes potencias, y si así lo hicieran, esta tomaría represalias para persuadir de que sigan con esa actitud, o sencillamente intentará de derrocar ese gobierno y/o invadirá ese país. Los casos de la URSS en 1968 en Checoslovaquia, Hungría en 1956 y Afganistán en 1979, así como los de EEUU en Guatemala en 1954, Granada  en 1983 y Panamá en 1989, son paradigmáticos (como quizás también le ocurriese a Aldo Moro). En esa misma línea está la interpretación de la abortada invasión de Egipto en 1956 por Francia y Reino Unido, acontecimiento que pasó a la historia como la puesta de manifiesto de que esos países ya no eran grandes potencias.

La URSS era una gran potencia que rivalizaba por el dominio en Europa con la otra gran potencia de la posguerra: EEUU. Esto generaba un entorno y ambiente de Realpolitik y Equilibrio del Terror, por lo que cuando la URSS desapareció, dejó la impresión de que en Europa la política realista de grandes potencias, con sus correlatos de equilibrio de poder y esferas de influencia, había llegado a su fin. Pero dicha impresión no se ajustaba a la realidad. La Guerra Fría y la URSS pudieron disolverse pacíficamente gracias a la Cumbre de Malta y los Acuerdos de Belavezha. En Malta, hubo una especie de acuerdo (entre Bush y Gorbachov) para que la Europa del Este pudiese dejar de ser comunista y se disolviese el bloque oriental de forma pacífica a cambio de que la OTAN y EEUU no se expandiesen en esa zona. En Belavezha, Rusia, Biolorrusia y Ucrania (a lo que luego el resto de repúblicas soviéticas menos las bálticas se adhirieron) acordaron disolver la URSS a cambio de reconocer a Rusia como gran potencia y subordinarse en lo militar y lo político internacional a Moscú. En Belavezha, Rusia reconocía las fronteras y respetaba los asuntos internos de las repúblicas exsoviéticas a cambio de que esos países no se integraran en algún bloque ajeno a los intereses rusos, de lo contrario Rusia iría a la guerra y desgajaría esos países. Belavezha fue la base para la Comunidad de Estados Independientes, y es la piedra fundacional de la política exterior rusa desde 1991 hasta la actualidad. Por lo tanto, cualquier ilusión o apariencia de que en Europa se había llegado al fin de política de poder, estaba destinada a chocar con esa realidad. Y si bien en los primeros años de la Posguerra Fría tal ilusión pareció ser cierta por la debacle del Estado ruso, una vez este se recobró con Putin  en un entorno económico propicio (a la vez que la OTAN y la EU se han ido expandiendo al Este hasta las mismas fronteras de la antigua URSS), el subyacente e inevitable conflicto político y militar vuelve a emerger a la superficie al tener Rusia otra vez cierta capacidad para reivindicar sus derechos de gran potencia.

Como los intereses de las grandes potencias han de ser respetados por los gobiernos que conforman sus esferas, siempre habrá algún contenido antidemocrático y de imposición externa, ya que las poblaciones de dichas esferas no pueden votar hacer cosas en contra de los intereses de la gran potencia, o elegir a gobernantes que hagan cosas contra dichos intereses. Por lo tanto, y hasta cierto punto, dichas poblaciones han de aceptar cierto sometimiento (por lo menos en cuestiones militares e internacionales), y habrá una permanente dependencia hacia la gran potencia por parte de la élite de gobierno de esos países para estar en el poder, ya que dicha élite está hasta cierto punto alienada de sus propias poblaciones. El ejemplo por escrito perfecto de esto fue la Carta de Varsovia de 1968, lo que pasó a la historia como la Doctrina de la Soberanía Limitada de Breznev. Se quitó a la nueva élite encabezada por Dubček y se ponía una dependiente en última instancia de Moscú. Toda esfera de influencia tiene el aspecto dictatorial de ir imponer en última instancia el criterio de la gran potencia si sus intereses vitales se ven comprometidos. Esto explica, por ejemplo, la dependencia  mutua entre Lukashenko (o Yanukovich) y Moscú.

