De barcos y honra

Un apunte breve ante lo que informa el Diario Vasco sobre un viejo tema:

Los armadores de la flota atunero congeladora vasca quieren que una fragata de la Armada española se dirija al caladero de Somalia este verano y que se abra la pesca por dentro de las 200 millas, para reanudar las capturas en este rico caladero. […] Un total de 25 grandes barcos atuneros congeladores vascos y gallegos, de las asociaciones Anabac y Opagac, operan en aguas internacionales de la zona y necesitan del apoyo de la fragata porque no se fían de los piratas. Cerca de medio centenar de ataques –afortunadamente fallidos– certifican la peligrosidad de estas aguas. […] La gota que ha colmado el vaso ha sido el ataque a un palangrero que ha hecho solicitar al PNV en el Congreso protección ante estos desmanes. Con los votos de todos los grupos parlamentarios, salvo el voto en contra del PSOE, se aprobó el envío de la fragata.

Se constata que:

-Aunque a la mayoría le suene a chino los temas de este blog, la transformación de los conflictos armados y en este caso la aparición de grupos armados allí donde hay un estado colapsado afecta radicalmente los intereses y la vida de españoles por lejos que sea el lugar de los hechos.

-Con una derecha que entiende la defensa nacional de una forma ensimismada en Ceuta y Melilla y una izquierda en pos de ¿la paz mundial? la primera línea de defensa de España y los españoles empieza en lugares muy lejanos.

-Que siempre resulta irónico la apelación que hacen los partidos nacionalistas periféricos al gobierno central de España a que acuda en socorro de paisanos en apuros con medios y personal de instituciones armadas al servicio del estado que no podrían pasearse tranquilamente de uniforme por según qué sitios.

-Que EE.UU. y aliados en la Operación “Enduring Freedom” en el Cuerno de África tiene desplegada la Combined Task Force 150 en la zona.

-Que España estuvo vinculada a esa operación en ese lugar concreto y que el actual gobierno ordenó la retirada de fuerzas.

-Y que a veces uno se pregunta de qué sirve reflexionar sobre el mundo de las guerras posmodernas y la transformación de ideas, medios y organización necesaria en la defensa nacional si quien toma las decisiones en última instancia no está por la labor de defender nada.

Tecnologías para salvar vidas de soldados españoles

La falsa polémica sobre los inhibidores de frecuencia que hipotéticamente habrían salvado la vida de seis soldados españoles ha quedado olvidada. Es sólo una prueba más de que aquella pretendida preocupación de algunos políticos por la seguridad de las tropas españolas en el Líbano era una mera excusa dentro de la estrategia de la crispación. Y no es que la respuesta del gobierno fuera rápida y certera. Ir pregonando a los cuatro vientos que los vehículos militares españoles en el Líbano carecían de los dichosos inhibidores y defenderse afirmando que las fuerzas de paz de otros países también carecían de ellos resulta cuanto menos temerario.

Casco azul español en LibanoLos inhibidores de frecuencia no son más que uno de tantos elementos de seguridad de los que eran, y son, recomendables dotar a nuestros soldados españoles en misiones internacionales de riesgo. Y que la polémica haya quedado olvidada no quiere decir que ciertas necesidades hayan desaparecido. Nadie habla estos días de si los vehículos que las fuerzas armadas españolas tienen patrullando por tierras afganas son los más adecuados para la misión o de la calidad y comodidad de los chalecos antibalas. Pero en este país las medidas preventivas se toman siempre, parece, a golpe de tragedia. Así que yo les propongo iniciar un recorrido por distintas tecnologías que ayudarían a salvar vidas de soldados españoles.

Empezaré con una bien simple y aparentemente trivial: #1 Uniformes de camuflaje modernos.

Los uniformes de camuflaje no sólo tienen la función de confundir al soldado con el entorno. Permiten muchas veces reconocer la nacionalidad de un soldado de un solo vistazo: El camulfaje alemán (“flecktarn”) no tiene nada que ver con el DPM británico.

