Arquitectura, urbanismo y guerra

Salta a la vista que este blog ha sufrido una renovación en los últimos tiempos. Nueva plantilla, nuevas fotos de cabeceras. una página dedicada al primer libro, otra dedicada al proyecto del segundo, y un “acerca de” este blog (aún por mejorar). Queda explicar en la propia página qué pinta aquí “Viajes“. Queda emplear en serio las etiquetas (“tags”) y reorganizar los temas. Queda recuperar el vínculo entre el blog y la galería de fotos de Flickr.com Y queda, madre mía cuánta falta hace, meterme con los enlaces. En bloglines.com sigo varias decenas de blogs y es hora de ir compartiendo fuentes de información interesantes.

Empezaré hoy por una de mis frustrada inquietudes a la espera de encontrar algún tiempo para un proyecto futuro. Frustración, supongo, producto de haber estudiado una carrera que me hizo compartir facultad con perroflautas y paleomarxistas varios en vez de gafapastas amantes del cine francés y el sushi. Allí donde se cruzan la arquitectura soñada por la literatura ciberpunk, las perspectivas más sociales del urbanismo y el estudio de la transformación de la guerra se encuentra un territorio, nunca mejor dicho, cubierto por varios blogs.

Aquí van tres y un aperitivo en cada uno.

BLDG Blog sobre John McClain como un hacker arquitectónico.

Complex Terrain Lab sobre el problema de los cargos burocráticos aislados de la realidad que deben gestionar en una burbuja fortificada como la Zona Verde de Bagdad.

Subtopia sobre la destrucción en Gaza y los túneles que atraviesan la frontera con Egipto.

En el segundo capítulo del libro de “Guerras Posmodernas” hablo del creciente papel internacional de las grandes urbes y de la progresiva urbanización de la población del planeta. Me gustaría algún día ver algún materiales en español que exploren y profundicen en el tema. Pero mientras tanto este blog seguirá haciendo de hombre orquesta.

En los tiempos del Gran Juego

No es que pretende hacerle la competencia a pesle mesle presentando textos en inglés o que de pronto añore los tiempos del Raj. Acabo de terminar el monumental “The Great Game: On Secret Service in High Asia” y es imposible evitar trazar paralelismos históricos en las partes referentes a la Primera Guerra Afgana.

En la primavera de 1839 una fuerza de 15.000 soldados británicos e indios, el “Ejército del Indo”, invadió Afganistán con la intención de deponer al emir del país y colocar en el trono a un gobernante títere. El candidato a usurpar el trono apoyado por los británicos, Shuja Shah, había sido despuesto anteriormente por el gobernante de aquel momento después de que él a su vez hubiera hecho lo propio con su hermano, que… Vamos, lo habitual por Asia Central en aquellos tiempos.

El 25 de abril las tropas invasoras entraron en Kandahar.

Because there apeared to be no likehood of any resistance, the British units were ordered to hold back to make it appear that Shujah‘s own troops had restored Kandahar to him. On April 25 […] Shujah entered the city withouth a shot being fired. A large and curious crowd turned out to see him, with the men thronging the streets and their womenfolk lining the rooftoops and balconies. Flowers were strewn in his path and he was greeted with shouts of ‘Kandahar is freed’ and ‘We look to you for protection’ as he rode in triumph through the city.

Después de aquello el emir de Afganistán huyó a las montañas sabiendo que sus tropas no podrían hacer frente a las británcias. Shujah Shah se convirtió en el nuevo gobernante. Los británicos se retiraron dejando una guarnición en Kabul. La cosa no duró mucho. Con el país revuelto por la intromisión británica y la presencia de tropas extranjeras en enero de 1842 las fuerzas británicas tuvieron que huir de la capital rumbo a Jalalabad. 4.500 soldados acompañados por 12.000 civiles salieron de la capital. Al destino llegó una sola persona: Un médico. El resto murió combatiendo o masacrado por el camino. Shujah Sha, el mismo al que habían vitoreado a su entrada en el país, terminó asesinado. Simpáticos los afganos.

