Su peor pesadilla

Aquí estamos. El fin de ETA. Un anticlímax total. ¿No era este el momento más ansiado de la democracia española? ¿El día en que ETA anunciara el fin del terrorismo? Pero estamos en precampaña electoral y el asunto no es más que otro proyectil de mierda.

El candidato del Partido Popular a la presidencia del gobierno en un mundo paralelo dijo allá por abril:

“Quiero decirlo bien claro: el PP nunca ha negociado con los terroristas”

Basura para desmemoriados. Será divertido el cambio de discurso tras el 20-N. Entonces el Partido Popular hablará de generosidad, perdón y estar a la altura de las circunstancias históricas. Mientras tanto habrá que soportar a gente que sólo se informa por la radio y televisión repitiendo que “ETA no mata porque está más fuerte que nunca”.

Vendrán tiempos en el que se hará evidente lo que era una mera intuición hace tiempo y ahora es evidente. La derecha nacionalista española no aspiraba a la desaparición del terrorismo de ETA en nombre de la democracia. Lo hacían en nombre del nacionalismo español. Su peor pesadilla es un país en el que el terrorismo haya desaparecido de la ecuación y un buen número de vascos se atrevan a pedir más autogobierno o la Luna sin que nadie les pueda acusar de compañeros de viaje del terrorismo. Descubrirán entonces que contra ETA vivían mejor.

ETA en Venezuela

La que se ha montado. En los tiempos de Felipe González y Carlos Andrés Pérez el gobierno venezolano decidió acoger a etarras deportados. Con el tiempo el colectivo de etarras en Venezuela terminaría teniendo suficiente entidad como para formar un “Colectivo de Refugiados y Deportados de ETA en Venezuela”.

Uno de esos etarras, Arturo Cubillas, obtuvo por matrimonio la nacionalida venezolana. Y actualmente es funcionario del Ministerio de Agricultura y Tierras. No parece que sea una persona que se oculte teniendo en cuenta que a su llegada a Venezuela abrió un restaurante con el nombre del comando al que había pertenecido. Nadie parece que se había acordado de él hasta que dos detenidos en una operación contra ETA han afirmado que estuvieron en Venezuela donde fueron acogidos por Cubillas y recibieron entrenamiento. El titular quedó servido “Un etarra a sueldo de Chávez instruyó a dos miembros del comando desarticulado estos días”.

Si algún mérito tiene el libro “El Palestino” de “Antonio Salas” es retratar el ambiente de la ultraizquierda venezolana donde es fácil aprender a pegar tiros. Si el gobierno venezolano promueve o consiente esos adiestramientos está todavía por ver.

Lecciones de una negociaci�n fallida

Volvemos al “bla, ETA, bla, bla, ZP esto y lo otro”. Ruido. Quizás lo mejor sea seguir a José Antonio Donaire y guardar silencio. Pero apuntaré dos cosas.

-Queda la sensación que el único motivo del Partido Popular para oponerse a una negociación con ETA es evitar el enorme crédito político que hubiera dado al presidente Rodríguez Zapatero.

El gobierno no debe, obviamente, convertirse en rehén de nadie. Pero hemos de apuntar para un futuro que es bastante difícil sacar adelante un asunto tan serio como negociar con ETA con el principal partido de la oposición y su aparato mediático en contra. Queda pendiente saber cómo contar con el apoyo del PP o sacar adelante las negociaciones a pesar del PP.

-Queda la sensación de que se vivía una ventana de oportunidad única y que fue interpretado a sí por tantas personas que no se hizo todo lo posible o necesario para llevar a buen fin las negociaciones. Cada cual daba por descontado que eran los otros lo que deseaban y necesitaban presentar resultados a los suyos.

Retomando la teoría de juegos y el “dilema del gallina”, la negociación con ETA ha sido como una apuesta de dos conductores que avanzan a gran velocidad frente a frente. Cada conductor ha creído que el otro tenía más que perder y los dos no han movido el volante hasta terminar estrellándose.

Me pregunto si en el gobierno se tuvo en cuenta la posibilidad de que las negociaciones no acabaran bien. O si se consideró que para sentarse en una mesa a negociar (sea con Irán o ETA) no sólo hemos de ver al otro que estamos dispuestos a ceder o ser generosos si las cosas salen bien, sino que también estamos a dispuesto a levantarnos y asumir las consecuencias. Y llegados el caso, a contra ETA De Juana como a Hess.

