Una de las cosas que me sorprenden del panorama académico e intelectual español en materia de seguridad y defensa es la consideración que se tiene al Grupo Español de Estudios Estragégicos, un think-tank en la órbita del PP. Personalmente creo que le tiene porque son uno de los grupos más antiguos en un panorama desierto. Quizás también ese respeto que profesan algunos es producto de una cierta envidia a cómo se lo montan los de la derecha. Y poco más.
A esto se dedican en España cuatro gatos. Tenemos publicaciones con artículos de análisis y reflexión en el seno de las fuerzas armadas cuya existencia pasa totalmente desapercibida a la ciudadanía. Un contraste total con la accesibilidad a las publicaciones militares estadounidenses y francesas. Por otro lado tenemos centros de investigación sobre conflictos armados y relaciones internacionales fundados dentro de universidades y ONG con un irrespirable aroma progreguay que no es más que un reflejo del desinterés de la izquierda por las cuestiones de seguridad y defensa. Que la revista “Papeles” del antiguo Centro de Investigaciones para la Paz haya abandonado la trayectoria con la que nació en 1985 para convertirse en “Papeles de Relaciones Eco-Sociales y Cambio Social” es sólo un síntoma. Y así nos va.
Mientras, cualquier barroco aprendiz de corta-y-pega publica un libro y el GEES cuelga en su página web artículos que empiezan con párrafos como el que sigue:
A los ojos occidentales, el mundo islámico resulta extraño, una colección de escritos sin sentido, ritos incomprensibles y costumbres absurdas.
El autor, al parecer, es un militar uruguayo. Y su extrañeza sea debido a que se trata de un ateo que nunca haya leído la Biblia cristiana ni en su país abunde la amplia colección de “ritos incomprensibles y costumbres absurdas” que caracteriza a la mayoría de religiones a los ojos del observador externo. A mí la frase me parece un desparrame de chorradas etnocéntricas. Sólo hay que ver las noticias en la televisión española durante la Semana Santa o los documentales sobre algunas fiestas patronales para comprobar cómo en pleno siglo XXI por acá se maltrata a un animal, por aquí pasan la noche tocando el tambor o por allá dan saltos vestidos con ropas de colores.
Lo que llevo tiempo comprobando es que tras el discurso islamófobo adornado como análisis desde la perspectiva del Choque de Civilizaciones se esconde un discurso conservador cristiano (teocón) que sostiene que Occidente está en guerra contra el Islam. Y que mientras el mundo musulmán tiene un fuerte sentido de la identidad, aquí nos hemos convertido en unos piltrafrillas que no aguantaríamos media hostia porque hemos perdido nuestras raíces cristianas. Me imagino su receta para remediarlo.
No deja de tener gracia que quisieran definir Europa en función de unas raíces comunes cristianas. Porque yo juraría que precisamente lo que diferenció a Europa del resto fue la Ilustración y la Modernidad.
Mientras, les lanzo una duda. Si quieren que nos tomemos en serio eso de la Alianza de Civilizaciones. ¿Hay alguien por ahí que se haya molestado en justificarlo intelectualmente?