Los disturbios en Argentina como síntoma

Parece mentira, pero la página web de la primera entrevista que encontré a William Gibson en Internet aún permanece con su formato HTML tan de los noventa. Siempre recordaré un fragmento en el que Gibson habla de los disturbios en Los Angeles tras la absolución de los policías que agredieron a Rodney King:

I was watching CNN during the riots of Los Angeles a couple of years ago and they were showing video footage of a mob looting a Radio Shack. Running out of the Radio Shack was hi-fis, video cameras and everything they could pick up. But the Radio Shack was right next to a Macintosh dealership which had powerbooks in the window. And it was untouched. So here these incredible valuable portable very, very powerful computers was sitting untouched behind an unbroken shop-window while the poor people steal Sony Walkmans. I felt that was so sad, and so indicative of our real problem. Because this technology, at this point, belongs to the middle classes and up. It’s not available to the underclass at all, they’re not interested in it.

Es un error imaginar al “populacho” como una variante del buen salvaje. Se supone que los pobres son virtuosos y ascéticos en un reflejo cristiano que lleva a esperar que lleven con digna resignación su situación. O se les imagina como la clase heroica que protagonizará la revolución del proletario en el ocaso del capitalismo. Pero en sus variantes urbanas son maleducados, ruidosos, vulgares e ignorantes. Es obviamente algo inherente a la condición de pertenecer a las clases bajas. Son raros los Sénecas que proceden de escuelas públicas suburbiales en decadencia y familias desestructuradas. Después de los disturbios en el Reino Unido de 2011, los portavoces de las cadenas de librerías Waterstone’s y W H Smith informaron que no tenían constancia de que alguno de sus establecimientos hubiera sufrido daños. Pasó exactamente igual que en Los Angeles y durante el Caracazo. La gente roba electrodomésticos, no saquea librerías. Los valores de la sociedad consumista permean todas las clases sociales. Ellos quieren ser como todo el mundo. Sólo los que estamos de vuelta del smartphone exhibimos con orgullo un Nokia que costó 9 euros. La necesidad de construir la identidad a través de los bienes de consumo se ha convertido en un universal cultural que llegó al otro lado del Telón de Acero.

Así que he leído con atención las noticias sobre los disturbios y saqueos en Argentina. Enseguida encontré referencias a saqueos en tiendas de electrodomésticos, juguetes y ropa. Y encontré los habituales comentarios de que eso era la prueba de que no respondía a un problema de necesidades básicas sin cubrir y por tanto prueba de la existencia de intereses políticos ocultos. Pero lo que cuenta Gerardo Wilgenhoff en Perfil.com es francamente interesante:

El puntapié inicial de la jornada que conmovió al país tiene como antecedente la ayuda alimentaria que distintas organizaciones de los barrios del Alto habían pedido al intendente del Frente para la Victoria, Omar Goye. Ante el incumplimiento de la municipalidad de entregar los tickets alimentarios prometidos, comenzaron las movilizaciones.

La pregunta es por cuánto tiempo podrá mantener el gobierno argentino las subvenciones y ayudas sociales, que sustentan las redes clientelares que impiden la descomposición social, si la inflación está disparada y con altas cotas de endeudamiento público interno para hacer frente a los pagos de la deuda externa. Hay una Argentina real, la que uno puede ver por el autobús de Manuel Tienda León cuando viajas del aeropuerto de Ezeiza a Buenos Aires, en la que niños descalzos caminan por la orilla de canales de agua verdosa a la hora que tendrían que estar en el colegio. Hay una Argentina real, la de la gente que camina con prisa por la Estación de Retiro a la hora de volver a casa en trenes cochambrosos y cuya piel, como la de las cajeras del supermercado Día, es mucho más oscura que la de las estrellas que salen en televisión y los intelectuales que conocemos en Europa. Hay otra Argentina que no es Les Luthiers, Enrique Pinti y Hernán Casciari, sino Tinelli revolcándose por el suelo con la Sueca (para envidia de Lanata) y Los Wachiturros. Cuando los cosas pinten feas, querrán televisores para ver el fútbol y no las obras de Eduardo Galeano.

