Nuestros trapos sucios en los Balcanes

Al no poder contar ya con la financiación de Washington, Moscú, Pekín, La Habana o Trípoli los movimientos insurgentes en la Postguerra Fría tuvieron que recurrir tráficos ilícitos, secuestros, crimen organizado y explotación de recursos naturales para financiar la guerra.

En las guerras de los Balcanes durante los 90 se llegó a una versión delirante de todo ello. Y sólo ahora parece que empezamos a conocer, tal como cuento en mi última colaboración en SesióndeControl.

Rusia ha vuelto

El guión de las guerras posmodernas habla de un panorama internacional crecientemente post-estatal donde juegan su papel organismos multinacionales, onegés, cadenas de televisión globales, estrellas del rock solidarias y redes transnacionales de terroristas, traficantes y activistas. En ese esquema las guerras entre países soberanos han sido cada vez más extrañas tras la caída del Muro de Berlín. Pero la teoría tropieza con varias piedras estadísticas.

Una son las intervenciones exteriores de EE.UU., en solitario o con aliados: Panamá (1989), Kuwait (1991), Haití (1994), Bosnia (1996) Kosovo (1999), Afganistán (2001), Iraq (2003)… Es lo que tiene ser una potencia global. El resto, irónica o trágicamente, son un puñado de guerras por unos pocos kilómetros de frontera sin definir y sin valor material: Lugares como la Sierra del Cóndor en el Alto Cenepa o la Línea de Control (LOC) en el glaciar de Kargil. Son los lugares del mundo donde los mapas siguen en construcción con una lógica del siglo XIX, la que vio nacer a muchos estados europeos. La misma que mueve las ondas de choque que aún se hacen sentir por la fractura de los dos grandes estados comunistas multinacionales: La U.R.S.S. y Yugoslavia.

Los conflictos entre naciones por un puñado de kilómetros de frontera nos resultan ajenos a los tiempos que vivimos porque en el siglo XXI el Lebensraum de un país próspero no está en las llanuras de trigales ni en los yacimientos de carbón, sino en la capacidad de I+D de sus empresas y en la facilidad con la que mercancías, capitales, personas e ideas circulan. Singapur y Estonia prosperan. La República Democrática del Congo no.

Pero hay una última cuestión en el modelo de un mundo incipientemente desterritorializado donde no podemos olvidar los mapas: La geopolítica de los hidrocarburos petróleo y las relaciones de poder y dependencia que se generan. Ucrania lo descubrió a finales de 2005. Georgia en enero de 2006. Alemania parece que aprendió entonces la lección y desde entonces parece que ha ligado su futuro a Rusia, el principal proveedor de gas natural de Europa.

Osetia del Sur es sólo una parte ínfima del tablero. Y su población, “setenta mil rusos recalificados por el Kremlin y que caben en el Estadio Bernabeu” (sic) en palabras de Hermann Tertsch, no es la causa del reciente conflicto. Es un movimiento de piezas en una partida mucho más grande y compleja, que nos toca de cerca.

La importancia de lo sucedido en Osetia del Sur no es que se haya tratado de una conflicto abierto sino las novedades apreciadas en los movimientos rusos. Vía Jorge Aspizua llegamos al repaso que hacen en “Kings of War” de la lluvia de ideas apuntadas por Adam Elkus. Los chicos del King’s College empezaron en su momento, destacando como aquí hemos hecho, la anomalía que supone un conflicto entre estados pero destacan que lo que hemos visto es una combinación de fuerzas convencionales e irregulares en el terreno (tropas chechenas incluidas), con ataques en la red (lo que merece capítulo aparte) y un discurso sólido frentre a los medios.

Como decíamos ayer, es destacable la rapidez que Rusia ha aprendido el lenguaje de las cancillerías occidentales: Sus tropas estacionadas en Georgia son peackeepers”, la intervención en Osetia del Sur se hizo para prevenir una “limpieza étnica” y cuando las tropas rusas se internaron en Georgia lo hicieron en una “operación preventiva”. Rusia ha entendido nuestro juego y sus reglas. ¿Entendemos nosotros el suyo?

Recomiendo leer el reportaje de Robert D. Kaplan sobre Georgia con la perspectiva que dan ocho años. Y por curiosidad el “repaso” que el profesor Francisco Veiga hace de los puntos de vistas vertidos por Hermannn Tertsch en ABC.

En cuanto a los ataques vía Internet sospecho que más que una estrategia del Kremlin se trate, como en el caso de Estonia en 2007, de una smartmob de script kiddies lanzando ataques DoS.

Ajedrez en el Cáucaso

A estas alturas todo el mundo está enterado sobre lo que pasa en Georgia. Hasta que pasen unos días no sabremos cuánta de la información que nos llega es pura propaganda.

