Swarming en el desierto

Chad fue el escenario en los años 80 de una guerra civil en entregas según las distintas facciones, definidas por su adscripción étnica y apoyo externo, tomaron el poder en un juego de sillas. Fue testigo de aquello el, en aquel entonces, reportero de guerra Javier Nart y de lo que quedó constancia en su libro “¡Sálvese quien pueda!” (Ediciones B, 2003).

Chad es en país extenso y en su mayor parte desértico. La guerra en ese entorno requería vehículos todoterreno simples y fiables. Fue entonces cuando tomó protoganismo el Totoya Land Cruiser serie 40 que terminó dando nombre a la guerra: Toyota War. Los Toyota Land Cruiser y Hilux se convertirían a la larga en los vehículos más comunes en las guerras de medio mundo.

Cuando Libia decidió prescindir de intermediarios para sus ambiciones sobre el país invadió Chad con sus medios pesados de origen soviético. Los chadianos en cambio siguieron usando sus Toyotas adaptando las tradicionales tácticas de guerra en el desierto.

Según Tom Cooper, uno de los moderadores de acig.org, cuenta en la revista Truppendiest International:

[Idris Déby, entonces asesor del presidente chadiano] developed a tactic based on classic desert nomad raids, characterised by attacks at high speeds, penetration into the hearth of enemy bases and their destruction – often from virtual point-blank range

La organización de los ataques tenían toda la forma del swarming:

Emphasising speed, manoeuvrability and firepower, they proved capable of deployments out to 500 km deep within enemy territory. Through movement in scattered formations, dispersed over immense expanses of Sahara Desert, they were to avoid contact with forward enemy positions or any attacks on main fortifications, attempting instead to infiltrate these, then concentrate in the vicinity of the target area and attack exploiting the moment of surprise.

Idris Déby, héroe de las Toyota Wars, terminó siendo presidente de un país terriblemente pobre y corrupto donde en los 90 se reprodujo la ensalada de facciones armadas dispuestas a derrocar a un presidente que había repartido el poder y los recursos entre los suyos. Tras un falido ataque a la capita del país en 2006, los tres principales grupos armados se unieron en una alianza. Saliendo de sus bases en Sudán, una de sus ofensivas en 2008 les permitió alcanzar la capital. Pasaron de largo de la concentración de tropas gubernamentales al este del país.

Según la BBC:

Using the element of surprise, the rebels were able to cross more than 1,000km (620 miles) of terrain virtually unchallenged, and eventually enter the capital with surprising ease

Soldados chadianos

Soldados chadianos sobre un Land Cruiser serie 70 con fusiles israelíes Galil y Tavor.

¿Cómo conseguir la coordinación necesaria de una fuerza grande que se mantiene dispersa en el desierto? El swarming requiere de sistemas de comunicaciones sin que necesariamente tenga que ser tecnología punta. En 20 años los combates en el Chad han visto cómo se doblaba la distancia de los raids en el desierto. En ese tiempo apareció la telefonía por satélite. Las guerras del Chad y Sudán han pasado de ser Toyota Wars a ser Thuraya Wars.

Thuraya es una empresa de Emiratos Árabes Unidos. Sus satélites cubrían en 2008 la totalidad de Europa y Oriente Medio además de la práctica totalidad de Asia y casi toda África.

Según Alex de Waal:

The advent of the Thuraya phone has radically changed warfare in across the Sahara desert.

[…]
Before the Thuraya phone, guerrilla operations needed tight discipline and extremely careful planning. More often, the commanders gambled on surprise and the momentum of battle, relying on their prowess in combat to carry the day. Today, with the Thuraya phone, commanders in distant theatres can coordinate their actions. Or they can assemble forces from different places at very short order.

Es interesante que alguien proponga que las fuerzas armadas occidentales deberían experimentar con una Horda Toyota.

[Actualizado 21/05/2013: He arreglado los enlaces rotos a los artículos de Tom Cooper y Alex de Waal]

Fotos del viaje a Israel

Miro mi galería de fotos del viaje a Israel y no reconozco el Israel que conoci y percibí.

Fue un viaje en el que presté más atención con los sentidos que con la cámara. Sé que el paisaje humano de la ciudad vieja de Jerusalén, por ejemplo, ofrece muchas oportunidades al fotógrafo. Pero en un lugar de calles tan estrechas hacer fotos disimuladamente era imposible y no me gusta tratar a la gente local como animales en un zoo.

Hubo poco momentos para apreciar lugares tranquilos y recogidos. En el Museo del Holocausto, Yad Vashem, sobra decir que apenas hice fotos.

Puede que aún rescate más fotos y amplíe los pies de fotos. Pero aquí ya tienen 72 fotos.