¿Una revolución energética?

La noticia está en todas partes. Estados Unidos va camino de una “revolución energética” gracias a la explotación de yacimientos no convencionales de hidrocarburos con nuevas técnicas (shale oil, fracking, arenas bituminosas…)

Robert D. Kaplan ya sueña con un futuro donde Estados Unidos recupere un vínculo especial con Europa convirtiéndose en proveedor privilegiado de hidrocarburos mientras Rusia pierde su capacidad de influencia vía los oleoductos transiberianos. Augura un futuro poco halagüeño a países sin mar y que dependen de la exportación de hidrocarburos, como Sudán del Sur o Chad. Thomas P. M. Barnett imagina las posibilidad de reindustrialización que ofrece a Estados Unidos la energía barata.

Antes de correr a celebrar la transformación del valor geopolítico de Oriente Medio merece la pena leer sobre el desafío tecnológico que supone explotar esos yacimientos no convencionaoles. Marie Vandendriessche, investigadora del Centro para la Economía Global y la Geopolítica de ESADE, ha publicado un primer documento de una serie de tres sobre el asunto.

La verdadera revolución sigue pendiente. Se planteó después del 11-S. ¿No serviría una apuesta decidida por las energías renovables para reducir la dependencia de los hidocarburos y por tanto para reducir la dependencia hacia los acontecimientos en Oriente Medio? La armada de los Estados Unidos ha decidido seguir ese camino, aunque sólo sea por cuestiones operativas y tácticas.

Mis cinco libros del 2012

Los think tanks y publicaciones relevantes tienen por costumbre publicar en estas fechas una lista con los mejores libros del año. He visto que este año las listas están llenas de libros de economía y sobre la crisis. Como me considero un think tank unipersonal les presento la mía, en la que no hay ni un libro sobre la crisis.

Monzón de Robert D. Kaplam

Monzón de Robert D. Kaplan (Twitter).
Kaplan usa su método del reportaje de viaje donde combina observaciones, entrevistas y una profundización previa en la bibliografía sobre el lugar para explicarnos la rivalidad geostratégica de India y China en el Océano Índico, la fragilidad de Pakistán y la trama de vínculos comerciales tejidas sobre las orillas de un océano que ya fue cruzada por rutas comerciales desde la antigüedad.

El Narco de Ioan Grillo

El Narco de Ioan Grillo (Blog, Twitter):
El libro más extenso, exhaustivo y completo que se pueda leer ahí fuera sobre lo que está pasando en México. Ofrece el contexto histórico, el análisis del negocio y el drama humano, sin que haya una perspectiva que no cubra. Su autor aterrizó como novato en México y ha vivido los años duros de la guerra contra el Narco curtiéndose como periodista.

La Ola Verde de Témoris Grecko

La Ola Verde de Témoris Grecko (Blog, Twitter):
Un periodista mexicano recorriendo Asia se encuentra en Irán con la Revolución Verde. Se trata de un libro empocionante que jamás habría salido del mundo anglosajón con su excelsa tradición periodística. El aspecto físico del autor no le delataba como extranjero y pudo permanecer más tiempo en el país que el resto de periodistas occidentales, fácilmente identificables. Viajero y tromamundos, sospecho que el carácter latino del autor le ayudó a contactar con la gente. Su perspectiva del autor como mexicano del pucherazo electoral cometido en las elecciones presidenciales de 2009 de Irán es novedosa. Y hasta la parte personal, su velado enamoramiento de una iraní inalcanzable, resulta entrañable.

El Sáhara como metarrelato

El Sáhara como metarrelato de José María Lizundia (Twitter).
El autor se atreve con un tema tabú: La construcción romántica del mito nacionalista saharaui y la aportación acrítica de militares, reporteros y cooperantes españoles. Un trabajo original y que estaba pendiente en España por hacer, ahora que se ha puesto de moda desmontar los mitos del nacionalismo de todo cuño. El libro es un ensayo y será rematado por dos libros más que sin duda marcan un hito en la bibliografía en español sobre el Sáhara Occidental.

