Dar la cara

Hace poco una amiga le mandó el enlace de una entrada de este blog a una conocida que tiene por costumbre recopilar textos que considera interesantes y mandárselo a sus conocidos. Algo así como esa gente que te manda powerpoints con fotos de gatitos o fotos de puestas de sol con frases sobre la amistad pero con más enjundia. Pero mi amiga se encontró como respuesta que el mío se trataba de un blog “anónimo” y que no tenía por costumbre enviar textos “anónimos”.

He jugado siempre a esconderme detrás de mi nombre de guerra en Internet, el “Lobo Estepario”, porque precisamente creé mi primer blog con ese título en la era en que la caverna se echó al monte tras la derrota electoral del Partido Poular en 2004. Yo era un estudiante recién llegado a Madrid y un francotirador solitario que se puso en frente. Ahora suena a chiste pero en aquel entonces en las versiones digitales de respetadísimos medios de comunicación se pedía sin complejo alguno al Ejército que sacara los carros de combate a la calle o soñaban que tras una de aquellas manifestación pidiendo “la verdad sobre el 11-M” el presidente del gobierno tuviera que abandonar la Moncloa en helicóptero. Tal cual. En aquel contexto de soflamas guerracivilistas me temía que un día caminando por las calles de Madrid chocara de bruces con un grupo de de demócratas de aquel calibre que tras reconocerme como el “enemigo” me partieran la cara. Eso o terminar en una lista negra.

Han pasado unos cuantos años. He publicado un libro y he presentado varias comunicaciones académicas, dos de las cuales aparecen como capítulo de libro. Mi nombre aparece en revistas especializadas y portales de defensa. Me han entrevistado en radios on-line. ¿No es un poco absurdo seguir usando pseudónimo?

El martes tuvo lugar en Montevideo una Jornada sobre la Sociedad Red organizada por la Biblioteca de las Indias Electrónicas donde estuve presente mediante una grabación en vídeo donde presenté las ideas fundamentales de mi segundo libro sazonadas con conceptos básicos del primero. El vídeo puede verse aquí. En la primera parte explico cómo la euforia tras la Operación “Tormenta del Desierto” llevó al Pentágono a centrarse en el impacto de las tecnologías de la información en la guerra sin pararse a estudiar la dimensión social del asunto con trágicas consecuencias. En la segunda parte hablo de la emergencia de los actores no estatales transnacionales y de cómo usan estrategias de guerra en red.

Desde hoy volveré a ser Jesús M. Pérez.

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