Se ha hecho esperar dos semanas aquí en Tenerife, pero por fin tengo en mis manos un ejemplar del número de marzo de la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad. Aparece en ella mi artículo «Lecciones de la “Operación Serval”». Hablo por un lado de las carencias detectadas por las fuerzas armadas francesas en su intervención en la crisis de Mali. Y por otro lado planteo algunas lecciones políticas sobre el papel de la Unión Europea que debería dar a reflexionar sobre el papel que juega en las crisis internacionales..
No traté el aspecto meramente militar porque habría quedado desfasado e incompleto por los lapsos entre redacción y publicación. Ahora que está casi completada la limpieza del Adrar de los Iforas quizás sea momento de plantarme una segunda parte. Pero merece detenerse en las lecciones extraídas en esta guerra, que creo son de aplicación a las fuerzas armadas de muchos países europeos como España.
La fulminante intervención francesa mediante tropas desplegadas en Chad, Burkina Faso y Costa de Marfil detuvo la ofensiva yihadista el pasado mes de enero en Mali. A continuación vimos una contraofensiva francesa en la que dos columnas formada cada una por un Grupo Táctico Inter Armas (GTIA) avanzaron por carretera desde Niono hasta Timboctú y desde Sévaré hasta Gao (en azul en el mapa). Fuerzas paracaidistas tomaron el aeropuerto de Timboctú y fuerzas especiales tomaron el aeropuerto de Gao mediante un asalto helitransportado, anticipando la llegada de las columnas móviles.
En aquella segunda fase de la Operación Serval no hubo verdaderos combates. Las fuerzas francesas se limitaron a localizar los edificios ocupados por los yihadistas y sus vehículos, perfectos blancos estáticos, para atacarlos desde el aire con armamento inteligente. En esas condiciones, fijados al terreno y por tanto perfectamente localizables, las fuerzas irregulares yihadistas perdieron toda ventaja respecto a las fuerzas convencionales francesas. La respuesta des las fuerzas yihadistas fue no plantar batalla y realizar una “retirada estratégica” hasta la zona montañosa del Adrar de los Iforas, en pleno territorio tuareg. Oportunamente el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad se desentendió de su alianza con los yihadistas y tomó los núcleos urbanos a la espera de la ofensiva francesa.
La batalla por las montañas del noreste de Mali parecía que iba a tomar tiempo hasta que las fuerzas francesas aseguraran las ciudades del “bucle del Níger”, la curva que traza el río hacia el norte. No en vano, Gao ha sufrido dos asaltos de fuerzas yihadistas tras ser liberada. Pero el siguiente movimiento francés rompió la lógica de avances lineales para plantarse en Tessalit mediante una infiltración de fuerzas especiales que permitió la toma del aeropuerto y el desembarco allí de refuerzos, mientras una columna franco-chadiana llegaba por su parte a Kidal. La ruta de escape hacia la frontera argelina y el refugio en el macizo de Ahaggar quedó cortado.
Las fuerzas yihadistas esperaban una campaña larga que permitiera consolidar su bastión en el valle de Ametettaï, a 50 kilómetros de Tessalit. Pero aquí nuevamente las fuerzas francesas demostraron su conocimiento de la guerra en el desierto. Los inmensos espacios de las zonas desérticas están recorridos por rutas invisibles que conectan los oasis y pozos de agua que actúan de nodos. La vigilancia continua de esos puntos permitió machacar con aviación y artillería las concentraciones de yihadistas. La imprevista ofensiva francesa obligó a los yihadistas a romper el silencio radio y salir a las ondas para pedir instrucciones y coordinarse, permitiendo su ubicación mediante medios SIGINT.
El bastión en el valle de Ametettaï fue atacado desde dos ejes de avance con medios motorizados. Uno por el sur, empleado por un GTIA francés creado entorno al 1er Regimiento de Infantería de Marina, y otro por el oeste, empleado por fuerzas chadianas. Inesperadamente los yihadistas se encontraron una tercera fuerza desde el norte que había atravesado las montañas de forma sigilosa caminando día y noche. Se trataba del GTIA compuesto por fuerzas del 2º Regimiento Extranjero Paracaidista y el 1er Regimiento de Cazadores Paracaidistas.