El Ejército de Tierra español uso hoy en día un modelo particular, de tipo boscoso no muy diferente del “woodland” estadounidense. Pero cuando hubo necesidad de mandar tropas a zonas desérticas el ejército español carecía de un modelo propio y se recurrió al viejo modelo estadounidense empleando en la Operación “Tormenta del Desierto”, conocido por su apariencia como “chocolate chip”. Se trata de un camuflaje creado basándose en los colores y apariencia de las áreas desérticas del suroeste de EE.UU.

La cuestión no es que los soldados españoles en Afganistán o en Iraq pasen poco desapercibidos llevándolo. Que no pasan desapercibidos con tal engendro de camuflaje. El verdadero problema es que copias de él se encuentran en cualquier parte. Sin ir más lejos la Guardia Nacional Iraquí lo empleaba en el tiempo en que hubo tropas españolas desplegadas en Iraq . Circulaban por el mercado negro entonces armas de todo tipo y también uniformes militares. No pasó nada, afortunadamente, pero existió el riesgo de que algún grupo de la insurgencia iraquí intentara montar un falso check-point, que cometiera una tropelía para luego acusar a los españoles o que se plantara algún tipo de trampa a los soldados españoles.

En este tiempo se han desarrollado camuflajes bastante avanzados, como los modelos pixelados que emplean EE.UU. (Ejército y Marines), Canadá o Colombia. Alemanes e italianos emplean modelos de manchas irregulares. Y hay hasta incluso empresas privadas que se dedican al I+D de los camuflajes a la par que diseños que merecían la pena considerar no sólo para los camuflajes desérticos. Si a un diseño de camuflaje moderno le añadimos una tela que no destiña al par de lavados, que el modelo desértico sea resistente pero no haga morirse a los soldados de calor y se acompaña al uniforme de combate con botas que no sean aparatos de tortura para los pies habremos dado un gran paso adelante.

Las costuras de la Transición

Crecí oyendo repetidamente las maravillas de la Transición política española. Recuerdo a todos aquellos jefes de estado y gobierno de América Latina y Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín alabando la Transición en las entrevistas que coincidían a los medios en sus visitas oficiales a España. Y recuerdo como pensaba de aquellos que criticaban al PSOE y PCE desde posiciones más a la izquierda que eran unos viejos cascarriabas.

Parece como si una generación de española hubiera desistido de leer la letra pequeña del contrato. Y sólo otra generación, que no vivió la Transición ni el 23F siendo mayor de edad, con nuevos medios se dispone a romper tabúes. Esa generación descubre de pronto las peculiaridades del código penal español respecto a lo que se puede decir sobre la familia real. O descubre que hay muchos españoles, parientes próximos de personas vivas, enterrados en fosas comunes o en cualquier cuneta.

Contaba Javier Ortiz hace poco que un amigo le había mostrado su sorpresa al descubrir una bandera republicana colgada en la pared de la habitación de su hijo. Yo que soy de una generación que mira con desconfianzan a los hijos de la ESO empiezo a creer que nos queda por delante tiempos interesantes. Ojalá.

Despachos desde el frente (6)

Mi recuperación del reciente periplo por las repúblicas bálticas y Polonia se ha prolongado. Como siempre, no estoy muy seguro si las noticias, artículos y documentos que llaman mi atención son de actualidad. Y es que anda la blogosfera hispánica revuelta con el asunto de la revista El Jueves y la muerte del Jesús de Polanco. Ante ambas cosas tengo poco decir. Tan sólo que retratan un país viendo como ha sucedido lo primero y las muestras de alegría que he leído ante lo segundo.

Así que permítanme dedicarme a lo mío que llevo tiempo descuidándolo. Por ejemplo, uno de mis propósitos de principio de año era prestar atención a América Latina. Se trata desde la perspectiva de este blog un continente curioso. Si en otros tiempos fue escenario de golpes de estados, insurgencias guerrilleras de todo tipo y terrorismo, la conflictividad política sigue hoy cauces dentro de términos relativamente pacíficos. Sin embargo las amanezas a la seguridad nacional persisten hoy en forma de grupos de delincuencia organizada.