El único caso en la historia que va contra esa dinámica sempiterna es el de la OTAN, que si bien llegó a tener en su seno a democracias tuteladas o dictaduras y usaba la Red Gladio para la Estrategia de la Tensión, la gran mayoría de los países que integraban dicha esfera eran democracias, con poblaciones y/o élites que querían estar voluntariamente dentro de la OTAN, y que no harían nada que fuera radicalmente en contra de los intereses vitales de EEUU. Como explica la Teoría de la Paz Democrática, las democracias prácticamente nunca se hacen la guerra entre sí pero sí con las dictaduras, por lo que tras la Segunda Guerra Mundial la confrontación estaba servida de forma casi predestinada al dividirse ideológicamente el continente europeo. Mientras los países que quedaron en las zonas británicas y americanas fueran democracias, sus élites democráticas no tendrían que temer de EEUU o Reino Unido y sin embargo sí temerían un régimen político interno dictatorial comunista promovido por Moscú. Además la “paz democrática” induce a que no  problemas internacionales con EEUU (al ser democracia y con la que nunca entrarían en guerra) pero sí con la URSS (al ser una dictadura con la que tenían la posibilidad probable entrar en guerra). De ese modo y de forma natural, voluntaria, pacífica y democrática, se conformó la esfera de influencia americana en Europa (aunque EEUU tuvo que recurrir a métodos dictatoriales y violentos fuera de Europa para garantizar su esfera de influencia). Una vez acabada la Guerra Fría, los países del antiguo bloque del Este y la URSS al convertirse inicialmente en democracias, tenían por opción lógica y necesaria de política exterior unirse al bloque occidental, tanto por lo político que indica la paz democrática, como por mero interés económico (con la que Rusia jamás podía competir), hechos que Rusia no puede permitir si quiere seguir siendo una gran potencia con su propia esfera de influencia

En resumen, si Rusia quiere enfrentarse a una gran potencia democrática (Estados Unidos) así como también a potencias medias democráticas (Francia, Alemania, Polonia, etc) no puede ser ella una democracia (plena), de la misma manera que para imponer a ciertos países (quieran o no) una esfera de influencia, ha de recurrir a sostener gobiernos que no sean democráticos, ya que si lo fueran querrían formar parte del superior bloque económico occidental (UE) así como gozar de su protección militar (OTAN).

[Continuará]

Los muchos Estados Unidos

En enero publiqué aquí una reseña de An Empire Wilderness de Robert D. Kaplan. El autor viajaba por Estados Unidos con la misma mirada con la que normalmente viaja por lugares remotos del planeta, compaginando los apuntes del natural con datos estadísticos y perspectiva histórica. Entonces destaqué:

Lo que preocupa a Kaplan es si Estados Unidos como nación tiene futuro. Y lo que se encuentra es que la política “nacional” interesa cada vez menos y las preocupaciones fundamentales de la gente son de tipo local. Washington D.C. se ve como un poder lejano e intrusivo. Pero el debate no es sólo “Washington D.C. se lleva nuestro dinero con impuestos”, sino que incluso los gobiernos estatales se ven como un poder ajeno. Las verdaderas preocupaciones son las cuestiones del municipio, el condado o la región.

ha recopilado en Buzzfeed una lista de territorios que en Estados Unidos quieren formar su propio estado y algunas citas de personas que defienden esas iniciativas. Encontramos recurrentemente el rechazo a las políticas dictadas por la capital del estado, sea Phoenix (Arizona), Annapolis (Maryland) o Trenton (New Jersey). En las razones para la secesión hay una recurrente brecha entre megaurbes y el resto del estado (Chicago y Miami) o condados rurales y el resto más urbanizado del estado. En algunos casos las inciativas suponen la secesión de un estado para unirse en uno nuevo a otros territorios que también se separan del suyo. Si todos las iniciativas tuvieran éxito el mapa de Estados Unidos se redibujaría de la siguiente manera: buzz-wide-gif

Sobra a estas alturas explicar que hay muchos y diferentes Estados Unidos. Colin Woodard ha identificado nada menos que “once culturas regionales” que se caracterizan por sus valores colectivos que encuentran expresión en dicotomías como individualismo vs colectivismo , el papel de la religión en la vida pública o su tolerancia hacia las minorías religiosas, étnicas y sexuales. Así en Nueva Inglaterra, la costa de California, Nueva York, el sur de Louisiana y Canadá occidental encontramos élites intelectuales, valores socialdemócratas e inclusión de las minorías mientras que en los antiguos territorios confederados del Sur y las grandes llanuras del oeste encontramos desconfianza hacia el gobierno de Washington y sus políticas fiscales o medioambientales. Estas diferencias se reflejan de forma práctica en el voto y el apoyo a leyes relativas a la tenencia de arma o pena de muerte.

