El virus populista

Prepárense. En los próximos meses vamos a escuchar mucho en el debate político la expresión “al servicio del Pueblo” acompañada de “lo verdaderamente democrático”. Primero le tocó a los medios de comunicación. Veremos por dónde sigue. Yo reparé en junio en un artículo de Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla titulado “¿Para qué sirve el ejército español?”.

La respuesta es fácil para quien no haya permanecido en suspensión criogénica los últimos 25 años. La primera función de las fuerzas armadas españolas es proporcionar una capacidad disuasiva frente a terceros. Por capacidad disuasiva entendemos que las probabilidades de éxito en un conflicto armado sean tan bajas o la victoria sea tan costosa que el potencial agresor descarte el uso de la fuerza en sus relaciones con España.

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AMX-30 de la compañía legionaria “Bakali” en el Sáhara Occidental

Los documentos oficiales no lo dicen. Pero todos sabemos que el enemigo genérico Tipo B que se define en la OR7-027 introducida en 2007 es Marruecos, país que reclama la soberanía de Ceuta y Melilla. Basta recordar que los tanteos de las fuerzas armadas reales marroquíes en el Sáhara Occidental se saldaron en fracasos como el de Mahbes, lo que llevó a organizar la Marcha Verde. Como ya conté aquí una vez, Marruecos tiene una larga historia de usos de estrategias asimétricas y no convencionales para enfrentarse a España desde su inferioridad militar. Curiosamente, siempre le fue mejor con esas otras estrategias que con el uso de la fuerza, como en Mahbes o en Perejil.

La segunda función de las fuerzas armadas españolas es ser una herramienta de la política exterior del país. Por ejemplo, contribuyendo a la estabilidad de regiones que España considere estratégicas. En el momento actual, la mayoría de las misiones internacionales españoles se desarrollan en África. Como ya apunté en el lejano mes de marzo de 2005, en un mundo globalizado África Occidental es una región cuyos problemas tienen la capacidad de afectar a España. De ahí que las fuerza armadas españolas participe junto con países aliados en la reconstrucción del ejército de Mali y en la preparación de las armadas de la región en misiones de seguridad marítima.

Btz3027CIAAuW1JEl dilema surge porque los medios, capacidades y doctrina para ambos tipos de misiones son diametralmente diferentes. Y en los últimos años, al tratarse de las misiones del día a día y por los enormes recortes presupuestarios, se ha ido dando prioridad a tener unas fuerzas armadas preparadas para misiones de estabilización mientras se descuidaban las capacidades convencionales. Mientras, los dos países del Magreb más cercanos a España vivían su particular carrera armamentística que avanzaba en el cierre de la brecha tecnológica entre España y ellos. Pero eso es un asunto para tratar otro día.

¿Qué nos cuenta Juan Torres López? Nos recuerda la Constitución y su 8.1, que dice eso de que las Fuerzas Armadas “tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Según él “eso no se cumple” porque “España no es una nación soberana”, debido a que “las decisiones que se toman sobre las vidas y el patrimonio de sus ciudadanos se toman lejos de aquí y los españoles no podemos decidir acerca de lo que creemos que nos conviene o no”. Empezamos bien. Si hablamos de las decisiones que la Unión Europea toma en Bruselas, la canciller Angela Merkel en Berlín o la acción colectiva de millones de agentes en los mercados, no entiendo qué pintan ahí los carros de combate y las fragatas. Bueno, al menos Juan Torres López reconoce que en esos temas, “las Fuerzas Armadas no pueden hacer nada para que no sea así”. Me quedo más tranquilo. Por un momento pensé que iba a recomendar enviar tropas a Bruselas o Wall Street.

Seguimos. España “no tiene autonomía para decidir sobre su futuro y porque los gobiernos elegidos por la voluntad popular están condenados de antemano a seguir los dictados de otras potencias extranjeras o incluso de grupos de presión nacionales que actúan por detrás de las instituciones para salvaguardar sus intereses”. Aquí vuelve a la carga. Sí, tenemos Washington, Berlín y Bruselas dando órdenes al gobierno de España. Pero si de lo que hablamos es de la acción de las fuerzas armadas españolas puedan tener claro que ningún soldado español participará en una guerra por algún país perdido por órdenes de Estados Unidos, la OTAN o la Unión Europea.

