Blade Runner en Buenos Aires

Buenos Aires es por la noche desde mi ventana un horizonte de edificios altos con antenas y luces intermitentes en su tejado con un cielo que nunca es oscuro del todo. A ras del suelo, en la calle, mientras uno pasea por las aceras siempre rotas se encuentra con que las viejas casas señoriales decrépitas se alternan sin orden con las torres de viviendas. Por la calle circulan una mezcla de enormes vehículos estadounidenses de los años setenta con modelos de marcas europeas producidos en el Cono Sur en exclusiva para países no desarrollados.

Conviven las franquicias globales, las casas de cambio, los locutorios y las tiendas de telefonía móvil con restaurantes y tiendas de gastronomía italiana, española, china, árabe y armenia con sabor a tienda de barrio donde los baklava, las especias o las aceitunas se compran al peso.

El sábado fui a la Fundación PROA en La Boca a ver la exposición “El Universo Futurista (1909-1936)”. En una de esas casualidad geniales llegué justo cuando empezaba la visita guiada. No se trataba del usual estudiante de arte que recitaba un guión preparado. Hablaron la historiadora y crítica de arte María Teresa Constantin y la crítica de arte Mercedes Pérez Bergliaffa. La primera animó siempre al público a mirar críticamente las obras de la exposición y puso en relación ideas, técnicas y obras del movimiento con vanguardias posteriores. Las ideas del movimiento Futurista, que resultan siempre tan actuales con su amor al “hábito de la energía y la temeridad” y su defensa de la necesidad del “coraje, la audacia, la rebelión” marcan una nueva etapa vital que arranca a 10.000km. del lugar donde viví seis años.