Demasiado tarde, princesas

Era el año 1996 cuando tuve mi primer trabajo. Un día apareció un sindicalista de la CGT por nuestro centro de trabajo con el “Informe Petras” publicado por la revista Ajoblanco. “¡Por fin llegó!” dije al verlo y le pedí poder hojearlo. Compré un ejemplar para mí. Todavía lo guardo.

Petras hablaba de la precariedad laboral, de la que España siempre ha sido campeona en Europa, y de que mi generación no iba a vivir mejor que la de mi padre. Él había abandonado la Canarias rural (yo recuerdo de pequeño lavarme con agua calentada en un caldero con leña) para irse a vivir con trabajo para toda la vida en una casa que pagó en diez años en una zona urbana de las islas capitalinas.

Aquel sindicalista conocía a mi padre y un día que se vieron le comentó que le había llamado la atención que yo conociera la existencia del “Informe Petras”. ¿Cuánta gente de mi generación leía la prensa y se interesaba por el mundo que le había tocado vivir? Ya en las clases de 3º de B.U.P. daba la nota porque era el único al tanto de los asuntos del momento de los que nos hablaba el profesor. (Recuerdo un editorial de Pedro J. que nos fotocopió en la que hablaba de la falta de separación de poderes en España).

Yo no lo sabía pero anidaba un sociólogo en mí. Yo relacionaba la sociología con lo que hacía Amando de Miguel cuando salía en la televisión hablando de cosas como la tasa de divorcios y me pareció algo poco interesante. Yo nunca tiraba un periódico sin recortar las noticias y las guardaba en carpetas. Por aquel entonces leía de todo un poco: Marvin Harris, Noam Chosmky, Alvin Toffler, Jeremy Rifkin, Vicente Verdú Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatique, The Economist… Escribí un ensayito sobre cómo el mundo había cambiado pero a falta de criterio y lecturas hablaba de las cosas sin darle el nombre por el que hoy las conocemos: Neoliberalismo, disminución del Estado del Bienestar, McDonalización del mercado laboral, trivialización de los medios de comunicación hacia el infotainment, etc.

Cuando llegué a la universidad quedé deslumbrado por el mundo que se me abría. ¡Decenas de miles de libros en aquellas bibliotecas! Fui el primero de mi promoción en pedir el carnet de biblioteca y me dieron el carnet xxxx0001. ¿Por dónde andaban mis compañeros, nacidos en la década siguiente a la mía? Eran una mayoría apática y una minoría políticamente activa que jaleaba cualquier tiranía que ondeara la bandera del socialismo y el antiimpieralismo. Como aquel valle donde el tiempo se detuvo, paseaban los dinosaurios ideológicos.

Yo creía que como estudiantes universitarios éramos unos privilegiados. A la educación terciaria sólo llegaba una minoría de jóvenes canarios y si uno averiguaba la profesión de los padres de la mayoría de estudiantes oía cosas como profesor de universidad, profesor de instituto, médico, pequeño empresario, etc. Aún así oías los discursos sobre “el hijo del obrero” que daban la risa.

Siendo estudiantes de sociología, ¿no era imperativo que pusiéramos gran esfuerzo en tratar de entender la realidad para poder operar más efectivamente sobre ella ahora que todo estaba cambiando? No sabría decir cuánto le debo a mis profesores. Pero al menos de ellos aprendí a poner las cosas en su marco correcto y concreto. Leí el primer volumen de la trilogía “La era de la información” de Manuel Castells y una edición argentina de “The Lexus and The Olive Tree” de Thomas L. Friedman. Concluí que la relación de poder entre capital y trabajo se había roto en favor del capital. Las viejas formas de organización sindical de las fábricas taylor-fordistas ya no eran útiles. Por eso celebré la irrupción del Movimiento Antiglobalización y su uso de las redes de comuniciación.

Llegaron las movilizaciones contra la L.O.U. y la invasión de Iraq. Había como una electricidad en el ambiente que resultaba emocionante. Veía a la gente tan entusiasmada que enseguida me di cuenta que lo importante no eran las causas, era vivir la energía del momento y sentirse parte de algo. Oí más de alguna vez las comparaciones con las movilizaciones de los años 70 y 80. Los profesores nos hablaban de los buenos viejos tiempos y quedaba esa sensación de que teníamos el reto de emularlos.

