Iberoamérica y los conflictos posmodernos (II)

En 1997 presenté una comunicación sobre las maras centroamericanas en un congreso académico organizado por la antigua universidad SEK de Segovia (hoy Instituto de Empresa) y la Academia de Artillería del Ejército de Tierra ¿Tenía cabida hablar del crimen organizado en una congreso de seguridad y defensa? No lo tenía muy claro.

Las maras carecían entonces de objetivos políticos declarados por lo que se trataba de un fenómeno muy distinto a la insurgencia comunista que protagonizó las guerras civiles de los años 80 en Centroamérica. Así que me esforcé en señalar cómo las maras socavaban la legitimidad del estado, anulaban su presencia y empobrecían las comunidades convirtiéndose en una verdadera amenaza para los países centroamericanos. Al final no me pusieron pegas. Hoy no hubiera hecho falta. Las maras son ya un agente político.

La transición hacia las Guerras Posmodernas se está terminando de cerrar. La reciente muerte en Colombia del “Mono Jojoy” es un síntoma más del declive de las FARC, uno de los últimos vestigios de la Guerra Fría en Iberoamérica que se ve afectado por deserciones y traiciones. Fue precisamente el “Mono Jojoy” uno de los líderes de la guerrilla que la llevó a involucrarse en el narcotráfico y los secuestros. Era un paso desesperado en busca de financiación en una era donde Moscú, Pekín, La Habana y Trípoli habían dejado de financiar movimientos revolucionarios en selvas perdidas. Pero la involucración en crimen organizado sólo consiguió desprestigiar y deslegitimar la causa guerrillera.

Hoy las FARC son un eslabón más en redes internacionales de narcotráfico que se extienden hasta África Occidental. Y sólo son capaces de hacer creíbles hoy en días sus credenciales revolucionarios a tontos y despistados. En México cuadros de las antiguas guerrillas de izquierda están recalando en la delincuencia organizada. Allí los cárteles de la droga mantienen la moral y logran la cohesión a falta de ideales políticos con la fusión estadounidense de evangelismo y autoayuda mientras surgen cultos como el de la “Santa Muerte”.

El panorama incipiente que describí en enero de 2007 de una Iberoamérica donde la criminalidad organizada se iba a convertir en el principal asunto de seguridad ya es una realidad. El Center for a New American Security acaba de publicar “Crime Wars: Gangs, Cartels and U.S. National Security” donde se habla de la aparición de un nuevo femóneno de “networked criminal insurgency”. Ya no podemos hablar de guerras civiles en los términos ideológicos de la Guerra Fría. No es delincuencia al uso cuando se acumulan tantos muertos como en México. Es otra cosa. Son Guerras Posmodernas.

La importancia de Turquía

Algún día sería divertido preguntarse cómo una organización política defensora de la lucha armada en lugares como Iraq y que en su nombre figura el de una guerrillera castrista de primera hora consiguió que sus miembros aparecieran en las noticias españolas como “activistas por la paz pertenecientes a una O.N.G.”. Quizás sea la señal de que Google aún no ha llegado a ciertas redacciones. Los resultados de “googlear” nombres y apellidos en casos como este suelen ser llamativos. Pero si hay algo importante en la crisis del asalto al buque Mavi Marmara que navegaba hasta la Franja de Gaza es la posición de Turquía.

Turquía es país de población mayoritariamente musulmana que mantenía unas discretas buenas relaciones con Israel. Si Turquía permitía que la fuerza aérea israelí se entrenase en su espacio aéreo dada las limitaciones geográficas de Israel la industria militar israelí es un proveedor de las fuerzas armadas turcas. Y digo “es” porque tras el incidente el ministro de defensa turco se encargó de dejar claro que el programa de adquisición de UAVs israelíes seguía su curso. Semanas después el presidente y el ministro de asuntos exteriores trataban de minimizar la impresión de una ruptura en su política exterior tras una crisis que hacía pensar que “habíamos perdido a Turquía”.

