¿Qué le preocupa al CESEDEN?

El Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) es “el centro docente militar del más alto nivel de las Fuerzas Armadas españolas”. Entre otras muchas otras cosas, se imparten en él los cursos de Diploma de Estado Mayor y de capacitación para General de Brigada. Publica un buen número de documentos: El Boletín de Información, que ejerce de revista académica, las Monografías y los Documentos de Seguridad y Defensa. Todos ellos están disponibles de forma gratuita en formato PDF su página web, aparte de ser publicados en papel.

He hecho un experimento. He tomado el título de todos los artículos publicados en el Boletín de Información del CESEDEN entre los números 283 (año 2004) y el número 317 (el último publicado), que son los que aparecen actualmente en la página web. He eliminado del texto resultante los determinantes, artículos, conjunciones y preposiciones (“el”, “la”, “de”, “para”, “por”, etc.). Luego he volcado el resultado en TagCrowd para componer una nube con los 25 términos más repetidos. El resultado es este.

Las diez palabras más repetidas son: Estrategia, seguridad, defensa, militar, fuerzas, armadas, OTAN, Unión, Europea y terrorismo. En el resultado no aparece ciberguerra, Mediterráneo, Asia, China, Rusia, África, Hispanoamérica, Iberoamérica… Sólo consiguen colarse Afganistán y “Unidos” (sin que aparezca “Estados”.

Pero no hay ninguna sorpresa. La seguridad y defensa pasa hoy para España por entidades supranacionales como la OTAN y la Unión Europea. Y también tenemos la principal amenaza percibida: El terrorismo (islamista). Buscando, se encuentran varios artículos sobre el papel de las fuerzas armadas en la lucha contra el terrorsimo. Habrá que recordar cuál fue su papel en la derrota de ETA: Ninguno.

La infantería de marina y las guerras posmodernas

El 4 de junio de 2010 elementos de la I Marine Expeditionary Force llevaron a cabo en la costa de California el ejercicio “Dawn Blitz”, las mayores maniobras anfibias del U.S. Marine Corps desde el 11-S. El objetivo era retomar las capacidades anfibias perdidas tras casi una década de combates en Afganistán e Iraq. Para muchos marines que participaron en aquellas maniobras, bastantes de ellos veteranos de ambas guerras, era la primera vez que pisaban un barco. Ese mismo mes de junio, el U.S. Marine Corps publicó la tercera versión del documento “Marine Corps Operating Concepts”, donde se hacía hincapié en la flexibilidad y adaptabilidad de la Infantería de Marina como fuerza expedicionaria anfibia preparada para luchar en guerras irregulares. El documento, de índole institucional, lleva un prólogo del teniente general George J. Flynn como segundo comandante de la oficina Combat Development and Integration que recientemente había declarado “Tras ocho años de guerra terrestre, donde el Cuerpo ha estado actuando como si fuera un segundo ejército de tierra, necesitamos volver a nuestras raíces expedicionarias anfibias”.

Ambos hechos no fueron casuales. Los gobiernos de los países occidentales viven tiempos de recortes presupuestarios y cada rama de las fuerzas armadas se ve obligada a justificar la existencia de unidades, la continuidad de programas y la necesidad de proyectos. Para el U.S. Marine Corps las alarmas habían saltado en el mes de mayo de 2010. El día 3 de ese mes, el Secretario de Defensa Robert M. Gates dio una conferencia durante unas jornadas de la Navy League. Refiriéndose al recurrente debate sobre la “brecha” entre las capacidades deseadas y las existentes, apuntó que la más importante que se corría el riesgo de crear era entre las capacidades que se aspiran a obtener y las que realmente serán necesarias en el futuro. Puso como ejemplo al Expeditionary Fighting Vehicle, uno de tantos casos de proyectos cuyo desarrollo se había retrasado notablemente y cuyo coste se había disparado. Mostró su duda sobre si sería “necesario o sensato lanzar otro gran desembarco anfibio de nuevo, especialmente según los avances en sistemas anti-buque van llevando el punto de lanzamiento potencial cada vez más lejos de la orilla”. Cuatro días más tarde, el secretario Gates dio una nueva conferencia, esta vez ante los alumnos del Command and General Staff College del U.S. Army. Algunos de ellos pudieron hacer preguntas a su término. Una de ellas fue sobre el futuro del U.S. Marine Corps y el secretario Gates contestó, reconociendo que no tenía las respuestas, que el papel de “segundo ejército de tierra” ejercido en Afganistán e Iraq llevaba a cuestionarse qué le diferencia entonces del U.S. Army y hacia dónde evolucionarían las misiones tras la experiencia de esas dos guerras.