Hoja de Ruta 2011

Llevo demasiado tiempo leyendo mucho y escribiendo poco. Es hora de que todas esas lecturas germinen.

2011 será el año en que versiones de diferentes capítulos de “Guerra Distribuida”, el que será mi segundo libro, aparezcan como artículos en revistas académicas o las presente como comunicaciones en congresos académicos. El primero de ellos será el capítulo dedicado a la ciberguerra contra Estonia en 2007. Le seguirán otro sobre ciberguerra durante la Guerra de Osetia del Sur de 2008 y un un tercero sobre cierto teórico de la guerra distribuida cuya obra ha pasado desapercibida en España.

Viendo que en el ámbito académico español se ha tratado poco el asunto de la ciberguerra creo que se abre la posibilidad de escribir sobre la respuesta institucional de EE.UU., Reino Unido y OTAN además de discutir académicamente las definiciones del fenómeno (¿ciberguerra? ¿ciberataques? ¿cibersabotaje? ¿ciberterrorismo?).

En paralelo a los capítulos del segundo libro iré escribiendo sobre las perspectivas iraní y venezolana de la guerra asimétrica. Presentaré en español el modelo de Frank Hoffman de guerrass híbridas y su aplicación a la Segunda Guerra del Líbano (2006) y la Guerra de Osetia del Sur (2008).

Con todo esto tendré trabajo para medio año, como mínimo. Espero encontrar tiempo para ir puliendo y ampliando el texto de mi primer libro para poder presentar una segunda edición de “Guerras Posmodernas”, que considero francamente mejorable. Y espero que 2011 no sea otro año más que pase sin haber terminado de poder en orden las categorías del blog, pulir las erratas de viejos artículos y poner en orden mi galería de fotos de Flickr.

“Los siete pilares de la sabiduría” de Lawrence de Arabia

919 páginas contando dedicatorias, agradecimientos, prefacio e introducción. ¡919 páginas de texto!

Esta madrugada acabé “Los Siete Pilares de la Sabiduría” de Lawerence de Arabia, del que su autor nos cuenta es una versión reducida (!) de su manuscrito original. Me enbarqué en la lectura del tal ladrillo mientras creaba mi propio itinerario de lecturas sobre guerra irregular en el desierto de cara a próximos trabajos sobre el Flanco Sur Profundo.

La obra es el recuento minucioso de las experiencias del autor que fue enviado por el ejército británico como asesor de la fuerzas irregulares al servicio de la familia hachemita durante la Primera Guerra Mundial. El Reino Unido alentó la llamada “Revuelta Árabe” contra el Imperio Otomano esperando aliviar presión en el frente palestino donde las fuerzas regulares británicas con base en Egipto trataban de abrirse paso en dirección norte. T. E. Lawrence, casi sin quererlo, se convirtió en uno de los líderes militares de la revuelta logrando coordinar las acciones de las fuerzas regulares británicas con las de su irregulares árabes.

Lawrence supo desde el principio que los británicos no pensaban permitir la independencia de los árabes tras la guerra a pesar de que su papel era precisamente animar a los árabes a revelarse contra las turcos para librarse del yugo extranjero. Aun así Lawrence representó su papel siendo carcomido por la culpa y sintiéndose un farsante, lo que finalmente le llevó a retirarse de la vida pública tras la guerra y buscar desesperadamente el anonimato. Incluso la publicación de “Los sietes pilares de la sabiduría” se hizo vendiéndose por debajo del coste, tal era la preocupación de Lawrence de que alguien creyera que trataba de sacar algún beneficio.

Desde el principio queda claro en el relato de Lawerence que si sus peripecias se pueden considerar épicas el día a día se vio caracterizado por el calor, el frío, el cansancio, el hambre, la sed y toda clase de penurias. Ni siquiera los momentos de descanso se vieron libres de piojos y pulgas. El libro se llena con el relato de largos días a lomos de un bamboleante camello bajo un sol abrasador con todo lujo de detalles sobre el estado de ánimo y la descripción de los paisajes. Se esfueza en logar que el lector no sienta envidia de sus aventuras.

Décadas atrás antes del relativismo cultural, el multiculturalismo y el interés por las culturas tradicionales Lawrence se convierte en uno más de los árabes y dedica espacio a loar la nobleza de corazón y la pureza de espíritu de quienes el resto de británicos considera salvajes incivilizados. Aunque su descripción de los personajes y sus reflexiones metafísicas suenen totalmente añejas. Se puede considerar a Lawrence un antropólogo notable. Y a pesar de su inexperiencia militar un estratega de mejor nivel.