Preparando una ponencia sobre maras descubrí las bandas de presos brasileñas que habían evolucionado hasta formar sindicatos del crimen, como el Primeiro Comando da Capital. Durante mi viaje encontré esta noticia en El País, sobre cómo los narcos en las favelas están instruyéndose militarmente. Y un apunte de John Robb sobre el crecimiento de la banda mexicana de los Zetas, un grupo formado por ex-militares, inmersa en la particular guerra del gobierno mexicano contra el narcotráfico.

En marzo escribí sobre el solapamiento de competencias entre distintas instituciones y administraciones públicas en España en materia de vigilancia y rescate en las costas y aguas territoriales. Y estos días he encontrado esta noticia: “Marina Mercante y Guardia Civil se disputan la tripulación del primer patrullero oceánico contra la inmigración clandestina”. Menuda sorpresa, ¿no?

La lucha contra los distintos tráficos ilícitos en el mar implican mirar mucho más allá de las aguas territoriales españolas y sus inmediatas. Guerra y Paz nos hablaba esta semana de Guinea Bissau, país del que The Economist considera un narcoestado. Empezamos hace tiempo mirando al Estrecho de Gibraltar, luego las pateras empezaron a partir del Sáhara Occidental , más tarde Mauritania y por último de Senegal. Ahora, más al sur todavía, surge un punto de distribucíón de droga. España tiene un desatendido flanco sur profundo, donde otros ya han puesto el pie.

Sólo faltó Richard Cladyerman y la maratón

Pues yo estoy en casita. Llegué esta mañana a las 7:30 en autobús desde Barcelona, donde aterrizó ayer a primera hora mi vuelo desde Cracovia. Hoy me dio tiempo simplemente de llegar a casa, ducharme y salir a cumplir con mis deberes.

Regreso con la espalda destrozada, mucho cansancio y la sensación de haber vivido dos semanas intensas. Ha sido un viaje diferente. He cargado la mochila más ligera que haya llevado jamás, he llevado portátil y en todos los sitios que he dormido he contado con wifi. Si por un lado me he ahorrado las penalidades de aquellos viajes en que llegué a cargar más de 25 kilos a la espalda, sudando la gota gorda desde la estación de tren al albergue juvenil de turno, la permanente conexión vía SMS, email y webcam aminora la sensación de aventura. Hay unas cuantas cosas que aprender para futuros viajes.

Espero no les haya aburrido con las batallitas del viaje. Se acabaron las entradas pretendidamente divertidas y facilonas. Toca volver a tocar los temas de siempre. Pero los que hayan seguido mis crónicas de mi periplo por Tallin, Riga, Vilna, Varsovia y Cracovia sabrán de mis encuentros con españoles palizas haciendo el tonto lejos de casa. Así que no puedo terminar sin contar que de camino a la estación de tren el sábado por la noche en la plaza central de Cracovia me encontró con un puñado de tunos dándole la paliza a los turistas que intentaban cenar en una terraza. Salí de allí por piernas para coger el tren hasta el aeropuerto de Cracovia-Balice. Mi vuelo a Barcelona salía a las seis de la mañana. Así que decidí pasar la noche en el aeropuerto. Intenté domir pero en un primer momento me lo impidieron las risas y gritos de unos cretinos. Uno de ellos se puso a imitar sonidos de animales. Y ni me molesto en decirlo. ¿Lo adivinan? ¿Adivinan la nacionalidad de los tipos en cuestión? Menudo viaje. Sólo faltó Richard Clayderman en su piano sin control… y una maratón.

Me corto la coleta como mochilero

Hay alguna regla de Murphy dice que el mejor tiempo hace justo el día que te vas. Cracovia amaneció hoy con un sol radiante y un calor casi español. Y hoy fue uno de esos días de “fallos de organización” que uno nunca cuenta cuando vuelve de viaje. Dormí demasiado y cuando llegué al Castillo Real de Wawel las entradas (que son limitadas) estaban agotadas. La catedral estaba a punto de cerrar. Y cómo no, siendo sábado en el antiguo barrio judío no había casi nada abierto.