El debate al otro lado del Atlántico fue recogido en España por la prensa. El 14 de agosto de 2010 el diario madrileño ABC titulaba “;El mítico Cuerpo de Marines puede tener los días contados”. Más de un año después tan funesto augurio no se ha cumplido pero sí es cierto que la Infantería de Marina estadounidense ha entrado en una era de debate interno, recortes y reformas. El debate allí es transladable, con sus matices, a España. La Infantería de Marina española ha participado en misiones internacionales que sin duda escapan al perfil de misiones características de una unidad expedicionaria anfibia, lejos del mar como en Bosnia Herzegovina, Chad, Líbano y Afganistán. También aquí, como toda rama de la Administración del Estado se enfrenta a presupuestarios menguantes en el actual contexto de crisis económica mientras han de tomarse decisiones sobre los medios realmente necesarios para las misiones a cumplir. Merece entonces recoger la pregunta que el secretario Gates se hacía el 3 de mayo de 2010 ante la Navy League: “En el siglo XXI, ¿qué clase de capacidades anfibias realmente necesitamos para encarar los escenarios más probables y en qué cantidad?”. Para ello hace falta primero entender cuál es la naturaleza de los conflictos armados de la Postguerra Fría.

[Así comienza mi último artículo que a la espera de respuesta de los beta-testers irá destinado al Boletín de Infantería de Marina]

El último que apague la luz (y II)

Ver 1ª parte: El último que apague la luz (I).

La necesidad de compensar a Estados Unidos por la retirada precipitada de Iraq asumiendo un mayor papel en Afganistán y de contentar a la masa social que en 2003 había salido a la calle bajo el lema de “No a la guerra” obligó al gobierno español a un extraño equilibrio. Se mandaron más tropas a Afganistán pero se asumió un perfil lo más bajo posible. En España y en Afganistán.

De cara a la opinión pública se vendió que en Afganistán no había guerra, los talibán no eran el enemigo y las tropas españolas estaban allí en misión humanitaria. Al embrollo contribuyó el ministro Moratinos con sus brillantes declaraciones de que la solución de Afganistán pasaba por más cooperantes internacionales y menos soldados, cuando los que había eran insuficientes para dar seguridad en el área de responsabilidad española.

Al negar la verdadera naturaleza de la guerra de Afganistán, para no provocar el rechazo del electorado y dar munición política a la oposición, ni la estrategia ni los recursos puestos a disposición de los soldados españoles fueron los idóneos. Muchas vidas fueron puestas en peligro y hubo muertos. Sólo la presión de un puñado de frikis en Internet, cuya campaña a favor de la compra de vehículos a pruebas de minas fue recogida por medios digitales, provocó la reacción de un gobierno que tiempo atrás decía por boca del ministro Alonso que los vehículos blindados BMR desplegados en Afganistán estaban “entre los mejores para este tipo de tareas”. La situación de la región de Afganistán bajo responsabilidad española empeoró y el mando militar estadounidense le quitó responsabilidades a las tropas españolas sobre un distrito para dárselas al contigente noruego, mucho más pequeño pero mucho más efectivo.

El delirante discurso de Afganistán y la “ayuda humanitaria” fue recogido por la ministra Chacón que lo llevó a un nivel superior. Cuando se presentaron en público los vehículos Iveco LMV “Lince”, la ministra apuntó que el compartimento de carga trasero serviría para “transportar ayuda humanitaria”.

Les queda poco y dejan tierra quemada con un ministerio que pide a gratis un sistema racional y transparente de compras. ¿Se atreverá el próximo gobierno a abrir la caja de los truenos?

Ankara City Tres S.L.

¿Quién se levanta por la mañana y decide ponerle de nombre a su empresa inmobiliaria “Ankara City Tres”?. ¿Un turco nostálgico de su país que se encontró que ya existía una “Ankara City S.L.” y tuvo que añadirle “Tres”? ¿Alguien que descubrió el amor en un ménage á trois en la anodina capital turca?

En 2009 se constituyó la sociedad limitada “Ankara City Tres” con un capital inicial de 3.010 euros y domicilio en la calle de Castelló número 18 de Madrid. En Internet no hay constancia alguna de actividad. No hay una página web. No hay una ninguna referencia en algún portal de negocios.

Un día la empresa se traslada al Paseo de la Castellana número 179 e informa de una ampliación del objeto de la sociedad. Ahora se dedica además a la “comercialización de todo tipo de productos”. El 8 de abril de 2011 la empresa registra la marca comercial “AK Shooter” de la clase Niza 25: “Prendas de vestir, calzado, artículos de sombrerería”. En Internet no aparecen referencias de ninguna tienda on-line, de las muchas que sirven a la comunidad airsoft y militar en España, que venda ropa de la marca “AK Shooter”. Sin embargo la empresa tiene tan buena suerte que el 17 de junio, dos meses después, la Armada Española le adjudica en un “procedimiento negociado sin publicidad” un contrato de 55.000 euros por “ropa de trabajo, ropa de trabajo especial y accesorios”.