A la hora de aportar tropas en misiones internacionales cada país es muy libre de escurrir el bulto. En eso España es campeona olímpica. Ahí está el ejemplo del apoyo político del gobierno de José María Aznar a la invasión estadounidense de Iraq en 2003. Se vio acompañada de la espectacular cifra de CERO tropas aportada por España. Casimiro García Abadillo, el actual director del diario madrileño El Mundo, dijo en 2004 en su libro 11-M La venganza que España que España había perdido entonces los complejos heredados con el desastre de 1898 y que por fin recuperaba su visión imperial del mundo. Resulta que España fue el país de Europa con un mayor rechazo a la invasión de Iraq. Las encuestas reflejaban que la suma del “algo” y “bastante” en contra superaban el 90%. El gobierno español no se atrevió a hacer tangible su apoyo político a la invasión ni siquiera con una aportación militar simbólica, como fue el caso de Polonia y los 80 miembros de la unidad de operaciones especiales “GROM”.

Soldados polacos de la unidad de operaciones especiales "GROM" en el puerto de Um Qasr durante la invasión de Iraq (2003)

Soldados polacos de la unidad de operaciones especiales “GROM” en el puerto de Um Qasr durante la invasión de Iraq (2003)

Tanto en los Balcanes (1996 y 1999) como en Libia (2011), España mandó un puñado de F-18, mientras otros países más pequeños aportaron militarmente mucho más. En Afganistán, España se encargó de una provincia relativamente tranquila y se tomó la decisión política de no enfrentarse a los talibán, al contrario de países como Australia o Canadá. Recuerden a aquel militar español diciendo en televisión que los talibán no eran el enemigo. En definitiva. España ha sufrido y sufrirá imposiciones externas, como la ley Sinde-Biden o la reforma exprés de la Constitución. Pero en materia de defensa, las fuerzas armadas han hecho siempre lo que el gobierno de turno ha querido con el oído atento a la opinión pública. Así se explica que se enviara a la Armada a Indonesia tras el tsunami de 2004.

Entonces nos vamos llegando al meollo del asunto. Dice el profesor Torres López que la integridad territorial de España está en peligro por “las reclamaciones independentistas, [...], las desigualdades, por la desindustrialización, por la desertización de nuestra agricultura y por la destrucción del medio ambiente”. Y no sólo eso, el ordenamiento constitucional “ha sido pisoteado [...] impidiendo que los españoles disfruten los derechos allí establecidos o sometiendo su desarrollo o salvaguarda a los dictados de uno u otro partido político”. En el primer caso se trata de usar el concepto “integridad territorial” en un sentido muy amplio que incluye fenómenos naturales. En el segundo caso hablamos ya de cuestiones políticas y sociales. ¿Cumple alguna función en todo ello las fuerzas armadas? Trabajo, educación, sanidad, vivienda, reforestación, contaminación, etc. ¿Son asuntos en los que tendrían que intervenir las fuerzas armadas? Si se piensa así, vamos hacia un modelo en el que las fuerzas armadas se emplean como mano de obra barata para construir viviendas, trazar carreteras, recoger basura y reforestar los montes. Algo que pudiera tener sentido en países en desarrollo y con ejércitos de leva. Pero poner a un militar, en el que el Estado se ha gastado dinero en formar como paracaidista u operador de un sistema de misil es un desperdicio.

Efectivos de la Unidad Militar de Emergencia apagando un incendio en Zuera Foto: mde.es

Efectivos de la Unidad Militar de Emergencia apagando un incendio en Zuera Foto: mde.es

El profesor Torres López termina esta parte de su exposición con que el país sufre agresiones “económicas y financieras ante las que poco o nada pueden hacer los ejércitos convencionales”. Es decir, vuelve a presentar toda una serie de enunciados sobre cómo se vulnera la soberanía esañola para concluir con que las fuerzas armadas no tienen nada que ver con el asunto del que habla.

Cuando por fin entra en materia dice que las fuerzas armadas españolas se han convertido en “una pieza más del entramado militar en el que se basa el poder imperial de Estados Unidos, es decir, en siervas de una potencia extranjera”. Aquí patina bastante. Porque en 2014 España tiene sus fuerzas desplegadas por África y el Gran Oriente Medio bajo bandera de la ONU y la Unión Europea en lugares como Mali, República Centroafricana, Líbano y las costas de Somalia. Afganistán e Iraq son dos lugares donde España desplegó fuerzas tras la invasión estadounidense. Son precisamente sitios donde España se comprometió poco y donde se marchó o está en trámite de hacerlo. Hablar de España como sierva del “imperialismo yanki” en asuntos militares en 2014 es hablar de oídas y con diez años de retraso. Es más, como ya comenté, en el momento en que España pudo hacer una contribución significativa no lo hizo por la presión de la opinión pública.