Turquía es un país al que la Unión Europea debería haber prestado una atención especial. No porque estuviera en sus umbrales llamando a la puerta. No porque haya una importante población diaspórica residiendo en países de Europa occidental. Turquía es importante porque es un enorme laboratorio de la democracia en el mundo islámico donde una emergente clase empresarial, los “tigres anatolios”, están poniendo en marcha el equivalente musulmán de “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” dotado de su propio pensamiento.

Turquía es importante porque fue la cabeza de un antiguo imperio que llegaba hasta Argelia, incluyendo los Balcanes y prácticamente todo Oriente Próximo. Aunque sea difícil imaginar que el mundo árabe aceptase el liderazgo de un país culturalemente ajeno el impacto de su influencia cultural es notorio hoy en día. Turquía, hay que recordar a los despistados, es un país musulman pero no árabe, por lo que su ámbito cultural es otro. El actual pueblo turco tiene sus raíces en la Asia profunda. De allí emigraron dejando una estela de pueblos turcófonos por toda Asia Central que ha recuperado su conciencia de ser tal porque Turquía se ha convertido en un referente para ellos. Si la Unión Europea sigue despreciando a Turquía mirará hacia esas otras áreas donde su peso seguirá creciendo [y] para cuando occidente descubra que necesita la alianza con Turquía, el precio de sus favores ya habrá subido.

Una stripper borracha, la bolsa de valores y el futuro de la cuestión palestina

Leí sobre la historia al poco de suceder en un blog cuyo autor concluía: “Si algo así sucedió sólo podemos ser optimistas sobre el futuro”.

La cosa fue así: Una israelí de veintantos años apareció en medio de Ramala en marzo de 2009. Resultó ser una stripper que por culpa de la borrachera sólo recordaba que había subido al coche con cuatro hombres en territorio israelí. Los palestinos que la encontraron confusa y perdida llamaron a las autoridades locales que a su vez se pusieron en contacto con las israelíes. Unos policías palestinos la recogieron y la entregaron al ejército israelí.

No sé cuánto de anecdótico o extraordinario hay en que la historia no terminó mal. Pero da una cierta idea de “normalidad” en el funcionamiento de las autoridades y la policía palestina. Cada vez me parece más claro que el camino hacia un estado palestino ha de parecerse a cómo los colonos judíos construyeron el suyo: Construir el país, obtener el monopolio de la violencia legítima frente a los grupos radicales y por último proclamar el estado.

En mi primera entrevista en RadioSefarad.com dije algo así como “gana las guerras quien le quita al otro antes las ganas de seguir luchando”. Y sobre la cuestión palestina apenas esbocé una hipótesis de solución. Dije que la solución estaría en que Israel permitiera la aparición de una amplia clase media palestina. Quería decir que el conflicto continuará mientras no haya suficientes palestinos que tengan más que perder que ganar. No terminará mientras no haya una masa suficiente de palestinos con una vida próspera.

No hay que fiarse mucho del entusiasta modelo de periodismo de Thomas L. Friedman, tan fácil de ridiculizar, que consiste en visitar en sus despachos a las élites políticas y económicas de los lugares que visita. Pero su visión de una discreta “Revolución Palestina”, del que era síntoma la evolución de la bolsa de valores de Nablus, en junio pasado era alentadora:

It is a revolution based on building Palestinian capacity and institutions not just resisting Israeli occupation, on the theory that if the Palestinians can build a real economy, a professional security force and an effective, transparent government bureaucracy it will eventually become impossible for Israel to deny the Palestinians a state in the West Bank and Arab neighborhoods of East Jerusalem.

Mientras tanto en Gaza, a HAMAS le ha sucedido lo “peor” que le puede pasar a un movimiento de resistencia: Ocupar el poder. Cuando se tiene que responder ante una población que espera medidas que solucionen problemas y cuando se tiene que llegar a compromisos se produce una transformación de sus líderes. En abril Efraim Halevy, antiguo jefe del Mossad, proponía que era la hora de negociar con HAMAS.