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Los mapas secretos que todo el mundo conoce en Internet

Hace poco hablé por aquí de cómo propuestas más o menos descabelladas de redibujar las fronteras de países terminan consideradas ciertamente por personas ajenas al autor, que sólo pretendía lanzar un debate. Lo realmente divertido es ver una y otra vez artículos que pretenden desvelar los “planes secretos del Pentágono/Washington para redibujar Oriente Medio”. Tan impactantes piezas de periodismo militante anti-imperialista reproducen una y otra vez el mapa de Ralph Peters, un militar retirado y experto recurrente en medios de la derecha mediática estadounidense.

The Project for the New Middle East

El fenómeno se repitió hace poco con un artículo de Robin Wright en el New York Times, donde una vez más se proponía acabar de una vez por todas con los problemas del Gran Oriente Medio redibujando sus fronteras en un intento de solucionar los problemas heredados del acuerdo Sykes-Picot. Wright proponía fracturar cinco países para convertir a cinco países en quince.

Captura

El artículo generó en Twitter una ola de “Oh, no. Ahora todos los chiflados conspiranoicos creerán ver en él los planes secretos de Estados Unidos para Oriente Medio”. Le comenté a alguien que el mapa de Robin Wright podría seguir el camino del mapa de Ralph Peters. Y en esto, curiosamente, intervino la persona que gestiona la cuenta de Twitter de la revista Armed Forces Journal, donde se publicó el artículo que dio origen a todo, para contar que era el artículo más leído de la publicación en Internet.

The article and the accompanying map were — and continue to be — widely taken as Washington’s blueprint for imperial meddling. Today, the article and map remain among the most-visited pages on the AFJ website.

Me hace ilusión pensar que mi comentario contribuyó a que el Armed Forces Journal  publicara una pequeña pieza comentando el artículo de Wright y la conspiranoia generada en torno al mapa de Peters. Pero si para todos esa clase de artículos era motivo de cachondeo, en esto llegó el blog de EurasianHub para comentar el mapa de Wright, “un tanto misterioso en cuanto a sus motivaciones e intenciones”. Definitivamente hay que acabar con la Geopolítica de una vez por todas.

China y la obsolescencia de la Geopolítica

Recientemente enlacé a una entrevista al general (retirado) Julio Hang realizada por la publicación argentina DEF. Es una entrevista interesante sobre la transformación de los conflictos armados pero entre lo que contó el general me llamó la atención una parte en la que hablaba sobre el valor actual de la Geopolítica, que nos debe llevar a tener en cuenta cosas como “China y la realidad de que solo es capaz de alimentar al 23% de su población, con solo 7% de sus superficie arable”.  Ese comentario me pareció propio de una visión geopolítica del mundo propia del siglo XIX, cuando la riqueza de los países se medía por las minas de carbón o los campos de trigo que explotaban. Hoy un país puede generar grandes cantidades de ingresos mediante la industria y el sector servicios sin tener un sector primario que cubra sus necesidades de consumo, importando manzanas de Chile y tomates de Marruecos.

Ayer saltó la noticia de que la empresa Xinjiang Production and Construction Corps había llegado a un acuerdo con KSG Agro para explotar 3 millones de hectáreas en Ucrania, lo que representa el 9% de la tierra arable en el país y el 5% del total del país. Hoy KSG Agro desmintió la noticia, que se había anunciado como “China compra el 5% de Ucrania”. Estoy seguro que el titular no sentó nada bien en Ucrania.

No sé si se trató de una empresa china que anunció demasiado pronto un acuerdo que estaba negociando o un intento desde Ucrania de aplacar a la opinión pública. La cuestión de fondo es que China está arrendando terrenos en otros países para asegurar su suministro alimentario. No está solo en esta tendencia global. Aquí una gráfica:

foreign-land-grabsLlama la atención los acuerdos de Egipto, cuya población casi se dobló entre 1990 y 2010, lo que significa que las tierras regadas por el Nilo no son ya suficientes para alimentar a su población. Y claro está, China, con acuerdos firmados en Sudán y Tayikistán.

El mes pasado leíamos en el Eurasia Daily Monitor de la imprescindible Jamestown Foundation:

During the past decade, China made remarkable progress building pipelines and creating a principally new pattern of transportation infrastructure with other Central Asia countries. In a relatively short timeframe, China has launched the construction of the Kazakhstan-China three-stage oil pipeline, built the Central Asia–China gas pipeline, opened new highway routes in Tajikistan and just recently launched a “Silk Road” railway that proceeds from China to Europe through Kazakhstan. In fact, the new regional pipelines not only carry gas and oil to China, but also grant oil and gas access to local energy-deficient areas and thus change the energy balance in Central Asia, while simultaneously enforcing Chinese and Central Asian economic inter-dependencies.