Torres López se refiere a las fuerzas armadas como “un simple negocio más del que se benefician precisamente las grandes empresas y los bancos que han acabado con la soberanía nacional y con nuestra independencia”.  El lío aumenta a cada párrafo. Se refiere a que las fuerzas armadas realizan grandes compras de armamento. Es cierto. Los carros de combate, aviones, misiles y radares se compran a grandes empresas. Es lógico porque no son productos que comercialicen PYMES. Pero es es igual que culpar al Ministerio de Fomento de sólo dar negocio con sus contratos públicos de autopistas, puertos y aeropuertos a grandes empresas. El problema tanto en Defensa como en Fomento no es que se hagan grandes contratos. El problema es qué se compra y a quién con qué criterio. Pero eso es entrar en asunto técnicos que Torres López desconoce por completo.

Y sigue. Dice que las fuerzas armadas españolas no sólo convierten a España en vasalla de Estados Unidos, sino que “han pasado a ser un apéndice de la gran industria militar mundial”.  De nuevo, habla de oídas. El verdadero problema de España es que quiso contribuir a la creación de una gran industria militar europea, autónoma de Estados Unidos, convirtiéndose en cliente de productos que han terminado por ser mucho más caros y con menos prestaciones que el papel. Hablamos del cazabombardero Eurofighter, del avión de transporte estratégico A-400M, del helicóptero de ataque Tigre y del helicóptero de transporte NH90.

El asunto tiene ramificaciones como la creación de una factoría de Eurocopter en Albacete, cuna del ministro José Bono, por la que España paga un sobreprecio en los helicópteros que compra. Paradójicamente la alternativa menos onerosa para los contribuyentes españoles hubiera sido acudir a la industria de defensa estadounidense. Si España hubiera comprado helicópteros AH-64 Apache, tal como pidieron los militares en su evaluación técnica, se habrían tenido en servicio mucho antes y con plenas capacidades. Habrían estado listos para intervenir en Afganistán y realizar misiones de apoyo a las tropas allí desplegadas.

Es más, la idea de que las fuerzas armadas españolas “han pasado a ser un apéndice de la gran industria militar mundial” da a entender que el Ministerio de Defensa se comporta como un niño rico que compra de todo por capricho. Cuando la cruda realidad es que desde el fin de la Guerra Fría primero y luego tras el fin del Servicio Militar Obligatorio se han hecho sucesivos planes de recorte donde a los militares se les prometió unas fuerzas armadas “más pequeñas pero más capaces”. Los recortes han afectado a tierra, mar y aire. Han sido especialmente duros tras el comienzo de la crisis. Y eso ha llevado a los sucesivos gobiernos a usar triquiñuelas como el financiar programas militares con créditos del Ministerio de Industria. Ese ese el origen de la dichosa deuda. España es el tercer país que menos gasta en defensa en relación a su PIB dentro de la OTAN, sólo superada por Luxemburgo y Lituania. Pero tras los sucesos de Ucrania, Lituania ha decidido gastar más.

Seguimos con la industria de defensa, que según el profesor Torres López se dedica a “a desarrollar o producir tecnologías para guerras que los propios industriales van promoviendo con el único fin de justificar y rentabilizar sus inversiones, o fabricando armas para vender al mejor postor, aunque eso se haga a dictaduras que aniquilan los derechos humanos de la manera más vergonzosa e inhumana”. Merece la pena detenerse en esto, aunque no trate de España. Es muy socorrido hablar de que la industria de defensa se beneficia de las muchas guerras que hay en el mundo. Pero si uno repasa cifras de negocio y destino de los contratos, encontrará que los contratos más jugosos los firman países como Australia, India, Singapur, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, etc. Se trata de la venta de aviones de combate, sistemas de radar, fragatas, etc. en contratos multimillonarios y que probablemente nunca se lleguen a usar. Mientras tanto, la gente mata y muere en conflictos olvidados en lugares como Sudán del Sur o República Democrática del Congo con balas fabricadas en China, Bielorrusia, Corea del Norte e Irán. Pero de ese tráfico de armas, nadie habla. (Véase este informe sobre las balas iraníes que han aparecido en África).

Regresamos al hilo principal del artículo, donde tras hacer este diagnóstico de que las fuerzas armadas españoles sirven al Imperio yanki y a la gran industria de defensa mundial, Torres López pide que ejerzan “una función positiva en defensa de las personas, de la democracia y de la paz”  y “la función que la mayoría de los españoles deseen y no la que le impongan los poderes económicos y financieros o cualquier potencia extranjera”. Sería muy interesante hacer una encuestra entre los militares españoles sobre la naturaleza de las misiones que están desempeñando. También sería interesante hacerlo entre la población no militar. Porque me parece que el profesor Torres López está pidiendo una solución a un problema que nadie ha visto.Y sobre todo lanza la piedra y esconde la mano sin entrar en detalles sobre qué cambios propone para las fuerzas armadas.