Me he despedido de Cracovia caminando y caminando, disfrutando del buen tiempo y. sacando fotos como loco y evitando en lo posible los españoles. Hoy el castillo de Wawel estaba tomado por pijas andaluzas y ahora mismo, mientras escribo esto, un grupo de gañanes de un lugar de España que prefiero ignorar se están repartiendo el ganado: “La rubia pa’ ti, la rubia pa’mí. ¡Si es que tienen toas cara de guarrillas y cachondas” , mientras se hacen los simpáticos con un par de australianas creyendo que están quedando bien con su inglés de Torrente.

Y bueno, creo que en este viaje he tenido algo parecido a una revelación. O quizás sólo sea el sentido común que se ha abierto paso. He hecho ya un buen puñado de viajes como mochilero. En los países anglosajones el asunto tiene una larga tradición. Los universitarios estadounidenses y australianos cuando cruzan el ecuador de su carrera, les entra la crisis existencial o se licencian cruzan el charco y se toman varios meses para viajar por la Vieja Europa como backpackers. En teoría lo hacen para conocer la mayor cantidad de países de Europa. Pero tras ir de albergue juvenil en albergue juvenil uno tiene la sensación de estar en el mismo lugar, escuchuando las mismas conversaciones y encontrádose con la misma fauna de estadounidenses, británicos, canadienses, australianos e irlandeses. Como un centro comercial o un aeropuerto, la clase de ambiente internacional que no puedes asociar a ningún lugar en concreto. Un ambiente lleno de guays hablando con un acento cerrado de borracheras en tal o cual ciudad o de su viaje el año pasado por Tailandia o Bolivia. Por suerte la ciudad de turno está al otro lado de la puerta. Y uno se sumerge en Tallin o Varsovia tan pronto la cruza. Por suerte quedan muchos lugares que ve y visitar.

Así que mi propósito para futuros viajes será huir tanto como puede de los albergues juveniles. Será que ya no soy joven y no me he dado cuenta. Será que me he pasado todo este tiempo tratar de vivir un ambiente al que era totalmente ajeno. Pero no pienso avergonzarme a partir de ahora de viajar como pequeñoburgués dispuesto a pagar algo más por tener una cama confortable en un lugar tranquilo, lejos de británicos borrachos y escandalosos que entran como una horda en el dormitorio. No volveré a pasar por sentirme un bicho raro en una esquina porque ¡sí! ¿pasa algo? ¡viajo solo!.

No volveré a ser mochilero. Seré viajero, turista, aventurero o mediopensionista. Pero con esta fauna al lado no me vuelven a pillar.

Ahora, una ducha y para el aeropuerto de Cracovia. Les dejo con John Zorn y su Massada String Trio en un festival de jazz en Varsovia en el verano de 1999. Tras visitar Auschwitz, celebremos la vida con un poco de Jewish Radical Culture.

 

Kaddisch

Chimenea del crematorio de Auschwitz En el primer aniversario del 11-M estuve en en el Atocha Workshop organizado por la Fundación Safe Democracy. La primera intervención la llevó a cabo una psiquiatra estadounindense que contó la angustia de supervivientes de los campos de exterminio nazis residentes en Nueva York al ver la columna de humo elevándose en el cielo sobre donde una vez estuvieron las Torres Gemelas. Evocaba en ellos el recuerdo de las columnas de humo sobre las chimeneas de los campos de exterminio. Y la imagen del horror que una vez vivieron y pensaron habían dejado atrás para siempre se repetía ante sus ojos.

