Lecciones de la antigua Yugoslavia para España (y Cataluña)

Allá por los años noventa las guerras en la antigua Yugoslavia pusieron de moda el “nacionalismo” como tema. Se organizaban conferencias, congresos y charlas que trataban el nacionalismo como “amenaza” y “problema”. Hablar de nacionalismo en España ha sido siempre, claro está, hablar de los nacionalismos vasco y catalán. El nacionalismo español, como todo el mundo sabe, no existe. Es como el acento madrileño, que resulta evidente para todo el mundo menos para los madrileños.

Estaba estos días releyendo cierto capítulo de La Trampa Balcánica del inefable profesor Veiga y me topé con este párrafo:

Lo paradójico del caso es que los eslovenos se presentaron como yugoslavistas -en su defensa de los mineros albaneses se llegó a decir: “Yugoslavia se defiende en Trepča“- mientras que los serbios fueron retratados como los dinamiteros de la federación. Lo evidente era que a esas alturas, la postura de los eslovenos era claramente secesionista: alegaban que no deseaban continuar en una hipotética Serbioeslavia controlada por Milošević.

Hablé de esa misma idea hace ya muchos años en una entrada similar a esta, en mayo de 2005. Volví a insistir el año pasado. La narrativa del nacionalismo español sobre cómo Yugoslavia saltó por los aires es incomplenta y engañosa. No se trató sólo de las aspiraciones eslovenas, atraídas por los cantos de sirena de la Unión Europea, sino de cómo el nacionalismo serbio hizo inviable una Yugoslavia plural. A ello contribuyeron no sólo los líderes serbios, sino el ambiente creado por medios de comunicación e intelectuales. En términos españoles, el secesionismo esloveno fue alimentado por los federicosjimenezlosantos, alfonsomerlos e intereconomías de Serbia que actuaron de bomberos pirómanos. Y en España, desgraciadamente, no faltan de esos, que sueñan con los Leopard avanzando por la Diagonal.

Ya sabemos cómo terminó la historia en Yugoslavia. Pero tiene un colorario interesante. Hoy Eslovenia está en crisis, como España. Carlos González Villa hace balance en uno y dos artículos publicados por Eurasian Hub:

Aunque Eslovenia ocupaba una posición central en la estructura económica yugoslava y siguió actuando como uno de los principales actores económicos en la región tras la disolución del país, su posición en relación a la economía europea era la de periferia sujeta a los términos comerciales de los países más poderosos.

En la misma línea se expresa Jože Mencinger en una cita que recoge en la segunda parte:

En Yugoslavia éramos relativamente fuertes, pero no en Europa. Económicamente, está claro que perdimos todos los atributos que hacen de un país una entidad económica: no tenemos dinero, casi no tenemos política fiscal, no tenemos nuestro propio sistema económico y tampoco tenemos fronteras.

Aquí en España se debate y contradebate sobre si una Cataluña independiente quedaría dentro o fuera de la Unión Europea en función de no sé qué artículo o acuerdo. Tonterías. Lo que importará será lo que diga Berlín y París. Y tengo la sospecha de que a Alemania le resultará más fácil imponer sus intereses en una Unión Europea de países con poco peso demográfico.

Snowden en los paraísos de la privacidad

El culebrón Snowden tiene para mí tintes cómicos. En primer lugar despertamos un día conociendo que el gobierno de los Estados Unidos vigilaba servicios privativos de Internet en los que los usuarios ponen confianza ciega. No deja de ser incomprensible la sorpresa de la gente. Jose Alcántara, el autor de La Sociedad de Control, hizo la presentación de su libro hace ya más de cuatro años. Así que no dejo de tener la sensación de que es un tema viejuno en el que una sana desconfianza ha resultado correcta. Pero a partir de ahí la historia se vuelve esperpéntica.

Snowden huyó a Hong Kong, territorio autónomo de soberanía china. Oh, China. El país del Gran Firewall y la extendida censura de Internet. De allí partió a Rusia, otro gran país en el terreno de la privacidad en Internet que emplea Deep Packet Inspection en nombre de la defensa de la juventud rusa frente a las malas influencias de Internet (pornografía infantil, uso de drogas, promoción del suicidio, etc.) y en donde todos los proveedores de servicios de Internet deben permitir al gobierno instalar sistemas de escucha de su tráfico. Es decir, Snowden se refugió en un auténtico “paraíso” de la privacidad en Internet. Luego amagó con refugiarse en Venezuela, país que le ofreció “asilo humanitario”. El mismo país donde medios progubernamentales airean conversaciones telefónicas privadas de miembros de la oposición.

Hay algo terriblemente ridículo en ver a gente aplaudir la acogida de regímenes poco democráticos, donde la privacidad de las comunicaciones es un chiste, a Edward Snowden. Más allá, claro, de la relevancia de lo que ha descubierto.

[Actualización: David ha encontrado una página web que ofrece un listado de servicios y aplicaciones alternativas a las que se sabe que ofrecía acceso al sistema de vigilancia PRISM]

Carter, Reagan, Obama y los mitos de la política exterior

Una amiga me contó que, en un seminario al que había asistido, explicaron cómo el blando de Jimmy Carter cedió en todo frente al régimen de los ayatolás y tuvo que venir el duro de Ronald Reagan para poner firmes a los iraníes, que entonces entregaron a los rehenes de la embajada. Después de haber leído Guests of the Ayatollah de Mark Bowden, con sus 634 detalladas páginas, me sorprendió el descaro con el que se puede tergiversar la historia con fines partidistas. La cuestión es que Jimmy Carter intentó una solución militar a la crisis de los rehenes de la embajada en Teherán. Salió mal por un accidente resultado de una mala planificación y a las limitaciones tecnológicas de aquel entonces en una operación tan compleja. De hecho, las fuerzas armadas estadounidenses realizaron cambios y reformas después de aquel fiasco. Si la Operación “Eagle Claw” hubiera salido bien, hoy se recordaría la presidencia de Jimmy Carter en otros términos.

