Los libros de agosto

Continent Ablaze de John W. Turner.
Warfare in Independent Africa de William Reno.
Frontiersmen. Warfare In Africa Since 1950 de Anthony Clayton.
Un trío de libros sobre las guerras en el África subsahariana durante la Guerra Fría y los años 90 del siglo pasado. Son tres libres desiguales que cubren con diferente profundidad un tema poco estudiado.

Congo Unravelled de Andrew Hudson.
Una breve historia con abundante material fotográfico de las guerras en el recién independizado Congo belga durante los años 60 y en el que tuvieron un papel importante una generación de mercenarios hoy mítica (Bob Denard, Mike “Mad Dog” Hoare y Jean Schramme) junto con pilotos cubanos al servicio de la CIA.

Zones of Conflict: An Atlas Of Future Wars de John Keegan y Andrew Wheatcroft.
Después de leer The Ends Of The Earth de Robert D. Kaplan en el que citaba obras de los años 80 que anticiparon las guerras posmodernas me entró curiosidad por ver qué dijo en su momento el recientemente fallecido John Keegan.

Cry Havoc de Simon Mann.
Se trata de las memorias de uno de los financiadores del fallido golpe de estado contra Teodoro Obiang en 2004 y que escribió este libro durante su paso por una cárcel de Zimbabwe. El libro intercala el relato de la preparación del golpe con sus recuerdos personales como socio de la célebre empresas sudafricana Executive Outcomes. Lo que me quedó claro es que se trata de un pijo británico que jugó un juego en el que fueron otros los que arriesgaron la vida y él trata de hacerse el interesante por haber formado parte de ese mundo.

Las venas de la globalización

La web de noticias de ciencia, medio ambiente, salud y tecnología MATERIA ha publicado una reseña de un artículo científico del matemático español Carlos Pais en el que aplica análisis de redes al tráfico mundial de contenedores.

Su mapa del mundo muestra el enorme flujo de mercancías que sale de Asia, cómo Rotterdam es la gran puerta de entrada de Europa y sobre todo la emergencia de puertos en Oriente Medio, África y América Central, que demuestran la creciente conexión de esos lugares con la economía mundial.

Y en un orden de cosas no muy lejano, Ajai Shukla, autor del blog Broadsword sobre India y su defensa, publicó el pasado 1 de septiembre un artículo en el suplmemento de fin de semana del diario financiero Business Standard sobre el “Nuevo Gran Juego” en el Océano Índico, del que aquí llevamos hablando un cierto tiempo. Iván Giménez, por su parte, habla de “El océano Índico: escenario clave de la geopolítica mundial” en la edición española del Huffington Post.

“The Dark Sahara” de Jeremy Keenan

The Dark Sahara: America’s War on Terror in Africa.
Jeremy Keenan.
Pluto Press, 2008.

Hay muy poca bibliografía sobre “terrorismo en el Sahel”. Han pasado ya muchos años desde aquel informe del International Crisis Group de 2005 que decía que eran rumores infundados. Ahora la bandera de Al Qaeda ondea sobre Timboctú en una crisis que no ha llegado a su fin. Así que es hora de empeza a entender lo que pasa en la zona. Y Jeremy Keenan, un antropólogo especializado en los tuareg del sur de Argelia, parecía la persona adecuado para hacerlo. No lo es.

Jeremy Keenan estudia el secuestro de 32 turistas europeos sucedido en 2003 en el sur de Argelia. Encuentra contradicciones en la versión oficial presentada por los medios oficiales argelinos y llega a entrevistar a alguno de los rehenes. A partir de ahí se pierde. Rechaza punto por punto la “versión oficial” pero en cambio recoge todos los rumores, habladurías, teorías conspirativas y leyendas urbanas que circularon en Argelia en torno al asunto. Y no sólo lo hace, sino que se enreda en elucubraciones. “Si consideramos que aquello no pudo pasar y esto otro no pudo ser allí, sólo podemos pensar que aquello otro que se dice podría ser cierto si lo de más allá realmente no sucedió como cuentan”. Así página tras página hasta necesitar irse por las ramas hablando de la administación Bush, el petróleo y la guerra contra el terrorismo para rellenar más páginas. Y todo para sostener la idea de que en el Sáhara y en el Sahel no hay yihadistas, sino que se desarrolla allí una operación de falsa bandera para justificar la defensa de los intereses geoestratégicos estadounidenses en torno al petróleo africano. Algo parecido a lo que ya leí en otra parte.