Sé de al menos de dos compañeras que perdieron un curso por participar en asambleas y movilizaciones. Dudo que ninguna de las dos ahora hubiera repetido la experiencia. Las movilizaciones estudiantiles contra la L.O.U. y la invasión de Iraq alcanzaron su “momento de fuerza” porque detrás estaban los intereses de los profesores que veían su situación profesional afectada y el intento de usar el tema de la guerra de Iraq como ariete contra el Partido Popular. Los estudiantes sólo fueron peones de una partida que no entendieron.

Pasé por la carrera sin tener que leer un sólo libro de un autor de la sociología clásica. Nunca nadie nos explicó en serio la Escuela de Frankfurt. Ni tampoco como redactar un artículo académico. Vi en mi último año de carrera a un par de chicas presentar un trabajo de 80 páginas con sólo dos libros de bibliografía en el que se había limitado a copiar y pegar. Pero mirando atrás mi mayor queja no son lo estándares académicos, sino cómo profesores funcionarios con plaza en propiedad desde sus púlpitos nos aleccionaban contra el capitalismo y la explotación. Trabajar por cuenta gente era prostituirnos. Hablar de montar una empresa era inimaginable. Supongo que esperaban que nos mantuviéramos sin mácula en un limbo fuera del mercado laboral.

Fui inculcado en mantener lejos de nosotros el nefando pecado de tratar de destacar. Tuve suerte de encontrar a un grupo de outsiders varios cursos por detrás del mío que decían “Chicago, Viena, Frankfurt… ¿Por qué no puede haber una Escuela de La Laguna?”. Supongo que de haber coincidido en la misma promoción que ellos mi experiencia universitaria hubiera sido diferente.

Quería irme a Madrid. Y llegó a oídos de una profesora que me ofreció un puesto de becario porque tenía conocimientos de informática y acabé el primer ciclo con el mejor expediente. Compaginé trabajo y estudios en los tres últimos cuatrimestres de la carrera. Dormía poco, vivía estresado y me salieron las primeras canas. Pero me fui a Madrid a estudiar un máster en una universidad pública, donde sólo son un sacaperras a mayor gloria del profesorado. Yo que estaba en la cumbre del sistema universitario me aburría. Nadie me contaba nada nuevo.

Estuve en una empresa con cientos de trabajadores donde no había comité sindical. Hablabas de sindicatos y la gente se reía pero en el pasillo del baño me cruzaba con gente que lloraba. “No me pueden tratar así”. Pero lo hacían y lo aceptaban porque tenía una hipoteca que pagar. ¡Ah, las hipotecas! Conocí a alguien que tras años pagándola se molestó en leer lo que había firmado y descubrió que le habían engañado.

A finales de 2006 leí en alguna parte que había disminuido la matriculación de coches en Alicante. Si en una provincia con playa, donde se vive del ladrillo y el turismo, la gente estaba comprando menos coches sólo podía significar que empezaba la cuesta abajo. “¡Dónde se ha visto que el precio de las viviendas baje!” me dijo un prejubilado de uno de los grandes bancos españoles.

Universidades basuras que emiten títulos basuras, trabajos basura con sueldos basura… Nadie se quejó. Pero llegaron los “zulitos” y las hipotecas a 50 años. ¡Y eso sí que no! El no poder acceder a la casa en propiedad (Franco sí que conocía a los españoles) provocó las primeras movilizaciones allá en mayo de 2006 por una “vivienda digna”. En español simple, “hipotecas asequibles”.

Cinco años después tenemos a gente en la calle convocada con el lema “Democracia real, ya”. ¡Qué reconfortante es sentirse parte de una multitud! ¡Cómo emociona ver aflorar un orden espontáneo en las acampadas en espacio público que nos hace pensar en la inherente naturaleza bonbadosa del ser humano! ¡Qué entusiasmo ver que la prensa extranjera saca en portada la #SpanishRevolution!