Operación Eagle Claw
Después del fracaso de la operación militar, las negociaciones con Irán se endurecieron. Carter tuvo que ceder en descongelar los fondos iraníes depositados en bancos estadounidenses mientras el régimen de Teherán alargaba la crisis para que su resolución tuviera lugar después del fin del mandato de Carter. Ciertamente Carter fue percibido por el electorado como un presidente débil y titubeante. Pero eso no corresponde con el perfil personal de alguien que fue oficial de la U.S. Navy y corrió riesgos personales en los trabajos de limpieza de un reactor nuclear experimental accidentado. Pero sobre todo, Jimmy Carter fue el presidente que tomó acciones agresivas como el envío de ayuda a los insurgentes afganos meses antes de la invasión soviética.

Cuando el presidente Ronald Reagan asumió la presidencia se encontró con la crisis de los rehenes resuelta. Pero lo tocó vivir su propia crisis de rehenes en el Líbano. ¿Cómo trató de resolverla el duro Reagan? Pagando. Aprobó un primer pago de 200.000 dólares para tratar de lograr la liberación de David Jacobsen (director del Hospital Universitario Americano) y William Francis Buckley (jefe de la CIA en Beirut). El dinero se entregó y no sucedió nada. La liberación de seis rehenes en el Líbano llevó al plan de vender clandestinamente misiles anticarro TOW y misiles antiaéreos HAWK a Irán, con la colaboración de Israel, para lograr que las autoridades de Teherán intercedieran ante los grupos libaneses. Cuando la operación se puso en marcha los beneficios comerciales se destinaron a financiar la “Contra” nicaragüense. La ruta aérea de suministros a la “Contra” se convirtió en vía de entrada de la cocaína colombiana, algo que la CIA consintió como un mal menor. Todo ello, hay que recordar, mientras Estados Unidos apoyaba a Iraq en su guerra contra Irán (lo que incluyó la venta de tecnología para armas bacteriológicas). El gobierno de los Estados Unidos terminó por ofrecer información sobre las fuerzas iraquíes a Irán como gesto de “buena voluntad” mientras ofrecía información sobre las fuerzas iraníes al régimen de Saddam Hussein.

Rumsfedl recibido por Saddam Hussein en Bagdad

Rumsfedl recibido por Saddam Hussein en Bagdad

El conocimiento del presidente Reagan en todo esta enorme trama es materia de debate. Y atraviesa el relato de Bob Woodward en un libro muy interesante sobre aquel período: Veil: The Secret Wars of the CIA, 1981-1987. Sea como fuera, o Reagan la autorizó o permitió que la CIA jugara por libre. Su lista de hazañas es corta. Ordenó invadir una isla, Granada, que tiene la mitad de tamaño que la isla de La Palma. Reagan se implicó en la guerra civil libanesa y salió escaldado: Atentados terroristas, secuestros y el fiasco de los bombardeos aéreos de castigo en torno a Beirut. Por eso es tan divertido ver a Chuck Norris en Delta Force. Es un psicodrama dirigido al público estadounidense.

Reagan ordenó atacar Libia (un país de 3 millones de habitantes) tras un atentado en Berlín y ordenó apoyar a los muyahidines afganos para frentar el expansionismo soviético cuando la realidad es que Moscú sólo pretendía estabilizar Asia Central pero la crisis afgana se le escapó de las manos. Su gran logro en política exterior, el fin de la Guerra Fría, se debió a la debilidad interna de la Unión Soviética que terminó provocando su colapso. Fue proteccionista en lo económico y la expansión del gasto militar fue en la práctica un paquete de estímulo keynesiano (Chrysler Corporation se salvó de la bancarrota gracias al desarrollo del carro de combate M-1 Abrams).

Reagan cabalgando un VelociraptorCómo un presidente así se convirtió en el gran mito de la derecha, un icono para ciertos liberales españoles, es uno de esos grandes misterios de la propaganda política que se me escapan. Pero si estos fenómenos pueden parecer cosas del pasado, sólo basta repasar los comentarios sobre la política exterior del presidente Obama antes de las elecciones presidenciales de 2012. Obama era el nuevo Jimmy Carter. El causante del ocaso del imperio estadounidense. Hasta que llegó el tercer debate con Romney. Brillante el montaje en el programa de Jon Stewart:

 

Sospecho que algún día miraremos atrás y veremos la presidencia de Obama considerando la continuidad de la prisión de Guantánamo y los ataques de drones en Pakistán, Yemen y Somalia. Lo curioso es que ya hay libros que explican el presente desde esa perspectiva: Confront and Conceal: Obama’s Secret Wars and Surprising Use of American Power y The Way of the Knife: The CIA, a Secret Army, and a War at the Ends of the Earth. Pero supongo que la creación de mitos es más potente.

La crisis de las ONGs para el desarrollo

El Instituto de Estudios sobre Conflictos y Ayuda Humanitaria ha publicado con la colaboración de Médicos Sin Fronteras el informe La acción humanitaria en 2011 – 2012: tocando fondo. El título proviene del enorme descenso de los prespuestos públicos de ayuda al desarrollo. El asunto ha sacado a la luz la realidad del mundo de las ONGs en España: Han vivido todo este tiempo de las subvenciones, con una escasa base social. Ahora llegan las vacas flacas.

José Medina y Lucía Lois dan una explicación del asunto en el periódico Diagonal que comienza dando un rodeo por la Cultura de la Transición para llegar a cómo la cooperación al desarrollo se convirtió en España en un canalizador de energías políticas hacia algo inocuo. Frente a los problemas económicos y sociales cercanos, la solidaridad hacia tierras lejanas. Fue algo de lo que ya habló James Petras en los años noventa en su famoso informe. Por el camino, las subvenciones públicas permitieron la multiplicación de organizaciones y toda una industria de masters y postgrados a su alrededor que convirtieron el trabajo de cooperante en una actividad elitista.

