Swarming naval

Ayer me llegó la confirmación que la Revista General de Marina, la veterana revista académica de la Armada Española, publicará en su número de julio mi artículo “Irán y la guerra naval asimétrica”. En él relato las experiencias iraníes durante los 80 que han llevado al desarrollo de una doctrina militar propia que establece la descentralización de las fuerzas en tierra y el empleo del swarming como táctica fundamental en el mar.

La Revista General de Marina publica en Internet con cierto retraso sus contenidos de forma gratuita, así que en el futuro será posible que todos puedan leer el artículo.

Tras la publicación de “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global” el artículo sobre “Irán y la guerra naval asimétrica” es el segundo aporte a lo que será mi segundo libro. Mis próximos artículos versarán sobre la ciberguerra distribuida y la guerra en el desierto.

“Hizbullah. El brazo armado de Dios” de Javier Martín

Suelo esperar a finalizar los libros para hacer una reseña en el blog. Aunque a veces haya excepciones. Y hoy tendremos una de ellas.

Estoy leyendo estos días, entre otras cosas, la edición de 2005 de “Hizbullah. El brazo armado de Dios” de Javier Martín. Los autores españoles no aportan casi nunca nada nuevo porque se limitan a hacer refritos que sirven de ligeras introducciones al tema en cuestión, pero puestos a profundizar en un tema hay que leerlo todo aunque sea para estar al tanto del estado de la cuestión en España y así, al menos, poder criticar. Así que empecé con el libro de Javier Martín antes de pasar a otros en inglés.

Al poco de empezar a leer me encontré el término “ejército judío” para hablar del ejécito de Israel. Gobierno galo, ministro teutón, economía helena, artista nipón… Es un recurso para no reiterar en un texto un gentilicio. Pero el término se repetía siempre en cada referencia al ejército israelí. ¿Alguna vez leí “armada sintoísta” para referirse a la de Japón o “fuerza aérea shií” para hablar de la de Irán?

Resulta además que el “ejército judío” entró en el Líbano “hollando” su suelo. “Hollar” según el diccionario de la Real Academia Española es “pisar, dejando señal de la pisada” pero también “abatir, humillar, despreciar”. Se menciona en el libro también la presencia del ejército sirio en el Líbano, pero no se trata de un “ejército musulmán” ni sus soldados “hollan” el suelo libanés. Los sirios, cualquiera diría, pasaban por allí.

La cosa se pone interesante cuando llegamos a la descripción de los atentados contras las fuerzas israelíes en el Líbano.

“El 4 de noviembre de 1983, un joven partisano de 20 años arrancó un automóvil rojo que un vecino había aparcado delante de su puerta y repartió besos y bendiciones a los cuatro hombres que le miraban de frente, con las pupilas cuajadas de orgullo” (pág. 58)

¿Era un coche rojo y no azul o verde? ¿Cuatro hombres y no cinco o seis, que además miraban de frente? ¿Cómo puede saberlo Javier Martín? No lo sabemos porque no cita las fuentes (Ay, las fuentes. Qué diferencias con el mundo anglosajón). Pero que dé datos tan precisos es el resultado de asumir el papel de narrador omnisciente capaz de penetrar en la mente de aquellos cuatro testigos de la partida del pronto mártir de la causa y así poder saber que en su mirada había orgullo.

Tenemos aquí un recurso literario y un relato novelado de algo que no podemos saber más que por fuentes del grupo que ayudó a perpetrar un atentado terrorista suicida. Y que por tanto, no es más que una pieza de propaganda islamista presentada como relato periodístico. Pasemos a otro atentado.

“Aquel día, se subió a un Mercedes blanco, se abrochó el cinturón de seguridad y recitó la fatiha (primera oración del Corán). Con la mano firme, la mente en Alá y una letanía permanente entre sus labios, recorrió los intrincados caminos del sur libanés hasta llegar a la puerta principal del cuartel, que las tropas israelíes ocupaban en la ciudad meridional libanesa de Tiro” (pp. 74)

Si en el caso anterior cabía un margen de duda sobre que la fuente directa sobre la despedida del terrorista suicida pudo ser uno de los testigos de la despedida que elaboraró un relato idealizado en este caso tenemos nuevamente al narrador omnisciente contándonos ¡qué hizo y pensaba un terrorista suicida poco antes de morir! “Mano firme” y “mente en Alá” suena a expresiones sacadas directamente de un martirologio. Aquí entramos en el terreno donde se confunde relato periodístico con la recreación novelada que nuevamente se hace al servicio de una causa.

¿Mantuvieron la “mano firme” y la “mente en Yahvé” los soldados judíos en sus acciones? En la página 76 nos cuentan la muerte de Raghab Harb a manos de “un grupo de pistoleros de élite israelíes” que le “esperaban emboscados”. “Pistolero”, según el diccionario de la RAE, es “hombre que utiliza de ordinario la pistola para atracar, asaltar, o, como mercenario, realizar atentados personales”.

