Si el mundo es un pañuelo, Ljubljana no te digo

Ya estoy de vuelta en casa. Esta mañana me despedí de Eslovenia, apenas tuve tiempo de pasear por el centro de Venecia y esta noche finalmente aterricé en Barajas. En las primeras horas es inevitable el dolor de cabeza. Por diez días me he acostumbrado a no entender nada de las conversaciones a mi alrededor, y de pronto me encuentro con la cacofonía del transporte público.

El miércoles dejé Ajdov¨čina rumbo a Ljubljana para un día y medio de turismo por la capital. Pero he aquí una de esas cosas asombrosas que suceden en los viajes. El martes había dado señales de vida, vía correo electrónico un español de prácticas en Ljubljana. Resulta que Gorka leía mi blog desde hacía tiempo, y al volver de un periplo balcánico me encontró posteando sobre mis peripecias eslovenas. Quedamos para el miércoles por la tarde. Y mientras a la orilla del río celebrábamos el encuentro con La¨ko en la mesa de al lado apareció otro español, que resultó ser compañero de piso de un amigo de Nata¨a.

Gorka forma parte de una rara especie de españoles errantes a los que he tenido la suerte de conocer mientras he pululado por media Europa. Se les identifica por la voluntad de superar obstáculos para salir a conocer mundo, por la curiosidad en conocer lugares que pocas personas en España saben situar correctamente en el mapa y porque la experiencia de todo ello les ha cambiado internamente. Fue el encontrar a otros Gorka lo que me llevó a desear recorrer mundo, más allá de los viajes en vacaciones. Y encontrarlo a él ahora me ha hecho recuperar esas viejas sensaciones. Toca ahora procesar todas las cosas a las que di vueltas en mi cabeza con la mirada perdida en los paisajes de Eslovenia. Toca hacer planes para el próximo curso y tomar decisiones sobre los próximos años de mi vida. El mundo está lleno de Eslovenias y Ljbuljanas por descubrir.

Na Cesti

Los eslovenos parecen haber inventado las abreviaturas de los mensajes SMS antes de que existiera la telefonía móvil. El sábado según nos acercábamos al escaso litoral adriático esloveno los carteles bilingües señalaban el camino a “Trst” (Trieste). La costa eslovena es una pequeña cuña entre Italia y Croacia, con cada país al otro lado de la bahía. Todo el presupuesto en infraestructuras viarias del país parece gastado en la costa. El resto del país con carreteras lamentables, y aquí in túnel de lo más moderno de dos kilómetros y un puente de un kilómetro (el más largo de Europa, según Nastja).

Y es que Eslovenia es el camino inevitable de los centroeuropeos en camino al Adriático. En el monumental atasco que nos encontramos al llegar al mar abundanban las matrículas alemanas y austríacas. Identificarlas se convirtió en un juego: Las amarillas con caracteres negros de Holanda. Las blancas con caracteres rojos de Bélgica. En el atasco nos acompanaban suecos, checos, italianos y croatas, con los coches cargados hasta los topes y un gran número de caravanas y roulottes. Pero la espera mereció la pena. El día era perfecto en Piren, un pueblecito costero de huella italiana. Gasté casi un rollo de película bajo una luz casi perfecta. Al regresar al coche, la sorpresa. Se lo había llevado la grúa con todas nuestras cosas dentro. El depósito de coches, cómo no!, en el quinto pino al otro lado de la bahía. Más de una hora de camino fatigoso bajo el sol. El chapuzón en el mar, en Portoro¸, después de aquello se hizo aún más deseable.

Al caer la noche nos acercamos a Koper, donde se celebraba una gran noche de conciertos simultáneos. La prensa de hoy habla de la increíble cifra, para lo que es normal en Eslovenia, de 100.000 personas. En la plaza principal, la plaza Tito, me tocó sufrir el concierto de una estrella pop local. Un tal Jan Plestenjak, perpetrador de inolvidables melodías como “Lolita” o “El calor del verano”. Esta última con ese simpático estribillo en español: “Esta noche bailmos una playa” (sic). Al parecer media Eslovenia estaba allí. Y Nastja y Nata¨a no parararon de saludar a amigos que trataban de chapurrear en inglés, alemán y español con tal de hablar conmigo, llegado de la lejana y exótica España.