El sistema del funcionamiento político español fue sólo una excusa. No ha pasado ni una semana para que saliera a flote la naturaleza de izquierda de la agenda política de los movilizados que han pedido entre otras cosas el “reparto del trabajo”, “energía gratis” y la “eliminación de la industria de defensa”. Se trata del infantilismo político de siempre que incapaz de volcar el descontento y el malestar contra el gobierno del PSOE han decidido proyectarlo en algo difuso. Hasta gurús españoles de lo digital como Enrique Dans, Ricardo Galli y Juan Freire ya han salido a decir a decir “no es eso, no es eso” a esa prisa por convertir una protesta focalizada en el funcionamiento del sistema político a redactar programas políticos perrofláuticos (véase lo aprobado por la asamblea de la Puerta de Sol el 20 de mayo de 2001 aquí). ¿Apostamos algo a que las movilizaciones del 15-M han tenido un efecto cero en las elecciones de hoy día 22?

Para acabar de una vez por todas con la cultura canaria

El martes pasado acudí una vez más al programa “La Puerta” de Radio Unión Tenerife. El invitado del martes fue Ánghel Morales que ha editado Generación 21, una antología de doce escritores canarios nacidos entre 1960 y 1973. He logrado la ansiada condición de “contertulio habitual” pero como no tengo vocación de todólogo al tratarse un tema del que no tenía mucho que decir apenas hablé.

El único asunto que provocó mi intervención fue el debate en torno a si se podía hablar de “generación literaria” como un mero artificio editorial o había elementos comunes entre los doce autores. No se expresó así, pero creo que en el fondo se debatía si existía una “literatura canaria” o una “literatura hecha en Canarias”. Según Ánghel Morales se trata de doce autores que no se conocían personalmente, cultivan géneros diferentes y habían transcendido las fronteras de Canarias. Se trataba entonces de un colectivo heterogéneo cuyo único denominador común es el residir en Canarias y ser representativos de una generación que se ha valido por sí misma y ha conseguido reconocimiento fuera de Canarias. Entre los doce han publicado cincuenta novelas, han ganado numerosos premios y alguno incluso ha conseguido ser traducido a otros idiomas. Intervine para decir que me parecía lógico que algo así sucediera con personas cercanas a mi cohorte demográfica, que ha tenido acceso a la ficción extranjera en cine, TV y literatura, que usa Internet y cuyos referentes ya no son ni locales ni estatales. Que no dependían ya de las editoriales y las élites culturales locales para publicar.

Me quedé dando vueltas a lo que comentó Ánghel Morales de cómo en décadas anteriores se habían consolidado “generaciones literarias” en Canarias sin que necesariamente sus miembros se hubieran distinguido por la calidad y la bonhomía con aquellos que habían logrado mantener al margen. El mundo cultural de una región “de provincias” cualquiera funcionaba hasta hace poco bajo la lógica de la escasez. El espacio en las páginas de cultura de los diarios locales, las subvenciones de las instituciones locales y las publicaciones de las editoriales locales eran limitadas. Por tanto había un proceso de selección que otorgaba un poder tremendo a aquellos con un cargo en el Ateneo, la sala de exposiciones de la caja de ahorros provincial, la concejalía de cultura… Era un mundo cerrado que triangulaba industria cultural, instituciones públicas y artistas funcionando bajo el principio de “¿nos hacemos unas pajillas?”.

Además ha existido en las regiones periféricas un interés en “construir” una cultura local con ínfulas de “cultura nacional” en los que la identidad y no la calidad han sido criterios de promoción. Quizás por ello me han entrado ganas de correr en la dirección contraria cada vez que alguien colgaba un marchamo identitario a una obra de arte. “Es de aquí”. De acuerdo. Pero su obra sigue siendo una mierda.

¿Y yo? Si mañana publicara en mi otro blog al fin cierto relato postciberpunk que tengo en mente. ¿Eso me convertiría en un “autor canario” aunque mis referencias sean la ciencia ficción anglosajona y mis lectores cuatro amigos desperdigados por el mundo? ¿Es “Guerras Posmodernas” la obra de un sociólogo canario aunque desde que se me ocurriera la idea a que saliera publicada en papel residí en Madrid? ¿Y tiene algo que ver que la chispa que me motivara para escribir ese libro fuera el 11-M, algo ya unido a la historia de Madrid y España? Tampoco me consideraría un sociólogo madrileño, como hicieron pronto compañeros de facultad que se trasladaron en las mismas fechas que yo a vivir a Madrid. Aquella necesidad de racionalizar la amenaza del terrorismo red que podía un día convertirme en picadillo de carne mientras viajaba en un tren de Cercanías me llevó a tratar de entenderlo y dar el paso de querer formar parte de la defensa de España. Supongo que si hubiera estado residiendo en el norte de Israel en el verano de 2007 habría quedado marcado por la lluvia de cohetes de Hizbolá y me habría dedicado con pasión a escribir de la guerras híbridas. O si hubiera vivido cerca de Fukoshima y hubiera sobrevivido estaría germinando en mí el activista antinuclear.