Como no voy a entrar en un relato de lo sucedido me limitaré a hacer el obligado apunte breve con claves a tener en cuenta, marca de la casa:

Osetia del Sur es uno de esos territorios (como Abjazia, la Krajina, Chechenia, Kosovo o Nagorno-Karabaj) de los que jamás habíamos oído hablar hasta el fin de la Guerra Fría. Como parte de la lógica de dominación de la metrópoli rusa sobre una infinidad de pueblos euroasiáticos las fronteras internas de la Unión Soviética se establecieron de forma aparentemente caprichosa pero con el objetivo de dividir grupos étnicos o establecer cuñas que apuntasen al corazón de territorios. Se creó así la bomba de relojería perfecta para que los políticos populistas y chovinistas de turno montaran pequeñas guerras sangrientas y terribles. De esta manera la región septentrional de Osetia quedó dentro de la Federación Rusa y Osetia meridional lquedó en Georgia.

En 2003 tuvo lugar en Georgia una de las Revoluciones de Colores que provocó un cambio de alineamiento en la escena internacional. El nuevo gobierno georgiano acudió a EE.UU. en busca de ayuda militar y apoyo en la arena internacional. De tal manera Georgia está hoy a las puertas de la OTAN y sus fuerzas armadas reciben entrenamiento por parte de una misión militar estadounidense en el país.

Por su parte Georgia tiene desplegado un contigente pequeño en tamaño, pero relativamente importante para el tamaño de sus fuerzas armadas, en Iraq. Una forma practicada por países como Polonia, Rumanía, Ucrania o Mongolia de colocarse bajo paraguas estadounidense de cara a terceros y convertirse en receptor de ayuda militar. Además, Georgia se convirtió en el tercer elemento del eje de aliados estadounidenses en la región. Eje que responde al trazado del oleoducto BTC, con el que los hidrocarburos del Mar Caspio llegan a Occidente evitando Rusia, Armenia e Irán.

Ahora que las fuerzas rusas han expulsado a las tropas georgianas de Osetia del Sur y se adentran en el interior de Georgia queda ver dónde establecerá Washington su “línea roja”. Y cuánto durará el entusiasmo proocidental del pueblo georgiano, ahora que se ha quedado solo. ¿Iremos hacia una nueva Yalta donde Washington cederá el Cáucaso a Moscú a cambio de una postura pragmática de hechos consumados en Kosovo?

Sobre el asunto han escrito:

Luis Solana: “¡Eso no es una guerra!”.

El Alijar: “Jaque a la dama rusa”

Guerra y Paz: “Un mapa de Georgia y Osetia del Sur” y “Georgia, Rusia y Osetia”.

El principio de acción y reacción en los Balcanes

-En 1993 Somalia sufría en proprociones bíblicas las calamidades del hambre y la guerra. El impacto mediático de la tragedia somalí llevó a EE.UU. a intervenir militarmente en el país bajo cobertura legal de de Naciones Unidas.

Entre el 3 y el 4 de octubre se desencadenaron combates en Mogadiscio en los que murieron 19 soldados estadounidenses, 73 fueron heridos y uno fue hecho prisionero. Desde la guerra de Vietnam ninguna unidad militar estadounidense había sufrido tres cuartas partes de bajas entre muertos y heridos. El impacto mediático de la debacle llevó a la retirada de las fuerzas estadounidenses del país.

-En abril de 1994 se desencadenó lo que conocemos como el Genocidio de Ruanda. A pesar de las peticiones del comandante de la misión de Naciones Unidas en Ruanda (UNAMIR) la comunidad internacional fue incapaz de articular ninguna respuesta adecuada y a tiempo. Ningún país quiso volver a comprometer soldados para un oscuro conflicto en un pequeño y olvidado país africano.

-En julio de 1996 más de 8.000 bosnios musulmanes fueron masacrados en la ciudad de Srebrenica a pesar de la presencia de 400 cascos azules holandeses que supuestamente defendían lo que Naciones Unidas habían declarado “safe area”.

-Entre el 24 de marzo y el 10 de junio de 1999 diversos países miembros de la OTAN (incluída España) participaron en una campaña de bombardeo sobre la llamada entonces República Federal de Yugoslavia, en respuesta a la campaña de represión de las autoridades de Belgrado sobre la mayoría albanesa de la provincia de Kosovo.

Recomiendo la lectura de:

“A postmodern declaration” de John Laughland en The Guardian.

Y el blog de Francisco Veiga, un habitual de mis estanterías de libros.

La ingeniería del odio

Comentar artículos de Wired News es un recurso demasiado socorrido a la hora de escribir un blog. Si se trata de una noticia o un artículo de hace dos meses, encima podría parecer algo traído por los pelos. Pero si encima otros ya han comentaron el asunto en su momento, parece que no queda más que añadir. Sin embargo cuando leí a finales de octubre en Wired News que un miembro de Otpor! había participado en la creación de un juego de estrategia para ordenador que consistía en liderar un movimiento de resistencia pacífica, escribir sobre ello quedó como un asunto pendiente.