China está afianzando su posición en Asia Central, lo que le permite contrarrestar su dependencia de los recursos energéticos transportados por el Océano Índico, que le lleva a una pugna geoestratégica con la India. Donde para algunos “la geografía es el destino” y ven un choque inevitable, resulta que los chinos están adoptando estrategias que le impidan depender de los proveedores de una sola aérea geográfica. En definitiva, hay que leer más geoeconomía y menos geopolítica.

 

¿El comienzo del fin del “Imperio estadounidense”?

Una vez le preguntaron al ministro de asuntos exteriores chino Zhou Enlai sobre los acontecimientos de Mayo de 1968 en París. Contestó que le parecía pronto para valorar su significado. En algún momento la frase se tergiversó y hoy en día se cita la respuesta en una versión en la que Zhou Enlai de lo que se mostraba reacio a emitir una valoración era de la Revolución Francesa de 1798. Normalmente quien atribuye esa cita apócrifa a Zhou Enlai señala la tradicional prudencia china y su visión a largo plazo. La misma que llevó a Den Xiapoing a plantear reformas que alejaran a China del modelo soviético para convertir al país en potencia mundial avanzado el siglo XXI.

Llevo interesado en los asuntos de seguridad y defensa desde finales de los 80 y recuerdo en aquel entonces cómo todo lo que fabricaba China era una evolución de tecnología soviética recibida antes de la ruptura con la URSS. China llegó a ofrecerle a Brasil el F-7M Airguard, su copia del MiG-21, a cambio de dos turbohélices EMB-312 Tucano por ejemplar. Hoy, China desarrolla su propio caza de quinta generación (Europa no está ni se le espera en ese campo) mientras Brasil pone como condición a los ofertantes de su programa FX-2 altas transferencias tecnológicas.

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Siempre insisto en que lo importante respecto a China no es dónde está hoy, sino dónde va estar. Cada paso tecnológico dado es acogido con comentarios negativos por algún pretendido escéptico que señala lo que a China le queda por recorrer y lo improbable de que alcance ese hito. Tiempo después ese hito es superado y de nuevo escuchamos que el desarollo chino es un espejismo carente de bases sólidas porque se dan las circunstancias para que el siguiente hito tecnológico nunca sea superado. Y así desde finales de los años 80 hasta el presente y más allá.

El ascenso chino no presenta ningún problema de acotación temporal a los historiadores. Su inicio está bien delimitado en el tiempo. Pero en estos días, siguiendo la posible intervención estadounidense en Siria, me he empezado a preguntar si lo que hemos vistos son síntomas de lo que en un futuro y con la perspectiva del tiempo señalaremos como el comienzo del declive de la condición de Estados Unidos como solitaria híper potencia. No tanto porque hayan mermado los medios con los que Washington pueda actuar, pero sí porque haya disminuido su capacidad de actuar de forma unilateral.

Al contrario que en la guerra de Kosovo, ya no tenemos a una Rusia débil pendiente de la renovación de créditos por parte del Banco Mundial y por tanto dispuesta a dejar pasar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una resolución contra un aliado. Putin lanzó una renovación de sus fuerzas armadas a raíz de las lecciones de la guerra con Georgia en 2008 que en el futuro seguro aumentará el perfil internacional del país, como estamos viendo ahora en el Mediterráneo.

2219579019_a16cf000dc_oLa invasión de Iraq en 2003 y su posterior ocupación agotó por largo tiempo la disposición de la opinión pública estadounidense de embarcarse en aventuras en el extranjero. La idea de invadir un país para cambiar su régimen político está totalmente fuera del debate político. Irónicamente, la mentira que se usó para justificar la invasión de Iraq sobre las armas de destrucción masiva del régimen de Hussein han retornado como un bumerang. A pesar de las informaciones ofrecidas por Médicos Sin Fronteras sobre el presunto ataque con armas químicas del 21 de agosto en Ghouta existe una desconfianza generalizada a pesar de que los indicios sean de que efectivamente se usaron armas químicas o al menos armas termobáricas. La crisis en Siria es un ejemplo de que hay problemas que superan la capacidad de Estados Unidos de generar orden a bombazos y que tenemos ahora crisis con demasiados actores internacionales implicados para que una accción unilateral sea capaz de ofrecer resultados. Pero antes de que alguno arranque a aplaudir el comienzo del fin del imperio estadounidense habría que recordar que asistiremos en paralelo al ascenso del nuevo imperialismo ruso y un creciente imperalismo chino.