Ahora las ONGs no sólo se encuentran con la caída del dinero público destinado a subvenciones, sino el descenso de las donaciones de empresas y particulares. En el artículo de Medina y Lois pareciera casi que hubo un maquiavélico plan detrás de las subvenciones para tener a la juventud española entretenida salvando el mundo y olvidándose de los problemas cercanos. Puedo hablar del tema porque lo viví en primera persona. Las subvenciones públicas a la cooperación al desarrollo no fueron un regalo. Fueron una conquista. ¿Alguien se acuerda de las “Acampada del 0,7%”? En Canarias cuando se obtuvo el compromiso del gobierno local surgió el debate dentro de las propias ONGs sobre dónde poner el tope porcentual de las subvenciones en cada proyecto. Se puso alto porque muchas organizaciones no tenían ni socios ni medios. Recuerdo que alguno propuso una moratoria y que el primer año el dinero se dedicara por entero en dotar a las ONGs de locales e infraestructura. No eran capaces de recaudar dinero y se convirtieron en meras oficinas tramitadoras de proyectos con una infraestructura mínima y personal precario. Ahora se desvela que no eran sociedad civil, sino capturadoras de subvenciones.

Es la demografía, ¡estúpido!

Encuentro graciosa la proliferación en la prensa española de artículos titulados “Por qué Obama ganó” y publicados menos de 24 horas después de que se supieran los resultados de las recientes elecciones presidenciales estadounidenses. Estoy seguro que se trata de la clase de artículos que se encargan por adelantado, como los perfiles biográficos de personalidades que todos los medios guardan en un cajón. Conozco más de un caso en la prensa anglosajona donde los autores de tal clase de artículos necrológicos fallecieron antes que el personaje. Estoy seguro que los medios españoles tenían guardados en la nevera dos artículos opuestos con explicaciones ex post facto. La cosa seguro que era así:

Obama, que llegó a la presidencia de 2004 generando grandes expectativas, no supo o no pudo estar a la altura de ellas. Sin embargo, finalmente pudo / no pudo (tachar lo que no proceda) movilizar a su base electoral y convencer a los indecisos de que necesitaba cuatro años más para consolidar sus logros en unas elecciones muy reñidas hasta el final.

Rommey, que partía como un republicano moderado con políticas sociales no muy distintas de las de Obama, debió adaptar su discurso al de las bases del partido republicano, muy escoradas a la derecha. Sin embargo, finalmente pudo / no pudo (tachar lo que no proceda) convencer a los indecisos de que estaba más capacitado para liderar el país hacia la salida de la crisis económica.

El verdadero mérito está en lanzar ese tipo de análisis antes de las elecciones. Por ejemplo, ahí está Natan Silver que ya había anticipado la victoria de Obama a finales de octubre y dio en el clavo con el resultado electoral los 50 estados y el distrito de Columbia la misma mañana de las elecciones. Se trata de un genio de la estadística que saltó a la fama con sus análisis sobre béisbol. Pero del papel de la informática, la estadística y el análisis de datos hablaré otro día.

Por otro lado tenemos las predicciones simplistas que se basan en una sola variable: “El Partido Republicano vive encerrado en una burbuja creada por los medios conservadores que lo desconectan de la realidad. Pero igual de interesantes son, en ese mismo sentido, los análisis hechos en los medios de comunicación conservadores sobre por qué Rommey perdió. Estados Unidos ya no es el mismo país. ¡Y todo es culpa de las minorías! Latinos, trabajadores de la industria del automóvil, homosexuales y… ¡mujeres! Danny Deutsch dijo que las 19 senadoras (de un total de 100) reflejan una nueva realidad demográfica en Estados Unidos. Como si en Estados Unidos estuvieran naciendo o llegando personas procedentes de un país que Stephen Colbert ha llamado Vaginastán. El análisis conservador es que las mujeres solteras son unas perdidas que sólo piensan en el sexo, por lo que sus preocupaciones son los métodos anticonceptivos y el aborto en vez de asuntos a largo plazo como la economía. Eso explica, según esta versión, el 68% de apoyo a Obama.

Desvaríos aparte de considerar a las mujeres como una “minoría”, los análisis de fondo coinciden en el cambio demográfico. Rommey hablaba a unos Estados Unidos imaginarios, habitado por una mayoría de hombres blancos anglosajones y conservadores cristianos, que ya no existen. El apunte de Thomas P. M. Barnett sobre demografía es interesante. La población del país envejecerá en las próximas décadas y sólo el influjo de inmigrantes desde Hispanoamérica lo mantendrá demográficamente joven. Así que las políticas restrictivas en Estados Unidos hacia la inmigración hispanoamericana son “un tiro en el pie” y un error centrar las relaciones con el resto del continente en la “guerra contra las drogas”. Barnett recomienda que Estados Unidos debería liderar un proceso de integración regional. Me hace pensar en el libro Por qué Europa liderará el siglo XXI de Mark Leonard, donde el autor contrasta el excepcional aislamiento continental de Estados Unidos con la capacidad de la Unión Europea de hacer gravitar hacia ella a los países vecinos. Años después y en plena crisis vemos que todavía hay lista de espera para entrar en la UE. Estados Unidos todavía tiene que inventar un modelo del “sueño americano” de carácter internacional. Por eso me daba risa el análisis de George Friedman sobre el mundo en los próximos cien años. Imaginaba una invasión mexicana de Estados Unidos. No será un ejército lo que crucen la frontera y cambie Estados Unidos para siempre.

Nota: Llegué a muchos de los enlaces aquí presentados vía “Ráfagas (con barras y estrellas): Obama 2012″ en Guerra Eterna.

Separatistas y separadores

Hace mucho traté aquí el tema (¡siete años! ¿cuántos cosas diría hoy de otra forma?). Una revisión de la historia de la ruptura de Yugoslavia debería reconsiderar el papel de no sólo los nacionalistas centrífugos de Eslovenia y Croacia, sino también del papel de los nacionalistas serbios que hicieron inviable una Yugoslavia federal y plural.

Cada vez que surge el tema de la fractura de España pienso en mis experiencias como canario que participa en foros relacionados con la seguridad y defensa en Internet. No suelen ser lugares que frecuenten personas de izquierda o personas con sensibilidades políticas cercanas a los nacionalismos periféricos españoles. Son foros que suelen tener un cierto público. De vez en cuando, ha pasado varias veces, alguien copia y pega una editorial del diario tinerfeño El Día. Nació en 1939 con la función de ser “portavoz de las normas y principios del Movimiento Nacional en la provincia de Santa Cruz de Tenerife”. Mucho más tarde, en los últimos años, fue portavoz del insularismo tinerfeñista dentro del eterno “pleito insular”. Y de pronto, un día, empezó a dar cabida en sus páginas al ultraminoritario independentismo canario.