Así funcionan las cosas.

El �ltimo que apague la luz (I)

Cuando los aspirantes del PSOE a candidatos a la presidencia del gobierno maniobraban en los medios de comunicación afines le mostré mi extrañeza a alguien de que la ministra de defensa se postulara para el puesto. En mi opinión no tenía una gestión brillante que presentar como aval a su candidatura. Más bien lo contrario. La persona con la que hablaba sentenció con algo parecido a: “Da igual. En España a nadie le interesa los asuntos de defensa. La gente sólo se queda con eso que dicen en el Telediario sobre misiones de paz”.

Chacón quedo finalmente fuera tras el dedazo que aupó a Rubalcaba. ¿Pero y si hubiera sido candidata? ¿A alguien le hubiera importado su gestión del Ministerio de Defensa? ¿Alguien habría tenido criterios para hacer un balance?

La trayectoria del Ministerio de Defensa español en los últimos años parece seguir el paradigma de las Guerras Posmodernas interpretado por alguien que leyó el libro y no entendió nada. Los documentos oficiales del Ministerio de Defensa establece que España no tiene enemigos potenciales y las amenazas son por tanto tan imprevisibles como indefinidas. Sin embargo España, al contrario que Portugal, Suiza, o Bélgica, tiene un país vecino que reclama la soberanía de ciertos territorios. El asunto nunca supuso un problema mayor por la abismal diferencia cualitativa de las fuerzas armadas. Esa brecha se ha acortado en numerosos aspectos. Pero como ya hemos dicho en otras ocasiones resulta en el fondo irrelevante porque ante la disparidad de fuerzas Marruecos ha empleado siempre estrategias “asimétricas” con pleno éxito contra España.

Descartado el paradigma de la defensa nacional como defensa del territorio pareciera que la política oficial española es la construcción de alianzas estratégicas a través de la implicación en misiones internacionales. Es la política que siguen países como Noruega, Letonia, Estonia, Polonia o Mongolia. Teniendo por vecinos cercanos a una potencia nuclear se han implicado en las guerras de Estados Unidos para labrarse el apoyo de Washington en sus problemas locales. España ha seguido esa misma política pero de forma harto chapucera.

La primera decisión tomada por el primero de los gobiernos de Rodríguez Zapatero fue la inmediata retirada de las tropas de Iraq. Una historia que todavía no ha sido contada en sus precisos detalles. Lo que se vendió en España como una decisión fulminante producto de la coherencia con una promesa electoral fue en realidad una huída precipitada de un área de operaciones donde una estrategia errónea propició el auge y fortalecimiento de la milicia del líder shií Muqtada al-Sadr delante de las narices de las fuerzas españolas en lo que fue además un fallo clamoroso de inteligencia.

El asunto estalló el 4 de abril de 2004 en Nayaf y sólo la decidida actuación de los contratistas de Blackwater impidió que se viviera un desastre propio de las coloniales del primer tercio del siglo XX. Los responsables militares de aquella jornada fueron, por supuesto, debidamente recompensandos por el gobierno entrante. Aunque me pregunto qué versión habrían dado en el reportaje que a mayor gloria de uno de ellos le dedicó un suplemento dominical si cierto contratista de Blackwater no se hubiera contenido y tal como se le cruzó por la cabeza le hubiera partido la cara aquel día en Nayaf por cobarde e incompetente.

La Brigada “Plus Ultra” española en Iraq la componían contigentes de países centroamericanos que dependían de la cadena logística española. La retirada española los arrastró y la decisión no cayó nada bien en Washington, que se vio de pronto con un agujero en el despliegue en Iraq. La primera decisión del gobierno de Rodríguez Zapatero, que ya se había lucido manteniéndose sentado al paso de la bandera de EE.UU. en el desfile militar de un 12 de octubre, marcó durante años las relaciones diplomáticas entre España y Estados Unidos.

Evidentmente en la primavera de 2004 la actual ministra de Defensa no ocupaba la cartera y no se le puede vincular a aquellas decisiones. Suyo sin embargo fue el protagonismo de la segunda retirada de tropas españolas y el segundo encontronazo con los países aliados. Se trató por segunda vez de una cuestión de coherencia política. Se había realizado un referéndum de autodeterminación en Kosovo en el que salió ganadora la opción a favor de la independencia de aquella provincia serbia. Y el gobierno español que no veía con simpatías tal clase de referéndum, no fuese que alguien cercano pidiera uno, decidió retirar las fuerzas españolas de la KFOR.