Cómo acabar con la Geopolítica de una vez por todas (I)

Internet entró en mi casa en febrero de 1998 y ahora me cuesta pensar cómo era la vida antes de ello. No lo digo por cosas como la Wikipedia en inglés o Internet Movie Data Base. Lo digo por las cuestiones internacionales y los asuntos de seguridad y defensa. Tener acceso a las publicaciones de Jane’s en aquel entonces era un privilegio al alcance de muy pocos. Así que yo devoraba la desaparecida revista Defensa dirigida por Vicente Talón. Recuerdo la sección “Ayer noticia, hoy historia” donde siempre aparecían fotos interesantes porque eran las únicas micropíldoras de infomación a las que tenía acceso, más allá de aquellas colecciones de fascículos semanales que se compraban en los kioskos. Y recuerdo que fue todo un salto para mí pasar de El Mundo y El País a leer Le Monde Diplomatique y The Economist.

Hoy vivimos una situación diametralmente opuesta. Encontrar información en Internet sobre qué pasa en el mundo no cuesta nada. Desde Canarias puedo leer La Diaria de Uruguay o seguir la actualidad estadounidense en clave de humor gracias al The Daily Show. Hay un número inmenso de instituciones que publican sin cesar informes en formato PDF. Y hay también un número enorme de blogs y foros donde aficionados a los asuntos militares en la otra punta del mundo publican fotos del material exhibido en jornadas de puertas abiertas o ferias comerciales. Tal capacidad de poder consumir información es el resultado de la democratización de la capacidad de publicarla. Un blog con dominio propio y mapeado de URL cuesta 18 dólares al año en WordPress.com, sin ir más lejos. Así que el desafío actual es encontrar las fuentes adecuadas y filtrar la avalancha de información que de cualquier tema podemos obtener sin caer en la infoxicación. (Al respecto, David nos ofrece en Derrotero.net “Herramientas contra la infoxicación”).

Internet permite el pequeño gran milagro de que cualquiera puede tener acceso a un caudal inaudito de información y luego poder lanzar al mundo sus opiniones personales. Pero eso precisamente devalúa el valor del privilegio. Hoy cualquiera puede estar informado y la sensación de exclusividad es más esquiva. Para seguir sintiéndose parte de una minoría privilegiada, ajena a la masa borrega, hay que rizar el rizo y buscar una explicación de la realidad que se diferencie de las informaciones al alcance de cualquiera. En ese contexto de sobre abundancia de información la búsqueda de la “distinción”, que hubiera dicho Bordieu, empuja a buscar fuentes de información que están en los márgenes. Creo que ese es el origen de la bastardización del análisis geopolítico que vivimos actualmente.

La Geopolítica es hija de la Segunda Revolución Industrial. Nació como un estudio de los factores geográficos determinaban la política exterior de las potencias en una era en que la riqueza se medía en minas de hierro y campos de trigo. Aquella era una era en que los ríos eran osbtáculos naturales importantes para los ejércitos y las flotas de guerra necesitaban puertos seguros donde repostar carbón. La Geopolítica tuvo gran arraigo en Alemania. La idea de que los estados eran semejantes a organismos vivos que nacian, crecían y morían de Friedrich Ratzel, de tal forma que necesitaban un espacio vital para subsistir, fue popularizada por Karl Haushofer y tomada por Adolf Hitler con las consecuencias que ya conocemos. Así que al término de la Segunda Guerra Mundial la Geopolítica sufrió un enorme desprestigio como discipplina científica. Fue la Guerra Fría la que la rescató, pero el uso que Henry Kissinger dio al término “Geopolítica” como sinónimo de la “política internacional de las grandes potencias” la popularizó a costa de hacerle perder su significado original. Así que en la mayoría de las ocasiones, cuando la gente habla de Geopolítica se refiere a la idea Kissinger y no al estudio de la política internacional con un mapa físico delante.

Ya en su momento presenté los argumentos de cómo la capacidad de proyección de fuerzas a distancia, la creación de riqueza en la sociedad de la información y los actores no estatales en el panorama internacional cuestionaban la relevancia del análisis geopolítico clásico. De hecho, quedan pocos baluartes de la Geopolítica clásica: Autores como Robert D. Kaplan, organizaciones como Stratfor.com y los militares de algunos países periféricos. Entonces, descubrí uno nuevo. Un producto de la tumultuosa e insospechada unión entre la Geopolítica clásica y el análisis de inspiración marxista.