La izquierda ha de aprender que para alcanzar la paz hay que estar dispuesto a repartir hostias. Aquí, en Bosnia, Sierra Leona o Darfur.

S� a la �ltima manifestaci�n que acudist�is

Esta tarde en Madrid tendrá lugar una manifestación convocada inicialmente en repulsa por el atentado del 30 de diciembre y que el Partido Popular ha querido que se entienda como un acto de desagravio al gobierno o de adhesión a su política antiterrorista. Hemos llegado a tal absurdo que la inacción del gobierno llevó a ETA a acabar con la tregua mientras que todo este tiempo el Partido Popular decía que España y el Estado de Derecho estaban siendo liquidados por el gobierno. “Proceso de rendición” lo llamaban. Ahora hemos vuelto al punto de partida. Una oportunidad perdida.

La manifestación de hoy no la convoca el gobierno ni el PSOE. La convocan la Federación Nacional de Asociaciones Ecuatorianas de España, la Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras. Tengo en mis manos una hoja con la convocatoria de la manifestación firmada por los dos sindicatos. Dice que es un acto de condena del terrorismo y de apoyo a los familiares de las víctimas. Llama a la unidad de los demócratas y a la firmeza contra el terrorismo. Habla de un futuro de “paz, sin violencia, de vida y libertad”. Creo que es un llamamiento claro, sencillo y que cualquier demócrata podría firmar. Reparo, una vez más, que en vez de académicos, intelectuales, escritores y periodistas (¿dónde están?) los focos se centren en los “artistas”. Pero la cuestión no es quien más va a ir o apoya la manifestación. Ni siquiera si el gobierno gestionó bien las negociaciones con ETA. La cuestión es decidir si las razones de la convocatoria son justas y asumibles. Yo estaré allí esta tarde (si eres blogger y acudes, sigue los consejos de César).

Habrá quienes hoy se queden en casa. Pero no crean que algunos se han quedado de brazos cruzados estos días. El pasado jueves 11 de enero la Asociación de Víctimas del Terrorismo y el colectivo Peones Negros convocaron concentraciones “por el fin de la negociación con ETA y la verdad del 11-M”. La AVT, no olvidemos que es una asocación que representa a algunas y no todas las víctimas, tiene todo el derecho de manifestarse cuando quiera y por lo que quiera. Pero es significativo que haya asumido las teorías conspiranoicas del 11-M. El colectivo Peones Negros, nacidos al calor de Libertad Digital y del blog de Luis del Pino, apoyan la inocencia de algunos imputados de la causa del 11-M. Y se ha ofrecido a los abogados de oficio encargados de defender a los presuntos terroristas. Trágico o delirante, según se mire.

“Es hora de quitarse la careta”, aseguró el presidente de la AVT en Murcia informa Libertad Digital. Y es que va siendo hora de que la gente sepa la relación entre el 11-M y el Plan Hidrológico Nacional (visto en La Sombra de Aznar). Es el camino que lleva la derecha en este país. Con el historiador (Ctrl+C)ésar (Ctrl+V)idal, el periodista de investigación Luis del Pino y el demócrata Pío Moa al frente.

Negociar con ETA (V): La palabra rota

Según pasan los día desde el atentado de ETA en Madrid hablar de lo que debió y pudo ser la negociación con la banda terrorista tiene menos sentido. Me apete hablar de otras cosas. Pero el ruido sigue. Y por encima de ese cruce de acusasiones entre los dos principales partidos políticos del país que se resume en “¡y tú más!” y “¡y tú también!” hablar de la negociación con ETA es hablar de dilemas morales. Dilemas que son un ejercicio intelectual que pueden ser debatidos con negociación o sin negociación. Estos días encontré por fin una de las últimas piezas del puzzle.

En el verano de 2005 defendí la idea de que ETA iba camino de declarar una “tregua” y que el gobierno debería negociar. Mirando hacia atrás mis argumentos para defender la negociación entre el gobierno y ETA me resultan endebles. En aquel entonces hablaba más desde la intuición que desde la reflexión. Curiosamente han sido las lecturas sobre la ocupación de Iraq y el arte más que ciencia de la contrainsurgencia (el FM 3-24 convenientemente impreso reposa ahora mi biblioteca) lo que me ha llevado hasta mi actual postura. En absoluto quiero decir que Iraq y lo que pasa en la comunidad autónoma vasca sea equiparables. Es simplemente una cierta manera de mirar la realidad que es lo que hace a la contrainsurgencia un arte y no una ciencia.