Es tan arbitrario y aleatorio el lugar en que nacemos, nos críamos y vivimos que no deja de sorprenderme esa pasión desmedida en darle valor a las mediocridades producidas por otros cohabitantes del mismo territorio o convertir en asunto épico y moral las polémicas futbolísticas. Creo que será divertido darle vueltas al asunto y escribir sobre ello aplicado a Canarias.

Cooperación internacional para el subdesarrollo

Hace poco Documentos TV emitió un documental sobre los microcréditos en Bangladesh que cuestionaba la figura de Muhammad Yunus y ponía en entredicho a los microcréditos como herramienta para el desarrollo de las comunidades. Al parecer Yunus ha sido exculpado de las presuntas irregularidades en su banco. Pero quedaba en el aire la cuestión de por qué las limitaciones de los microcréditos como herramienta para el desarrollo no era un asunto conocido por el público. Todo lo que rompa el relato idealizado de la feliz ayuda al desarrollo no vende como noticia.

A los pocos días de ver el documental leí sobre los problemas de la ONG fundada por Greg Mortenson, autor de “Tres cups of tea” (traducido en España como “Tres tazas de té: La lucha de un hombre por promover la paz escuela a escuela”). Mortenson contaba en su libro que tras un fallido ascenso al K2 había llegado a un valle perdido en Pakistán. Y a partir de ahí se había comprometido a cambiar la realidad local creando escuelas para niñas. En su libro se retrataba así mismo como alguien que había sido capaz de saltar barreras culturales tratando de escuchar y comprender a los locales. Algún experto sobre Pakistán mostró sus críticas a los importantes “agujeros” en el relato de Mortenson y su aparente ignorancia de la compleja realidad pakistaní. Con el paso del tiempo parecía no encajar su apretada agenda de viajes y conferencias con el puesto de director de una ONG en Pakistán. Hasta que ha saltado todo por los aires y se ha sabido de los problemas económicos de la ONG y su fallida estrategia de construir escuelas descuidando todo lo que implica tener un programa educativo (sueldos, selección del profesorado, programa de estudios, etc.) “Tres trazas de mierda” lo han llamado.

Como sucede en estas circunstancias muchas personas ya lo sabían. Pero no quisieron o no pudieron romper el aura que rodeaba a Mortenson. Había demasiada gente que se había emocionado y conmovido sinceramente con el libro. Las ideas de Mortenson fueron usadas como referencia en el debate interno de las fuerzas armadas estadounidenses sobre estrategias de contra insurgencia. Y que Mortenson sea un fraude ha añadido leña al fuego del debate entre la aproximación “dura” y “blanda” al asunto.

En los dos casos me ha llamado la atención como surge enseguida el problema de contar malas noticias sobre la ayuda al desarrollo que echen abajo relatos idealizados y conmovedores que hacen sentir bien a los donantes de los países desarrollados. Está claro que aquí el asunto no es la eficacia de la ayuda al desarrollo sino el bienestar emocional de los contribuyentes a ONGs que necesitan aplacar sus conciencias. La cuestión es entonces, ¿ese filtro “emocional” no estaría impidiendo un debate serio y sosegado sobre la realidad de la ayuda al desarrollo? A lo mejor lo único que ello consigue es que se perpetúen las estafas, las prácticas cuestionables y tantos chiringuitos de pulseras y viajes solidarios.

Conocí el mundo de la cooperación internacional para el desarrollo a medidados de los años 90, cuando todavía había que explicar la palabra “solidaridad”. Y a estas alturas estoy más por creer de forma herética que a África no la salvará la cooperación para el desarrollo sino lo que los africanos puedan producir y vender. Que Cabo Verde es el camino y no las caravanas solidarias.