A las tres de la mañana, autopista y a Ljubljana. Nastja tenía la llave del piso de lujo en el mismísmo centro de la ciudad de unos amigos de su padre, destinados actualmente en la embajada eslovena en Beijing. Caímos a plomo en las camas, y nada más levantarnos otra vez carretera. Esta vez al norte. Y otra vez atasco, pero este con los europeos de retorno. Más alemanes, austríacos, holandeses (siempre en tríos, curiosamente), belgas y daneses con la casa a cuesta. Paramos a comer borek, la comida rápida local de origen macedonio, y más carretera hasta el lago Bled. Es ese lago con una islita en el centro, al pie de los Alpes Julianos, que sale en todos los folletos turísticos de Eslovenia. Después de un café y unas fotos, chapuzón y al agua.

Terminamos el día en el parque nacional de Triglav, después de atrevesar paisajes alpinos que me hicieron tararear la sintonía de los dibujos animados de Heidi. Por una carretera de montaña, entre bosques de coníferas, terminamos en la ladera de una colina contemplando los Alpes Julianos. Creo que allí terminó la primera parte agitada de este viaje. Ahora sólo quedan días tranquilos, aquí en Ajdov¨čina. El miércoles iremos a Ljubljana.

Explorando el underground esloveno

El miércoles pasé media manana durmiendo y otra media escriendo en el blog. Es lo que tienen los blogs, si dedicas demasiado tiempo a contar tu vida no tienes tiempo para vivir. Así que esta vez seré breve. Nastja se ha tomado a pecho el organizarme las vacaciones. Y el miércoles por la tarde de la mano del novio de una amiga nos adentramos en las cuevas de Zel¨ke Jarne, cerca de Rakek, un grupo de cinco personas. Estuvimos gateando, escalando y deslizándonos por un red de galerías impresionantes. Al final del periplo Murphy no faltó a su cita y cuando llegamos a una laguna interior las pilas de mi cámara digital se agotaron. Salimos al cabo de dos horas con barro hasta las orejas (literalmente). Mis botas de agua parecían una cantimplora del agua que se había acumulado. Al menos a mí el agua helada en ciertos tramos me llegó sólo a las rodillas, pero a las chicas les llegaba a los muslos.

Pero si eso no era suficiente ayer viernes por la tarde aquí en ´iri, esta vez con un guía y con otro grupo, nos metimos en una red de bunkers del periodo de entreguerras. Las autoridades del Reino de Serbia, Croacia y Eslovenia se prepararon para una guerra estática como la Gran Guerra en lo que era la frontera en aquel entonces con Italia. Se preparaban en vano para la guerra que ya había terminado. La siguiente fue una guerra móvil. Y los bunkers (con galerías entre 20 y 30 metros de profundidad) resultaron inútiles.

Cada día, sobra decir, terminó regado con cerveza (“pivo”) Union y La¨ko. Eslovenia está todavía a medio camino entre el frenesí consumista de las economías en desarrollo y el desdén pseudopostmaterialista de los países del centro y norte de Europa. Aquí la gente te recibe con simpatía por ser español y no te escruta de arriba a abajo por no ir a la última moda alternativo-anarkoguay. Todavía no he pagado ni una sola ronda.

Stepni Volk v Slovenija

Empiezo a controlar este teclado esloveno “qwertz”. Lo primero que hice en Internet fue revisar mis cuentas de corre en Yahoo! y me encontré que estaba buscando zahoo.es. El siguiente paso ha sido descubrir cómo colocar los acentos (Alt Gr + 9), algo que la propia Nastja desconocía. .

