El cielo sobre Berlín

Hace años creé una página web personal con la intención de dar consejos a quiénes pretendieran preparar un viaje con billete InterRail. Pasó el tiempo y empezaron a surgir portales dedicados al tema. Hasta el propio programa InterRail lanzó su página web oficial. Mi página desapareció, pero fue un buen aprendizaje de HTML. Y siempre me quedó el gusanillo de poder dar consejos a quien se planteara lanzarse a las mismas aventuras que yo viví. Ahora que estoy de vuelta en casa, me permitiré contarles unos cuantos detalles de mi paso por Berlín, que puede que alguno encuentre interesante.

Viajé con easyjet.com por 47 euros. Sí, sólo 47 euros ida y vuelta. Tuve la suerte de aprovechar una reoferta allá por princpios de diciembre. Con lo que empezamos con la primera idea equivocada de la mayoría de las personas: Los mejores viajes son los que no se planifican. Cada vez más compañías funcionan con un esquema de precios “first minute”, en especial las de bajo costo. Si a eso añadimos la peculiar costumbre de buena parte de los europeos de planificar sus vacaciones con mucha antelación; encontrar billete o alojamiento, según destinos y fechas, puede ser simplemente imposible.

Era la primera vez que viajaba con una compañía aérea de bajo coste. No tuve problemas de retrasos. Y afortunadamente easyjet.com vuela en Madrid desde la “vieja” terminal T1. La única diferencia que encontré con otras compañías es lo extramadamente escrupulosos que son los tripulantes de la cabina de pasajeros con llevar equipaje de mano a los pies en la fase de despegue y aterrizaje. Evidentemente nada de lujos asiáticos a bordo. Y a modo de orientación: Una Coca Cola de 12cl (!), 1,50 euros. Una chocolatina Mars King Size, 1 euro.

Aterrizamos en el aeropuerto de Schönefeld (SXF), al sudeste de Berlín. Fue el aeropuerto de Berlín Oriental y es relativamente pequeño. Saliendo a mano izquierda hay un camino techado que lleva a la estación de metro y cercanías (Bahnhof). Cogiendo la línea S9 del S-Bahn (una especie de cercanías que atraviesa Berlín en tramos elevados) llegas a la estación de Friedrichstrasse en menos de 45 minutos. Un trayecto en el sistema de transporte público (metro, autobús, tranvía, cercanía) de Berlín es caro: 2,10 euros. Sin embargo un billete válido para un número ilimitado de viajes durante un día (Tageskarte) cuesta 5,80 (existe otra modalidad semanal). Sale a cuenta, aunque yo esta vez me dediqué a caminar a pesar del frío. Y eso porque el alojamiento lo escogí bastante céntrico.

Esta era mi cuarta vez en Berlín y ha sido la primera en la que me he tenido que pagar el alojamiento. En todas las anteriores había tenido donde quedarme o me había quedado en las afueras. Sin dudarlo busqué un albergue juvenil. Las palabras “albergue” y “juvenil” dan una idea equivocada de lo que uno se encuentra en el resto de Europa. Pero en sitios como Alemania o los países escandinavos se trata de instalaciones muy nuevas y muy limpias, pero espartanas dentro del estilo Ikea.

Encontré el mío gracias a hostels.com . Normalmente lo que hago es aprovechar la herramienta de búsqueda del portal para hacer una lista de los albergues que parecen interesantes, buscar si tienen página web propia y ahorrarme un intermediario. Esta vez lo hice, y sólo me aparecían referencias al albergue que había escogido en centrales de reservas. Al llegar allí descubrí que tenían página web propia. Mala suerte esta vez.

Una de las sorpresas del viaje ha sido comparar precios entre Madrid y Berlín. Allí se come más barato y mejor. Por unos diez euros plato principal, postre y una jarra generosa de cerveza de trigo en un restaurante italiano de los de mantel y bien situado. ¡Ay!, la Weißbier. Cómo la echaré de menos. Por suerte, César conoce un sitio aquí en Madrid donde tiran la Franziskaner que sabe a gloria. Me ayudará a superar el mono.

¿Qué ver y qué hacer en Berlín? Eso los dejo a su elección. Yo para terminar les dejo con la inevitable muestra de fotos.

Free Image Hosting at www.ImageShack.usMi cuarto viaje a Berlín y la primera vez que busqué la estatua de Marx y Engels en el Marx-Engeles-Forum, la plaza a la que daba la calle de mi albergue. Allí, en un radio de pocos cientos de metros, tenía Alexanderplatz, el Rotrathaus (ayuntamiento), el Berliner Dom (la catedral) y la Museuminsel (Isla de los Museos). A nuestras espaldas (las de Marx, Engels y mías), el edificio del parlamento de la RDA.

Free Image Hosting at www.ImageShack.usEn su momento el parlamento de la RDA quedó en el limbo por el contenido en amianto de la estructura del edificio. Los trabajos de demolición parecían esta vez haber empezado. Delante del edificio encontré ese peazo Volkswaguen y ese peazo Audi. Me ahorraré el hacer un comentario sobre cómo ha cambiado el cuento en Berlín desde aquel 9 de noviembre de 1989.