Arqueología (1996-1999)

Estoy reorganizando la biblioteca con nuevas estanterías, condenando libros al trastero y recuperando el tiempo perdido leyendo a destajo. Me he encontrado con un montón de archivadores de aquella época en que nunca tiraba un periódico sin tener a mano un bolígrafo y unas tijeras. ¡Un archivo análogico!

Me ha sorprendido la cantidad de recortes sobre la “crisis económica mundial” que guardaba del período 1996-1999. Paro, cierre de factorías, concentración empresarial y empresas de productos de lujo vendiendo más que nunca. Puede que mucha de aquellas noticias podrían ser publicadas hoy y nadie notaría el anacronismo.

En 1999 entré la universidad a estudiar Sociología. Yo sentía que las reglas de juego habían cambiado mientras mis compañeros mantenían discusiones bizantinas sobre el marxismo. Esta misma semana he pasado por la biblioteca central y me encontré con una exposición de Trotsky (¿70º aniversario de su muerte?).

Guardaba todos aquellos recortes como documentación para un ensayo sobre la crisis de la izquierda (“Naufragio” se iba a titular). Al final terminé escribiendo un libro sobre la transformación de la guerra. Siempre queriéndolo abarcar todo con grandes marcos teóricos. No creo que escriba ya ese ensayo. Sálvese el que pueda.

El juego de las sillas

He estado dos veces en el desfile militar del Paseo de la Castellana el 12 de octubre. Es siempre una buena oportunidad para ver en vivo hardware militar y suele haber alguna novedad o sorpresa.

Hubo pitos y abucheos la última vez que fui. Empezaron antes del desfile nada más aparecer los lanceros de la Guardia Real escoltando un Rolls Royce por el Paseo de la Castellana en dirección norte hacia la Plaza de Colón. ¿Republicanos inflitrados? No. La gente abucheaba entre gritos contra Zapatero a todo coche oficial que aparecía. Que pensaran que Zapatero iba escoltado por la Guardia Real ilustra de sus luces. Evidentamente cuando la figura de los reyes fue visible tras los cristales blindados los pitos y gritos se convirtieron en aplausos.

Esta última vez no estuve pero se ha visto que hubo pitos, gritos y abucheos en medio del Homenaje a los Caídos con los familiares presentes de militares y guardias civiles fallecidos en acto de servicio en este último año. Y tiene gracia ver ahora el reparto de papeles entre los dos partidos mayoritarios.

Ahora de pronto desde el PSOE y su entorno se defiende el decoro y el respeto en la Fiesta Nacional mientras desde el PP y su entorno se defiende a ultranza la libertad de expresión en cualquier ámbito (recuerden estas posturas cuando venga el Papa de visita e España).

Entrer nosotros: A ambos partidos les importa todo un mierda. Es el tradicional juego de las sillas de la política española. Un mismo partido defenderá una cosa o su contraria en función de si está en el poder o en la oposición. Lo que el partido rechaza para toda España es lo que un barón regional defiende para su comunidad autónoma. Y lo que en Cataluña se considera inadmisible es defendido sin complejos en una comunidad en la otra punta de España.

Se equivocan quienes quieran ver en la derecha una mayor sensibilidad en asuntos de seguridad y defensa. Y que una eventual llegada al poder del PP pondría las cosas en su sitio. Los gastos en las fuerzas armadas nunca han dado réditos electorales. ¿Qué ciudadano medio conoce lo que es un MRAP, un UAV y por qué hay que sustituir los BMR o le importa que no se le haya hecho la MLU al Príncipe de Asturias? Lamentar el estado de las fuerzas armadas o el fallecimiento de soldados en Afganistán es sólo munición contra el gobierno. Soldados, que por cierto, ya no son españoles.

Un gobierno pagafantas

Como sé que no todos mis lectores manejan términos como perroflauta hoy introduciré otro neologismo: Pagafanta.

Pagafanta es ese pobre muchacho que cree que el ser honesto, atento, cariñoso, divertido y leal le llevará hasta el corazón de las chicas. No entraré en si esas son virtudes necesarias o suficientes para triunfar en el amor en el siglo XXI pero es que el problema con el pagafanta es que suele ser bastante tímido y torpe. El pagafantas nunca da el paso. Cree que estando cerca y disponible de la chica de la que está enamorado ella tarde o temprano caerá en la cuenta de lo maravilloso que es él. El pagafantas le acompaña hasta su casa a la salida de clase, le propone estudiar juntos y cuando ella necesita un favor él se desvive por complacerla.