Recuerdo la publicación por entregas del borrador de la constitución de una hipotética República Guanche de Canarias, obra de Antonio Cubillo. El texto contenía auténticas joyas, como la provisión de que una Canarias independiente contara por mandato constitucional de reservas de gofio guardadas en silos a prueba de armas nucleares. Tras la constitución vinieron entrevistas a personajes del panorama político independentista, que como suele decirse “eran conocidos sólo en su casa a la hora de comer”. Todos ellos eran de relevancia política insignificante. Blogs como Canarias Bruta hacían chistes sobre el “independentista de la semana”. El diario El Día empezó también a publicar editoriales de corte independentista en las que se adivinaba la mano de su director, José Rodríguez, singular personaje que compaginaba sus diatribas independentistas con expresiones de admiración al ejército español.

Todos los lectores del diario con los que hablaba del asunto me contaban que ignoraban las editoriales del periódico y el espacio dado a los independentistas. Por lo visto, en el resto de temas el periódico había mantenido su línea habitual. De hecho, es el más leído en la isla de Tenerife. Pero, ¿qué había pasado para que un diario así de pronto defendiera la independencia de Canarias en sus editoriales y se convirtiera en altavoz de los independentistas? No lo sé. Y las explicaciones al uso son igual de insatisfactorias. Unos hablan de la senilidad de José Rodríguez. Otros, de un intento de agitar el independentismo canario como arma disuasoria ante las investigaciones por corrupción del ex-alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo. Ninguna de las dos explicaciones da por bueno que el director del periódico simplemente se levantara un día de la cama convertido en paladín del independentismo canario. “Algo” extraño tuvo que pasar.

Y entonces es cuando regresamos a esos “copia y pega” de las editoriales del diario El Día en foros de Internet. Siempre me ha parecido curiosa la reacción de las personas que desconocían el contexto en el que fueron publicadas. La cosa suele ser así:

Fase 1: Sorpresa.
-¿Cómo? ¿No sólo en Cataluña y País Vasco hay nazionalistas diciendo esas cosas?

Fase 2: Indignación.
-¡Anda y que les den a esos putos africanos de mierda! Así va España, todo el mundo creyéndose nación ancestral.
-Sí, eso. ¡Que les den la independencia para que Mohammed VI vaya y les dé por culo!
-Ya, ya. Esos no le duran al Mohammed ni una hora.

Aquí suelo intervenir yo para impedir que la cosa se salga de madre. Les explico muy resumidamente la situación y cómo no tienen por qué preocuparse por el independentismo en Canarias. Entonces pasamos a la siguiente fase.

Fase 3: Condescendencia.
-Ja, ja. Entonces tienen que ser como los independentistas de mi Comunidad Autónoma. Caben en un taxi. Si es que ya decía yo. ¿A dónde van a ir los canarios sin nosotros?
-Si es que los nazionalistas te inventan una historia en menos de nada para vivir chupando de las subvenciones con sus libros y tal. Que no sé qué van a poder inventar esos en Canarias, si los canarios no tienen una identidad cultural. Por no tener, no tienen ni lengua propia.

La cosa ha sido siempre en estas líneas, no necesariamente con estas mismas palabras. Aunque hay cosas que se repiten y recuerdo perfectamente. Como la obsesión con Mohammed VI y el sexo anal.

Hace falta muy poco para que nacionalista español se ponga a escupir vitriolo contra los habitantes de una comunidad autónoma fuera de la meseta castellana. Podríamos suponer que el nacionalismo español debería ser inclusivo, como unos padres que se sienten ofendidos porque un hijo o una hija se quiere ir de casa y sienten vértigo ante la idea del “nido vacío”. En realidad el comportamiento de los nacionalistas españoles es más cercano al del un hombre maltratador. La violencia es su instrumento de control. Por ejemplo, los boicots a productos catalanes. O los pronunciamientos sobre tratar de perjudicar en todo lo posible a una hipotética Cataluña independiente. “O de mía o de nadie”.

Luego tenemos un fenómeno curioso. Los nacionalistas españoles asumen ya desde el principio al Otro como no español. No entienden las identidad como estratos superpuestos y modelados por la historia. Así que aceptan sin reparos las dicotomías de españoles vs. “nacionalidades históricas”. Ese separación es la que permite entender al Otro como enemigo. Es un nacionalismo imperial que aspira a atar contra su voluntad a los súbditos coloniales desprovistos de rasgos culturales propios. “Qué mal hablas el español”, escuché en Madrid como reproche por mi seseo a personas capaces de decir “la mandé un documento” y mandar sin complejos correos electrónicos con llamativas faltas de sintaxis u ortografía.

Hay una extraña coincidencia entre nacionalistas españolas e independentistas canarios. La identidad se entiende siempre como un bloque homogéneo caracterizado por una lengua. Sin lengua ajena al español los nacionalistas españoles no entienden que se puede entender Canarias como comunidad imaginada. Como si el español hubiera sido un obstáculo en Cuba, México o Argentina. Y los independentistas canarios entienden la identidad siempre como identidad diferenciada y en conflicto con lo español, de ahí su empeño en “construir identidad”. ¡Qué pesados! Como si los habitantes de Canarias fueran entes sin identidad ni alma que tuvieran que bailar folías, hablar bereber y acudir a las romerías para alcanzar la condición humana. “Su identidad, gracias”. Desde luego, los que escuchamos a Avishai Cohen, Nusrat Fateh Ali Khan, Tolga Sağ y Divna Ljubojević hace tiempo que perdimos todos los puntos del carnet.

Así que imaginen el panorama. Gente pidiendo que los carros de combate avance ya sobre Barcelona parar meter a esos díscolos catalanes en vereda. Bomberos pirómanos.

