Aquí estamos. El fin de ETA. Un anticlímax total. ¿No era este el momento más ansiado de la democracia española? ¿El día en que ETA anunciara el fin del terrorismo? Pero estamos en precampaña electoral y el asunto no es más que otro proyectil de mierda.
El candidato del Partido Popular a la presidencia del gobierno en un mundo paralelo dijo allá por abril:
“Quiero decirlo bien claro: el PP nunca ha negociado con los terroristas”
Basura para desmemoriados. Será divertido el cambio de discurso tras el 20-N. Entonces el Partido Popular hablará de generosidad, perdón y estar a la altura de las circunstancias históricas. Mientras tanto habrá que soportar a gente que sólo se informa por la radio y televisión repitiendo que “ETA no mata porque está más fuerte que nunca”.
Vendrán tiempos en el que se hará evidente lo que era una mera intuición hace tiempo y ahora es evidente. La derecha nacionalista española no aspiraba a la desaparición del terrorismo de ETA en nombre de la democracia. Lo hacían en nombre del nacionalismo español. Su peor pesadilla es un país en el que el terrorismo haya desaparecido de la ecuación y un buen número de vascos se atrevan a pedir más autogobierno o la Luna sin que nadie les pueda acusar de compañeros de viaje del terrorismo. Descubrirán entonces que contra ETA vivían mejor.

El libro más que unas memorias personales de toda una vida entera se centra en su paso por la 513ª Comandancia de la Guardia Civil con sede en Inchaurrondo. El libro es simplemente el relato, no siempre ameno, de los atentados de ETA y caídas de comandos en la provincia de Guipúzcoa entre 1980 y 1995. Alguna pifia ortográfica y de sintaxis, además de un estilo repetitivo, son síntoma de una edición descuidada. ¿Nadie en la Editorial Planeta se molestó en revisar a fondo el libro? El libro gana interés cuando entra en profundidad en los detalles de asuntos como Sokoa y la caída de la cúpula de ETA en Bidart, que nos permite conocer los entresijos de lo que fue la lucha contraterrorista en España. El sacrificio personal y la paciencia fueron los recursos principales en aquellos años de la ETA más dura que no la tecnología. El libro concluye con la visión personal de Galindo de lo que fue su caída. Determinados políticos y periodistas jetas quedan vívamente retratados por su hipocresía.