Lo que él no alcanza a comprender es que la chica de la que está enamorado no es como él. No es tímida y torpe con el sexo opuesto. Todo lo contrario. Tiene una vida sentimental por lo general tumultuosa. Los hombres van y vienen o tiene una relación complicada con alguien que es la antitésis de él. Él lo sabe porque ella se lo ha contado en interminables conversaciones a media tarde con bebidas no alcohólicas de por medio que él paga, como buen caballero que es. De ahí lo de pagafantas.

Él se mortifica porque ella no parece comprender que esos chicos que ella conoce en el gimnasio o la discoteca nunca cambiarán. Nunca se interesarán por sus inquietudes. Le pondrán los cuernos. Dejarán pasar su cumpleaños. La tratarán mal. A veces ella se siente perdida con los hombres y le pregunta a nuestro pagafantas “¿dónde encontraré un chico bueno, tierno, divertido y que me entienda… como tú?”. En momentos así él creyó alcanzar la gloria. Pero cuando él trata de reunir fuerzas para abrir la boca ella sentencia “menos mal que tengo a ti, que eres como un hermano para mí”.

Atrapado en la “zona amigo” el incansable pagafantas seguirá al lado de ella, desviviéndose en favores y atenciones, esperando el momento en que ella caiga en la cuenta de la clase de hombre que realmente necesita. Sólo es cuestión de que caiga en la cuenta. Porque él está convencido de que ella es lista y buena. Sólo pasa que tiene mala suerte y mal ojo con los hombres. Como pasa con esos piratas somalíes y esos terroristas del Sahel. No es que sean malos. No. Es que son pobres y están oprimidos. Por eso han optado por el camino de las armas. Ser razonables con ellos y atender sus demandas hará que tarde o temprano caigan en la cuenta de que se equivocaron de camino.

El gobierno español ha desembolsado unos cuantos millones de euros para obtener la liberación de tres personas (entre 5 y 10 millones por los dos últimos) en manos de Al Qaeda en el Magreb Islámico. Ese dinero servirá ahora para financiar atentados y ataques en Argelia y Mauritania.

En el caso del “Playa de Bakio” pagar una primera vez hizo que a la segunda, el caso del “Alakrana”, se disparara la cuantía del rescate. Aparecieron en la trama tantos intermediarios, interesados y facilitadores que dicen por ahí que al final el rescate se pagó tres veces. La justicia, por cierto, no pudo concluir nada.

Sufren los expertos y asesores del gobierno de una visión deformada del materialismo histócio-dialéctico que les lleva a ver a terroristas y criminales como personas razonables haciendo cosas poco razonables por culpa de unas condiciones sociales tremendas e injustas. Superadas nuestras ojeras etnocentistas caeremos en la cuenta que podemos dialogar y negociar con ellos. Sólo es cuestión de hacer concesiones aquí y derramar dinero allá para que comprendan nuestra buena voluntad. Es sólo cuestión de que caigan en la cuenta.

Berl�n, hora cero

Tengo dos recuerdos televisivos de la infancia y la más temprana adolescencia: La explosión del transbordador espacial Challenger (TVE interrumpió Barrio Sésamo para dar la noticia) y la caída del Muro de Berlín.

Por eso para mí el corto siglo XX terminó antes del año 2000. Y aceleró aquel vértigo, en cierto medida, mi despertar ante el mundo. A los pocos meses de la caída del Muro, en febrero de 1990, entró en mi casa el primer ordenador, un Philips 286. Recuerdo la tarde del siguiente verano en que mi madre me contó que habían anunciado en la radio que Kuwait había sido invadido por Iraq.

Con 15 años empecé a comprar de mi bolsillo el diario El País para seguir las noticias con profundidad. Y durante meses nunca falté a la cita del domingo porque venían las hojas de un atlas por entrega. Aquel atlas quedaría obsoleto enseguida con la ruptura de Yugoslavia y la U.R.S.S. En algún lugar guardo el texto del discurso de dimisión de Gorbachov que publicó la prensa local.

En dos años pasé de la infancia a la adolescencia. Y el viento de la historia barrió Europa. Cayó el comunismo y volvió la guerra al continente. Por eso me parece un acto de desmemoria llamar al 11-S “el día que comenzó el siglo XXI”. El mundo cambió cuando se rompió la polítca de bloques y se abrieron las compuertas de mil cosas.