La devaluación de la información sólo lleva a la desinformación

Cuando me puse a trabajar con otros en desmontar la conspiranoia en torno al 11-M una de las primeras cosas que descubrí fue que a los amantes de las teorías conspirativas les importa poco la verdad. De hecho, la ciencia ha encontrado que son capaces de creer algo y su contrario para reforzar su versión distorsionada de la realidad. Leyendo sus blogs y sus foros llegué a la conclusión de que su principal motivación era de tipo personal. Los conspiranoicos vivían su particular fantasía adolescente de ser Luke Skywalker luchando en la Alianza Rebelde contra el Imperio. Soñaban con ser Neo tras tomarse la pastilla roja y haber despertado a la cruda realidad del mundo. De hecho los conspiranoicos españoles hacían muchas referencias a Matrix en su discurso. Recuerdo el comentario de uno diciendo “algún día nuestros nietos se sentarán en nuestras rodillas y nos pedirán una vez más que les contemos cómo descubrimos la conspiración y salvamos la democracia”.

Pero los conspiranoicos jugaban a su propio juego de las conspiraciones, sociedades secretas y acceso a conocimientos herméticos. Los conspiranoicos creen formar parte de una minoría elitista de mentes brillantes que han destapado un perverso plan maquinado por poderosas fuerzas ocultas que pasan desapercibidos a la masa dócil e ignorante. Recuerdo que alguien usó en un foro de temas militares en el que participo casi a diario la expresión “ah, ¿pero tú eres de esos borregos que todavía cree que en el 11-M se empleó Goma 2 ECO?” . El conspiranoico no es por tanto únicamente un heroico e incomprendido defensor de la verdad y la justicia luchando en minoría, sino un ser dotado de una inteligencia superior que ha sabido ver lo que para las mentes torpes y sencillas ha quedado oculto tras una muro de patrañas oficiales. Me lo definió perfectamente alguien que me contó con orgullo que el 11 de septiembre de 2001 frente a la pantalla de su televisor se dijo “¡Estos de la CIA se creen que soy tonto!”. Evidentemente la CIA no contaba con su astucia.

Creo que afortunadamente las teorías conspirativas del 11-M han quedo relegadas a los márgenes de la arena política tras haber el Partido Popular usado y desechado a sus defensores. Pero en cierta forma el discurso conspiranoico lo impregna todo en estos tiempos de crisis en los que Internet ha democratizado los canales de comunicación. Todo el mundo juega a ser editor de samizdat en la Resistencia. Los muros de Facebook, los perfiles de Twitter, las cadenas de correo, las noticias publicadas en Méneame.net están llenas de noticias que pretenden ser un guiño. “Te lo cuento a ti para que seas tan especial como yo”. “Te lo cuento para te sientas parte de algo importante y minoritario”.
-¡Lo que nadie te quiere contar de la crisis!
-¡Las noticias que los medios ocultan sobre Islandia!
-¡Lo que ningún medio se atreve publicar sobre los bancos!
-¡La huelga de la que nadie habla!
-¡Las alternativas al sistema que funcionan y nadie te cuenta!

Cuando la gente de izquierda salió a la calle para protestar contra la situación del país, tratando de no dañar al gobierno de Rodríguez Zapatero dirigiendo su indignación contra el Sistema, sucedió algo divertido. Algunos chiflados se sumaron a las acampadas montando talleres de biodanza o pegando sus carteles pidiendo “la verdad” sobre el 11-S. Pero los profundamente conspiranoicos no pudieron soportar verse parte de una masa que recibía el aplauso de diarios como El País. Afortunadamente descubrieron que había motivos para no querer formar parte de aquel movimiento. ¡El 15-M fue obra del capital judío internacional y think-thanks neoliberales estadounidenses!. Un suspiro de alivio colectivo recorrió una parte de la blogsfera. Habían encontrado motivos para poder distanciarse de la masa y poder sentirse de nuevo minoritarios, especiales y contracorriente.

En los temas que atañen a este blog ya conté mi idea de que detrás de las teorías llamativas y contrarias al parecer general de lo que sucede en el mundo está el buscar diferenciarse en un mercado saturado de analistas y opinadores profesionales para de paso parecer que se manejan discretas fuentes especializadas. También conté cómo el catastrofismo apocalíptico es otra técnica para lograr atención mediática y parecer interesante. Así llegamos a noticias como esta:

China liberará imágenes de alta resolución tomadas por el orbitador lunar Chang’e-2, que muestran claramente edificios y estructuras en la superficie de la luna. También afirma que la NASA ha bombardeado deliberadamente zonas importantes de la luna, en un esfuerzo para destruir los artefactos antiguos y las instalaciones. Las fotos que publicará muestran claramente los cráteres de impactos nucleares y los residuos de construcción causados por las explosiones en un esfuerzo de la NASA para destruir la verdad. China se está moviendo hacia la plena revelación de la realidad extraterrestre y liberará todos los datos e imágenes de la sonda Chang’e-2 en las próximas semanas y meses.

En un ámbito más pedreste he perdido la cuenta de artículos y noticias que prometen contarte la verdad oculta sobre los rebeldes sirios y lo que pasa en Siria. Gente que habla del “conflicto vasco” y jamás definiría a HAMAS como organización terrorista hablan de “las operaciones militares del gobierno contra los terroristas en Alepo”. Gente que alerta de los intereses ocultos de las grandes agencias internacionales (Associated Press, Reuters y Agence France-Press principalmente) además de los intereses particulares de los gobiernos te reproduce noticias sobre Siria procedentes de agencias de noticias de Moscú, La Habana y Damasco. Gente que ante unas declaraciones del gobierno de Mariano Rajoy sobre la crisis te dice convencida “yo nunca me creería nada que venga de un gobierno” te reproduce alegremente las noticias de la Syrian Arab News Agency. Y no olvidemos las bastardizaciones del materialismo histórico-dialéctico tan a mano en estas situaciones. ¡El petróleo! ¡Los oleoductos! ¡Los minerales! Van siempre de la mano de la fobia a Estados Unidos que sirve siempre de brújula moral. “Yo me fijo a quién critica Estados Unidos para saber quién son los buenos” decía alguien en unos comentarios en Menéame.net al comienzo de la crisis Siria.