Crematorio de BirkenauEl minibús de nuestro tour guiado por los campos de Auschwitz nos dejó en el lado opuesto a la entrada, entre los árboles que una vez escondieron los crematorios. Cuando cruzamos el monumento que se erige donde terminan las vías del tren encontramos el Crematorio II. Entonces vi un señor mayor avanzar más allá de la cinta roja y blanca que delimita el perímetro de lo que fue una vez las cámaras de gas y el crematorio. Apartó la cinta, ignorando el cartel de “no pasar”, con un gesto brusco y caminó con pasos raudos y enérgicos. Lo vi encaramarse a los escombros y dejar encima de una losa de cemento un chubasquero, un cartera de mano y el bastón. Estaba cansado. Carraspeó y dejó caer un buen salivazo en el suelo. Posiblemente había caminado lo más rápido que su edad y sus fuerzas le permitían, temiendo que alguien le detuviera o le llamara la atención. Se quedó un buen rato con las manos apoyadas en la losa de cemento donde había dejado sus cosas. Al rato, mientras mi grupo se alejaba, paseó cabizbajo a un lado y otro de aquel montón de escombros. Nosotros éramos turistas, él no.

Judíos de visita en BirkenauAvanzamos siguiendo las vías del tren, en lo que una vez fue la explanada donde sobre la marcha eran clasificados los envíados al campo. Más del 70% de los judíos que llegaban eran enviados directamente a las cámaras de gas, donde entraban convencidos que iban a recibir una ducha y ser desinfectados. Los que se resistían eran asesinados en el lugar. Hoy, al lado de las alambradas y sobre la hierba, vi a un grupo de judíos estadounidenses. Uno de ellos se paseaba leyendo de un libro. No fui capaz de entender sus palabras. Pero les seguí observando durante mi visita a Birkenau. Cuando terminaron se pusieron en pie y alguien sacó una bandera de Israel que junto con flores colocaron al pie de la alambrada para hacerse fotos. Ellos llevaban kippah. Ellas una falda sobre los pantalones y algunas se cubrieron la cabeza. Aquel grupo me resultó inquietante. ¿Qué habrían aprendido de su viaje a Auschwitz? ¿Con qué soñarían a su regreso a Estados Unido? ¿Sueños de venganza y más Sufa o Merkava Mk.IV? ¿Sueños de un mundo mejor? Y nosotros, ¿qué hemos aprendido? Placa en Birkenau

Los insoportables niños cantores de Cracovia

Ayer por la tarde encontré a un grupo de españoles gritando (supuestamente cantaban) y agitando una bandera. Descubrí la razón de su entusiasmo. En Cracovia tiene estos días un encuentro internacional de coros de iglesia infantiles. Había una recinto acotado en la plaza mayor que empezó a llenarse de grupos de niños pastoreados por la respectiva Sor Presa y Sor Teo. Si tenemos en cuenta que mi opinión más destacada sobre el asunto de la infancia y el cristianismo es que Herodes debería ser beatificado, como mínimo, entenderán que huyera de allí.

Me puse los auriculares del reproductor MP3 y me puse a caminar y a caminar lejos del centro escuchando cantos de monjes ortodoxo ucranianos. Cosas de llevar la contraria. Cuando me di cuenta me había salido del mapa. Estaba en una zona de Cracovia que seguro los turistas no visitan y el sentido común recomendaba abandonar.

Los folletos para turistas mochileros dicen que Cracovia es la nueva Praga. Leí lo mismo de Liubliana y Tallin en su momento. Se trata de ciudades asequibles para el bolsillo del mochilero anglosajón, con su pintoresco castillo sobre la colina y un casco histórico coqueto por el que pasear. La cuestión es que Cracovia fue la antigua capital de Polonia y sus edificios históricos sobrevivieron más o menos intactos a la Segunda Guerra Mundial. Cosa que por ejemplo, no puede decirse de Varsovia. Si a eso le añadimos que fue un emporio comercial en el Medievo y lo arraigada de la religión en Polonia tenemos una ciudad llena de iglesias, conventos y edificios varios en cada esquina.

Esta mañana y esta tarde he continuado con los paseos por Cracovia. En un par de iglesias me he encontrado misas con la inevitable presencia de coros infantiles que a mis oídos sonaba como una cacofonía de voces agudas. Por la noche volví a encontrarme con grupos de críos. Unos bailando y otros cantando en la calle esperando sacar dinero en dura competencia con los mil chiringuitos de souvenirs, parafernalia diversa, tours turísticos y malabaristas perroflautas. Desde luego que no se trataba de un encuentro de escolanías.