El retorno de Eurasia 1991-2011

El retorno de Eurasia 1991-2011 de los miembros de Eurasian Hub coordinados por Francisco Veiga y Andrés Mourenza:
Una colección de artículos de diferentes autores en los que hay pequeñas grandes joyas, como la revisión crítica de la geopolítica clásica de Mackinder, el papel de Turquía en Asia Central y el fracaso del yihadismo wahabí en implantarse en el Cáucaso. Un libro singular del que se echan en falta en España más aproximaciones de este estilo a otras regiones. Yo estaría encantado de leer el equivalente dedicado a Asia Pacífico.

Por último me gustaría añadir un libro de finales de 2011 que por su carácter general e introductorio no me cansaré de recomendar: Geoconomía de Eduardo Olier.

Geoconomía

Periodistas buscando su público

Ya conté una vez que, mientras otros adolescentes pasaban sus crisis de la adolescencia de juerga o leyendo a Nietzche, yo me quedé fascinando con los reporteros de guerra. Abandonarlo todo y dejar un bonito cadáver. Más tarde me interesé por las guerras desde el plano académico y constaté que el valor de los reporteros en las guerras se había devaluado. Los grupos revolucionarios y de liberación nacional durante la Guerra Fría querían que alguien contara al mundo su historia. Hoy los señores de la guerra, terroristas y narcotraficantes no quieren testigos incómodos. Así que según qué guerras, la vida de un periodista vale poco. De hecho, todos los años mueren una cantidad enorme en guerras perdidas.

En mi última visita a la Universidad Europea de Madrid les conté a los alumnos de “Cultura digital/empresas culturales” sobre la crisis de los medios de comunicación de masas como instituciones que son de la era industrial. Y puestos a buscar ejemplos de alternativas expuse el caso de dos periodistas. El primero es Michael Yon, veterano de las fuerzas especiales de Estados Unidos y convertido en periodista freelance. Se dedicó a cubrir la guerra de Iraq desde el punto de vista del soldado raso cuando el panorama mediático se dividía en EE.UU. entre los que decían que todo iba bien en Iraq para defender a la administración Bush y los que decían que todo iba mal para atacar a la administración Bush. El suyo no era un periodismo patriotero pero tampoco neutral. Sus lectores hacían contribuciones y compraban su libro para permitirle seguir allí. Empezó a vender crónicas a periódicos que no se podían permitir tener un corresponal. Y así se convirtió en una pequeña celebridad en el mundillo de los aficionados a los temas militares y los interesados en lo que estaba pasando en Iraq.

El otro caso del que les hablé es el de Antonio Pampliega. Lo conocí a través de una carta suya publicada en El País donde contaba cómo se había endeudado para cubrir guerras y países en conflicto, encontrándose el desinterés de la prensa española. Se quejaba del desinterés de los medios por sus crónicas sobre el sufrimiento de gente en lugares perdidos. No cuesta entender cómo eso chocaba con el imperativo informativo de noticias de actualidad. Pampliega no encaja en el arquetipo de reportero apolíneo y escribía sobre los sirios, muertos que a nadie interesa. Las crónicas sobre los muertos y los refugiados son relevantes según de dónde sean.

Alberto Arce contaba en Misrata Calling:

Antes de zarpar, recibo un email del editor de uno de los medios de comunicación más importantes de España: “Tuvimos un equipo en Libia durante semanas y la situación se ha enquistado. Ha perdido interés informativo”. Otro editor, esta vez desde un periódico, me escribe sutilmente en la misma dirección pero traspasando una línea: “Yo tengo mano en la web, pero no me dan presupuesto, solo pagan en el papel. Lo he pasado hacia arriba”. Y arriba se quedó. Sería el último email recibido. A ellos no les interesa. A nosotros, sí. Se llama periodismo pese a la prensa.