Con esos mecanismos de análisis de la realidad, La guerra civil libia provocó un fenómeno hilarante. Tras los acontecimientos del 17 de febrero de 2011 aparecieron un buen puñado de analistas que señalaban la hipocresía occidental de haber aceptado de nuevo a Gadafi en la comunidad internacional. Rescataron las fotos de Gadafi con Tony Blair, con José María Aznar y con Jose Luis Rodríguez Zapatero. Los recursos energéticos de Libia eran la gran diferencia entre Túnez, Egipto y Libia. Francia había aceptado al final el cambio de régimen en Túnez. Estados Unidos había pedido a Hosni Mubarak para que renunciara. Pero los países occidentales iban a permitir que se masacrara al pueblo libio en armas luchando por su destino porque el régimen de Gadafi estaba vinculado a Occidente por los hidrocarburos. Entonces las bombas Armement Air-Sol Modulaire francesas salvaron in extremis a los rebeldes cuando las fuerzas gubernamentales rompieron el frente en Ajdabiya y se lanzaron en tromba hacia Bengazi. No recuerdo si el humo del ataque a aquella columna gubernamental se había disipado cuando los mismos analistas se ofrecieron, sin despeinarse, a explicarnos qué estaba pasando. Occidente se había lanzado a ayudar a los mismos rebeldes que dos semanas antes estaba dejando machacar para quedarse el petróleo libio. Todo era por el petróleo. Claro. Cristalino.

Demasiado tarde, princesas

Era el año 1996, cuando tuve mi primer trabajo. Un día apareció un sindicalista de la CGT por nuestro centro de trabajo con el “Informe Petras” publicado por la revista Ajoblanco. “¡Por fin llegó!” dije al verlo y le pedí poder hojearlo. Compré un ejemplar para mí. Todavía lo guardo.

Petras hablaba de la precariedad laboral, de la que España siempre ha sido campeona en Europa, y de que mi generación no iba a vivir mejor que la de mi padre. Él había abandonado la Canarias rural (yo recuerdo de pequeño lavarme con agua calentada en un caldero con leña) para irse a vivir con trabajo para toda la vida en una casa que pagó en diez años en una zona urbana de las islas capitalinas.

Aquel sindicalista conocía a mi padre y un día que se vieron le comentó que le había llamado la atención que yo conociera la existencia del “Informe Petras”. ¿Cuánta gente de mi generación leía la prensa y se interesaba por el mundo que le había tocado vivir? Ya en las clases de Ética de 3º de B.U.P. daba la nota porque era el único al tanto de los asuntos del momento de los que nos hablaba el profesor. (Recuerdo un editorial de Pedro J., que nos fotocopió el profesor, en la que hablaba de la falta de separación de poderes en España).

Yo no lo sabía pero anidaba un sociólogo en mí. Yo relacionaba la sociología con lo que hacía Amando de Miguel cuando salía en la televisión hablando de cosas como la tasa de divorcios y me pareció poco interesante. Yo nunca tiraba un periódico sin recortar las noticias y las guardaba en carpetas. Por aquel entonces, leía de todo un poco: Marvin Harris, Noam Chosmky, Alvin Toffler, Jeremy Rifkin, Vicente Verdú Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatique, The Economist… Escribí un ensayito sobre cómo el mundo había cambiado pero a falta de criterio y lecturas hablaba de las cosas sin darle el nombre por el que hoy las conocemos: Neoliberalismo, disminución del Estado del Bienestar, McDonalización del mercado laboral, trivialización de los medios de comunicación hacia el infotainment, etc.

Cuando llegué a la universidad quedé deslumbrado por el mundo que se me abría. ¡Decenas de miles de libros en aquellas bibliotecas! Fui el primero de mi promoción en pedir el carnet de biblioteca y me dieron el carnet xxxx0001. ¿Por dónde andaban mis compañeros, nacidos en la década siguiente a la mía? Eran una mayoría apática y una minoría políticamente activa que jaleaba cualquier tiranía que ondeara la bandera del socialismo y el antiimpieralismo. Como aquel valle donde el tiempo se detuvo, paseaban los dinosaurios ideológicos.

Yo creía que como estudiantes universitarios éramos unos privilegiados. A la educación terciaria sólo llegaba una minoría de jóvenes canarios y si uno averiguaba la profesión de los padres de la mayoría de los estudiantes oía cosas como profesor de universidad, profesor de instituto, médico, pequeño empresario, etc. Aún así, oías los discursos sobre “el hijo del obrero” que daban la risa.

Siendo estudiantes de Sociología, ¿no era imperativo que pusiéramos gran esfuerzo en tratar de entender la realidad para poder operar más efectivamente sobre ella, ahora que todo estaba cambiando? No sabría decir cuánto le debo a mis profesores. Pero al menos de ellos aprendí a poner las cosas en su marco correcto y concreto. Leí el primer volumen de la trilogía “La era de la información” de Manuel Castells y una edición argentina de “The Lexus and The Olive Tree” de Thomas L. Friedman. Concluí que la relación de poder entre capital y trabajo se había roto en favor del capital. Las viejas formas de organización sindical de las fábricas taylor-fordistas ya no eran útiles. Por eso celebré la irrupción del Movimiento Antiglobalización y su uso de las redes de comunicación.

Llegaron las movilizaciones contra la L.O.U. y la invasión de Iraq. Había como una electricidad en el ambiente que resultaba emocionante. Veía a la gente tan entusiasmada que enseguida me di cuenta que lo importante no eran las causas, era vivir la energía del momento y sentirse parte de algo. Oí más de una vez las comparaciones con las movilizaciones de los años 70 y 80. Los profesores nos hablaban de los buenos viejos tiempos y quedaba esa sensación de que teníamos el reto de emularlos.

Sé de al menos de dos compañeras que perdieron un curso por participar en asambleas y movilizaciones. Dudo que ninguna de las dos, ahora, hubiera repetido la experiencia. Las movilizaciones estudiantiles contra la L.O.U. y la invasión de Iraq alcanzaron su “momento de fuerza” porque detrás estaban los intereses de los profesores que veían su situación profesional afectada y el intento de usar el tema de la guerra de Iraq como ariete contra el Partido Popular. Los estudiantes sólo fueron peones de una partida que no entendieron.