Más allá del juego en sí, que no deja de tener su gracia para alguien que dedicó en su momento un número incalculable de horas a Civilization, resulta que el juego se inspira en una serie documental cuyos autores reflejaron en un libro. El libro en cuestión llegó a mis manos casualmente en el Atocha Workshop y estos días formaba parte de una pila de libros recién llegados a mi biblioteca: La última edición de “La trampa balcánica” de Francisco Veiga y “Las transiciones en la Europa central y oriental” de Carlos Taibo. Formaban pila junto con otros títulos sacados de la biblioteca de la universidad: “Balkan Babel” de Sabrina Petra, “Balkan Holocausts?” de David Bruce MacDonald y “The Balkans after the Cold War” de Tom Gallagher. Contrastando la bibliografía en español y la extranjera, me queda la sensación de que la caída de Slobodan Milo¨ević es un tema poco conocido en España. Me atrevería a decir que también su ascenso y la consolidación de su régimen, a pesar de tanto libro sobre las guerras en la antigua Yugoslavia.

Ya en su momento (era mayo y lo hicen en mi viejo blog), expliqué cómo lo que sucedió en la antigua Yugoslavia es exactamente lo contrario a lo que cuentan los que usan tan a la ligera la idea de la “balcanización de España”. La guerra no empezó porque croatas o eslovenos querían irse de la federación. Sucedió porque el régimen serbio no les permitió marcharse. Y si sucedieron carnicerías espantosas no fue porque hubiera odios ancestrales acumulados, sino porque los medios de comunicación al servicio del poder se encargaron de lavar cerebros y doblegar conciencias.

Creo que en España está todavía pendiente la publicación de un libro que aborde en profundidad la construcción mediática del odio étnico por parte del régimen serbio, y está por ser contado en profundidad el cómo se formó, organizó y trabajó la oposición, dedicando especial relevancia a su manejo de los medios de comunicación y la propaganda política. Quizás aprendamos unas cuantas lecciones útiles.

Aviso: La integración de mi blog con el dominio GuerrasPosmodernas.com ha dado problemas. Así que provisionalmente, hasta solucionar el desaguisado, las entradas de mi blog cuelgan del viejo subdominio lobo.lamatriz.org. Pueden ustedes volver a dejar comentarios.

Lecciones yugoslavas para España

El tener que sufrir a los nacionalismos periféricos ha convertido al “nacionalismo” en el nuevo coco ideológico de la política española.

Explicaba el otro día el tema del trabajo de investigación que estoy preparando para el máster que hice el año pasado. Trato de comprender la aparente explosión de conflictos étnicos y religiosos en el mundo tras el fin de la Guerra Fría. En mi opinión las cuestiones identitarias son meramente un discurso retórico que esconde la mayoría de las veces intereses y dinámicas sociales de lo más prosaicos.

El primer estudio de caso que he emprendido es el de la antigua Yugoslavia, paradigmático donde los haya. Es frecuente encontrar explicaciones sobre “odios ancestrales”, “violencia atávica”, el “peso de la historia”… Y es frecuente encontrar aquí en España menciones a la antigua Yugoslavia como advertencia de lo que nos podría pasar si no les paramos los pies a tiempo a Ibarretxe y Carod Rovira. Todo empezó con la secesión unilateral de Eslovenia y Croacia. De aquellos polvos vinieron luego los lodazales.

Si el nacionalismo como ideología fue la variable independiente que explicó los conflictos en la antigua Yugoslavia o la ex-Unión Soviética, deberían haber estallado en aquellos lugares donde el sentimiento nacionalista estaba más arraigado, como las repúblicas bálticas. Pero no fue así. O deberían haber estallado donde las fronteras cambiaron arbitrariamente tras la Segunda Guerra Mundial como en Polonia o Hungría. Pero tampoco fue así. Y aún así se presentan las corrientes nacionalistas en Croacia o el trazado de las fronteras en Armenia y Azerbaiyán como causa de sus guerras.

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Arkan, un atracador buscado por la Interpol, se convirtió en líder de una milicia personal que realizaba el trabajo sucio a los serbios en Bosnia.

Un elemento que se pasa por alto es que los nacionalismos secesionistas de Eslovenia y Croacia se encontraron de frente al nacionalismo serbio. En un principio este último se mostró dispuesto a liquidar el estado federal en un especie de “café para todos” a la yugoslava. Pero pronto un elemento fundamental de su programa político fue la idea de que Serbia, la Gran Serbia, alcanzaba hasta allí donde hubieran serbios. Algo parecido a la consideración de la Alemania nazi sobre los volkdeutsche, los alemanes que habitaban fuera de las fronteras alemanas. En el caso serbio se trataba de anexionarse los territorios de la Krajina y Eslavonia Oriental que habían quedado en el interior de la fronteras croatas, y buena parte de la Bosnia habitada por serbios (la actual República Srpska).

Las distintas descentralizaciones políticas y económicas emprendidas en la Yugoslavia socialista desafíaban claramente la hegemonía serbia, así que se “compensó” a esta república con un mayor peso de los étnicamente serbios en el Ejército Popular Yugoslavo, garante según la constitución de 1974 de la unidad nacional.

Los elementos que llevaron a la guerra quedan entonces claros: Una fuerza nacionalista que controla los aparatos del Estado, incluyendo los medios de comunicación y las fuerzas armadas, se opone a la secesión de partes de ese Estado con el argumento de defender los derechos de los “suyos” en esos territorios separatistas.

Ahora hagamos el ejercicio de trasladar esa situación a España, y tratar de señalar las correspondencias entre los actores. Ustedes mismos.