El considerable esfuerzo físico bajo mucho calor realizado por las tropas paracaidistas provocó una treintena de bajas por golpes de calor. Pero la Operación Pantera resultó un éxito y el bastión yihadista cayó. Las fuerzas francesas y chadianas se encontraron con huertos y enormes arsenales, lo que probaba la intención de los yihadistas de resistir por largo tiempo. Bajo los árboles y ocultas en grandes trincheras aparecieron gran cantidad de vehículos, varias piezas de artillería D-30 de 122mm., varios cañones anticarro D-44 de 85mm. y hasta un bulldozer. Además, entre el material capturado a los yihadistas aparecieron las primeras pruebas del trasiego de armas de los arsenales de Gadafi hacia Mali.
Según Jean-Dominique Merchet, el éxito francés hemos de atribuírselo al almirante Edouard Guillaud, comandante del Estado Mayor de las armas francesas desde el 25 de febrero de 2010. Merchet señala que como marino se ha encontrado con la difícil tarea de dirigir el repliegue francés de Afganistán o una guerra tan lejos del mar como la de Mali. Pero precisamente apunta a los símiles entre la guerra naval y la guerra en el desierto, que ya señalara T. E. Lawrence, que habrían servido al almirante Guillaud para plantear un plan de guerra no lineal, moviendo sus fuerzas por el Sahel como barcos en un océano en busca de la flota enemiga: “En el mar, es muy difícil de obtener el contacto con el enemigo, pero cuando tienes el contacto no lo sueltas”
Queda todavía mucho hasta ver el fin de la presente crisis en Mali. Queda encontrar una solución política a la cuestión tuareg además de reconstruir el ejército y la democracia malienses. Pero los franceses ya han escrito unas cuantas páginas notables de historia militar.
Hasta ahora lo que hemos asistido es a la liberación de territorios habitados por los grupos fulani, dogón y songhai, donde el poder de los islamistas radicales y tuaregs se percibía opresivo y ajeno. Al establecerse en las ciudades perdieron todas las ventajas de los grupos nómadas en el desierto, que tal como rememoraba T. E. Lawrence eran “una influencia, una idea, algo intangible, invulnerable, sin vanguardia o retaguardia, flotando como un gas”. Concentrados en las ciudades, los aviones y helicópteros franceses pudieron destruir sin problemas con armas inteligentes los edificios ocupados y los vehículos empleados por las fuerzas islamistas.
La Operación Serval ha sido la solución provisional a un crisis puntual: La toma del poder por parte de una coalición islamista del norte de Malí aprovechando la última revuelta tuareg (la 5ª en un siglo y la 3ª en 25 años). Una solución duradera para lo que es un problema dentro de otro, la cuestión de tuareg de fondo de la insurgencia islamista, sólo puede pasar por tratar el problema de fondo, la articulación del estado maliense como entidad política plurinacional. Ya el presidente Hollande ha llamado al “diálogo político” entre el gobierno de Malí y los tuaregs. ¿Veremos una solución de la crisis parecida al despertar de Al Anbar en Iraq?
Llevo días intensos siguiendo la crisis en Malí. El otro día llamaron desde un medio de comunicación a Marcelo Wio, que trabaja en Revista de Medio Oriente, para hablar de lo que estaba pasando en Malí. ¿Es el Sahel parte de Oriente Medio? No. Pero es una pregunta muy interesante. En el mundo anglosajón es habitual oir hablar de MENA: Middle East and North Africa. Es una forma de inlcuir en un sólo espacio el mundo árabe, añadiendo además Turquía e Irán. Lo hemos visto durante la Primavera Árabe. Hubo disturbios y manifestaciones desde Marruecos a Bahrein. Y en la crisis de Malí estuvo envuelto Al Qaeda en el Magreb Islámico. Pero Malí pertenece geograficamente a África Occidental. Precisamente el conflicto arrancó con un nuevo ciclo de revueltas de la población tuareg, nómada y vinculada al desierto del Sáhara, contra el gobierno central de Bamako, en manos de la mayoría negra sedentaria establecida en torno el río Níger.