Tras estudiar la situación Lawrence comprende que los turcos tratan de controlar la Península Arábiga y las actuales Siria y Jordania manteniéndose fijos al terreno. Su gran acierto es no atacar y conquistar la ciudad de Medina, que los turcos mantenían para otorgar legitimidad religiosa al monarca otomano. En caso de haber expulsado a los turcos de la Península Arábiga aquellos habrían podido cerrar filas y concentrar fuerzas en Palestina y Siria. Durante la guerra ignoran la ciudad, convirtiendo a la guarnición turca en prisionera virtual, y se dedican a atacar una y otra vez el ferrocarril que la une al resto del Imperio. Así los turcos se ven obligados a tratar de defender cada estación, reponer tramos de vía y vigilar las vía.

“Los ejércitos son como las plantas, inmóviles, firmemente arraigadas, nutridas por largos troncos conectados con la cabeza” (pág. 268). Los irregulares árabes fracasarían tratando de enfrentarse directamente con las tropas turcas. Su mejor opción es vagar por el terreno lanzando ataques esporádicos convertidos en “una influencia, una idea, algo intangible, invulnerable, sin frente ni retaguardia, que se extiende por todas partes como un gas” (pág 268.); “como un vapor, que se difundiera allí donde deseáramos” (pág. 269) . Lawrence utiliza en su provecho lo temporal del compromiso de los árabes que van y vienen, auséntadose en tiempo de cosechas y apareciendo cuando una batalla promete obtener botín. Ataca aquí y allá, obligando a los turcos a fijar más y más tropas en el terreno. Es sin duda un pionero del swarming.

“The Secret War With Iran” de Ronen Bergman

En el aeropuerto de Tel Aviv me encontré con el típico kiosko de prensa y libros con una sección dedicada temas militares en hebreo. Me produjo frustación tener en la mano libros que no podía leer con la perspectiva israelí sobre la Segunda Guerra del Líbano, que en España apenas se ha tratado. Hay que recordar que a su término rodaron cabezas en Israel y se entró en una fase de autocrítica de la que se extrajeron un buen número de lecciones. Encontré otra sección pero de libros en inglés y allí di con “The Secret War With Iran” de Ronen Bergman, especialista en temas de seguridad y defensa del periódico israelí Yedioth Ahronoth. Se pueden imaginar las veces que oí hablar de Irán en siete días en Israel. Así que el libro terminó en la saca.

Hace unos años hubiera disfrutado como un chiquillo con estos libros que cuentan con pelos y señales operaciones clandestinas del Mossad en Irán, Siria o Líbano. Pero a estas alturas uno no puede evitar sospechar de relatos tan detallados de lo que se supone son actividades de una organización secreta. O efectivamente el autor cuenta con increíbles y veraces fuentes de primera manera o estamos en otro ejercicio de periodismo espectacular donde se ha colado la ficción vía intoxicaciones interesadas (¿qué vías le quedan a un periodista para confirmar el relato de su “amigo el espía”?). También es verdad que el libro cuenta varias chapuzas y pifias del Mossad, con el que el autor es bastante crítico.

Según el libro el régimen iraní es el responsable de toda clase de desmanes. Y esa parte no creo que sea ficción: El asesinato de disidentes en Europa, atentados en Buenos Aires, apoyo a Hizbolá… Ahí está el interés del libro porque podemos hacernos una idea qué podría pasar en caso de un ataque israelí o estadounidense al programa nuclear iraní. Podría ser muy “interesante”.

“La guerra eterna” de Dexter Filkins

Se puede decir que hay un canon bibliográfico de la guerra de Iraq. “Cobra II”, todo un ladrillo en formato bolsillo, es la historia de cómo se planificó y realizó la invasión del país. Aporta la perspectiva del régimen iraquí gracias a haber contado con documentos del e información de la investigación de las fuerzas armadas estadounidenses tras la caída de Saddam Hussein. Como el libro fue publicado originalmente en 2006 la historia de la ocupación queda incompleta.

Cómo la ocupación de Iraq resultó un desastre queda magistralmente retratada en “Fiasco” de Thomas Ricks y “Assasin’s Gate” de George Packer. El primero habla de la falta de planificación, de la burocracia y las decisiones tomadas en despachos. El segundo da voz a los iraquíes que querían un país mejor y ven sus sueños frustrados cuando todo se hunde en un país sin preparación para vivir en democracia.

“La guerra eterna” de Dexter Filkins es un libro diferente. No hay un propósito concreto de explicar qué fue mal en Iraq ni tampoco es simplemente una colección de escenas de guerra de Iraq y Afganistán. Quizás es la forma de contarlo. Filkins tiene una especial capacidad para retratar el dolor, la desesperación, la pobreza y la locura.