Pedro en El Tirador Solitario nos llamaba la atención hace unas semanas sobre un blog de temática militar que había recibido un premio. Su autor contrastaba la invasión etíope de Somalia con la ocupación de Iraq. Y extraía la peculiar conclusión de que EE.UU. estaba fracasando en Iraq porque a sus soldados no se les daba la posibilidad de combatir la insurgencia a sangre y fuego libre de la molesta presencia de los medios de comunicación. Esa justificación de que la represión a la larga no logra su objetivo porque no se aplica a gran escala y con saña es la idea que esconde las reflexiones de la derecha española. Daniel en un comentarios hablaba de la “falta de valor”. Lo que comúnmente se conoce como “falta de huevos”. Adam Selene dice que es una falacia afirmar que la vía policial es insuficiente para acabar con el terrorismo cuando éste recibe un apoyo social importante. Señala como ejemplo la lucha contra el terrorismo del… régimen de Pinochet. Exacto. No hay huevos. La política antiterrorista de cierta derecha es la política antiterrorista del Capitán Trueno.

Creía ya en el 2005 que no es posible acabar con el terrorismo de ETA mientras exista en el País Vasco una cantera suficiente de descerebrados . Tenía dos razones. Una era acabar con ETA antes de que mutara. La idea la había tomado de David que lo ha explicado muy bien estos días. Y la otra era concluir con la Transición española, integrando a la izquierda abertzale en el sistema democrático. En aquel momento no lo supe explicar bien. Ahora ha quedado patente que el fin de ETA pasa por una solución para sus miembros encarcelados y su rama política ilegalizada. Es posible un fin de ETA sin costes políticos. Esto es, sin que el Estado otorgue nada a la izquierda abertzale que no gane legítimamente en unas elecciones. De ahí la necesidad de crear dos “mesas”, para que lo político quede reducido al ámbito político. Queda solo un precio, si se quiere llamar, “judicial” que implica una carga moral. ¿Sería lícito conceder, por ejemplo, reducciones de pena a ciertos terroristas?

La cuestión es que ese dilema lo enfrentó una vez hace ya mucho tiempo la sociedad española. A toda una serie de siniestros personajes que robaron, torturaron y asesinaron no se les pidió cuentas en aras de la reconciliación y una vida en paz y democracia. Sobre sus víctimas y su recuerdo se dice “que es mejor dejar los muertos descansar en paz”. ¿Podríamos hacer eso una segunda vez? ¿No? ¿En absoluto? Pues entonces tomemos una decisión. O negociamos con ETA o reconsideramos el pasar página a lo que sucedió en este país entre 1939 y 1975.

P.S.: Nos vemos el sábado.

Negociar con ETA (IV): Cerrar la Transici�n

La identidad de los países se construye sobre mitos fundacionales. El del actual régimen político español es el de una virtuosa Transición, ejemplo para el mundo entero. No hay hispanista extranjero o líder político de país de democracia joven que en una entrevista para un medio de comunicación español no alabe nuestra modélica transición. Sólo con el paso del tiempo y la madurez mi generación ha ido descubriendo los peajes pagados. Peajes que provocan bochorno tras repasar las lecciones que la democracia española fue impartiendo por países como Argentina y Chile.

Pero con todo podemos sentirnos afortunados si repasamos la historia de España. Por una vez en en una España de historia sangrienta y calamitosa que perdió todos los trenes a la modernidad y el desarrollo los Unos y los Otros aceptaron unas reglas de juego que regularan la vida política en un régimen de libertades. Todos menos un sector de la población vasca, que sigue considerando lícito matar para alcanzar sus objetivos políticos.

En la siguiente tabla he recogido de la web del departamento de interior vasco el voto a la izquierda abertzale en las elecciones autonómicas desde 1980. En 1998 y 2001 Batasuna, anteriormente Herri Batasuna, participó en coalición con el nombre Euskal Herritarrok (“Ciudadanos Vascos”). En 2005, ya ilegalizada, pidió el voto para el Partido Comunista de los Tierras Vascas.

votaciones al parlamento vasco

Podemos discutir cuántos de estos votantes apoyan a ETA. También cuantos vascos apoyan a ETA y no entran en estas cifras por no haber votado. Pero cualquier solución al problema de ETA pasa por abordar lo que es un problema político.