Todo lo que vaya en esta línea me parece más esperanzador que lo que sale por la boca de todos esos racistas de pañuelo palestino al cuello.

Despachos de guerra (XVI y último)

Hace mucho tiempo me propuse que los “Despachos de guerra” aparecieran periódicamente los fines de semana. Ando siempre desbordado por las decenas de enlaces que considero relevantes en un panorama de blogs en español sobre seguridad, defensa y asuntos internacionales bastante limitado. Quizás no haya buscado lo suficiente, quizás no haya tenido suerte.

Echo en falta blogs que hablen en profundidad del Magreb y el Sahel, que están ahí al lado. ¿Alguien presta atención a Afganistán cuando no hay incidentes con las tropas españolas? ¿A alguien le interesa la evolución de Turquía, Rusia, Irán, India y China más allá de qué misiles o submarinos han comprado? ¿Alguien está siguiendo el Gran Juego de África? ¿Alguien está haciendo algo parecido a latoc.info sobre algún otra área del mundo y no me he enterado?

Echo en falta blogs que tomen parte de los grandes debates que leo en inglés. ¿Hay voces en español sobre doctrina COIN? ¿Alguien ha sacado lecciones del programa Human Terrain System? ¿Alguien disecciona InfoOps en la red? ¿Alguien tiene algo sensato que decir de las PMC? ¿Alguien está siguiendo la convergencia entre crimen organizado e insurgencia en Iberoamérica? ¿Qué se puede decir en España de la integración de la población musulmana y la propagación de doctrinas radicales?

Supongo que en algún punto tengo que dejar de acumular enlaces en “Favoritos” de Firefox y dejar de guardar para el futuro entradas de blogs en el lector de RSS. He caído en la cuenta que tengo asuntos pendientes desde la primera quincena de junio. (¿Merece la pena hablar ahora del incidente de la flotilla de activistas que pretendía entrar en Gaza? ¿O alguien queda por enterarse que el asunto principal era el papel de Turquía?) Creo que es hora de buscar otro modelo. Prescindiré de las recopilaciones de enlaces. Quizás haga apuntes breves más a menudo. Quizás enfoque de forma más limitada los contenidos.

Queda mucho por hacer. Tengo que terminar de subir a mi galería de Flickr.com las fotos que hice en Buenos Aires y comentar el par de cosas que vi allí. Tengo que actualizar el esquema del segundo libro con los cambios que ha producido mis últimas indagaciones sobre los temas que trata. Tengo que actualizar FlancoSur.info al que quizás tenga que dar una orientación diferente.

Como despedida de los “Despachos de guerra” en los próximos días iré dando salida a reflexiones sobre Turquía, Irán, Somalia, los Territorios Ocupados, Líbano, el perfil de los terroristas islamistas y el programa Human Terrain System entre otras cosas.

Primeros apuntes sobre el Tea Party

¿Es el Tea Party un ejemplo de red distribuida? ¿Es un caso genuino de movimiento social surgido espontáneamente?

Es interesante como Michael Tomasky en The New York Review of Books trataba al movimiento con cierto desdén allá por septiembre de 2009. Lo consideraba uno de tantos efímeros movimientos de protesta en el panorama político de EE.UU. y señalaba las conexiones con la derecha tradicional, una acusación recurrente como veremos luego.

Pero, ¿qué es el Tea Party? Steve Fraser y Joshua B. Freeman lo explican poniéndolo en el contexto histórico de los movimientos populistas de EE.UU. Según ellos se trata de una revuelta de las clases medias blancas que ven sus valores culturales en retroceso y se sienten desvinculadas de las élites del país.

Hay además que entender que el Tea Party supone un paraguas bajo el que se agrupan distintas corrientes, tal como explica Jordi Pérez Colomé.

John Robb, creo, tiende muchas veces a dejarse llevar por el entusiasmo por lo que ve “disrupciones de sistema” o “insurgencias de fuentes abiertas” en todas partes según su modelo de las “Guerrillas Globales” En febrero de este año llamaba al movimiento “open source political protest”.