[Continuará]

Reorganizando el mapa del mundo

Vía el blog del coronel Von Rohaut me entero que en Estados Unidos barajan reorganizar los mandos regionales en los que el Pentágono divide el mundo. Actualmente la cosa está así:

La historia de la creación y reorganización de mandos regionales es una historia del entorno estratégico estadounidense. Al poco tiempo de la Segunda Guerra Mundial (1947) se crearon los mandos para Europa y el Pacífico. El siguiente en ser creado fue el U.S. Southern Command con responsabilidad sobre Iberoamérica y el Caribe. Se creó en 1963, cuatro años después de la Revolución Cubana. Actualmente está volcada en ayuda humanitaria, formación de las fuerzas de países aliados y lucha contra la droga.

La siguiente creación de un mando regional no tuvo lugar hasta los años 80. Tras la sucesión de acontecimientos durante el año 1979 en el Gran Oriente Medio (La Revolución iraní, el ataque terrorista en la Meca e invasión soviética de Afganistán) se decidió crear una fuerza de acción rápida orientada específicamente a la zona, que finalmente se convirtió en 1983 en el U.S. Central Command. Es el mando regional que dirigió las fuerzas en la liberación de Kuwait en 1991, la invasión y ocupación de Afganistán a partir de 2001 y la invasión y ocupación de Iraq a partir de 2003.

C-130E en una librea experimental para la fuerza de despliegue rápido pensada para Oriente Medio (1980).

Que el mando regional con responsabilidad sobre el Gran Oriente Medio se llame Mando Central tiene unas connotaciones geopolíticas casi poéticas. Si hoy en día fuéramos a redefinir la teoría del Heartland de Mackinder, yo propondría ubicarlo en Oriente Medio. Es más, el área de responsabilidad del Mando Central se parece mucho a la región que Zbigniew Brzezinski denominaba “Balcanes Euroasiáticos” o “zona de infiltración global de la violencia” en su libro El Gran Tablero Mundial.

Zona de desestabilización mundial según Brzezinski.

El quinto mando regional se creó en 2002. Cómo no, tras el 11-S el panorama estratégico cambió y se creó un mando militar con responsabilidad en Norteamérica. Hay que destacar que en inglés los mandos regionales tienen la consideración de Unified Combatant Command (los hay que no tienen responsabilidad geográfica, como el de fuerza especiales). Esto es, por primera vez el Pentágono creó un cuartel general para dirigir fuerzas combatientes específicamente en Norteamérica. En el mundo de las Guerras Posmodernas, la amenaza tocaba la puerta en casa.

El último mando en crearse fue el U.S. AFRICOM. Mientras EE.UU. se empantanaba en Iraq la “guerra contra el terrorismo” seguía su curso de forma discreta en lugares como el Sahel o el sur de Filipinas. Se decidió que África fuera campo de pruebas para una nueva política de defensa “preventiva”. En el cuartel general de AFRICOM se integró personal del Departamento de Estado y se priorizó los programas humanitarios y la formación de las fuerzas locales. La idea es que las poblaciones locales tuvieran una impresión positiva de los Estados Unidos y los militares locales estuvieran acostumbrados a trabajar con las estadounidenses. Que se descubriera que el primer general que estuvo a su mando se dedicó a gastar alegramente con la tarjeta bancaria a su disposición llevando a su familia de viaje y que los militares malienses entrenados por Estados Unidos se desinflaron ante la ofensiva tuareg para luego sólo ser eficaces en dar un golpe de estado no parece haber contribuido a considerar un éxito la experiencia.

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En los cambios que se barajan aparece:
-La disolución del mando dedicado a Norteamérica para crear un mando del Hemisferio Occidental.
-La disolución de AFRICOM para volver a trocear África entre varios mandos. El grueso volverá a ser responsabilidad del mando europeo.
-El traslado de responsabilidades de AfPak del Mando Central al Pacífico.

Los cambios se explican por el afán de recortar gastos en medio del lío presupuestario en EE.UU. La desaparición de U.S. NORTHCOM se entiende por la disipación de la histeria post-11S. La desaparición de U.S. AFRICOM y la división de África entre varios mandos de nuevo quizás sea justificable con que U.S. EUCOM a día de hoy no tenga mucho trabajo tras el fin de la Guerra Fría y el fin de las guerras balcánicas. En cuanto a la recolocación de AfPak significa que se espera que Afganistán no sea un país que requiera la atención de EE.UU. y que Pakistán se coloca bajo la responsabilidad del mando regional que lidia con la India.