Ayer cogí el EuroCity Venezia-Mestre/Ljubljana sin novedad. A las 18:00 cruzamos la frontera. Sl-GSM me dio la bienvenida a Eslovenia. El “roaming” en Eslovenia me entró más rápido aquí que en Italia. Curioso. Estrenaba pasaporte y le pedí al policía esloveno que revisaba los pasaportes que me pusiera el cuño. La primera vez que estuve aquí hice lo mismo. Ser ciudadano de la Unión Europea parece darte un aire de respetabilidad que lleva al desinterés por ti de la policía. Volviendo de Sarajevo rumbo a Viena en 2002 mi colega Pablo y yo nos miramos cuando el policía de la República Sprska de Bosnia nos devolvió el pasasporte sin más. Corrimos por el pasillo del tren, un viejo vagón de la Deutsche Bahn, para pedirle que nos pusiera el cuño. Viajar son unos días. Tirarse el rollo dura toda la vida. ;-)

Nada más llegar a Ljbuljana fui reconociendo el lugar. El pasillo que conecta a los distintos andenes, donde había en 2002 una oficina donde me conecté gratis a Internet. La minúscula estación de autobuses. Y mientras miraba alrededor no caí en la cuenta que Nastja estaba a unos metros míos haciendo señas. Tenía el sol a sus espaldas y no podía verla. Al rato estábamos en la carretera rumbo a ´iri, su pueblo. Uy, perdón su “ciudad”.

Eslovenia es una especie de Suiza de renta media. Todo es inmensamente verde. Las casas grandes, tipo caserío vasco, y los buenos coches en la puerta dan una imagen de país boyante. Si no es porque supiera que según qué estadísticas se usen Eslovenia queda entre Portugal y Grecia, o la tercera del trío, casi me atrevería a decir que el nivel de vida aquí es tan bueno como en España. Aunque sospecho que sea porque el coeficiente de Gini aquí se acerca mucho más a cero que en España.

Nastja sabe de qué pie cojeo, así que me tenía un miércoles bien completo. Empezamos por la mañana remontando la garganta de un riachuelo, por un sendero en paralelo a la corriente entre paredes altas y casi verticales, para llegar a Franja, un antiguo hospital de guerra partisano. Al parecer los alemanes y los colaboracionistas locales nunca lo descubrieron. Luego dejamos a su hermana en un campamento scout, para lo cual tuvimos que atravesar el río Idrijca en una balsa hecha con tres cámaras de neumático y tablas de madera, agarrado a la tirolina y dándonos impulso. En la otra orilla había que internarse en el bosque hasta llegar al campamento. Dejamos a la hermana, atravesamos el río de nuevo, y otra vez la carretera.

La siguiente pareda, Most na Soči . Un lugar donde el río Soča se ensancha hasta formar un pequeno lago y donde han instalado un parque con esculturas al aire libre en su orilla. Por un cartel en varios idiomas me enteré que el río en italiano se llama Isonzo. Me sonaba de algo y me pasé el resto de la manana dándole vueltas hasta la siguiente parada, a un tiro de piedra de la frontera italiana y a los pies de los Alpes Julianos: Kobarid. Allí visitamos el museo sobre la Primera Guerra Mundial. Los Alpes Julianos fueron un frente de batalla para Italia y el Imperio Austro-Húngaro. Las fronteras no han parado de moverse en esta zona a lo largo de la historia. Y Kobarid fue en su momento italiana con un nombre que me hizo caer en la cuenta de por qué me sonaba familiar el nombre de Isonzo. Kobarid se llamaba Caporetto en italiano. En el museo saqué un par de ideas interesantes sobre temas que he estado leyendo últimamente. Por aquí estuvo en la Primera Guerra Mundial un tal Edwin Rommel, y en la ofensiva austro-germana del ’17 se ensayaron los antecedentes de la guerra relámpago.

Nastja, me temo, se aburrió pronto mientras yo me dedicaba a mirar en las vitrinas prismáticos de trinchera, fusiles Mannlicher y uniformes italianos. Además uno de los encargados del museo al preguntarle a ella en qué idiomas querá los folletos nos llevő a una sala aparte donde pusieron expresamente un documental doblado al español para mí. Divertida la insistencia del hombre: “Spanish, OK. But Spanish speaker from Spain or Catalonian Speaker from Spain?”.

