Terrorismo internacional en África

En el III Congreso Internacional de Seguridad y Defensa, celebrado en Granada en noviembre de 2008, participó Jesús A. Núñez Villaverde en una conferencia donde mencionó brevemente la próxima publicación de un libro sobre el terrorismo en el Sahel. Precisamente había acudido yo al congreso para presentar una comunicación sobre las amenazas crecientes que suponían el terrorismo yihadista en el Sahel y las redes narcotraficantes en África Occidental.

Portada del libro Terrorismo Internacional en ÁfricaFinalmente el libro del que son coautores Balder Hageraats y Malgorzata Kotomska apareció en febrero de 2009 y reposaba desde entonces en mis estanterías. Lamenté entonces no haber tenido ocasión de dialogar sobre los temas del libro. Ahora entiendo que fue mejor haber pasado la ocasión.

Lejos queda ya el año 2005 en el que el International Crisis Group publicara “Islamist Terrorism in the Sahel: Fact or Fiction?” y diagnosticara que la amaneza yihadista en la región era un fantasma agitado interesadamente. Con dos ciudadanos españoles en poder de Al Qaeda en el Maghreb Islámico de los tres inicialmente secuestrados y con las especulaciones sobre los vínculos de dicha organización con los narcotraficantes que campan por la fachada atlántica de África Occidental el análisis del libro “Terrorismo Internacional en África” ha quedado para mí prontamente desfasado.

La tesis principal del libro es que la existencia de una amenaza terrorista en el Sahel ha sido exagerada por Estados Unidos en su línea de ocultar sus intereses geoestratégicos particulares con el discurso de la “guerra global contra el terrorismo”. En todo caso la zona está siendo usada como retaguardia por Al Qaeda en el Magreb Islámico, que nació como un grupo argelino. Su presencia en el resto de países de la zona es discutible y en los casos puntuales de violencia atribuidos al terrorismo yihadista la autoría es discutible.

Así llegamos aproximadamente la mitad del libro con la sensación de que se ha hecho una aproximación epidérmica al asunto a pesar de las páginas pasadas. El resto repasa los objetivos de EE.UU., la Unión Europea y China en la zona. Y por último analiza el papel que juega y podría jugar España. En esto último el libro se detiene de una forma y adopta un lenguaje que sólo puedo pensar que los autores o bien sienten una enorme simpatía por el actual gobierno o directamente trabajan para él.

El libro critica el papel de EE.UU. en la zona por enfocar todo desde la perspectiva de la lucha contra el terrorismo. Yo he echado de menos más referencias a documentos oficiales que demuestren que la postura oficial estadounidense es así. Sugiero aparte la lectura de los dos últimos libros de Robert D. Kaplan publicados en España y todo el debate surgido en torno a la creación del mando regional AFRICOM que se ha pretendido tenga una filosofía totalmente diferente (preventiva frente a las acciones reactivas en Oriente Medio).

Irónicamente los halagos a la política exterior española que excluye la faceta militar refleja que la estrategia española en la zona es de una naturaleza tan limitada como la caricatura con la que se representa a los Estados Unidos. Entramos otra vez en el viejo debate sobre las causas de la radicalización política y el arraigo del yihadismo. Pero es harto discutible que la aparición de grupos yihadistas en la zona se combatan única y exclusivamente con cooperación al desarrollo. Ciertamente hay mucho en esa materia por hacer en el Sahel. Los países de la zona están en la cola mundial de cualquier estadística que manejemos. Pero con una política exterior autolimitada nos condenamos a nosotros mismos a tener por única herramienta la chequera con la que pagar rescates millonarios.

El armario del dolor

Vi estos días “The Hurt Locker, la película sobre un desactivador de bombas estadounidense en Iraq que se llevó un puñado de premios Oscar. No le encontré nada especial. A pesar de la aureola de aséptica verosimilitud (frente a otras películas sobre Iraq más “políticas”) con la que la llegué a ver promocionada los soldados que en ella aparecen se comportan de forma irreal. Alguien dijo por ahí que las grandes películas bélicas no necesariamente han de representar la guerra cual es. Lo importante es la historia pero yo sólo vi otra película más que cuenta que la guerra es absurda, caótica, aleatoria y cruel usando esos movimientos de cámara que prentende imitar la cámara al hombro de los reporteros de televisión. Puede que la película no estuviera dirigida a alguien como yo, sino al “ciudadano estadounidense medio” que perdió el interés por Iraq hace tiempo y necesita una explicación tipo Barrio Sésamo de cómo es la guerra.

Para al que le interese un relato de cómo es en realidad la labor de un desactivador de bombas militar en Iraq puede probar con “Eight Lives Down”.

Nota para los interesados: El lunes hubo buenas noticias sobre Jorge Aspizua, por lo que contar que mi hombro está mucho mejor suena casi irrelevante.