Hace tiempo confeccioné mi propio mapa de regiones y sus dinámicas a tener en cuenta, suponiendo que alguien quisiera asumir la tarea de elaborar un blog al estilo de FlancoSur.com. En aquel mapa emergieron dos bloques diferenciados. Por un lado, a ambos orillas del Atlántico tenemos rivalidades interestatuales bastante atenuadas por las organizaciones de integración regional y la emergencia de actores no estales violentos como principal amenaza a la seguridad. Hablamos del eje Colombia-México y el Sahel. En el extremo opuesto tenemos Asia-Pacífico, donde vivimos una carrera armamentística entre los países que rodean China por un lado y los países en torno al Estrecho de Malaca por otro. Tenemos además la pugna geoestratégica entre China e India en el Océano Índico, fenómeno que pasé por alto en mi mapa. Añadiríamos también los dilemas geopolíticos en torno a la explotación y transporte de hidrocarburos que implican a Rusia, Turquía y las repúblicas ex-soviéticas del Cáucaso y Asia Central. Podríamos decir que tenemos por un lado a ambas orillas del Atlántico viviendo en un tiempo posmoderno y a Asia en una lógica moderna de países orgullosamente nacionalistas compitiendo entre sí por cuestiones que no hubieran desentonado a finales del siglo XIX: La soberanía de un islote y rutas comerciales. Curiosamente “Gran Atlántico” y “El Gran Juego de Asia” eran las dos categorías en las que se dividían las noticias internacionales en el agregador de blogs ciberpunk.net allá por 2004-2005. Qué tiempos aquellos. En medio de esas dos grandes regiones queda el Gran Oriente Medio, que lleva acaparando mi atención mucho tiempo a pesar de proclame una y otra vez que quiero dedicar mi atención a Iberoamérica. Pero cada vez que estoy fuera me arrastran dentro.

Fantasías geopolíticas en Oriente Medio

En 2006, el teniente coronel (retirado) Ralph Peters publicó un artículo en el Armed Forces Journal en el que argumentaba que todos los problemas del Gran Oriente Medio procedían del trazado arbitrario de sus fronteras:

[T]he greatest taboo in striving to understand the region’s comprehensive failure isn’t Islam but the awful-but-sacrosanct international boundaries worshipped by our own diplomats.

He mencionado aquí obras de James Barr y Robert D. Kaplan donde queda recogido el asunto. Basta recordar que Mauritania, Libia, y Siria son nombres de entidades administrativas romanas que se convirtieron en el nombre de estados-nación cuando las potencias coloniales europeas jugaron con escuadra y cartabón a trazar fronteras sobre un mapa.

Sostiene Peters que la solución a los problemas del Gran Oriente Medio pasaría por retrazar las fronteras de los países para crear país más homogéneos étnica y religiosamente. En una zona tan delicada propone, desgajar territorios de Turquía, Siria, Iraq, Irán, Arabia Saudita y Pakistán nada menos.

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No me entrentendré aquí en analizar las consecuencia que tendría un imaginario cambio así de fronteras en el Gran Oriente Medio. Pero basta decir que me he encontrado con este mapa en bastantes artículos de opinión. Alguno poniéndolo como ejemplo de los planes neocoloniales de Estados Unidos para la región y sirviendo de excusa para una larga diatriba antiimperialista.

En el mismo orden de cosas, un artículo del diario turco Milliyet especulaba a partir del llamamiento de Abdullah Öcalan a una “Pacto Nacional” para construir “una nueva Turquía”. En el artículo aparecía un mapa en el que Turquía absorbería regiones kurdas de los países limítrofes junto con otras de Grecia y Bulgaria.

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El diario Milliyet invitaba a académicos e intelectuales a especular sobre esa “nueva Turquía”. El asunto fue recogido por la prensa rusa, tal como recoge en su blog Manuel Martínez y destripado en el Foro de las FAS con la finura habitual.

Por último, el diario alemán Die Evidenz publicó que el kuwaití Faisal al-Hamad, miembro del Partido Nacional de Kuwait, había denunciado los acuerdos secretos firmados en Doha por diplomáticos de Estados Unidos, Turquía, Qatar y miembros de la oposición siria para trocear el país al término de la guerra civil. Siria renunciaría a reclamar a Turquía la región de Hatay, expulsaría de su territorio al PKK, permitiría que un acueducto conectara la gran presa Atatürk con Israel, reduciría su ejército, renunciaría a sus arsenales de destrucción masiva, renegociaría sus acuerdos petroleros con empresas chinas y rusas, cortaría lazos con Hezbolá y grupos palestinos, etc.