La decisión la anunció la ministra de defensa sin que el ministro de asuntos exteriores hubiera sido ni consultado ni informado y confundiendo los plazos. No se trataba de una decisión a ejecutar inmediatamente, sino que para evitar el desastre iraquí se llevaría a cabo con tiempo suficiente para que el resto de países de la KFOR compensaran la retirada española. La ministra se olvidó de ese detalle y tuvo que ser corregida desde Moncloa para pitorreo de la prensa de derechas en España e indignación de los países aliados.

El desastre diplomático que supuso la retirada española de Iraq tuvo que ser compensando ante Washington de alguna forma. Y el gobierno de Rodríguez Zapatero decidió entonces aumentar la contribución española en Afganistán teniendo mucho cuidado de que no se vinculara con las operaciones contrainsurgencia contra los talibán llevadas a cabo por EE.UU., Reino Unido, Canadá y Australia principalmente. El esfuerzo español quedaría encuadrado en ISAF, la fuerza de reconstrucción y asistencia a la instituciones locales comandada por la OTAN.

[Continuará]

El Tercio de Armada y las Guerras Posmodernas

El viernes 11 de junio tuve el privilegio de presentar mi libro “Guerras Posmodernas” en el Tercio de Armada (TEAR) cuya base está en San Fernando de Cádiz. El TEAR es la unidad expedicionaria de la Infantería de Marina española. Esto significa que su organización, sus materiales y su doctrina están orientados a proyectar fuerzas lejos de España. Por lo que para mí se trató de hablar no ante personas que tratamos de entender y desentrañar la realidad, sino ante oficiales de una unidad militar que la ha vivido de primera mano en Bosnia, Líbano, Iraq, Afganistán, Chad o Haití.

La especialidad del TEAR como unidad expedicionaria son las operaciones anfibias, que son los ataques lanzados desde el mar sobre una costa hostil o potencialmente hostil (véase aquí o aquí). Para el TEAR esto implica por ejemplo que todo su material ha de poder ser embarcado y trasladado a tierra por sus propios medios o en las embarcaciones de la Armada. Ese vínculo es tal que la Infantería de Marina española forma parte de la Armada.

El TEAR además tiene la necesidad de ser autosuficiente en cuanto capacidades operativas. Si uno repasa los batallones y grupos que lo forman se encontrará una lista extensa de capacidades y recursos que van desde los carros de combate, a Guerra Electrónica o Defensa Antiaérea, pero también excavadoras o potabilizadoras de agua.

Los que estuvieron en mi charla del día 11 saben todo esto que he explicado de sobra. Aquel día hablé de Guerras Posmodernas y del Flanco Sur Profundo. Lo que no hice fue dar hechas las conclusiones sobre cómo afectará la trasformación de los conflictos armados al TEAR. Lo hago aquí sintiéndome libro para hablar y errar.

“Posmodernidad” es una palabra polisémica dentro de las ciencias sociales. Puede hacer referencia al fin de un período histórico de cinco siglos según los términos empleados por la historografía inglesa o a la crisis de los valores e instituciones de la sociedad industrial. En cualquier caso se constata que la institución del Estado-Nación ha perdido su papel como acto fundamental del orden internacional, bien por la emergencia de nuevos actores o bien por la debilidad de los estados ex-coloniales creados artificialmente por las potencias europeas.

El número de guerras entre Estados-Nación cayó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Lo hizo en picado tras el fin de la Guerra Fría. Los antiguos enemigos como Francia-Alemania o Chile-Argentina forman alianzas regionales y crean unidades militares multinacionales para la acción exterior bajo bandera de la UE o la ONU. Los actuales rivales como India y Pakistán mantienen o buscan una alianza con Estados Unidos. Mientras que en la crisis nuclear iraní tienen un papel EE.UU., Israel, Arabia Saudita, China, Rusia, Brasil y Turquía ofreciendo palo y/o zanahoria. Difícil imaginar que la sangre llegue al río.

Lo que veremos en el futuro no nos sorprenderá. Veremos colapsarse el aparato estatal de países como sucedió en Albania, Haití, el antiguo Zaire o Somalia. Veremos violencia y disturbios en el interior de los países con connotaciones étnicas como en Bolivia, Nigeria, Kirguistán o Indonesia cuando distintas comunidades entre en conflictos por la administración de los recursos del país.

Ya no estarán La Habana, Trípoli, Moscú o Pekín para financiar guerrillas revolucionarias, por lo que los contendientes de los conflictos armados tendrán que autofinanciarse con la explotación de recursos naturales o los tráficos ilícitos de todo tipo. Veremos hacerse borrosas las barreras entre insurgencia y delincuencia organizada cuando los delincuentes monten un estado paralelo y desafíen al estado como en Brasil o Jamaica.

