Networking en Huesca

La entrada 250ª de mi blog me pilla en Huesca, en las Jornadas Ciudad Digital. Los cambios y ajustes en el blog para celebrarlo tendrán que esperar.

La búsqueda de regletas para enchufar los portátiles nos ha llevado a un grupo de frikis al exilio a la sala habilitado para ello. Se nos distingue por la cámara digital en ristre y el portátil a cuestas. Coincido con José Antonio Donaire y Jessica Fillol. A alguno de los presentes no los veía desde las jornadas eFindex . A otros, residentes en Madrid como yo, los veo por primera vez en meses. Posiblemente no haya coincidido desde la última cena de Las Ideas. Dirán que la Red aliena y desconecta de la realidad al reducilar a una pantalla. Pero yo desde siempre he descubierto que forja lazos que transcienden el ordenador.

He de confesar que me embarqué en esta aventura de las jornadas sin tener muy claro quién las organizaba. El escenario me quita de dudas… ¡Esto es un sarao socialista! Así que salgo huyendo. Aprovecho un descanso para darme una vuelta por el I.E. Pirámide, sede de las jornadas. Estamos a un tiro de piedra del Parque Tecnológico Walqa. La forma del auditorio es llamativa. Una sospechosa pirámide. No cabe duda. ¡¡Me he metido yo solo en un cotubernio masónico-socialista!!

No fuimos h�roes

Jornadas Ciudad DigitalArrancan hoy las Jornadas Ciudad Digital en Huesca. Como toda jornada digital y blogosférica que se precie contamos con wifi. Lo que echo en falta son regletas para enchufar mi ordenador en el auditorio. No tenía la batería cargada y el acto de presentación lo he pasado offline haciendo unas pocas fotos. Lo habitual en estas circunstancias es tener un breve ensayo preparado que sirva de toma de posiciones y sirva de punto de partida del debate. Pero con esto de llevar tres años en la blogosfera me ha dado por mirar atrás.

Si hace digamos diez años me hubieran dicho que asistiría en el 2007 a unas jornadas con el nombre de Ciudad Digital me habría imaginado algo así como un encuentro vía Realidad Virtual, conmigo en casa con un casco de datos mientras por la ventana se veían pasar coches voladores. Discutiríamos sobre el ocaso de la Internet libre con una red ultracomercial y banal. Soy de una generación que miraba un futuro deslumbrante en números especiales de la revista Muy Interesante. Soñaba con ser hacker tras ver Juegos de Guerra. Y se preocupaba por el futuro de una despuntante Internet de la que muchos decían que terminaría siendo tan anodina y deshumanizada como un centro comercial de las afueras.

La cuestión es que nada de eso se ha cumplido. Ni nos abrimos paso por calles abarrotadas de extrañas tribus urbanas bajo una lluvia contaminante persistente a lo Blade Runner. Ni vamos encontrando en Internet barreras que sólo se franquean mediante pago. Ni hemos hecho ninguna Revolución. Ni siquiera la blogosfera nos ha hecho más altos y guapos. La blogosfera en España se limita a reproducir elevada a la n-potencia la crispación mediática. A dar voz a los que en el medios de comunicación convencionales no aparecen por irrelevantes y que al leerlos en Internet descubres que no te perdías nada. Las puntuales movilizaciones con éxito han llevado a que la bandeja de entrada del correo esté llena de peticiones para que te pongas un gorro azul, pegues un chicle al cristal de tu ventana o salgas a la calle con nariz de payoso en solidad con o para manifestar tu rechazo a, siempre firmadas con un “pásalo”. Hay evidentemente espacios y personas dedicadas al diálogo constructivo. A la creación de alternativas. A la movilización ciudadana por causas importantes. Evidentemente. Pero todavía hay mucho por hacer. Veremos qué se dice aquí.

En la muerte de Baudrillard.

Ayer leí de casualidad en un diario digital español que había fallecido Jean Baudrillard. Cuando quiso encontrar más tarde la noticia no supe dar con ella. Y acudí a Google News. Me llamó la atención que la abrumadora mayoría de referencias correspondían a medios de comunicación iberoamericanos: Bolivia, México, Argentina… Definido como sociólogo y filosófo lo destacaban como un crítico de la socieda de consumo. Quizás sea una cuestión estadística de esa abrumadora superioridad numérica de medios del otro lado del charco pero quedé con la impresión de que el fallecimiento de Baudrillard había pasado desapercibido en los medios de comunicación españoles.