Negociar con ETA (III): Una derecha sin estrategia

Uno de los campos de batalla de la lucha contra el terrorismo es el lenguaje. Los expertos recomiendan no caer en la trampa de usar los términos empleados por los propios terroristas para referirse a ellos mismos o sus acciones. Recomiendan por ejemplo no utilizar el término “guerra”. Hablar de “guerra” contra los terroristas los eleva de la condición de cobardes asesinos a la de combatientes. En la comunicación pública los gobiernos utilizan además eufemismos que quitan a los terroristas toda aureola de combatientes y los reduce a delincuentes comunes. La “Fracción del Ejército Rojo” fue para el gobierno alemán la “banda Baader-Meinhof”.

Pero una cosa es el lenguaje utilizado en la comunicación pública y otra analizar la realidad de la forma más franca y precisa que se pueda. Si hablamos de “proceso de paz” ¿es que estamos en guerra con ETA?

Después de la frase “la guerra es la continuación de la política por otros medios” la cita más repetida Karl von Clausewitz en estos tiempos de guerra posmodernas dice:

The first, the supreme, the most far-reaching act of judgement that the statesman and Commander have to make is to establish…the kind of war on which they are embarking: neither mistaking it for, nor trying to turn it into, something that is alien to its nature. This is the first of all strategic questions.

Tengo delante un recorte de la edición del 23 de noviembre del diario El País (pág. 22). El día anterior había tenido lugar un debate radiofónico entre Josu Jon Imaz, Patxi López y María San Gil. Guardé la hoja entera por una frase de San Gil: “No queremos dialogar con los terroristas. A los terroristas se les derrota”. Estoy seguro que mucho españoles sucribirían la frase. Lo que dudo es que haya quiene sepan contestar ¿cómo se les derrota?

La frase de San Gil es tan mitinera como huera. ¿Alguien podría señalarme una columna periodística, artículo, ensayo o entrada de blog donde alguien exponga una estrategia antiterrorista coherente y viable para derrotar a ETA sin pasar por una mesa de negociación? Hablar de ETA como delincuentes comunes está bien para los mítines, pero no para combatir el terrorismo. Quienes hablan de ETA como San Gil parecen que lo hacen de una banda de asaltadores de chalets. Como si una docena de detenciones acabara con el problema. Como si a tres docenas más de detenciones no le siguieran tres docenas de saltos de la militancia política y la violencia callejera al terrorismo.

Pensaba hablar este fin de semana del libro “Fiasco” de Thomas E. Ricks. Un de las lecciones principales sobre la campaña de contrainsurgencia de EE.UU. en Iraq es que falló estrepitosamente porque su objetivo fue derrotar militarmente a los insurgentes y no tuvo en cuenta a la población. La clave de de la lucha contra ETA no es que ETA ponga bombas sino que hay un sector de la sociedad vasca no mayoritario pero importante que aplaude las bombas. En la España del siglo XXI hay quienes aún creen lícito el imponer su voluntad al resto de la sociedad mediante la violencia. Y mientras eso sea así detener a los terroristas seguirá siendo necesario pero no suficiente.

Negociar con ETA (II): Las preguntas quedan

Me encuentro hoy sábado con el atentado de ETA en la terminal T-4 del aeropuerto de Barajas. Llevaba días dándole vueltas a la segunda parte de mi valoración sobre las negociación con ETA. He tendido que cambiar de planes y la reseña de dos libros sobre Iraq habrá de esperar. La actualidad obliga. Pero creo que lo sucedido no cambiará mucho de lo que tenía pensado escribir.

Me suelo perder con los políticos y opinadores profesionales diciendo y contradiciendo. Sus palabras me parecen sólo ruido. Si una negociación de este tipo sólo se puede llevar a cabo de forma discreta sólo podemos sacar conclusiones de las declaraciones oficiales y acciones públicas de unos y otros. Y en este último intento de negociar con ETA han sobrado palabras y han faltado acciones ante las que poder tomar una postura.

La cuestión fundamental de este último intento de negociación con ETA es el escaso margen de maniobra con el que ha contado el gobierno. La derecha mediática ha tocado a degüello cuando en noviembre de 1998 saludó “otro valiente paso de Aznar hacia la paz”, pedía “grandeza de miras” y miraba a Irlanda como un “espejo para España”. Los políticos del PP, por su parte, hablaban de la “generosidad” que estaban dispuestos a mostrar en sus negociaciones con el “Movimiento de Liberación Nacional Vasco”. Si no existieran las hemerotecas con ¿qué enésima reescritura de la historia nos habríamos encontrado? Es irónico en este sentido el debate sobre la memoria histórica. ¿A quién le causa sorpresa la existencia de un debate público sobre qué pasó en España tres cuartos de siglo si se pretende desvirtuar u ocultar lo que sucedió a ojos de todo hace menos de una década?

