Un gobierno pagafantas

Como sé que no todos mis lectores manejan términos como perroflauta hoy introduciré otro neologismo: Pagafanta.

Pagafanta es ese pobre muchacho que cree que el ser honesto, atento, cariñoso, divertido y leal le llevará hasta el corazón de las chicas. No entraré en si esas son virtudes necesarias o suficientes para triunfar en el amor en el siglo XXI pero es que el problema con el pagafanta es que suele ser bastante tímido y torpe. El pagafantas nunca da el paso. Cree que estando cerca y disponible de la chica de la que está enamorado ella tarde o temprano caerá en la cuenta de lo maravilloso que es él. El pagafantas le acompaña hasta su casa a la salida de clase, le propone estudiar juntos y cuando ella necesita un favor él se desvive por complacerla.

Lo que él no alcanza a comprender es que la chica de la que está enamorado no es como él. No es tímida y torpe con el sexo opuesto. Todo lo contrario. Tiene una vida sentimental por lo general tumultuosa. Los hombres van y vienen o tiene una relación complicada con alguien que es la antitésis de él. Él lo sabe porque ella se lo ha contado en interminables conversaciones a media tarde con bebidas no alcohólicas de por medio que él paga, como buen caballero que es. De ahí lo de pagafantas.

Él se mortifica porque ella no parece comprender que esos chicos que ella conoce en el gimnasio o la discoteca nunca cambiarán. Nunca se interesarán por sus inquietudes. Le pondrán los cuernos. Dejarán pasar su cumpleaños. La tratarán mal. A veces ella se siente perdida con los hombres y le pregunta a nuestro pagafantas “¿dónde encontraré un chico bueno, tierno, divertido y que me entienda… como tú?”. En momentos así él creyó alcanzar la gloria. Pero cuando él trata de reunir fuerzas para abrir la boca ella sentencia “menos mal que tengo a ti, que eres como un hermano para mí”.

Atrapado en la “zona amigo” el incansable pagafantas seguirá al lado de ella, desviviéndose en favores y atenciones, esperando el momento en que ella caiga en la cuenta de la clase de hombre que realmente necesita. Sólo es cuestión de que caiga en la cuenta. Porque él está convencido de que ella es lista y buena. Sólo pasa que tiene mala suerte y mal ojo con los hombres. Como pasa con esos piratas somalíes y esos terroristas del Sahel. No es que sean malos. No. Es que son pobres y están oprimidos. Por eso han optado por el camino de las armas. Ser razonables con ellos y atender sus demandas hará que tarde o temprano caigan en la cuenta de que se equivocaron de camino.

El gobierno español ha desembolsado unos cuantos millones de euros para obtener la liberación de tres personas (entre 5 y 10 millones por los dos últimos) en manos de Al Qaeda en el Magreb Islámico. Ese dinero servirá ahora para financiar atentados y ataques en Argelia y Mauritania.

En el caso del “Playa de Bakio” pagar una primera vez hizo que a la segunda, el caso del “Alakrana”, se disparara la cuantía del rescate. Aparecieron en la trama tantos intermediarios, interesados y facilitadores que dicen por ahí que al final el rescate se pagó tres veces. La justicia, por cierto, no pudo concluir nada.

Sufren los expertos y asesores del gobierno de una visión deformada del materialismo histócio-dialéctico que les lleva a ver a terroristas y criminales como personas razonables haciendo cosas poco razonables por culpa de unas condiciones sociales tremendas e injustas. Superadas nuestras ojeras etnocentistas caeremos en la cuenta que podemos dialogar y negociar con ellos. Sólo es cuestión de hacer concesiones aquí y derramar dinero allá para que comprendan nuestra buena voluntad. Es sólo cuestión de que caigan en la cuenta.