Baudrillard y sus teorías nunca estuvieron en mi punto de mira. Siempre miré a Frankfurt. Pero hay que reconocerle el mérito a Baudrillard en abrir caminos. Por muy desasosegantes o molestas que nos produzcan las teorías de aquellos que hacen tambalear las rígidas y sólidas certidumbres del mundo conocido no debemos mirar a otro lado. Llevo tiempo dándole vueltas a definir el concepto de “guerras posmodernas” (sólo a mí se me ocurre ponerle un título al blog y luego comprender el significado). Cuanto más concreto he querido ser en el tema más he tenido que abrir el encuadre. He terminado reencontrándome con la Sociología. Porque la guerra no es otra cosa que una actividad social. Así que entender la transformación de la guerras es entender el cambio social. Hablar, analizar y estudiar la guerra es profundizar en el conocimiento de la condición humana. Y hablar de la transformación de las estructuras y burocracias militares es también entender la transformación de las fuerzas políticas o las empresas. Entender la transformación en la difusión de la información es también entender a los movimientos sociales y los medios de comunicación. Y quien sabe a dónde podría llevarme ese conocimiento. De momento este fin de semana a Huesca. Nos vemos en las jornadas Ciudad Digital.

Sobre vigas y ojos: Espa�a en Iraq

Es cosa de hacerse viejo. Ves repetirse la Historia primero como tragedia, luego como farsa. He vivido ya dos alternancias políticas en el gobierno de España siendo mayor de edad, y a unos y otros vi tirarse los trastos con mismos argumentos sólo que cambiando de escaños. ¿Cuántas veces hemos oído que las acusaciones por corrupción contra el alcalde de Retruécanos del Páramo son una campaña orquestada por el partido contrario? ¿Cuántos presidentes locales de partido hemos visto golpearse el pecho defendiendo a su compañero, amigo y compadre de Zurruño de la Zarzamora que colocó a toda la familia y parte de la política en puestos de la Administración Pública? Los que aquí acusan, allá se defienden. Y al revés. ¿Qué novedad es entonces el caso De Juana Chaos? Lo que parece simple, y lo pareció a otros en su momento, ¿ya no?

Por ahí oí o leí a alguien criticar al gobierno de Rodríguez Zapatero a cuenta de la muerte de una soldado española en Afganistán. (Un día si me animo o me anima un lector entraré en el asunto del que podrían decirse tantas cosas como en el caso de José Couso). A propósito de esa muerte Jorge Aspizua decía hace poco (perdón, no recuerdo dónde) que aquellos dentro del PP que achacaban una mala previsión en la compra y modernización de materiales bien tuvieron tiempo de planificar programas en los ocho años que gobernaron. Me recuerda un debate que hace poco leí en Internet. Alguien se quejaba de que el gobierno de Felipe González había acabado con cierta institución militar. “Pues el gobierno de Aznar no hizo nada en ocho años por refundarla” dijo alguien. Fin de la discusión.

Y es que los nacionalistas españoles de derechas preocupados por las Fuerzas Armadas viven en una nebulosa de olvidos. Ofuscados con el Anticristo ZP en su memoria los ocho años de Aznar fueron Jauja en el mundo militar. ¿Quién recuerda los soldados que se mandaron a una “zona horto-frutícola” de Iraq? La zona en cuestión albergaba Najaf, donde está situada la tumba del imam Alí. Uno de los lugares más sagrados del Islam shiíta.

Entonces en el mediodía del 4 de abril de 2004 el contingente español de la base Al Andalus se encontró la guerra en su puerta. Nadie pareció prever el auge de las milicias de Muqtada Al Sadr, un clérigo dispuesto a ofrecerle un pulso al gobierno de ocupación estadounidense. ¿Qué hicieron los soldados españoles cuando empezaron a caer proyectiles de mortero y cientos de milicianos atacaban la base? Nada. Estaban allí en misión de paz. Y algún alto mando se encargó de que a Madrid llegaran noticias de que todo seguía con normalidad.