Jonathan Rauch ha estado siguiendo una de las corrientes, los Tea Party Patriots. Hace observaciones interesantes de primera mano, aunque sospecho que se arma un lío entre conceptos de red descentralizada y distribuida. Curiosamente los miembros del movimiento han tomado como libro de cabecera a “La estrella de mar y la araña”, un libro que cuando lo tuve en las manos me pareció algo simplón. Por cierto, Rauch señala elementos que pueden convertirse en grandes debilidades del movimiento. Aunque nacido como una insurgencia política contra el establishment, habrá que ver qué hará el Partido Republicano.

Sobre el papel de los grupos de poder Chris Good, en The Atlantic Monthly, hablaba en abril de 2009 del papel de organizaciones de la derecha “tradicional” en la financiación y movilización previa a uno de las actos que supuso la puesta de largo del Tea Party. Jane Mayer por otro lado lo hacía en agosto de este año sobre el papel de dos hermanos millonarios en la financiación del Tea Party.

El problema de las herramientas

Es significativo que en la primera década de siglo hayamos pasado de hablar del Movimiento Antiglobalización y el “otro mundo es posible” a preguntarnos dónde quedaron los sueños de un Futuro mejor.

Es cierto que la la perspectiva del tiempo nos permite mirar con ojos críticos las consignas de 1999 y podemos evitar así caer en la añoranza de una ilusión. Aquellos agricultores franceses que destrozaron un McDonald’s resultaron simpáticos porque rechazaban la lógica capitalista de la comida basura. Pero era la misma clase de respuesta a volcar en la frontera camiones españoles cargados de tomates. Su violencia sólo era el reflejo de su falta de ideas.

Pero no se trata de falta de ideas. Cuando soñábamos con aquel futuro en el que nos imaginábamos más libres la tecnología jugaba un papel emancipador. Al igual que la democracia significaba “un hombre, un voto”, Internet permitía que cada persona tuviera voz. En esa cacofonía que el escritor o el columnista tecnófobo español de turno desprecia encontramos nuestros pares. Encontramos referencias, reflexiones, pistas y nuevos mundos en las voces de otros. Por eso es desalentador como ahora Internet equivale para muchos a unos pocos servicios privativos y cerrados.

Concluía Juan Freire hace poco:

[T]witter no es una herramienta autónoma aunque genere espacios temporalmente autónomos que, paradójicamente, conviven dentro de las “industrias del control”. Un presente paradójico donde mundos opuestos emplean las mismas armas y conviven dentro de los mismos espacios. El problema, para los que apostamos por la narrativa de las redes, es la asimetría de origen provocada porque una de las partes es la que controla habitualmente las infraestructuras.

Que las cosas van por el camino equivocado lo tenemos en el caso Haystack. Unos tipos anuncian a bombo y platillo que han desarrollado un software que permite la navegación por Internet visitando de forma disimulada webs comprometidas. Se entrevistan con políticos. Anuncian que el software ya está en servicio en Irán. Y cuando expertos e interesados piden más datos echan balones fuera. Finalmente dejan que el código sea revisado por expertos y se descubre que el sistema tiene fallos graves.

Criticando “Guerras Posmodernas”

Por su naturaleza “Guerras Posmodernas” es un texto sometible a permanente actualización. Pero más allá de los ejemplos que podría ir añadiendo, los asuntos que podría ir actualizando y las erratas pendientes de corregir hay una serie de cuestiones que merecen ser revisadas.

No he encontrado a nadie todavía que haya criticado duramente el libro. Así que seré yo quien señale sus debilidades:

-En la introducción histórica sobre la Guerra Moderna el período 1939-1989 no recibe la atención que se merece. Para mí el “corto siglo XX” es sólo una etapa de transición tras alcanzar la Guerra Moderna su cénit en la Primera Guerra Mundial. La Guerra Fría fue en el fondo un callejón sin salida de la Historia. Así que opté por ser breve y señalar someramente los fenómenos que luego se repeterían en las Guerras Posmodernas, como el papel de los medios de comunicación y la financiación ilícita de los conflictos. Pero creo que la Segunda Guerra Mundial y los conflictos en el Tercer Mundo durante la Guerra Fría merecían más espacio.