La hipocresía de la derecha en este y tantos asuntos podría ser una excusa para cerrar el debate aquí. Pero exclamar “¡y tú más!” me parece un recurso retórico intelectualmente perezoso. Lo que hiciera o dejara de hacer la derecha cuando gobernó es irrelevante para enfrentarnos a la cuestión moral de si es admisible que este gobierno democrático negocie con ETA.

[Continuará]

Una vida contra ETA

Nunca presté atención a las andanzas del ex-general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo. Teniendo en cuenta su casposa parroquia de fans me resultó un personaje lejano. Además por el bien de mi bolsillo (y de mi cordura también) me abstuve siempre de comprar libros sobre el terrorismo en España. Pero viviendo la enésima “tregua”de ETA de la que sí he hablado y movido por un impulso compré “Mi vida contra ETA”.

GalindoEl libro más que unas memorias personales de toda una vida entera se centra en su paso por la 513ª Comandancia de la Guardia Civil con sede en Inchaurrondo. El libro es simplemente el relato, no siempre ameno, de los atentados de ETA y caídas de comandos en la provincia de Guipúzcoa entre 1980 y 1995. Alguna pifia ortográfica y de sintaxis, además de un estilo repetitivo, son síntoma de una edición descuidada. ¿Nadie en la Editorial Planeta se molestó en revisar a fondo el libro? El libro gana interés cuando entra en profundidad en los detalles de asuntos como Sokoa y la caída de la cúpula de ETA en Bidart, que nos permite conocer los entresijos de lo que fue la lucha contraterrorista en España. El sacrificio personal y la paciencia fueron los recursos principales en aquellos años de la ETA más dura que no la tecnología. El libro concluye con la visión personal de Galindo de lo que fue su caída. Determinados políticos y periodistas jetas quedan vívamente retratados por su hipocresía.

Para aquellos convencidos de que las fuerzas armadas y de orden público fueron un pilar mimado del régimen de Franco deberían saber que hasta la llegada del PSOE al poder en 1982 los medios empleados por la Guardia Civil en el País Vasco eran patentemente precarios. Además resulta evidente en el libro que el verdadero punto de inflexión en la lucha contra ETA lo supuso la progresiva ayuda francesa en la lucha contraterrorista. Galindo queda reflejado en sus memorias como una persona profundamente católica, un nacionalista español y simpatizante del PP. El País Vasco son para él las españolísimas Vascongadas. Pero como suele suceder con esta clase de personas su autorretrato dice cosas diferentes de lo que él pretendía. Galindo es un extranjero en el País Vasco. La suya es una campaña de contrainsurgencia. Y como el mismo cuenta más allá de un punto la solución sólo puede ser política.

Negociar con ETA (I): El ruido y la furia

Hoy haciendo limpieza de los periódicos de la semana pasada me encontré con la foto de Eduardo Madina en la portada de El País del miércoles 15. Recuerdo del día anterior leer en Internet sus declaraciones en la Audiencia Nacional durante el juicio de dos de los presuntos autores del atentado terrorista que sufrió.

Una frase se me clavó: “En mi casa se hizo de noche y una sombra de pena y de tristeza envolvió a mi familia“. Un escalofrío extraño en el estómago. Aquella noche en casa me encontré con las palabras de Donaire, que César resaltaba:

Hay heridas tan profundas, tan ácidas, que jamás cicatrizan. Y dejan un reguero de dolor, como el eco de las guerras. Es entonces cuando palabras como éstas tienen la solemnidad de una bóveda de crucería. ¿Saben?. Hay personas con la altura moral de la Catedral de Burgos. Madina, ilustre compañero de Las ideas, un abrazo inmenso.

Y desde la semana pasada sentía que tenía que volver a retomar la cuestión de ETA y su fin. Abordé una posible negociación por primera vez el tema en septiembre de 2005, seis meses antes de la “tregua” de ETA, para llevarle la contraria aquellos que a cada débil atentado sin víctimas de la banda terrorista proclamaban que tal cosa no iba a producirse. Se equivocaron, igual que lo hicieron con el 11-M, Iraq y otras tantas cosas.

Hay demasiada política de baja estofa en algo tan trascendental. Es hora de volver a diseccionar el problema.