Los conflictos armados o sociales en Centroamérica o África austral dejaron de ser explicados bajo el manto de la ideología de bloques para mostrarse en su crudeza étnica. Los arsenales de armamento de la Europa comunista llovieron sobre Asia y África transportados por aviones Il-76 y An-12 ex-militares capaces de aterrizar en pistas poco preparadas. Las guerrillas sin apoyo económico de Moscú, La Habana o Pekín tuvieron que firmar la paz o lanzarse a la explotación de recursos naturales, fuesen los diamantes o la hoja de coca. La crisis del modelo árabe-socialista y el retorno a casa de los árabes-afganos abrió un nuevo ciclo histórico de terrorismo. Sólo a los perezosos sorprendió el 11-S.

Pero hay algo más que cambió en aquel tiempo. La desaparición del comunismo en Europa puso en crisis no sólo a la izquierda, sino al tradicional modelo de organización marxista-leninista con su órgano del partido, su comité y su estructura jerárquica dando paso al nuevo mundo de las redes distribuidas. Un mundo que está todavía por explorar.

Lo que Obama pedirá a Zapatero

Anoche me dio por ver las noticias para ver qué decían de la elección de Barack Obama. No parecía que acababa de ser elegido, sino que tras años de mandato Obama había encontrado la cura para el cáncer, cerrado el agujero de la capa de ozono y capturado él solito a Bin Laden con un palillo de dientes. Sospecho que en España se tienen expectativas infundadas sobre qué significará la presidencia de Barack Obama.

Leo en Kings of War:

Obama has already indicated that he will shift American resources to Afghanistan. What he must do now is pressure those European allies who are not pulling their weight now to get with the programme. The argument of some countries that the public distaste with the Bush administration has precluded their deeper involvent is no longer valid. The mission is inadequately resourced and it is nearing crunch time.

¿Qué cara pondrá Zapatero cuando Obama le pida más compromiso en Afganistán?

El Tirador Solitario se me ha adelantado antes de terminar de escribir esta entrada. Veo que estamos en la misma longitud de onda.

Demasiado tarde.

Si los días tuvieran 36 horas y los fines de semana cinco días este blog sería otra cosa. No tendría tantas entradas pendientes de la respectiva segunda parte, no tendría la plantilla básica de WordPress y con un filtro antispam mejor no tendría cerca de 30.000 comentarios basura esperando ser borrados a mano. Además no tendría aparcados otros proyectos como FlancoSur.info.

Portada revista septiembreSin embargo, el tiempo es finito y uno tiene que establecer prioridades. Pero no quiero dejar pasar más tiempo sin tratar una serie de temas que me rondan la cabeza, antes de que se conviertan en “la actualidad” o pasen finalmente desapercibidos en la blogsfera española. Hay un punto de vanidad en ello también. Quiero dejar constancia para el día de mañana que se apuntaron aquí primero lo que serán hechos consumados o temas de candente debate en ciertos círculos. Considérese por tanto lo que viene a continuación un volcado de memoria. El que quiera, que siga los hilos.

Un ejemplo de lo que quiero evitar: En mayo llamaba la atención sobre la crisis en Mauritana. En julio leí la entrevista al ahora ex-presidente de Mauritania en El País. El titular era “Es vital que la democracia tenga éxito en un país musulmán”, frase con la que no podía estar más de acuerdo. El esperanzador proceso democrático mauritano llamó mi atención desde el principio. Pensé que era necesario escribir al respecto y en torno al rechazo del Tribunal Constitucional turco a ilegalizar al AKP. Pero nunca lo hice y ya es demasiado tarde.

El 6 de agosto la guardia presidencial mauritana detuvo al presidente y una junta militar tomó el poder en el país. Por una vez los gobiernos occidentales y Al Qaeda coincidieron en algo: Todos condenaron el golpe. De hecho Al Qaeda en el Magreb Islámico perpetró un ataque que se saldó con doce soldados mauritanos muertos en la zona minera de Zeruat.