Pasé por la carrera sin tener que leer un sólo libro de un autor de la Sociología clásica. Nunca nadie nos explicó en serio la Escuela de Frankfurt. Tampoco como redactar un artículo académico. Vi en mi último año de carrera a un par de chicas presentar un trabajo de 80 páginas con sólo dos libros de bibliografía en el que se habían limitado a copiar y pegar. Pero mirando atrás, mi mayor queja no son lo estándares académicos, sino cómo profesores funcionarios con plaza en propiedad desde sus púlpitos nos aleccionaban contra el capitalismo y la explotación. Trabajar por cuenta gente era prostituirnos. Hablar de montar una empresa era inimaginable. Supongo que esperaban que nos mantuviéramos sin mácula en un limbo fuera del mercado laboral.

Fui inculcado en mantener lejos de nosotros el nefando pecado de tratar de destacar. Tuve suerte de encontrar a un grupo de outsiders varios cursos por detrás del mío que decían “Chicago, Viena, Frankfurt… ¿Por qué no puede haber una Escuela de La Laguna?”. Supongo que de haber coincidido en la misma promoción que ellos mi experiencia universitaria hubiera sido diferente.

Quería irme a Madrid. Y llegó a oídos de una profesora que me ofreció un puesto de becario porque tenía conocimientos de informática y acabé el primer ciclo con el mejor expediente. Compaginé trabajo y estudios en los tres últimos cuatrimestres de la carrera. Dormía poco, vivía estresado y me salieron las primeras canas. Pero me fui a Madrid a estudiar un máster en una universidad pública, un sacaperras a mayor gloria del profesorado. Yo, que estaba en la cumbre del sistema universitario, me aburría. Nadie me contaba nada nuevo.

Estuve en una empresa con cientos de trabajadores donde no había comité sindical. Hablabas de sindicatos y la gente se reía. Pero en el pasillo del baño me cruzaba con gente que lloraba. “No me pueden tratar así”. Pero lo hacían y lo aceptaban porque tenía una hipoteca que pagar. ¡Ah, las hipotecas! Conocí a alguien que tras años pagándola se molestó en leer lo que había firmado y descubrió que le habían engañado.

A finales de 2006, leí en alguna parte que había disminuido la matriculación de coches en Alicante. Si en una provincia con playa, donde se vive del ladrillo y el turismo, la gente estaba comprando menos coches sólo podía significar que empezaba la cuesta abajo. “¡Dónde se ha visto que el precio de las viviendas baje!” me dijo un prejubilado de uno de los grandes bancos españoles.

Universidades basura que emiten títulos basura, trabajos basura con sueldos basura… Nadie se quejó. Pero llegaron los “zulitos” y las hipotecas a 50 años. ¡Y eso sí que no! El no poder acceder a la casa en propiedad (Franco sí que conocía a los españoles) provocó las primeras movilizaciones allá en mayo de 2006 por una “vivienda digna”. En español simple, “hipotecas asequibles”.

Cinco años después tenemos a gente en la calle convocada con el lema “Democracia real, ya”. ¡Qué reconfortante es sentirse parte de una multitud! ¡Cómo emociona ver aflorar un orden espontáneo en las acampadas en espacio público que nos hace pensar en la inherente naturaleza bonbadosa del ser humano! ¡Qué entusiasmo ver que la prensa extranjera saca en portada la #SpanishRevolution!

El sistema del funcionamiento político español fue sólo una excusa. No ha pasado ni una semana para que saliera a flote la naturaleza de izquierda de la agenda política de los movilizados que han pedido entre otras cosas el “reparto del trabajo”, “energía gratis” y la “eliminación de la industria de defensa”. Se trata del infantilismo político de siempre que, incapaz de volcar el descontento y el malestar contra el gobierno del PSOE, ha decidido proyectarlo en algo difuso. Hasta gurús españoles de lo digital, como Enrique Dans, Ricardo Galli y Juan Freire, ya han salido a decir “no es eso, no es eso” ante prisa por convertir una protesta focalizada en el funcionamiento del sistema político en una iniciativa para redactar programas políticos perrofláuticos (véase lo aprobado por la asamblea de la Puerta de Sol el 20 de mayo de 2001 aquí). ¿Apostamos algo a que las movilizaciones del 15-M han tenido un efecto cero en las elecciones de hoy día 22?

Para acabar de una vez por todas con la cultura canaria

El martes pasado acudí una vez más al programa “La Puerta” de Radio Unión Tenerife. El invitado del martes fue Ánghel Morales que ha editado Generación 21, una antología de doce escritores canarios nacidos entre 1960 y 1973. He logrado la ansiada condición de “contertulio habitual” pero como no tengo vocación de todólogo al tratarse un tema del que no tenía mucho que decir apenas hablé.

El único asunto que provocó mi intervención fue el debate en torno a si se podía hablar de “generación literaria” como un mero artificio editorial o había elementos comunes entre los doce autores. No se expresó así, pero creo que en el fondo se debatía si existía una “literatura canaria” o una “literatura hecha en Canarias”. Según Ánghel Morales se trata de doce autores que no se conocían personalmente, cultivan géneros diferentes y habían transcendido las fronteras de Canarias. Se trataba entonces de un colectivo heterogéneo cuyo único denominador común es el residir en Canarias y ser representativos de una generación que se ha valido por sí misma y ha conseguido reconocimiento fuera de Canarias. Entre los doce han publicado cincuenta novelas, han ganado numerosos premios y alguno incluso ha conseguido ser traducido a otros idiomas. Intervine para decir que me parecía lógico que algo así sucediera con personas cercanas a mi cohorte demográfica, que ha tenido acceso a la ficción extranjera en cine, TV y literatura, que usa Internet y cuyos referentes ya no son ni locales ni estatales. Que no dependían ya de las editoriales y las élites culturales locales para publicar.