Hubo cosas de aquella carta en El País que no me terminó de convencer por su estilo. Y ese énfasis en el “periodismo humanitario” del que me quejaba el otro día me hace preguntar cuál era la historia de sus crónicas. Qué las distinguía y las hacía relevantes. A lo mejor sus crónicas eran brillantes y llenas de interés. No lo sé. A veces hay que saber buscar el relato. Yo les decía a los alumnos de la Universidad Europea de Madrid que se hicieran periodistas especialistas en algo y buscaran su público. Jorge Jiménez reparó en que yo hablaba del mundo de habla hispana y no me limitaba a hablar del mercado español. Internet convierte al mundo entero tu público y más cuando el mayor público de clase media de habla española ya no está en España, sino en Hispanoamérica.

En este tiempo descubrí que Pampliega protagoniza un pequeño documental sobre su caso. Su solución al problema fue vender las crónicas a agencias internacionales. Y va a lanzar un libro sobre Siria como coordinador de los varios autores para el que ha pedido apoyo a los futuros lectores, es decir, crowdfunding. De las 75 aportaciones que pedía ha logrado 272 (la mía fue la 270ª) antes de la fecha límite. Me alegro que encontrara su camino. No pude escoger mejor ejemplo para mi charla.

El hacker contra la universidad zombi de Jorge Jiménez

El registro que llevo de los libros que compro mes a mes ha dejado fuera los libros en formato electrónico. Es algo que voy a tener que solucionar antes de fin de año haciendo un recopilatorio para todo el 2012. El último libro que he terminado de leer es precisamente un libro en formato electrónico y además gratis. Se trata de El hacker contra la universidad zombi: lecciones para gestores, alumnos y profesores en la sociedad informacional de Jorge Jiménez, profesor de la Universidad Europea de Madrid y culpable de que yo haya ido por allí un par de veces a dar una charla a estudiantes. La última vez Jorge les tuvo que aclarar que no nos habíamos puestos de acuerdo sobre lo que yo conté. Y ahora lo entiendo. El hacker contra la universidad zombi es para la educación lo que Guerras Posmodernas es a los conflictos armados.

De lo que hablamos es de la crisis de las instituciones y valores de las sociedad industrial: El estado-nación, la factoría taylor-fordista, la familia nuclear, el sindicato de clase, el periódico en papel… Todo a su manera vive un cambio de era donde las jerarquías, las burocracia y la uniformidad dan paso a la diversidad, la complejidad y la individualidad. Por “zombi” Jorge Jiménez hace referencia, como Ulrich Beck, a esas categorías, instituciones y valores que permanecen pero en realidad están muertas. La universidad es también hija de su tiempo. Y en el libro se cuestiona la validez de los métodos industriales de transmisión estandarizada del conocimiento en la universidad actual. Al fin y al cabo, las lecciones magistrales con los alumnos tomando nota que yo viví hace diez año no difieren tanto de la universidad medieval. Como alternativa Jorge propone la ética hacker, el entusiasmo y la pasión por aprender yendo más allá de lo existente, donde el alumno elegiría su propio itinerario educativo y donde el profesor se convierte en un acompañante en el proceso.

El hacker contra la universidad zombi: lecciones para gestores, alumnos y profesores en la sociedad informacional hubiera quedado hace años como una propuesta bienintencionada y audaz de reforma de la educación universitaria, pero precisamente todo indica que ese es el camino por el que avanza la educación superior. Así que más que una propuesta visionaria tenemos el marco teórico y un programa para la educación del siglo XXI. Gratis y en español.

Geoconomía de Eduardo Olier

Geoconomía.
Eduardo Olier. Prentice Hall, 2011.