El Iraq que aparece en el libro nada tiene que ver con el retrato triunfante de los comunicados oficiales entre 200 y 2006. Filkins muestra el contraste entre la visión de los estadounidenses que ocupan el país y la perspectiva real de los iraquíes cuando no hay soldados, políticos y cámaras cerca. El Iraq que aparece en el libro es del un ejército local de chiste, los secuestros, las matanzas sectarias, los atentados suicidas, las venganzas…

Evidentemente la situación cambió en Iraq a partir del “Surge” y un enfoque totalmente diferente a la lucha contrainsurgencia, tal como cuenta Thomas Ricks en “The Gamble”, pero a parte del valor de su prosa el libro proporciona unas cuantas lecciones sobre la realidad de una guerra sucia como la de Iraq.

Arqueología (1996-1999)

Estoy reorganizando la biblioteca con nuevas estanterías, condenando libros al trastero y recuperando el tiempo perdido leyendo a destajo. Me he encontrado con un montón de archivadores de aquella época en que nunca tiraba un periódico sin tener a mano un bolígrafo y unas tijeras. ¡Un archivo análogico!

Me ha sorprendido la cantidad de recortes sobre la “crisis económica mundial” que guardaba del período 1996-1999. Paro, cierre de factorías, concentración empresarial y empresas de productos de lujo vendiendo más que nunca. Puede que mucha de aquellas noticias podrían ser publicadas hoy y nadie notaría el anacronismo.

En 1999 entré la universidad a estudiar Sociología. Yo sentía que las reglas de juego habían cambiado mientras mis compañeros mantenían discusiones bizantinas sobre el marxismo. Esta misma semana he pasado por la biblioteca central y me encontré con una exposición de Trotsky (¿70º aniversario de su muerte?).

Guardaba todos aquellos recortes como documentación para un ensayo sobre la crisis de la izquierda (“Naufragio” se iba a titular). Al final terminé escribiendo un libro sobre la transformación de la guerra. Siempre queriéndolo abarcar todo con grandes marcos teóricos. No creo que escriba ya ese ensayo. Sálvese el que pueda.

“Lobo en el purgatorio” de Alfonso Ruiz

Cuando era adolescente y existía el servicio militar obligatorio recuerdo que se contaban cosas horribles del Hospital Militar. No sé cuánto de leyenda urbana tenían aquellas historias sobre diagnósticos errados con consecuencias fatales y pacientes desatendidos sufriendo condiciones infrahumanas. Pero ya no existe la “mili” y aquel Hospital es hoy un centro de atención de la 3ª edad.

He terminado de leer estos días “Lobo en el purgatorio. Un sargento español en la guerra de Iraq” de Alfonso Ruiz de Aguirre. (Con ese título cuesta entender que haya tardado tanto en comprarlo). El libro cuenta la historia del sargento del Ejército de Tierra Sergio del Cristo Santisteban Peña que fue herido en Diwaniyah el 11 de febrero de 2004 y sus desventuras enfrentado a la burocracia, la desidia, la torpeza y la ineficacia de médicos militares, mandos y políticos. Tras múltiples heridas por una granada nadie se molestó en hacerle las radiografías oportunas para buscar los fragmentos de metralla que tenía por todo el cuerpo. Tampoco nadie reparó en la rotura de tímpanos. Tras ser ordenada su evacuación a España por la seriedad de las heridas tardó dos semanas en ser enviado a Madrid. Su llegada, como sucede en España siempre con heridos y cadáveres, fue de noche y a escondidas. Si la llegada a la “civilización” podría parecer que supuso el fin de los suplicios nada más lejos de la realidad. Ahí se puede decir que empezaron los problemas que ocupan la mayor parte del libro.

El autor deja la narración en ocasiones para dar voz al propio “Lobo”, del que toma la oportuna distancia y llega a decir que “no se portó bien con el ejército” (pág. 158) influido sin duda por un evidente cuadro de stress post-traumático que nadie se molestó tampoco en diagnosticar.

“Lobo” tuvo la mala fortuna de ser herido en una operación internacional poco popular en España, lo que llevó al gobierno de turno a darle el perfil más bajo posible a su condición de herido de guerra. Más adelante le tocó sufrir que el siguiente gobierno intentara marcar las distancias lo máximo posible de la ocupación de Iraq negándole el reconocimiento merecido. Lo que nos lleva a mi impresión de que aquello que el sargento Santisteban esperaba entra más en el terreno de lo simbólico que de lo material. Que si alguien como él escogió una profesión militar no fue por razones económicas y su mundo se vino abajo cuando el sacrificio por algo abstracto como la Patria se topó con la fría crueldad de la burocracia del Estado.

Queda contar algún día la microhistoria de la precariedad y cutrez de los despliegues españoles en lugares lejanos cuando se supone que España abandonó el rincón de la historia para estar entre los países que cuentan.