Me quedé dando vueltas a lo que comentó Ánghel Morales de cómo en décadas anteriores se habían consolidado “generaciones literarias” en Canarias sin que necesariamente sus miembros se hubieran distinguido por la calidad y la bonhomía con aquellos que habían logrado mantener al margen. El mundo cultural de una región “de provincias” cualquiera funcionaba hasta hace poco bajo la lógica de la escasez. El espacio en las páginas de cultura de los diarios locales, las subvenciones de las instituciones locales y las publicaciones de las editoriales locales eran limitadas. Por tanto había un proceso de selección que otorgaba un poder tremendo a aquellos con un cargo en el Ateneo, la sala de exposiciones de la caja de ahorros provincial, la concejalía de cultura… Era un mundo cerrado que triangulaba industria cultural, instituciones públicas y artistas funcionando bajo el principio de “¿nos hacemos unas pajillas?”.

Además ha existido en las regiones periféricas un interés en “construir” una cultura local con ínfulas de “cultura nacional” en los que la identidad y no la calidad han sido criterios de promoción. Quizás por ello me han entrado ganas de correr en la dirección contraria cada vez que alguien colgaba un marchamo identitario a una obra de arte. “Es de aquí”. De acuerdo. Pero su obra sigue siendo una mierda.

¿Y yo? Si mañana publicara en mi otro blog al fin cierto relato postciberpunk que tengo en mente. ¿Eso me convertiría en un “autor canario” aunque mis referencias sean la ciencia ficción anglosajona y mis lectores cuatro amigos desperdigados por el mundo? ¿Es “Guerras Posmodernas” la obra de un sociólogo canario aunque desde que se me ocurriera la idea a que saliera publicada en papel residí en Madrid? ¿Y tiene algo que ver que la chispa que me motivara para escribir ese libro fuera el 11-M, algo ya unido a la historia de Madrid y España? Tampoco me consideraría un sociólogo madrileño, como hicieron pronto compañeros de facultad que se trasladaron en las mismas fechas que yo a vivir a Madrid. Aquella necesidad de racionalizar la amenaza del terrorismo red que podía un día convertirme en picadillo de carne mientras viajaba en un tren de Cercanías me llevó a tratar de entenderlo y dar el paso de querer formar parte de la defensa de España. Supongo que si hubiera estado residiendo en el norte de Israel en el verano de 2007 habría quedado marcado por la lluvia de cohetes de Hizbolá y me habría dedicado con pasión a escribir de la guerras híbridas. O si hubiera vivido cerca de Fukoshima y hubiera sobrevivido estaría germinando en mí el activista antinuclear.

Es tan arbitrario y aleatorio el lugar en que nacemos, nos críamos y vivimos que no deja de sorprenderme esa pasión desmedida en darle valor a las mediocridades producidas por otros cohabitantes del mismo territorio o convertir en asunto épico y moral las polémicas futbolísticas. Creo que será divertido darle vueltas al asunto y escribir sobre ello aplicado a Canarias.

Cooperación internacional para el subdesarrollo

Hace poco Documentos TV emitió un documental sobre los microcréditos en Bangladesh que cuestionaba la figura de Muhammad Yunus y ponía en entredicho a los microcréditos como herramienta para el desarrollo de las comunidades. Al parecer Yunus ha sido exculpado de las presuntas irregularidades en su banco. Pero quedaba en el aire la cuestión de por qué las limitaciones de los microcréditos como herramienta para el desarrollo no era un asunto conocido por el público. Todo lo que rompa el relato idealizado de la feliz ayuda al desarrollo no vende como noticia.

A los pocos días de ver el documental leí sobre los problemas de la ONG fundada por Greg Mortenson, autor de “Tres cups of tea” (traducido en España como “Tres tazas de té: La lucha de un hombre por promover la paz escuela a escuela”). Mortenson contaba en su libro que tras un fallido ascenso al K2 había llegado a un valle perdido en Pakistán. Y a partir de ahí se había comprometido a cambiar la realidad local creando escuelas para niñas. En su libro se retrataba así mismo como alguien que había sido capaz de saltar barreras culturales tratando de escuchar y comprender a los locales. Algún experto sobre Pakistán mostró sus críticas a los importantes “agujeros” en el relato de Mortenson y su aparente ignorancia de la compleja realidad pakistaní. Con el paso del tiempo parecía no encajar su apretada agenda de viajes y conferencias con el puesto de director de una ONG en Pakistán. Hasta que ha saltado todo por los aires y se ha sabido de los problemas económicos de la ONG y su fallida estrategia de construir escuelas descuidando todo lo que implica tener un programa educativo (sueldos, selección del profesorado, programa de estudios, etc.) “Tres trazas de mierda” lo han llamado.

Como sucede en estas circunstancias muchas personas ya lo sabían. Pero no quisieron o no pudieron romper el aura que rodeaba a Mortenson. Había demasiada gente que se había emocionado y conmovido sinceramente con el libro. Las ideas de Mortenson fueron usadas como referencia en el debate interno de las fuerzas armadas estadounidenses sobre estrategias de contra insurgencia. Y que Mortenson sea un fraude ha añadido leña al fuego del debate entre la aproximación “dura” y “blanda” al asunto.

En los dos casos me ha llamado la atención como surge enseguida el problema de contar malas noticias sobre la ayuda al desarrollo que echen abajo relatos idealizados y conmovedores que hacen sentir bien a los donantes de los países desarrollados. Está claro que aquí el asunto no es la eficacia de la ayuda al desarrollo sino el bienestar emocional de los contribuyentes a ONGs que necesitan aplacar sus conciencias. La cuestión es entonces, ¿ese filtro “emocional” no estaría impidiendo un debate serio y sosegado sobre la realidad de la ayuda al desarrollo? A lo mejor lo único que ello consigue es que se perpetúen las estafas, las prácticas cuestionables y tantos chiringuitos de pulseras y viajes solidarios.

Conocí el mundo de la cooperación internacional para el desarrollo a medidados de los años 90, cuando todavía había que explicar la palabra “solidaridad”. Y a estas alturas estoy más por creer de forma herética que a África no la salvará la cooperación para el desarrollo sino lo que los africanos puedan producir y vender. Que Cabo Verde es el camino y no las caravanas solidarias.