Están los libros aburridos, los apasionantes, los interesantes, los polémicos, los oportunistas y luego en un capítulo aparte que no excluye nada de lo anterior están los libros necesarios. Geoconomía de Eduardo Olier, presidente del Instituto Choiseul, fue publicado en 2011 y llegué a él por el interés que se despertó en mí por la Geopolítica clásica. Ya me encargué en su momento de exponer mis críticas a la vigencia de la disciplina a la luz de las ideas que he ido desarrollando en este blog y en mi libro. Geoeconomía se presenta no como un estudio profundo de la materia que da título al libro, sino como una introducción que hace un repaso región a región del planeta y de temas candentes como los mercados financieros mundiales o las materias primas estratégicas. Es por tanto un libro de referencia que recomendar a estudiantes e interesados en la economía mundial como introducción en el que se abren un montón de temas de los que tirar del hilo posteriormente.

Allí donde yo señalaba que se había quedado obsoleta la Geopolítica clásica, la Geoconomía estudia la competencia entre estados en una economía globalizada. Ya no se trata de la lucha decimonónica por las fronteras y los puertos de escala para reponer carbón. Es la compotencia por mercados en una economía global. La conclusión qu se saca del libro es la necesidad de inteligencia económica. Si miran con atención ahí fuera verán que es el tema de moda con una explosión de empresas, cursos, blogs y especialistas. Sin embargo me queda una duda. Al convertir al estado en el actor fundamental de la economía global, ¿no sigue la geoconomía en el viejo paradigma nacionalista? Quizás haya que seguir elaborando y desarrollando la disciplina.

La crisis de las ONGs para el desarrollo

El Instituto de Estudios sobre Conflictos y Ayuda Humanitaria ha publicado con la colaboración de Médicos Sin Fronteras el informe La acción humanitaria en 2011 – 2012: tocando fondo. El título proviene del enorme descenso de los prespuestos públicos de ayuda al desarrollo. El asunto ha sacado a la luz la realidad del mundo de las ONGs en España: Han vivido todo este tiempo de las subvenciones, con una escasa base social. Ahora llegan las vacas flacas.

José Medina y Lucía Lois dan una explicación del asunto en el periódico Diagonal que comienza dando un rodeo por la Cultura de la Transición para llegar a cómo la cooperación al desarrollo se convirtió en España en un canalizador de energías políticas hacia algo inocuo. Frente a los problemas económicos y sociales cercanos, la solidaridad hacia tierras lejanas. Fue algo de lo que ya habló James Petras en los años noventa en su famoso informe. Por el camino, las subvenciones públicas permitieron la multiplicación de organizaciones y toda una industria de masters y postgrados a su alrededor que convirtieron el trabajo de cooperante en una actividad elitista.

Ahora las ONGs no sólo se encuentran con la caída del dinero público destinado a subvenciones, sino el descenso de las donaciones de empresas y particulares. En el artículo de Medina y Lois pareciera casi que hubo un maquiavélico plan detrás de las subvenciones para tener a la juventud española entretenida salvando el mundo y olvidándose de los problemas cercanos. Puedo hablar del tema porque lo viví en primera persona. Las subvenciones públicas a la cooperación al desarrollo no fueron un regalo. Fueron una conquista. ¿Alguien se acuerda de las “Acampada del 0,7%”? En Canarias cuando se obtuvo el compromiso del gobierno local surgió el debate dentro de las propias ONGs sobre dónde poner el tope porcentual de las subvenciones en cada proyecto. Se puso alto porque muchas organizaciones no tenían ni socios ni medios. Recuerdo que alguno propuso una moratoria y que el primer año el dinero se dedicara por entero en dotar a las ONGs de locales e infraestructura. No eran capaces de recaudar dinero y se convirtieron en meras oficinas tramitadoras de proyectos con una infraestructura mínima y personal precario. Ahora se desvela que no eran sociedad civil, sino capturadoras de subvenciones.

Tel Aviv no es la capital de Israel

Primero fue la editorial del diario El País del pasado día 9:

La estancia en Gaza de Meshal, al que Israel ha intentado eliminar a lo largo de los años, ha sido posible gracias a la tregua que ha pactado Tel Aviv.