Estos días no he podido evitar acordarme de los míos. De los que ya no están. Jorge Aspizua hubiera cumplido 50 años el pasado 6 de diciembre de 2012. Y no puedo evitar recordar nuestras conversaciones y sus aportaciones históricas. Con él aprendí a mirar al pasado como una inmensa colección de lecciones aprendidas del que extraer enseñanzas. En días como estos me habría llamado para ir a su despacho y, tras proveernos de comida y bebida, habríamos estado hasta las tantas comentando la actualidad mientras en su ordenador hubiera sonado cualquier cosa de su disco duro porque compartíamos gustos. Y habríamos hablado del Sáhara y del Sahel. Me lo imagino enérgico, viendo que la realidad confirmaba lo que llevábamos años diciendo. Hice fotos de varias maquetas 1:72 que había hecho hace muchos años. Y no tuvo que darme más explicaciones al ver un Land Rover Santana sahariano.
Y sé que en días como estos Pedro Lucio (El Tirador Solitario) y yo estaríamos colgados del teléfono, comentando las fotos y vídeos que él habría recopilado sobre Malí.
Estoy seguro que los dos me habrían pasado un montón de enlaces interesantes y me habrían aportado perspectivas diferentes que hubieran enriquecido mi conocimiento de lo que está pasando. Y los tres habríamos disfrutado con la idea de “ya os lo dije”. Los echo de menos.
En la madrugada del sábado 12 de enero pasado miembros del Service Action de la Direction générale de la sécurité extérieure (la unidad paramiltar del servicio secreto exterior) y del Commandement des opérations spéciales lanzaron una operación para rescatar a un agente francés que llevaba secuestrado desde 2009 en manos de las milicias islamistas somalíes. La operación fue un fracaso y se saldó con dos miembros del comando francés fallecidos. El cadáver de uno de ellos, un teniente especialista en desactivación de explosivos, fue recuperado. El segundo fue dado por desaparecido hasta que en la cuenta de Twitter de un grupo islamista somalí aparecieron varias fotos del cádaver junto material capturado a la fuerza francesas: Dos subfusiles Heckler und Koch MP7, una pistola Glock 19, varios cargadores PMAG para fusil de asalto AR15, un cargador para fusil de asalto Sig Sauer, dos cascos Opscore con gafas de visión nocturna PVS-14, una emisora Motorola, barra Halligan, cizallas, etc.
En este tipo de sucesos los detalles que se filtran y las declaraciones oficiales hay que cogerlas con pinza. Supongo que según vayan rodando cabezas y pisen suelo francés los implicados en la operación empezarán a correr los rumores. De momento se sabe que la operación fue lanzada desde el buque de asalto anfibio L9013 Mistral que navegaba frente a las costa somalí, más allá del horizonte con la escolta del destructor D621 Chevalier Paul. El grupo de cincuenta comandos se trasladó a tierra con la escolta de dos helicópteros de ataque Tigre en varios helicópteros EC 725 Caracal del Groupe aérien mixte 56, la unidad de la fuerza aérea francesa que da apoyo a la DGSE. Aterrizaron a tres kilómetros del objetivo en una noche de luna llena. Al parecer habitantes de la zona oyeron la llegada de los helicópteros y alertaron a la milicia islamista. El resultado es que se entabló un largo tiroteo en el que las fuerzas francesas se vieron sorprendidas por la potencia de fuego de las milicias somalíes. Algo extraño si tenemos en cuenta que Somalia fue el país que dio nombre a los technicals.