La metedura de pata de Jeremy Keenan hubieran sido disculpable en 2005. Pero él mismo afirma que su libro, publicado en 2008, es el resultado de un trabajo de años. Quedamos por tanto a la espera de un libro que nos explique que ha pasado en la zona.

La “rabiosa novedad” del asalto a las embajadas

El 20 de noviembre de 1979 el mundo musulmán celebró la llegada del año 1400. Esa mañana un grupo de extremistas islámicos armados irrumpió en la Gran Mezquita de la Meca y se apoderó del reciento tomando como rehenes a la muchedumbre de peregrinos que cumplían el último día de su peregrinación. Entre el miedo y el asombro de los allí presentes proclamaron a su cabecilla, Mohammed Abdullah al-Qahtani, como el Mahdi, el redentor del Islam que precedía al fin de los tiempos. Arabia Saudita había visto disparado sus ingresos tras la crisis petrolera mundial de 1973 y la rápida modernización del reino era motivo de escándalo para muchos saudíes.

Tras la confusión inicial y los primeros fallidos intentos de asaltar el recinto, las autoridades saudíes requirieron a la empresa Saudi Bin Ladin Group, responsable de las reformas y ampliación del del lugar más sagrado del planeta para el Islam, los planos de construcción. Requirieron también ayuda al gobierno francés que envió material y a tres agentes del Groupe d’Intervention de la Gendarmerie Nationale convertidos al Islam sobre la marcha para trabajar sobre el terreno. Empleando vehículos blindados las fuerzas especiales saudíes fueron retomando terreno hasta acorralar a los asaltantes en las galerías subterráneas de la mezquita.

El balance oficial de muertos fue de 127 miembros de las fuerzas de seguridad, una docena de peregrinos y 117 asaltantes. La versión no oficial habla en cambio de miles. El lugar más sagrado del Islam había sido profanado y la legitimidad de la casa Saud desafiada. Los gobernantes de Arabia Saudita tomaron el ataque como un síntoma del descontento en el país ante la excesiva occidentalización producto del súbito enriquecimiento del país tras el shock petrolero de 1973. Entre otras medidas, promulgaron leyes más restrictivas sobre el papel de la mujer en la vida pública.

Los primeros momentos del asalto a la Gran Mezquita de la Meca fueron de una enorme confusión sobre la identidad de los atacantes. Las autoridades saudíes tardaron en informar sobre ello y al día siguiente del ataque se convocaron manifestaciones en muchas ciudades de países musulmanes tras la extensión del rumor de que se trataba, nada menos, de una operación militar conjunta de Israel y Estados Unidos para apoderarse del lugar más sagrado del Islam. Un rumor que propagó entre otros el ayatolá Jomeini. En Islamabad, la capital de Pakistán, la manifestación frente a la embajada de Estados Unidos derivó en un tumulto que arrasó la embajada. Ardieron todos los edificios del complejo y los sesenta vehículos de su parque móvil. Una centena de personas, entre personal diplomático y empleados pakistaníes, debieron refugiarse en la última planta del edificio central esperando en vano la llegada de fuerzas de seguridad que dispersaran a la turba que intentaba irrumpir en el recinto protegido donde estaban atrincherados. Pero las fuerzas de seguridad pakistaníes se limitaron a ser testigos pasivos mientras la embajada y la sede de otras instituciones estadounidenses fueron atacadas. El gobierno del general Zia-ul-Haq, llegado al poder en un golpe de estado en 1977, era aliado de Estados Unidos pero estaba tratando de construir una base social para su régimen cortejando a los islamistas y en especial a la organización detrás del tumulto, la Jammat-e-Islami, fortalecida por los petro-dólares saudíes.