Y me muestro tan cruel con las habilidades cantoras de los niños de los cojones porque puedo comparar. Confieso que durante este viaje he ido a misa. Sí señor. Un servidor, pecador y descreído, se encontró de casualidad en la catedral ortodoxa de Tallin un servicio religioso. Una feligresa recitaba letanías y pensé que era algo habitual. Al rato empezó un pope a cantar misa. Me quedé a verlo y escucharlo. Y entonces empezó un pequeño coro a darle la réplica al pope. ¡Qué conjunción de voces! ¡Qué bien sonaban! Fue una maravilla imprevista. La clase de experiencias que uno atesora en esta clase de viajes. Al final essperé al final de la ceremonia, recibiendo durante el transcurso bendiciones a golpe de pequeño botafumeiro. Así que comprenderán que por aquí huya de los espectáculos estos para pedarastas.

P.S.: Alguno habrá notado el tono pretendidamente desenfado que han tenido mis últimas entradas. No he dedicado todavía una línea a Varsovia, ni tampoco he hecho ni un sólo apunte sociólogico de urgencia sobre las república bálticas y Polonia. Todo tendrá su momento. Mañana iré a visitar Auschwitz, así que comprenderán que tenía ganas de reírme antes de uno de los momentos cumbres de este viaje.

Soñando con el exilio en Cracovia

Paseando maravillado por el casco histórico de Cracovia oí a unos energúmenos cantando a voz en grito y con un tambor al pie de la iglesia de Santa María. Llevaban una bandera ¿Lo adivinan? ¿Alguien se atreve? ¿Alguien apuesta algo?

Cracovia celebrando el 750º aniversario de que se levantara el casco viejo de la ciudad con el trazado que conocemos y está abarrotada: Mochileros que han convertido a la ciudad en la nueva Praga, monjas y polacos haciendo turismo interior. Hay infinidad de cafés, terrazas, tiendas de souvenirs y sacacuartos para turistas, puestos de comida rápida, heladerías, dulcerías… Se ve la policía por las calles. Hay músicos callejeros y espectáculos de teatro en la calle. Y todo es paz y tranquilidad. Es una ciudad preciosa y buliciosa. Pero no. Al pie de la iglesia oigo a un grupo de imbéciles cantando a voz en grito mientras alguien aporrea un tambor. Uno de ellos agita una bandera sobre la cabeza como si se tratara de un trapo. Y entonces la identifico: La rojigualda. Sí. ¡Son españoles!

Diagnóstico diferencial

mirando por la ventanaHe acumulado como veinte horas de viaje en autobuses. He dormido en el avión, en autobuses y en camas donde he tenido que retorcerme para caber. Tengo los muslos endurecidos como granito, los gemelos con unas punzadas extrañas y los pies doloridos con un buen número de zonas enrojecidas donde seguro brotarán llagas. No recuerdo la última vez que dormí ocho horas seguidas. He pasado sueño, mucho frío, cansancio y hambre. He caminado con la mochila a cuestas bajo la lluvia y el viento, o por avenidas interminables.

En la colada de Varsovia perdí al menos una camiseta. El paraguas que traje terminó en la basura tras las rachas de viento bajo la lluvia en Vilna. Y estuve a punto de quedarme sin 400 euros, teniendo todavía la duda de si el “incidente” fue obra de un huésped del albergue en Vilna con dedos ligeros. Por suerte recuperé el dinero. Los 30 litai que le presté, no.

Pero todo eso no son más que anécdotas. Perdonen no les cuente nada de Varsovia, de mis conversaciones con Kasia sobre la vida política y cultural de España y Polonia, o de lo que he visto atravesando el casco viejo de Cracovia desde la estación hasta mi albergue juvenil. Porque me ha gustado tanto esta ciudad que me voy a recorrerla.

P.S.: Aprovecho para mandar un saludo a los que leen este blog periódicamente desde California, Irlanda, Reino Unido y Alemania. Siento curiosidad por saber quiénes son.