Yemen y el futuro de Al Qaeda (y II)

La naturaleza de Al Qaeda puede entenderse en términos profanos: Tratando de subvertir el orden político ha pretendido ser vanguardia revolucionaria de las masas musulmanas. Es en esos parámetros en los que tendríamos que analizar su éxito o fracaso.

Desde 2001 ningún gobierno de entre los países mayoritariamente musulmanes ha sucumbido a una revolución o a una insurgencia que haya colocado en el poder a un gobierno que comparta el ideario político de Al Qaeda. Desde 2001 no se ha vuelto a repetir un atentado espectacular y masivo como el 11-S. El derrumbe del World Trade Center de Nueva York pareció inagurar una nueva era de megaterrorismo pero los acontecimientos que siguieron distaron de ser los esperados por los planificadores de los atentados.

EE.UU. ciertamente invadió Afganistán para quedarse empantado pero el régimen talibán se derrumbó inesperadamente privando a Al Qaeda de sus bases de entrenamiento y obligando a su núcleo principal a vivir en la clandestinidad en las áreas tribales de Pakistán. A partir de ahí, de forma deliberada o no, la organización se vio obligada a evolucionar en su estructura hacia un modelo distribuido en el que el núcleo central se limita a establecer las directrices estratégicas y son los nodos locales con sus propios recursos los que comenten atentados. A cambio, los grupos locales obtienen el privilegio de adoptar el nombre de la organización global en un modelo de “terrorismo franquiciado”.

En muchos casos ni siquiera existe un vínculo entre el núcleo central y las células terroristas. El adoctrinamiento y la información técnica para cometer los atentados se obtienen de Internet siguiendo el modelo de “resistencia sin líderes” que preconizaba Mustafá Setmarian alias Abu Musab al Suri. Los campos de entrenamiento se sustituyeron por material de fuentes abiertas (véase también a John Robb al respecto).

La incapacidad del núcleo central de organizar grandes operaciones ante la presión a la que ha estado sometida quedó compensada en el nuevo modelo de organización por la facilidad de las células para escapar el escrutinio de las fuerzas de seguridad occidentales. Sin embargo las células pequeñas y los terroristas solitarios aficionados han mostrado sus limitaciones.

En el 11-M un error en la concepción de los artefactos con teléfonos móviles permitió rastrear el origen de los aparatos. Tras los atentados del 7-J en Londres un segundo grupo trató de cometer una nueva cadena de atentados en Londres fallándoles los explosivos. El Reino Unido disfrutó de la inoperancia de los terroristas varias veces más: Dos coche bombas fueron descubiertos antes de que estallaran el 29 de junio de 2007 al levantar sospechas en Londres y al día siguiente un terrorista fue incapaz de estrellar un coche bomba en el interior del aeropuerto de Glasgow.

Richard Reid, el “terrorista del zapato”, fue descubierto por una azafata y reducido por los pasajeros al intentar detonar una carga explosiva en la suela de sus zapatos. Cinco años pasaron hasta un nuevo intento de atentado en aviones de pasajeros en 2006. El plan fue desarticulado en el Reino Unido. El intento del pasado día 25 de diciembre se saldó con el terrorista con quemaduras severas al no conseguir que la pentrita escondida en sus calzoncillos detonara. En vez de eso el material explosivo ardió.

Donde Al Qaeda, sus aliados y sus seguidores han alcanzado enorme letalidad ha sido en suelo musulmán. Atentados en Estambul o Ammán dirigidos contra sedes consulares, edificios de negocios y templos frecuentados por judíos de las comunidades locales y extranjeros provocaron casi 120 muertos, la inmensa mayoría musulmanes. La cuenta de víctimas mortales en atentados terroristas en Iraq, Afganistán y Pakistán cometidos por grupos afiliados o aliados a Al Qaeda donde el 100% de las víctimas fueron musulmanas sería interminable pero ayudaría a completar la perspectiva.