Los planes de adquisición del Ministerio de Defensa están plagados de problemas, entre ellos sobrecostes y criterios discutibles. Falta debate público sobre las fuerzas armadas en España, de la misma manera que se debate sobre sanidad y educación. Pero no tiene nada ello que ver con unas fuerzas armadas que no están al servicio de la Constitución y del pueblo español.

Lo que me llama la atención es el uso de la idea de que esto o lo otro tiene que estar “al servicio del pueblo”.  Es un cantinela que ya he escuchado antes. Como argumento es impecable. ¿Quién no quiere que las fuerzas armadas estén al servicio de todos los españoles? ¿Quién no quiere que las fuerzas armas estén al servicio de la Constitución? Pero quienes emplean estos argumentos siempre aspiran a algún tipo de injerencia en terrenos muy delicados para la democracia, como la justicia, los medios de comunicación y ahora las fuerzas armadas. Y ya sabemos dónde terminan.

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Nayaf, 4 de abril de 2004

Y AL FINAL LA GUERRA PORTADALuis Miguel Francisco y Lorenzo Silva han sacado una nueva edición de Y al final, la guerra, un libro que cuenta la experiencai de los soldado españoles en Iraq, donde estuvieron desplegados entre 2003 y 2004. Una de las novedades de esta edición es que se amplía la  información sobre los combates sucedidos el 4 de abril de 2004. Conozco tres intentos de contar lo que realmente pasó aquel día que no prosperaron por razones ajenas a sus autores. Hay muchas preguntas sin respuesta sobre lo que pasó aquel día, aunque es bien conocido que hubo militares españoles que tuvieron un papel heroico y otros todo lo contrario.

Blackwater

Soldados estadounidenses y contratistas de Blackwater el 4 de abril de 2004 en Nayaf

Los combates de aquel día fueron parte de una revuelta contra las fuerzas de ocupación lanzada por el líder chiita Muqtada Al Sadr y cuyas razones parecen siempre confundidas en todos los relatos españoles sobre los hechos de aquel día, incluída la versión expuesta por Francisco y Silva. Esta semana cuento en Sesión de Control sobre esta batalla olvidada, la circunstancias que llevaron a la revuelta chiita y el papel de los contratitas de Blackwater aquel día.

 

La defensa de una España sin Cataluña

En el año 2006 comenté en este blog el revuelo causado por un documento apócrifo donde se estudiaba cómo serían las fuerzas armadas de una hipotética Cataluña independiente. En un contexto muy diferente, el asunto fue tratado por el Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya el pasado año en su documento “La Futura Força de Defensa de Catalunya”. El debate esta vez es real. Y, como a Escocia, el problema que se le plantea a una hipotética Cataluña independiente es el de las economías de escala. Sistemas de armas avanzados, como aviones de combate y fragatas, serían prohibitivos para una Cataluña independiente. Así que, como en el caso de Escocia, se debate la opción de una defensa mancomunada. Tenemos el precedente de las tres repúblicas bálticas, que comparten academia militar (Baltic Defense College) y red de vigilancia del espacio aéreo (BALTNET).

Ahora imaginemos un caso extremo. Supongamos que Cataluña y País Vasco se convirtieran en países independientes sin un acuerdo para compartir una defensa común. Para Cataluña y el País Vasco su defensa nacional no supondría ningún problema a pesar de que no pudieran adquirir y mantener sistemas de armas avanzados. Ubicadas entre Francia y España, su situación no sería muy distinta a la de Uruguay. Para la defensa nacional de España sería catastrófico. Según recoge la Wikipedia, la suma de Cataluña y País Vasco suponía en 2011 el 24,9% del Producto Interior Bruto español. Manteniendo un gasto equivalente, España no podría seguir pagando el mantenimiento de uno de cada cuatro aviones de combate, fragatas y vehículos blindados mientras sus obligaciones en el Estrecho de Gibraltar, Ceuta, Melilla y Canarias seguirían siendo las mismas.

Una Wikipedia militar

Las primeras reflexiones que llevaron a mi libro Guerras Posmodernas partieron del shock post-11S y post-11M. Eran aquellos tiempos en los que apareció un montón de bibliografía sobre la nueva ola de terrorismo yihadista y todo el mundo vertía su opinión en columnas de prensa. Se hablaba de una nueva amenaza difusa, transnacional y en red. Bruce Hoffman habló de “The Leadership Secrets of Osama bin Laden. The terrorist as CEO”, equiparando a Bin Laden con el director de un fondo de capital riesgo. En el último capítulo de mi libro planteaba, ¿cómo enfrentarse a una organización propia de la sociedad de la información y la globalización con burocracias surgidas de la era industrial? La respuesta la había adelantado Juan Freire en su blog en 2006: «Cómo usa la CIA los blogs y los wikis para la gestión del conocimiento: ¿espionaje open source?».