-En el segundo capítulo señalo la aparición de actores supraestatales y subestatales. Creo que a los primeros no presté suficiente atención. Hay procesos de integración regional bastantes desconocidos y en los lugares más insospechados que merecían ser nombrados para superar la idea de que la Unión Europea es un fenómeno particular y único. La ONU, la OTAN o la Unión Europea no son los únicos en haber mandado fuerzas de mantenimiento de la paz por el mundo.

La descripción de fenómenos como la cíberguerra o las empresas militares privadas creo que merecieron un tratamiento más profundo aunque tuviera pensado abordarlos más extensamente en futuros libros.

-En el tercer capítulo hablo de la construcción artificial de los estados-nación en el mundo postcolonial. Lo hago para señalar el nacionalismo como un fantasma agitado por ciertos líderes no democráticos. Por otro lado en el cuarto capítulo hablo de cómo en los países no desarrollados que no han logrado crear un verdadero estado-nación las identidades se definen en torno a lo local, étnico, religoso… Hay una cierta incompatibilidad entre esas dos visiones que demuestra que la cuestión identitaria en mi modelo de las guerras posmodernas no está bien resuelto.

-En el cuarto capítulo trato de crear el modelo de guerra posmoderna en el mundo no desarrollado. Evité entrar en la narración de sucesos y la recopilación de anécdotas pero creo que este capítulo hubiera ganado bastante con muchos más ejemplos concretos.

El uso de estadísticas elaboradas a partir de las bases de datos públicas de conflictos que recopilan algunos centros de “estudios de la paz” habría demostrado la disminución de los conflictos interestatales y a la vez habría demostrado las limitaciones de las definiciones al uso de “guerra”. México no aparece en ellas.

-Descarté por cuestiones de tiempo un epígrafe en las conclusiones sobre las Guerras Modernas del futuro. En un mundo en transición aún es posible que se produzcan esporádicos choques entre países. Mientras Europa Occidental reduce sus presupuetos militares el Sudeste Asiático, China, Corea del Sur y Japón viven una peculiar carrera militar. Sin embargo tienden a la cooperación militar asuntos como la piratería en el Estrecho de Malaca y el Cuerno de África. Es una relación compleja que merecería atención.

Todo el modelo de Guerras Posmodernas pretende la superación de la añeja geopolítica que hunde sus raíces en el mundo industrial del siglo XIX. Sin embargo hay un campo donde la geografía es relevante: El transporte canalizado de hidrocarburos. La geopolítica de los hidrocarburos seguirá dando que hablar en el siglo XXI.

Volveré y seré millones

Es un viejo reflejo. Para mí el año acaba en septiembre, con mi retiro en la isla de La Palma. Aquí duermo sin televisión ni cobertura de móvil. Es siempre un buen lugar para despojarse de todo, leer sin prisas y dejar que el organismo se ralentice. Luego en octubre, con el curso escolar aunque no sea alumno de nada, comenzará un nuevo año para mí.

Tras pasar por Buenos Aires es curioso que donde más extranjero me he sentido ha sido en mi propio país. Allí sentí que no arrastraba ningún bagaje. Yo era simplemente yo. A la vuelta estuve una semana en una casa con televisor y me reencontré con un país donde se habla a gritos, desde las tertulias a las series de ficción. El catálogo de arquetipos humanos que desfilaron por una película de “cine español” que alguien veía una noche mientras yo trataba de leer no paró de generarme una profunda incomodidad. ¿Soy yo uno de ellos? Ahora sé que he vuelto pero sólo temporalmente. Rotas las barreras mentales la segunda vez será más fácil irme. Ahora sé que podría ir a cualquier parte.

Próximamente se podrá oir mi voz de vez en cuando los fines de semana en la Cadena Ser. Y haré una colaboración mensual en Generación.net de temas alejados a los de este blog.

