Los disturbios en Argentina como síntoma

Parece mentira, pero la página web de la primera entrevista que encontré a William Gibson en Internet aún permanece con su formato HTML tan de los noventa. Siempre recordaré un fragmento en el que Gibson habla de los disturbios en Los Angeles tras la absolución de los policías que agredieron a Rodney King:

I was watching CNN during the riots of Los Angeles a couple of years ago and they were showing video footage of a mob looting a Radio Shack. Running out of the Radio Shack was hi-fis, video cameras and everything they could pick up. But the Radio Shack was right next to a Macintosh dealership which had powerbooks in the window. And it was untouched. So here these incredible valuable portable very, very powerful computers was sitting untouched behind an unbroken shop-window while the poor people steal Sony Walkmans. I felt that was so sad, and so indicative of our real problem. Because this technology, at this point, belongs to the middle classes and up. It’s not available to the underclass at all, they’re not interested in it.

Es un error imaginar al “populacho” como una variante del buen salvaje. Se supone que los pobres son virtuosos y ascéticos en un reflejo cristiano que lleva a esperar que lleven con digna resignación su situación. O se les imagina como la clase heroica que protagonizará la revolución del proletario en el ocaso del capitalismo. Pero en sus variantes urbanas son maleducados, ruidosos, vulgares e ignorantes. Es obviamente algo inherente a la condición de pertenecer a las clases bajas. Son raros los Sénecas que proceden de escuelas públicas suburbiales en decadencia y familias desestructuradas. Después de los disturbios en el Reino Unido de 2011, los portavoces de las cadenas de librerías Waterstone’s y W H Smith informaron que no tenían constancia de que alguno de sus establecimientos hubiera sufrido daños. Pasó exactamente igual que en Los Angeles y durante el Caracazo. La gente roba electrodomésticos, no saquea librerías. Los valores de la sociedad consumista permean todas las clases sociales. Ellos quieren ser como todo el mundo. Sólo los que estamos de vuelta del smartphone exhibimos con orgullo un Nokia que costó 9 euros. La necesidad de construir la identidad a través de los bienes de consumo se ha convertido en un universal cultural que llegó al otro lado del Telón de Acero.

Así que he leído con atención las noticias sobre los disturbios y saqueos en Argentina. Enseguida encontré referencias a saqueos en tiendas de electrodomésticos, juguetes y ropa. Y encontré los habituales comentarios de que eso era la prueba de que no respondía a un problema de necesidades básicas sin cubrir y por tanto prueba de la existencia de intereses políticos ocultos. Pero lo que cuenta Gerardo Wilgenhoff en Perfil.com es francamente interesante:

El puntapié inicial de la jornada que conmovió al país tiene como antecedente la ayuda alimentaria que distintas organizaciones de los barrios del Alto habían pedido al intendente del Frente para la Victoria, Omar Goye. Ante el incumplimiento de la municipalidad de entregar los tickets alimentarios prometidos, comenzaron las movilizaciones.

La pregunta es por cuánto tiempo podrá mantener el gobierno argentino las subvenciones y ayudas sociales, que sustentan las redes clientelares que impiden la descomposición social, si la inflación está disparada y con altas cotas de endeudamiento público interno para hacer frente a los pagos de la deuda externa. Hay una Argentina real, la que uno puede ver por el autobús de Manuel Tienda León cuando viajas del aeropuerto de Ezeiza a Buenos Aires, en la que niños descalzos caminan por la orilla de canales de agua verdosa a la hora que tendrían que estar en el colegio. Hay una Argentina real, la de la gente que camina con prisa por la Estación de Retiro a la hora de volver a casa en trenes cochambrosos y cuya piel, como la de las cajeras del supermercado Día, es mucho más oscura que la de las estrellas que salen en televisión y los intelectuales que conocemos en Europa. Hay otra Argentina que no es Les Luthiers, Enrique Pinti y Hernán Casciari, sino Tinelli revolcándose por el suelo con la Sueca (para envidia de Lanata) y Los Wachiturros. Cuando los cosas pinten feas, querrán televisores para ver el fútbol y no las obras de Eduardo Galeano.

6 pensamientos en “Los disturbios en Argentina como síntoma

  1. También es hora de repensar el concepto “necesidades básicas insatisfechas”. Es raro que pensemos que lo básico para el pobre, el marginal, siga siendo el pan como en los albores de la revolución francesa. Robo y saqueo son lo mismo, pero qué es lo que necesita la gente para ser feliz, ahí no me meto, cada cual lo sabrá.
    Saliendo del tema de la descripción de las clases populares bonaerenses, solo me resta agregar a tu análisis una variable muy entretenida: el peronismo. Qué pasa cuando ajustan cuentas entre sus caciques y qué cuando un presidente de ese color no lo logra regular. No es un dato menor, los saqueos, hasta ahora, siempre fueron manifestaciones ante gobiernos no peronistas.
    Besos desde la calurosa Buenos Aires :)