Extrañamente, las declaraciones de Faisal al-Hamad encajan para Christof Lehmann de nsnbc ìnternational perfectamente con el análisis del comandante (retirado) del ejército pakistaní Agha H. Amin, que denuncia los planes de la OTAN para trocear Siria y crear un corredor energético en Oriente Medio que sirva de alternativa a Irán. En este caso, la OTAN fomentaría la creación de un estado kurdo aliado a expensas de Turquía y Siria.

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No entiendo como Christof Lehmann afirma que lo denunciado por Faisal al-Hamad encaja con lo conjeturado por Agha H. Amin, cuando en la segunda teoría conspirativa sobre la resolución de la guerra civil siria, Turquía sufriría grandes pérdidas territoriales. Pero ahí está la grandeza del pensamiento conspirativo. Que dos teorías contradictorias tengan como fundamento la idea de que “Occidente trama algo en Siria” significa que algo de verdad llevan, bajo el principio “si el río suena agua lleva”.

Pero lo interesante en todos estos caso es ver cómo surge y se alimenta el pensamiento conspirativo en un efecto de bola nieve donde nadie consulta las fuentes originales. En el primer caso tenemos un artículo de opinión escrito por un militar retirado con mucho tiempo libre, en el segundo tenemos las especulaciones de varios expertos consultados por un periódico y por último tenemos un medio digital con una forma “peculiar” de tratar las noticias. Viendo cómo nsnbc ìnternational trata temas relacionados con las vacunas infantiles, Venezuela o Rusia ya podemos calibrar la clase de medio que es. La gracia es que esos argumentos de segunda y tercera mano terminan en lugares como Eurasian Hub. Y no deja de haber una gran ironía que desde fuera de Occidente se especule con los grandes planes secretos de EE.UU. y la OTAN para Siria, cuando lo que vemos es que en Washington y Bruselas hay una enorme improvisación.

¿Dónde ubicar geopolíticamente el Sahel?

Llevo días intensos siguiendo la crisis en Malí. El otro día llamaron desde un medio de comunicación a Marcelo Wio, que trabaja en Revista de Medio Oriente, para hablar de lo que estaba pasando en Malí. ¿Es el Sahel parte de Oriente Medio? No. Pero es una pregunta muy interesante. En el mundo anglosajón es habitual oir hablar de MENA: Middle East and North Africa. Es una forma de inlcuir en un sólo espacio el mundo árabe, añadiendo además Turquía e Irán. Lo hemos visto durante la Primavera Árabe. Hubo disturbios y manifestaciones desde Marruecos a Bahrein. Y en la crisis de Malí estuvo envuelto Al Qaeda en el Magreb Islámico. Pero Malí pertenece geograficamente a África Occidental. Precisamente el conflicto arrancó con un nuevo ciclo de revueltas de la población tuareg, nómada y vinculada al desierto del Sáhara, contra el gobierno central de Bamako, en manos de la mayoría negra sedentaria establecida en torno el río Níger.

Pero ya decíamos en “El Gran Oriente Medio tras la Primavera Árabe” que la categoría geopolítica “Oriente Medio” hemos de entenderla con flexibilidad. Tengo pendiente escribir más sobre ello.

¿Una revolución energética?

La noticia está en todas partes. Estados Unidos va camino de una “revolución energética” gracias a la explotación de yacimientos no convencionales de hidrocarburos con nuevas técnicas (shale oil, fracking, arenas bituminosas…)

Robert D. Kaplan ya sueña con un futuro donde Estados Unidos recupere un vínculo especial con Europa convirtiéndose en proveedor privilegiado de hidrocarburos mientras Rusia pierde su capacidad de influencia vía los oleoductos transiberianos. Augura un futuro poco halagüeño a países sin mar y que dependen de la exportación de hidrocarburos, como Sudán del Sur o Chad. Thomas P. M. Barnett imagina las posibilidad de reindustrialización que ofrece a Estados Unidos la energía barata.

Antes de correr a celebrar la transformación del valor geopolítico de Oriente Medio merece la pena leer sobre el desafío tecnológico que supone explotar esos yacimientos no convencionaoles. Marie Vandendriessche, investigadora del Centro para la Economía Global y la Geopolítica de ESADE, ha publicado un primer documento de una serie de tres sobre el asunto.

La verdadera revolución sigue pendiente. Se planteó después del 11-S. ¿No serviría una apuesta decidida por las energías renovables para reducir la dependencia de los hidocarburos y por tanto para reducir la dependencia hacia los acontecimientos en Oriente Medio? La armada de los Estados Unidos ha decidido seguir ese camino, aunque sólo sea por cuestiones operativas y tácticas.