Al final del día, con el atardecer, la turba se cansó y se marchó, dejando un saldo de dos militares estadounidenses y dos empleados pakistaníes muertos. La versión oficial dada por Estados Unidos hablaba del imprescindible papel de las autoridades pakistaníes en la liberación del personal de la embajada. Era completamente falso.

Varios días después, el 30 de diciembre una turba intentó asaltar la embajada estadounidense de Kuwait. Tuvo que ser dispersada con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras. Dos dias después sucedió otro asalto a una embajada estadounidense. Esta vez pasó en Trípoli, capital de Libia. Las malas relaciones entre Washington y el régimen de Gadafi había llevado a mantener una delegación mínima en el país. Estaba todavía en pleno desarrollo la crisis de los rehenes de la embajada estadounidense en Teherán, así que el personal diplomático llevaba tiempo en alerta. El agente residente de la CIA había tenido además la precaución de preparar un plan de defensa y otro de escape. Destruyó o trasladó a Túnez el material sensible. Así que cuando se produjo el asalto estaban preparados. Tras saltar sobre los muros, la turba alcanzó la planta baja del edificio principal estaban preparados. Los asaltantes recibieron una andanada de botes lacrimógenos. Algún asaltante intentó subir al segundo piso por las escaleras princpales pero solo logró partirse la crisma porque en ellas habían derramado aceite de motor. El personal diplomático consiguió ganar el tiempo suficiente para escapar por un patio trasero que conectaba con otro edificio. Allí se quitaron las chaquetas y corbatas. Se mezclaron entre los estudiantes que se manifestaban contra Estados Unidos y alcanzaron la embajada de Reino Unido.

“Guerrillas” de John Lee Anderson

Hubo una época en que la idea de “guerrilla” se relacionaba con grupos armados rurales, conservadores y reaccionarios. En el libro Guerras Posmodernas hice mención de cómo el concepto cambió tras la Segunda Guerra Mundial. La lucha partisana abrió una nueva era en la que aparecieron grupos guerrilleros en el Tercer Mundo. Y en torno aquellos grupos anticoloniales y revolucionarios se creó un aura épica que están en la base del mito del Che y otros.

Leí hace poco Guerrillas: Journeys In the Insurgent World. de Jon Lee Anderson, que mantenía en la estantería desde 2006. El libro es una reedición de aquel año de una obra que se publicó originalmente en 1992, recién acabada la Guerra Fría. Supongo que se trató de un intento de aprovechar el tirón del autor, famoso por su libro The Fall of Baghdad. Guerrillas: Journeys In the Insurgent World recoge el retrato a retazos que el autor traza de varios grupos guerrilleros. Y la mística y el romanticismo que trata de mostrar me resultan añejos. Hoy cuando pensamos en guerrillas nos viene al a mente a los talibán, que envenenan a niñas que van al colegio, o las bandas sin disciplina al servicio de algún señor de la guerra que aterroriza a la población para mantenerla lejos de alguna mina de diamantes en África. Es otro de esos libros que no hubieran merecido una reseña pero el propio desencanto que he sentido ante lo que nos cuenta el autor es significativo en sí mismo.

Puestos a evocar los 80 y los guerrilleros me pareció mucho más interesante el documental “El viejo camaleón” de RTVE sobre Edén Pastora.

Conferencia “Irán, ¿amenaza nuclear?” el jueves 13 en Santa Cruz de Tenerife

Los más viejos del lugar recordarán mi interés por Irán y su programa nuclear. Después de ocupar durante meses los titulares con la amenaza de un ataque que nunca llegó, el asunto simplemente desapareció. Se desarrollaron conversaciones de forma discreta en Moscú y Estambul sin éxito. Y hemos vuelto de nuevo a los titulares llamativos.

La Asociación de Amistad Canarias-Israel ha organizado un ciclo de conferencias y me tocará abrir fuego el próximo jueves 13 a las 20:00 en la Librería del Cabildo de Tenerife con el título “Irán, ¿amenaza nuclear?”. Será una conferencia donde deje más interrogantes en el aire que certezas plenas. Pero espero poder hacer un repaso al estado de la cuestion. Desde las razones de Irán para ambiciona la bomba a las consecuencias que tendría un Irán nuclear, pasando por las alternativas que se presentan.