Donde Al Qaeda se juega su futuro es en los países musulmanes y su legitimidad ha retrocedido por más que se quiera presentar la imagen de que “faltan voces musulmanas que condene la violencia”. Hay dentro de los islamistas un debate ignorado en Occidente sobre los límites de la yihad global que la devuelven a sus inicios con Abudlá Azzam y que en los próximos años podría dar resultados sorprendentes. Y podría añadirse una posible crisis en el pensamiento estratégico del movimiento.

El reciente intento de atentado contra un vuelo de pasajeros entre Amsterdam y Detroit es el reflejo de una debilidad y marca el camino sangriento y brutal hacia la irrelevancia de Al Qaeda.

Yemen y el futuro de Al Qaeda (I)

El pasado día 25 de diciembre el ciudadano nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab trató de hacer estallar un artefacto explosivo que llevaba escondido en su ropa interior durante un vuelo entre Amsterdam y Detroit. Volaba sin acompañantes, sin equipaje facturado y con un billete de sólo ida. Su familia preocupada por su radicalizacion política había advertido a las autoridades nigerianas e incluso también a la embajada estadounidense en el país. El gobierno de EE.UU. anda tratando de averiguar cómo es posible que Abdulmuttalab tomara aquel avión. Pero quizás el hecho más significativo sea que el intento de atentado terrorista fuera reivindicado desde Yemen.

Yemen es un país peculiar: Es la única república de la Peninsula Arábiga y es un país pobre cuyo gobierno combate ahora mismo una revuelta separatista en el sur (que ya provocó una guerra civil en 1994) y una insurgencia de los zaydíes liderados por la familia Al Huthi, que da nombre a los insurgentes. Este último conflicto ha saltado la frontera y Arabia Saudita ha intervenido en favor del gobierno de Yemen que acusa por su parte a los “huthis” de recibir ayuda de Irán.

La combinación de estado débil, país pobre y sociedad tradicional articulada en clanes es un panorama que Yemen comparte con el Sahel, Somalia y partes de Pakistán. Allí donde el Estado es inexistente porque no presta los servicios básicos y no ejerce el “monopolio de la violencia legítima” Al Qaeda consigue implantarse. Pero que Yemen constituya una base de Al Qaeda no es ninguna novedad. Ya en el año 2000 sus aguas fueron escenario de dos intentos de atentado contra barcos de la U.S. Navy. El primero fracasó cuando la lancha empleada se hundió con el peso de los explosivos. El segundo intento logró su objetivo y provocó la muerte de 17 marineros del destructor USS Cole. En septiembre de 2008 la embajada de EE.UU. sufrió un ataque en el que murieron un total de 19 personas. Sin olvidar tampoco el atentado contra turistas españoles allá por julio de 2007.

La novedad en el intento de atentado en el vuelo a Detroit es que Al Qaeda en el Yemen ha internacionalizado su actividad terrorista. Pero las causas se encuentran más en su debilidad que su fortaleza.

En enero de 2009 se anunció la “fusión” de Al Qaeda en Yemen y en Arabia Saudita para constituir “Al Qaeda en la Península Arábiga”. Como en el caso de las fusiones empresariales el estudio de los detalles refleja la desigualdad de las organizaciones que se unen. En este caso se trató de una absorción en toda regla por parte de Al Qaeda en el Yemen de su debilitada y fracasada vecina. Como en el caso del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino o el Grupo Islámico egipcio egipcio la incapacidad para obtener arraigo popular, la represión por parte de las fuerzas estatales y el abandonao de la violencia por parte de muchos miembros ha provocado una huída hacia adelante de los que quedan en el grupo tambaleante. Que esas son las causas reales de la unión a Al Qaeda por parte de grupos locales no debe olvidarse cuando se agita el fantasma de la amenaza terrorista. Que haya sucedido a Al Qaeda en Arabia Saudita es más que significativo.

El destino de Al Qaeda es fracasar como otras olas de terrorismo espectacular anteriores. Lo hará dejando un rastro de muerte y conmoción. Pero la historia de Al Qaeda desde 2001 es la historia de un declive.

[Continuará]