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  3. ¿Pero no estabas en Bilbao? ¿Qué tal te defiendes ya con el vascuence?
    A mi lo del peronismo como partido y como ideología política siempre me ha desconcertado. Un partido en el que entran desde elementos de extrema izquierda revolucionaria hasta grupos de extrema derecha prácticamente fascistas, pasando por todo el arco ideológico. Después de todo las privatizaciones en Argentina las impulsó un presidente peronista. A mi modo de ver esto no es positivo, puesto que destruye la “normal” confrontación de ideas a través de las elecciones. Los electores pueden optar por formaciones de derechas, de centro o de izquierdas. Pero votando a los peronistas ¿cual es la opción realizada? Así que claro las luchas internas tienen que ser “sangrientas”.

  4. Decía Edgar Morin que “un pensamiento mutilante conduce a acciones mutilantes”. Es lo primero que recordé cuando leí este post donde hechos complejos como los saqueos acontecidos hace algunos días en diversos puntos de Argentina son reducidos a un problema de continuidad o no de la asistencia estatal a los sectores más vulnerables de la población.

    Esa explicación reduccionista y lineal queda totalmente descartada en tanto y en cuanto a nivel nacional las ayudas sociales se mantuvieron y fueron indexadas por sobre el nivel inflacionario (tomando como referencia no al INDEC sino al Instituto Provincial de Estadísticas y Censos de Santa Fe, gobernado por una coalición opositora al gobierno nacional).

    Por supuesto que, habiendo partido de una situación crítica (más de la mitad del país bajo la línea de la pobreza luego de la crisis del 2001) todavía existe un porcentaje significativo de la población en situación de vulnerabilidad. Pero todos los indicadores sociales y económicos muestran un proceso de crecimiento y redistribución sostenido desde el 2003 a la actualidad. Exhibiendo además la Argentina algunos de los mejores indicadores económicos y sociales de la región (PIB per cápita, Coeficiente GINI, Tasa de pobreza, etc.)

    En torno al problema que te desvela, el endeudamiento, te comento que la deuda bruta del sector público (considerada en porcentaje del PIB) viene descendiendo sostenidamente:

    2008 58.5
    2009 58.7
    2010 49.1
    2011 43.3 (proy)
    2012 41.5 (proy)

    [la fuente es este informe de una organización de la cual es imposible sospechar oficialismo alguno, el FMI: http://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/reo/2011/whd/wreo1011s.pdf ]

    mejor que brasil o Uruguay y (por supuesto) mejor que los tres grandes del norte: méxico, canadá y los endeudadísimos eeuu….

    Y, por si te interesa poner las cosas en una perspectiva histórica algo mayor, acá podrás encontrar un cuadro con la evolución del endeudamiento público argentino en el período 1997-2010:

    http://www.indexmundi.com/argentina/public_debt.html

    Volviendo al tema de los saqueos, creo que todavía hay demasiadas opacidades en la coyuntura para poder emprender un análisis profundo de los mismos. Tanto desde el gobierno nacional como desde el gobierno de la provincia de Santa Fe (como ya dije, gobernada por fuerzas opositoras) insistieron en la presencia de hostigadores. Fue en la ciudad en la que vivo (Rosario, Santa Fe) donde murieron cuatro personas en medio de estos hechos. La situación aquí está atravesada por condiciones particulares ligadas al avance del narcotráfico y su vinculación con las fuerzas policiales, en medio una considerable ineptitud del gobierno provincial para desarrollar políticas adecuadas para enfrentar el problema de la creciente violencia. (dejo un análisis publicado recientemente en el diario de mayor tirada en la ciudad http://www.lacapital.com.ar/la-ciudad/Militantes-sociales-y-bandas-narco-disputan-territorios-en-los-barrios-20121230-0015.html ).

    La situación de Bariloche también presenta particularidades, algunas de las cuales fueron enunciadas por la socióloga Maristella Svampa en una columna reciente: http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2012/12/tres-hipotesis-y-una-realidad.html

    Svampa, una de las sociólogas argentinas que más ha investigado en las últimas décadas las reconfiguraciones de los sectores populares del país, afirma que “no contamos todavía con un panorama claro al respecto [de los saqueos]” y elige iniciar su texto de este modo:

    “Cuesta reflexionar sobre la ola de saqueos que ha recorrido el país en estos últimos días y no quedar preso de las imágenes y las declaraciones de coyuntura.”

    En síntesis, me parece que el momento es demasiado prematuro para establecer análisis causales de un fenónemo tan complejo como el acontecido, que se corre el riesgo de precipitarse en planteamientos mutilantes (y más si la base empírica de las afirmaciones es harto endeble), que no hay UNA Argentina real sino muchas y que, ciertamente, hay que ir más allá de lo que el turista curioso puede llegar a ver de pasada desde la ventanilla del micro de Manuel Tienda León.

    Saludos!

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