Los españoles eran vecinos de la Coalition Provisional Autority, cuyos funcionarios estaban escoltados por contratistas de la empresa estadounidense Blackwater. Todos ellos, veteranos de unidades de fuerzas especiales, asumieron el liderazgo del puñado de soldados y marines estadounidenses que allí se encontraban y combatieron contra las milicias shiíes. Los españoles, con instrucciones de permanecer pasivos como patos en una feria, se limitaron a abrirles sus polvorines para que se surtieran de munición. La prensa llamaría luego a ese puñado de contratistas, que salvaron el pellejo de los que ellos veían como una pandilla de inútiles y cobardes, sanguinarios mercenarios.

Mientras tanto, se sucedían las llamadas de auxilio de soldados salvadoreños. Aquellos mismos que formados para rendir honores a Trillo recibieron su grito de ánimo “¡Viva Honduras!”. Un grupo de salvadoreños, miembros de la brigada multinacional liderada por España, habían quedado aislados y acorralados en otra parte de la ciudad… Y abandonados por el mando español. Sólo cuando un grupo de salvadoreños salió a pecho descubierto un oficial español salió en su busca contraviniendo órdenes. El éxito de su acción le salvó de que su cabeza rodara.

La jornada del 4 de abril fue un cúmulo de despropósitos. Un contingente español, en teórica misión de paz, se vio envuelto en una jornada de combates sangrientos y tuvo que regirse por reglas de enfrentamiento diseñadas en suelos con moqueta y alfombras nobles a miles de kilómetros. Oficiales más preocupados por sus carreras que la dignidad del uniforme que vestían dejaron en la estacada tropas aliadas bajo su mando. Y muchos soldados cumplieron su deber interpretando a su manera las órdenes recibidas, cuando no mandando a sus superiores a tomar por el lugar que amargan los pepinos.

Lo que pasó aquel 4 de abril apenas transcendió a la prensa española. Sólo versiones descafeinadas y apuntes de protagonistas de los hechos que en España siempre se respondieron duramente.

Afortunadamente pronto sabremos mucho más. Y si en España nadie quiere saber, en EE.UU. están encantados de que quede constancia lo que para ellos es una jornada heroica.

Recordar Afganist�n

Afganistán es un país árido y montañoso sin salida al mar. Su valor ha consistido siempre en ser el corredor que une Asia Central con el subcontinente indio y el Océano Índico. Bien fuera en la época del Gran Juego entre los imperios zaristas y británico en el siglo XIX. Bien fuera durante los 90, cuando compitieron la empresa argentina Bridas y la estadounidense UNOCAL para construir un oleoducto entre las repúblicas ex-soviéticas ricas en hidrocarburos y Pakistán. Como reflejo de las idas y venidas históricas de grandes imperios la composición étnica de la población afgana es un puzzle complejo donde encontramos desde descendientes de las huestes de Alejandro Magno a mongoles convertidos al shiísmo. Kandahar, la ciudad desde la que se expandieron los talibán al resto del país, posiblemente le deba su nombre a Alejandro Magno, Iskander en árabe, turco y persa.

La población mayoritaria al sur del país es de la etnia pastún que también encontramos al otro lado de la frontera con Pakistán. En realidad la frontera afgano-pakistaní es un vestigio de la era colonial británica, una ficción cartográfica. La línea Durand ha sido siempre permeable para los pashtunes de uno y otro lado, unidos por lazos de sangre y cultura. A su vez los pashtunes han sido siempre un pueblo indómito para los gobernantes de los dos países. El poder y la acción del Estado afgano y pakistaní en el territorio pashtún siempre han sido débiles.