El resultado de todo esto es un país sumido en una crisis económica, con un gobierno aislado internacionalmente y enfrentado a la rama regional de Al Qaeda. ¿La alternativa? La junta militar sopesa dirigirse a las monarquías petroleras de Oriente Medio en busca de apoyo y ayuda ante el rechazo internacional al nuevo gobierno. Ahora sólo hay que imaginar una Mauritania recibiendo ayuda internacional en forma de petrodólares que siempre llegan acompañados por ulemas wahabíes. Allá por febrero de 2002 vi en Sarajevo obras públicas y mezquitas restauradas por el gobierno de Arabia Saudita. También alguna que otra mujer con velos que desde luego no parecían el türban turco. Más de seis años después, leo en el diario Público: Aumenta el peligro del fundamentalismo islamista en Bosnia.

Con los recursos pesqueros esquilmados por países extranjeros, ¿qué utilidad podrán encontrar los pescadores artesanales mauritanos a sus cayucos?

Hay otra región próxima a nosotros: América Latina. Al menos mentalmente. Y es curioso el poco espacio que le he dedicado en este blog. Quizás porque, con la excepción de Colombia, no ha sido en la última década escenario de conflictos armados de importancia. Pero ello no quita que fuera laboratorio de tantas cosas por venir. Quise dedicarle la atención merecida al regresar a la blogsfera haciendo una composición de lugar de Mercosur y las posibilidades de la integración regional. Faltaba hablar sobre lo que pasa del istmo de Panamá hasta el río Grande.

En esa área de América pasó lo que en Sudáfrica tras el fin del apartheid: La violencia política dio paso a nuevas formas de violencia organizada en un mundo globalizado pero nacidas del mismo magma social del que se nutriera fuerzas insurgentes. Hablamos de grupos como la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Primeiro Comando da Capital (PCC). Hablé de ello en una comunicación presentada al III Congreso Nacional “Información, Seguridad y Defensa” en abril de 2007 en Segovia. En la próxima reforma del blog espero hacerla accesible al público. Pero faltaba un eslabón de la cadena que une los campos cocaleros de Colombia y las calles de Estados Unidos: México.

Mientras esta entrada de mi blog era sólo un borrador escribí la frase: “En el futuro habrá sin duda que hablar de la situación en México y la Iniciativa Mérida. Con fuerzas militares en la calle, con el incremento de la violencia y con carteles de la droga desafiando al Estado, el autor del blog World Security Trends dejó en uno de de esos comentarios que borré por torpeza la pregunta de si en mi opinión lo que acontecía en México era una “Guerra de 4ª Generación” (¿por qué no una guerra posmoderna?. Contestarla me llevaría a discutir sobre las teorías de William S. Lind y sus limitaciones. Pero a eso llegamos demasiado tarde. Da igual el nombre: La guerra ya empezó.

Un ejemplo desde Chile

Hoy comparece la Ministra de Defensa española ante la comisión de Defensa del Congreso. Ayer El País Semanal publicaba una entrevista a Michelle Bachelet, presidenta de Chile.

[H]ay una parte de su biografía que se ha destacado poco y me ha llamado la atención: su curso de estrategia militar aquí en Chile y el de posgrado en defensa continental en Fort Leslie McNair (Washington) a mediados de los noventa.

Lo hice porque consideré que uno de los problemas que tuvimos en Chile era una falta de diálogo entre el mundo de la política y el mundo militar. Mi gran preocupación era cómo lograr no repetir una tragedia como la que habíamos pasado [el golpe de Estado y la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990]. Yo creía que en el mundo de la política y de la izquierda había que entender que las Fuerzas Armadas eran parte constitutiva del Estado y que teníamos que generar confianza entre ambos mundos, dejando atrás los prejuicios, para asentar las bases de la democracia. Porque la democracia es algo mucho más que la mera elección de los representantes. Lo importante y lo difícil es aprender a convivir con un espíritu de amistad cívica. Ése es el sentido de mi acercamiento a lo militar en plena transición política.

Pensaba que era un mecanismo de defensa; salvando todas las distancias, como el indígena americano que aprende el español, la lengua de los conquistadores, para combatirlos mejor.

No, porque ya estábamos en democracia. Era una manera de explorar cómo construir una sociedad sana y democrática y no reproducir los errores del pasado. Me parecía, además, que desde la izquierda no le habíamos dado el valor suficiente al mundo militar, como tampoco a la seguridad ciudadana.

Yo preferiría no tener que sacar conclusiones.