Siete años después, el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra español anuncia la MilipediA, una enciclopedia colaborativa de uso interno del Ejército de Tierra:

Es una herramienta creada por y para los militares, donde cada uno puede, a modo individual, poner sus conocimientos fruto de sus estudios, cursos y experiencias a disposición del resto de los militares.

De momento, es una recurso interno del Ejército de Tierra sólo accesible vía la Intranet del Ministerio de Defensa. Pero vía la página web del Ejército de Tierra podemos disponer el “artículo de la semana” en formato PDF. Por ejemplo, están disponibles las entradas «Grupo de Caballería de Reconocimiento “Reyes Católicos” II» y «Operación Negro. Intento de rescate de un rehén en Somalia». Esta última es francamente interesante porque recoge información de una charla impartida por un oficial francés sobre el fracasado intento de rescate de un rehén francés en Somalia que aquí traté con detalle.

La más principal hazaña

Con el escándalo PRISM dando sus coletazos, me ha venido una pregunta a la mente: ¿No se extrañan los conspiranoicos de que nunca aparezca alguien como Edward Snowden revelando información que incrimine a la CIA, el Mossad o el Club Bilderberg en los atentados terroristas del 11-S? ¿No les extraña que en una supuesta conspiración que debió implicar a cientos de personas nadie tenga problemas de conciencia? La explicación más sencilla, obviamente, es que tal conspiración para perpetrar un autoatentado nunca existió. Pero un truthter español me dio otra: “Son militares. Están entrenados para matar sin cuestionar las órdenes”. Me revolví en la silla ante una visión del mundo militar tan caricaturesca. La conversación terminó en una discusión. Hace muy poco tuve otra conversación en la que alguien me trazó un perfil de los militares: Personas llenas de problemas mentales que necesitaban un fusil para sentirse alguien (o algo así). Y otra vez me quedé patidifuso.

¿Cómo explicar la idiosincracia de una profesión que se parece a pocas para el que no la haya conocido por dentro? No hace falta evocar a Calderón de la Barca. Al fin y al cabo tenemos a un colectivo humano con sus debilidades y problemas. Pero hay algo, que cualquiera familiarizado con los testimonios de quienes han vivido la prueba última conoce, y es que no se lucha por ideales abstractos sino por los compañeros con los que se establecen vínculos difícilmente encontrables en otros ámbitos de la vida. Y la historia está llena de ejemplos de sacrificio, entrega y generosidad.

Uno de esos pundits de los medios de comunicación conservadores estadounidenses que sirven de modelo a la derecha mediática ultramontana española afirmaba que en las fuerzas armadas de su país se habían vuelto unos nenazas porque desde 2001 la casi totalidad de Medallas del Honor otorgadas lo habían sido a soldados que habían arriesgado la vida para salvar a compañeros. Nada de sargentos York o John Basilones llevándose por delante y capturando a un montón de enemigos.

Se han concedido once Medallas del Honor, la máxima condecoración militar estadounidense, a combatientes en Afganistán e Iraq, siete con caracter póstumo. Ross A. McGinnis, Jason Dunham y Michael A. Monsoor murieron al lanzarse sobre granadas para amortigar la explosión con su cuerpo y salvar la vida a sus compañeros. Leroy Petry obtuvo la suya por recoger una granada lanzada a su posición y arrojarla lejos, teniendo que sufrir la amputación de la mano. Salvatore A. Giunta, Dakota Meyer, Jared C. Monti y Clinton Romesha recibieron la suya por arriesgar la vida bajo un fuego enemigo intenso para rescatar heridos e incluso los cuerpos de fallecidos, haciendo honor a esa deber que en España recoge el Espíritu del Compañerismo del Credo Legionario.

Un problema intelectual

Antes de que hicieran el último cambio en la web del CESEDEN, en la página donde era posible descargarse el “Boletín de Información” (nombre tonto para lo que tiene que ser la revista académica señera del Ministerio de Defensa español) aparecían los títulos de los artículos de cada número. En su momento los copié, los volqué en el procesador de texto y eliminé artículos, preposiciones, conjunciones, etc. Luego lo volqué en una página web que forma nubes de palabras. El resultado lo comente aquí. Hice una segunda versión donde convertí expresiones como Estados Unidos o EE.UU. en USA. El resultado fue que las palabras más frecuentes en el título eran:

UE, OTAN, USA, internacionales
evolución, factor, perspectiva, reflexiones
fuerzas, armadas, militar, militares, operaciones
política, seguridad, estrategia, defensa, nacional
conflictos, amenaza, lucha, guerra,
cooperación, paz
futuro, nuevas
terrorismo, Islam
Afganistán
nuclear

Podríamos programar entonces un generador de títulos aleatorios:

La evolución de la política de defensa de la OTAN.
El futuro de las operaciones militares de paz de la UE.
La cooperación en UE en la lucha contra el terrorismo.
Una perspectiva sobre la estrategia de seguridad nacional de USA.
La evolución de la estrategia militar de USA en el conflicto de Afganistán.
Las fuerzas armadas ante la amenaza del terrorismo nuclear.