Todos esas crisis y estallidos de violencia pasarán por delante de nuestros ojos no ya por la TV. El Efecto CNN es historia. Estamos en la era de Internet, en la que cualquiera puede subir un vídeo a Youtube y prender la mecha para que se difunda en blogs, foros y servicios como Twitter, Menéame o Facebook. Y por cualquiera se entiende desde un activista en contra de la presencia de las tropas de su país en un país extranjero al miembro de una organización insurgente.

Indistintamente que consideremos a Marruecos la principal amenaza sobre Ceuta, Melilla y Canarias o esperemos que en el futuro se sigan produciendo guerras posmodernas las crisis que requieran de las fuerzas armadas españolas no ocurrirán sobre suelo penisular. Será necesario el envío de una unidad expedicionaria.

La información fluirá libre y abundantemente sobre acontecimientos ocurridos en lugares lejanos. La presión de la opinión pública será fácilmente perceptible y la respuesta tendrá que ser rápida.

Las posibilidades son múltiples: Evacuación de civiles, misiones de pacificación (peacemaking), mantenimiento de paz (peacekeeping), misiones humanitarias… Hará falta una unidad militar que sea capaz de entrar en un país en guerra para enfrentarse a fuerzas convencionales y también que sea igualmente capaz a la finalización de las hostilidades de mantener el orden público y dotar de los servicios básicos a campamentos para refugiados.

Puestos a buscar una unidad que responda a estos requerimientos dentro de las Fuerzas Armadas españolas sólo encontramos una: El Tercio de Armada. Es la única que suma los requisitos de disponibilidad, modularidad y autonomía para formar una Fuerza de Infantería de Marina Expedicionaria que salga con rapidez hacia donde se le ordene con una combinación de medios adaptados para la misión y contando con el respaldo logístico del grupo aeronaval de la Armada que lo transporta hasta su destino.

El Ejército de Tierra, más grande y con más medios, está organizado de tal manera que cuando quiere crear una fuerza para una misión en el exterior tiene que recurrir a elementos de unidades que están en distintas esquinas de España, los tiene que reunir durante un tiempo en un lugar para pasar el necesario período de adaptación a trabajar juntos y sólo entonces los envía. Un sistema que funciona cuando se trata de dar el relevo a un contigente que está ya establecido sobre el terreno pero no para atender una crisis urgente.

Las FIMEX que sean enviadas a las crisis futuras habrán de convivir en el terreno con una multiplicidad de actores: Autoridades locales, organismos multinacionales, agencias de cooperación estatales, organizaciones no gubernamentales, empresas militares privadas, entidades religiosas, medios de comunicación, etc.

El mando de las futuras FIMEXs tendrán que navegar por una red de relaciones políticas complejas. Tendrá que considerar la percepción que de su trabajo tenga la opinión pública española y la población local, sabiendo que en su contra juegan desde los periodistas a la caza de un titular envenenado a los rumores disparatados que circulan de boca en boca en países con escasa tradición de prensa libre.

Estas tareas tienen una definición clara: Cooperación Cívico-Militar (CIMIC), Operaciones Psicológicas (PSYOP), Operaciones de Información (InfoOp), Asuntos Públicos llevados en una Oficina especializada (PAO)… Los elementos de la ensalada de siglas resultante tiene un denominador común: No implican disparar una sola bala. Son lo que se denominan Operaciones No Cinéticas. No desplazarán a las capacidades tradicionales. El TEAR seguirá necesitando de sus carros de combate, sus misiles y sus fusileros. Prepararse para las Operaciones No Cinéticas no requiere comprar ningún sistemas de armas adicional. Su elemento clave es la capacitación del personal. Y serán cada vez más importantes.

La Infantería de Marina española está o ha estado, como mencioné al principio, en Bosnia, Líbano, Iraq, Afganistán, Chad y Haití. Lugares como las arenas de Chad, las carreteras nevadas de Bosnia y las montañas de Afganistán están bien lejos del mar. Hace poco el Teniente General George J. Flynn de la infantería de marina estadounidense decía:

“In eight years of a land war, where the Corps has been acting as if we are a second land army, we need to get back to our amphibious, expeditionary roots.”

Precisamente hace poco tuvo lugar el ejercicio Dawn Blitz en la costa de California. Ha sido el primer ejercicio anfibio desde el 11-S de la infantería de marina estadounidense, los marines. Allí, como aquí, se viven tiempos de recortes presupuestarios. Y cada rama de las fuerzas armadas se ve obligada mientras da vueltas el hacha sobre su cabeza a justificar la existencia de unidades, la continuidad de programas y la necesidad de proyectos. Es una tarea intelectual a la que los marines, el Cuerpo de Marines y sus partidarios se han lanzado. Me gustaría pensar que en España “Guerras Posmodernas” podría aportar ideas a ese debate.