Luego leí a David González en Miradas de Internacional:

Se considera que Tel Aviv controla entre 75 y 500 ojivas nucleares

Y por último fue Iván Giménez en Realpolitik.

Entre Washington y Tel-Aviv hay una diferencia en la manera de referirse al programa nuclear iraní

Tel Aviv. Tel Aviv. Tel Aviv. ¿Por qué tanta insistencia en situar la capital de Israel en Tel Aviv? El gobierno, el parlamento y el tribunal supremo de Israel están en Jerusalén. Cualquier turista que pase por allí lo puede ver. Es cierto que hay países que no reconocen a Jerusalén como capital del Estado de Israel y han instalado sus embajadas en Tel Aviv, donde de paso hay playa y mucha vida nocturna. Pero en Tel Aviv no están las instituciones fundamentales del estado. Allí no se pacta, controla o decide nada. El que no acepte Jerusalén como capital de Israel que se limite a usar “el gobierno de Israel”. Pero dejen ya de inventarse la capital de Israel

Cinco tesis contra el periodismo internacional actual en España

Una vez Rosa Jiménez Cano me animó a hacer una acotación cada vez que despotricase contra el periodismo. Que criticara a los malos periodistas y los señalara como tal, en vez de hablar de los periodistas en plural o del periodismo como profesión en general. No sé si olvidé poner en práctica alguna vez su consejo. Así que hoy voy a hablar del “periodismo internacional actual en España” como forma de llamar a una cierta forma de hacer periodismo de asuntos internacionales que encuentro muy extendido en los medios españoles. Así espero que los profesionales competentes y admirables por su trabajo no se sientan aludidos.

1. El periodismo a secas es una profesión condenada al fracaso.
El periodismo es una profesión simple. Se trata de contar lo que pasa. Y lo que pasa son cosas que implican a otros. Los políticos aprueban leyes y gestionan administraciones públicas, los ingenieros construyen puentes, los programadores desarrollan software, los médicos curan enfermedades, etc. Y un periodista se pasa años en una facultad estudiando teoría de la comunicación, ética profesional y cosas así mientras el resto nos dedicamos a estudiar los entresijos del mundo y de la vida. Así que un periodista está condenado a hablar de lo que hacen los demás. Y las probabilidades de que no se entere de nada son elevadas. Qué digo. No se trata de probabilidades. Se trata de que los periodistas se pasan la vida metiendo la pata. En serio. Si alguno me lee que se pare a pensar cuántas veces un amigo que trabaja en un campo profesional cualquiera, un aficionado muy friki en un tema, alguien que es de un lugar geográfico concreto o que por cualquier razón tiene conocimientos de primera mano de un asunto se queja “puff, el que ha escrito esta noticia no se ha enterado de nada”. Yo sin ir más lejos reúno la condicación de nacido en Canarias, jugador de rol y videojuegos en la adolescenia, estudiante de bachillerato científico, estudiante de formación profesional de informática y electrónica, empedernido lector, viajero incansable por Europa, aficionado desde niño a los temas militares, licenciado en Sociología, etc. Así que imagínense la de noticias, desde aquellas sobre virus informáticos en los 90 a cualquiera reciente de guerras en países perdidos que me han hecho soltar a lo largo de mi vida un resoplido y soltar “puff, el que ha escrito esta noticia no se ha enterado de nada”. Mi consejo a los periodistas es que saquen una doble titulación. Estudien sociología, economía, relaciones internacionales, ciencia política o lo que sea. Y sean periodistas especializados que no necesiten “subtítulos” cuando hagan una entrevista.