Suena a chiste. Pero tengo la sensación de haber visto en alguna parte todos esos artículos imaginarios cuyo título he creado combinando palabras. Porque la mayoría de los investigadores en España tienen una visión estatocéntrica del orden internacional y su principal campo de estudio son la estructuras burócraticas de defensa supranacionales. Hay mucha gente que ha construido su carrera académica en contar las novedades de organizaciones como la OTAN o la Unión Europea. Cada pocos meses siempre hay un nuevo documento, un nuevo organigrama o una nueva crisis ante la que la institución se posiciona.

Podríamos crear un algoritmo generador de títulos que una a la institución con un evento, una cumbre o un área geográfica para crear sesudos papers académicos.

“La OTAN tras la Cumbre de Chipiona”
“La Unión Europa y Rusia”
“La OTAN tras la Primavera Árabe
“La Unión Europa y el Magreb”
“La OTAN y Asia Central”

Redactar estos textos es fácil. Sólo hay que contar los cambios de una evento a otro. Nos leemos el acta final de la “Cumbre de Chipiona” y contamos cómo la OTAN asume la cibrguerra, la amenaza zombie y el pie de atleta como misiones de la política de defensa común de sus miembros. Para variar, podemos hablar de las relaciones entre OTAN y UE (“eje euroatlántico”) o algún elemento de ambas organizaciones. Por ejemplo, en vez de decir OTAN podemos hablar de su programa Partnership For Peace (PfP) y así nuestro artículo podría llamarse “El programa Partnership For Peace y Asia Central”.

Mis favoritos son sin duda los papers académicos sobre la Unión Europea. En Bruselas están siempre inventándose cuarteles generales, órganos de coordinación, documentos doctrinales y tratados de seguridad. Uno puedo labrarse una carrera académica hablando del último invento de los burócratas de Bruselas. Lo más divertido sucede en las conferencias y presentaciones en congresos. Alguien del público levanta la mano y hace la molesta pregunta de “eso está muy bien, ¿pero algo de eso que cuenta se ha puesto en práctica alguna vez?”. Y entonces el excelso conferenciante resopla, hace un pausa y cuenta que “el Joint Zombie Crisis Cell efectivamente nunca se ha activado, pero que reunirse, sí, se reunen todos los años en una reunión de coordinación donde se actualiza la doctrina conjunta, se redactan documentos y se planifica en qué ciudad será la próxima reunión. Bueno, en realidad no sabemos si existen los zombies. Pero que aún así, debemos estar orgullosos todos los españoles porque este año ha asumido el mando un general de división español que ostentará el cargo por dos años.

Nótese que en la lista de términos no aparecía China, Magreb, Asia-Pacífico, África, Sáhara, Sahel, Somalia, Iberoamérica, ciberguerra, crimen, redes, Internet… La única amenaza subestatal es el terrorismo. Islamista, por supuesto. Un talibán plantando un IED, un tuareg secuestrando gente en el Sahel y un guerrillero somalí afiliado a un grupo aliado de Al Qaeda podrían ser todos considerados terroristas pero aún así luchar contra ellos se hace en el ámbito militar. Pero no. No aparece más que Afganistán. Basta acudir a un sarao y escucharles hacer preguntas para saber que lo que preocupa a cierta clase de militares es la Cruzada Global contra el Islamofascismo y la pérdida de valores morales en el seno de Occidente. Y convierten el terrorismo en campo de interés académico e intelectual aunque estén destinados en un submarino o un escuadrón de cazabombarderos.

He repetido el experimento de los títulos de artículos con la revista “Ejército”, publicada por el Ejército de Tierra español, tomando todos los números desde octubre de 2007 a diciembre de 2011.

Salen palabras como “años” y “cuerpo” porque es habitual artículos como “100 años del Cuerpo de Intendencia”, “Sesenta años de cascos azules” o “Reflexiones sobre el espíritu de cuerpo”.

¿Se animan ustedes mismos a crear los títulos?

created at TagCrowd.com

¿Qué le preocupa al CESEDEN?

El Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) es “el centro docente militar del más alto nivel de las Fuerzas Armadas españolas”. Entre otras muchas otras cosas, se imparten en él los cursos de Diploma de Estado Mayor y de capacitación para General de Brigada. Publica un buen número de documentos: El Boletín de Información, que ejerce de revista académica, las Monografías y los Documentos de Seguridad y Defensa. Todos ellos están disponibles de forma gratuita en formato PDF su página web, aparte de ser publicados en papel.