Brecha generacional

Alguien me decía que escribiendo cosas como la del otro día sobre la piratería en Somalia me cerraba yo solo las puertas a la prensa de izquierdas. Con mi instinto kamikaze estos días me entraban ganas de repartir hacia el otro lado viendo las tonterías escritas por cierto militar retirado a cuenta del mismo asunto. Me goteaba el colmillo pero razones tengo, y me las reservo, para no destripar los artículos de militares a pesar de estar retirados. Quién sabe si algún día de estos toco a degüello que bien sabe Dios la de veces que me he tenido que morder la lengua.

Decían en mayo de 1968 “no confíes en nadie mayor de 30 años”. Yo diría “no te fíes de nada escrito por alguien de coronel para arriba”. En alguna parte tengo guardado con notas a mano un artículo publicado por el GEES de cierto coronel retirado que hablaba de la necesaria transformación del Ejército de Tierra español y en seis u ocho páginas mencionaba el 11-M cuatro veces. ¿Qué tendrán que ver las fuerzas armadas con la amenaza terrorista en las grandes ciudades españolas?

Conservo también otro artículo firmado por un general retirado cuyo último destino había sido una de las brigadas “cañeras” del Ejército de Tierra. Hablaba de Marruecos y armaba un lío entre las reclamaciones territoriales del Estado con la amenaza terrorista islamista que es de carácter regional y subestatal. Es decir, para él Marruecos y Al Qaeda en el Maghreb Islámico formaban un súper enemigo único que amenaza a España. La releche si no fuera porque ambas entidades son enemigas. Por no olvidar su mención al “rearme marroquí” tomando aquellos datos inventados por el diario “La Razón”. El general, por cierto, ha escrito un libro sobre la transformación de la guerra reseñado con alabanzas por el GEES. Todo queda en casa, ya ven.

Fuera del Ejército de Tierra también ejemplos dignos de mencionar. Como aquel coronel de Infantería de Marina que firmaba un artículo sobre cierta teoría de la transformación de la guerra en el que en las notas a pie de página mencionaba a los teóricos de la “netwar”, Arquilla y Ronfeldt, escribiendo mal el nombre del segundo. Una errata, diría alguno, si no fuera porque para hacer mención del concepto no se citaba su obra principal que está disponible gratis en Internet y en papel traducida al español. Mencionaba un artículo menor encontrado, supongo, en una búsqueda rápida en Google. Cosas que pasan cuando te pones a escribir de oídas. Que es como hablar de Internet y escribir “Gogle” o “Fasebook”. Y el artículo, ah por cierto, era malo. El asunto todavía está por tratarse a fondo.

Quizás sea cuestión que los militares retirados que salen en los medios sean aquellos con una predisposición innata para alcanzar notoriedad. Y los más inteligente y sensatos se guardan mucho de expresar ideas u opiniones en público. Pero percibo un corte radical en nuestras fuerzas armadas. Lo más interesante lo he leído siempre de la pluma de capitanes y comandantes. Militares que por edad les ha tocado pasar por los Balcanes, verdadera escuela de nuestras Fuerzas Armadas, y otras misiones internacionales. Posiblemente lo será también Afganistán. Esperemos la hora de esa “Generación Afgana”.

Ya no quedan justos en Sodoma

¿Se acuerdan de aquella vez que mostré un vídeo de Youtube que habían grabado los miembros del Grupo 43 del Ejército del Aire español? Sí, aquella en que contaba qué bueno era encontrar un vídeo divertido que daba una imagen diferente de las Fuerzas Armadas. Y mencionaba de paso un blog colectivo escrito por varios pilotes de combate. ¿Se acuerdan? ¿No? Da igual. Porque el vídeo tuvo que ser retirado por órdenes llegadas de arriba. Y el blog ha desaparecido sin que sus autores dieran explicación alguna. Se pueden imaginar cómo y por qué. Justo lo que me metía en uno de los comentarios que hice en aquella entrada de este blog.

Mientras lamento la desaparición de ambas iniciativas, hechas de forma amateur por gente tan bien intencionada como amante de su profesión, se me ocurrió hoy leer algo hecho por verdaderos profesionales de la comunicación. Gente que estudió carreras y posgrados sobre la materia. Que hizo prácticas, intercambios y trabajó hasta llegar a tomar responsabilidades de tan alto nivel como la comunicación pública del Ministerio de Defensa. Y leo:

HERIDO LEVE UN SARGENTO ESPAÑOL EN AFGANISTÁN POR EL REBOTE DE UN PROYECTIL

Sólo queda “el cachondeo”. O llorar.