Free Image Hosting at www.ImageShack.usConté en la primera crónica de esta viaje cómo Berlín parecía tener por alcalde a Gallardón. Lo que aquí ven es lo que uno ve caminando por Unter den Linden, en dirección oeste, a la altura de donde debería uno encontrarse con la Puerta de Brandenburgo. El motivo del desaguisado es la construcción de una estación de metro.

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Las inmediaciones de la puerta, Paritzer Platz, estaban despejadas. Y a pesar de todo pude fotografiar la Brandenburger Tor. Esa farola que se ve en primer plano es uno de los pocos vestigios del proyecto de reforma urbanística que Hitler quiso para Berlín y que la hubiera convertido en una ciudad megalomaníaca llamada “Germania”.

Free Image Hosting at www.ImageShack.usPasada la puerta, y a mano derecha, uno se encuentra con el edificio del antiguo Reichstag convertido en el parlamento de la Alemania unificada. El edificio no tuvo uso desde el famoso incendio de 1933. Tras la caída del Muro se lanzó un concurso para el proyecto de reforma, que ganó el británico Norman Foster. El lugar de la antigua cúpula fue ocupado por una mayor y transparente que puede recorrerse siguiendo una pasarela en forma de espiral. El edificio es visitable sólo los días que no hay pleno. Y la cúpula todos los días hasta las diez de la noche.

Free Image Hosting at www.ImageShack.usDe la Puerta de Brandenburgo parte una avenida kilométrica, la “16 de Junio”, que sigue el eje este-oeste de la ciudad y atraviesa el Tiergarten, un imenso parque. En el cruce de la otra avenida que atraviesa el parque de norte a sur se alza la Siegessäule, la Columna de la Victoria. Fue el primer monumento que visité la primera vez que estuve en Berlín. Le había propuesto el lugar como punto de encuentro a un amigo porque en el plano parecía un lugar céntrico. Cosas de aplicar las distancias de mi ciudad a Berlín.

Free Image Hosting at www.ImageShack.usEn el extremo sudoccidental del Tiergarten está el Zoo y lo que fue el corazón comercial del Berlín Occidental en tiempos de la Guerra Fría. En esa zona está la Kaiser-Wilhelm Gedächtnis-Kirche, la Iglesia Votiva del Káiser Guillermo I. Fue arrasada en la Segunda Guerra Mundial y en su antiguo emplazamiento construida una nueva. Sólo quedó una sección que se conserva como museo. El sol estaba bajo en el horizonte en la tarde, cuando hice la foto. Una buena hora para que la luz realzara las piezas doradas del reloj.

Free Image Hosting at www.ImageShack.usTras la suerte con el tiempo que tuve el primer día, que dediqué a recorrer la ciudad de oeste a este, el segundo lo dediqué a ver museos. Desde la escalinata del Altes Museum, saqué esta foto de la catedral. Al fondo, el pirulí berlinés. A la derecha, una esquina del edificio del parlamento de la RDA.

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El día que me iba, pasé al lado de la Isla de los Museos y aproveché el cielo despejado para hacer fotos. No desaproveché, como se ve, lo limpio que lucía el cielo tras la Alte National Galerie. Lo mejor para quien quiera atiborrarse de museos como yo hice es comprarse el Museum Pass, que por 15 euros (7,50 en el caso de los estudiantes) permite entrar durante tres días en una lista kilométrica de museos públicos berlineses.

Paisajes de mi memoria

Esta es la cuarta vez que vengo a Berlin, y aun así tenía lugares por ver que tachar de la lista. También he querido volver a visitar otros que me impactaron en su momento, como la cúpula del Reichstag que he visitado esta noche. Pero a otros, he ido para comprobar como ha pasado el tiempo por ellos. En la zona de Postdamer Platz, ganada a parte del recorrido del Muro, las obras han acabado para convertirla en el nuevo corazon comercial y empresarial. Pero en otras, el tiempo ha borrado los lugares que una vez conocí. Ku´damm es ahora un no lugar. Las mismas tiendas y cadenas comerciales internacionales que la Gran Vía. Y recorrí anoche la Oranienburgerstrasse, que recordaba como una calle bohemia de estudiantes y prostitutas. Me encontre boutiques y tiendas de moda alternativa. Cierto Berlín solo existe ya en mi memoria.

Gallardon, alcalde de Berlín

Visité Berlín por primera vez en verano de 1997. La ciudad estaba patas arriba. Los conductos de agua subterráneos pasaban por encima de las calles en unas enormes tuberías pintadas de rosa. Habia multitud de solares con futuros edificios gubernamentales en construccióon. Y había como una especie de energía vibrante en el aire. Wired hablo de ella una y otra vez.

Hoy al otro lado de los canales, desde el Reichstag, se ven las nuevas sedes gubernamentales. Pero la puerta de Brandenburgo, viniendo desde Unter den Linden, estaba irreconocible tras la maquinaria de las obras de una nueva estación de metro. No me di cuenta que estaba en Alexanderplatz hasta que tras la vorágine de excavadoras reconocí el Weltzeituhr (parado y fuera de hora).

¿Quién dijo que las obras era solo cosa de Madrid?