He hecho un experimento. He tomado el título de todos los artículos publicados en el Boletín de Información del CESEDEN entre los números 283 (año 2004) y el número 317 (el último publicado), que son los que aparecen actualmente en la página web. He eliminado del texto resultante los determinantes, artículos, conjunciones y preposiciones (“el”, “la”, “de”, “para”, “por”, etc.). Luego he volcado el resultado en TagCrowd para componer una nube con los 25 términos más repetidos. El resultado es este.

Las diez palabras más repetidas son: Estrategia, seguridad, defensa, militar, fuerzas, armadas, OTAN, Unión, Europea y terrorismo. En el resultado no aparece ciberguerra, Mediterráneo, Asia, China, Rusia, África, Hispanoamérica, Iberoamérica… Sólo consiguen colarse Afganistán y “Unidos” (sin que aparezca “Estados”.

Pero no hay ninguna sorpresa. La seguridad y defensa pasa hoy para España por entidades supranacionales como la OTAN y la Unión Europea. Y también tenemos la principal amenaza percibida: El terrorismo (islamista). Buscando, se encuentran varios artículos sobre el papel de las fuerzas armadas en la lucha contra el terrorsimo. Habrá que recordar cuál fue su papel en la derrota de ETA: Ninguno.

La infantería de marina y las guerras posmodernas

El 4 de junio de 2010 elementos de la I Marine Expeditionary Force llevaron a cabo en la costa de California el ejercicio “Dawn Blitz”, las mayores maniobras anfibias del U.S. Marine Corps desde el 11-S. El objetivo era retomar las capacidades anfibias perdidas tras casi una década de combates en Afganistán e Iraq. Para muchos marines que participaron en aquellas maniobras, bastantes de ellos veteranos de ambas guerras, era la primera vez que pisaban un barco. Ese mismo mes de junio, el U.S. Marine Corps publicó la tercera versión del documento “Marine Corps Operating Concepts”, donde se hacía hincapié en la flexibilidad y adaptabilidad de la Infantería de Marina como fuerza expedicionaria anfibia preparada para luchar en guerras irregulares. El documento, de índole institucional, lleva un prólogo del teniente general George J. Flynn como segundo comandante de la oficina Combat Development and Integration que recientemente había declarado “Tras ocho años de guerra terrestre, donde el Cuerpo ha estado actuando como si fuera un segundo ejército de tierra, necesitamos volver a nuestras raíces expedicionarias anfibias”.

Ambos hechos no fueron casuales. Los gobiernos de los países occidentales viven tiempos de recortes presupuestarios y cada rama de las fuerzas armadas se ve obligada a justificar la existencia de unidades, la continuidad de programas y la necesidad de proyectos. Para el U.S. Marine Corps las alarmas habían saltado en el mes de mayo de 2010. El día 3 de ese mes, el Secretario de Defensa Robert M. Gates dio una conferencia durante unas jornadas de la Navy League. Refiriéndose al recurrente debate sobre la “brecha” entre las capacidades deseadas y las existentes, apuntó que la más importante que se corría el riesgo de crear era entre las capacidades que se aspiran a obtener y las que realmente serán necesarias en el futuro. Puso como ejemplo al Expeditionary Fighting Vehicle, uno de tantos casos de proyectos cuyo desarrollo se había retrasado notablemente y cuyo coste se había disparado. Mostró su duda sobre si sería “necesario o sensato lanzar otro gran desembarco anfibio de nuevo, especialmente según los avances en sistemas anti-buque van llevando el punto de lanzamiento potencial cada vez más lejos de la orilla”. Cuatro días más tarde, el secretario Gates dio una nueva conferencia, esta vez ante los alumnos del Command and General Staff College del U.S. Army. Algunos de ellos pudieron hacer preguntas a su término. Una de ellas fue sobre el futuro del U.S. Marine Corps y el secretario Gates contestó, reconociendo que no tenía las respuestas, que el papel de “segundo ejército de tierra” ejercido en Afganistán e Iraq llevaba a cuestionarse qué le diferencia entonces del U.S. Army y hacia dónde evolucionarían las misiones tras la experiencia de esas dos guerras.