A�n quedan justos en Sodoma

Hace tiempo tuve la oportunidad de hablar con alguien del Ministerio de Defensa sobre el asunto de la publicidad con la que se promociona la figura del soldado profesional. La persona en cuestión, un militar, se expresaba en los mismos términos que he leído estos días en cierto libro escrito por otro militar, y del que pronto tendré que hablar. Ambos consideraban que al contrario que en el resto del mundo no procede apelar a la sed de aventura, resaltar el lado sacrificado de la profesión e incidir en la propia naturaleza marcial del asunto. En España es preciso, en cambio, resaltar el buen rollito de las misiones humanitarias y de paz, ocultar en los carteles y anuncios televisivos cualquier clase de arma y obviar la dureza de la vida del soldado. “Si alguien se siente engañado porque al llegar al cuartel nada se parece a lo anuciado en la tele es que es tonto. Es como comprarse el coche y preguntar dónde está la chica del anuncio” me dijeron.

No tengo ni idea quién se encarga de estas cosas en el Ministerio pero gobierno tras gobierno quien quiera que sean los responsables demuestran no tener ni idea de cuál es su target publicitario. Si es que saben lo que es un target publicitario. Alguien tendría que explicarles que los anuncios promocionando el trabajo de soldado militar no deberían estar hechos partiendo de la premisa de no enojar a toda costa los perroflautas y que la vida del militar es dura pero a la vez llena de alicientes no materiales que en el resto del mundo precisamente tratan de resaltar. Ahí están los Royal Marines británicos que se anuncian dejando claro de entrada “99.99% need not apply” o enumerando las penalidades que esperan al soldado.

Y podríamos seguir contando los exabruptos que se le escapan a los que nos movemos en torno a este mundillo cuando leemos comunicados de prensa oficiales que camuflan la realidad o los metidos en la materia nos cuentan las presiones “desde arriba” para quítame esa coma en el dossier de prensa de turno. Rece, el que crea en algo, para que los talibán no nos pongan los pies en la tierra un día de estos sobre la diferencia de una misión de paz y una guerra.

Y mientras tanto, encuentra uno motivos para la esperanza gracias a la oportunidad que ofrece Internet de saltarse jerarquías y democratizar la publicación de contenido. Un grupo de chiflados escriben por acá un blog profesional sobre aviación militar y otro grupo de chiflados, en la estela de algunos antecedentes estadounidenses o británicos, montan este vídeo:

Cualquiera diría que unos y otros disfrutan de su trabajo. Y la esperanza es que mientras tengamos Internet, tendremos fotos, vídeos y blogs que nos presenten otra cara de las fuerzas armadas sin esperar ni importar lo que venga de arriba.

¿Un ejército en crisis?

Si tuviéramos que hablar de los problemas de las fuerzas armadas españolas empezaríamos por dos cuestiones cruciales: La insuficencia de los presupuestos y la falta de tropa (soldados y marineros).

España es uno de los países desarrollados que menos gasta en defensa. Dentro de la OTAN es el país que tras Luxemburgo menor porcentaje de su P.I.B. dedica a defensa. El salto de un ejército de soldados de reemplazo a uno profesional se hizo durante la primera legislatura en la que gobernó el Partido Popular con apoyo de CiU. Fue en aquellos tiempos en que los cachorros del PP pasaron de corear “Pujol, enano Habla castellano” al “Pujol, guaperas. Habla como quieras”.

En los llamados “Pactos del Majestic” quedó enterrado el sistema de conscripción y se abrieron las puertas a un ejército profesional. En un país donde el servicio militar obligatorio había llegado a ser tan impopular cabe imaginar que se podía haber abierto el debate partiendo de la idea evidente que un ejército profesional tenía un mayor coste económico. Al fin y al cabo, de aquellas decenas de miles de soldados de reemplazo que cobraban poco más de mil pesetas al mes se iba a pasar a unas fuerzas armadas cuya tropa debían cobrar un sueldo digno. Se decía además que aquellas fuerzas armadas profesionales siendo más pequeñas serían capaces de lo mismo o más al modernizarse sus medios.

Pero no hubo debate. No hubo aumento de los presupuestos de defensa. Eran los tiempos de apretarse el cintura para ajustarse a los Criterios de Convergencia europeos. Y lo que es peor: El sistema de profesionalización de las fuerzas armadas adoptado por el gobierno del PP concebía a los soldados profesionales como trabajadores temporales. En un país donde la aspiración del currito medio es un contrato permanente que le permita hipotecarse y pagar las letras del coche, las fuerzas armadas ofrecían contratos de tres años renovables a un máximo de seis.