2. El periodismo que te gusta es malo y tú no te has dado cuenta.
Una vez mencioné el caso aquí. Hace años, un periodista muy admirado por sus colegas de profesión y del que no me paro de encontrar elogios, fue enviado por su medio a cubrir unas elecciones en un país donde no hablan español. Viajó, estuvo en la capital y volvió a España. No me acuerdo si llegué a tener conocimiento de sus crónicas antes de que fueran comentadas en cierta lista de correo donde se debatía sobre la región a la que pertenece el país. En ella participaban académicos, periodistas y traductores tanto españoles como de la zona. Gente que había nacido o vivido allí, trabajan actualmente allí, hablaban el idioma y habían publicado tesis, libros y reportajes. Yo era un lector. Despellejaron las crónicas del periodista tan admirado y su relato sobre la división del país en dos bandos de buenos y malos. La riqueza de matices de las candidaturas electorales, que había sido largamente expuesta por los participantes en la lista de correo, estaban totalmente ausentes. Las ambiciones y motivaciones personales de los candidatos que eran bien conocidas en el país se reducía a la imagen pública construida en la campaña. Puede que si habláramos con el periodista, él mismo puede que nos confesase que no se sintió muy orgulloso del trabajo que realizó. Pudo ser un reportaje que le tocó hacer por imposición del medio para el que trabajara. Pero la cuestión es, ¿cómo sabes tú que el análisis o la crónica que lees es buena? ¿No te queda muchas veces la sensación cuando lees algo sobre España en la prensa extranjera que “sí pero no”? Que el deseo de un titular efectista o una tesis simplista le ha llevado al periodista a dejarse fuera los matices. Pues piensa que es igual cuando los periodistas españoles salen por el mundo. Así que hay que salir ahí fuera a buscar más fuentes, leer medios de otros países y aprender a encontrar el buen periodismo allí donde esté.

3. Los periodistas españoles que hacen reportajes en el extranjero intentan hacer de todo menos periodismo.
A ver si les suena este tipo de crónica que me acabo de inventar:

Amanece otro día más sobre el polvoriento paisaje de Afganistán. El sargento Povedilla mira con concentración la pantalla desde la que controla el sofisticadísimo avión sin piloto que vigila el perímetro de la base. El cerebro electrónico del avión traza rutas con fría precisión sobre esta lejana base desde las que las tropas españolas tratan de disputarle el terreno a los talibán. El sargento Povedilla es uno de tantos militares, profesionales de la guerra entrenados para matar, que aquí se enfrentan al desafío de llevar el desarrollo y la democracia a…

Ya les vale a tanto aprendiz de Tom Clancy de pacotilla el abuso de florituras que reducen los artículos a ejercicios de estilo literario. Yo sigo la realidad de muchos lugares por las más diversas fuentes, así que cuando leo un reportaje sobre soldados españoles en un país en guerra me predispongo a buscar sustancia porque quiero saber cómo están las cosas allá. Pero me encuentro una y otra vez con descripciones de lo caluroso y polvoriento de las carreteras afganas o lo mucho que se suda en el atestado interior de un vehículo a prueba de minas. Por no hablar de las veces en las que los periodistas hablan de ellos mismo como protagonistas de la crónica. El caso de las misiones militares internacionales es sintomático por cómo son descritos los militares. O los soldados son tratados como superhéroes en un pedestal por parte de la prensa de derechas o tratados con un distanciamiento deshumanizador por parte de periodistas progres. Se nota la brecha social entre esos licenciados con máster por un lado y por otro la tropa, críos en la postadolescencia, toscos, vitales y bullangueros. Lean entonces y comparen cómo conviven con los soldados y cómo hablan de ellos Robert D. Kaplan en Imperial Grunts o Evan Wright en Generation Kill. Mi conclusión es que el humo y el artificio esconden la renuncia a informar al lector o espectador. Están allí a otra cosa. Van a esos lugares a forjar su leyenda, a dar rienda suelta a sus sueños de escritor o lo que para mí es mucho peor, a salvar el mundo haciendo un reportaje conmovedor que muestre el “lado humano” de las noticias. Y ese es un mal que está carcomiendo el periodismo.