En octubre acudiré a un congreso académico a presentar una comunicación sobre la regulación de Empresas Militares Privadas. No descuidaré las Guerras Posmodernas. Pero ha llegado el momento de empezar a trabajar en sero en los temas de mi segundo libro, que por fin tiene título: “Guerra Distribuida: Guerra, conflicto y activismo en la Sociedad Red”.

En noviembre cruzaré por tercera vez el Mediterráneo de esquina a esquina. En esta ocasión no volveré a repetir Turquía. Espero dar buena cuenta en mis Cuadernos de Viaje.

De aquí a fin de año publicaré un buen puñado de artículos en los que he estado trabajando y de los que daré cuenta cuando salgan publicados. Si el Futuro no es lo que esperábamos construiremos otro aún más interesante.

Promesas que no valen nada

Guardo como reliquias viejos números de la revista Muy Interesante. Tengo un suplemento “Así será el futuro. Los Próximos Cien Años” de 1992. También guardo un monográfico sobre el futuro publicado en el verano de 1995 que incluye un dossier “Un día en la vida del 2050″. Sobre informática conservo un monográfico del invierno de 1995, la época en que me compré un Pentium de 120 Mhz. con 1 Mb. de RAM. Y sobre Internet me queda un monográfico titulado “La Explosión Internet” del invierno de 1997. Eran los noventa, cuando leía manga como Akira y Ghost in the Shell. Japón parecía un país obsesionado con el futuro. Era la potencia del futuro.

Pasamos de soñar con publicar un fanzine impreso en casa con una matricial a poder publicar cualquier cosa en Geocities, Tripod o Angelfire. En Internet íbamos a construirnos una nueva identidad sin ser juzgados por nuestra cuna, nuestro aspecto físico o nuestra cuenta corriente. Lo seríamos por lo interesante que fuera lo que teníamos que decir, como anunciaba Rudy Rucker en el clásico “What is cyberpunk?”:

If you value information the most, then you don’t care about convention. It’s not, “Who do you know?”; it’s “How fast are you? How dense?” It’s not, “Do you talk like my old friends?”; it’s “What do you have to say?” It’s not, “Is this comfortable?”; it’s “Is this interesting?”

Teníamos las herramientas para soñar un mundo mejor pero nadie en España les prestó mucha atención. Cuando estalló la Batalla de Seattle el 30 de noviembre de 1999 creí que se abría un nuevo camino. Era una ruptura refrescante con el discurso paleomarxista que asfixiaba la vida intelectual de mi universidad. Pero en el tomo editado por John Arquilla y David Ronfeldt dos años después las conclusiones fueron que el Movimiento Antiglobalización fue incapaz de reproducir el éxito de Seattle.

En aquel año, 2001, la estrategia de paralización de las cumbres del G-8 con grandes manifestaciones demostró sus límites ante el control de los espacios y la ocupación policial de la ciudad de Génova. Meses después la agenda internacional dejaría de ser protagonizada por la palabra “globalización” para convertir al “terrorismo” en el concepto de moda. El mundo post-11S quedaría representado en EE.UU. con las “Zonas de Libre Expresión” acotadas y valladas lejos del evento de turno.

¿Fue entonces cuando dejamos de soñar y hablar del Futuro para sustituir el postcyberpunk por fantasías apocalípticas de zombies?

Mi primeras conclusiones mientras trabajo en mi segundo libro (cuyo índice tengo que actualizar) es que el activismo de redes distribuidas apenas ha servido para poner las calles de París y Atenas patas arriba. Sólo han tumbado gobiernos cuando se han cruzado poderes fácticos o gobiernos extranjeros. Ni siquiera la presión de gobiernos no democráticos ha estimulado la popularización de herramientas abiertas y seguras que supongan una alternativa a Facebook y Twitter.

El Futuro ha quedado reducido a la expectativas generadas ante el próximo producto de Apple o el próximo teléfono que quiera disputarle el trono al iPhone. Habrá entonces que volver a inventarlo. No como un ejercicio de prognosis social sino como un relato de ficción.