Que no se cubrieran las plazas de tropa y marinería llevó a la disolución de unidades, al amarre de fragatas, a la incorporación de extranjeros y a la bajada del listón en los requisitos físicos e intelectuales aplicados a la tropa. El necesario cambio de la legislación sobre tropa y marinería lo llevó a cabo el gobierno socialista en la anterior legislatura. Pero estaríamos equivocados si creyéramos que todos los problemas de las fuerzas armadas españolas se acabarían mañana derramando sobre ellas millones de euros y alistando las decenas de miles de soldados y marineros que faltan. Porque cabe preguntarse primero qué criterios habría que seguir en el gasto de ese hipotético dinero caído del cielo y en la distribución de los soldados. Y lanzada la pregunta el siguiente paso es preguntarse sobre lo acertado de los criterios que se siguen al respecto actualmente.

Es un debate que he mantenido ya en su momento y resulta que somos unos cuantos los que observando nuestras fuerza armadas desde fuera apreciamos una notable diferencia entre las fuerzas de tierra, mar y aire. Pareciera que con los magros presupuestos actuales y el déficit de tropa la Armada y el Ejército del Aire han sabido dotarse de los medios necesarios y adaptar tanto los esquemas organizativos como las doctrinas operativas.

Mientras, el Ejército de Tierra vive en una permanente crisis existencial desde el fin de la Guerra Fría. Ya hemos perdido la cuenta de los planes de reestructuración (META, NORTE, RETO…) y del batiburrillo de entidades (Fuerza de Maniobra, Fuerza Terrestre, Fuerza de Acción Rápida) que han ido generando. Cada plan de modernización ha sido siempre un plan de reducción y tras el plan NORTE (Nueva Organización del Ejército de Tierra) corrió el chiste que el siguiente en aplicar sólo podría ser ya el plan SUR (Supresión de las Unidades Restantes).

En cuanto a los materiales el Ejército de Tierra sufre un retraso histórico. Entrado el siglo XXI está incorporando los elementos fundamentales de la guerra mecanizada aeroterrestre adoptada por los países de la OTAN en los años 80: El carro de combate pesadamente blindado y ágil, el vehículo de combate de infantería y el helicóptero de ataque cazacarros. Los tres programas (carro Leopard 2E, el VCI Pizarro y el helicóptero Tigre) no sólo llegan tarde, sino que han sufrido enormes retrasos y problemas.

Para colmo el Ejército de Tierra ha vivido la paradoja de que sus principales programas tecnológicos hayan sido irrelevantes, desde el punto de vista práctico, en el quehacer diario de las misiones internacionales donde nuestros soldados se la están jugando. En Bosnia, Kosovo, Líbano, Iraq y Afganistán las patrullas diarias se han hecho y se hacen en los ya superados BMR. Aún peor: Los programas de adquisición de vehículos especialmente protegidos a pruebas de minas que fueron lanzados con carácter de urgencia también han tenido problemas y retrasos.

El asunto da para un amplio debate en el que no voy a entrar aquí. Aunque sin duda es un debate necesario. Por eso es destacable que el Grupo de Estudios Estratégicos publicara el 8 de julio de este año uno de los primeros intentos de plantear la cuestión en público. El artículo “Rompiendo moldes. ¿Qué Ejército necesita España?” es obra de Antonio J. Candil Muñoz, coronel del Ejército de Tierra en la reserva. Lo cual le confiere más valor a las opniones de su autor.

El coronel Candil Muñoz no se anda con rodeos:

Si el Ejército fuese auditado hoy, como se hace en la mayoría de las empresas serias de España, las conclusiones serían tremendas y la mayor parte de la estructura de dirección sería reemplazada. (pág. 2, 1ª columna)

Si decíamos que el Ejército de Tierra no pasaba la comparación con las otras dos ramas de las fuerzas armadas españolas en la manera de superar el reto de la modernización es porque hay problemas de fondo. El coronel Candil Muñoz apunta también:

Posiblemente la raíz de los principales males que aquejan al Ejército español esté, después de todo, en el propio Ejército. (pág. 2, 2ª columna 2)

A pesar de que el GEES sea un think tank en la órbita del Partido Popular en el anális no se pasa por alto las responsabilidades del gobierno de Aznar:

[L]a profesionalización, llevada a cabo muy demagógicamente por el Sr. Eduardo Serra y el gobierno anterior del PP. (pág. 8, 2ª columna)

El análisis tiene su enjundia y merece ser la pena leído. Pero resulta que va al meollo del asunto a partir de la mitad de la segunda columna de la página 8 (tomo como referencia la versión en PDF). Todo lo anterior es una puesta de antecedentes donde el señor Candil Muñoz, coronel en la reserva, nos cuenta que el mundo y los conflictos armados han cambiado. Que es precisamente el asunto principal de este blog. Y esa parte del artículo me parece más que discutible. Pero de eso hablamos otro día.