Camión Pegaso con montaje antiaéreo ZPU-4 de 14,5mm. en Somalia
El caos y confusión entre los comandos franceses llevó a que sólo cuando se retiraron y llegaron al punto de exfiltración notaron la ausencia de uno de sus miembros, que se dio luego por desaparecido hasta que se publicó la foto del cuerpo. Según la versión oficial francesa murieron “17 terroristas” y con toda probabilidad el rehén, ya que oyeron disparos dentro de la habitación donde estaba retenido. Dos datos poco creíbles teniendo en cuenta el desarrollo de la operación, donde ni siquiera está claro que el comando asaltante lograra llegar a la edificación donde presuntamente estaba el rehén. Las fuentes locales hablan de cuatro u ocho civiles somalíes muertos en el tiroteo. Según Al Shabab el rehén sigue vivo pero no han proporcionado prueba de ello.
Una de las fotos del material del comando francés publicadas por Al Shabab muestra una foto satélite que alguien se molestó en ampliar y localizar. Se trata de un área urbana que se parece poco a la remota aldea rural al lado de una ciénaga de la que hablaron las primeras crónicas. Se trata de una zona con una cierta densidad de población donde no es difícil imaginar la repetición de las escenas de la batalla de Mogadiscio en 1993, con cada somalí sacando su AK colgado detrás de la puerta.
Lo primero que llama la atención es el colosal fallo de inteligencia en una operación así. Las primeras razones (excusas) que se dieron fue que la operación militar francesa contra fuerzas islamistas Malí podía traer consecuencias para la seguridad del rehén francés. Pero ahora se sabe que la planificación de la operación llevaba como mínimo un mes, lo que implicó el traslado de los dos buques de la armada francesa de los que se llevaba semanas sin saber nada para preocupación de los familiares de la tripulación. Ser sorprendidos de camino al objetivo y perder a un hombre delata la ausencia de aviones sin piloto con sistemas de visión nocturna que permitiera hacer un seguimiento a la operación. El aterrizaje a tres kilómetros del objetivo fue una decisión de enorme torpeza para quien quiera haya visto y oído en acción a un helicóptero en plena naturaleza. Y más razones da pensar que fueron alrededor de medio docena de helicópteros los que participaron. Una auténtica sinfonía en la noche. El comando francés cuyo cuerpo mostraron los islamistas iba vestido de civil, algo absurdo para una operación militar de esta naturaleza a no ser que pensemos que la “estética contratista de PMC” ha permeado a las unidades de operaciones especiales en su permanente búsqueda de la distinción. Y significativo el detalle de la radio comercial Motorola para una operación tan importante de unidades de élite.
Leyendo y oyendo a los que entienden de estas cosas surgen en la conversación las experiencias estadounidenses en más de diez años de guerras por medio mundo. Nada de esa experiencia es comparable a la de los países europeos, dedicados afanosamente a operaciones de mantenimiento de paz y humanitarias. Basta recordar aquella emboscada en Afganistán en la que murieron diez soldados franceses y que llevó a sus familiares a acciones judiciales por la sospecha de negligencia en el liderazgo, formación y equipamiento de los soldados.
Se sabe ahora que en la operación en Somalia las fuerzas francesas necesitaron la ayuda estadounidense. La Casa Blanca ha emitido un comunicado en el que admite que un avión estadounidense entró en el espacio aéreo somalí. Al parecer sirvió como enlace de comunicaciones. La impotencia francesa la hemos visto recientemente en Malí, con la necesidad de recurrir a los medios de transporte estratégico del Reino Unido y de empresas rusas. Los únicos medios de reconocimiento son un solitario Atlantique 2 con base en Dakar y los soldados del Commandement des opérations spéciales sobre el terreno. Ha habido quejas también por la vetustez de los cisternas C-135FR. Da la impresión de que las fuerzas armadas francesas, como las españolas, son un artefacto hueco. Programas estrellas de alta tecnología (carros de combate, cazabombarderos y fragatas de última generación) mientras falla todo lo demás. Así, la crisis económica terminará enterrar las aspiraciones de la Unión Europea de ser potencia global. Un poder militar que se desvanece por falta de presupuesto y porque la guerra le es cada vez más ajena.