El debate al otro lado del Atlántico fue recogido en España por la prensa. El 14 de agosto de 2010 el diario madrileño ABC titulaba “;El mítico Cuerpo de Marines puede tener los días contados”. Más de un año después tan funesto augurio no se ha cumplido pero sí es cierto que la Infantería de Marina estadounidense ha entrado en una era de debate interno, recortes y reformas. El debate allí es transladable, con sus matices, a España. La Infantería de Marina española ha participado en misiones internacionales que sin duda escapan al perfil de misiones características de una unidad expedicionaria anfibia, lejos del mar como en Bosnia Herzegovina, Chad, Líbano y Afganistán. También aquí, como toda rama de la Administración del Estado se enfrenta a presupuestarios menguantes en el actual contexto de crisis económica mientras han de tomarse decisiones sobre los medios realmente necesarios para las misiones a cumplir. Merece entonces recoger la pregunta que el secretario Gates se hacía el 3 de mayo de 2010 ante la Navy League: “En el siglo XXI, ¿qué clase de capacidades anfibias realmente necesitamos para encarar los escenarios más probables y en qué cantidad?”. Para ello hace falta primero entender cuál es la naturaleza de los conflictos armados de la Postguerra Fría.

[Así comienza mi último artículo que a la espera de respuesta de los beta-testers irá destinado al Boletín de Infantería de Marina]

El último que apague la luz (y II)

Ver 1ª parte: El último que apague la luz (I).

La necesidad de compensar a Estados Unidos por la retirada precipitada de Iraq asumiendo un mayor papel en Afganistán y de contentar a la masa social que en 2003 había salido a la calle bajo el lema de “No a la guerra” obligó al gobierno español a un extraño equilibrio. Se mandaron más tropas a Afganistán pero se asumió un perfil lo más bajo posible. En España y en Afganistán.

De cara a la opinión pública se vendió que en Afganistán no había guerra, los talibán no eran el enemigo y las tropas españolas estaban allí en misión humanitaria. Al embrollo contribuyó el ministro Moratinos con sus brillantes declaraciones de que la solución de Afganistán pasaba por más cooperantes internacionales y menos soldados, cuando los que había eran insuficientes para dar seguridad en el área de responsabilidad española.

Al negar la verdadera naturaleza de la guerra de Afganistán, para no provocar el rechazo del electorado y dar munición política a la oposición, ni la estrategia ni los recursos puestos a disposición de los soldados españoles fueron los idóneos. Muchas vidas fueron puestas en peligro y hubo muertos. Sólo la presión de un puñado de frikis en Internet, cuya campaña a favor de la compra de vehículos a pruebas de minas fue recogida por medios digitales, provocó la reacción de un gobierno que tiempo atrás decía por boca del ministro Alonso que los vehículos blindados BMR desplegados en Afganistán estaban “entre los mejores para este tipo de tareas”. La situación de la región de Afganistán bajo responsabilidad española empeoró y el mando militar estadounidense le quitó responsabilidades a las tropas españolas sobre un distrito para dárselas al contigente noruego, mucho más pequeño pero mucho más efectivo.

El delirante discurso de Afganistán y la “ayuda humanitaria” fue recogido por la ministra Chacón que lo llevó a un nivel superior. Cuando se presentaron en público los vehículos Iveco LMV “Lince”, la ministra apuntó que el compartimento de carga trasero serviría para “transportar ayuda humanitaria”.

Les queda poco y dejan tierra quemada con un ministerio que pide a gratis un sistema racional y transparente de compras. ¿Se atreverá el próximo gobierno a abrir la caja de los truenos?

Ankara City Tres S.L.

¿Quién se levanta por la mañana y decide ponerle de nombre a su empresa inmobiliaria “Ankara City Tres”?. ¿Un turco nostálgico de su país que se encontró que ya existía una “Ankara City S.L.” y tuvo que añadirle “Tres”? ¿Alguien que descubrió el amor en un ménage á trois en la anodina capital turca?

En 2009 se constituyó la sociedad limitada “Ankara City Tres” con un capital inicial de 3.010 euros y domicilio en la calle de Castelló número 18 de Madrid. En Internet no hay constancia alguna de actividad. No hay una página web. No hay una ninguna referencia en algún portal de negocios.

Un día la empresa se traslada al Paseo de la Castellana número 179 e informa de una ampliación del objeto de la sociedad. Ahora se dedica además a la “comercialización de todo tipo de productos”. El 8 de abril de 2011 la empresa registra la marca comercial “AK Shooter” de la clase Niza 25: “Prendas de vestir, calzado, artículos de sombrerería”. En Internet no aparecen referencias de ninguna tienda on-line, de las muchas que sirven a la comunidad airsoft y militar en España, que venda ropa de la marca “AK Shooter”. Sin embargo la empresa tiene tan buena suerte que el 17 de junio, dos meses después, la Armada Española le adjudica en un “procedimiento negociado sin publicidad” un contrato de 55.000 euros por “ropa de trabajo, ropa de trabajo especial y accesorios”.

Así funcionan las cosas.