Tras el empacho de museo de guerra, nos internamos hacia el monte hasta llegar a un camping. Allí dejamos el coche y caminamos para almorzar a la orilla del Soča, tras cruzar un puente colgante de 50 metros. La zona estaba llena de bañistas del resto de Europa. En el aparcamiento del parking podían verse coches suizos, austríacos, alemanes, polacos y holandeses. Mirando el mapa te das cuenta que aquí coges un coche y te pones en unas horas en en un montón de países. La cosa también funciona al revés. Y los eslovenos lo aprovechan. Esto está lleno de restaurantes, hostales y negocios de deportes de aventura.

Y para aventuras la que me esperaban en el campamento scout de la hermana de Nastja. Me vi haciendo de barquero con la balsa en el Idrijca, porque una vez que lo atravesamos nos dimos cuenta que en la otra orilla alguien quería cruzarlo. Vuelta para allá, vuelta para acá. Luego un paseo en canoa (para terminar de soborecargar los hombros). Y por la noche, convertido en atracción del día. ¦panija les suena un lugar de lo más exótico. Y los críos, todos con ojos inmensamente azules, me miraban como a un marciano. En el fuego de campamento para hacer honor a mi origen el chico de turno que tocaba la guitarra (qué es un fuego de campamento sin alguien tocando la guitarra?) cantó “La Bamba” en mi honor. 100% cultura española. Los críos pidieron a gritos al final que la repitieran. Y la verdad es que no la cantaba mal. Para los eslovenos la fonética española no es muy difícil. Al revés la cosa cambia, aunque sólo sea por esa manía eslovena de juntar consonantes (“Krn” se llama la montaña a cuyos pies está Kobarid).

Ya era noche cerrada cuando atravesamos el Idricja, esta vez en canoa. El chico que nos llevó nos dejó de paso en su camino río arriba hasta la cueva donde los más adultos escondían las cervezas. Sobra decir que por la noche un poco de lectura y desplome en la cama.

Y eso, fue sólo el primer día.

Lobo desatado

Mestre està desierto a la hora en que en Espagna todo el mundo està en la calle, y he andado bastante desde la estacion (aquì los acentos son diferentes) buscando un sitio donde comer. Acabo de abrasarme la boca con una “lasagna al forno” en el bar de una segnora bastante simpàtica (supongo porque era su ùnico cliente).

Eso sì, cibercafés a punta pala. Tres en cien metros. Este parece regentado por bangladeshìes (que son el equivalente local a los chinos en Madrid). Decìa el coronel Smith eso de “me encantan que los planes salgan bien”. Lo malo es que cuando te salen todos tan bien, esos màrgenes de tiempo que angadìas a lo que calculabas que lleva salir por la puerta del aeropuerto Marco Polo, coger el autobùs a la estaciòn de Venezia-Mestre, hacer cola y comprar el billete para Ljubljana se van acumulando… Y me he visto con dos horas por delante sin nada que hacer.

Podrìa escribir las mil cosas que me pasaron por la cabeza mientras comìa. Pero me las reservo para el diario. Viajad y descubrirlo. No hay casi nada en esta vida que me haga sentir lo mismo que cuando estoy con mi mochila y el mundo por delante. Siempre tuve la sensaciòn de que aùn podrìa ser mejor con buena compagnia, pero a estas alturas despuès de haber recorrido media Europa con mi paso legionario habitual queda preguntarse quièn podrìa aguantar mi ritmo. No hay que darle màs vueltas. Viajar no es la metàfora de nada. Viajar es la vida. Y si te esperas al momento adecuado, las circunstancias adecuadas y la persona adecuada nunca saldràs de casa. Nadie va a venir a hacer que tu vida se mueva. Tù o nadie. Asì que carretera y manta.

Esta noche Ljubljana.