Sin embargo esa conexión ha sido también el canal por el que el gobierno pakistaní ha intervenido en los asuntos afganos. En tiempos recientes, primero durante la guerra de Afganistán canalizando la ayuda de la coalición antisoviética hacia las facciones favorables a los intereses pakistaníes. Luego en los años noventa apoyando la expansión y consolidación del poder de los talibán, étnicamente pashtunes. Se trata de un detalle importante. Lo que desde fuera se vio como el auge de un movimiento fundamentalista islámico y luego su derrota frente a la Alianza del Norte apoyada por EE.UU., en clave interna afgana se leyó como el flujo y reflujo de una lucha de poder entre pashtunes y una coalición que aglutinaba las minorías tayikas, uzbekas y hazara con el consiguiente cambio de alianzas. El actual conflicto es tan sólo un episodio más de esa histórica lucha por el poder.

Continuará…

Nostalgia de la pol�tica

Si uno sale a la calle reina casi la más absoluta normalidad. Las encuestas reflejan una horquilla en el que la intención de voto oscila sin que los crispantes Federicos hayan conseguido su objetivo de volver majareta a toda España. Bueno, a una parte sí.

Cuando en octubre de 2004 decidí dejar de hablar en mi blog de asuntos personales y pasarme a la política era de los convencidos de que Internet era un reflejo de la España real. Por aquellos entonces grupos y grupúsculos sin verdadero arraigo político en la sociedad española estaba sobrrepresentandos en la red. Son los riesgos de vivir volcado en la blogsfera. Uno cree que lo que aquí acontece es un reflejo de la España real. Luego sales a comprar al supermercado y te extraña no encontrar una muchedumbre con antorchas y horcas camino de la sede más cercana del PSOE.

Echo de menos hablar de política. No lo hago porque ya me falta tiempo para atender el blog como es debido para encima dedicarme a divagar sobre filosofía política y hablar de la realidad más allá del simplón “y tú más”. Así que prefiero recomendar blogs. Podría empezar por blogs que me resulten afines ideológicamente como el de Egócrata. Pero en estos tiempos que corren es mejor leer aquellos que nos permiten respirar aire fresco en este país. Con ustedes: Noches Confusas en el Siglo XXI y Libertad Dactilar.

Ampliar la conversación

Esta semana se ha cumplido mi tercer año en la blogosfera. Es díficil celebrar el aniversario de algo que empecé un 29 de febrero.

Leí sobre los blogs por primera vez a finales de los noventa en la revista Wired. Me pareció un poco absurdo un sistema de publicación con plantillas “prefabricadas” y estandarizadas. ¿Qué sentido tenía que todo el mundo tuviera páginas webs parecidas? Yo andaba por aquel entonces aprendiendo HTML, lo que me llevó un día a realizar una efímera página web personal con el Bloc de Notas de Windows. Puro código escrito a pelo.

Aquella página se titulaba, cómo no, “El Lobo Estepario”, y me trajo ciertos problemas en mi universidad que… Mejor lo dejamos para otro día. El “Lobo Estepario” fue el nombre que también escogí para mi primer blog. Más de una vez me escribieron personas pidiéndome que les explicara algún pasaje de la novela o que les ayudara con un trabajo escolar. Pobrecillos. Buscaban en Google. Y mi blog salía entre los primeros cinco resultados.

Tres años más tarde tengo un blog donde no hablo casi nunca de nada personal pero es igualmente friki. La diferencia es que esta vez no estoy solo en la blogosfera. No sólo porque pertenezco a la eminemente blogosférica asociación Las Ideas sino porque afortunadamente hay mucha más gente escribiendo y opinando sobre los temas que me interesan y aquí trato. Por fin puedo intercambiar pareceres sobre los vehículos blindados sudafricanos preparados para resistir minas anticarro y su conveniencia para el ejército español. La creación de un mando militar estadounidense específico para África. Y la emergencia aquí y allá de actores no estatales y transnacionales con protagonismo global.

¿Qué tiene esto que ver con las preocupaciones del común de los bloggers? Ando estos días tratando de volcar en papel las reflexiones provocadas por la elaboración de este blog y estoy atascado con una tarea básica y sencilla. Hablar de guerras en un mundo posmoderno requiere explicar qué significa mundo posmoderno. Y entonces uno choca con el meollo del mundo en cambio en el que vivimos. Si la guerra es un fenómeno social. Entender por qué cambia es entender la transformación de la naturaleza de nuestra sociedad. Y quien habla de ejércitos y guerrillas puede terminar hablando de empresas o movimientos sociales.