El término mercenario, por cierto, aparece para señalar a un personaje que Javier Martín encuentra “inquietante”: Imad Mughniyeh. El libro que tengo en mis manos es de 2005 y dudo mucho que en aquel entonces, tres años antes de su muerte, se tuviera dudas sobre la afiliación de Mugniyeh. Sin embargo Javier Martín lo presenta como un personaje ávido de sangre sin excesiva formación ni ambición política cuya vinculación con Hizbullah era “difícil de demostrar” (pág. 82).

Estamos ante un recurso típico de los relatos épicos y heroicos de las organizaciones armadas. Cuando una acción o un personaje resulta especialmente reprobable se le pone bajo la sombra de la duda. (Esa es la fuente de todas las teorías conspiranoicas sobre el 11-S lanzadas por simpatizantes de la yihad islasmista). La cuestión es que Mughniyeh no se trataba de un oscuro personaje cuyas vinculaciones fueran difíciles de trazar. Hasta la Wikipedia en inglés lo identifica como “a senior member of Lebanon’s Hezbollah organisation”. Si antes sabíamos por mano de Javier Martín hasta los últimos pensamientos de un terrorista suicida ahora resulta que las vinculaciones con Hizbullah de uno de sus miembros más destacados es un dato discutible e indemostrable.

A Mughniyeh se le responsabiliza del atentado contra las fuerzas internacionales (estadounidenses y franceses) en Beirut el 23 de octubre de 1983. Javier Martín nos proporciona qué pasaba por la cabeza de uno de los conductores de los atentados suicidas camino de su muerte.

“[V]olvió a pensar en Hur al-Ayan, la ninfa de insuperable belleza que le aguardaría a la entrada del paraíso de Alá con los brazos abiertos, dispuesta a lamer sus heridas de mártir” (pág 83).

También nos proporciona los pensamientos de otro terrorista suicida que murió al año siguiente.

“[T]odos su recuerdos pasaron deprisa y la imagen de Alá y del paraíso prometido atoró sus sentidos” (pág. 77).

No digan que no parece sacado de “Más allá de la vida”, ese programa de la televisión donde una mujer habla con los muertos. Y todo esto en las primeras 89 páginas de un libro de unas 250 páginas. Lo que me queda…

La resiliencia de las redes combativas

El pasado 10 de junio la policía española anunciaba la desarticulación de “la cúpula de la organización “hacktivista” Anonymous en España” con foto del material incautado (ordenadores, routers, un ejemplar de la revista @rroba y una máscara de Guy Fawkes). El asunto ha sido objeto de mil chistes y comentarios en Internet, ya que roza el esperpento anunciar la detención de la supuesta cúpula de un grupo que ha tratado de caracterizarse por funcionar como una red distribuida y es un buen ejemplo del modelo de “resistencia sin líderes” en Internet. Forma parte de esa proverbial ignorancia de las instituciones y los medios sobre Internet.

Sobra decir que la actividad de Anonymous no se vio alterada y a los pocos días había caído el servidor de la página web del Cuerpo Nacional de Policía. La propia policía reconocía que el grupo seguiría actuando a pesar de las tres detenciones. Según David Maeztu el lenguaje empleado formaría parte de las argucias legales para elevar la gravedad del delito a imputar a los detenidos.

Leyendo y reflexionando sobre la aparición de las redes distribuidas en los conflictos resulta que terrorismo y ciberguerra son los dos fenómenos donde estas topologías aparecen en mayor grado de pureza. Sin embargo el desempeño ha sido bastante desigual. Mientras que personas detrás de las redes distribuidas que colpasaron Internet en Estonia en 2007 y Georgia en 2008 nunca fueron realmente identificadas podemos decir que Al Qaeda ha vivido un declive tras su transformación hacia un modelo de terrorismo franquiciado y atomizado. Son las conclusiones preliminares que presento en el artículo “La muerte de Bin Laden y el declive de la yihad global” que aparece en el número de junio de la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad. El terrorismo no parece que sea una actividad donde funcione bien el modelo de transmisión de conocimiento técnico “open source” y donde los recursos disponibles por un grupo pequeño puedan causar un gran impacto.

El ayer y hoy de la amenaza nuclear en Oriente Medio

El próximo 7 de junio se cumple el 30º aniversario de la Operación Opera, un ataque aéreo israelí que destruyó el reactor nuclear con el que el régimen de Saddam Hussein pretendía construir una bomba atómica.

Aprovechando la próximidad del aniversario y mi paso por Madrid, fui entrevistado en Radio Sefarad para hablar de “El ayer y hoy de la amanaza nuclear en Oriente Medio”.