4. El “periodismo comprometido” y el “reportaje del lado humano” se han convertido en las mayores excusas para la pereza intelectual.
Es algo que tardé en comprender al estar enmascarado en las buena intenciones. Me refiero a esos periodistas que van por el mundo tratando de “poner cara” y “dar voz” a las víctimas de los conflictos armados. Loable hasta que caes en la cuenta que el periodista que sólo hace eso ha renunciado a hacer todo lo demás. Te argumentan, quienes lo practican y lo defienden, que ese distanciamiento del contexto histórico y de los intereses geoestratégicos en juego es consciente y deliberado porque detrás de ellos sólo hay excusas y propaganda. La política internacional se juega en los pasillos de Bruselas y en las giras de contactos de los ministros de exteriores que pisan siempre moqueta. Pero estos periodistas prefieren ir a los lugares peligrosos para hablar de la viuda que llora en un campamento de refugiados o con el adolescente que empuña un fusil en el frente porque son víctimas indefensas y actores impotentes ante un destino trágico. Para mí no son más que excusas para no hacer el trabajo de leer, estudiar y comprender. Porque poner la actualidad en su contexto supone leer muchos libros y leer mucho documento de análisis. Cuando se renuncia a estudiar el trasfondo de lo que pasa en el mundo, lo que queda es un periodismo sentimentaloide e insustancial. Se acumulan esos reportajes predecibles, totalmente intercambiables de un lugar a otro y que han terminado por saturar el mercado de las lágrimas. Así que para llamar la atención hay que darle un giro de tuerca y buscar un nuevo ángulo al sufrimiento humano. Se sube el listón de la atrocidades que hay que mostrar para conmover y generar una respuesta del espectador. Pero el problema es que muchas veces lo que vemos no es más que el resultado de la construcción de un relato.

5. Los periodistas están empeñados en salvar el mundo. Y eso no es periodismo.
Aborrecer a los periodistas que “quieren salvar el mundo” puede parecer un acto de cinismo. Pero de lo que estamos hablando son de periodistas que quieren salvar el mundo sin haberlo pisado. Su compromiso político no es el resultado de un despertar de la conciencia a realidades brutales que les golpearon la cara en rincones perdidos del planeta. Por el contrario, se trata de un activismo político con el que entraron en la facultad de periodismo y con el que suben al avión. El viaje en el fondo es innecesario porque ellos en su cabeza ya tienen elaborado el reportaje. Y cuando tienes una causa y estás embarcado en una misión no vas a permitir que un asunto tan trivial como la realidad te estropee un reportaje. Así que aquí llegamos al meollo del asunto. Una actividad que consiste en ir por el mundo, tomar notas y contar una historieta de buenos y malos ajena a la realidad puede llamarse de muchas maneras. Literatura basada en hechos reales o mera propaganda. Pero no es periodismo. Y todos esos “periodistas comprometidos” le están haciendo un flaco favor a la profesión y al público en general. Porque sin conocimiento veraz de la realidad no puede haber un debate público constructivo.

México y el Narco

Siguiendo una pista dada por Luis Arean, mi mexicano de cabecera, busqué la edición de noviembre de la revista Letras Libre para leer un artículo sobre la situación actual de México del historiador y ensayista Enrique Krauze, que es su director. Tras pasar por caja, impetuoso de mí, descubrí que el texto estaba comleto y gratis en Internet.

¿Y qué cuenta Enrique Krauze para hacer el artículo tan relevante? Pues resume lo contado por el periodista británico Ioan Grillo en su libro El Narco: Inside Mexico’s criminal insurgency. Grillo no es ningún paracaidista. Ha trabajado para medios y vivido a ambos lados de la frontera EE.UU.-México. El Narco es un repaso extenso al asunto desde todos los ángulos a la guerra civil posmoderna que vive México. Krauze completa el artículo con un libro descatalogado pero que mantenía en el radar: Los señores del narco de Anabel Hernández. Este segundo libro busca las raíces de la guerra entre organizaciones criminales en la ruptura del orden establecido tras el fin de la hegemonía política del PRI.

La edición española de Foreign Policy ya eligió El Narco como uno de los libros de 2012. Me entero así que ya hay edición española. Sólo me queda recomendarlo.