Hará ya nueve años que acuñé el término “Flanco Sur Profundo” para referirme a que frente a la obsesión estratégica militar española en torno al Magreb, el verdadero área de interés debía ser África Occidental. En estos años hemos visto el auge del narcotráfico, la piratería y el yihadismo en una región que es el “patio trasero” de Europa. Algo que el gobierno español tardó en entender.
Se tocaron casi todos los temas: La crisis libia, la revuelta tuareg en Malí, la Primavera Árabe y el ascenso de los partidos islamistas, el papel de EE.UU. y Europa en la zona, la sequías y hambrunas… Yo que siempre decía que mi interés por el Flanco Sur Profundo era un acto de predicar en el desierto, me encuentro que ahora está en todas partes. En 2010 el ministro Moratinos llamó la atención sobre el “Flanco Sur”. Un reciente documento del Instituto Español de Estudios Estratégicos hablaba del “arco de inestabilidad” de África, término que acuñé como subtítulo de mi comunicación académica sobre el tema en 2008. Ahí están varios documentos del IEEE sobre el Sahel. Incluso he encontrado que en el último número de la revista Atenea, dedicado a la Estrategia Nacional de Seguridad española, aparece un brevísimo apunte sobre el Sahel, cosa que no se hace para ninguna otra aérea geográfica.
Si uno busca, encontrará decenas de textos sobre “terrorismo en el Sahel”. Y ahora que está popularizado el concepto me pregunto si lo que sucede allí, bandas nómadas en Toyota Land Cruiser serie 70, se puede etiquetar como terrorismo. Ataques a puestos militares en campo abierto y secuestros de occidentales no difieren de acciones guerrilleras. Evidentemente Al Qaeda en el Magreb Islámico ha operado en las ciudades argelinas y mauritanas como un grupo terrorista “clásico” con atentados contra personas y edificios civiles. Pero me pregunto si hablar de terrorismo, como si fueran grupos clandestinos cuando en realidad corren a sus anchas por el Sahel, no es limitar la perspectiva que tenemos sobre el tema.
Infodefensa.com me ha publicado un artículo de opinión en el que argumento por qué el Magreb no es fuente de amenazas para España en el ámbito de la seguridad y defensa pero sí el área limítrofe al sur, lo que en en 2005 llamé el “Flanco Sur Profundo” y en 2008 englobé en un “arco de inestabilidad” que comprende la fachada atlántica de África Occidental y el Sahel. Se titutla “España en la hora de su Flanco Sur Profundo”.
España cuenta con una Casa de América, una Casa Asia, una Casa Árabe , Casa Sefarad y una Casa África. Todas tienen sede o delegación en Madrid, a los que se añade la sede central de Casa Asia que se encuentra en Barcelona y la subsede de Casa Árabe en Córdoba. A ellas uno puede acudir a una exposición de arte contemporáneo o escuchar una conferencia sobre política regional. En todas menos Casa África, localizada su sede en Las Palmas de Gran Canaria.
Me alegré de su creación. Y pensé que se convertiría en el centro de análisis y reflexión de referencia en España sobre África. Pero no. Nada de economía, nada de política, nada de cuestiones sociales… Sólo arte y cultura. Y no digo yo que sea negativo romper con esa imagen de África como escenario sólo de conflictos y catástrofes humanas presentando el trabajo de creadores, artistas e intelectuales. ¿Pero no es el fondo una forma soterrada de racismo negar a los africanos toda dimensión social, política y económica? ¿No es el insistir en África como continente exótico del que vienen unos negritos a entretenernos con bailes y música?
Encontré entonces en la prensa esta noticia y entonces entendí.
Mientras tanto, en un planeta llamado Tierra, FlancoSur.info recoge: